jueves, 7 de julio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 189

LECCIÓN 189

Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora.

1. Hay una luz en ti que el mundo no puede percibir. 2Y con sus ojos no la podrás ver, pues estás cegado por él. 3No obstante, tienes ojos con los que poder verla. 4Está ahí para que la contem­ples. 5No se puso en ti para que se mantuviese oculta de tu vista. 6Esta luz es un reflejo del pensamiento con el que practicamos ahora. 7Sentir el Amor de Dios dentro de ti es ver el mundo reno­vado, radiante de Inocencia, lleno de esperanza y bendecido con perfecta caridad y amor.

2. ¿Quién podría sentir temor en un mundo así?  2Dicho mundo te da la bienvenida, se regocija de que hayas venido y te canta ala­banzas mientras te mantiene a salvo de cualquier peligro o dolor: 3Te ofrece un hogar cálido y tranquilo en el que permanecer por un tiempo. 4Te bendice a lo largo del día, y te cuida durante la noche, cual silencioso guardián de tu sueño santo. 5Ve en ti la salvación, y protege la luz que mora en ti, en la que ve la suya propia. 6Te ofrece sus flores y su nieve como muestra de agrade­cimiento por tu benevolencia.

3. Éste es el mundo que el Amor de Dios revela. 2Es tan diferente del mundo que ves a través de los enturbiados ojos de la malicia y del miedo, que uno desmiente al otro. 3Sólo uno de ellos puede percibirse en absoluto. 4El otro no tiene ningún significado.  5A aquellos que ven surgir del ataque un mundo de odio listo para vengarse, asesinar y destruir, les resulta inconcebible la idea de un mundo en el que el perdón resplandece sobre todas las cosas y la paz ofrece su dulce luz a todo el mundo.                                                                               .

4. Sin embargo, el mundo del odio es igualmente invisible e inconcebible para aquellos que sienten dentro de sí el Amor de Dios. 2Su mundo refleja la quietud y la paz que refulge en ellos; la tranquilidad y la inocencia que ven a su alrededor; la dicha con la que miran hacia afuera desde los inagotables manantiales de dicha en su interior. 3Contemplan lo que han sentido dentro de sí, y ven su inequívoco reflejo por todas partes.

5. ¿Cuál de ellos quieres ver? 2Eres libre de elegir. 3Mas debes conocer la ley que rige toda visión y no dejar que tu mente se olvide de ella: contemplarás aquello que sientas en tu interior. 4Si el odio encuentra acogida en tu corazón, percibirás un mundo temible, atenazado cruelmente por las huesudas y afiladas garras de la muerte. 5Mas si sientes el Amor de Dios dentro de ti, con­templarás un mundo de misericordia y de amor.

6. Hoy pasamos de largo las ilusiones, según intentamos llegar hasta lo que es verdad en nosotros y sentir su infinita ternura, su Amor que sabe que somos tan perfectos como él mismo, y su visión, el don que su Amor nos ofrece. 2Hoy aprenderemos el camino, 3el cual es tan seguro como el Amor mismo, al que nos conduce. 4Pues su sencillez nos protege de las trampas que las descabelladas complicaciones del aparente razonar del mundo tienen como propósito ocultar..

7. Haz simplemente esto: permanece muy quedo y deja a un lado todos los pensamientos acerca de lo que tú eres y de lo que Dios es; todos los conceptos que hayas aprendido acerca del mundo; todas las imágenes que tienes acerca de ti mismo. 2Vacía tu mente de todo lo que ella piensa que es verdadero o falso, bueno o malo; de todo pensamiento que considere digno, así como de todas las ideas de las que se siente avergonzada. 3No conserves nada. 4No traigas contigo ni un solo pensamiento que el pasado te haya enseñado, ni ninguna creencia que, sea cual sea su proce­dencia, hayas aprendido con anterioridad. 5Olvídate de este mundo, olvídate de este curso, y con las manos completamente vacías, ve a tu Dios.

8. ¿No es acaso Él Quien sabe cómo llegar a ti? 2Tú no necesitas saber cómo llegar a Él. 3Tu papel consiste simplemente en permitir que todos los obstáculos que has interpuesto entre el Hijo y Dios el Padre sean eliminados silenciosamente para siempre. 4Dios hará lo que le corresponde hacer en gozosa e inmediata respuesta. 5Pide y recibirás. 6Mas no vengas con exigencias, ni le señales el camino por donde Él debe aparecer ante ti. 7La manera de llegar a Él es simplemente dejando que Él sea lo que es. 8Pues de esa forma se proclama también tu realidad.

