miércoles, 6 de julio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 188

LECCIÓN 188

La paz de Dios refulge en mí ahora.

1. ¿Por qué esperar al Cielo? Los que buscan la luz están simple­mente cubriéndose los ojos. 3La luz ya está en ellos. 4La ilumina­ción es simplemente un reconocimiento, no un cambio. 5La luz es algo ajeno al mundo, y tú en quien mora la luz eres asimismo un extraño aquí. 6La luz vino contigo desde tu hogar natal, y permaneció contigo, pues es tuya. 7Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente. 8Refulge en ti porque ilumina tu hogar, y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar.

2. Esta luz no se puede perder. 2¿Por qué esperar a encontrarla en el futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió? 3Es tan fácil contemplarla que los argumentos que demuestran que no puede existir se vuelven irrisorios. 4¿Quién podría negar la pre­sencia de lo que contempla en sí mismo? 5No es difícil mirar en nuestro interior, pues ahí nace toda visión. 6Lo que se ve, ya sea en sueños o procedente de una Fuente más verdadera, no es más que una sombra de lo que se ve a través de la visión interna. 7Ahí comienza la percepción y ahí termina. 8No tiene otra fuente que ésta.

3. La paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo. 2Se detiene a acariciar cada cosa viviente, y le deja una bendición que ha de perdurar para siempre. 3Lo que da no puede sino ser eterno. 4EIimina todo pensamiento de lo efímero y de lo que carece de valor. 5Renueva todos los cora­zones fatigados e ilumina todo lo que ve según pasa de largo. 6 Todos sus dones se le dan a todo el mundo, y todo el mundo se une para darte las gracias a ti que das y a ti que has recibido.

4. El resplandor de tu mente le recuerda al mundo lo que ha olvi­dado, y éste a su vez, restituye esa memoria en ti. 2Desde ti la salvación irradia dones inconmensurables, que se dan y se devuelven. 3A ti que das el regalo, Dios Mismo te da las gracias. 4Y la luz que refulge en ti se vuelve aún más brillante con Su bendi­ción, sumándose así a los regalos que tienes para ofrecérselos al mundo.

5. La paz de Dios jamás se puede contener. 2El que la reconoce dentro de sí tiene que darla. 3Y los medios a través de los que puede hacerlo residen en su entendimiento. 4Puede perdonar por­que reconoció la verdad en él. 5La paz de Dios refulge en ti ahora, así como en toda cosa viviente. 6En la quietud la paz de Dios se reconoce universalmente. 7Pues lo que tu visión interna contem­pla es tu percepción del universo.

6. Siéntate en silencio y cierra los ojos. 2La luz en tu interior es suficiente. 3Sólo ella puede concederte el don de la visión. 4Ciérrate al mundo exterior, y dale alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti. 5Ellos conocen el camino. 6Pues los pensamientos honestos, que no están mancillados por el sueño de cosas mundanas externas a ti, se convierten en los santos mensajeros de Dios Mismo.

7. Éstos son los pensamientos que piensas con Él. 2Ellos recono­cen su hogar 3y apuntan con absoluta certeza hacia su Fuente, donde Dios el Padre y el Hijo son uno. 4La paz de Dios refulge sobre ellos, pero ellos no pueden sino permanecer contigo tam­bién, pues nacieron en tu mente, tal como tu mente nació en la de Dios. 5Te conducen de regreso a la paz, desde donde vinieron con el sólo propósito de recordarte cómo regresar.

8. Ellos acatan la Voz de tu Padre cuando tú te niegas a escuchar. 2Y te instan dulcemente a que aceptes Su Palabra acerca de lo que eres en lugar de fantasías y sombras. 3Te recuerdan que eres el co-creador de todas las cosas que viven. 4Así como la paz de Dios refulge en ti, refulge también en ellas.

9. El propósito de nuestras prácticas de hoy es acercarnos a la luz que mora en nosotros. 2Tomamos rienda de nuestros pensamien­tos errantes y dulcemente los conducimos de regreso allí donde pueden armonizarse con los pensamientos que compartimos con Dios. 3No vamos a permitir que sigan descarriados. 4Dejaremos que la luz que mora en nuestras mentes los guíe de regreso a su hogar. 5Los hemos traicionado al haberles ordenado que se apar­tasen de nosotros. 6Pero ahora les pedimos que regresen y los purificamos de cualquier anhelo extraño o deseo confuso. 7Y así, les restituimos la santidad que es su herencia.

10. De esta forma, nuestras mentes quedan restauradas junto con ellos, y reconocemos que la paz de Dios refulge todavía en no­sotros, y que se extiende desde nosotros hasta todas las cosas vivientes que comparten nuestra vida. 2Las perdonamos a todas, y absolvemos al mundo entero de lo que pensábamos que nos había hecho. 3Pues somos nosotros quienes construimos el mundo como queremos que sea. 4Ahora elegimos que sea inocente, libre de pecado y receptivo a la salvación. 5Y sobre él vertemos nuestra bendición salvadora, según decimos:

6La paz de Dios refulge en mí ahora. 7Que todas las cosas refuljan sobre mí en esa paz, y que yo las bendiga con la luz que mora en mí.


¿Qué me enseña esta lección?


El Hijo de Dios, es Hijo de la Luz, pues su procedencia es una Emanación del Principio Ígneo del Padre, el Principio Inteligible que ha de permitirnos Ser Uno con nuestro Creador y con el resto de Su Creación.

