domingo, 31 de julio de 2016

Cuento para Leo: "Un día muy especial - 1ª parte"

En aquella mañana de Julio todo parecía seguir su normal desarrollo. Aparentemente nada hacía presumir que aquel nuevo día fuese diferente a otros.

El gallo del vecino anunció, puntualmente, el alba, como solía hacer, con expresión de orgullo. 

La Luna se despedía con humildad, dejando su hegemonía al  soberbio Sol; mientras tanto, aquella mañana fue tomando vida propia. 

Sin embargo, para niño Alberto aquellas tempranas horas eran el anuncio de que algo muy especial y esperado acababa de llegar. ¡Cuánto tiempo habla soñado con ese día! 

Su ansiedad era tal, que apenas si pudo pegar ojo en toda la noche, la cual se le hizo tremendamente larga. Durante todo el tiempo, su única preocupación era que las manecillas del reloj que adornaba su mesilla de noche, girasen velozmente para que amaneciese lo más pronto posible. 

Niño Alberto, parecía no poder controlar por más tiempo sus emociones cuando, hasta su habitación llegó –filtrándose en el éter del cielo-, el ronco cantar del gallo del vecino. 
  • Ki, ki, ri, ki… Ki, ki, ri, ki...
Por varias veces consecutivas, el orgulloso gallo anunciaba el despertar de las fuerzas de la naturaleza del nuevo día. 

De un habilidoso y ágil salto, el pequeño Alberto, se apresuró hacia la ventana de su habitación y, no pudiendo contener sus deseos, deslizó con cierto nerviosismo las cortinas, con la intención de comprobar si era ya de día. 

Un haz de luz solar iluminó su rostro, aún crispado por la tensión que estaba experimentando, pero no tardaría en cambiar su expresión cubriendo su faz con una sonrisa, que reflejaba una profunda satisfacción. 

Lo habla conseguido –pensó-. Sin duda alguna, aquel día era el  más feliz de cuantos recordaba. 

Niño Alberto tenía verdaderos motivos para sentirse tan feliz y contento, y este sentimiento le había supuesto horas de profunda ansiedad. 

Para él, aquel día que acababa de despertar era el anuncio de las esperadas vacaciones, con las que había soñado tantas veces, desde que terminara las clases en el colegio. 

Pero no era ese el único motivo que le regocijaba y alegraba, también aquel día era la fecha de su cumpleaños. Ya os podéis imaginar, que no tenía una sola razón para sentirse lleno de entusiasmo, sino que eran dos buenas razones, las que ocupaban toda su vida en esos momentos.


Ahora podemos comprender, por qué nuestro inquieto protagonista no había dormido como normalmente lo hacia. Había estado muy ocupado, imaginando cómo sus padres se las arreglarían para organizar su fiesta de cumpleaños. Se preguntaba, qué regalo sustituiría a la vieja bicicleta del año pasado. 

Por su mente pasaron infinidad de regalos. La verdad es que  llegó a pensar que no sabría dónde meterlos. En su habitación apenas si quedaba ya espacio para guardar más juguetes. 

No sabría decir si se quedó dormido, embriagado por aquellos pensamientos. 

No se hizo esperar la respuesta de niño Alberto, al comprobar que ya había amanecido. 

Apresurándose y con una destreza que hubiese sorprendido a su madre, se cambió de ropa y colocándose sus zapatos se dirigió rápidamente en busca de las felicitaciones que esperaba recibir de sus padres. 

Pero como bien intuyó, aquel día sería muy especial y é,l más que ningún otro se sentiría protagonista de tan singular y extraña situación. 

Como de costumbre, niño Alberto encontró a su madre ocupada en las tareas de la casa.

Nada extraño hacía pensar que aquella habitual escena sería motivo de una profunda preocupación que llenaría de tristeza el corazón de nuestro protagonista. 
  • ¡Buenos días, mamá!
Aquellas palabras sonaron con intensa alegría y en correspondencia, nuestro amigo recibió un agradable y sincero beso de su madre, la cual respondía de este modo, a aquel saludo tan afectivo. No obstante, aquella buena señora no dio mayor importancia a aquel hecho y siguió concentrada en sus tareas, sin prestar mayor atención a su hijo. 

Sin embargo, niño Alberto, se sentía muy decepcionado; no sabía cómo reaccionar. Se encontraba turbado por aquel recibimiento tan normal. El esperaba una acogida eufórica y llena de expresa demostración, y ni tan siquiera se había acordado de felicitarle. 

Su estado de ánimo se hundía cada vez más. Veía cómo se desplomaban todos aquellos sueños que le habían acompañado durante aquella larga noche. 

No podía creer que las personas, que él más quería, se hubiesen olvidado de aquella fecha tan llena de significado, como era su cumpleaños. 

A pesar de aquel pesimismo, que invadía todo su ser, quiso aferrarse a una única posibilidad. Debía tratarse de un olvido pasajero y tal vez si la ayudaba a recordar aquella fecha, quizás tuviera aún solución. 

Con ese ansioso empeño, y con la obsesión y el miedo del desengaño, sacó a relucir su virtuosa capacidad para dramatizar y se dirigió de nuevo hacia su madre, haciendo un gran esfuerzo para no dar muestra de su decepción.  
  • Mamá… ¿Sabes si papá vendrá del trabajo hoy un poco antes?

La astucia de niño Alberto, le llevó a interrogar a su madre sobre una cuestión que él ya conocía, pues en días anteriores, había participado en una conversación, que le permitía saber, que su padre, ese día no trabajaría, ya que estaría de vacaciones. 

La intención del astuto joven no era otra que ganar la atención de su madre, con objeto de que ésta se fijase en el día en que se encontraban. Pero la sorpresa del niño fue en aumento cuando en ese mismo momento, y en respuesta a su pregunta, recibía el saludo de su padre. 
  • ¿Qué tal, hijo? ¿ cómo estás?, ¿ no es un poco pronto para que estés levantado?
Haciendo un gran esfuerzo niño Alberto, correspondió al saludo de su padre, pero no pudo evitar sentir un profundo escalofrío que recorrió todo su ser y que amenazaba con hacerle estallar de ira y rabia, como respuesta ante aquella incomprensible situación. 

A pesar de sus muchos esfuerzos, no pudo evitar por más tiempo su desconcierto, un extraño fuego se había apoderado de su pecho, de tal modo que su corazón latía descompasadamente. 

Nunca hubiera imaginado que su padre, al que veneraba como a un ídolo, como a un superhombre, le decepcionara tanto. No podía creerlo, no podía admitirlo. Él, estaba allí, se sentía vivo, sentía alguien importante.

... continuará

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