sábado, 6 de julio de 2019

Cuento para Cáncer: "La Sentencia de Yesod - 1ª Parte"


La historia que a continuación vamos a narrar, no es una historia cualquiera. Tiene algo de particular, que sin pretenderlo se hace notar. 


Trata sobre una leyenda tan real como la vida misma, y sin embargo sus personajes, su contenido y colorido, nos trasladará a lo más alejado y profundo de nuestro ser, resucitando misteriosamente sentimientos y recuerdos que todos y cada uno de nosotros custodiamos celosamente en nuestras almas. 


Pero ahora,  preparémonos para viajar a ese mundo mágico de fantasía, donde la imaginación, en esta ocasión, dibujará una eterna y viva verdad. 


Cuenta la secreta leyenda de los tiempos que existió un pasado, tan remoto, que apenas si la memoria de la naturaleza guarda recuerdo de ello, en el que, el Espíritu vivía en profunda armonía y la paz gobernaba en todo el reino terrenal. Pero con el paso del tiempo, ese mismo Espíritu sentía que los días pasaban y nada parecía cambiar. Fue entonces, cuando decidió aventurarse y descubrir horizontes que le estaban prohibidos. 


Pudo más su afán incontrolado de conocimientos, y esta actitud provocó la furia del Guardián del Reino, siendo tal su indignación que decidió castigarle, despojándolo de la paz, de su armonía y de su unidad. 


A partir de aquellos días, una inmensa montaña emergió de las profundidades de la tierra y dividió el Reino en dos mitades. Desde entonces  habría día y noche. Los árboles y las plantas se cubrirían de flores en primavera, y perderían sus hojas en otoño. Y así, de este modo y con el paso de los años, se levantaron dos grandes pueblos. 


Uno de ellos, glorioso y magnánimo, gobernado por un rey joven y bondadoso, cuyo poder era semejante al de los Espíritus del Sol. 


Este apuesto rey gobernaba el reino de Tiphereth, centro de vida, y eran muchos los que caminaban hasta estas tierras en busca de la suprema eternidad. Aunque no todos conseguían recorrer airosos este sendero. 


Al otro lado de la gran montaña, se dibujaba el perfil de otro gran reino. Eran las tierras frías y duras de Malkuth, gobernadas por el Anciano de los días, un rey sabio y rico pues, era dueño de grandes tesoros y, entre todos ellos, custodiaba con especial interés, el más valioso de todos, el Arcano de la Experiencia. 


Dos grandes reinos eran sin duda, y en ellos se elaboraba la vida, no tan sólo la humana, sino también la de los animales, plantas y minerales. 


Pero sucedió -según cuenta la leyenda -, que ambos reyes se enamoraron de la más bella de las princesas y ambos quisieron desposarse con ella para convertirla, de este modo, en su Reina. 


Yesod, la princesa Luna, no sabia que decisión tomar, pues ambos pretendientes eran de su agrado. Así que pensó, que si pasaba una temporada en cada reino, tal vez al final podría tomar una decisión. 


Así lo dispusieron y ambos reyes, tanto Tiphereth como Malkuth, sellaron con su honor ese pacto, respetando en todo momento la estancia de la princesa en las tierras del reino vecino. 


Quiso Tiphereth ganar la admiración y simpatía de la princesa, mandando para ello un majestuoso séquito, a fin de recibir y  proteger a la princesa durante el viaje hasta su Reino. 


Doce jinetes en corceles blancos, custodiaron durante tres días a la princesa, la cual pareció muy complacida por la inocencia y pureza de aquellos hombres. 


Así, de este modo, el rey Tiphereth ocupó todo el tiempo en seducir y agasajar a Yesod, la princesa Luna, la cual era realmente difícil de complacer, dando muestras de poseer una personalidad muy cambiante y caprichosa. 


Pero el poder seductor que ejercía sobre el rey Tiphereth era tan grande que este no reparaba en gastos, ni detalles. 


Mientras tanto, más allá de la montaña, Malkuth enfermó, quedando sumido en una profunda angustia. 


Los obreros de su Reino apenas si tenían materiales para poder trabajar. Ellos conocían sus trabajos a la perfección, pero carecían de los elementos con los que poder edificar. 


Poco a poco, Malkuth y todo su Reino fue perdiendo poder, y sus habitantes fueron quejando petrificados y sedientos de experiencias. 


Aquella situación no podía continuar, y así  lo entendió Malkuth. Fue ese sentimiento de rebeldía, lo que le llevó a tomar aquella decisión. 


  • Declararé la guerra a Tiphereth, y pobre de él si no acepta mis condiciones - sentenció enfurecido el viejo constructor-.
Y de este modo, Malkuth envió a un mensajero hasta las tierras del majestuoso Tiphereth, y cuando éste leyó el mensaje y lo hizo público, todos comprendieron que tampoco ellos estaban dispuestos a ceder a las amenazas del Anciano de los días, por lo que su decisión sería quedarse con la princesa Yesod, a la que protegería y engendraría vida para ellos. 


Pero antes deberían cumplir su parte del pacto, y en respeto a ello, la princesa Yesod se aventuró durante una larga temporada en las tierras de Malkuth, donde sería recibida tan magnánimamente, que no pudo evitar la princesa quedar prendada de tanta riqueza y opulencia. 


Mientras esto ocurría en Malkuth, allá en las tierras de luz de Tiphereth, los Espíritus de la vida veían cómo su poder, la luz, disminuía, se reducía cada vez que la princesa cedía a los encantos de Malkuth. 


Aquella situación se hacia insostenible y así lo entendió Tiphereth, el cual viendo que los habitantes de su reino, demoraban su crecimiento, presentó batalla a su Reino rival. 


Un mensajero llevó hasta Malkuth noticias de Tiphereth y, cuando fueron éstas conocidas y hechas públicas, ningún habitante de Malkuth, incluido su Rey, estaban dispuestos a complacer al rey vecino, al que, desde ese momento consideraron un rey enemigo. 


La desgracia parecía ceñirse sobre aquellos dos Reinos. 


Ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder su primacía sobre Yesod, la princesa Luna. 


Tiphereth pretendía, que gracias al reflejo que proyectaba el bello rostro de Yesod, su espíritu pudiera reconocer la Verdad sin necesidad de tener que penetrar en la fría y solida atmósfera de Malkuth, donde la verdad se hace piedra para poder reconocerla. 


En cambio, Malkuth pretendía adueñarse y ganar la simpatía de Yesod, Luna pues, así conseguiría, que el poder gestador de la princesa Luna, alimentase su tierra con nuevas vidas, con nuevas experiencias. 


Ambos tenían algo por lo que luchar, pero no acababan de comprender, que de nada les valdría entrar en discordia sin contar con la aprobación de Yesod. 


