lunes, 5 de diciembre de 2016

Cuento para Sagitario: "Un Espíritu Benefactor - 1ª parte"




Un frío que helaba los huesos, y un cielo que, aún estando despejado, amenazaba con mantener aquella temperatura, eran motivo suficiente para que Tatiana hiciese oídos sordos a las constantes llamadas de su madre, la cual, preocupada para que no perdiese la hora del colegio, insistía una y otra vez, sin que por ello recibiese respuesta alguna. 


Viendo que sus intentos eran vanos, recurrió a un arma que en otras ocasiones ya le había resultado eficaz. 
  • Tatiana, es la última vez que te llamo, tus amigas tendrán que esperarte una vez más. ¿No te da vergüenza?


Estas palabras, que en el fondo no decian nada nuevo, encontraban una respuesta inmediata. Y la verdad es que, la razón de ello no se encontraba tan sólo en el tono en que eran pronunciadas, sino más bien, por el efecto moral que encerraban.

Tatiana no estaba dispuesta a comportarse de modo que pudiera ser avergonzada. 

Como cada mañana, su tranquilidad y parsimonia, digna de la alta nobleza, ponía a prueba la poca paciencía de su madre, la cual vociferaba una y otra vez, que era torpe y nada de lo que hacía valía la pena. Pero nada de aquello parecía influir en aquella coraza risueña que envolvía a la joven Tatiana. 

Allá iba con sus compañeras y amigas, comentando entre risotadas, sus últimas experiencias. 

El colegio le gustaba, y gozaba con aprender cosas nuevas, pero lo que más le fascinaba era jugar, jugar horas y horas. Jamás se cansaba. 

Nada parecía indicar que aquella mañana fuese diferente a otras, pero las apariencias a veces engañan y eso mismo le ocurriría a nuestra amiga.

  • ¿De que tema queréis que hablemos en el día de hoy? -preguntó, cordialmente, Don Santiago, el profesor que impartía religión-. 

Tras un desarbolado murmullo, al fin alguien tomó la palabra y lanzó una propuesta.
  • ¿Por qué no hablamos de la navidad?, ya faltan pocos días para festejar la Pascua.
  • Es una buena idea -replicó entusiasmado Don Santiago-, sí señor, me complace mucho vuestra propuesta. Pero, veamos, ¿de qué podemos hablar?, la navidad es un tema muy amplio. Pues veréis, podríamos hablar, de…, del nacimiento de Jesús, tal vez os guste recordar cómo se produjo. Pero bueno, quizás os interese más hablar de los Reyes Magos, muchos comentaristas narran que no eran Reyes, sino más bien tres importantes sabios astrólogos, procedentes de países lejanos. Seguro que os interesará saber –continuó diciéndoles Don Santiago sin perder su entusiasmo-, ¿cuál es el misterio que encierra la Estrella de Belén? Decidme entonces. Ya veis de cuántos temas podemos hablar.

Tatiana se sentía inquieta, un poco molesta. Pues de todos aquellos temas que Don Santiago exponía, ninguno hablaba de algo muy importante para ella, como era la injusticia en el mundo, y fue esta importante excusa, la que propició aquella intrépida intervención.

  • Perdone, Don Santiago, pero, ¿cómo podemos hablar de un nacimiento que ocurrió hace dos mil años ó de una historia que ya ni los niños más pequeños se la pueden creer, como son los Reyes Magos y su Estrella? ¿Acaso, resultaría más interesante hablar de aquellos que sufren necesidades e injusticias y nadie les socorre en estos días, de aquellos que pasan frío y hambre y nadie les ofrece calor y comida?
Tatiana hablaba de algo que conocía muy bien. En su pais de origen, aquellas fechas tan señaladas no se celebraban. Nadie creía en los Reyes Magos y menos aún en su Estrella salvadora. Lo único que contaba era sobrevivir a las dificultades de la vida y en luchar contra las injusticias.

Tatiana había sido victima de los muchos horrores que propicia el hambre, el miedo y la enfermedad; es por ello que no podía hablar de algo que no compartía y sí, en cambio, podia hacerlo de un hecho que había vivido. 

