domingo, 11 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 255

LECCIÓN 255

Elijo pasar este día en perfecta paz.

1. No me parece que pueda elegir experimentar únicamente paz hoy. 2Sin embargo, mi Dios me asegura que Su Hijo es como Él. 3Que pueda hoy tener fe en Aquel que afirma que soy el Hijo de Dios. 4Y que la paz que hoy elijo experimentar dé fe de la verdad de Sus Palabras. 5El Hijo de Dios no puede sino estar libre de preocupaciones y morar eternamente en la paz del Cielo. 6En Nombre Suyo, consagro este día a encontrar lo que la Voluntad de mi Padre ha dispuesto para mí, a aceptarlo como propio y a concedérselo a todos Sus Hijos, incluido yo.

2. Así es como deseo pasar este día Contigo, Padre mío. 2Tu Hijo no Te ha olvidado. 3 La paz que le otorgaste sigue estando en su mente, y es ahí donde elijo pasar este día.

¿Qué me enseña esta lección?


El ego, fundamenta su enseñanza en adquirir medios, recursos, que potencien su única identidad, su cuerpo físico. De este modo, se las ingenia, para fabricar un mundo de necesidades que deben ser cubiertas pues, de no ser así, vive en la percepción de la carencia, de la pobreza, de la enfermedad, de la muerte.

Desde que nacemos, sentimos la necesidad de satisfacer nuestro apetito físico. Debemos alimentar ese cuerpo, recién nacido al plano material, y debemos asegurar su crecimiento. Pero no tan sólo debemos dar respuesta a esa necesidad clasificada como básica. En la medida en que vamos creciendo, sentimos otras necesidades, como las de protección, trabajo, dinero, familia, amigos, parejas, grupos, autoestima, valores, etc.

Cada vez que alcanzamos a dar respuesta a esas necesidades, aprendemos que es importante conservarlas y, ante el temor de perderlas, decidimos apegarnos a ellas y a defenderlas con todo nuestro ardor.

No podríamos entender, que después de los esfuerzos que nos ha supuesto aprender, ahora se nos pida que nos desprendamos de ese saber y que comencemos de nuevo.

El ego es un adicto al apego, pues cambiar, lo interpreta como perder, y no está dispuesto a llevar a cabo esa renuncia.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que el ego pueda realizar, se hace inevitable el derrumbamiento de sus estructuras, pues no son verdaderas, son ilusorias y lo ilusorio no puede perdurar. Cuando nos cansemos  de buscar la paz, la felicidad, allí donde es imposible hallarla, decidiremos cambiar el rumbo de nuestra nave y estableceremos un nuevo rumbo, que nos garantice arribar en un puerto seguro.

La única Verdad que debemos integrar en nuestra consciencia es la que nos lleva a ver lo que Somos. Debemos invertir la dirección de nuestro pensamiento y sustituir el apego por lo material y potenciar la visión de lo Espiritual. Nuestra única realidad es que Somos Espíritus y que la Filiación en Unidad, conforma la descendencia legítima de Dios.

Esa legitimidad nos capacita para hacer uso del potencial heredado de nuestro Padre. Estamos capacitados para crear y el primer paso para llevar a cabo esta acción, es elegir.

Hoy elijo pasar el día en perfecta Paz.

Ejemplo-Guía: "Elijo ver las cosas de otra manera"

Comenzamos esta reflexión, donde la habíamos dejado la Lección anterior, con la elección de la paz.

Ya hemos visto cómo elegir oír la Voz del Espíritu Santo, nos lleva a apreciar el valor del "silencio". Cuando elegimos el silencio, no estamos reprimiendo ninguna fuerza, lo que estamos haciendo es decidir si nos dejamos llevar por la voz que nos impulsa a actuar de una manera determinada.

Hacer el juego a los pensamientos que se dan cita en nuestra mente de forma impetuosa y desorganizada, es precisamente lo contrario a los beneficios que nos reporta elegir el silencio. Cuando aludimos a ese "estado" no nos estamos refiriendo a la acción que nos lleva a no hablar, aunque puede darse el caso de que el no hablar sea consecuencia de la elección de mantener nuestra mente en silencio.

El silencio al que nos referimos, es el silencio interior de esos pensamientos alborotadores que nos privan de la paz que Dios ha dispuesto para Su Hijo.

Todas las preocupaciones originadas por el mundo de la percepción, se convierten en motivos, en argumentos válidos para el sistema de pensamiento del ego, para mantenernos alejados de la felicidad y de la paz.

¿Cómo vamos a gozar de paz, cuando estamos en guerra contra el mundo?
¿Cómo vamos a gozar de paz, cuando sufrimos las limitaciones del cuerpo?
¿Cómo vamos a gozar de paz, cuando somos prisioneros de nuestros miedos?

El silencio, al que nos referimos, ya lo hemos dicho, no es represor. Ese silencio verdadero viene acompañado de comprensión y da lugar a una percepción nueva y correcta. Esta percepción nueva es fruto de una nueva visión, y esa nueva visión, a su vez, es el fruto de una nueva elección.

Si estamos en guerra, elegimos ver todo de otra manera y sustituimos la guerra por la paz.
Si sufrimos las limitaciones del cuerpo, elegimos ver el dolor de otra manera y sustituimos la enfermedad por curación.
Si tenemos miedo, elegimos ver esa ilusión de otra manera y sustituimos el miedo por Amor.

Nada externo a nosotros tiene el poder de hacernos sufrir, si no le otorgamos ese poder.

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