Así fue, como la princesa tomó partido en el asunto y tras unos días de reflexión, convocó a  los dos reyes a los que comunicó su decisión. 
  • Los dos me amáis profundamente, y vuestro amor es compartido por mí. Ahora bien, no podré permanecer eternamente en un Reino y dejar al otro sin mi amor. Mi deseo es que cada uno de vosotros deis muestra de vuestro valor, así podré conoceros y hacer una justa elección.
  • Y ¿qué debemos hace para demostrar nuestro valor? –preguntó inquieto Malkuth-.
  • Nada que no esté a vuestro alcance. Recibiréis a los Seis Magnos embajadores y escucharéis lo que tienen que deciros. Deberéis dar respuestas a cada uno de ellos. De vuestras respuestas dependerá mi decisión final.
Y todos quedaron conforme con aquella propuesta. 


No tardó en llegar el día, en el que el primer embajador se presentó en el punto convenido. 


·         Soy Hochmah, embajador de la Sabiduría y del Amor. Dejadme que os cuente mi mensaje. 


“Hubo una mujer joven que no podía tener descendencia y por esta causa era desgraciada, hasta tal punto que perdió las ganas de vivir. Aún hoy es presa de su dolor. ¿Qué me recomendáis que haga para liberar a esta desgraciada mujer?”. 


Tras una breve pausa, en la que ambos reyes reflexionaron, tuvo lugar la intervención de Tiphereth. 
  • Sin duda, esta mujer ha olvidado su verdadero origen y no comprende que detrás de la forma física, yace oculta una fuerza verdadera, la del espíritu. Desde mi trono, donde la luz ilumina a los desamparados, acercaría hasta ella un estímulo nuevo y renovador. Le hablaría de la fecundidad del espíritu. La invitaría a abrir su corazón al amor compartido con los demás. Tener un hijo no es el único bien que puede ofrecer a la vida. Ella puede sentirse viva y útil, dando y entregando cuanto es, desinteresadamente, a los que necesiten ayuda. Es la única manera de encontrar consuelo en esos momentos de aflicción.
El embajador de Hochmah tomó nota de cuanto Tiphereth le dijo y, dirigiendo su mirada hasta Malkuth, le invitó a tomar la palabra. 
  • Ser estéril es una dura prueba para una mujer, pero en mis archivos de experiencia he podido encontrar, que si en verdad hay amor en esta mujer, bien pudiera realizar su afán de maternidad. Hay muchos niños sin padres que son abandonados. Ella podría ocupar y cubrir el desespero de esos niños, y así compartir su alegría con ellos. Es un modo de ser fecunda. Es una solución inteligente y comprensiva.
  • He sido muy complacido en mi pregunta. En vuestro nombre haré llegar el mensaje que habéis dado al embajador de Hochmah. Quedad en armonía –de este modo se despedía aquel supremo maestro-.
Inmediatamente, un nuevo embajador anunciaba su llegada y no taró en presentarse ante ambos reyes, los que quedaron en espera de recibir la presentación del nuevo emisario. 

  • Soy Binah, embajador de la Inteligencia y de la Ley. Recibid ahora mi mensaje. 

“Hubo una vez un hombre celoso y temeroso de Dios, y un buen día se desposó con una bella joven. Pero era tanta su fidelidad a la creencia que abrigaba de las leyes de Dios, que guardó castidad en sus relaciones. Al poco tiempo su esposa le abandonó y él perdió su fe. ¿Quién desea comenzar? -preguntó amablemente el embajador de Binah-“. 

  • Lo haré Yo - contestó Tiphereth-. A veces el hombre se ciega al contemplar desde muy cerca los divinos rostros de Dios. Este hombre comete un error por exceso de amor a Dios, pero su alma, su esposa, no le acompaña en ese ideal de pureza. Por lo que habría que inspirarle que el amor por su esposa debe prevalecer, al amor que siente por su propio Dios. De este modo, algún día, con la fuerza de su fe, ganará la atención de su esposa, la cual andará ese camino de pureza junto a él.
  • Bien, Malkuth, ¿cuál es tu opinión? -interrogaba el embajador de la ley-.
  • No es difícil reconocer en mi Reino la verdad, puesto que ésta aparece muy visible para todos. Las acciones nos llevan a demostrar, lo acertado de nuestras ideas. Así, observamos que si nuestros ideales no encuentran una tierra fecunda, en este caso la esposa, debemos hacer lo posible por bajar a esa tierra y trabajarla, pues de este modo se hará fértil con nuestros esfuerzos. Este hombre debe sacrificar su temor a Dios, y no permitir que su esposa le abandone. 


Y Binah tomó nota de cuanto fue expuesto, cuando ya se anunciaba la llegada del nuevo embajador. 

  • Soy Hesed, embajador del Poder. 

Y así, sucesivamente, fueron llegando los embajadores, unos tras otros hasta completar un total de seis, como anunciara Yesod, la princesa Luna.


Tras Hesed, llegó Gueburah, embajador de la Justicia, y más tarde lo hicieron Netzah, embajador de la Belleza y por último Hod, embajador de la Verdad. 


Todos ellos expusieron sus mensajes y dialogaron con los dos reyes recogiendo fielmente sus respuestas. 


Ya todo estaba preparado y en manos de Yesod. Sin duda Tiphereth y Malkuth habían puesto de manifiesto lo mejor de si mismos. 


Tiphereth esperaba ganar la contienda, aquel duelo ideado por la princesa Luna. 


El joven Tiphereth, majestuoso y magnánimo, había heredado de su padre el poder de la luz y con este poder alimentaba la vida de  cada ser viviente. 


Su presencia era necesaria pues, de lo contrario nada tendría vida, nada podría existir. En las moradas de su Reino se albergaban numerosas tropas de espíritus que esperaban recibir el alimento necesario para convertirse ellos mismos en Reyes. Aquel Reino era como una gran escuela donde cualquier aspirante al Trono Superior podía recibir el conocimiento necesario. 


Por su parte, el Anciano de los Días, sabio y dotado de una brillante inteligencia práctica, velaba por los intereses de su Reino, pues los habitantes que hasta él llegaban no habían logrado cubrir airosamente el sendero que les haría quedar libre de la experiencia.


En Malkuth, todos cuantos llegaban a su frontera, debían pagar un precio considerable por aprender la lección que de otro modo no aprendieron. Pero Malkuth sabía que sin Yesod, sin la ayuda de la princesa Luna, su tierra quedaría huérfana y solitaria. 


Ambos Reyes tenían importantes razones para luchar por obtener la victoria, y ahora todo estaba en manos de Yesod.


Continuará...

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 187

LECCIÓN 187

Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo.

1. Nadie puede dar lo que no tiene. 2De hecho, dar es la prueba de que se tiene. 3Hemos hecho mención de esto anteriormente. 4Mas no es eso lo que hace que sea difícil de creer. 5Nadie duda de que primero se debe poseer lo que se quiere dar. 6Es en la segunda parte de la afirmación donde el mundo y la percepción verdadera difieren. 7Si has tenido y has dado, el mundo afirma que has perdido lo que poseías. 8La verdad mantiene que dar incrementa lo que posees.

2. ¿Cómo va a ser posible esto? 2Pues es seguro que si das una cosa finita tus ojos físicos dejarán de percibirla como tuya. 3No obstante, hemos aprendido que las cosas sólo representan los pen­samientos que dan lugar a ellas. 4Y no careces de pruebas de que cuando compartes tus ideas, las refuerzas en tu propia mente. 5Tal vez la forma en que el pensamiento parece manifestarse cambie al darse. 6No obstante, éste tiene que retornar al que lo da. 7Y la forma que adopte no puede ser menos aceptable. 8Tiene que ser más.

