miércoles, 26 de abril de 2017

Cuento para Tauro: "Un bello despertar - Final"

  • Y pensar que tan sólo hace 20 minutos, me disponía a huir de la ciudad y procurarme una velada espléndida. Pero que más da, lo cierto es que he de acudir a la recepción de esta tarde y presentar los informes del mes. –Sr Don…, no podía alejar aquellos pensamientos de su cabeza y continuó organizando sus ideas-.
  • ¿Pero qué ocurrirá cuando sepan todos que intento negar la apertura de las exposiciones de pintura y escultura en el banco. Intentarán desollarme vivo, al igual que en la pesadilla. No, no puedo permitir que este comité de la juventud quede sin la oportunidad que merecen. Les apoyaré, y si he de enfrentarme con la oposición, no importa, aportaré de mis propios ingresos los medios para fomentar dichos actos… -aquellos pensamientos atormentaban una y otra vez el espíritu intranquilo del gran magnate, cuando, una vez más, sería el camarero quien lo haría volver a la realidad-.
  • Sr, perdóneme de nuevo, pero le vuelven a llamar por teléfono. Es un tal Sr...
  • Dígame…
Desde el otro lado del  micrófono, una voz nerviosa y entrecortada, apenas si podía hablar.
  • Señor, perdóneme la torpeza, pero el chófer está enfermo y no disponemos en estos instantes de ningún sustituto.
  • No se preocupe, iré andando.
  • Pero, ¡Sr Director! -exclamó admirado el interlocutor-, con el calor que hace...
  • Usted limítese a demorar unos 15 minutos la reunión.
  • Pero, Sr Don…
Tan sólo pudo oír el chaquillo del teléfono al colgar, quedando sorprendido por tan inesperada respuesta. 

En su paseo, cruzó su camino con dos vagabundos que tenían un particular parecido con un recuerdo no muy lejano. Se les acercaron pidiéndole ayuda o, al menos, el resto del cigarro que casi quemaba sus labios. Pasó de largo sin mirarlos; de repente, paró sus pasos y quedó inmóvil. Su cuerpo estaba rígido.

En esos momentos una luz apareció en su corazón. Algo desconocido pero bello. 

Volvió hacia atrás y habló a ambos con amabilidad. Les invitó a acompañarle en su paseo y le ofreció un cigarro a cada uno.

En su recorrido se encontraron con una lujosa pastelería y, cosa poco habitual en él, sorprendiendo incluso a los dependientes, pasó de largo, pero no sin antes haber dado a sus nuevos amigos el suficiente dinero como para que devorasen un par de docenas de dulces de los mejores. 

Anduvo con rapidez, tropezando con el bulto de un hombre inválido, que se arrastraba borracho por el suelo, balbuceando ayuda para saciar su sed de alcohol. 

No pensó en lo que debería hacer. Lo tomó en brazo y se acercó a la parada de taxis más cercana. 
  • Por favor, al hospital más próximo.
Se le estaba haciendo tarde para la entrevista. Sabía que su voto para dar una respuesta afirmativa era imprescindible y único, por lo que debía llegar antes que, los de su comité tomasen la palabra y pronunciasen la negativa. 

Se apeó delante de un gran edificio que llevaba inscrito en su fachada, en un gran rótulo luminoso, su nombre, el mismo que el de la empresa. 

Subió rápidamente las escaleras y no se preocupó en aquella ocasión, en esperar el ascensor como habitualmente solía hacer, aunque tan solo tenía que ir a la segunda planta. 

Llegó casi asfixiado y se dijo que debería perder algún peso. 

Ambos comités estaban reunidos y tan sólo esperaban, que de un momento a otro se concretara la respuesta final al proyecto. 

Pero de pronto el estrépito de la puerta al abrirse bruscamente, hizo que el que se disponía a confirmar lo que iba a ser una sentencia negativa, volviese su rostro hacia la entrada, y con expresión de satisfacción, se apresuró a dar la noticia a su jefe. 
  • Sr Director…, al fin, ya pensábamos que no vendría y nos disponíamos a refrendar, con su aprobación, el acuerdo de negación contra la apertura de las exposiciones, patrocinado por la sección de arte y…
  • Ya está bien Sr..., conozco, al igual que usted, todas las clausulas que han sido verificadas en respectivas sesiones de nuestro comité, es más, como máximo representante de él, invalido desde este momento los acuerdos obtenidos hasta la fecha y me inclino a satisfacer la demanda del comité patrocinador de la universidad de bellas artes, dándole mi aprobación para que en la fecha dispuesta se inicien las aperturas.
Nadie podía creer lo que allí estaba pasando. No daban crédito de lo ocurrido. En su comité estaban todos extrañados y sorprendidos, en cambio el comité demandante estaba, estaba, no encuentro otras palabras que las de muy agradecido y sumamente satisfecho, y no porque habían encontrado a un gran personaje de las finanzas, sino porque la belleza es un vinculo externo del amor, y aquella persona había actuado con belleza y sabiduría. Era portador de un bienestar que desprendía una gran asignatura aprendida, la de saber AMAR.


FIN

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