  • Es muy noble tu gesto, Tatiana, pues en verdad nuestra misión más inmediata es socorrer a los necesitados. Pero aunque para ti carezca de interés, es igualmente importante mantener vivo en las mentes y corazones de todos, el Espíritu de la Navidad. El misterio del nacimiento de Jesús es algo muy especial en la vida de todos los hombres, pues no tardará en llegar un día en el que ese nacimiento se produzca en cada uno de nosotros. Te das cuenta ahora. Si conocemos lo ocurrido en aquella noche, la más oscura del año, si entendemos la razón que llevó a los Magos de Oriente hacía Belén y el misterio de la Estrella anunciadora, entonces y sólo entonces, estaremos preparados, para que ese mágico momento en el que Jesús nace en nuestro interior.
Don Santiago había transfigurado su rostro, parecía extasiado y sus palabras semejaban bendecir el cielo, pero a pesar de ello, no consiguieron convencer a la exaltada Tatiana, que de un modo violento, puso fin a las palabras del profesor.
  • No se canse, Don Santiago, no conseguirá convencerme de que el mundo cambiará tan sólo porque una Estrella y tres Reyes Magos que jamás nadie ha visto, nos hagan recordar algo que tal vez sucediera hace ya veinte siglos.

Tatiana se mostraba arrogante y parecía haber perdido toda la fe. 



Fue el timbre de las doce el que puso fin a aquella charla, pero Don Santiago no quiso callarse algo que debía, necesariamente, decir a Tatiana. Se sentía preocupado, no por el comportamiento de la joven, que en todo momento había sido muy correcto, sino por aquella falta de fe, que no era compartida por tanta ilusión y entusiasno.
  • Tatiana, espera, por favor, tengo algo que decirte.
  • Usted dirá, Don Santiago -contestó amablemente Tatiana-. 
  • He pensado que tal vez algún día, cuando menos lo esperes, descubras por ti misma que esos tres Reyes Magos existen verdaderamente, y que esa Estrella de Belén es como dicen, entre todas, la más hermosa. Si ésto te sucede, no tengas miedo en creer lo que estés viendo, pues si sientes temor todo desaparecerá y lamentarás mucho el haberlo hecho. Ahora ve con Dios.
Las palabras de Don Santiago acompañaron a Tatiana durante toda la mañana y toda la tarde. Se preguntaba si habría algo de verdad en toda aquella historia. ¿Existirían realmente los Magos de Oriente? Pero, entonces, ¿por qué nadie los ha visto surcando los cielos? Y la Estrella de Belén debe ser hermosa y muy brillante, pero si es así, ¿por qué no luce para que todos la veamos en el firmamento? 

Durante horas, aquellas preguntas se fueron sucediendo unas tras otras en la mente de Tatiana, mientras el tiempo transcurría sigilosa y rápidamente.

Es de noche y hace frío -se dijo Tatiana, pensando en entrar en su casa-. Pero cuando así lo iba a hacer, una voz a su espalda la llamó por su nombre. 
  • Tatiana, Tatiana… -por dos veces, aquella voz de tono melodioso y dulce, pronunció su nombre-.
Con rapidez, nuestra amiga volvió el rostro y ante sus ojos se mostró una imagen que apenas se percibía, pues se confundía en medio de la oscuridad. Sin miedo, pero sí inquieta, Tatiana respondió:
  • ¿Quién eres?, ¿es usted…, Don Santiago?

En un principio creyó reconocer en aquella imagen borrosa la presencia de su profesor, pero el rostro de aquel hombre mostraba una barba muy poblada y unos ojos claros y brillantes, que le daba un aire misterioso, todo él, le inspiraba una extraña confianza. Su cuerpo presentaba un abdomen grueso y su estatura era de mediana altura, dándole un aire simpático y bonachón. Por sus ropas, dejaba ver que se trataba de un señor elegante y de gusto refinado; pero de todo aquel conjunto y desde un principio, lo que más llamó la atención de la joven, fue el estuche que el desconocido portaba en sus manos.