3. Las ideas tienen primero que pertenecerte antes de que las pue­das dar. 2Y si has de salvar al mundo, tienes que primero aceptar la salvación para ti mismo. 3Mas no creerás que ésta se ha consu­mado en ti hasta que no veas los milagros que les brinda a todos aquellos a quienes contemples. 4Con esto, la idea de dar se clari­fica y cobra significado. 5Ahora puedes percibir que al dar, tu cau­dal aumenta.

4. Protege todas las cosas que valoras dándolas, y así te asegura­rás de no perderlas nunca. 2Y con ello queda demostrado que lo que no creías tener te pertenece. 3Mas no le atribuyas valor a su forma. 4Pues ésta cambiará, y con el tiempo no será reconocible por mucho que trates de conservarla. 5Ninguna forma perdura. 6El pensamiento tras la forma de todo es lo que es inmutable.

5. Da gustosamente, 2pues con ello sólo puedes beneficiarte. 3El pensamiento sigue vivo y su fuerza aumenta a medida que se refuerza al darse. 4Los pensamientos se extienden al compartirse, pues no se pueden perder. 5No hay un dador y un receptor en el sentido en el que el mundo los concibe. 6Hay un dador que con­serva lo que da, y otro que también habrá de dar. 7Y ambos ganarán en este intercambio, pues cada uno de ellos dispondrá del pensamiento en la forma que le resulte más útil. 8Lo que aparen­temente pierde es siempre algo que valorará menos que aquello que con toda seguridad le será devuelto.

6. Nunca olvides que sólo te das a ti mismo. 2El que entiende el significado de dar, no puede por menos que reírse de la idea del sacrificio. 3Tampoco puede dejar de reconocer las múltiples for­mas en que se puede manifestar el sacrificio. 4Se ríe asimismo del dolor y de la pérdida, de la enfermedad y de la aflicción, de la pobreza, del hambre y de la muerte. 5Reconoce que el sacrificio sigue siendo la única idea que yace tras todo esto, y con su dulce risa todo ello sana.

7. Una vez que una ilusión se reconoce como tal, desaparece. 2Niégate a aceptar el sufrimiento, y eliminarás el pensamiento de sufrimiento. 3Cuando eliges ver todo sufrimiento como lo que es, tu bendición desciende sobre todo aquel que sufre. 4El pensa­miento de sacrificio da lugar a todas las formas que el sufrimiento aparenta adoptar. 5Mas el sacrificio es una idea tan demente que la cordura la descarta de inmediato.

8. Jamás creas que puedes hacer sacrificio alguno. 2No hay cabida para el sacrificio en lo que tiene valor. 3Si surge tal pensa­miento, su sola presencia demuestra que se ha cometido un error, el cual es necesario corregir. 4Tu bendición lo corregirá. 5Habién­dosete dado a ti primero, ahora es tuya para que tú a tu vez la des. 6Ninguna forma de sacrificio o de sufrimiento puede preva­lecer por mucho tiempo ante la faz de uno que se ha perdonado y bendecido a sí mismo.

9. Las azucenas que te ofrece tu hermano se depositan ante tu altar, junto con las que tú le ofreces a él. 2¿Quién podría tener miedo de contemplar una santidad tan hermosa? 3La gran ilusión del temor a Dios queda reducida a la nada ante la pureza que aquí has de contemplar. 4No tengas miedo de mirar. 5La bendición que has de contemplar eliminará todo pensamiento de forma, y en su lugar dejará allí para siempre el regalo perfecto, el cual aumentará eternamente, será por siempre tuyo y será por siempre dado.

10. Ahora somos uno en pensamiento, pues el miedo ha desapare­cido. 2Y aquí, ante el altar a un solo Dios, a un solo Padre, a un solo Creador y a un solo Pensamiento, nos alzamos juntos como el único Hijo de Dios. 3No estamos separados de Aquel que es nuestra Fuente ni distanciados de los hermanos que forman parte de nuestro único Ser, Cuya inocencia nos ha unido a todos cual uno solo, sino que nos alzamos en gloriosa bendición y damos tal como hemos recibido. 4Tenemos el Nombre de Dios en nuestros labios. 5Y cuando miramos en nuestro interior, vemos brillar la pureza del Cielo en nuestro reflejo del Amor de nuestro Padre.

11. Ahora somos bendecidos y ahora bendecimos al mundo. 2Que­remos extender lo que hemos contemplado porque queremos verlo en todas partes. 3Queremos verlo refulgir con la gracia de Dios en todos nuestros hermanos. 4No queremos que se le niegue a nada de lo que vemos. 5Y para cerciorarnos de que esta santa visión es nuestra, se la ofrecemos a todo lo que vemos. 6Pues allí donde la veamos, nos será devuelta en forma de azucenas que podremos depositar sobre nuestro altar, convirtiéndolo así en un hogar para la Inocencia Misma, la cual mora en nosotros y nos ofrece Su Santidad para que sea nuestra.


¿Qué me enseña esta lección?

¿Acaso se puede dar lo que no se tiene?

La falsa creencia del ego en la necesidad, encuentra su origen en pensar que cuando se da se pierde lo que damos. Esta visión refuerza la idea en la separación, y en la medida en que intentamos conservar lo que tenemos, nos sentimos más separados.

Cuando doy lo que tengo, lo que verdaderamente estoy haciendo es extendiendo mi ser y a este acto, se le conoce como crear. Cada vez que creamos, nuestra propia creación se encargará de retornarnos sus frutos. No podemos olvidar que la energía, el pensamiento, siempre sigue a su fuente.

Cuando mi visión me lleva a ver la Unidad, es decir, cuando soy Uno con todos mis hermanos, el acto de dar al otro, significa realmente que me estoy dando a mi mismo.

Cada acto de dar o de crear, me hace abundante, pues cuanto más doy más tengo.

Si cada uno de mis pensamientos los impregno de gratitud y los bendigo, al compartirlo con el mundo, esa gratitud y bendición se verá multiplicada y todo a nuestro alrededor gozará de esa Plenitud.


Ejemplo-Guía: "La ilusión de perder, aquello que damos"

¡Dios!, que Lección. Me ha llenado tanto, que no he podido evitar compartir con vosotros esta sensación. Es como si en su enseñanza hubiese reconocido un mensaje esencial que ha de acercarme un poco más hacia la meta, la única meta, formar parte del Plan de Salvación dispuesto por nuestro Padre para su Hijo.

En mi sueño, las vivencia de generosidad se convierten en un proceso de aprendizaje al que le presto mucha atención. Esto es así, porque a lo largo de mi vida me he identificado falsamente con una creencia comúnmente compartida, la de la necesidad y la escasez. Esta creencia, nos lleva a ser muy cautelosos con aquello que poseemos en el terreno material, pues pensamos que si damos lo que tenemos, lo perderemos.

