jueves, 20 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 294

LECCIÓN 294

Mi cuerpo es algo completamente neutro.

1. Soy un Hijo de Dios. 2¿Cómo iba a poder ser también otra cosa? 3¿Acaso creó Dios lo mortal y lo corruptible? 4¿De qué le sirve al bienamado Hijo de Dios lo que ha de morir? 5Sin embargo, lo que es neutro no puede ver la muerte, pues allí no se han depositado pensamientos de miedo, ni se ha hecho de ello una parodia del amor. 6La neutralidad del cuerpo lo protege mientras siga siendo útil. 7Una vez que no tenga ningún propósito, se dejará a un lado. 8No es que haya enfermado, esté viejo o lesionado. 9Es que simple­mente no tiene ninguna función, es innecesario, y, por consi­guiente, se le desecha. 10Haz que hoy no vea en él más que esto: algo que es útil por un tiempo y apto para servir, que se conserva mientras pueda ser de provecho, y luego es reemplazado por algo mejor.

2. Mi cuerpo, Padre, no puede ser Tu Hijo. 2Y lo que no ha sido creado no puede ser ni pecaminoso ni inocente; ni bueno ni malo. 3Déjame, pues, valerme de este sueño para poder ser de ayuda en Tu plan de que despertemos de todos los sueños que urdimos.


¿Qué me enseña esta lección?


Cuando actuamos, percibimos que es el cuerpo el que actúa y que lo hace por iniciativa propia. Esta percepción errónea está basada en la creencia de que somos un cuerpo.

Pero si observamos detenidamente el proceso de nuestros actos, no tardaremos en descubrir, que el cuerpo está al servicio de la mente, de los pensamientos y de los sentimientos.
Si pensamos en cosas alegres, nuestro cuerpo se fortalece y expresa un nivel de respuesta asertivo. En cambio, si pensamos en cosas que nos hagan sentir tristes, el cuerpo se debilita y presenta desgana y desinterés.

Esta aseveración es aplicable a la creencia de que el cuerpo es capaz de enfermar por sí sólo, independientemente de su relación con los pensamientos y emociones. Pero esto no es posible. Realmente, la enfermedad relacionada con el cuerpo no existe. El origen de lo que llamamos enfermedad, se encuentra en la mente, de modo que cuando pensamos y sentimos, erróneamente, nuestro cuerpo refleja ese error, dando lugar a estados de desorden físico.

Es importante conocer, que el cuerpo es neutral. Tiene una importante misión, la cual nos permite comunicarnos y compartir nuestros valores internos. Cuando sirve al Amor, tendrán lugar actos de Amor; cuando sirve al miedo, el cuerpo experimentará sufrimiento y ataques.

El cuerpo no es nuestra verdadera realidad, pero no por ello, debemos verlo como algo pecaminoso. En muchas fases de las religiones, el cuerpo ha sido juzgado como un instrumento al servicio del pecado. A veces, el sentimiento de culpa ha alcanzado dimensiones tan disparatadas, que nos han llevado a sacrificar una parte del cuerpo para así, calmar nuestras necesidades de redención y purificación. Si es mi ojo el que me hace sentir sucio, me saco el ojo. Si es mi mano, la que roba, me corto la mano.

Hoy vemos las cosas de otra manera. Hoy somos capaces de ver que el error se encuentra en la mente y no en el cuerpo. Es a nivel mental, donde debemos corregir el error y no a niveles físicos.

Ejemplo-Guía: "Por qué creemos necesaria la enfermedad?

¿Cómo podemos desear la enfermedad? ¿Cómo podemos desear la muerte?

En efecto, no son deseos conscientes. No es que nos digamos: "cuerpo, enferma, que he obrado mal". Es precisamente la visión pecaminosa, la que nos lleva a expresar culpa y a proyectarla externamente, sobre los demás y sobre nuestro cuerpo, al que hemos dado el papel principal de nuestra existencia, desde el punto de vista del ego.

Cuando no queremos ver nuestra propia oscuridad, decidimos verla fuera. Cuando nos sentimos culpables, de forma inmediata desatamos la dinámica redentora del castigo y que mejor forma de padecer los efectos de nuestros pecados, que nuestra identidad, nuestro cuerpo, sufra las consecuencias de los mismos.

Dentro del sueño, hemos establecidos leyes que gobiernen nuestros actos. Unas son más visibles para la conciencia que otras. Por ejemplo, el peso de la ley caerá sobre nosotros si hemos cometido un delito, como robar o asesinar. La función de la ley es correctiva. Siempre pretende serlo, aunque no siempre lo consiga. Pero en otras ocasiones, esas leyes son más sutiles, se encuentran arraigadas, profundamente, en nuestras creencias. Por ejemplo, la creencia en el pecado, en que hemos desobedecido a nuestro Creador, nos tiene "sentenciados" al sufrimiento como vía de redención y purgatorio. El infierno, encuentra su origen en la necesidad de encontrar un escenario donde podamos purificarnos de nuestros actos pecaminosos.

Tenemos creencias, avaladas por la ciencia médica, en la que establecemos una relación causa-efecto entre el comportamiento humano y las enfermedades. Estas creencias se han basado especialmente en el estudio del comportamiento del cuerpo humano, lo que ha dado lugar a los postulados de la medicina oficial.
En los últimos años, estamos siendo testigo del nacimiento de nuevos paradigmas, no centrados tanto en el cuerpo como en la mente, así como en ciertos aspectos del ser que están cercanos a lo esotérico.
En ambas disciplinas, se establece una relación estrecha entre las causas y los efectos, aunque con marcadas diferencias entre unas y otras. 
Si la analizamos desde el punto de vista de las enseñanzas de Un Curso de Milagros, ambas, tratan la enfermedad, con lo cual, están tratando algo que no es real.

