jueves, 8 de diciembre de 2016

Cuento para Sagitario: "Un Espíritu Benefactor - Final"


Era la voz zocarrona del Señor de los Errores. Estaba alli, junto a ella, pero estaba tan cautivadoramente atrapada por aquella experiencia, que no se había dado cuenta de su presencia.
  • Tú debes ser el Señor de los Errores, ¿no es cierto? -En ningún momento Tatiana sintió miedo alguno, todo lo contrario, en su pecho ardía un fuego abrasador, fruto de su indignación por aquella injusta situación-. ¿Cómo puedes destruir los sueños y las nobles esperanzas de los Hombres?, ¿es que acaso careces de corazón?
  • Corazón, dices. Veo que eres aún muy inocente. ¿Acaso no sabes, que el mundo me ha creado? ¿Por qué no pides cuentas a ellos, tal vez comprendas mejor tu propio error? -le contestó enfurecido el malvado Error-.
  • No trates de confundirme, no puedo creer que los Hombres te hayan creado. Demuéstramelo.

Aquel reto fue muy impulsivo y muy bien recibido por el Señor de los Errores. Se diría que estaba deseando poder llevar a cabo algún plan y aquella invitación le venía muy bien, pues asi justificaría su obra final, vencer cara a cara, a la única arma que aún temia, el poder del idealismo.
  • Está bien, te complaceré. Sígueme…
Tatiana siguió al Señor Error a una prudente distancia. Por mucho que lo intentaba no podía alejar de su mente, la imagen de todos aquellos niños que se iban a quedar sin vivir, una vez más, el mágico espiritu de la Navidad. Aquel sentimiento le dio una poderosa fuerza interior. Una profunda fe estimulaba su espíritu benefactor y se dijo que estaba dispuesta a poner fin a aquella trágica situación, de una vez por todas.
  • Bueno, ya hemos llegado -le advirtió en tono triunfante el Señor de los Errores-. Aquí está mi obra. Muy pronto, el mundo entero, conocerá la magia del Pais de los Errores. Todos se encontrarán como en su casa,  pues como comprobarás por ti misma, cada piedra, cada grano de arena, utilizado para construir este pueblo, está hecho de un gran error. Mi papel es fácil, me dedico a mantener unido todo este material y vivo con la preocupación de no poder acabar esta magna obra. Pero ahora, tú me ayudarás a conseguirlo. Tú eres el último eslabón. Cuando venza a tu idealismo, entonces el mundo sucumbirá por su propia destrucción. ¡Ja, Ja, Ja! –reía cruelmente aquel infernal ser, pero a Tatiana, nada de aquello la hacía sucumbir. Estaba decidida a vencer y así se lo hizo saber-.
  • Dime, ¿qué prueba me tienes preparada? - le retó osadamente la joven-.
  • Veo que vas comprendiendo. Eres muy lista, inocente, pero lista y valiente. Bien, ya que estás preparada, ¿para qué demorarlo más? Tu prueba consiste en enfrentarte con las 7 Quimeras del Error. Si consigues triunfar, cosa que no harás, serás tú la que hayas vencido, y entonces, todo volverá a su normalidad, me habrías destruido para siempre jamás. No te deseo suerte, pues no la tendrás. ¡Ja, Ja. Ja! -y con estas sarcásticas palabras, Señor Error, desapareció-.
Ante sí, Tatiana contempló un paisaje tétrico, oscuro y maloliente. Apenas si podía respirar sin dificultad. Se le antojó que algo muy cerca de allí se estaba quemando y despedía un fuerte hedor a azufre, por no decir a podrido.

A pesar de aquellas dificultades, Tatiana decidió continuar su camino y cruzar aquella espesa niebla que apenas la dejaba ver más allá de sus propios pasos. Anduvo durante un buen rato, y poco a poco fue desapareciendo aquella atmósfera irritante.
Un poco más allá, descubrió que la niebla era menos densa y se acercó hacia aquel lugar y justo cuando iba llegando, una vasta voz se dirigió a ella.