En este sentido, y si establecemos una línea de reflexión sobre esa creencia errónea, siempre he tenido una visión de mi generosa en otros campos. Por ejemplo, en compartir mis conocimientos. En este sentido, he de confesar, que incluso he tenido que suavizar el tono juicioso que condena a aquellos que ponen precio a lo que difunden.

Es evidente, que se trataba de un conflicto interno muy sutil. Ese conflicto me estaba describiendo una realidad bien distinta a la opinión que me llevaba a considerarme una persona desprendida a la hora de dar mis conocimientos. Es una contrariedad el tener la capacidad para dar y en cambio emitir un juicio condenatorio al modo en cómo se da. Es como si le pudiéramos poner una condición al hecho de dar.

Hoy mi visión es diferente. Hoy se que es dando como únicamente puedes conservar lo que tienes. Pero lo más importante, y que va más allá del hecho en si mismo de dar, es que en verdad, no podemos dejar de ser lo que somos,cuando descubrimos esa verdad, es decir, cuando tienes la humilde certeza de que eres Hijo de Dios, entonces el Amor se convierte en nuestra única condición y todos nuestros actos son la manifestación de ese Amor. El Amor es dar y recibir.

¿Cuál es el límite a la hora de dar? Si nos hacemos esta pregunta, no habremos comprendido el mensaje anterior. El Amor no se habrá convertido en nuestra condición, pues el Amor no tiene límites. ¿Acaso Dios puede tener límites?

Podemos plantearnos esta cuestión desde otro punto de vista.  El Amor no pertenece a este mundo. Si así fuese, no estaríamos debatiendo este tema. No existiría la división, la separación, el dolor, el sufrimiento, la necesidad, el sacrificio, la enfermedad, la muerte. Pero, siendo nuestra esencia verdadera, podemos recordar su verdadero significado: la Unidad. Desde ese recuerdo, dentro del escenario del sueño en el que permanecemos, podemos elegir experimentar el sueño del Amor, y para hacerlo, desplegamos su reflejo dentro del mundo de la ilusión, el perdón. Esa es nuestra Función en el Plan de Salvación, perdonar. Como no podemos dar lo que no tenemos, debemos perdonarnos a nosotros mismos, y de este modo lo conservaremos como un estado que se expandirá a nuestro alrededor.

Para mi esta Lección es maravillosa. Una invitación a la liberación y al encuentro con la Paz. Es desde la Fuente, desde el pensamiento, donde la voluntad de dar debe emanar. Es en esa Fuente donde nos fundimos con nuestro Creador. Desde esa Fuente, nada nos falta. Lo contrario, una visión de escasez, es una visión diferente de la Fuente.

Tenemos miedo a perder lo que damos, pues le damos valor a lo material, pensando que nuestra felicidad procede de esa fuente. Pero no es así. Tan solo tendremos que observar el deterioro de lo que tenemos en el plano de la forma, para darnos cuenta de que poner nuestra felicidad en manos de estas posesiones, no puede llevarnos a otro sitio que a la frustración. En verdad, es el pensamiento de apego a estas ilusiones, lo que nos lleva a temer a perder, cuando en verdad, esto es imposible, pues cada vez que da damos al mundo, es a nuestro mundo, al que damos, esto es, a nosotros mismos. ¿Te vas a privar de recibir lo que eres?

Reflexión: ¿Pierdes aquello que das?

viernes, 5 de julio de 2019

Oración del Padre Nuestro (X)

Malkuth: “Haznos perfectos, como tú eres perfecto”.

Si tuviésemos que describir el concepto “perfecto”, lo primero que tendríamos que determinar, es que dicho atributo tan sólo podemos atribuírselo a la Divinidad.
Desde el punto de vista de nuestra conciencia individual, el concepto “perfección” es un ideal, una visión que marca la dirección de nuestros objetivos, de nuestro trabajo espiritual. Por lo tanto, la perfección, tan sólo podemos comprenderla desde el punto de vista de los atributos espirituales.
Podemos hablar de los Principios Primordiales, Kether-Hochmah y Binah, para expresar la Voluntad, el Amor y la Inteligencia Activa. Cada uno de esos atributos dirigen los trabajos de los tres Grandes Planos donde se desarrolla la Conciencia, el Plano Mental, el Plano Emocional y el Plano Etérico.
La perfección se pone de manifiesto cuando existe pleno equilibrio y plena armonía entre estos tres Planos, o lo que es lo mismo, que el pensamiento y el sentimiento sean capaces de trabajar en armonía. Esa es la perfección.
Actualmente, la Oleada de Vida Humana, ya lo hemos visto en otra parte de estas enseñanzas, se encuentra en el 4º Día de la Creación. El Centro Cabalístico activo es Malkuth o Plano Material. Gracias a este Centro de Conciencia, la energía se hace tangible, adoptando ropajes físicos, cuya vibración es la más densa.

En Malkuth, las energías procedentes de los demás Centros se cristalizan, se consolidan y adoptan una expresión que da lugar a la experiencia. De este modo, tomamos plena conciencia de ella. En Malkuth, el proyecto ideado por el arquitecto da lugar a la construcción del edificio, el mismo que fue trazado en un plano, de este modo el “creador” tomará conciencia de la eficacia de su obra.
Cuando solicitamos a nuestro creador “Haznos perfectos, como tú eres perfecto”, se está refiriendo a la perfección que anunciábamos antes, es decir, que en el mundo práctico, podamos hacer realidad lo que nuestro Pensamiento y Sentimiento ha concebido en armonía.
Cada vez que hacemos uso de nuestro poder creador, lo hacemos con la intención de alcanzar un logro a nivel material, sin embargo, no siempre nuestras acciones son portadoras de resultados armoniosos, si no que alteran la realidad en la que vivimos.
Aún nos queda mucho camino por recorrer. Actualmente, el vehículo más evolucionado es el cuerpo físico, es el más perfeccionado. Sin embargo, el cuerpo emocional y el cuerpo mental, aún están muy inmaduros, lo que da lugar a situaciones en las que no existe armonía entre ambos vehículos.
En la medida en que elevamos esta petición, estamos pidiendo que se produzca un mayor dominio en lo relativo a nuestros deseos y a nuestros pensamientos.
Hoy por hoy, cada vez se es más consciente de que el hombre es copartícipe de la realidad que experimenta. Que el Pensamiento es creador, ya no es algo desconocido. En la medida en que se vaya creciendo anímicamente, la perfección de los vehículos será cada vez mayor y entonces, aquello que veamos manifestado en el Plano Físico será, la viva imagen de lo emanado mentalmente.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 186

LECCIÓN 186

De mí depende la salvación del mundo.

1. Ésta es la afirmación que algún día habrá de erradicar de toda mente todo vestigio de arrogancia. 2Éste es el pensamiento de la verdadera humildad, que no te adjudica ninguna otra función, excepto la que se te ha encomendado. 3Dicho pensamiento supone tu aceptación del papel que te fue asignado, sin insistir en que se te asigne otro. 4No se detiene a considerar qué papel es el que es adecuado para ti. 5Tan sólo reconoce que la Voluntad de Dios se hace tanto en la tierra como en el Cielo. 6Une a todas las volunta­des de la tierra en el plan celestial para la salvación del mundo, y les restituye la paz del Cielo.

