miércoles, 21 de septiembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 265

LECCIÓN 265

Lo único que veo es la mansedumbre de la creación.

1. Ciertamente no he comprendido el mundo, ya que proyecté sobre él mis pecados y luego me vi siendo el objeto de su mirada: 2¡Qué feroces parecían! 3¡Y cuán equivocado estaba al pensar que aquello que temía se encontraba en el mundo en vez de en mi propia mente! 4Hoy veo el mundo en la mansedumbre celestial con la que refulge la creación. 5En él no hay miedo. 6No permitas que ninguno de mis aparentes pecados nuble la luz celestial que refulge sobre el mundo. 7Lo que en él se refleja se encuentra en la Mente de Dios. 8Las imágenes que veo son un reflejo de mis pen­samientos. 9Pero mi mente es una con la de Dios. 10Por lo tanto, puedo percibir la mansedumbre de la creación.

2. En la quietud quiero contemplar el mundo, el cual refleja únicamente Tus Pensamientos, así como los míos. 2Concédaseme recordar que son lo mismo, y veré la mansedumbre de la creación.


¿Qué me enseña esta lección?


Mientras que el Hijo de Dios ve por la Mente de Su Padre, su Hogar es el Paraíso Terrenal, donde reina la Paz de Dios. La Abundancia, la Perfección, la Felicidad, la Alegría, la Unidad, son dones inscritos en el genoma espiritual del Hijo.

He aquí, que el Hijo de Dios, haciendo uso de la condición, hasta ese momento latente, de crear, de extender su mente. Este acto, se produjo, cuando aún se era inmaduro para hacer un uso correcto de ese atributo creador. 

Podemos decir, que dejándose llevar por la fuerza del deseo, la mente fabricó una realidad que daría lugar al tránsito de la inconsciencia de la Unidad a la conciencia de la Individualidad. Este proceso, llevó al Hijo de Dios a identificarse con el cuerpo físico con el cual se manifestaría en el mundo material. Este es el origen de la separación.

El hecho de haber fabricado una realidad diferente a la que Dios le había ofrecido, llevó a la Humanidad a la creencia de que había violado las Leyes Divinas y por ello, había “pecado”.

Escindido de la Unidad y alejado de la Protección Divina, el hombre cree caer en desgracia y proyecta sobre el mundo ese pensamiento destructivo. La culpa le lleva a juzgar a los demás; el castigo se convierte en una exigencia, sin la cual, no se consigue la purificación; el sufrimiento es la única vía que purga nuestros pecados; la enfermedad se interpreta como el fiel reflejo de nuestras debilidades; la muerte, el justo castigo divino por sabernos merecedores de nuestros pecados y como argumento para testimoniar de nuestra ilusoria realidad.

Es tiempo de recuperar la verdadera Visión de nuestra Realidad. Es tiempo de creer en la Unidad y de verla en Todo lo Creado. Es tiempo de negar la ilusión y el miedo. Es tiempo de Amar.

Ejemplo-Guía: "¿El mundo que creo ver es una proyección de lo que deseo ver?

En el capítulo 21 del Curso, titulado "Razón y Percepción", en su Introducción, podemos leer lo siguiente:
"La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es un resultado, no una causa. Por eso es por lo que el concepto de grados de dificultad en los milagros no tiene sentido. Todo lo que se contempla a través de la visión es sano y santo. Nada que se perciba sin ella tiene significado. Y donde no hay significado, hay caos".
Para mi, este mensaje, es una de las muchas joyas que nos regala Un Curso de Milagros. Tengo la certeza, de que si alcanzo a comprender y a integrar su enseñanza, mi mente me llevaría a percibir de manera correcta y con ello a crear un estrecha comunión con la Verdad.
"La proyección da lugar a la percepción, y no pue­des ver más allá de ella. Has atacado a tu hermano una y otra vez porque viste en él una sombría figura de tu mundo privado. Y así, no puedes sino atacarte a ti mismo primero, pues lo que atacas no está en los demás. La única realidad de lo que atacas se encuentra en tu propia mente, y al atacar a otros estás literal­mente atacando algo que no está ahí".
¿Te imaginas un mundo plenamente consciente de esta afirmación?
"El mundo te puede dar únicamente lo que tú le diste, pues al no ser otra cosa que tu propia proyección, no tiene ningún signi­ficado aparte del que tú viste en él, y en el que depositaste tu fe. Sé fiel a la oscuridad y no podrás ver porque tu fe será recom­pensada tal corno la diste".
Una mente separada, es una mente que rechaza una parte de si mismo. Este es el origen de la creencia en la separación. Exclusión y separación son sinónimos, al igual que separación y disociación. La separación es un acto de disociación y cuando se produce, surge la proyección. Sin embargo, este mecanismo no es consciente. Realmente, repudiamos lo que proyectamos y nos excluimos a nosotros mismos al juzgar que somos diferentes de aquel sobre el que nos proyectamos.

"La proyección no es más que un mecanismo del ego para hacerte sentir diferente de tus hermanos y separado de ellos".
"El ego utiliza la proyección con el solo propósito de destruir la percepción que tienes de ti mismo y de tus hermanos. El proceso comienza excluyendo algo que existe en ti, pero que repudias, y conduce directamente a que te excluyas a ti mismo de tus hermanos".
"El Espíritu Santo extiende y el ego proyecta".

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