martes, 6 de diciembre de 2016

Cuento para Sagitario: "Un Espíritu Benefactor - 2ª parte"

Mientras que Tatiana trataba de poner fin a aquella experiencia, descubrió de repente que estaba totalmente sóla. No podía ser... –se dijo-. Apenas había perdido de vista unos segundos a Don Fantasía y ahora ya no estaba. Por unos momentos llegó a preguntarse si todo aquello no había sido un fugaz sueño, pero en respuesta a su inquietud, fue a trompezar con un objeto que se encontraba en el suelo y casi la hizo caer.


Un poco indignada, fue a darle un fuerte puntapiés a aquella cosa, pero en ese mismo instante quedó perpleja pues, el causante de su accidente era aquel estuche que anteriormente vio en manos de su misterioso acompañante, Don Fantasía.

No supo contener su curiosidad por mucho tiempo. En efecto, se trataba, como había pensado, de un estuche, pero nunca había imaginado, que aquel estuche no era más que la funda que guardaba celosamente un hermoso libro.

Allí estaba ante ella. No era un libro normal. Sus pastas estaban encuadernadas en hilos de oro y en ella se podía leer un título que ya le era conocido: “Más allá de la Fantasía”.

Un inesperado escalofrío recorrió todo su cuerpo. Miró a ambos lados de la calle y comprobó que nadie la había visto. Se sentía como dueña de un importante tesoro. Pensaba que aquel hallazgo le pertenecía, pero lo que no supuso nunca fue que también sería la responsable de lo que a continuación sucedería. 

Tatiana tomó con delicadeza aquel texto y lo guardó de nuevo en su estuche. Estaba deseando conocer su contenido. Algo muy especial le decía que se trataba de una empresa que tan sólo ella podría llevar a cabo. Es por ello, que pensó en no compartir con nadie aquella aventura.

No tardó en cenar aquella noche. Pidiendo disculpas a sus padres les argumentó que había tenido un día muy agotador, por lo que se retiraba a su cuarto a descansar. La verdad es que no había mentido a sus padres cuando les dijo que había tenido un día agotador, pues el encuentro con aquel misterioso personaje había excitado todos sus nervios y se sentía exhausta.

Pero su estado físico no le impediría llevar a cabo su único deseo, descubrir el contenido de aquel interesante libro.


Con premura, se apoderó de aquel estuche de bordes dorados. Con gesto nervioso introdujo sus dedos entre las ranuras de un pequeño broche, que sin duda le facilitaría la apertura. No le sería difícil, ya tenía práctica y, en efecto, no tardó en hacer saltar la tapadera del estuche dejando entrever por una pequeña apertura el deseado y codiciado libro.

Sin más demoras, Tatiana giró suavemente la tapa e introdujo su mano para tomar el misterioso texto. Acarició durante varios segundos sus pastas. En verdad, era una joya. Su encuadernamiento era perfecto; sus letras parecian incrustadas o mejor aún, talladas en la propia piel, una piel de tacto aterciopelado y de un color violaceo. Tan sólo cinco palabras daban título a aquella obra: “Más allá de la Fantasía”.

Poco a poco, Tatiana fue descubriendo una extraña emoción por aquel libro. No estaba segura de lo que pasaba, pero algo muy especial le atraía de todo aquello y, sintiendo como el escalofrío recorría de nuevo todo su cuerpo, cuando pensó que se encontraba atrapada por una especie de hechizo conjurado por la magia de aquel enigmático ejemplar.

Sin dejar de pensar en ello, dirigió su mano derecha hacia el libro con la intención de descubrir de una vez por todas, cuál era el misterioso secreto que allí se guardaba. No pudo evitar que su mano temblase, pero esto no impidió que consiguiera deslizar la primera página del libro.

Pero si ya de por sí se encontraba nerviosa, ahora lo estaría mucho más, cuando de repente alguien vino a interrumpir aquel silencio.

  • Hola, Tatiana. iAl fin nos encontramos de nuevo! Ya me estaba temiendo yo, que no nos hubiésemos vuelto a encontrar, pues ello hubiese significado un desdichado final para mi pueblo y para toda la humanidad.
Aunque a Tatiana le parecía todo aquello, increíble y prácticamente imposible, la verdad era que no tendría más remedio que creer lo que estaba viendo.