Sí, la Luz se convierte en el lazo que nos mantiene Unido a nuestro Hacedor. Esa Luz, es nuestra Verdadera Esencia, Eterna y Perfecta.

La proyección de la mente en el Plano de Manifestación Física, propició la identificación con el mundo de donde emana la percepción como principal vía de aprendizaje. La percepción tuvo lugar gracias a la capacidad desarrollada de los sentidos: la vista, el tacto, el gusto, el olfato y el oído. La realidad procedente por la vía sensorial llevó a la mente a servir a la creencia adquirida de la separación.

La Luz de la que Somos Verdaderamente portadores quedó relegada a un segundo plano. La visión de un mundo separado y desigual, propició la errónea creencia de que el cuerpo era nuestra única identidad. La Verdad pasó a un nivel oculto e interno.

Pero esa Luz, nuestra única y verdadera identidad, nos guía desde nuestro interior. Su Voz se hace oír cuando conseguimos apaciguar nuestra mente y acallar nuestros instintos.

Hacer que su Voz sea la única voz por la que dirigimos nuestras vidas, es el propósito que nos llevará a encontrar la Salvación, la Inocencia.


Ejemplo-Guía: "Cuando Amamos, estamos eligiendo desde la Luz; cuando odiamos, estamos eligiendo desde la oscuridad"

Se hace inevitable conocer cuál es el significado de la Luz, si queremos comprender la enseñanza que nos aporta esta Lección.

La Traducción convencional de la Biblia, en el Libro del Génesis, concretamente en la descripción del Trabajo del Primer Día de la Creación, nos revela lo siguiente
“Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la faz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz” y hubo luz. Y vio Dios que era buena y la separó de las tinieblas; y a la Luz llamó día y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero”.
No voy a entrar en excesivos detalles de la interpretación de dichos "trabajos", pues no es este el propósito que nos anima, pero si me gustaría hacer referencia a la palabra hebrea que se emplea para describir el término "luz". Dicha palabra es "Aur", que significa "Fuego" y "Luz" y cuya traducción es el "Principio de Entendimiento".

La capacidad de entender, es propia de la Mente y no es casual que este Principio aparezca relacionado en el Primer Día de la Creación. Podemos decir, que somos una emanación de la Mente de nuestro Creador, o lo que es lo mismo, podemos decir, que somos una emanación de la Luz de nuestro Creador.

Ese Principio arroja otro significado que es interesante mencionar. El acto volitivo que se describe en la descripción de los Trabajos realizado por el Creador en el Primer Día de la Creación, lleva implícito el despliegue del Principio más elevado con el que Dios nos ha dotado, el Principio de la Voluntad. Este Principio se traduce con el don del Libre Albedrío, y si nos damos cuenta está en sintonía con la Luz y con la Mente, es decir, es desde la Mente, desde el uso que demos a nuestra Voluntad, a nuestra Luz, que nos convertiremos en Creadores o fabricadores. Si nuestra Voluntad sirve a la Luz, estaremos creando; si sirve a las tinieblas, estaremos fabricando.

La Luz, el Principio del Entendimiento, nos permitirá encontrar el hilo conductor que ha de llevarnos hasta nuestro Hogar. Hablar de Luz y de Unidad es lo mismo, por lo que diremos que una de las señales que ha de indicarnos si estamos sirviendo a la Luz, nos la aportará el alcance de nuestra Voluntad, de nuestra visión: unidad o separación.

La oscuridad es ausencia de Luz, ausencia de entendimiento. Cuando entendemos, estamos en condición de comprender lo que somos. Estamos en condición de ver la realidad y de negar la ilusión.
Compartir la Luz que refulge en nuestro interior, por ser el Principio del Ser Espiritual, es compartir el entendimiento que ha de permitirnos no dar significado al mundo de la ilusión, al mundo perecedero de la materia.


Existen en la actualidad avances científicos que vienen a confirmar el proceso que estamos describiendo, con el ánimo de comprender (arrojar luz) la dinámica creadora narrada en los textos sagrados.

Uno de estos estudios científicos es el aportado por el investigador alemán Fritz Albert Popp, profesor de Física en la Universidad de Marburgo (República Federal de Alemania), acaba de arrojar una nueva luz sobre un tema que apasiona tanto a médicos como a biólogos y físicos: la emisión de radiación luminosa por parte de las células animales y vegetales. El doctor Popp ha constatado recientemente la existencia de este proceso natural de los seres vivos, calificada de hipótesis hasta ahora, y ha puesto de manifiesto la gran importancia que ello supone para el tratamiento de numerosas enfermedades; entre ellas, el cáncer.

Según sus conclusiones, las células sanas no emiten ondas luminosas de forma caótica, sino rítmica y coherentemente (entendiendo por coherencia un parámetro indicador de la validez del intercambio de información en una comunicación), característica de los rayos láser. Ello supone un nuevo punto de vista para el concepto de enfermedad, puesto que las células sanas han demostrado ser excelentes acumuladores de fotones y poseen mayor capacidad para conservar su energía que cualquier otro acumulador técnicamente realizable. 

Su punto de vista, viene a indicarnos que cuanto mas evolucionado, más sano (estado de coherencia), menos luz irradia exteriormente y más luz concentra; cuanto menos evolución, enfermedad (falta de coherencia), más luz irradia exteriormente.

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