jueves, 25 de agosto de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 238

LECCIÓN 238

La salvación depende de mi decisión.

1. Padre, Tu confianza en mí ha sido tan grande que debo ser digno de ella. 2Tú me creaste y me conoces tal como soy. 3Y aun así, pusiste en mis manos la salvación de Tu Hijo y dejaste que dependiera de mi deci­sión. 4¡Cuán grande debe ser Tu amor por mí! 5Y mi santidad debe ser asimismo inexpugnable para que hayas puesto a Tu Hijo en mis manos con la certeza de que Aquel que es parte de Ti, y también de mí, puesto que es mi Ser, está a salvo.

2. Y así, hoy volvemos a hacer otra pausa para pensar en lo mucho que nos ama nuestro Padre. 2Y cuán querido sigue siendo para Él Su Hijo, quien fue creado por Su Amor y en quien el Amor de Su Padre alcanza su plenitud.


¿Qué me enseña esta lección?

La Salvación es mi elección.


El ego nos enseña, erróneamente, que nuestra felicidad, nuestra salvación depende de factores externos; depende de que nos entreguemos en la búsqueda de aquello que nos permitirá conseguir nuestros objetivos.

Siguiendo esa voz, somos capaces de llevar a cabo los más variopintos sacrificios. Si hay que sufrir para conseguir el objetivo, estamos dispuestos a ello.

En cambio, todo es más fácil y sencillo cuando decidimos prestar atención a la Voz de nuestro Espíritu, nuestro verdadero guía. Es tan fácil, como entregar al Espíritu Santo, todos nuestros asuntos, al tiempo, que le pedimos que nos permita la Expiación de todos  nuestros errores, y muy especialmente, el que nos lleva a creer que estamos separados de nuestro creador y que somos pecadores.

La Salvación es mi elección. Hoy elijo servir a Dios con Amor.

Ejemplo-Guía: "¿Somos conscientes de que cada instante de nuestra vida es una elección?

No, personalmente, debo reconocer que no soy consciente de que esté tomando decisiones permanentemente. Reconocerlo, es ya un primer paso que considero importante.

Este reconocimiento, nos lleva a reflexionar sobre aquellas cosas que hacemos de las cuales somos totalmente inconscientes. Por ejemplo, el acto de respirar, es un acto automático, tan importante, que si dejáramos de hacerlo, la vida del cuerpo físico tendría su fin. Pero el hecho de que concentremos nuestra atención en la respiración, o lo que es lo mismo, que hagamos consciente dicho acto, nos lleva a un estado de profunda concentración y de paz interior.

La propuesta de la Lección de hoy, es aún más relevante que el acto automático e la respiración, pues nos enseña que la salvación es un logro que no depende de factores externos a nosotros, sino todo lo contrario, la salvación es nuestra decisión.

¿Qué insinúa dicha afirmación, que no soy feliz debido a que no lo he elegido?

Efectivamente. Se requiere un cambio en nuestro sistema de pensamiento para aceptar esa afirmación, pero merece la pena reflexionar sobre ello. Estamos muy habituados a culpar al mundo externo de todo cuanto nos ocurre y que nos impide ser felices y de gozar de paz.

La razón de que esto sea así, nos mantiene "separados" de la verdad. El vernos implicados como cosechadores de nuestras siembras, cuando los frutos son amargos, nos lleva a negar dicha implicación y preferimos dirigir nuestra mirada al mundo exterior y proyectar nuestra culpa hacia la víctima de turno: nuestros padres, nuestros hijos, nuestra pareja, nuestro jefe, nuestro amigo que lo convertimos en enemigo, nuestro vecino, etc.

Si la salvación no estuviese en nuestras manos, jamás la recordaríamos, pues nadie nos puede dar lo que ha tenemos, pero que hemos olvidado. Por otro lado, nadie puede dar lo que no tiene.

Si bien la salvación es una elección propia (no puede ser de otra manera, dado que ha sido una elección propia escindirnos de ella), una vez recordada, podemos compartirla, pues en verdad la salvación es el resultado de haber tomado consciencia de que somos Hijos del Amor. Compartir la salvación, es lo mismo que expandir nuestro Amor. Cuando Amamos, estamos contagiando, estamos sintonizando con la esencia verdadera del Ser.

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