sábado, 14 de septiembre de 2019

Cuento para Virgo: "La Espiga Sagrada - 2ª Parte"


A la muerte del sabio Rey, siguieron tres años de penosos trabajos, y día a día fueron naciendo nuevos sentimientos de rencor y odio, los cuales se iban extendiendo entre los propios habitantes del reino.

La situación había llegado a ser alarmante, el amor había perdido su valor y para muchos era ya una palabra extraña. En  cambio, otros sentimientos crecieron como la mala hierba. El afán de placeres, la avaricia, la mentira, el robo, la tacañería, se habían apoderado del corazón de aquel reino y, como una infernal atmósfera, mantenía a todos cuantos allí vivían en una trágica pesadilla.

Muchos de cuantos presenciaban como víctimas el decaimiento de aquel reino, creían saber la razón de aquella tragedia.

Comentaban entre sí, con profunda tristeza, que la causa de aquella situación debía encontrarse en la desolación que había poseído a la Reina.

Ellos que habían pasado, en sus días de niños, tantos momentos de juego con la Princesa, no podían aceptar tanto odio y soberbia en la misma persona, a no ser que una misteriosa pena se hubiese apoderado de su corazón y le hubiese robado la bondad que siempre anidaba en él. Y la verdad era esa, una trágica realidad.
La Reina era esclava de una poderosa obsesión. Un sentimiento muy profundo que anulaba su razón y que enfriaba su corazón. No podía soportar la idea de ser estéril y aquel sentimiento la destrozaba, hasta el punto de pensar que si ella no era feliz nadie tendría la dicha de serlo.

Desde que se desposara, la Reina Ayna -y después de tres años aún no había conseguido quedar embarazada y lo deseaba tanto que llegó a ocupar aquel deseo toda su vida.

Viendo que el tiempo pasaba y que no lograba sus deseos, pensó que Dios la había abandonado y, en respuesta a ello, decidió luchar contra la felicidad de los hombres.

La maldad se adueñó de su corazón y desde entonces sus pensamientos quedaron cautivos, al servicio del mal.

Cierto día de espesa niebla, hasta las puertas del palacio real llegó el murmullo  de un numeroso gentío, que alborotaban y vociferaban tan jubilosamente que llamó la atención de los Consejeros Reales.

Cuando éstos fueron al encuentro de la muchedumbre que allí asistía, comprobaron que el motivo de aquel revuelo no era otro que la presencia de una anciana, que yacía en el suelo, al parecer en mal estado físico.

Todos quedaron paralizados y nadie sabía que hacer, hasta que uno de los Consejeros más viejos en el reino, aprovechando aquella confusión, dio instrucciones para que llevasen a la desconocida anciana ante la presencia de la Reina y que la sabiduría de ésta, decidiera qué hacer con ella.

Sus instrucciones fueron cumplidas de inmediato, pues nadie se atrevía a prestar asistencia a la pobre anciana por temor a las represalias de la propia Reina.

No tardaron en trasladar el cuerpo desfallecido de aquella ruinosa mujer al salón principal, donde la Reina la recibiría y decidiría por su vida.

Algunos temían que cuando la Reina llegase ya sería demasiado tarde para ayudar a aquella agonizante mujer, de la que nadie sabía nada, ni tan siquiera cómo había podido llegar hasta allí.

Pero en aquella ocasión los Consejeros se equivocarían, ya que sorprendiéndoles a todos, la Reina apareció como una sombra, muy cerca de donde ellos estaban.

A pesar de todo la Reina no era ni el reflejo de lo que había sido. Aquella belleza física, que tanta fama le había reportado, había desaparecido y, en su lugar se podía apreciar las secuelas dejadas por el frío y riguroso paso del dolor. Sus ojos dulces y cálidos se habían transformados, siendo ahora hirientes y duros como la roca. Su pelo, suave y brillante como los rayos del Sol, ya apenas lucían algún brillo que despertara de nuevo la ilusión del amor.

Allí se encontraba, en sepulcral  silencio, esperando que alguno de sus Consejeros le pusiera al corriente de lo sucedido.
En pocas palabras, la temida Reina fue informada de todo cuanto sabían, que no era mucho por cierto. Y no pudiendo contener su  enfado, al no poder conocer todos los detalles, se levantó enérgicamente y dirigió su mirada hacia el suelo buscando el cuerpo casi sin vida de aquella extranjera.
Muchos gritaron de asombro, y otros casi corrieron de miedo, cuando, en el justo momento en que la Reina se dirigía a la anciana, ésta erguía su cuerpo.

