sábado, 22 de abril de 2017

Cuento para Tauro: "Un bello despertar - 1ª Parte"


Ya se deja notar la presencia siempre alegre del Sol primaveral, y es que acaba de despuntar majestuosamente en el cielo, engalanándose con los más ricos y bellos ornamentos, magnificándose de este modo la expresión viva y risueña de la naturaleza.

Muchos son los que inspirados por este aroma tan peculiar, se sienten atraídos hacia ese caudal de vitalidad y buscan, ansiosos, embriagar sus sentidos con la suave fragancia de las flores y con los armoniosos cánticos que componen los pájaros, alegremente, y que se nos antoja como una inspirada sinfonía celestial.

Y mientras que este fascinante misterio seguía inocente y fielmente su curso, nuestro protagonista y amigo Don ... bueno, seré despistado, ahora no recuerdo el nombre de…, pero no os preocupéis, a él no le importará que le llamemos simplemente Don ... Tal vez,  Sr Don…, para ser más correcto. Esperemos que este atrevimiento no haga enfadar a..., al Sr Don…
          
Pero dejemos eso para más tarde, y veamos qué está haciendo en estos momentos de tanto sofoco y calor.

Introduciendo los dedos en el pequeño bolsillo del chaleco, nuestro amigo pudo comprobar que la maquinaria del reloj, antiquísimo por cierto, su antigüedad se remontaba a tres dinastías de antepasados, se encontraba en perfecto estado de funcionamiento.

No pudo evitar el Sr Don ... , quedar seducido por la sensación de placer que acababa de recibir en el contacto de su piel con el frescor suave de su inseparable reloj. Por unos momentos, sintió el deseo de pasar su circular cuerpo, por su rostro sudoroso,  pero desistió de inmediato, pues qué pensaría el infeliz reloj; sin duda alguna, le heriría su orgullo mecánico, proporcionándole una oferta de pluriempleo.
  • ¡Está bien -se dijo-, me conformaré con precisar de tus servicios!
Guiado por esa idea, sus dedos carnosos hicieron chascar el resorte que permitía abrir la tapa de aquella antigualla, y una vez más, sonó a los cuatro vientos aquella dulce melodía, que solía oír en tantas ocasiones en compañía de su padre, durante su infancia.

Sin darse apenas cuenta de ello, Sr Don..., se sorprendió tarareando felizmente la canción y muchos que acompañaban su estancia en aquel salón restaurante, sonrieron al oír su ronca voz acompañar a la no menos melodiosa musiquilla.

No podríamos asegurar que aquella situación produjera vergüenza a nuestro amigo, ni tan siquiera se ruborizó; aquello formaba parte de su vida diaria y lo necesitaba, lo mismo que cualquier otra persona necesitaba cumplir con una necesidad fisiológica.

Tomando el reloj entre sus manos, pudo comprobar que las manecillas indicaban que pasaban diez minutos de las dos de la tarde. No pudo evitar que en su rostro se dibujara una mueca de desagrado. La verdad era que no se le apetecía en absoluto el presidir aquel consejo de administración, que le aguardaba y que, por su carácter rutinario, en nada seducía en aquellos momentos,  al director de la empresa.

Pensaba en su inapetencia y descubrió que el verdadero motivo que le atormentaba en aquellos minutos no era, ni mucho menos, la falta de interés por los asuntos que se iban a tratar, su pereza encontraba una justificación infantil; le temía enormemente al bochorno que en esos momentos abrazaba toda la ciudad.

El termómetro asomaba en los límites de los 40 grados y aquella visión hacia desvariar al Sr Don…, al que se le sorprendía pensando en voz alta:
  • Sí, de acuerdo, he pensado en el coche, pero prefiero desistir de esa idea…, no me convence lo del aire acondicionado…
Pero apenas acababa de pronunciar aquellas palabras, cuando de un modo relampagueante, dio un brinco de su asiento que sorprendió a todos los presentes. Sin duda, aquel cerebro, paralizado por el sofoco, acaba de despertar, como impulsado por una brillante e iluminada idea.
  • ¡Por favor, por favor camarero! ¿podría acercarme el teléfono? Deseo hacer una llamada, gracias.
Sin esperar más tiempo, marcó pausadamente número tras número, y quedó en espera de recibir contestación.
  • Señorita, póngame con el Sr…
Indudablemente, la respuesta no debió ser muy del agrado de nuestro protagonista, pues dando muestra de enfado, gritó:
  • ¡Cómo!, ¿aún no ha llegado? Por favor, intente localizarlo…, es urgente. Llámeme al siguiente número, estaré esperando su llamada impacientemente.
Para alguien que conociese al Sr Don…, aquellas palabras le hubiese sorprendido, ya que su fama era bien conocida, por su paciencia y tenacidad. Dirigiéndose de nuevo al camarero, le dijo:
  • Por favor, sería tan amable de comunicarme la llamada, es importante.
Abriendo de nuevo su inseparable reloj de bolsillo, pudo quedar más tranquilo al comprobar  que aún tenía tiempo de descansar y reposar la copiosa comida que su estómago, endurecido, por tan duras batallas, intentaba digerir.



Aquella musiquilla llenó su alma de un sosiego indescriptible. La sangre se vertía por segundos alrededor de las paredes estomacales, dejando sin defensa su mente ante cualquier ataque exterior. Quedó soñoliento y no quiso poner obstáculos a tal deseo, dejando que sus ojos cayesen trémulamente, pero no pudiendo evitar que su conciencia se confundiera alocada con otro mundo, más sencillo que el que solía habitar y en el que derrochaba una personalidad gustosa de momentos cálidos y placenteros, pero generosa y alegre, amante de lo bello y bien formado, ocupada en discutir, cuando la situación era necesaria, pero enemiga de todo acto violento que interrumpa el equilibrio y la armonía.

Aquellos pensamientos se fueron agrupando incansables en aquella nube que cubría su conciencia y que parecía iba a estallar, trasladando cada cosa a su debido lugar.

Necesitaba luz, y la luz apareció y todo a su alrededor tomó de repente vida. Y allí estaba, entre todos los representantes de los diferentes comités de empresas. Se le antojaba, que se estaba planeando en la atmósfera un motín contra su persona.

Pudo ver entre las sombras, a alguien que se acercaba y le advertía, que todo lo que para él había supuesto la lucha de tantos años, le sería arrebatado en aquellos momentos, lo estaba invitando a presenciar los actos de despojos.

...continuará

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