martes, 18 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 292

LECCIÓN 292

Todo tendrá un desenlace feliz.

1. Las promesas de Dios no hacen excepciones. 2Y Él garantiza que la dicha será el desenlace final de todas las cosas. 3De nosotros depende, no obstante, cuándo habrá de lograrse eso: hasta cuándo vamos a permitir que una voluntad ajena parezca oponerse a la Suya. 4Pues mientras pensemos que esa voluntad es real, no halla­remos el final que Él ha dispuesto sea el desenlace de todos los problemas que percibimos, de todas las tribulaciones que vemos y de todas las situaciones a que nos enfrentamos. 5Mas ese final es seguro. 6Pues la Voluntad de Dios se hace en la tierra, así como en el Cielo. 7Lo buscaremos y lo hallaremos, tal como dispone Su Voluntad, la Cual garantiza que nuestra voluntad se hace.

2. Te damos gracias, Padre, por Tu garantía de que al final todo tendrá un desenlace feliz. 2Ayúdanos a no interferir y demorar así el feliz de­senlace que nos has prometido para cada problema que podamos percibir y para cada prueba por la que todavía creemos que tenemos que pasar.


¿Qué me enseña esta lección?


Si hemos sido capaces de impregnar nuestra mente y nuestro corazón, con la certeza de que Dios, nuestro Padre, lo dispone todo para que gocemos de su Paz y de su Dicha, estamos preparados para sustituir el miedo y experimentar la santidad del Amor.

Mientras que nuestra conciencia se encuentre identificada con el mundo físico, estaremos sujetos a sus leyes y a los efectos que generan nuestros pensamientos y sentimientos. Cuando el pensamiento queda prisionero del miedo, nos lleva a tomar iniciativas que desencadenan resultados sombríos y experimenta el temor de perder aquello con lo que se ha identificado, sus posesiones.

Cuando nuestra conciencia despierta a los valores del Espíritu, la llamada del mundo material, se ve como una ilusión y decidimos no prestarle atención. Nos enfocamos plenamente en poner nuestra mente al servicio del Amor y la expansión de ese pensamiento, nos lleva a crear un mundo donde la felicidad y la plenitud forman parte de cada uno de nuestros actos.

Cuando actuamos de acuerdo a la Voluntad de nuestro Creador, todo en nuestra vida lleva el sello de la felicidad.

Ejemplo-Guía: "¿Confías en Dios?

Cuando depositamos nuestra confianza en alguien, estamos revelando que depositamos en ella, nuestra total lealtad y fe. Es una manera de reconocer en los atributos de esa persona que es poseedora de elevadas cualidades y de que es portadora de lo que consideramos la verdad.

En nuestras relaciones con el mundo, podemos encontrar que no todas las personas con las que habitualmente nos relacionamos, son dignas de nuestra confianza. La razón de ello, lo argumentamos cuando nos sentimos víctimas de su actos de deslealtad y engaños.

Podemos decir pues, que la confianza hay que demostrarla a través de actos de lealtad y fidelidad. Cuando elevamos esta reflexión al terreno de lo espiritual y lo aplicamos a la entidad de Dios, la confianza debe pasar por ese mismo filtro, y cuando la vida nos presenta su rostro menos amable, dado que pensamos que todo cuanto nos pasa proviene de Dios, obtenemos como resultado, la nefasta creencia de que nuestro Creador nos ha fallado, es decir, acabamos de anunciar que hemos perdido nuestra confianza en Él.

Este tipo de pensamiento es bastante reconocible en el comportamiento humano. Lo cierto, es que este guion forma parte intrínseca del sistema de pensamiento que sustenta la identidad del ego. Al no reconocernos como los únicos autores de nuestras propias fabricaciones y proyecciones, buscamos afuera al culpable de nuestras desgracias y le imponemos el sello de "no confiable", pues no es capaz de evitarnos los efectos, esto es, consecuencias de lo que hemos sembrado. 

