lunes, 14 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 319

LECCIÓN 319

Vine a salvar al mundo.


1. He aquí un pensamiento del que se ha eliminado toda traza de arrogancia y en el que sólo queda la verdad. 2Pues la arrogancia se opone a la verdad. 3Mas cuando la arrogancia desaparece, la ver­dad viene inmediatamente y llena el espacio que, al irse el ego, quedó libre de mentiras. 4Únicamente el ego puede estar limitado y, por consiguiente, no puede sino perseguir fines limitados y res­trictivos. 5El ego piensa que lo que uno gana, la totalidad lo pierde. 6La Voluntad de Dios, sin embargo, es que yo aprenda que lo que uno gana se le concede a todos.

2. Padre, Tu Voluntad es total. 2Y la meta que emana de ella comparte su totalidad. 3¿Qué otro objetivo podrías haberme encomendado sino la salvación del mundo? 4¿Y qué otra cosa sino eso podría ser la Voluntad que mi Ser ha compartido Contigo?



¿Qué me enseña esta lección? 

Sí, ese es mi propósito: Salvar al mundo. Pero, soy consciente de que este objetivo no podré realizarlo si antes no he conseguido salvarme a mí mismo.

En muchas ocasiones, he querido ayudar a los demás olvidándome de ayudarme a mí mismo. Me he dado cuenta, de que aquello que quería ofrecer a los demás era lo que yo más necesitaba. Los demás, hacen de espejo donde puedo ver mis propias necesidades.

Hoy, soy consciente de que mi propia salvación se convierte en el camino que me ha de llevar a salvar al mundo. No puede ser de otra manera, pues, entre el Yo y el Mundo, no hay separación, no hay diferencia. Si yo no me salvo, no podré salvar a mis hermanos. Si uno de mis hermanos, no se salva, mi salvación no es completa. Somos el Hijo de Dios.

La salvación del Hijo de Dios, pasa por recuperar la visión de la Inocencia. Es de vital importancia, que esta verdad se convierta en uno de los principales objetivos de nuestra vida. Ver el pecado en los demás, es proyectar nuestra propia creencia en el pecado.

Hoy proclamo el perdón de todos mis pensamientos y sentimientos erróneos. Proclamo mi inocencia y estoy dispuesto a compartir esa visión con mis hermanos.

Hoy proclamo que soy un Ser Divino, y que Soy Uno con Todo lo Creado. Soy tal como Dios me creó.

Ejemplo-Guía: "¿Cómo puedes salvar al mundo?"

Puede que te estés preguntando, al igual que yo, ¿cómo es posible salvar al mundo, cuando el Curso nos dice que este mundo no es real?

Pero como habrás intuido, la respuesta a esta cuestión va implícita en la misma pregunta, es decir, salvar al mundo significa tomar conciencia de que el mundo no es real. No hay que hacer nada a nivel externo, para salvar al mundo. No es cuestión de gestos. Si el mundo es el fruto de una visión que hace real lo ilusorio, lo que hay que cambiar es la causa de esa visión, esto es, el pensamiento que nos lleva a ver de una manera real, lo que no lo es.

La visión correcta que nos abrirás las puertas de la salvación de este mundo, es la que nos lleva a percibir de forma verdadera la identidad de dicho mundo. Cuando nuestros ojos dejen de dar valor a lo que percibimos externamente, el mundo dejará de ser un escenario de sufrimiento y castigo; de miedo y dolor, para convertirse en la tierra donde podremos dar testimonio de la verdad y donde cada experiencia será el testigo de nuestra realidad.

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones, no podemos dar lo que no tenemos. La afirmación "voy a salvar al mundo", es la afirmación correcta que se pronuncia en el reconocimiento de lo que realmente somos. Es como decir: "soy el Hijo de Dios, un Ser Espiritual y mi voluntad es expandir el Amor con el que he sido creado".

En ese reconocimiento, no nos encontramos solos. Ese reconocimiento es la aceptación de que somos uno con el resto de nuestros hermanos, con los cuales formamos la Filiación Divina. Esa visión es la causa que tendrá el efecto anunciado de salvar al mundo. Ello es posible, porque ver con esos ojos tan solo es posible cuando nos hemos salvado del mundo, cuando estamos liberados del sistema de pensamiento del ego que nos mantiene prisioneros del miedo. Podremos salvar al mundo, porque nos hemos salvado a nosotros mismos. Ahora estamos en condiciones de dar lo que tenemos y de recibir lo que damos, como un regalo compartido.

A partir de ahí, si nos complace, podremos tener gestos externos que testimonien de esa visión de unidad. Pero esos gestos estará libres de juicios condenatorios, es decir, no criticaremos las acciones que interpretemos como "malas", nos limitaremos a expandir nuestra luz allí donde sea necesario disipar la oscuridad.

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