viernes, 9 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 253

LECCIÓN 253

Mi Ser es amo y señor del universo.

1. Es imposible que me pase algo sin yo mismo haberlo pedido. 2Aun en este mundo, soy yo el que rige mi destino. 3Lo que sucede es lo que deseo. 4Lo que no ocurre es lo que no deseo que suceda. 5Tengo que aceptar esto. 6Pues de esta manera se me conduce más allá de este mundo a mis creaciones -las criaturas de mi volun­tad- , las cuales moran en el Cielo junto con mi santo Ser y con Aquel que me creó.

2. Tú eres el Ser a Quien Tú creaste como el Hijo, el cual crea como Tú y es uno Contigo. 2Mi Ser, que es señor y amo del universo, no es sino la perfecta unión de Tu Voluntad con la mía, la cual no puede sino asentir gustosamente a la Tuya, de modo que pueda extenderse hasta Sí Misma.

¿Qué me enseña esta lección?

Lo que sucede es lo que deseo”. Si conseguimos tomar consciencia de esta verdad y
utilizamos esa cualidad divina innata en cada uno de nosotros, por ser Hijos de Dios, en desear ser Uno con nuestro Padre y con la Filiación, entonces, retornaremos a nuestro verdadero Hogar y pondremos fin a la hegemonía que le hemos cedido a la personalidad pasajera, al ego.

La cuestión esencial es contestar a la siguiente pregunta, ¿qué estamos deseando?

La respuesta la podemos conocer, si analizamos sin juicio, nuestra vida. ¿Qué está ocurriendo en ella? ¿Experimentamos la felicidad o el castigo? ¿Experimentamos el Amor o el miedo? ¿Experimentamos la alegría o la desolación? ¿Experimentamos el perdón o la culpa? ¿Experimentamos la dicha o el sufrimiento? ¿Experimentamos la libertad o el apego? ¿Experimentamos la salud o la enfermedad? ¿Experimentamos la vida o la muerte? ¿Experimentamos la Unidad o la separación? ¿Experimentamos la eternidad o la temporalidad?

Sí, Somos Hijos de Dios y debemos hacer consciente esta realidad, no tan sólo con nuestro pensamiento, como una idea, sino también con nuestro sentimiento, deseando esa condición con toda la fuerza de nuestro corazón. Para ello, tenemos que tener certeza y confianza en el Ser que realmente Somos.

La condición divina nos dota de la capacidad heredada de nuestro Hacedor, la de crear. El potencial creador se encuentra en nuestra Mente, la cual, en el mundo del sueño, expresa nuestros pensamientos (ideas) y sentimientos (deseos). La armonía y coherencia entre pensamiento y sentimientos dará fortaleza y determinación a la mente recta. La falta de armonía y coherencia, dará lugar al error y, por ende, el cuerpo físico lo expresará (comunicará) a través de la enfermedad.

Ejemplo-Guía: "Lo que llamamos vida, en el mundo del sueño, ¿está programada?"

La Lección es clara sobre este aspecto: "aun en este mundo, soy yo el que rige mi destino". Ese "yo", no es ego, pues el ego o mente dividida, se percibe en el mundo de los efectos, en el mundo de las formas. La causa debemos buscarla en el origen, en el Principio, en lo Esencial, en lo Verdadero, en el Espíritu, en la Expansión de la Mente de Dios, en el Hijo de Dios.

Todo cuanto percibimos en este mundo, responde a la proyección manifestada por el Hijo de Dios, la cual ha dado lugar a la fabricación de un mundo ilusorio, irreal, al que hemos llamado mundo.

El sistema de pensamiento del ego no acepta el hecho de que el mundo que experimenta sea el resultado de la libre elección del Ser que niega. Para el ego, lo que no percibe a través de sus sentidos no es real. El Espíritu no es visible y por lo tanto lo niega.

Si el Hijo de Dios elige ver un mundo separado al de Dios, el germen de la división, fruto de su visión errada, dará lugar a un escenario donde se proyecte el guión de la separación. El cuerpo es la manifestación visible de que la separación es real. En base a esa evidencia se sustenta un sistema de pensamiento que profundiza en la búsqueda de la individualidad.

¿Si el mundo que percibimos está diseñado por nuestro Ser, en respuesta a la fuerza motora de los deseos, que libertad tiene el ego para cambiar lo percibido?

La capacidad de elegir toma vida en el mundo dual, en el mundo del sueño. Mientras que en el Cielo, la existencia es la Unidad, luego no procede la elección, en el mundo, la elección se convierte en una herramienta que ha de llevarnos a la percepción verdadera. Ver las cosas de otra manera; poner nuestra mente al servicio del Espíritu, son elecciones que pertenecen al mundo de la ilusión, pero que nos ayudan a recordar nuestra verdadera identidad.

La voluntad del Hijo de Dios, es favorecer ese despertar y para conseguirlo tiene un magnífico asesor , el Espíritu Santo, la Voz que habla por Dios y que a través de la Expiación ilumina nuestra mente para que alcance la percepción verdadera.

El ego o mente dividida, tomará conciencia de que su libre albedrío se encuentra limitado y a esta circunstancia la llamará destino. Se sentirá una víctima de ese destino, olvidando que su procedencia, su identidad, responde a su "fabricante", al Hijo de Dios. El ego y sus percepciones, incluida, las especificaciones del cuerpo, es la fabricación del deseo emitido por su hacedor, el Hijo de Dios. 

En la medida en que se va produciendo el despertar del mundo ilusorio, en la medida en que la percepción errada se transmuta a percepción verdadera, a través de la Expiación, aprendemos que nuestro libre albedrío adquiere la libertad de decidir cómo responder a las experiencias vividas, a nuestro destino. Podemos hacerlo, desde el victimismo o podemos hacerlo desde la visión de que somos los soñadores del sueño, es decir, de que somos los fabricantes de nuestra ilusión. En este sentido, elegimos tener sueños felices o responder felizmente a los sueños.

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