2. No nos opongamos a nuestra función. 2No fuimos nosotros quienes la establecimos. 3No fue idea nuestra. 4Se nos han propor­cionado los medios para llevarla a cabo perfectamente. 5Lo único que se nos pide es que aceptemos nuestro papel con genuina humildad, y que no neguemos con un aire de falsa arrogancia que somos dignos de él. 6Poseemos la fuerza necesaria para hacer lo que se nos pide llevar a cabo. 7Nuestras mentes están perfecta­mente capacitadas para desempeñar el papel que nos asignó Uno que nos conoce bien.

3. Mientras no entiendas su significado, puede que la idea de hoy te parezca muy ardua. 2Lo único que dice es que tu Padre te recuerda todavía y te ofrece la perfecta confianza que tiene en ti, Su Hijo. 3No te pide que seas diferente de como eres en modo alguno. 4¿Qué otra cosa sino esto podría pedir la humildad? 5¿Y qué otra cosa sino esto podría negar la arrogancia? 6Hoy no deja­remos de cumplir nuestro cometido con la engañosa excusa de que es un insulto a la modestia. 7Es el orgullo el que se niega a responder a la Llamada del Propio Dios.

4. Hoy dejaremos a un lado todo vestigio de falsa humildad para poder escuchar la Voz de Dios revelarnos lo que desea que haga­mos. 2No pondremos en duda nuestra capacidad para llevar a cabo la función que Él nos ofrezca. 3Sólo estaremos seguros de que Él conoce nuestras fuerzas, nuestra sabiduría y nuestra santi­dad. 4Y si Él nos considera dignos, es que lo somos. 5Es sólo la arrogancia la que opina de otra manera.

5. Hay una manera, y sólo una, de liberarte del encarcelamiento al que te ha llevado tu plan de probar que lo falso es verdadero. 2Acepta en lugar de él el plan que tú no trazaste. 3No juzgues si eres o no merecedor de él. 4Si la Voz de Dios te asegura que la salvación necesita que tú desempeñes tu papel y que la totalidad depende de ti, ten por seguro que así es. 5Los arrogantes tienen que aferrarse a las palabras, temerosos de ir más allá de ellas y de experimentar lo que podría poner en entredicho su postura. 6Los humildes, en cambio, son libres para oír la Voz que les dice lo que son y lo que deben hacer.

6. La arrogancia forja una imagen de ti que no es real. 2Ésa es la imagen que se estremece y huye aterrorizada cuando la Voz que habla por Dios te asegura que posees la fuerza, la sabiduría y la santidad necesarias para ir más allá de toda imagen. 3Tú, a dife­rencia de la imagen de ti mismo, no eres débil. 4No eres ignorante ni impotente. 5El pecado no puede mancillar la verdad que mora en ti, ni la aflicción puede acercarse al santo hogar de Dios.

7. Esto es lo que te dice la Voz que habla por Dios. 2Y según Él te habla, la imagen se estremece e intenta atacar la amenaza que le resulta desconocida; al sentir que sus cimientos se derrumban. 3Abandónala. 4La salvación del mundo depende de ti, y no de ese pequeño montón de polvo. 5¿Qué podría esa imagen decirle al santo Hijo de Dios? 6¿Por qué tiene él que preocuparse por ella en absoluto?

8. Y así hallamos nuestra paz. 2Aceptaremos la función que Dios nos encomendó, pues toda ilusión descansa sobre la absurda creencia de que podemos inventar otra función para nosotros. 3Los papeles que nosotros mismos nos hemos auto-otorgado son inestables y parecen oscilar entre la aflicción y la dicha extática del amor y de amar. 4Podemos reír o llorar, recibir el día de buen grado o bien recibirlo con lágrimas. 5Nuestro propio ser parece cambiar según experimentamos múltiples cambios en nuestro estado de ánimo, y nuestras emociones nos remontan hacia lo alto o nos estrellan contra el suelo sumiéndonos en la desolación.

9. ¿Es éste el Hijo de Dios? 2¿Habría podido Él crear semejante inestabilidad y llamarla Su Hijo? 3Aquel que es inmutable com­parte Sus atributos con Su creación. 4Ninguna de las imágenes que Su Hijo aparenta forjar afecta lo que él es. 5Dichas imágenes revolotean por su mente como hojas arrastradas por el viento, que forman diseños fugaces y se desbandan para volverse a agrupar hasta finalmente dispersarse. 6O como los espejismos que se ven en el desierto.

10. Estas imágenes insustanciales desaparecerán y dejarán tu mente libre y serena cuando aceptes la función que se te ha enco­mendado. 2Las imágenes que fabricas sólo dan lugar a metas con­flictivas, transitorias y vagas, inciertas y ambiguas. 3¿Quién podría mantener un esfuerzo constante o poner todas sus energías y empeño en metas como éstas? 4Las funciones que el mundo tiene en gran estima son tan inciertas, que aun las más sólidas cambian por lo menos diez veces por hora. 5¿Qué se puede esperar de metas como éstas?

11. Como bello contraste, tan seguro como el retorno del sol cada mañana para disipar la noche, tu verdadera función se perfila clara e inequívocamente. 2No hay duda acerca de su validez. 3Pues procede de Uno que no conoce el error y Cuya Voz está segura de Sus mensajes. 4Éstos nunca cambiarán ni estarán en conflicto. 5Todos ellos apuntan hacia un solo objetivo, el cual pue­des alcanzar. 6Puede que tu plan sea imposible, pero el de Dios jamás puede fracasar porque Él es su Fuente.

12. Haz lo que la Voz de Dios te indique. 2Y si te pide que hagas algo que parece imposible, recuerda Quién es el que te lo pide y quién el que quiere negarse. 3Luego considera esto: ¿Quién de los dos es más probable que esté en lo cierto, 4la Voz que habla por el Creador de todas las cosas y que las conoce exactamente como son, o la distorsionada imagen de ti mismo, que es inconsistente y está confundida, perpleja e insegura de todo? 5No permitas que su voz te dirija. 6Oye en su lugar una Voz que es inequívoca y que te habla de la función que te encomendó tu Creador, Quien te recuerda y te exhorta a que te acuerdes de Él ahora.

13. Su dulce Voz llama desde lo conocido a lo que no conoce. 2Él quiere consolarte, aunque no conoce el pesar. 3Él quiere hacer una restitución, si bien goza de absoluta plenitud. 3Él quiere hacerte un regalo, si bien sabe que ya lo tienes todo. 4Él tiene Pensamientos que satisfacen cualquier necesidad que Su Hijo perciba, si bien Él no las ve. 5Pues el Amor sólo puede dar, y lo que se da en Su Nombre se manifiesta en la forma más útil posible en un mundo de formas.

14. Ésas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proce­den de la Amorfía Misma. 2El perdón es una forma terrenal de amor, que, como tal, no tiene forma en el Cielo. 3No obstante, lo que aquí se necesite, aquí se concederá. 4Valiéndote de esta forma puedes desempeñar tu función incluso aquí, si bien el amor sig­nificará mucho más para ti cuando se haya restaurado en ti el estado de amorfía. 5La salvación del mundo depende de ti que puedes perdonar. 6Ésa es tu función aquí.


