martes, 9 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 222


LECCIÓN 222

Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él.

1. Dios está conmigo. 2Él es mi Fuente de vida, la vida interior, el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. 3Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo; el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pen­samientos y garantiza mi perfecta inmunidad contra todo dolor. 4Él me prodiga bondad y cuidado, y contempla con amor al Hijo sobre el que resplandece, el cual a su vez resplandece sobre Él. 5¡Qué serenidad la de aquel que conoce la verdad de lo que Él dice hoy!

2. Padre, no tenemos en nuestros labios ni en nuestras mentes otras palabras que Tu Nombre, cuando acudimos silenciosamente ante Tu Pre­sencia, pidiendo que se nos conceda poder descansar Contigo por un rato en paz.

¿Qué me enseña esta lección?

¿Acaso puede el hijo negar la paternidad de su padre? No, no puede.

El hijo tiene libertad para expresar el potencial del que es portador. Puede pensar, sentir  y actuar con plena libertad. Puede, incluso, pensar que sus acciones creadoras tienen el poder suficiente para vivir una realidad distinta a la de su padre.

¿Acaso el padre abandona al hijo por decidir hacer uso de su libertad? No, no lo abandona.

Ningún padre que esté en su sano juicio, reniega de su hijo y le castiga por el hecho de hacer uso de las potencialidades que ha heredado de su propio padre.
Un padre amoroso, se engrandece cuando su hijo ejerce su función creadora, pues tiene la certeza de que ha elegido el Camino del Aprendizaje.

El padre siempre está con su hijo. Le inspira, le acompaña, le arropa y le protege.

Nuestro Padre, siempre está con nosotros. Somos Esencia de Su Propia Esencia. Toda nuestra vida está impregnada de su Ser y todas nuestras expresiones, sean mentales, emocionales o físicas, tienen como único fin, dar testimonio de su Voluntad.

Mi mente es una parte de la Mente de Dios. Mi mente está es paz, cuando habito la Morada de mi Padre, cuando soy expresión de la Unidad que me mantiene unido a Todos mis hermanos de Filiación.

Ejemplo-guía: "No te sientas culpable por lo que hagas, Dios no ve tu pecado"

Entonces, ¿puedo hacer lo que quiera? ¿Puedo matar, hacer daño, robar, mentir, sin que ello haga de mi un ser despreciable y necesitado de disciplina? ¿Qué valor tienen entonces las Tablas de la Ley de Moisés? ¿Qué valor tienen los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia?

No diréis que no es interesante el tema de reflexión elegido para profundizar en las enseñanzas de la Lección de hoy.

En la presentación de dicha reflexión, he querido utilizar términos y conceptos que son parte de las verdades que la religión adora en sus púlpitos sagrados. Son Leyes inventadas y fabricadas por el ego y para el ego. Han sido útiles y lo siguen siendo, mientras que nuestra conciencia esté identificada con el cuerpo y con sus leyes y normas. Pero las verdades de este mundo, no son la Verdad de Dios, pues si empleamos el sentido común o mejor aún, si utilizamos la fuerza de nuestro corazón y le preguntásemos si dichas Leyes proceden directamente de Dios, al menos el mío, me dicta que no, pues como he argumentado en la introducción de esta Lección, el amor de un padre para su hijo ha de llevarle a perdonar sus errores y "pecados", pues en esa actitud va implícita su creencia en la unidad que los une, no por sangre, sino por alimentarse de la misma "Fuente", la Espiritual, la Divina.

Si pensamos que podemos hacer lo queramos con nuestras elecciones y lo hacemos con la visión de quedar exento del castigo de las mismas, no estamos enfocando la vida desde la visión de la Verdad. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos, lo que certifica la calidad de nuestros actos. Ya sabemos que este mundo no es real, por lo tanto, no es lo que hacemos lo importante. En cambio, la condición de nuestro verdadero Ser, de nuestra Consciencia, emana una vibración que certifica la energía que estamos expandiendo. Si esa energía expande amor, la vibración creará un mundo de amor. Si esa energía expande miedo, entonces es señal de que estamos utilizando la mente para servir al ego, lo que pondrá de manifiesto la fabricación de un mundo ilusorio e irreal.

Cuando alcanzar la visión del la unidad, del Espíritu, podremos decir desde la certeza de que podemos hacer lo que queramos sin miedo al castigo, por una sencilla razón, nuestra mente tiene la creencia de que cuando condeno a otro, es a mi a quien únicamente estoy condenando. Esto significa que tendremos la creencia de que no existe nada externo a nosotros.

Dios tiene un sólo Hijo, pues de su Fuente ha emanado un Solo Pensamiento Creador. Ese Pensamiento tiene la capacidad de expandirse e igualmente tiene la capacidad de proyectarse. La expansión permite la continuidad de la unidad, mientras que la proyección tiene la propiedad de la división y de la multiplicación.

La ilusión que estamos soñando nos lleva a creer en que somos una multiplicidad. Pero la realidad es que Somos como Dios nos ha creado, Uno. 

¿Estamos preparados para aceptar en nuestra mente el hecho de que todo lo que percibimos forma parte de nosotros mismos, y que el ahí afuera que percibimos no existe salvo que nosotros lo hagamos real?

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