Fueron breves los segundos que pasaron en el tiempo, pero el misterio de lo que allí ocurrió, jamás nadie pudo interpretarlo.

La palidez de la muerte, que minutos antes cubría el rostro de aquella moribunda mujer, había desaparecido y en su rostro apareció una belleza sobrenatural. De sus ojos surgió un extraño brillo y su mirada se encontró con la mirada de la Reina Ayna.

Con la velocidad del rayo, en la mente de la Reina se  sucedieron  imágenes tras imágenes, hasta que, su pensamiento quedó impregnado de un lejano recuerdo. Aquella mirada le era conocida. Aquella mujer le era familiar, pero, ¿quién era? No podía recordarlo, pero lo que si sabía, era que le pedía ayuda y que debía ayudarle.

En ese momento se sintió caer, pero la verdad era que el cuerpo que se había desplomado era el de aquella extraña anciana.

De todos cuantos allí asistían, ninguno supo reaccionar ante aquella situación. Todos estaban demasiado impresionados como para prestar atención a la infeliz anciana. Pero de nuevo no saldrían de su asombro, cuando oyeron el mandato de la Reina.
  • Aprisa, llevadla a mi lecho. Avisad al médico y, ¡Ay de vosotros si esta mujer muere por vuestra culpa!
Todos corrían de un lado para otro. Nadie se atrevía a replicar las palabras de la Reina pero tampoco, nadie comprendía la actitud con aquella vieja. ¿Cómo podía preocuparse de una anciana, medio moribunda a la que nadie conoce y en cambio permite que todo su reino se muera de hambre?

Mientras que sus doce Consejeros comentaban estas extrañezas entre si, el médico hacia todo cuanto estaba en sus manos para salvar a la anciana.

La Reina mientras tanto, intentaba recordar la expresión de aquellos ojos. Luchaba por dar respuestas a muchas interrogantes que en esos momentos ahogaban con inquietudes su corazón. Sabía que debla salvarla, algo le decía que si conseguía librar a la anciana de la muerte, ella misma viviría.

Cuando el médico acabó su labor, la Reina se interesó por el estado de la anciana.
  • Decidme honorable sabio, ¿se salvará?
  • Es posible. Su enfermedad es muy extraña ya que tanto el ritmo cardiaco, el pulso y la tensión son normales. Carece de fiebre y respira estupendamente. En cambio, debido a su estado todo parece indicar que le queda poco tiempo de vida. Es como si necesitase morir. Es extraño, si muy extraño.
El médico se alejó sin dejar de repetir que aquello le parecía todo muy extraño. Pero para la Reina todo aquello le era conocido. No sabía cómo explicarlo,  pero lo único que deseaba en ese momento era cuidar a aquella anciana y ofrecerle calor y amor en sus últimos momentos.

Habían pasado ya dos días y la Reina se preguntaba si aquella anciana se podría recuperar. No quería perder la única esperanza de vida que le quedaba, sin entender por qué sería así. La Reina no abandonaba en ningún momento a la moribunda.

Pero aún tendría que transcurrir un día más en aquella situación pues, sería después del tercer día que ocurriría lo que la Reina tanto esperaba.
La mano de la anciana acarició suavemente el rostro envejecido de la Reina Ayna, la cual rendida por tantas horas de vigilia, había sucumbido al cansancio. No pudiendo evitar un sobresalto, la Reina fue rápidamente tranquilizada por una voz que la invitaba a reposar.
  • No os alarméis. Soy yo, ¿acaso no me reconocéis?
La anciana parecía recobrada de sus dolencias y se dirigía a la Reina con una familiaridad asombrosa.

La Reina Ayna en cambio, no acababa de comprender. Seguía luchando por recordar. Aquel rostro le era conocido y muy familiar.
  • Decidme, noble anciana. ¿Por qué he de reconoceros? ¿Cuándo nos hemos encontrado anteriormente? ¿Podrías ser algún familiar, a quien conocí en un lejano pasado? Os lo ruego señora, decidme, ¿quiénes sois?
  • Todo cuanto eres, está en mí. Yo soy tus pasos. Yo he nacido de tu aliento y me alimento de tus deseos, de tus pensamientos y de tus  actos…
La anciana enmudeció de nuevo. Sus últimas palabras quedaron flotando en el aire y revoleteaban cerca, muy cerca de Ayna, quien no acababa de salir de su asombro.