¿Qué me enseña esta lección?


Esta lección, me enseña dos aspectos de especial valor en el proceso de crecimiento de la consciencia:
·         La Libertad.
·         La Voluntad.

Si Dios fuese cruel y vengativo, tal y como lo ve el ego, ¿qué sentido tendría que no pudiese intervernir en nuestro destino para llevarnos de una manera obligatoria a la salvación? Es más, si hemos sido creados a Su Imagen y Semejanza, si hemos gozado de su Unidad, ¿cómo es que nos hemos podido escindir de ese Estado?

La respuesta es obvia. Gozamos del Principio de la Libertad y del Principio de la Voluntad y Dios respeta los Principios de su Creación. No puede interferir en las decisiones que tomamos individualmente. Somos nosotros y tan sólo nosotros los que fabricamos el error o los que creamos la Verdad.

Desde este punto de vista, Dios es nuestro Referente. Es la Verdad en la que debemos inspirarnos. Nosotros como padres en el mundo físico, pretendemos dejar esa huella en nuestros hijos. Nuestro ejemplo se convierte en lecciones que nuestro descendiente asimila e integra en su conciencia, llevándole a actuar, si así lo decide, de acuerdo a esos preceptos.

De nuestra Voluntad depende la Salvación, y esto es así, pues ese ha sido el ejemplo que nos ha inspirado nuestro Padre. Él es Todo Amor y ese Valor se convierte en el camino que ha de llevarnos a la Salvación. El Amor nos llevará a ver la Unidad que nos mantiene unidos y formando parte de la Filiación. El Amor nos liberará del miedo y nos abrirá las puertas donde el perdón, sustituirá al castigo, dejando de ser el sufrimiento y el dolor, los antídotos que calmarán nuestra sed de culpa.

Para poder salvar al mundo, previamente tendremos que salvarnos a nosotros mismos, pues no podemos dar lo que no tenemos. La Visión de la Unidad es nuestra propia salvación. Al compartir esa Visión con nuestros Hermanos, es como contribuiremos a la Salvación del mundo.

Ejemplo-Guía: "Me creo un pecador y tan solo alguien santo me puede salvar"

La falsa creencia de que Dios nos expulsó del Paraíso Terrenal, de que estamos separados de nuestra Fuente, de nuestro verdadero Hogar, nos lleva a tener una visión errónea de nosotros mismos. Nos juzgamos pecadores y merecedores de todos los castigos que la "divinidad" nos manda como prueba para que nos ganemos nuestra salvación. De este modo, el dolor es deseado, el sufrimiento es confundido con un acto de amor redentor y la felicidad es negada por pensar que no somos merecedores de ella.

Bajo esa visión, hemos instituido nuestra dualidad interna en los esquemas sociales. De este modo, proyectamos nuestra santidad en aquellas personas que consideramos dignos de ser llamados Santos, maestros de dios, y asumimos el rol de pecadores, complaciéndonos en los dogmas y doctrinas promulgados por aquellos a los que hemos otorgado la condición de santos.

Fruto de nuestra ignorancia, elevamos nuestro error al nivel de la arrogancia, asumiendo que la función de la Salvación tan solo puede proceder de la santidad. Con ello, lo que estamos proclamando, es nuestra condena a permanecer prisionero del pecado y poniendo en manos de lo externo el camino que nos ha de llevar hasta la salvación. Siguiendo esa voz pecaminosa, nos lanzamos a la búsqueda de las condiciones que han de permitirnos encontrar a la persona, al santo, a la reliquia sagrada, al lugar mágico, que ha de liberarnos del pecado y aportarnos la salvación.

La Lección de hoy nos enseña, una vez más, que somos tal y como Dios nos ha creado, impecables, amorosos y dotados de una inteligencia que ha de permitirnos reconocer nuestro origen, de reconocer que somos Dioses en formación. Esa visión, lejos de ser un sacrilegio, se convierte en nuestra verdad, una verdad basada en una evidencia lógica que toda mente pura puede comprender: si Dios es Uno, su Pensamiento también lo será; si Dios es Amor, su Pensamiento también lo será; si Dios es Perfecto, Pleno y Abundante, su Pensamiento también lo será.¿Acaso su Hijo no es la emanación de Su Pensamiento? ¿Cómo puede ser su Hijo diferente al Padre?

Con la visión ilusoria de la separación, con la visión errónea de que somos un cuerpo, nos acompaña la falsa creencia en que no somos merecedores del Amor del Padre y ese desmerecimiento, se ha inscrito en nuestro inconsciente colectivo, llevándonos a proyectar permanentemente un mundo basado en el código, en el programa de la redención por la vía del sufrimiento y del dolor.

Reflexionemos desde nuestro corazón. Como padre, ¿castigarías a tu hijo por hacer uso de los atributos, de los dones, con los que lo has creado? ¿No sería más lógico, que amorosamente le dijeras, hijo, despierta tan solo es un sueño. Tú no puedes crear algo contrario a lo que eres, tan solo has creído que lo has hecho?

De mi depende la salvación del mundo. En verdad es el mundo que he fabricado y en el que me veo como un pecador, por haberlo fabricado. Tan solo yo puedo deshacer lo que he creído fabricar. En el sueño, he depositado ese poder en otros, pero ahora, consciente de lo que soy, tomo esa iniciativa y en cada sueño adopto el rol de soñador.

Comienzo la labor de salvación del mundo proclamando mi inocencia, mi impecabilidad, mi unidad con la Filiación. Dejo el juicio condenatorio y en su lugar, me dejo llevar por la Voz del Espíritu Santo, la cual me guía con la certeza del Programa que ha de llevarme de retorno al verdadero Hogar.

En ese camino de retorno, tú me acompañas.

Reflexión: La afirmación "somos Dios en formación" ¿te produce humildad o arrogancia?

jueves, 4 de julio de 2019

Oración del Padre Nuestro (IX)

Yesod: “No nos induzcas en tentación, si no libéranos del maligno”