Allí estaba, en sus mismas narices. Se encontraba de nuevo con Don Fantasía, pero en esta ocasión su encuentro era un poco especial, ya que tan sólo se veía de él, su rostro.

Si, a Tatiana también le pareció extraño, pero toda su risueña cara ocupaba aquella primera página y le hablaba como si tal cosa.
  • ¿Pero cómo es posible? -acertó a exclamar muy sorprendida la joven Tatiana-. ¿Cómo es posible que..., y tu cuerpo? 
  • ¡Ay!..., mi querida niña, no aprenderás nunca, y con el poco tiempo que nos queda ahora nos sales tú con esas preguntas. ¿Acaso no te dije que soy Don Fantasía? Cuanto antes descubras que el mundo es todo fruto de la fantasía, antes comprenderás las cosas que tanto te preocupan. Ocurre que existen dos clases de fantasía. Una se elabora como los caramelos y los dulces, ya sabes un poco de miel, otro tanto de azúcar y de repente los sueños y las ilusiones se convierten en un hermoso y apetitoso alimento. 
  • También existe otra clase de fantasía, pero para su elaboración se necesita sal y pimienta. Es un poco más fuerte, aunque son muchos los que las prefieren. Y sabes por qué, pues porque piensan que al ser fantasías materiales podrán guardarla y poseerla por muchos años. ¡Qué equivocados están! No se dan cuenta de que la fantasía, debe renovarse como se renueva el aire –le explicó Don Fantasía-.
  • Entonces, ¿quiere decir que esta casa, esta cama y este libro son fantasía echas de sal y pimienta? –Tatiana preguntó muy entusiasmada-. 
  • Veo que aprendes rápido. ¡Ja, Ja, Ja...! Eres una chica lista. En efecto, esta casa es toda fantasía, pues antes de ser cal, cemento y arena, fue una chispa de fantasía que tus padres tuvieron. Y esos zapatos, antes de tener esa forma tan especial, fueron una chispa de fantasía en la mente del zapatero. 
  • Ahora comprendo bien. Es verdad, tiene toda la razón. El mundo es todo fantasía, pero entonces, ¿por qué se preocupa?, pues, su pueblo también es una fantasía. 
  • Mi pueblo es donde se elaboran las fantasías. Ahora el Señor de los Errores tan sólo fabrica, eso…, errores y más errores, y los hombres están cada vez más identificados con él, y le ayudan a multiplicar su obra, hasta que llegue el día… 
  • Pero dígame, ¿qué puedo hacer yo? –preguntó Tatiana en tono indignada-.
Pero ya el bueno de Don Fantasía no se encontraba allí. De nuevo había desaparecido y nadie sabría explicar cómo. Pero en su lugar, Tatiana recibía la respuesta a su exaltada pregunta, pues en ese momento la segunda página de aquel libro, dejaba al descubierto un paisaje oscuro y siniestro.

Tatiana había dejado su cuarto para encontrarse allí, en medio de aquel gigantesco bosque donde todo parecía carecer de vida. Nada se podía oír, tan sólo el latido descompensado de un corazón inquieto.

No trató de comprender lo que estaba pasando. Sabía que todo era fantasía, pero sintió miedo cuando descubrió que estaba sola y perdida, sin saber qué hacer, ni a donde ir.

Pero aquel descubrimiento no tardaría en desaparecer. Su vitalidad y su espíritu de aventura estaban muy por encima de temores infundados. Asi que, con el único arma que conocía, su optimismo, dirigió sus pasos hacia el interior de aquella selva, que se le antojó tan oscura como la boca de un lobo.

No sabría decir cuánto tiempo anduvo, y anduvo, pero debió ser bastante por lo mucho que le dolían los pies.

A lo largo de todo su recorrido no había oído, ni visto, un solo alma.

Aquel silencio –pensó-, podría volver loco a cualquiera. ¿Qué podía haber ocurrido en aquellas tierras? ¿Qué tenebroso mal se había apoderado de la vida de aquel país?

Hasta ahora, todas las plantas que había encontrado a su paso estaban marchitas. Los árboles parecían quejarse, retorciéndose amargamente como si padecieran una enfermedad terrible que ponía fin a sus vidas lentamente.

