domingo, 30 de octubre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 304

LECCIÓN 304

Que mi mundo no nuble la visión de Cristo.

1. Sólo puedo nublar mi santa vista si permito que mi mundo se entrometa en ella. 2no puedo contemplar los santos panoramas que Cristo contempla a menos que utilice Su visión. 3La percep­ción es un espejo, no un hecho. 4lo que contemplo es mi propio estado de ánimo reflejado afuera. 5Quiero bendecir el mundo con­templándolo a través de los ojos de Cristo. 6veré las señales inequívocas de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Tú me conduces de las tinieblas a la luz y del pecado a la santidad. 2Déjame perdonar y así recibir la salvación del mundo. 3Ése es Tu regalo, Padre mío, que se me concede para que yo se lo ofrezca a Tu santo Hijo, de manera que él pueda hallar Tu recuerdo, y el de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.


¿Qué me enseña esta lección?


Cuando vives y experimentas lo que ya sabes a nivel teórico, se adquiere firmeza y convicción. La certeza interna de que aquello que ves es verdad, nos aporta fortaleza para afrontar otras verdades, que aún se encuentran en el plano teórico.

Hoy, Dios me ha hecho un hermoso regalo, al permitirme tomar conciencia, a través de la experiencia, del hecho de que aquello que contemplamos es nuestro estado de ánimo reflejado.

Cuan fácil es dejarse llevar por la dinámica del hábito, de las aferradas costumbres. Nos hacemos el firme propósito de seguir las pautas que nos enseñan las Lecciones del Curso, y cuando nos entregamos al fluir del día a día, cuando queremos darnos cuenta, nos encontramos totalmente sumergidos en la dinámica que nos marca el mundo y descubrimos que hemos dedicado poco tiempo a la tarea que nos invita la Lección.

Pero en estos menesteres, como diría el hidalgo Don Quijote, hay que tener paciencia, y sobre todo no dar lugar a sentimientos sutiles que despierten la culpabilidad. Ya es un paso muy importante, el tomar conciencia de que hay que permanecer más despierto y dispuesto, sabedores, de que las voces del mundanal ruido, nos distraerán.

Establezco el firme propósito de ejercitar la atención, de modo que no permita, en la medida de lo posible, que los asuntos del mundo nuble la visión de Cristo.

Ejemplo-Guía: "La perseverancia en el entrenamiento"
Éste es un curso de entrenamiento mental. Todo aprendizaje requiere atención y estudio en algún nivel. (T.I.VII.4)
Ya han transcurrido 303 días desde que iniciamos la andadura de seguir, a diario, el estudio de las Lecciones del Libro de Ejercicios, lo cual no quiere decir, que este sea el método para llevar a cabo su estudio. Tan solo significa, que es el que yo he elegido para llevar el ritmo de una Lección por día. Digo esto, porque a estas alturas, ya tenemos la percepción de que el aprendizaje de las enseñanzas que nos ofrece el Curso nos invita a ser perseverante en el propósito de aplicar el contenido de dichas enseñanzas, pues en realidad, lo que el Curso nos está ofreciendo es a realizar un a labor de "renovación de nuestras creencias", esto significa que debemos "desaprender" para volver a "aprender".

La gran mayoría de nosotros tenemos claro que la labor propuesta no se consigue por el simple hecho de que lo hayamos podido leer en el Texto. La teoría tiene su función y debe calar en nuestra fijación mental, debe resonar en nuestra mente y ser aceptada por nuestro código de creencias, antes de que pase a formar parte de nuestra acción.

Si pretendiésemos mejorar la musculatura de nuestro cuerpo, por el simple hecho de que hayamos llegado a esa conclusión, nuestros músculos no se tonificarán hasta que no lo hayamos entrenado convenientemente durante el tiempo necesario.

No podemos olvidarnos de que estamos en el escenario del ego, donde el tiempo se convierte en un aliado a la hora de llevar a cabo el aprendizaje. Una vez terminado dicho aprendizaje, el tiempo dejará de tener utilidad.

Mientras tanto, si nuestro propósito es cambiar el sistema de pensamiento por el que nos hemos regido hasta ahora, debemos establecer un "programa de entrenamiento" y debemos hacerlo desde la tolerancia. Digo esto, basándome en la experiencia de haber sido testigo de iniciativas donde ha prevalecido la rigurosa disciplina y la ausencia total de tolerancia, lo que ha desencadenado comportamientos donde el autocastigo se ha convertido en la respuesta para calmar nuestros ataques de culpabilidad.

