lunes, 24 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 298

LECCIÓN 298

Te amo, Padre, y amo también a Tu Hijo.

1. Mi gratitud hace posible que mi amor sea aceptado sin miedo. 2Y, de esta manera, se me restituye por fin mi Realidad. 3El perdón elimina todo cuanto se interponía en mi santa visión. 4Y me apro­ximo al final de todas las jornadas absurdas, las carreras locas y los valores artificiales. 5En su lugar, acepto lo que Dios establece como mío, seguro de que sólo mediante ello me puedo salvar, y de que atravieso el miedo para encontrarme con mi Amor.

2. Padre, hoy vengo a Ti porque no quiero seguir otro camino que no sea el Tuyo. 2Tú estás a mi lado. 3Tu camino es seguro. 4Y me siento agrade­cido por tus santos regalos: un santuario seguro y la escapatoria de todo lo que menoscabaría mi amor por Dios mi Padre y por Su santo Hijo.

¿Qué me enseña esta lección?

Hoy me siento desnudo, en un estado de perfecta inocencia. Tan sólo una Fuerza me mueve. Es la Esencia con la que he sido creado. Es el Amor.

Cuando esa Esencia se hace consciente en mí, el tiempo y el espacio, se funden en un solo instante, eterno y verdadero. El cuerpo se estremece por las altas vibraciones que soporta. El mundo físico y sus leyes, dejan de tener prioridad en nuestra consciencia. Experimento una total liberación. Todo mi ser se llena de esa Esencia y necesita expandirse hacia el mundo. Es imposible mantener ese potencial para un mismo. Debe ser compartido.

La paz lo inunda toda. La felicidad explota en nuestro ser y no podemos evitar emocionarnos con la vivencia de la Unidad.

Nuestros ojos visionan un espectáculo que no es de este mundo. Nos sentimos liberados y libres para perdonar; libres para experimentar la salvación y salvar al mundo.

Amo a tu Hijo, Padre, y a través de ese amor, te Amo, Padre.


Ejemplo-Guía: "El Camino que nos conduce al Cielo, no podemos andarlo solo"
“A medida que te acercas a un hermano te acercas a mí, y a medida que te alejas de él, la distancia entre tú y yo aumenta. La salvación es una empresa de colaboración. No la pueden emprender con éxito aquellos que se desvinculan de la Filiación porque al hacer eso se desvinculan de mí. Dios acudirá a ti sólo en la medida en que se Lo ofrezcas a tus hermanos. Aprende primero de ellos, y estarás listo para oír a Dios. Eso se debe a que el Amor sólo tiene una función”. (T.4.VI.8.1-6)
Tan solo la creencia en la separación, puede convertirse en un obstáculo que nos impida llevar a cabo la travesía que ha de conducirnos a la Salvación, que ha de conducirnos de retorno a nuestro verdadero Hogar.

Las palabras utilizadas para describir ese proceso de "despertar", no recoge realmente la experiencia a la que estamos aludiendo. El término "camino" nos puede confundir si lo entendemos que debemos llevar a cabo una aventura que parte desde un punto y que culmina en su destino. Lo que realmente estamos queriendo expresar, cuando utilizamos dicho término, es que tenemos la conciencia errónea de que Dios se encuentra fuera de nosotros, en el Más Allá. Cuando en verdad, esto es una ilusión proyectada por el sistema de pensamiento del ego.

Dios no está en nosotros, somos nosotros los que estamos en Él, pues fuera de Él no existe nada. Siendo esto así, el "camino" es una expresión poco apropiada, pues no es real. Pero, sin embargo, lo hacemos real, pues cuando miramos el mundo que nos rodea y evidenciamos a los demás, pensamos que tenemos que "movilizarnos" para interrelacionarnos con ellos. Este movimiento, también es fruto del error, también es una ilusión, pues, vuelvo a repetir, Todos estamos en Dios, Todos bebemos de Su Fuente.