  • Vamos, acércate. Ya era hora, ¿no? Llevamos mucho esperándote y no estamos acostumbrados a tener tantas contemplaciones.
Aquel tono dominante y soberbio, indicó a Tatiana que se encontraba justo donde ella deseaba, en la boca del lobo. Todo estaba por decidir aún, pero ella estaba segura de si misma y de su victoria.
  • Siento mucho haberme retrasado, pero con tanta niebla no he podido venir antes. Os pido perdón -le dijo amablemente Tatiana-.
  • Quimera Soberbia
    ¡Ja, Ja, Ja! Os pido perdón. Tienes modales de señoritona –dijo una voz fríamente-. No trates de burlarte de nosotras. ¿Acaso pretendes hacernos creer que no te damos miedo?
  • Mentiría si os dijera que sí os tengo miedo, pero no acostumbro a mentir. La mentira no es buena compañera, pues muy pronto se vuelve nuestra enemiga y cuando menos te lo esperas te descubre, dejándote por embustera. No, no creo que sea buena compañera. Pero si tanto os complace...
  • Sí, si, tienes razón. Yo, hace mucho… - dijo exaltadamente una de aquellas quimeras, pero no pudo continuar pues de nuevo aquella voz amenazante se lo impidió-.
  • ¡Callate! Insensata, y guárdate tu opinión. Cuando te pidamos que hables, entonces lo haces. ¿Está claro? Bueno –siguió hablando la misma Quimera-, antes que nada te presentaré a mis hermanas, las Quimeras del Error. Yo soy la Soberbia. Estas que están a mi izquierda, son la Avaricia, la Ira y esta otra, que acabo de callar, es la inestable Envidia. A mi derecha están la Gula y la Lujuria, y frente a mí, se encuentra la más pequeña de todas, la Pereza. A todas nosotras deberás soportar. Intentaremos ganar tu respeto y te aseguro, que cuando salgas de aquí, serás una más entre nosotras.
Quimera Avaricia
Las 7 Quimeras se sentaron unas junto a las otras, y guardaron silencio, hasta que fue la Avaricia, la que tomó la palabra.
  • Tatiana, dime, si fueses rica y un día un ladrón te robase, ¿qué harias, te vengarías, le denunciarías? ¿Qué harías?
  • Tener riquezas no es ninguna virtud, es más se puede tener mucho dinero y carecer de amor o de salud, y entonces, pocas son las alegrías que puede ofrecerte el dinero. Le aseguro que el que roba es más desgraciado que el rico, no tan sólo porque carece de dinero, sino por algo más grave, porque carece de Amor. Es por ello que para que no robe más, le daría mi amor, en forma de dinero, pero también le pediría perdón, por no haberme dado cuenta antes de la pobreza de amor que tenía.
Tatiana hablaba con fIrmeza, con calor. Un calor que llegó a penetrar en el alma de la Quimera Avaricia, hasta tal punto que dos gruesas lágrimas cubrieron su rostro y fue la magia de ese sentimiento, la que permitIó que la Avaricia se transformara en una joven reina.
  • Gracias por liberarme de los grilletes de esas gruesas cadenas. Permíteme, que te recompense por tu ayuda. Soy la reina Inteligencia. Pídeme cuanto quieras -le dijo aquella virtuosa dama-.
  • Tan sólo os pido, señora, que la verdadera justicia reine en el mundo –le contestó Tatiana muy complacida-.
  • Así será -y diciendo esto, desapareció como por arte de magia-.
  • No seas tan orgullosa – exclamó otra de las Quimeras-, aún te quedan seis Quimeras. Veamos, ¿qué harías tú, si descubrieras que tu mejor amiga te critica hablando mal de ti al resto de tus compañeras? –de este modo la Soberbia la ponía a prueba-.
  • Pues la verdad es que no me gustaría –dijo con franqueza la joven Tatiana-.
  • Lo ves, lo ves, eres arrogante y orgullosa.
El júbilo de la Quimera Soberbia casi dejó sorda a sus hermanas. Se sentia victoriosa, pero…
  • …pero, también es verdad que no me preocuparía por mí -intervino de nuevo Tatiana -, sino por ella, pues procuro ser con mis amigos muy sincera y no puedo esperar de ellos algo que no me merezca. Así que si creen de mí  algo que no soy, no tardarán mucho en descubrir que todo era una broma. Debes saber Quimera Soberbia, que cada uno recoje lo que siembra.