Su rostro se había iluminado con una viva expresión de satisdación y triunfo. Sin duda alguna había comprendido. Por fin había reconocido a aquella misteriosa mujer.
  • Entonces, tú eres…, la imagen de mi Alma. ¡Oh Dios!, ¿cómo no me había dado cuenta antes? ¡Mi corazón me había avisado. Algo muy extraño me decía que tú formabas una parte muy importante de mi vida, y ahora, estás ahí, enferma y apenas puedo hacer nada por ti. Pero, ¿por qué?, decidme, ¿por qué has de morir?, ¿qué propósito te ha hecho venir hasta mí? Nuestro encuentro no era en este mundo. ¿Por qué has venido entonces?
  • He venido porque necesito tu ayuda. Mi muerte es necesaria. Yo ya estoy vieja y todo lo viejo debe morir para ser renovado. Soy como un fruto maduro que debe caer del árbol para poder aportar así una nueva semilla que contribuya a la evolución de la vida. Pero para poder ser de nuevo semilla, necesito renovarme y el único modo de conseguirlo es pidiéndote que me liberes de las ataduras que me mantienen apegada al mundo material.
  • Pero, ¿cómo puedo conseguir tal cosa? Mirad a mí alrededor. El hambre se apodera de mi reino. Ya nadie cultiva y trabaja las tierras. Para poder alimentarse se roban los unos a los otros. He implantado leyes, impuestos y normas que permitan asegurarme la existencia, aunque a veces pienso, para qué vivir si lo que más deseo en este mundo me ha sido negado.
La tristeza de la Reina Ayna se hizo visible. Aquella pena desgarraba aún su pecho, obligándola a sufrir en silencio, al tiempo que le daba razones para llevar a los demás ese mismo sufrimiento.
  • ¿Qué puedo hacer alma hermana, para poder salvarte, y poder salvar a mi pueblo?
  • Si es verdad que lo deseáis, escuchad bien, pues si hacéis lo que os voy a proponer, podréis salvad a vuestro reino. Deberéis hacer un largo viaje. Cruzaréis el mar y siguiendo siempre hacia el Norte encontraréis una extraña región a la que llaman Tierra de los Lamentos. Una vez allí, tendréis que buscar a un poderoso mago, el cuál habita en las entrañas de aquel lugar. No tengáis miedo, él os ayudará. A partir de ese momento todo quedará en tus manos. De ti todo dependerá, y recuerda, si vences la prueba, habrás conseguido liberar a tu pueblo y a tu propia alma, a la que muy pronto, de nuevo verás.
...continuará

    UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 257

    LECCIÓN 257

    Que no me olvide de mi propósito.

    1. Si me olvido de mi objetivo no podré sino estar confundido e inseguro acerca de quién soy, y así, mis acciones no podrán sino ser conflictivas. 2Nadie puede estar al servicio de objetivos con­tradictorios, y servirlo bien. 3Tampoco puede desenvolverse sin que se abata sobre él una profunda angustia y depresión. 4Resol­vamos hoy, por lo tanto, recordar lo que queremos realmente, para así unificar nuestros pensamientos y acciones de manera que tengan sentido y para llevar a cabo únicamente lo que Dios quiere que hagamos este día.

    2. Padre, el perdón es el medio que Tú has elegido para nuestra salva­ción. 2No permitas que nos olvidemos hoy de que no tenemos otra volun­tad que la Tuya. 3Y así, nuestro propósito tiene asimismo que ser el Tuyo si queremos alcanzar la paz que Tú has dispuesto para nosotros.

    ¿Qué me enseña esta lección?

    ¡La Luz Permanentemente Encendida!

    Sí, nuestra consciencia acaba de iluminarse con la verdad de lo que Somos, y se propone el firme propósito de servir a nuestro Ser Espiritual.

    Pero se requiere una ardua voluntad en la confirmación del nuevo propósito, para no dejarnos llevar por los hábitos adquiridos, mientras que servíamos al ego.

    Servir a dos señores o amos a la vez no es posible.