Aquellos surcos entre las rocas, hacían pensar que en un tiempo pasado aquellas tierras debieron ser regadas por un caudaloso río. Ningún ser vivo podría resistir aquellas condiciones de vida por mucho tiempo, y se estremeció al pensar que ella formaba parte de aquel sufrido paisaje.

El cansancio fue poco a poco apoderándose de su voluntad, y aunque en el fondo queria seguir su camino, no pudo hacer frente a aquel agotamiento fisico. Intentó encontrar un lugar apropiado para poder descansar, pero cuando creía haberlo encontrado, una voz, ya conocida, interrumpió aquel empeño.
  • Tatiana -dijo una voz en tono discreto, como queriendo permanecer oculto ante miradas acechantes-. Tatiana, soy yo, tu amigo Don Fantasía, pero no te vuelvas por favor -se apresuró a aconsejar el gentil amigo a la joven, pues se percató de sus gestos nerviosos-. Debes saber que en estos momentos estás siendo vigilada y no desde muy lejos. He venido a prevenirte, de que en adelante debes estar muy alerta. Es a partir de estos momentos, que deberás utilizar todos tus recursos. No lo olvides, pon en funcionamiento tu arma invencible, tu idealismo. Como habrás podido comprobar por ti misma, este país agoniza de muerte. Tan sólo queda una sola zona, donde aún la fantasía perdura, y será allí donde deberás presentar batalla al malvado Señor de los Errores. No pierdas la fe, y suerte…, suerte…., suerte...
Aquel eco se fue alejando y de nuevo Tatiana quedó en espera de futuros acontecimientos. Pero en esta ocasión no tendría que esperar por mucho tiempo, pues no había aún terminado de despedirse de su misterioso amigo, cuando unas fuertes manos se apoderaron de ella y sin dejarla apenas hablar, le cubrieron el rostro con una capucha, lo que le impidió ver las caras de sus agresores.
  • Dejadme, dejadme, cobardes… -pataleaba furiosamente la joven Tatiana, pero sus esfuerzos serían inútiles-.


Cuando comprendió que de nada le serviría seguir golpeando a diestra y siniestra, descubrió que la llevaban prisionera hacia algún lugar estratégico, pues de no ser así, no entendía la razón de cubrirle el rostro. A alguien no le Interesaba que supiese el camino que le permitiera llegar hasta ese lugar. Pero, ¿qué lugar sería tan importante?

No tardaría en recibir una respuesta pues, de repente, fue colocada de nuevo con los pies en la tierra y alguien con suma habilidad le retiró la capucha de su rostro.

Tatiana tuvo que contener la respiración y a punto estuvo de caerse de espalda.

Aquello era maravilloso. Jamás hubiese imaginado tanta belleza. Allí estaba todo cuanto pudiera desear una persona y curiosamente, no dejaban de llegar prototipos de nuevos sueños y fantásticos anhelos. Pero igual que llegaban, desaparecían. Una mano tortuosa los destruía sin contemplaciones.

Poco a poco, y a pesar de no haber salido aún de su asombro, Tatiana fue comprendiendo que se encontraba en la última aldea que aún existía en el país de su amigo Don Fantasía.

Tuvo tiempo aún de reconocer entre tanta lluvia de sueños, las esperanzas de millones de niños, los Reyes Magos. Pero su corazón se entristeció de repente, pues vio dibujado en los ojos de aquellos tres Magos, la tristeza y la desolación. Comprendió Tatiana que la ilusión de todos los niños, poco a poco iría desapareciendo, y lo que más le dolió fue, que ella misma había contribuido con su falta de ilusión y de fe, en dar muerte a aquella magia tan real, como era la bondad y generosidad de los Reyes Magos.

También pudo contemplar, extasiada por tanta ilusión, la majestuosidad de una Estrella, que apenas destellaba a intermitencias, pues también era víctima de una descorazonadora y fatal enfermedad, que al igual que a ella, asolaba a todas las esperanzas e ilusiones que allí habitaban. Ese mal era la falta de fe, y era esta ruinosa dama, la que había dado vida al Señor de los Errores.

·         ¡Ja, Ja, Ja…! Cautivador, ¿no es cierto joven Tatiana?

...continuará

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