lunes, 7 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 312

LECCIÓN 312

Veo todas las cosas como quiero que sean.


1. La percepción se deriva de los juicios. 2Habiendo juzgado, vemos, por lo tanto, lo que queremos contemplar. 3Pues el único propósito de la vista es ofrecernos lo que queremos ver. 4Es imposible pasar por alto lo que queremos ver o no ver lo que hemos decidido contemplar. 5¡Cuán inevitablemente, pues, se alza el mundo real ante la santa visión de aquel que acepta el propósito del Espíritu Santo como aquello que desea ver! 6No puede dejar de contemplar lo que Cristo quiere que vea, ni de amar con el Amor de Cristo lo que contempla.

2. Mi único propósito hoy es contemplar un mundo liberado, libre de todos los juicios que he emitido. 2Padre, esto es lo que Tu Voluntad dispone para mí hoy, por lo tanto, no puede sino ser mi objetivo también.



¿Qué me enseña esta lección? 


Cuidado con el uso que damos al juicio. Lo que juzgamos es lo que vemos y lo que vemos es lo que queremos ver pues esa imagen forma parte de nosotros.

No hay juicio más dañino que aquel en el que condenamos a nuestros hermanos, pues en verdad, lo que estamos haciendo es condenándonos a nosotros mismos.

Todo juicio procede de la creencia de que estamos separados. Encuentra su origen en el miedo, pues si hubiese una sola pizca de amor en nuestros juicios estos no tendrían razón de ser, no haríamos uso de él de manera condenatoria.

Cuando nos amamos, estamos preparados para amar a los demás. Por lo tanto, cuando emitimos un juicio condenatorio hacia los demás o hacía nosotros mismos, de una manera consciente, lo que realmente estamos manifestando es nuestra ausencia de amor.

Es frecuente en el aspirante espiritual, el caer en manos de la culpabilidad, como reacción natural a un acto que hemos juzgado pecaminoso y que nos quema en nuestra consciencia exigiendo castigo y rectificación. El juicio riguroso y falto de amor y de perdón, nos hará mucho daño y nos mantendrá identificados con la creencia del miedo, del dolor, de la tristeza y del sufrimiento.

Lo que pasó, ya pasó. Haz consciente el nuevo instante. Es la única realidad. No hay otra. Decide qué hacer. Es tu eternidad presente. Ama, y el amor, te liberará.

Ejemplo-Guía: "¿Crees no poder cambiar lo que ves...?"

Nos resulta difícil creer que tenemos la potestad de poder cambiar aquello que percibimos, aquello que vemos, pero si le dedicamos el tiempo necesario a reflexionar sobre ello, tal vez, nos planteemos que es posible cambiar esa apreciación.

Si nos remontamos a los primeros días desde el nacimiento de una criatura, contemplaremos a un ser que expresa inocencia, pureza, sencillez y una falta total de juicio, en el sentido, de que su mente, en esa edad temprana, no está influenciada por pensamientos que determinen cómo deben interpretarse las cosas. Sus respuestas son instintivas, y la manifestación sensorial que manifiesta de manera inconsciente a través del llanto cuando recibe estímulos externos, son respuestas propias del medio hostil en el que acaba de nacer, el mundo de las formas, donde la necesidad y la escasez, se dan la mano para informarnos de que este nivel es el resultado del miedo, el resultado de haber elegido un nivel de conciencia separado de nuestro Creador.

Esa misma criatura, mientras ha permanecido en el vientre de su madre, no ha sentido esa necesidad, pues ha estado alimentada por vía directa y no ha necesitado ser arropada, pues el cuerpo de su creador lo ha protegido de inclemencias externas.

El contacto con el exterior, lo que supone la "separación" de su madre, lo ha situado en un escenario distinto donde, comenzará a adquirir información que le condicionará a la hora de adaptarse al medio. Las normas, la cultura, las creencias del mundo cercano a esa criatura, se convertirá en su aleccionador y en este sentido, ese personaje, que llegó puro e inocentes, se irá convirtiendo, en poco tiempo, en un ser con capacidad de juzgar y de elevar esa capacidad, a nivel de la condena, lo que significa, que su relación con el medio, se establecerá en función a las proyecciones que haga, de si mismo, sobre los demás.

Aquello que no forma parte de nuestras creencias, no lo veremos. Si el Hijo de Dios no hubiese deseado ver un mundo separado de su Creador, nunca hubiese visto el mundo que hemos hecho real. La creencia en que podemos ser nuestros propios "hacedores", nos ha llevado a juzgar que es posible y dicho juicio, de manera inevitable, nos ha llevado a percibir otro escenario distinto.

Si aplicamos esa capacidad que emana de nuestra condición divina, pues todos poseemos el principio activo de la voluntad heredado de nuestro Padre, a nuestras vidas, debemos ser conscientes de que somos el resultado de un conjunto de creencias que hemos ido adquiriendo en nuestro crecimiento y esas creencias son las que nos llevan a responder de una manera condicionada ante experiencias que hacemos comunes. Por ejemplo, vemos la enfermedad como un hecho negativo en nuestras vidas. Sin embargo, ya se oyen voces en otro sentido, es decir, hay quien defiende todo lo contrario, viendo la enfermedad como un "camino" que nos conduce al autoconocimiento. Por no hablar de la visión que nos aporta Un Curso de Milagros, que nos enseña que la enfermedad no es real. 

Nos han enseñado, nuestra cultura lo hace, a llorar ante la pérdida de un ser querido. Pero, podemos encontrar algunas culturas donde la muerte adquiera otro significado. Todo ello, debe hacernos reflexionar sobre el sentido de las cosas, sobre el valor de las cosas, sobre el significado de las cosas, en definitiva, sobre el juicio y percepción de las cosas.

La invitación que nos hace esta Lección es: ¿podemos ver las cosas de otra manera? Como siempre, es nuestra elección.

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