    Es importante, que no nos sintamos culpables, si en nuestro deseo de servir al Espíritu, caemos, nuevamente, en el error de servir al ego. La culpa, exige castigo, y el castigo nos conecta, de nuevo, con el error.

    Si cometes un error, y tomas consciencia de ello, ponte en manos del Espíritu Santo y pídele Expiación. Él deshará el error y tendrás la oportunidad de corregirlo. Tengo la certeza de que esto es así.

    No tengo otro propósito que el de perdonar. Esto es así, porque quiero limpiar el error de que he pecado. En la medida en que me perdono, estoy capacitado para perdonar el error en los demás. El camino del perdón nos conduce a la visión verdadera de que no hay nada que perdonar, pues la creencia en el pecado es una ilusión.

    ¡La Luz Permanentemente encendida!


    Ejemplo-Guía: "¿Por qué nos olvidamos...?

    Si ánimo de frivolizar sobre un tema tan trascendente, me pregunto por qué el recuerdo de Dios, en el momento de nuestra creación, no nos fue incorporado de "serie", es decir, por qué no recordamos automáticamente.

    Cuando analizamos aquellas funciones que el cuerpo realiza de manera autómata, como por ejemplo respirar, o aquellas otras que se manifiestan a través de una necesidad, como alimentarse, beber, etc, podemos observar una constante que garantiza el funcionamiento de dicha función. 

    El dejar de hacerlo, es decir, el dejar de respirar de manera voluntaria o el dejar de alimentarse o beber, nos lleva a tomar una decisión, nos lleva a elegir. Esa es la clave. Esa es la respuesta a la cuestión que hemos planteado. Olvidamos lo que realmente somos, porque lo hemos elegido.

    Estaríamos en un error interpretativo si pensáramos que la capacidad de recordar no nos ha sido incorporado de "serie". Pero, al igual como ocurre con las funciones automatizadas del cuerpo, podemos elegir alterar dicha función, es decir, podemos elegir olvidar.

    Un Curso de Milagros nos dice, que la comunicación directa con Dios se interrumpió al inventarnos otra voz. Cuando decidimos olvidar su Voz, Él nos dio otra Voz para que hablase por Él, pues ya no podía compartir Su conocimiento, libremente, con nosotros.

    Es por ello, que el Curso nos revela que el Espíritu Santo nos insta tanto a recordar como a olvidar. A recordar lo que somos y a olvidar lo que no somos.

    ¿Es posible olvidarse del ego?

    Podemos olvidarnos del ego por completo en cualquier momento que así lo elijamos porque el ego es una creencia completamente inverosímil, y nadie puede seguir abrigando una creencia que él mismo haya juzgado como increí­ble. 

    Nos indica Un Curso de Milagros, que "Cuando despiertas al amor, estás simplemente olvidando lo que no eres, lo cual te capacita para recordar lo que sí eres".
    Os dejo una referencia extraída del Capítulo 5 del Texto, concretamente el punto II, titulado "La decisión de olvidar". Ciertamente, para recordar:

    II. La decisión de olvidar

    1. A menos que primero conozcas algo no puedes disociarte de ello. 2El conocimiento, entonces, debe preceder a la disociación, de modo que ésta no es otra cosa que la decisión de olvidar. 3Lo que se ha olvidado parece entonces temible, pero únicamente porque la disociación es un ataque contra la verdad. 4Sientes miedo porque la has olvidado. 5Y has reemplazado tu conocimiento por una con­ciencia de sueños, ya que tienes miedo de la disociación y no de aquello de lo que te disociaste. 6Cuando aceptas aquello de lo que te disociaste, deja de ser temible.

    2. Sin embargo, renunciar a tu disociación de la realidad trae consigo más que una mera ausencia de miedo. 2En esa decisión radica la dicha, la paz y la gloria de la creación. 3Ofrécele al Espí­ritu Santo únicamente tu voluntad de estar dispuesto a recordar, pues Él ha conservado para ti el conocimiento de Dios y de ti mismo, y sólo espera a que lo aceptes. 4Abandona gustosamente todo aquello que pueda demorar la llegada de ese recuerdo, pues Dios se encuentra en tu memoria. 5Su Voz te dirá que eres parte de Él cuando estés dispuesto a recordarle y a conocer de nuevo tu realidad. 6No permitas que nada en este mundo demore el que recuerdes a Dios, pues en ese recordar radica el conocimiento de ti mismo.

