miércoles, 25 de enero de 2017

Cuento para Acuario: "El Sueño Creador-1ª parte"

Hacía ya algún tiempo, que por la cabeza de Juan José, el papá de dos lindas muchachitas, rondaba una preocupación. Él quería enseñar a sus hijas los misterios de la vida, y entre éstos misterios sentía una peculiar atracción por desvelarles los secretos mágicos de la Astrología, pues sabía que su conocimiento podía ayudarlas a encontrar lo mejor de sí mismas.
Con ese deseo, Juan José, no dejaba de buscar el modo más fácil y sencillo de trasmitir tanto misterio y tanto lenguaje oculto.
Pero, fue un domingo de mañana, cuando de repente, de un modo maravilloso, tuvo una vaga inspiración, o tal vez fue una intuición, la verdad era que le acababan de susurrar al oído una estupenda idea, de tales efectos que su rostro se iluminó pletórico de satisfacción.
  • Ya sabía lo que tenía que hacer -se dijo -.
Y sin esperar por más tiempo, temeroso de que aquella idea se evaporase con la misma rapidez como le había llegado, tomó una sabia decisión.
  • Ya está -se dijo asimismo-, ya sé cómo le enseñaré de los misterios de la vida. Se los narraré en forma de cuentos.
Y, ni corto ni perezoso, Juan José tomó muy en serio aquel propósito, llevándolo a la práctica sin demorarlo por más tiempo.
Pasó toda la semana, y un nuevo domingo florecía con júbilo y esplendor. Un buen augurio sin duda, para llevar a cabo tan singular empresa, como la que se disponía a efectuar aquel entusiasmado padre y sus dos lindas muchachitas.
Haciendo honor a la majestuosidad del domingo, Juan José lo dispuso todo para que el clima fuese el adecuado, utilizando para ello todos los recursos a su alcance. Entre estos, se encontraba un casete, que a pesar de sus años de despedía de su interior una suave melodía que iba envolviendo el espíritu con una extraña sensación. Pero de todos aquellos elementos, uno era fundamental y peligroso, incluso, si se echaba en olvido, ese elemento era el amor.
Como cada domingo, papá Juan José sabía que sus hijas no tardarían en despertar y en hacerles una visita al dormitorio con la intención de introducirse en su cama y bombardearle con el deseo de que les contase un cuento.
Ésa era la oportunidad que él esperaba y la verdad es que, en aquel nuevo domingo no tendría que esperar mucho para que aquellas dos fierecillas volvieran al ataque.
  • Papá, cuéntanos un cuento -dijo la mayor en tono suplicante el tiempo en acusado -.
Difícil lo tenía el Papa, y es que ante aquellos encantos no podía negarse, aunque lo que menos quería en el mundo era, precisamente, no contarles el cuento.
  • Bueno, pero veréis, ya os he contado tantos que no sabría cuál contaros -dijo el papá, haciéndose el interesante-.
  • El de caperucita -dijo de pronto la más pequeña-, ¿vale papá?
  • Está bien, si queréis os cuento el de caperucita, pero ahora que caigo, dejadme pensar, ¡Aja!, ya lo recuerdo...
  • ¿Qué recuerdas papá? -dijo impaciente e intrigada por aquel secreto, la mayor de las hijas-.
  • Podría contaros, una antigua leyenda que narra las peripecias de un poderoso Dios.
  • Sí, sí papá -dijeron ambas pequeñas, sin dejar acabar al buen padre que tanto empeño había puesto en lograr que su estrategia saliera bien-.
  • Bien, siendo así y si tanto empeño tenéis, os lo contaré. Prestad atención y no me interrumpáis, pues ya puedo ver...
Y de este modo, el papá y las dos lindas muchachitas emprenderían un largo y venturoso viaje hacia el hermoso mundo del misterio y del oculto conocimiento.
... Allá, en el recuerdo del tiempo, tanto hace ya que nadie sabría medir con exactitud los días transcurridos desde que Elohim -como era conocido aquel poderoso ser-, tuviera aquella conversación con el Padre de Todo lo Manifestado y lo que está aún por Manifestar, el dueño Absoluto de lo Finito y de lo Infinito, el Ser de Seres, Ain-Soph.
Cuenta la leyenda, que nadie jamás ha podido contemplar el rostro del Inefable Ain-Soph. Ni tan siquiera, Elohim, uno de sus muchos hijos creadores, había conseguido ver la faz del que le dio la vida, pues entre él y su Padre, hay siete grandes Velos de separación. Tan sólo el transcurrir del tiempo y una gran prueba, permitiría al poderoso Elohim ir rasgando estos Velos uno a uno, hasta que al final de esos días de misteriosas aventuras, y siempre que saliese victorioso de cada una de las pruebas que cada Velo representa, Elohim, podrá contemplar a su Padre y fundirse en su máximo esplendor, enriqueciendo con su luz el Fuego Creador de Ain-Soph.
Cierto día,  Elohim,  fue llamado por su Padre, y en obediencia a su voluntad se apresuró para no llegar tarde a la cita.
Una vez bajo el trono de Ain-Soph, Elohim puso mucha atención a las palabras que su Padre le transmitía, pues intuía que aquel encuentro cambiaría el rumbo de su existencia.
  • Me siento orgulloso de ti, Elohim, -dijo Ain-Soph, el Absoluto, al tiempo que cada una de sus palabras emitían una poderosa luz que tenía la virtud de cristalizarse en ideas, en verdades tangibles y sólidas como la piedra, y gracias a este poder, en todo momento se podía conocer lo que cada expresión quería decir-.
Te has convertido en un poderoso ser -continuó diciéndole el Venerable y Supremo Ser-, y las criaturas angelicales han vitoreado con euforia y alegría el día de tu coronación como Rey.  Pero hijo mío, ha llegado la hora de que sigas tu camino, pues tú coronación como rey te ha valido para adquirir mi propia dicha, el Poder Creador. Dime, amado hijo, ¿qué planes tienes para el futuro? ¿Cómo vas a utilizar el poder que has adquirido?
  • Si me lo permites, Padre mío, te diré que aún no he concebido ningún Plan Creador, y en verdad que tenéis razón pues, en mi reino, la única existencia que contemplo es la mía. Por todos lados encuentro el reflejo de mi Triple Rostro. Si miró al Norte, contemplo el poder de Kether, inspirándome, constantemente, un ideal con su Voluntad, pero aún no he sabido qué hacer con él. Si mi mirada se dirige hacia el Este, puedo admirar la suave brisa que proviene de las tierras del Hochmah, la Morada del Amor. De allí, melodiosas canciones me seducen una y otra vez, embriagándome hasta que me sumerjo entre los placeres del gran sueño, pero aún no he sabido qué hacer con él. Por último, si miró hacia el Oeste, mi Inteligencia se ilumina y multitud de fórmulas, de números, de leyes y medidas me hablan en nombre de Binah, pero aún no he encontrado una ecuación que me permita comprender qué he de hacer con él.
Elohim, tras estas palabras, guardó silencio y esto fue interpretado por su Padre, como el final de su exposición.
  • Veo, hijo mío, que en tu reino se encuentra todo lo necesario para llevar a cabo un gran Plan. Dirígete hacia el Sur -exclamó con fuerza Ain-Soph-.
  • ¿Hacia el Sur?, pero Padre, esa zona está desierta.
  • Tienes razón, y es por ello que te encomiendo esa misión, pero no debes preocuparte, pues allí, encontrarás ayuda para que tu Plan pueda convertirse en una realidad. Y ahora, he de dejarte. El tiempo transcurre. En la eternidad, todo viaja hacia el infinito, pero para ti, cuenta a partir de ahora cada segundo del tiempo. No te demores y sueña, sueña ese Plan que ha de llevarte en el futuro a rasgar el séptimo Velo que aún nos separa. Suerte, hijo mío, y que tu Obra sea digna.
Así fue como Elohim encontró una importante misión... Crear.
Aún no sabía cómo hacerlo, más tenía a su disposición los poderes necesarios para lograrlo, y de ese modo, sumergido en ese gran deseo, quedó sumido en un profundo sueño.

