martes, 15 de noviembre de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 320

LECCIÓN 320

Mi Padre me da todo poder.



1. El Hijo de Dios no tiene límites. 2Su fuerza es ilimitada, así como su paz, su júbilo, y todos los atributos con los que su Padre lo dotó en su creación. 3Lo que dispone con su Creador y Reden­tor se hace. 4Lo que su santa voluntad dispone jamás puede ser negado porque su Padre refulge en su mente, y deposita ante ella toda la fuerza y amor de la tierra y del Cielo. 5Yo soy aquel a quien todo esto se le da. 6Yo soy aquel en quien reside el poder de la Voluntad del Padre.

2. Tu Voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí. 2Tu Voluntad no tiene límites. 3Por lo tanto, a Tu Hijo se le ha dado todo poder.




¿Qué me enseña esta lección? 

La Voluntad es el Principio más elevado con el que Dios, nuestro Padre, nos ha dotado.

Hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza, lo que significa, que potencialmente, somos portadores de los Atributos Divinos.

Si utilizamos, nuestro poder volitivo, y lo ponemos al servicio de nuestro Padre, entonces, Su Voluntad y nuestra Voluntad vibrarán al unísono y todo cuanto emane de nosotros llevará el sello de la Eternidad, es decir, será verdadero.

Cuando nuestra Voluntad vibra al unísono con la Voluntad de nuestro Creador, estamos expandiendo a través de nuestra mente, la Visión Verdadera de la Unidad y de la Pureza. Ello significa que reconocemos en nuestros hermanos el sello sagrado de la Inocencia, símbolo de su condición Divina.

Gracias a la Voluntad, el Hijo de Dios tiene el poder de crear. Gracias a ese Principio, el Hijo de Dios ejerce su Libertad.

La cuestión que debemos plantearnos en el nivel en el que nos encontramos, es la siguiente: ¿qué uso hacemos de nuestra Voluntad?

Cuando tomemos consciencia del inmenso poder que encierra el acto volitivo, nuestras vidas ya no permanecerán estancadas en ningún escalón de la escalera evolutiva. Ya nada nos detendrá. Caminaremos firmes hacia la meta que Dios nos ha encomendado, hacia la Salvación.

Ejemplo-Guía: "¿Qué uso haces de tu poder divino, de tu voluntad?"

La voluntad, ya lo he adelantado, es el Principio más elevado con el que Dios nos ha creado. Su Creación responde a un acto de Voluntad. El acto de expandir Su Mente, es un acto de Voluntad. Tal es así, que podemos decir que somos Su Voluntad, somos Hijos de la Voluntad de Dios, lo que significa, que somos portadores de ese poder creador.

La voluntad podemos compararla con una semilla. Utilizar ese ejemplo, nos ayudará a conocer su potencial. Cuando utilizamos una semilla y la sembramos en tierra fértil, y la cuidamos adecuadamente, esa semilla nos dará sus frutos. Con ello queremos decir, que nuestras creaciones tienen su causa en la voluntad y ese Principio emana de nuestra Mente. Cuando el acto creador ha dado sus frutos y determinamos que es un buen fruto, podemos decir, que la Mente se ha puesto al servicio de la verdad, esto es, del Amor, de la Unidad.

Pero sabemos, que esa semilla podemos utilizarla inadecuadamente y proceder tal y como se describe en la parábola del sembrador (versión según Mateos):
13 Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.
2 Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.
3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
4 Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
5 Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;
6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
8 Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.
9 El que tiene oídos para oír, oiga.
Si no damos a nuestra voluntad -semilla- el impulso necesario, la continuidad necesaria, no alcanzará a arraigar en la tierra y los frutos se perderán. Si aplicamos este mensaje a nuestras vidas, tendremos que reflexionar sobre la causa a la que sirve nuestra voluntad, pues en ella va implícita nuestra Mente, mejor dicho, nuestros pensamientos.

Cuando la voluntad-semilla no sirve a la verdad, el fruto que cosecharemos no será agradable, será más bien, el fruto que abre nuestros ojos a una realidad ilusoria, como ese fruto que tras ser mordido por Eva, nos llevó al descubrimiento de nuestras desnudez y a ser expulsados del estado de comunión con nuestro Creador, representado por el Jardín del Edén.

La voluntad, la Mente, puede servir al Espíritu, a la verdad y entonces hablamos de la Mente Recta o puede servir al ego, al deseo, a la ilusión y entonces hablamos de la mente errada. 

En nuestras vidas, estamos experimentando permanentemente los efectos a los que nos ha llevado nuestra voluntad. La voluntad se convierte en el motor que crea o fabrica nuestra percepción.

El Curso dedica un apartado sobre la "pequeña dosis de buena voluntad" y nos revela, que cuando unimos esa dosis de voluntad a la Voluntad de Dios, experimentaremos el Instante Santo, donde tomamos consciencia de nuestra santidad, de nuestra verdadera identidad.


El Curso nos indica: No confíes en tus buenas intenciones, pues tener buenas intenciones no es suficiente. Pero confía implícitamente en tu buena voluntad, independientemente de lo que pueda presen­tarse. Concéntrate sólo en ella y no dejes que el hecho de que esté rodeada de sombras te perturbe.

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