    3. Recordar es simplemente restituir en tu mente lo que ya se encuentra allí. 2Tú no eres el autor de aquello que recuerdas, sino que sencillamente vuelves a aceptar lo que ya se encuentra allí, pero había sido rechazado. 3La capacidad de aceptar la verdad en este mundo es la contrapartida perceptual de lo que en el Reino es crear. 4Dios cumplirá con Su cometido si tu cumples con el tuyo, y a cambio del tuyo Su recompensa será el intercambio de la percepción por el conocimiento. 5Nada está más allá de lo que Su Voluntad dispone para ti. 6Pero expresa tu deseo de recor­darle, y ¡oh maravilla!, 7Él te dará todo sólo con que se lo pidas.


    Reflexión: El acto volitivo de recordar lo que realmente somos.

    viernes, 13 de septiembre de 2019

    Cuento para Virgo: "La Espiga Sagrada - 1ª Parte"

    Ciento cincuenta años habían pasado desde que aquellas inhóspitas tierras fueran por primera vez habitadas. Ciento cincuenta años de pasado, en los que aún el recuerdo evocaba, generosamente, momentos de intrépidas  aventuras, a veces llenas de riesgos y a veces de profundo valor. 

    En la memoria de muchos, aún perdura aquellos críticos momentos donde la fuerza de la pasión fue cediendo poco a poco su trono a la humilde bondad y al sincero amor. 

    Sí, sin lugar a duda, fueron hermosos aquellos tiempos, donde reinó la verdad y la comprensión. La paz vencía a la violencia y al terror. La sinceridad abría los corazones de cada hombre, impulsándoles a vivir en fraternal unión, y al final, aquellos días dieron paso a una época de esplendorosa fecundidad. Las tierras fueron sembradas y los campos gozaban jubilosos, por ser portadores de frutos y riquezas llamados a ser compartidos por cada uno de los que habitaban aquella afortunada región. 

    Pero nada en la vida se consigue sin esfuerzos, y es por ello que todo cuanto en aquellas tierras acontecía se lo debían a la sabia justicia y a la inteligente administración de un humilde Rey, el cual, gobernaba aquellas tierras como mensajero de un Orden Superior. Su  triunfo y fama era debida a que su única voluntad no fue otra que llevar a los hombres los elevados principios del Amor. 

    Fueron ciento cincuenta años que difícilmente se borrarían en el recuerdo y para evitar que esto sucediese, decidieron unánimemente que aquellos días de grandes hazañas fuesen transmitidos de padres a hijos y de éstos a sus descendientes. Y, de este modo, las generaciones futuras podrán recordar y conocer cada una de las experiencias que acontecieron en aquellos días de esplendor, para así poder iluminar sus conciencias con la sabiduría de sus antepasados. 

    Pero el tiempo no pasa en balde, y ciento cincuenta años eran ya muchos años para aquel sabio Rey. Y fue por ello que cierto día, sintiéndose morir, quiso ultimar su gran obra dejando en su trono a su único heredero. Su última voluntad no era otra que comprobar que su reino seguiría gozando de aquellos días de máximo esplendor para cuando él faltase. 

    Cautivado por aquel pensamiento mandó llamar a Ayna, su hija y única heredera. 
    • Ayna, hija mía, qué hermosa estás. Hasta las más bellas flores, que crecen en nuestro jardín envidiarían tu suerte.
    En nada exageraba aquel sabio Rey, pues la belleza de Ayna era conocida incluso en tierras lejanas, siendo muchos los extranjeros que, arriesgándose venturosamente, se dirigían hasta aquella región, con el sólo deseo de poder gozar de una sola de sus miradas. 

    Pero la fama de Ayna no se debía tan sólo a su hermosura física, también en su aprendizaje había cultivado grandes cualidades que la hacían sobresalir especialmente en el dominio de la inteligencia. 

    Ya desde muy pequeña, los oráculos y magos habían augurado que con la descendencia del sabio Rey, una profunda transformación surgiría en aquella tierra y no podemos olvidar que si al principio esta profecía fue motivo de preocupación, aquel sentimiento se desvanecería cuando a finales de aquel verano, del vientre de la Reina Madre, naciera una hermosa princesa. 

    Hasta aquellos días, tan sólo el varón había ostentado el Poder Real, pero a partir de aquel acontecimiento, y dado que la Reina quedaba imposibilitada para tener más descendencia, el sabio Rey promulgó, con el consentimiento de todo el pueblo, una ley que permitiera reinar a la mujer en plena igualdad con el hombre. 