  • Sé que no me conoces y es por ello que quisiera presentarme. Todos mis amigos me llaman Don Fantasía, aunque la verdad es que no me gusta mucho ese nombre, pues muchos piensan que sólo soy eso, una fantasía. Pero están muy equivocados. Espero que tú no pienses lo mismo de mí. Mira, puedes tocarme, soy de carne y hueso. Es cierto –dijo en tono triste-, que siempre me tocan las misiones más desagradecidas, pues nadie cree en mí. Si inspiro a alguien un cuento, todos piensan que el contenido de ese cuento no existe y nunca existirá. Pero déjame que te revele un secreto –y acercándose a su oído, le dijo-, todos están equivocados, pues el país de donde vengo, existe. Pero de nada me sirve, pues he sido expulsado de él. Yo era el único superviviente de la familia fantasía. Alegraba los corazones de los niños; inspiraba a los poetas bellas palabras de amor, y ayudaba a construir las esperanzas de futuros días. Ahora, ya nada de eso puedo hacer. 

Tatiana estaba boquiabierta. No comprendía nada. Estuvo tentada de llamar a sus padres, pero algo la sedujo para que no lo hiciera. Estaba embriagada de admiración. Sin duda -pensó-, se trataba de una representación teatral. Aquel hombre grueso y simpático estaba ensayando su papel en la obra, que sin duda tendría que representar. Pero tanta seriedad y al tiempo tanta tristeza e ilusión.

De pronto, una idea se apoderó de sus pensamientos, ¿y si se trataba de un loco? - sintió un poco de miedo, pero no le duraría mucho aquella sensación. Aquellos ojos dulces le decían, que aquel personaje podía ser cualquier cosa menos un ser violento-. 

De todos modos, y sin saber muy bien por qué lo hizo, Tatiana quiso seguir aquella extraña aventura.
  • Dígame…, Don Fantasía, ¿cómo se llama el país de donde viene? -preguntó la joven dando muestras de un vivo interés por lo que había sucedido-.
  • Mi pais se llama, Fantasilandia, y como te he dicho, ha sido siempre allí donde se han fabricado las ilusiones y las esperanzas con las que los hombres han vivido hasta ahora. 
  • Bueno, y…, ¿por qué te han echado de tu país? - volvió a interrogarle Tatiana-. 
  • Es triste responder a esta pregunta pues, sólo recordarlo me enferma. Pero no puedo mantener por más tiempo el secreto que me han hecho jurar. Mi país ha sido víctima de un vil atropello. La Fábrica de las Ilusiones está ahora en manos de un ser enfermo por la locura y el mundo no tardará en saber de él, pues sus obras se multiplicarán por toda la tierra hasta destruirla. 
  • ¿Cómo se llama ese terrible ser? -preguntó casi burlonamente Tatiana, pensando que aquella comedia era divertida-. 
  • Su nombre..., es..., Señor de los Errores. 
  • Señor de los Errores…, ¿dices? ¿y cuál es la razón de ese nombre?
  • ¿No te lo imaginas? -le preguntó angustiadamente Don Fantasía-. 
  • Pues la verdad, es que no -contestó Tatiana-. 
  • Ves, hasta tu misma reconoces que la imaginación se está empobreciendo. Llegará el día en que todos seremos como el Señor de los Errores, pues nuestra vida carecerá de ilusión, de optimismo, de bondad, de esperanza y fe, y en su lugar, encontraremos la cruel realidad, el frío rigor, la áspera desilusión, la desesperante maldad.
El interés de Tatiana fue en aumento. Ya casi no podía distinguir entre la fantasía o la realidad. Ya no ponía en duda la franqueza de Don Fantasía. Este había despertado el arma secreta de Tatiana, su elevado sentimiento de la justicia, y cuando descubrió que alguien malvado podía poner en peligro el bienestar de la humanidad, no pudo controlar su entusiasta deseo de salvoguardar los intereses de los más débiles.
  • Dígame, Don Fantasía, ¿cómo se puede vencer al Señor de los Errores? Usted debe saberlo -le preguntó muy preocupada, la sorprendida joven-. 
  • Por saberlo han querido poner fin a mi vida, pero por fortuna no lo han conseguido todavía. Tal vez cuando te conteste te arrepientas de haberme hecho esta pregunta. Pero si ahora estoy aquí, ha sido porque he seguido los consejos de mi corazón, él me ha guiado hasta encontrarte, pues tú eres la única persona en el mundo que puede destronar al Señor de los Errores.
  • Vamos, no se burle más de mí y dígame que todo esto es una broma. Aplaudiré su representación y nos despediremos como amigos. ¿Qué le parece?

...continuará

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