viernes, 27 de enero de 2017

Cuento para Acuario: "El Sueño Creador-Final"


Un gran conflicto se debatía en las Tierras del Oeste, en Binah. Cuando la orden fue comunicada a todos sus habitantes, no todos estuvieron de acuerdo con aquella decisión, y el pueblo se dividió. Había una parte que sí aceptaban oscurecerse, sacrificar su Luz, si a cambio de ello, iba a tener lugar la Creación de un Universo que permitiera evolucionar a otros seres, seres que iban a nacer del mismo Binah.
Pero otros se negaron pues, no estaban dispuestos a ceder su patrimonio, sus riquezas, su igualdad Divina. No les importaba si con aquella aptitud ponían en peligro la Obra de Elohim. Pero se repetían una y otra vez:
  • ¿Por qué nosotros, por qué…?
Cuando aquella noticia fue conocida por Elohim se entristeció mucho pues, comprendió lo que aquello significaba. Todos sus esfuerzos se desplomarían si en Binah no se establecía una unidad de criterio, un orden.
Su prudencia le aconsejó esperar, pero el tiempo transcurrió y todo permanecía igual. Nada parecía cambiar. Fue entonces cuando comprendió que debía tomar una pronta decisión, pues de ello dependía su propia evolución.
Tras mucho pensarlo, Elohim se dirigió de nuevo a sus Principados, y cuando se encontraban reunidos, dijo a Binah:
·     Cuando distribuí el Poder Creador os hice libres para decidir, pero ese Poder Creador no es mio, está más allá de mi mismo, es una virtud del Gran Ain-Soph. Él me pidió que distribuyera su Poder en tres Principios, y así lo hice. Pero también me pidió que uno de estos Principados se encargase de velar por la unidad en el reino, de velar por el Poder Creador. Ese Trabajo lo otorgo a Binah, y desde ahora serás el Trono de la Ley. Serás normas y te inscribirás en la naturaleza con el nombre sagrado de Jehová. Y tu nombre será Creador. Y aquel que sepa pronunciarlo tendrá el Poder de Crear. Pero también serás Rigor, y aquellos que no respeten tu Ley y la violen, deberán ser víctimas de su propio error, de su propio mal.
Desde hoy pues, y para siempre jamás, serás la Morada del Destino y como tal deberás actuar. Aquellos que acepten este Propósito, que estén dispuestos a velar por el reino, que sigan adelante con la Obra, que elaboren y construyan el Sistema Solar. En cambio, aquellos que se inhiban, que se nieguen a trabajar, ellos serán arrojados al Abismo y obligados a pagar, hasta que decidan retornar a su destino.
Y así, de este modo, Elohim delegó su tarea creadora en Binah, quien haciendo honor a la confianza depositada en Él actuó con su suprema Inteligencia, planificando la Gran Obra de la Creación.
Pensó que si siete eran los Velos que lo separaban del Gran Ain-Soph, siete deberían ser también los Días en que llevaría a cabo su Creación.
Igualmente pensó, que si al final de ese séptimo Velo habría conquistado la perfección y descansaría en su labor, ¿por qué no, en el séptimo Día de la Creación, también Él descansaría de su labor?
  • ¡Oye, papá! -interrumpió la hija mayor-, ¿tiene algo que ver eso sietes Días de la Creación con los siete días de la semana?
  • Pues ahora que lo pienso, puede que tengas razón -dijo papá, Juan José, al tiempo que hacía una mueca de reflexión-.
  • Entonces -continuó la mayor de las muchachitas-, si el séptimo día es de descanso, el domingo también lo será.
  • A ver, a ver, ¿qué quieres decir con ello? -preguntó el papá en tono sospechoso-.
  • Pues que si en domingo hay que descansar, hoy no tendré que estudiar -diciendo esto y sin poder contener la risa de su propia burla, la linda muchachita saltaba de la cama para evitar que su padre la atrapara-.
El final de aquella leyenda había dado motivos a las pequeñas -aunque la mayor ya no lo era tanto-, para descubrir cosas nuevas, para establecer comparaciones. Pero aún tenían algo más que preguntar, y fue esta vez la pequeña, la que dirigiéndose a su padre, le dijo:
  • Papá, ¿qué les pasó a los seres malos que no quisieron trabajar para Elomim?
  • Elomim no, hija, es Elohim -corrigió amablemente Juan José-.
  • Eso, Elohim... -dijo un poco ruborizada la más pequeña-.
  • Bueno, contestando a tu interesante pregunta, te diré que Elohim se sintió muy triste, y aquella tristeza se inscribió en su rostro, en el rostro de Binah. Desde entonces todos aquellos que no respetan la ley, que no hacen el bien, deberán corregir su error.
  • Pero, papá, ¿cómo podemos nosotras saber que estamos haciendo el mal? Yo puedo sacrificarme y estar haciendo algo mal.
  • Eso es cierto, tienes mucha razón. Para conocer si se está haciendo bien o mal, hay que conocer aquellas cosas que están bien y aquellas cosas que están mal. Hay que conocer a los doces Zodiacales, pues Ellos son las Energías con las que Elohim nos ha creado. Nosotros somos parte de esos doces Zodiacales. Lo único que tenemos que hacer, es conocer sus Energías y administrarlas constructivamente.
  • Y, ¿cómo podemos hacerlo papá? Dínoslo, ¿cómo podemos?
Papá, Juan José, había conseguido despertar el entusiasmo y el interés en sus hijas y se sentía orgulloso de ello.
  • Lo primero que debéis conocer son sus nombres. Ellos son Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis... Pero bueno, tal vez el próximo domingo…, me acuerde de una leyenda que narra la historia de los doce Zodiacales.
  • ¡Bien! -gritaron con expresiva alegría las dos lindas muchachitas-.
Y queriendo asegurar lo que acababa de decir su padre, le dijeron:
  • ¿Lo prometes, de verdad que lo prometes...? -insistieron ambas-.
  • De verdad, os lo prometo -les afirmó su padre-.
Y así, los tres quedaron atados por aquella promesa que sin duda se cumpliría, tan sólo quedaba esperar, esperar la llegada de un nuevo y ansiado domingo.

Fin

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