martes, 16 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 229

LECCIÓN 229

El Amor, que es lo que me creó, es lo que soy.

1. Busco mi verdadera Identidad, y la encuentro en estas pala­bras: "Soy Amor, pues el Amor fue lo que me creó". 2Ahora no necesito buscar más. 3El Amor ha prevalecido. 4Ha esperado tan quedamente mi regreso a casa, que ya no me volveré a apartar de la santa faz de Cristo. 5Y lo que contemple dará testimonio de la verdad de la Identidad que procuré perder, pero que mi Padre conservó a salvo para mí.

2. Padre, te doy gracias por lo que soy, por haber conservado mi Identi­dad inalterada e impecable en medio de todos los pensamientos de pecado que mi alocada mente inventó. 2Y te doy gracias también por haberme salvado de ellos. 3Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

Muchas veces me pregunto, ¿cuál sería el impulso que inspiró a Dios para llevar a cabo su Creación?

Recuerdo haber leído a los Místicos, que Dios se encuentra en un proceso de Crecimiento Evolutivo semejante al nuestro. Para continuar su fase de ascenso evolutiva, Dios debía hacer uso de sus Poderes Creadores y que mejor forma de hacerlo, que Expandiendo de Si Mismo Su Mente Creadora y dando lugar a Su Hijo, la Filiación llamada Humanidad.

A esos niveles de Consciencia, todo acto creador sigue un solo impulso, el que le inspira la Fuerza Creadora por excelencia, la Fuerza del Amor. El Amor, desde ese punto de vista, se convierte en la Esencia de Todo Acto Creador, es más, todo acto que no esté inspirado por el Amor, no será un acto Creador.

Nuestro Creador, nos creó por Amor, y esa Fuerza Celestial, forma parte de nuestro Ser, lo que significa que nuestras acciones creadoras deben ser la expresión natural del Amor.

Amor es Unidad y no separación. ¿Preguntémonos si nuestras acciones son portadoras de unidad o de separación? Si son portadoras de Unidad, estamos sirviendo al Espíritu. Si son portadoras de separación, estamos sirviendo al ego.

Ejemplo-Guía: "Amor o miedo, ¿Qué estás eligiendo?

El debate está servido. Permitirme que os proponga un tema de reflexión: ¿tenemos miedo a amar?

Siempre he tenido dificultad para comprender la razón por la cual elegimos dar cobijo al miedo, cuando en verdad no lo deseamos en nuestras vidas. Gracias a las enseñanzas de Un Curso de Milagros he podido encontrar una razón para justificar que esto ocurra: el miedo no forma parte de nuestra esencia, pero ha sido una fabricación de nuestra mente y, su hacedor, el ego, lo adora, lo necesita, pues sin sus argumentos, es decir, si no nos identificáramos con el miedo, o lo que es lo mismo, si no tuviésemos miedo, entonces dejaríamos de abonar la tierra en la que crecen los frutos que alimentan a la creencia de la separación, a la identidad del ego.

Si no tenemos miedo a la enfermedad, a la muerte, a la pérdida, a la escasez, a la necesidad, al dolor, al sufrimiento, etc, entonces, nos sentiríamos en total libertad para expresar nuestra verdadera identidad y poder expresar nuestra condición natural: el amor.

Sí, la respuesta a la reflexión que he compartido es que tenemos miedo a amar. No me estoy refiriendo al amor carnal, a ese aspecto de la atracción física entre dos personas y que confundimos con el verdadero amor. El Amor al que me refiero hay que escribirlo con mayúsculas pues se está refiriendo a la Esencia del Ser que Somos como Hijos de Dios. Cuando Amamos, estamos viendo al mundo desde la Unidad. Cuando Amamos fluimos con la vida en todos su aspectos. Cuando Amamos, no juzgamos condenatoriamente y nos sentimos liberado de cualquier apego a lo material.

Tememos al Amor, pues nos lleva a respetar por encima de todas las cosas la libertad. En una relación humana, confundimos el deseo que sentimos por la otra persona, con el amor incondicional. Pero nos damos cuenta de la diferencia entre ambos tipos de amor, en la medida en que sentimos un profundo dolor interno, cuando el ser amado desea expresarse libremente. El simple hecho de sentir miedo por el dolor que pueda sufrir un ser querido, nos está indicando que aún no estamos expresando el verdadero Amor. No todo el mundo está de acuerdo con lo que acabamos de afirmar, pero deberíamos saber, que el sufrimiento forma parte de un plan de aprendizaje elegido por nuestra conciencia, y nada, ni nadie, puede interferir en nuestras libres elecciones.

Nos movemos en un mundo de creencias, y si yo creo que el dolor ha de indicarme el modo correcto de actuar, lo inscribiré en mis hábitos de conducta y lo haré necesario para mi aprendizaje, para mi despertar. Eso no quiere decir, que no existan otros tipos de creencias, que pueden argumentar cosas muy diferentes, pero que tienen, en definitiva, el mismo efecto.

Un Curso de Milagros, nos aporta información para que tomemos consciencia de que todas las creencias tomadas en este mundo, son ilusiones. Ese debe ser nuestro principal punto de apoyo para caminar hacia el encuentro con el instante santo en el que se producirá nuestro despertar, nuestra liberación.

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