domingo, 24 de julio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 206

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 206

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (186) De mí depende la salvación del mundo.

2Se me han confiado los dones de Dios porque soy Su Hijo. 3Y deseo otorgarlos allí donde Él dispuso que se dieran.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?


Somos herederos de los dones de Dios, nuestro Padre, porque Somos Su Hijo.

Esos dones nos capacitan para Ser Dioses Creadores. En nuestro estado actual, esa condición se manifiesta en estado incipiente, en estado potencial, lo que significa que somos Dioses en formación.

El Hijo de Dios, ha hecho uso de su poder creador y en ese acto volitivo, ha decidido fabricar un mundo ilusorio separado de su Hacedor.  En ese mundo ilusorio, transitorio y temporal, rigen las leyes de percepción, las cuales han llevado al hombre a identificarse con su envoltorio material, con el cuerpo, y a establecer como verdades aquellas que recibe vía sensorial. Lo que no es capaz de percibir con sus sentidos, no existe.

Ese estado de separación, nos ha llevado a proyectar en el exterior nuestro contenido interior, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, y a fabricar estados de percepción que nos llevan a dar valor a lo percibido. Proyectamos la culpa y fabricamos culpables. Proyectamos nuestros miedos y fabricamos el ataque y la venganza. Proyectamos el castigo y fabricamos a los verdugos.

Somos herederos de los dones de Dios y como tal tenemos la facultad de crear desde la Unidad, desde el Amor, desde la Paz.

El mundo está demente. Cuando escribo estas líneas, estamos siendo testigos de acciones que nos confirman la realidad de esta afirmación. Israel y Palestina, mantienen un enfrentamiento bélico que nos revela el profundo miedo colectivo que atenaza a ambas naciones. El miedo es lo opuesto al amor. El miedo nos lleva a fabricar la ilusión del ataque y de la venganza.
Esas naciones, de profundo significado ancestral, nos hablan, a nivel social, de los sentimientos y emociones que alimentamos a nivel individual. Y esta gran verdad, debe hacernos “despertar”, pues nadie es ajeno a lo que está sucediendo en esos dos territorios. Estaríamos muy equivocados si pensásemos, por un solo segundo, que esos enfrentamientos nada tiene que ver con nosotros.

Cada uno de nuestros pensamientos de separación, de ataque, de venganza, de odio, es una semilla que sembramos en la grandiosidad del Universo. Y el Universo, en un gesto amable y cordial, nos hace merecedores de aquello que hemos sembrado y, nos sitúa, en un contexto donde podremos cosechar lo que hemos sembrado.

De ti, de mí, de Todos y cada uno de nosotros, los Hijos de Dios, depende la salvación del mundo. Pero yo no voy a exigir que tú cambies para que el mundo sea mejor. Yo elijo Ser tú, porque siendo tú, seré yo mismo, ya que, entre tú y yo, tan sólo hay Unidad.

La salvación del mundo depende de ver esa Realidad.

Reflexión: ¿Qué puedo aportar de mi para alcanzar la salvación del mundo?

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