Por encima de todo, lo más importante de todo, lo que me gusta llamar los pilares que han de dar firmeza a la nueva construcción que estamos edificando, es tener la certeza de que el sistema de pensamiento del ego nos lleva a ver un mundo ilusorio, mientras que la Visión de Cristo, nos lleva a gozar de un mundo perdonado, de un mundo redimido. A partir de ese estado de conciencia, lo único que tenemos que tener presente es vivir en coherencia con la visión elegida.

Tener un programa de entrenamiento, es lo que estamos haciendo con el estudio de las Lecciones del Libro de Ejercicios del Curso de Milagros. Muchos estudiantes me han planteado sus dudas a la hora de afrontar dicho estudio. Siempre les comparto la misma idea, la cual está extraída de las enseñanzas recogidas en el Curso:
1. Éste es un curso de milagros. 2Es un curso obligatorio. 3Sólo el momento en que decides tomarlo es voluntario. 4Tener libre albedrío no quiere decir que tú mismo puedas establecer el plan de estudios. 5Significa únicamente que puedes elegir lo que quieres aprender en cualquier momento dado. (Introducción)

Cada uno de nosotros elegimos el ritmo de aprendizaje. El estudiar primero el Texto y posteriormente realizar las Lecciones y continuar con el Manual del Maestro, para mi es secundario. Aunque es cierto que he elegido mi propio ritmo y dicha decisión me llevó a estudiar paralelamente el Texto con las Lecciones. Al realizar el análisis de cada Lección, siempre encuentro un tema de reflexión que me lleva a buscar una información más amplia en el Texto. Pero como ya he tenido ocasión de adelantar, y utilizando una frase popular de mi tierra: "cada maestrillo, tiene su librillo".

El siguiente mensaje que comparto está extraído del Texto y nos puede ayudar a comprender cuál es la actitud adecuada para alcanzar la Plenitud:
4La curación es señal de que quieres reinstaurar la plenitud. Y el hecho de que estés dispuesto a ello es lo que te permite oír-la Voz del Espíritu Santo, Cuyo mensaje es la plenitud. Él te capacitará para que vayas mucho más allá de la curación que lograrías por tu cuenta, pues a tu pequeña dosis de buena voluntad para reinstaurar la plenitud Él sumará toda Su Voluntad, haciendo así que la tuya sea plena. ¿Qué podría haber que el Hijo de Dios no pudiese alcanzar cuando la Paternidad de Dios se encuentra en él? Mas la invitación tiene que proceder de ti, pues sin duda debes haber aprendido que aquel a quien invites a ser tu hués­ped, será quien morará en ti. (T.11.II.4)
Con nuestro entrenamiento diario, con nuestra perseverancia, con nuestra pequeña dosis de voluntad, lograremos alcanzar el feliz momento en el que gozaremos del "instante santo". Como bien recoge el Curso, el instante santo es la Respuesta:
El instante santo es el resultado de tu decisión de ser santo. Es la respuesta. Desearlo y estar dispuesto a que llegue precede su llegada. Preparas tu mente para él en la medida en que recono­ces que lo deseas por encima de todas las cosas. No es necesario que hagas nada más; de hecho, es necesario que comprendas que no puedes hacer nada más. No te empeñes en darle al Espíritu Santo lo que Él no te pide, o, de lo contrario, creerás que el ego forma parte de Él y confundirás a uno con otro. El Espíritu Santo pide muy poco. Él es Quien aporta la grandeza y el poder. Él se une a ti para hacer que el instante santo sobrepase con mucho tu entendimiento. Darte cuenta de lo poco que tienes que hacer es lo que le permite a Él dar tanto.


No confíes en tus buenas intenciones, pues tener buenas intenciones no es suficiente. Pero confía implícitamente en tu buena voluntad, independientemente de lo que pueda presen­tarse. Concéntrate sólo en ella y no dejes que el hecho de que esté rodeada de sombras te perturbe. Esa es la razón por la que viniste. Si hubieses podido venir sin ellas no tendrías necesidad del instante santo. No vengas a él con arrogancia, dando por sentado que tienes que alcanzar de antemano el estado que sólo su llegada produce. El milagro del instante santo reside en que estés dispuesto a dejarlo ser lo que es. Y en esa muestra de buena voluntad reside también tu aceptación de ti mismo tal como Dios dispuso que fueses. (T.18.IV.1:2)

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