Esta reflexión debe llevarnos a preguntarnos: ¿podemos alcanzar el Cielo, desvinculados de nuestros hermanos? Si pensamos que es posible, que la conquista del Cielo es algo individual, entonces estamos viendo el obstáculo al que nos referíamos, es decir, estamos haciendo real la separación entre Dios y su hijo, y entre sus hijos entre sí.

Si pensamos que podemos amar a Dios y no a Su Hijo, entonces estamos volviendo a ver el obstáculo, volvemos a recrearnos en la separación. No podremos amar a Dios, si no amamos a nuestros hermanos, pues no existe separación entre ellos.

¿Cómo debemos comportarnos con respecto a un hermano?

En este sentido, el Texto del Curso es claro en sus aportaciones. Nos revela, que siempre que le negamos la bendición a un hermano nos sentimos desposeídos, ya que la negación es tan total como el amor. Negar parte de la Filiación es tan imposible como lo es amarla sólo en parte. No es posible tampoco amarla totalmente sólo a veces. No podemos estar, totalmente comprometido sólo en algunas ocasiones.

Cuando un hermano actúa insensatamente, nos está ofreciendo una oportunidad para recibir nuestra bendición. Su necesidad es la nuestra. Realmente, necesitamos la bendición que podamos darle. No hay manera de que podamos disponer de ella excepto dándola. Ésa es la ley de Dios, la cual no hace excepciones. Carecemos de aquello que negamos, no porque haya carencia de ello, sino porque se lo hemos negado a otro, y, por lo tanto, no somos conscientes de ello en nosotros.  Nos recuerda el Curso, que “lo que crees ser determina tus reacciones, y lo que deseas ser es lo que crees que eres”. Lo que deseamos ser, entonces, determina forzosamente todas nuestras reacciones.

Si deseas ser una identidad separada de tu hermano, tus reacciones serán de ataque. Si en cambio, tu deseo es poner de manifiesto tu unicidad, tu hermano se convierte en el camino que ha de conducirte de vuelta a tu verdadero hogar, el Cielo.

Somos la voluntad unida de la Filiación, cuya plenitud es para todos. Comenzamos nuestra jornada de regreso, juntos, y, según avanzamos juntos, congregamos a nuestros hermanos. Cada aumento de nuestra fuerza se lo ofrecemos a todos, para que ellos puedan también superar su debilidad y añadir su fuerza a la nuestra. Dios nos espera a todos con los brazos abiertos, y nos dará la bienvenida.
“Nunca olvides que la Filiación es tu salvación, pues la Filiación es tu Ser. Al ser la creación de Dios, es tuya, y al pertenecerte a ti, es Suya. Tu Ser no necesita salvación, pero tu mente necesita aprender lo que es la salvación. No se te salva de nada, sino que se te salva para la gloria. La gloria es tu herencia, que tu Creador te dio para que la extendieras. No obstante, si odias cualquier parte de tu Ser pierdes todo tu entendimiento porque estás con­templando lo que Dios creó como lo que eres, sin amor. Y puesto que lo que Él creó forma parte de Él, le estás negando el lugar que le corresponde en Su Propio altar”. (T.11.1.1-7)
Y, ¿Cómo debemos amar?

No podemos entablar ninguna relación real con ninguno de los Hijos de Dios a menos que los amemos a todos, y que los amemos por igual. El amor no hace excepciones. Si otorgamos amor a una sola parte de la Filiación exclusivamente, estaremos sembrando culpabilidad en todas nuestras relaciones y haciendo que sean irreales. Sólo podemos amar tal como Dios ama. No intentemos amar de forma diferente de como Él lo hace, pues no hay amor aparte del Suyo. Hasta que no reconozcamos que esto es verdad, no tendremos idea de lo que es el amor. Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente o que mora en la paz de Dios. Si es inocente y está en paz, pero no lo ve, se está engañando, y ello significa que no se ha contemplado a sí mismo.

Un mensaje alentador: “En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mante­nerte separado de tu hermano. Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. Y Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. Y tal como Él os ama, así sois. Vosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. Dios está contigo, hermano mío. Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él.

El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu rela­ción, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la ver­dad. Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. ¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la ver­dad ilumina! El Cielo la contempla y se regocija que lo hayas dejado venir a ti. Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador”.

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