Quimera Gula
Con estas palabras no pudo resistir la Soberbia su derrota, y transfigurando su rostro, dejó de ser una fea Quimera para convertirse en una majestuosa reina.
  • Enhorabuena, joven Tatiana. Debo agradecerte tu ayuda. Ahora por fin soy de nuevo libre y podré de nuevo volver a mi reino. Soy la reina Armonía. Pídeme cuanto quieras y lo recibirás como recompensa.
  • Siendo así, mi deseo es que la humildad genere Paz en la Tierra.
  • Así será -y diciendo esto se despidió, desapareciendo como su hermana la reina Inteligencla-.
  • Cuánto poder tienes -le dijo la Quimera Gula, acariciándola con dulzura-, si yo fuera tú, desearía gobernar la tierra. Con tanto poder, todo podrías conseguirlo. ¡Qué feliz serías!
La Quimera Gula estaba poniendo a prueba el temple de Tatiana, quien por unos segundos sintió una extraña sensación, un cosquilleo tentador. Pero hasta su mente llegó la imagen triste de los niños que iban a quedar sin poder disfrutar de la navidad  y esto la hizo volver en si, y le respondió:
  • Quimera Ira
    Tienes razón, Quimera Gula. Es tentador el tener poder, con él puedes conquistar pueblos, riquezas, montañas y tantas cosas más, pero no es tan poderoso como para devolver la alegría a un corazón destrozado por la falta de ilusión. Yo no quiero ese poder tan vano, y me conformaría con poder compartir y disfrutar la felicidad de ese niño, cuya mayor ilusión no es más que poder estrechar la mano de los Reyes Magos en navidad.
  • Pues así se cumplirá tu generoso deseo. Gracias a tu inocencia he podido librarme de las ataduras de la Gula, y ahora podré volver a mi reino, pues soy la reina Bondad. Dale recuerdos a esos niños y háblales de nuestro encuentro, ellos te lo agradecerán!
  • Así será -respondió emocionada Tatiana, pues comprendió que aquellas Quimeras habían sido víctimas, todas ellas de un olvido fatal, se habían olvidado de amar-.
  • Estoy indignada -gritó de repente la Quimera Ira-, tanto hablar de amor y de bondad, y nadie hace nada por poner fin al mal. Tú que eres tan valiente, ¿por qué no te enfrentas a ese fuerte rival?
  • Quimera Envidia
    Comprendo tu desdicha, Quimera Ira, Comprendo que nadie quiera ser tu compañera. Tu mal genio y tu ingratitud, pocos la comprenden. Pero un día descubrí que el coraje nada tiene que ver con la violencia, pero la violencia sí tiene mucho que ver con ser cobarde. Cuanto más miedo se tiene, más violencia se demuestra. En cambio hay que tener coraje para aguantar la violencia ajena. El mal genera males peores, es por ello que hay que dejar que el mal agote sus fuerzas, entonces podremos vencerle con la fuerza inversa, el bien.
  • Gracias, amiga Tatiana por tu acto de nobleza. Yo quise, cobardemente, herirte con mi rabia, y en cambio me has permitido encontrar de nuevo mi estima, el valor que un día perdiera. Ahora volveré a mi reino, pues soy la reina Justiciera. Pero antes de marcharme, pídeme cuanto quieras.
  • Si en tus manos está cumplir este deseo, haz que el valor impregne la tierra.
  • Así será -y diciendo esto desapareció-.
  • Ya tan sólo quedais vosotras tres. Dime Quimera de la Lujuria, ¿qué tienes que ofrecerme?, ó tú, Quimera de la Envidia, ¿qué tienes que proponerme? –le dijo Tatiana a las Quimeras restantes-.
  • Unamos nuestras fuerzas, hermanas -dijo la Quimera Pereza-, así podremos vencerla.
  • Veo que eres hermosa. Nunca había visto una,flor tan bella -le dijo la Quimera Lujuria-.
  • Quimera Pereza
    La verdad es que sí conozco a alguíen más bella. Es tanta su hermosura que hasta las ninfas sienten admiración por ella -dijo la Quimera Envidia-.