¿A qué tentación se referirá esta parte de la Oración? Tendremos que remontarnos una vez más al Génesis, para encontrar la primera referencia relacionada con la “tentación”. El escenario, ya lo conocemos, el Paraíso Terrenal y los protagonistas, son actores bien conocidos, Adán y Eva, los representantes simbólicos de la Oleada de Vida Humana en los albores del 4º Día de la Creación. Entre estos personajes no podemos obviar a la Serpiente, pues su papel fue muy significativo entonces y sigue siéndolo en la oración del Padre Nuestro.
Sucumbir a la tentación de la Serpiente-Lucifer, significó para el proceso evolutivo del Alma Humana, un importante paso hacia adelante. Supuso el despertar de la naturaleza emocional, el despertar al poder creador de los deseos y al mismo tiempo, significó, el tránsito de la conciencia grupal a la individual. El precio por alcanzar ese nivel evolutivo, ya lo hemos analizado en otra ocasión, fue el adquirir el alimento, es decir, la conciencia, por la vía del trabajo y del rigor.
Por lo tanto, el valor que debemos dar a la tentación original, debe ser dirigido en ese sentido, es decir, ser tentado significa que elegimos el camino de la experiencia como única vía de aprendizaje.
Esta dinámica vigente en nuestro devenir humano, debe dar paso a una nueva secuencia de aprendizaje. Pertenece al “hombre viejo”, al hombre bregado en la ley antigua, en la que impera la Ley del Talión: “Ojo por ojo y diente por diente”. Estamos hablando del proceso involutivo de la creación.
Pero cada Día de la Creación, tiene 7 Rondas, una por cada uno de los 7 Días. La humanidad actual, que se encuentra sumida en los Trabajos del 4º Día, ha recorrido ya las 3 primeras Rondas, recapitulando los trabajos correspondientes a los 3 primeros Días. Actualmente, se encuentra culminando la 4ª Ronda, la que se corresponde a los trabajos propios del 4º Día, y las Almas más avanzadas, ya están realizando los trabajos de anticipación de la 5ª Ronda, la que corresponde al 5º Día.
Ha sido Jesús, el espíritu más evolucionado de la Oleada de Vida Humana, quien ha trazado el camino por recorrer y nos ha dejado las huellas que debemos seguir, para alcanzar la antesala del 5º Día, en la que alcanzaremos la condición angélica.
Jesús, nos ha dejado una nueva enseñanza, basada en el amor, en el perdón. Su mensaje se resume en la frase: “Amad al enemigo como a vosotros mismos; Amaos los unos a los otros como Yo os he amo”.
Por lo tanto, Jesús, con su enseñanza nos invita a conquistar la Nueva Jerusalem, este estadio anímico que nos sitúa en la renovada condición paradisiaca. Ya no es necesario aprender por la vía del rigor, ya no es necesario pagar nuestros errores con la ley del karma, ya no es necesario aplicar el “ojo por ojo y diente por diente”. Su doctrina, nos abre una nueva senda, la del perdón, la del amor.
Cuando en la oración del Padre Nuestro abordamos los trabajos de Yesod, la “matrona cósmica”, la experta en el parto espiritual, debemos estar dispuestos a realizar, precisamente, la labor encomendada a dicho Centro, hacer llegar a Malkuth –Tierra-, las energías trabajadas en las demás instancias, debemos estar dispuestos a hacer realidad la verdad que hemos gestado. Esa verdad, pasará los filtros del laboratorio de la vida, de donde extraeremos la conciencia del bien y del mal.
Cuando Jesús-Amor, toma el timón de nuestras vidas, reinvierte el rumbo de los centros activos en nuestra naturaleza espiritual y Yesod ya no está obligada a dirigir sus energías a Malkuth, sino que le reorientará hacia Tiphereth –conciencia- y en ese crisol, los metales se convertirán en oro y nuestro espíritu se enriquecerá con la vivencia del Amor.
La tentación del maligno, es aquella que nos invita a tomar la senda del rigor para alcanzar el nivel de conciencia.
Cuando superemos esa tentación, sentiremos como una luz procedente de nuestro corazón nos ilumina, permitiéndonos ver con perfecta nitidez, el alcance de la energía creadora.

...continuará

Oración del Padre Nuestro (VIII)

Hod: “En la medida, en que nosotros perdonemos a los que nos han ofendido”

Netzah y Hod, son como las dos caras de una misma moneda. Ambos centros, ambos aspectos, se complementan y se necesitan para mantener el equilibrio en el Plano de Formación (Etérico) donde, la individualidad se hace colectiva, donde lo singular se hace plural.
Cabalísticamente hablando, la pluralidad encuentra su origen en el Séfira Binah. Este Centro de conciencia es el regente, precisamente, del Plano de Formación donde se encuentran Netzah y Hod.
La oración del Padre Nuestro podría haber sido una plegaria íntima, en la que solicitáramos la Gracia Divina en nuestros asuntos particulares, sin embargo, esto no es así. Desde que emitimos la sentencia “Venga a nosotros tu Reino”, expresión en correspondencia con Binah, estamos proclamando, que entendemos que ninguna evolución puede darse a niveles individuales, que el alma humana, puede avanzar individualmente, pero su vinculación con la Oleada de Vida a la que pertenece, le invita a esperar a sus compañeros de ruta.
La oración del Padre Nuestro, es una plegaria universal, y en este sentido debe expresarse su contenido, con el propósito de vincular a la humanidad en el proceso transmutador que persigue su contenido.
Netzah condiciona el “perdón de las ofensas”, a la labor de Hod, es decir, a que se lleve a cabo la labor, no siempre fácil, de perdonar a los que nos han ofendido.
Si Netzah, la expresión del arte de combinar armoniosamente los opuestos, no contase con la aportación de Hod, capacidad para discernir, difícilmente sabríamos reconocer el trabajo a realizar. De igual modo ocurre, con la expresión que estamos analizando. Difícilmente podremos dar lo que no tenemos. Si no hemos integrado la armonía en nuestro interior, ¿cómo podremos reconocerla fuera?
Si no somos capaces de perdonarnos internamente, difícilmente podremos perdonar externamente y menos aún, pretender que nos perdonen. Por lo tanto, la clave se encuentra en convertirnos en la “tierra propicia-Hod” en la que sembrar la “semilla de la paz y de la armonía-Netzah”. Esta consumación, nos permitirá alcanzar el logro perseguido, el Perdón.
Si queremos ser víctimas del perdón, pensemos en términos de perdón. Hagamos que en nuestra capacidad de comunicación, en la expresión de nuestros pensamientos, se manifieste la evidencia de ese perdón.
Podríamos llevarnos toda una vida emitiendo esta plegaria en el intento de conectar y despertar la Gracia Divina, sin embargo, todos nuestros esfuerzos serán en vano, si en nuestro maniobrar humano, en nuestras relaciones con nuestros hermanos de ruta, somos incapaces de establecer vínculos de armonía…
“Perdóname Padre, perdona nuestras ofensas…, pero no me pidas que perdone a los que me han ofendido…, ellos son culpables del daño recibido”…, estas justificaciones, forman parte del día a día…
Las nuevas creencias, exige que se produzca el despertar de una nueva conciencia… Esa es la labor de Hod…  

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 185

LECCIÓN 185

Deseo la paz de Dios.

1. Decir estas palabras no es nada. 2Pero decirlas de corazón lo es todo. 3Si pudieras decirlas de corazón, aunque sólo fuera por un instante, jamás volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar o momento. 4Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y la resurrección de toda la creación plenamente reconocida.

2. No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse. 2Ya no podría entretenerse con sueños o creer que él mismo es un sueño. 3No podría inventar un infierno y creer que es real. 4Desea la paz de Dios, y se le concede. 5Eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá. 6Son muchos los que han dicho estas palabras. 7Pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de todo corazón. 8No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido. 9EI mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuviesen de acuerdo en que esas palabras expresan lo único que ellos anhelan.

3. Dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios. 2Pues las men­tes sólo se pueden unir en la verdad. 3En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención. 4Para cada una de ellas, el héroe del sueño es distinto, y el desenlace desea­do no es el mismo. 5El perdedor y el ganador simplemente alter­nan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre pérdida y ganancia adquiere un matiz diferente o adopta otra forma.

