martes, 6 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 250

LECCIÓN 250

Que no vea ninguna limitación en mí.

1. Permítaseme contemplar al Hijo de Dios hoy y ser un testigo de su gloria. 2Y que no trate de empañar la santa luz que mora en él y ver su fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad; que no perciba en él las deficiencias con las que atacaría su soberanía.

2. Él es Tu Hijo, Padre mío. 2Y hoy quiero contemplar su ternura en lugar de mis ilusiones. 3Él es lo que yo soy, y tal como lo vea a él, me veré a mí mismo. 4Hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con él.

¿Qué me enseña esta lección?


No es fácil, que el ego renuncie a su hegemonía, a su control, sobre nuestra vida. Él se mantiene gracias a que creemos en él, gracias a que decidimos identificarnos con el cuerpo, con lo temporal, con la ilusión.

Hemos podido tomar consciencia de que permanecíamos dormidos, viviendo un sueño que nos parecía real. Podemos decir, que hemos despertado y hemos reconocido que estamos soñando y de que nada cuanto vemos y percibimos en él, es real. Pero, aún así, seguimos soñando y, nos damos cuenta de ello, pues no siempre conseguimos estar a la altura del Camino de Luz que hemos vislumbrado en nuestro recién despertar.

En el plano donde experimentamos la percepción del cuerpo físico, a través de nuestros sentidos, el ego tiene un gran poder. Se mueve como “pez en el agua” y tiene una gran destreza en fabricar fantasías e ilusiones que nos envuelven con sus máximas estrategias: el miedo, la culpa, el castigo, el dolor, el sufrimiento, el sacrificio, la muerte, el tiempo…

Salir de esa maraña de ilusiones, no se consigue intentándolo desde nuestra personalidad egoica. Sería como pedir al fabricante que destruya lo que ha fabricado. Para conseguir salir del laberinto de la ilusión, del error, es preciso dejar nuestros asuntos en manos del Espíritu Santo, pues Él conoce el Plan Integral que debemos realizar y nos ayudará a deshacer todos los errores mentales que nos han mantenido prisioneros de lo ilusorio.

“Espíritu soy. Un Santo Hijo de Dios. Libre de toda limitación. A salvo, sano y pleno. Libre para perdonar. Libre para salvar el mundo”.

Ejemplo-Guía: "Deshaciendo los límites del ego"

Es cuestión de atreverse. A veces, cuando afrontamos un nuevo horizonte, lo vemos tan inaccesible, que esa condición mental de limitación se transforma en nuestro principal obstáculo. Cuántas veces hemos querido superar una situación que nos perjudica y aún sabiendo lo que tenemos que hacer, no lo hacemos por miedo a fracasar, por miedo a no conseguir nuestro objetivo.

Los imposibles, siguen siendo imposibles, hasta que nos proponemos hacer-lo-posible. Todo camino se anda dando un primer paso, o lo que es lo mismo, toda creación comienza con un primer acto de voluntad.

Si aplicamos esta afirmación al ejemplo que he elegido para el desarrollo de esta Lección, podemos decir, que para deshacer los límites que nos impone el ego, es preciso que estemos dispuestos a elegir de nuevo, de una manera firme y certera, en la dirección que ha de permitirnos ver las cosas de otra manera.

Podemos permanecer quejosos de todas las vicisitudes que nos ocurren en la vida y, a pesar de ello, no hacer nada para cambiar el escenario donde se desenvuelve nuestras experiencias. Nos decimos: "deseo que cambie el mundo; deseo que esta situación deje de ser hostil...", pero no hacemos nada para cambiar nosotros. En verdad, no tenemos asumido que nuestra manera de ver las cosas, nuestras creencias, sean la causa que da origen a lo experimentado.

Mientras que continuemos identificándonos con el ego y alimentando su sistema de pensamiento, estaremos dando continuidad a las experiencias de las que nos quejamos como víctimas. Dicho de otro modo más directo, si quieres libertad, libérate mentalmente de todo aquello que te limita. Si quieres amor, libérate del miedo que te oprime y te bloquea. Si quieres paz, deja de castigarte y de condenarte y en lugar de ello, perdona.

El ego ha tenido su protagonismo y ha realizado (está realizando) su cometido a la perfección. Nos ha ofrecido un escenario donde podemos deleitarnos de la belleza de la existencia y sobre todo, un escenario donde hemos podido tomar conciencia de la calidad de nuestras obras y del poder creador de la mente, la cual es capaz de fabricar un mundo ilusorio y dotarle de una falsa realidad.

Los propios límites impuestos por el ego y las leyes que gobiernan su mundo ilusorio, nos ha llevado a recordar nuestra verdadera Esencia, la cual se siente portadora de un ilimitado poder creador. Para el Espíritu no hay límites, pues ha sido creado a Imagen y Semejanza de su Creador, Dios. 

Para actuar en el escenario del ego, en el mundo físico, inspirado por el poder ilimitado del Espíritu, es preciso que, previamente, nos hayamos perdonado y estemos dispuesto a desplegar la fuerza del Amor.  Cuando somos testigos de actos inspirados por el Amor, no siempre lo comprendemos. En ocasiones, incluso llegamos a escandalizarnos y tratamos de acallar esa voz que nos revela que estamos sirviendo a un orden de creencias que debe ser renovado. 

El mismo Jesús, a lo largo de su travesía, protagonizó muchas anécdotas en las que sus actos de amor, fueron motivo de rebeliones y ataques, por entender que estaban violando las leyes mosaicas. Curar un día sábado o perdonar a la adultera, no estaba bien visto, a pesar de ser actos inspirados por el amor.

Es interesante, el poner en práctica la enseñanza de esta Lección.  ¿Qué pasaría en nuestras vidas, si elegimos un día de la semana y decidimos dedicarlo, plenamente, a practicar el amor sin límites?

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