jueves, 15 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 259

LECCIÓN 259

Que recuerde que el pecado no existe.

1. El pecado es el único pensamiento que hace que el objetivo de alcanzar a Dios parezca irrealizable. 2¿Qué otra cosa podría impe­dirnos ver lo obvio, o hacer que lo que es extraño y distorsionado parezca más claro? 3¿Qué otra cosa sino el pecado nos incita al ataque? 4¿Qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente de la culpabilidad y exigir castigo y sufrimiento? 5¿Y qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente del miedo, al eclipsar la creación de Dios y conferirle al amor los atributos del miedo y del ataque?

2. Padre, hoy no quiero ser presa de la locura. 2No tendré miedo del amor ni buscaré refugio en su opuesto. 3Pues el amor no puede tener opuestos. 4Tú eres la Fuente de todo lo que existe. 5Y todo lo que existe sigue estando Contigo, así como Tú con ello.

¿Qué me enseña esta lección?


La creencia en el pecado, está tan arraigada en nuestro inconsciente colectivo e individual, que hemos desarrollado una aptitud hacia el castigo, que condiciona nuestra vida, pues pensamos que en la medida en que nos sometemos al sufrimiento, al sacrificio, con el fin de redimir nuestras culpas, nos liberaremos de ese pesado fardo.

El pecado es el origen del miedo. El miedo es la ausencia del Amor, por lo tanto, el pecado adquiere protagonismo cuando decidimos renunciar al Amor, cuando decidimos, escindirnos de la relación de Unidad con nuestro Padre.

Esa falta de Amor, nos llevó a fabricar una condición ilusoria basada en la separación de la Fuente Primordial. El pecado nos llevó a la culpa y, la creencia en la violación del Precepto Divino de no comer del Árbol del Bien y del Mal, propició la visión de un Dios "temerario", el cual debía estar muy enfadado con su Hijo y al cual, había que complacer para calmar su ira.

Nuestras desgracias se las atribuimos al pecado, al divorcio establecido entre el Hijo y Su Padre. Nuestro Creador, con la intención de enderezar nuestro camino, nos impone pruebas y castiga nuestras debilidades. Esa falsa creencia, atormenta nuestra alma y nos condiciona al dolor y a la muerte.

Hoy proclamo que me libero de la creencia en el pecado. Y que en el mundo del sueño, en el que soy el soñador, lo que llamo error es un estado que permite corrección.

Ejemplo-Guía: "Ataco, cuando me creo separado"

El ataque encuentra su causa en la creencia en la separación y la visión de la separación da lugar a la creencia en el pecado. Todo ello, es una ilusión. Carece de significado. Al carecer de significado, fabricamos un mundo donde impera la demencia, pues damos credibilidad a lo irreal.

Dar traslado, en nuestras vidas,  a estas afirmaciones, nos lleva a reflexionar sobre la causa oculta que se esconde en cada relación y de la cual, somos totalmente inconsciente. Quizás comprendamos ahora, la razón por la cual el miedo prevalece sobre el amor, a la hora de mantener una relación. Si al ver al otro, estamos viendo un cuerpo separado del nuestro, en esa visión va implícita el temor oculto de ser atacado.

El otro desea lo que yo tengo. No es un pensamiento carente de sentido, cuando en verdad, el otro está representando la proyección de nuestro mundo interno. Por lo tanto, lo que yo deseo, el otro lo desea. Es así como nosotros lo creemos. Ese enfoque de deseos, nos lleva al enfrentamiento en algún punto del camino. Cuando esto ocurre, tenemos dos opciones, nos enfrentamos al temeroso deseo de ser desposeído de nuestras posesiones o decidimos vencer nuestros miedos y apostamos por liberarnos de aquello que nos oprime interiormente. Ese gesto interno exige una visión nueva que se llama perdón. El perdón es la manifestación más cercana al Amor, en este mundo. Por lo tanto, el perdón es el antídoto más eficaz sobre el pecado, sobre el miedo.

La visión interna proyectada sobre el otro, nos lleva a percibir fuera lo que ocultamos en nuestro interior. Si nos sentimos pecadores (visión de la separación), esa visión es muy dolorosa para reconocerla, así que decidimos luchar contra ella, pero no lo hacemos interiormente, sino fuera de nosotros. Ese es el motivo por el que condenamos exteriormente, aquello que estamos condenando a nivel interno.

La Lección de hoy nos está aportando la clave principal que acabaría con las luchas, las guerras, las oposiciones, las rivalidades, las acusaciones, los maltratos, las violaciones, los asesinatos, etc. 

Una vez más tenemos que hacer énfasis sobre la importancia de la elección, mejor dicho de volver a elegir. De ser conscientes de elegir de manera diferente a como lo hemos estado haciendo.

Cuando nos encontremos frente al otro, no veamos a un desconocido, a alguien separado de nosotros. Veamos la verdad. Veamos lo real. Ese "otro" no es "otro. Es nuestro hermano y junto a él, formamos la Filiación del Hijo de Dios. Nuestras mentes son una con la Mente de nuestro Creador.

Recordemos que no somos pecadores, que gozamos de la inocencia del Hijo de Dios. Que ningún "otro" puede hacernos daño, ni atacarnos, si nosotros no le otorgamos ese poder, pues nosotros no somos un cuerpo, sino Espíritu, y el Espíritu es invulnerable.

Dejemos de relacionarnos con el "otro" desde la visión del cuerpo, pues esa visión favorece el ataque y por lo tanto el pecado. Veámonos como realmente somos.

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