4. No obstante, lo único que se puede hacer en sueños es transigir. 2A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma. 3En los sueños nada tiene significado, pues su meta es transigir. 4Las mentes no pueden unirse en sueños. 5Sólo pueden negociar. 6Mas ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la paz de Dios? 7Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar. 8Y lo que Él es deja de tener significado para las mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.

5. Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. 2Pues nadie que diga estas palabras de todo corazón desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas. 3Las ha examinado y se ha dado cuenta de que no le ofrecen nada. 4Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás. 5Para él, todos los sueños son uno. 6Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desespera­ción y zozobra que los demás.

6. La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz. 2Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender. 3Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal forma que si su petición es sincera, no dejará de verla. 4Mas si su petición no es sincera, no habrá manera de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.

7. Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que nuestras palabras son sinceras. 2Deseamos la paz de Dios. 3No es éste un deseo vano. 4Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño. 5No procuran transigir, ni es su afán hacer otro trato con la espe­ranza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito cuando todos los demás han fracasado. 6Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales.

8. Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosa­mente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhe­las. 2¿Qué es lo que realmente deseas de corazón? 3Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones. 4Considera sola­mente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad. 5Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que éstas adoptan no es lo que importa ahora. 6No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas. 7Son todos el mismo sueño. 8Y puesto que todos son el mismo, debes hacer la siguiente pregunta con respecto a cada uno de ellos: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?"

9. Ésta es la elección que tienes ante ti. 2No te dejes engañar pen­sando que es de otra manera. 3En esto no es posible transigir. 4Pues o bien eliges la paz de Dios o bien pides sueños. 5Y éstos vendrán a ti tal como los hayas pedido. 6Mas la paz de Dios ven­drá con igual certeza para permanecer contigo para siempre. 7No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino, para luego rea­parecer sin que sea reconocible, en formas que cambian y varían con cada paso que das.

10. Deseas la paz de Dios. 2Y eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños. 3Esto es lo único que pides tanto para ellos como para ti cuando haces esta petición con pro­funda sinceridad. 4Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente, y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho éste que tal vez les sea des­conocido, si bien para ti es indudable. 5Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda. 6Mas la ayuda ya se te ha dado. 7¿No la aprovecharías ahora compartiéndola?

11. Nadie que realmente busque la paz de Dios puede dejar de hallarla. 2Pues lo único que pide es dejar de engañarse a sí mismo, al negarse lo que la Voluntad de Dios dispone. 3¿Quién que pida lo que ya es suyo podría quedar insatisfecho? 4¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella puede decir que no se le ha contestado? 5La paz de Dios es tuya.

12. La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su propio regalo eterno. 2¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti? 3¿Y cómo podría ser que lo que pides fuese solamente para ti? 4No hay nin­gún don de Dios que no sea para todos. 5Éste es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que jamás pare­cieron ocupar el lugar de la verdad.

13. Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cual­quiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando. 2Dios da sólo con el propósito de unir. 3Para Él, quitar no tiene sentido. 4Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que com­partes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo. 5Y también sabrás que compartes una sola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.

14. Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desespe­ración, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó. 2Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la paz de Dios?


¿Qué me enseña esta lección?


¿Cómo puede ser que deseando la paz de Dios, me encuentre juzgando a mi hermano en un deseo ilusorio de ayudarle?
¿Cómo puede ser que deseando la paz de Dios, me descubra atacando las imperfecciones ajenas?
¿Cómo puede ser que deseando la paz de Dios, me sienta culpable por mi falta de amor, por sentirme atacado, por no ver la unidad en el rostro de mi hermano?

Las Enseñanzas no tan solo debe ser asimilada a nivel intelectual, pues ello haría de nosotros meros teóricos. También debe calar en nuestra naturaleza emocional, haciéndonos sentir su mensaje y llevándonos a amar lo que es pura teoría.

Es por ello, que no basta con desear la paz de Dios, debemos movilizar nuestro corazón para que ese deseo alcance su meta. Podemos hablar y difundir con palabras los beneficios y bondades de la Unidad y del Amor…, pero si no sentimos lo que decimos, si no nos movilizamos en acciones que estén acorde con lo que proclamamos, de nada nos servirá, pues el ego, seguirá haciendo valer su creencia en la separación, en la culpa, en el castigo, en el miedo, etc.

Si deseamos la paz de Dios, tenemos que pensar y sentir en términos de paz, esto es, en términos de Unidad, de Amor, de Armonía. Tan sólo así, la paz será una realidad, pues formará parte íntegra de nosotros.

Ejemplo-Guía: "¿De quién depende la paz que añoras?"

Durante mucho tiempo, he mantenido la creencia de que la paz depende de la respuesta que me ofrezca la vida. Por supuesto que me he sentido merecedor de que la vida me sonría y que me ofrezca su rostro más amable, obsequiándome con momentos felices, con momentos de paz. Es por ello, que cuando ese rostro no es el esperado, que me revelo, que me siento una víctima, que reclamo a la vida, que me devuelva lo que es mio.

Esta manera de ver las cosas, propia de una personalidad entregada al ego, puede ser el guión que pueda compartir la gran mayoría de los humanos. La paz, no depende de nosotros, sino de los demás, de todo lo que nos rodea.

Esta visión exige un profundo cambio, tanto es así, que podemos decir, que la verdad nos sugiere todo lo contrario, es decir, la paz, depende solo y exclusivamente de nosotros, pues nada externo se manifiesta si no es proyectado por nuestra mente. El pensamiento siempre sigue a su fuente. Si internamente hemos conquistado la paz, esto es, si hemos deseado de todo corazón la Paz que tan sólo Dios nos puede otorgar, el mundo que veremos estará impregnado de esa paz. Sin embargo, si en nuestro interior somos incapaces de establecer la coherencia necesaria para que pueda manifestarse de la paz, nuestro mundo exterior, será la viva imagen de lo que llevamos dentro.

Mientras que creamos en un mundo de división y separación, mientras que permanezcamos identificados con el cuerpo y con el mundo material, estaremos tomando el camino equivocado, si pretendemos alcanzar la paz. Esto es así, porque el mundo material es irreal e ilusorio, y esta basado en la temporalidad. Esa visión de lo temporal hace que sintamos un profundo temor a perder lo que tenemos y ello nos priva de la paz.

Cuando hayamos consumido todo deseo por conquistar las ilusiones que nos ofrece el mundo material, volveremos nuestra mirada hacia el Cielo y descubriremos un mundo en que el deseo se funde con la Voluntad que nos invita a experimentar que todos somos Uno. En ese momento, nuestros deseos ya no se orientarán hacia el mundo de la oscuridad, sino que nos impulsará a conquista el mundo de la Luz. A partir de ese instante Santo, tan solo desearemos con toda la fuerza de nuestro corazón gozar de la paz que nuestro Padre ha dispuesto para todos nosotros.

Desear la paz de Dios, significa que todos nuestros sentidos, los canales de nuestra percepción, se unifican y se orientan en una sola dirección: ver, sentir, degustar, oler y oír, el mundo del Espíritu.

Reflexión: Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. ¿Cuáles son tus sueños?