Cuenta la leyenda que pasaron tres grandes Días  Cósmicos y, al cuarto Día, Elohim despertó, y aquel Día fue un Día feliz y jubiloso, pues gracias a ese largo sueño, aquel poderoso ser había concebido un Plan Creador, un Plan Cósmico.

·    Ya sé lo que haré -se dijo, entusiasmado -, espero que mi Obra sea digna a los ojos de mi Padre pues, he decidido crear vida a un nivel inferior al mío. Ya estoy algo cansado de que en este trozo de cielo, tan sólo sea yo quien viva. He pensado que, tal vez si doy vida a seres de mi misma esencia, estos, cuando crezcan, puedan ofrecerme nuevas experiencias creadoras. Así enriqueceré mis archivos, al tiempo que ellos se convierten, en sí mismo, en seres creadores. Si yo trabajo para mi Padre, y Él, en recompensa, me permite la libertad de actuar según mi voluntad, yo también ofreceré a mis hijos esa cualidad.

Eso es. Es una buena idea. Si son de mi propia carne, también tendrá mis mismos poderes. Tendrán voluntad propia, tendrán la facultad de amar y les dotaré de inteligencia para que puedan comprender, a su debido tiempo, la Obra de su Creador. Espero que con esas cualidades sepan organizar el mundo de acuerdo a mis propias leyes.

Bueno, pero ahora debo dirigirme hacia el Sur. Allí consagraré mi obra, pues tengo un Plan pero no tengo los materiales para la obra. Quizás en las tierras del Sur encuentre lo necesario para que mi Plan adquiera forma.

Y con ese deseo, Elohim, se dirigió hacia las tierras desérticas y vírgenes del Sur.

...continuará

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