  • ¿Es verdad, eso? –preguntó sarcásticamente la Quimera Pereza-. Debes sentirte muy desgraciada por ello, ¿verdad Tatíana? Pero no te preocupes, no merece la pena pensar en ello. ¿Acaso te vas a molestar en averiguarlo? Haz lo que yo siempre digo, si no soy una cosa me la imagino.
  • ¿Acaso es tan importante ser hermosa? ¿No son bellas las flores de los jardines ó las aves del bosque, y no por ello sienten envidia? ¿Acaso se mira el risueñor en el estanque para imaginarse más risueño? No, amigas mias. No es esa la belleza que a mí me interesa. La belleza que conozco, no luce hermosos cabellos, ni relucientes ornamentos. Es más sublime y, sin embargo, todos tienen acceso a ella. No alimenta envidias, porque todo el que la posee, la comparte. No hace falta imaginarla, porque su presencia es real. No levanta falsos testimonios, porque está por encima del juicio. Esa belleza todo el mundo la puede encontrar, tan sólo hay que estar dispuesto a ello, estar dispuesto a Amar.
Las tres Quimeras, al unísono transfiguraron sus rostros y fue la Quimera Envidia la que hablando en nombre de las tres, se dirigió a la joven Tatiana.
  • Quimera Lujuria
    Debo agradecerte, en nombre de mis hermanas y en el mío propio, tu generosa ayuda. Sin tu colaboración nunca hubiésemos conseguido superar nuestra propia oscuridad. Ahora volveremos a nuestros respectivos reinos. Mis hermanas son la reina Belleza y la reina Imaginación. Yo soy la reina Verdad. Quisiéramos recompensarte por tus favores, y para ello te rogamos que pidas cuanto desees y se te concederá.
  • Gracias por vuestra generosidad majestades. Si esa es vuestra voluntad, os pediría que veláseis para siempre para que este pueblo, al que llaman Fantasilandia, no muera jamás. Así cada habitante de la tierra podrá crear a su alrededor belleza, podrá imaginar y podrá sobre todo creer en algo muy importante y que tantas veces ponemos en duda, la Verdad.
  • Pues que tus deseos se cumplan por siempre jamás y asi será –y diciendo esto, las tres reinas partieron en sus corceles etéreos, poniendo rumbo a sus respectivos reinos-.
  • ¡Tatiana, Tatiana…!
Mucho le costó al espiritu de Tatiana, en aquella nueva mañana, volver a su cuerpo físico. Aquel tono le recordó, por unos momentos, la vocecilla de su amigo Don Fantasía y ello la hizo saltar de la cama bruscamente, pero no pudo evitar una pequeña decepción, no se trataba de Don Fantasía, sino de doña realidad, pues su madre un tanto enfadada la reñía por su pereza.
  • Vamos Tatiana, si no te das prisa llegarás tarde al colegio. Tus amigas, seguro que estarán esperándote, siempre te esperan.
Tatiana apenas si la oía, no porque no quisiera hacerlo, sino porque trataba, afanosamente, de poner  en claro todo cuanto le había sucedido en las últimas horas. Se preguntaba, ¿había tenido un sueño ó todo había sido real?
Pero con la rapidez de un rayo, su mente se iluminó y recordando a Don Fantasía, se dijo:
  • Todo en esta vida era fantasía, ya nunca más lo pondría en duda.
Como guiada por un presentimiento, Tatiana, miró al cielo. No esperaba descubrir qué tal tiempo hacía. Su esperanza era otra bien distinta. Tenía fe, en ver de nuevo a Don Fantasía y a sus amigas las reinas, con las que tan extrañas experiencias había compartido.
Cuando ya se disponia a bajar su mirada, sin perder por ello su esperanza, escuchó una llamada lejana.
  • Tatiana, Tatiana...
En esta ocasión sí era aquella voz conocida, se trataba sin duda de su amigo Don Fantasía.
Miró rápidamente hacia el cielo y no pudo evitar gritar de alegría y admiración. Era él, su amigo, y junto a él, 7 reinas a cual más hermosa, que guiadas por una reluciente Estrella, seguían la estela de tres majestuosos Reyes, a los que reconoció, sin dificultad, como los tres Reyes Magos de Oriente.
Tatiana comprendió que aquello era una despedida, pero también sabía, que siempre permanecerían en su corazón.



FIN

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