En el sistema de pensamiento del ego encontraremos una amplia base de anécdotas basadas todas ellas en la "ineficacia" del Creador, al no responder, como nosotros queremos, a nuestras peticiones. Algunas son tan dementes como increíbles, por ejemplo las guerras santas, las guerras con trasfondos  religiosos. Otras, adquieren tintes disparatados, como las peticiones para que nuestro equipo de fútbol gane un partido. Pero en este interminable arsenal de anécdotas, también encontramos las que mueven nuestras emociones más sensibles: ¿Dios, por qué permites que tus hijos mueran de hambre? ¿Por qué permites que tus hijos mueran de enfermedades o accidentes? ¿Por qué permites que haya guerras, violaciones, atentados, asesinatos? ¿Por qué permites el mal?

¿Cómo le explicamos a esas personas que todo tendrá un final desenlace feliz?

Cuando estamos viviendo la tormenta, es difícil hacer entender a alguien que tenga calma y espere a que amaine el temporal, pues el sol volverá a lucir en todo su esplendor. Cuando estamos sumergidos en una tenebrosa pesadilla, es difícil disipar el miedo en el soñador, pero unas palabras susurradas en el oído inspirándole que todo es un sueño le aportará la confianza necesaria para recuperar de nuevo su paz.

El mundo que hemos fabricado favorece los sueños tenebrosos y los paisajes tormentosos, pues ambos están reflejando la oscuridad que subyace en nuestro mundo interno. La creencia en la separación, nos ha llevado a perder la conexión directa con nuestro Creador. Esa separación da lugar al miedo y a una total desconfianza hacia el mundo que le rodea, donde ve proyectado sus pensamientos dementes. Hemos elegido el miedo y el odio, para sustituir al amor y la bondad. Si somos sembradores de miedo y de odio, esa semilla crecerá y dará sus frutos, de tal manera que tendremos que recolectar nuestra cosecha. Es la vía que hemos elegido para despertar la conciencia de la calidad de nuestros pensamientos y actos.

Me gusta utilizar la lógica a la hora de reflexionar temas tan trascendentes como el que estamos tratando. Si adopto el papel de padre y no soy un padre demente, mis hijos disfrutarán de todo cuanto pueda ofrecerle. Pero como padre, soy portador del Principio más elevado, el de la libertad. Si no tuviese libertad, no podría crear, pues estaría condicionado por las influencias externas. Así, dotado de ese Atributo Creador, doy vida a mi descendencia, la cual hereda por genética espiritual mis mismos Atributos. Yo amo a mi descendencia y le prestaré mi mano para ayudarle a caminar, pero no interferiré en su voluntad. Lo único que puedo hacer, es dotarlo con un mecanismo de seguridad que le ayude a recordar lo que por iniciativa propia puede olvidar. Ese "mecanismo de seguridad" es El Espíritu Santo, la Voz procedente del padre que guiará al hijo si éste decide conectar con Él.

Tengo la creencia de que no hay experiencias buenas, ni experiencias malas. Tan solo hay experiencias. Las experiencias son efectos que responden a causas, esto es, no hay experiencia si no hay un pensamiento que lo haya causado. La rectificación, una vez percibido el efecto, debemos dirigirla a la causa, pues de este modo, se obtendrán nuevos efectos, nuevas experiencias. Si la causa que origina el sufrimiento es creer que estamos separados, tendremos que rectificar ese pensamiento erróneo y modificarlo por otro que nos lleve a la creencia verdadera de la Unidad.

Podemos tomar consciencia de la verdad por la vía directa, recordando lo que realmente somos, Hijos de Dios, unidos a todo lo creado, o bien, podemos hacerlo por la vía del rigor, la cual utiliza el espacio temporal para perpetuar la enseñanza a través del aprendizaje, causa-efecto, siembro-cosecho, culpa-dolor

¿Has reflexionado sobre el estado de paz que se alcanza cuando depositamos nuestra total confianza en Dios?

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