viernes, 16 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 260

LECCIÓN 260

Que recuerde que Dios me creó.

1. Padre, yo no me creé a mí mismo, aunque en mi demencia creí que así había sido. 2No obstante, en cuanto que Pensamiento Tuyo, no he aban­donado mi Fuente y sigo siendo parte de Aquel que me creó. 3Tu Hijo, Padre mío, Te llama hoy. 4Que recuerde que Tú me creaste. 5Que recuerde mi Identidad. 6Y que deje que mi impecabilidad vuelva a alzarse ante la visión de Cristo, a través de la cual deseo hoy contemplar a mis hermanos y contemplarme a mí mismo.

2. Ahora recordamos nuestra Fuente; y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera Identidad. 2Sómos en verdad santos porque nuestra Fuente no conoce el pecado. 3Y nosotros que somos Sus Hijos, somos semejantes los unos a los otros, y semejantes a Él.

¿Qué me enseña esta lección?

No puedo recordar aquello en lo que no creo.

Vemos aquello en lo que creemos, y esa es la razón por la que nos encontramos plenamente identificados con el cuerpo, pues el ego es la creencia en que somos tan sólo un vehículo material.

Tener certeza en lo que Somos, nos llevará a recordar que Dios nos creó. Ese instante de recordar, se traduce a un estado de toma de consciencia, que debe llevarnos a actuar de acuerdo a la condición que hemos hecho consciente.

No podemos conformarnos con llevar a cabo un mero acto mental en el que nos decimos: “Soy Hijo de Dios”. Esta afirmación, puede quedar vacía, sin contenido, si no va acompañada de la firme decisión de poner nuestra Voluntad al servicio del Amor, de la Verdad.

¿Esto qué quiere decir? Sencillamente, que debemos hacer que todos y cada uno de nuestros actos, sean la manifestación del Amor. En las relaciones con el mundo, dejaremos de juzgar y condenar a nuestros hermanos y, en cambio, veremos en sus rostros, el Sagrado Rostro de la Divinidad.

Ejemplo-Guía: "Creados a Su Imagen y Semejanza"

Cuando me surgió este tema de debate y reflexión, me surgió una pregunta que quiero compartir con vosotros: ¿Qué imagen tengo de Dios?

Permítanme reflexionar en voz alta. Si nunca he visto a Dios, ¿cómo puedo tener una imagen suya? Pero, si la cita bíblica afirma que he sido creado a Su Imagen y yo tengo conciencia de mi propia imagen, entonces, Dios tiene que tener un cuerpo. Esta reflexión no es ninguna tontería. La cultura, sobre todo la pintura y la escultura, nos ha hecho llegar una visión de un Dios poderoso, musculoso, con una larga melena y una copiosa barba blanca y con una aureola de luminosidad, como expresión simbólica de su Trascendente Identidad. ¿Cómo puedo pensar que Dios es algo diferente a esa imagen tan cultivada?

Todos sabemos que ese lenguaje, utilizado por los artistas, pertenece a lo simbólico. Pero lo que sí reviste importancia de esa visión de Dios, es que, independientemente de la forma que adquiera (pensamos que dado su inmenso poder puede adquirir cualquier forma), se encuentra fuera de nosotros, es decir, nos dirigimos a Él como si se encontrará en el exterior, en una dimensión superior.

Entonces, ¿hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza? Sí.

Esta afirmación nos lleva a plantear una nueva cuestión. Si hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza, entonces, la imagen que tenemos de nosotros mismos no es real. Es decir, si Dios no tiene forma corporal, su Hijo tampoco debe tenerla. Hemos alcanzado un punto que viene a confirmar uno de los principales mensajes que nos aporta Un Curso de Milagros: "El mundo que percibimos no es real".

Un Curso de Milagros no refiere con relación al tema que estamos analizando, lo siguiente:


La afirmación "Dios creó al hombre a imagen y semejanza pro­pia" necesita ser reinterpretada. "Imagen" puede entenderse como "pensamiento", y "semejanza" como "de una calidad semejante." Dios efectivamente creó al espíritu en Su Propio Pensa­miento y de una calidad semejante a la Suya Propia. No hay nada más".

Esta aclaración es importante hacerlo, pues el Curso da una interpretación diferente al término "imagen" y no conocerla puede dar motivos a confusión.


"(...) es imposible que puedas percibirte a ti mismo correcta­mente. No tienes una imagen que puedas percibir. La palabra "imagen" está siempre vinculada a la percepción y no forma parte del conocimiento. Las imágenes son simbólicas y representan algo diferente de ellas mismas".

Al no ser un cuerpo, no podemos tener una imagen de lo que somos realmente, pues el Espíritu, al no ser visible en el mundo, no puede ser percibido.

Si pensamos que somos un cuerpo, es lógico que otorguemos a nuestros padres físicos la autoría de nuestra creación. Cuando se produce el proceso de nuestro despertar, esa visión sufre una profunda transformación, pues la figura del padre físico es trascendida por la Presencia del Padre verdadero, del Padre Espiritual. Esto no quiere decir, que nos mostremos distantes con nuestros hacedores físicos, digo esto, porque he sido testigo de la rotura de familias al intentar aplicar, lo que debe ser un proceso natural, de una manera exagerada y extrema (teórica). Tan sólo debemos hacernos una pregunta para saber si estamos haciendo el proceso de forma natural: ¿cómo puedo dejar de amar a mi padre físico, aludiendo que no es nuestro verdadero Padre, cuando realmente es nuestro hermano?

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