martes, 23 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 236

LECCIÓN 236

Gobierno mi mente, la cual sólo yo debo gobernar.

1. Tengo un reino que gobernar. 2Sin embargo, a veces no parece que yo sea su rey en absoluto, 3sino que parece imponerse sobre mí, y decirme cómo debo pensar y actuar y lo que debo sentir. 4No obstante, se me ha dado para que sirva cualquier propósito que yo perciba en él. 5La única función de mi mente es servir. 6Hoy la pongo, al servicio del Espíritu Santo para que Él la use como mejor le parezca. 7De esta manera, soy yo quien dirige mi mente, que sólo yo puedo gobernar. 8Y así la dejo en libertad para que haga la Voluntad de Dios.

2. Padre, mi mente está dispuesta hoy a recibir Tus Pensamientos y a no darle entrada a ningún pensamiento que no proceda de Ti. 2Yo gobierno mi mente, y te la ofrezco a Ti. 3Acepta mi regalo, pues es el que Tú me hiciste a mí.


¿Qué me enseña esta lección?


Nuestra mente, es como un caballo desbocado, difícil de controlar y gobernar; sus impulsos desenfrenados nos llevan a cometer los actos más dementes que nos podamos imaginar.

Es muy importante tomar consciencia, de que la función de la mente es servir. Nuestra verdadera Esencia no es la mente, sino Aquel que la utiliza para llevar a cabo su voluntad.

Si nuestra Voluntad, es servir a nuestro Padre, es decir, si nuestra Voluntad es hacer la Voluntad de nuestro Creador, entonces, la mente se pone al servicio del Amor, de la Unidad, de la Dicha, de la Felicidad, de la Plenitud.
Ahora bien, si nuestra voluntad es servir al ego, o lo que es lo mismo, si nuestra voluntad es servir al cuerpo físico, al mundo material, la mente se pone al servicio del miedo, de la separación, de la culpa, del dolor, de la enfermedad y el sufrimiento.

La cuestión que debemos responder es: ¿A quién va a servir nuestra mente?

Yo elijo servir a Dios.

Ejemplo-Guía: "¿Qué uso hacemos de la mente?

La Física Cuántica, desde un punto de vista innovador, mantiene teorías científicas que vienen a confirmar lo que los místicos y el conocimiento espiritual recoge en sus enseñanzas. Todo, en el universo, está impregnado por una esencia que se convierte en la Causa que da lugar a todo lo creado. 

Dios no creó el Universo de la Nada, sino que esa "Nada" tiene un fundamento, es la "materia" no tangible con la que el Creador ha diseñado Su Obra. Muchos físicos cuánticos se refieren a esta esencia, como "El Campo" y las corrientes espirituales, lo definen como la "Región del Pensamiento Abstracto" o "Mundo Divino". No importa el término que utilicemos para nombrarla, lo que en verdad importa es que ese "Campo", esa "Región" es el escenario de las infinitas posibilidades. En él encontramos a nivel potencial toda la Información a título de fuente. Tan solo cuando proyectamos nuestra mente sobre él, esa energía alcanza una dimensión más concreta. Cuando esto ocurre, la mente fabrica el mundo material, el mundo de la percepción, el mundo de la ilusión.

Nuestra mente se encuentra plenamente identificada con el plano denso. Esa identificación nos lleva a creer, erróneamente, que somos el cuerpo que percibimos. Pero como bien nos enseña la Lección de hoy, la mente está a nuestro servicio, lo que significa que podemos dirigirla, gobernarla y utilizarla para lo que nuestra voluntad desee.

La mente nos muestra ese campo de infinita posibilidades y nosotros decidimos si lo haremos realidad o no. Parece fácil, pero es obvio que requiere práctica y sobre tener la certeza de que somos nosotros los que tenemos la capacidad de elegir. La mente no es la que elige, pero cuando nos habituamos a tomar las mismas decisiones y cuando nos movemos a través de creencias, es lógico que responda en forma automática. Es por ello, que debemos observar nuestros pensamientos y sin juzgarlos, decidir si le seguimos prestando atención o por el contrario, elegimos ver las cosas de otra manera.

Podemos comenzar a practicar con pensamientos cotidianos. Por ejemplo, mi mente se encuentra preocupada por una situación que me produce miedo. Observa el pensamiento. No tiene ningún poder sobre ti. Forma parte del campo de las infinitas posibilidades, lo que significa que puedes elegir otro pensamiento que lo sustituya y que te aporte serenidad. En la medida en que vamos practicando, nos habituaremos a la práctica de la elección consciente.

Cuando elegimos poner nuestra mente al servicio del Espíritu Santo, su dirección nos llevará a la Expiación, esto es, a la corrección de la mente errada. 

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