9. Así pues, hoy no elegiremos el camino por el que vamos a Él. 2Pero sí elegimos dejar que Él venga a nosotros. 3Y con esta deci­sión descansamos. 4Su Amor se abrirá paso por su cuenta en nues­tros corazones serenos y en nuestras mentes abiertas. 5Es induda­ble que lo que no ha sido negado se encuentra ahí, si es que es verdad y puede alcanzarse. 6Dios conoce a Su Hijo y sabe cómo llegar a él. 7No necesita que Su Hijo le muestre el camino. 8A tra­vés de cada puerta abierta Su Amor refulge hacia afuera desde su hogar interno e ilumina al mundo con inocencia.

10. Padre, no sabemos cómo llegar a Ti. 2Pero te hemos llamado y Tú nos has contestado. 3No interferiremos. 4Los caminos de la salvación no son nuestros, pues te pertenecen a Ti. 5Y es a Ti a donde vamos para encontrarlos. 6Nuestras manos están abiertas para recibir Tus dones. 7No tenemos ningún pensamiento que no pensemos contigo, ni abrigamos creencia alguna con respecto a lo que somos o a Quién nos creó. 8Tuyo es el camino que queremos hallar y seguir. 9Y sólo pedimos que Tu Volun­tad, que también es la nuestra, se haga en nosotros y en el mundo, para que éste pase a formar parte del Cielo. 10Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

¡Qué hermosa lección! Me libero de  mis pensamientos de miedo; de mis sentimientos de culpabilidad; de la necesidad de sufrir para poder así redimir mis “pecados”; me libero del castigo y del dolor; me libero del sacrificio pues no veo débito en mi alma; me libero de la enfermedad pues lo que es puro e inocente no puede enfermar.

Me libero de todas mis creencias; me libero de todos y cada uno de los ropajes con los que he cubierto mi identidad; me libero de mis emociones, aquellas a las que he considerado puras y a las que he condenado como impuras.

Me libero de mi pasado y me libero de mi futuro.

Hago realidad el presente; hago realidad el ahora, este instante santo y veo mi inocencia, mi perfección; me veo lleno de Luz; me siento preñado del Amor de Dios. Soy Uno con mi Creador. Soy Uno con mis Hermanos de filiación.

Estoy en mi Hogar. Gozo de la Paz y la Dicha; de la Plenitud y la Abundancia que Dios dispone para su Creación.


Ejemplo-Guía: "Suelta todas las creencias; suelta todos tus deseos; suelta todas tus pertenencias; suelta la visión del mundo... y déjate llevar: vive".

¿Miedo? ¿Es ese el estado que percibes?
¿Inseguridad? Las creencias, las buenas y las malas, nos aportaban ese espacio seguro donde experimentar la vida.
¿Soledad? Al sentir, que no nos guía, no nos mueve, ningún deseo.
¿Necesidad? Al desprenderte de todo cuanto te ataba.

¿Y a eso le llamamos vivir? Como bien nos explica Emilio Carrillo, ese estado tiene otro nombre más apropiado: sobrevivir. La vida, no tiene desgaste, pues la vivimos desde la aceptación, desde el amor, desde el disfrute, desde la felicidad y la alegría, desde el desapego y el desprendimiento.

El sobrevivir, es ataque, es miedo, es rivalidad, es competencia, es victimismo, es sufrimiento y sacrificio, es tristeza y pérdida, es dolor y castigo, es apego y estancamiento.

¡Qué hermosa invitación nos hace esta Lección! Es tanta su sencillez, que a los ojos del cuerpo le cuesta verla. Se nos presenta como una prueba científica para que comprobemos, a través de la experiencia, de la percepción, la certeza de que la Luz de Dios se encuentra en nuestro interior.

La conclusión será fácil de valorar. Si el Amor de Dios no estuviese en nuestro interior, si no formase parte de nuestra condición divina, andaríamos a ciegas y nuestra vida sería un caos. Pero esto no ocurrirá, sino todo lo contrario. Nuestra vida pasará del desorden fruto de la demencia a un estado donde gozaremos del placer que experimentaremos al disfrutar de la presencia de Dios en nosotros.

¿Qué ocurrirá? Tendremos que ser como niños; ver con los ojos nuevos de un niño; sentir con la inocencia pura de un niño; preguntar desde la curiosidad ávida de un niño.
Esto significa, que los valores que hasta ahora nos habían guiado, ahora dejan de tener sentido. Esto significa, que los juicios que antes emitíamos para distinguir lo bueno de lo malo, ahora deben enmudecer. Esto significa, que el orden de prioridades que establecíamos y de donde surgían nuestras necesidades, ahora deben acallarse.

¿Entonces qué...? Vive. Míralo todo con ojos nuevos y limpios. Vive y deja a la vida que te guíe, pues te llevará allí donde debas estar y te invitará a hacer lo que debas hacer.
Vive, con intensidad, con alegría, con aceptación. Ya no hay nada bueno, ni malo. Ya no hay dioses a los que adorar, ni infiernos a los que temer. Tan solo vive, y con cada respiración recibe el aliento de Dios, y al expirar, agradece el haberte hecho consciente de la Luz que refulge en tu interior. Agradece el Amor que te dispensa y compártelo.

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