La enfermedad es visible para el ego, debido a que cuando mira, lo hace desde el pecado, el cual se lo atribuye a las funciones del cuerpo. 

Os dejo algunas consideraciones aportadas por el Curso, relacionadas con lo que estamos analizando:
4. Es imposible ver a tu hermano libre de pecado y al mismo tiempo verlo como si fuese un cuerpo. 2¿No es esto perfectamente consistente con el objetivo de la santidad? 3Pues la santidad es simplemente el resultado de dejar que se nos libere de todos los efectos del pecado, de modo que podamos reconocer lo que siem­pre ha sido verdad. 4Es imposible ver un cuerpo libre de pecado, pues la santidad es algo positivo y el cuerpo es simplemente neu­tral. 5No es pecaminoso, pero tampoco es impecable *. 6Y como realmente no es nada, no se le puede revestir significativamente con los atributos de Cristo o del ego. 7Tanto una cosa como la otra sería un error, pues en, ambos casos se le estarían adjudicando atributos a algo que no los puede poseer. 8Y ambos errores ten­drían que ser corregidos en aras de la verdad.
5. El cuerpo es el medio a través del cual el ego trata de hacer que la relación no santa parezca real. 2El instante no santo es el tiempo de los cuerpos. 3Y su propósito aquí es el pecado. 4Mas éste no se puede alcanzar salvo en fantasías, y, por lo tanto, la ilusión de que un hermano es un cuerpo está en perfecta consonancia con el propósito de lo que no es santo. 5Debido a esta correspon­dencia, los medios no se ponen en duda mientras se siga atribuyendo valor a la finalidad. 6La visión se amolda a lo que se desea, pues la visión siempre sigue al deseo. 7Y si lo que ves es el cuerpo, es que has optado por los juicios en vez de por la visión. 8Pues la visión, al igual que las relaciones, no admite grados. 9O ves o no, ves.
6. Todo aquel que ve el cuerpo de un hermano ha juzgado a su hermano y no lo ve. 2No es que realmente lo vea como un peca­dor, es que sencillamente no lo ve. 3En la penumbra del pecado su hermano es invisible. 4Ahí sólo puede ser imaginado, y es ahí donde las fantasías que tienes acerca de él no se comparan con su realidad. 5Ahí es donde las ilusiones se mantienen separadas de la realidad. 6Ahí las ilusiones nunca se llevan ante la verdad y siempre se mantienen ocultas de ella. 7Y ahí, en la oscuridad, es donde te imaginas que la realidad de tu hermano es un cuerpo, el cual ha entablado relaciones no santas con otros cuerpos y sirve a la causa del pecado por un instante antes de morir. 
7. Existe ciertamente una clara diferencia entre este vano imagi­nar y la visión. 2La diferencia no estriba en ellos, sino en su pro­pósito. 3Ambos son únicamente medios, y cada uno de ellos es adecuado para el fin para el que se emplea. 4Ninguno de los dos puede servir para el propósito del otro, pues cada uno de ellos es en sí la elección de un propósito, empleado para propiciarlo. 5Cada uno de ellos carece de sentido, sin el fin para el que fue concebido, y, aparte de su propósito, no tiene valor propio. 6Los medios parecen reales debido al valor que se le adjudica al obje­tivo. 7Y los juicios carecen de valor a menos que el objetivo sea el pecado.
8. El cuerpo no se puede ver, excepto a través de juicios. 2Ver el cuerpo es señal de que te falta visión y de que has negado los medios que el Espíritu Santo te ofrece para que sirvas a Su pro­pósito. 3¿Cómo podría lograr su objetivo una relación santa si se vale de los medios del pecado? 4Tú te enseñaste a ti mismo a juzgar; mas tener visión es algo que se aprende de Aquel que quiere anular lo que has aprendido. 5Su visión no puede ver el cuerpo porque no puede ver el pecado. 6Y de esta manera, te conduce a la realidad. 7Tu santo hermano -a quien verlo de este modo supone tu liberación- no es una ilusión. 8No intentes verlo en la oscuridad, pues lo que te imagines acerca de él parecerá real en ella. 9Cerraste los ojos para excluirlo. 10Tal fue tu propó­sito, y mientras ese propósito parezca tener sentido, los medios para su consecución se considerarán dignos de ser vistos, y, por lo tanto, no verás.
9. Tu pregunta no debería ser: "¿Cómo puedo ver a mi hermano sin su cuerpo?" 2sino, "¿Deseo realmente verlo como alguien incapaz de pecar?" 3Y al preguntar esto, no te olvides de que en el hecho de que él es incapaz de pecar radica tu liberación del miedo. 4La salvación es la meta del Espíritu Santo. 5El medio es la visión. 6Pues lo que contemplan los que ven está libre de pecado. 7Nadie que ama puede juzgar, y, por lo tanto, lo que ve está libre de toda condena. 8Y lo que él ve no es obra suya, sino que le fue dado para que lo viese, tal como se le dio la visión que le permi­tió ver. (T.20.VII.4:9)

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