    Para los magos, el temor desapareció, ya que entendieron que el cambio que presagiaban se debería a que el trono sería gobernado por una Reina. 

    Mientras tanto, el sabio Rey se sentía inquieto y no queriendo demorar por más tiempo la inevitable despedida, sintiéndose cansado, pidió a su hija, la princesa, que se acercara junto a su lecho.

    • Hija mía, acércate. Como verás,  apenas me queda aliento. Pronto, muy pronto, te dejaré, pues mi tiempo en la tierra ya toca a su fin; pero, antes de retornar a la Patria Celeste, de donde todos procedemos, quisiera bendecir tu próxima unión, deseándote toda la felicidad del Mundo, pero también quiero hacerte un último ruego...
    Su voz cada vez sonaba más apagada, y el sabio Rey luchaba por poder  mantener su vida unos segundos más. Era todo lo que necesitaba para culminar su trabajo humano, y haciendo un gran esfuerzo le dijo:

    • ¿Recuerdas la profecía de los magos? -Ayna asintió con un gesto, pues su corazón ahogado en lágrimas, impedía que pudiera hablar en esos momentos-. Aquella profecía se cumplirá, y es ahora, que ha llegado mi marcha, que el cambio y la transformación vendrán. Pero no será como ellos han dicho. La hora ha llegado en que la tierra de este reino quedará estéril y el sufrimiento visitará cada comarca, cada aldea, cada habitante. y serás tú...
    Sus últimas palabras sonaron como muy lejanas, como dichas desde un más allá no físico, desde otra dimensión.  Apenas si se distinguía lo que quería decir. Era un eco que poco a poco enmudeció, dejando al Rey en brazos de la Princesa Ayna, cuyo rostro se ensombrecía por segundo, crispado por el llanto y el dolor. 

    Transcurrieron tres largos años, desde que el sabio Rey abandonara su cuerpo material para pasar a habitar otros mundos más sutiles que el físico. Tras su muerte, un profundo silencio se había adueñado de todo el reino. Su muerte había dejado un gran vacío, en los corazones de cuantos habitaban aquella frondosa región. 

    Echaban en falta el espíritu sabio de su Rey, en el cual habían puesto durante tantos años todas sus riquezas internas, su confianza,  sus  esperanzas, sus proyectos, sus sufrimientos y sus alegrías. Había existido siempre un diálogo vitalizador entre el pueblo y su Rey, pero con su pérdida aquellos lazos habían desaparecido, dejando una huella muy profunda; todos sabían que su ausencia sería muy difícil de cubrir. 

    Estos pensamientos eran bien conocidos por la Reina Ayna y a pesar de su estirpe real no alcanzaba a controlar el dolor que día a día iba apoderándose de su corazón, un corazón profundamente herido por sentimientos de ira y de odio, en respuesta al comportamiento de cuantos habitaban su reino. 

    En su soledad, la Reina Ayna alimentaba pensamientos de venganza. No había encontrado la felicidad tan prometida y deseada por su padre. Él, que durante tantos años había conseguido vencer todas las adversidades, ahora se sentiría fracasado, al comprobar como parte de su sangre ponía fin a su mundo de felicidad y de amor. 

    La Reina Ayna siempre había respetado la voluntad de su padre. El último deseo complacido fue contraer matrimonio como bien se había resuelto desde muchos años atrás. Pero la Reina Ayna no complacería en nada más a su padre, y desde el primer día de su reinado, estableció una serie de impuestos y pagos acompañados de leyes opresoras e injustas que limitaban la libertad, de la que hasta ahora habían gozado. 

    Aquellas medidas contribuyeron a resignadas protestas, que por respeto al recuerdo del Rey, no terminaron en actos violentos. Pero lo que no podía evitar la Reina, era que todo el pueblo le retirase su confianza, su apoyo y su entrega.

    ...continuará

    UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 256

    LECCIÓN 256

    Dios es mi único objetivo hoy.

    1. La única manera de llegar a Dios aquí es mediante el perdón. 2No hay otra manera. 3Si la mente no le hubiese concedido tanto valor al pecado, ¿qué necesidad habría habido de encontrar el camino que conduce a donde ya te encuentras? 4¿Quién tendría aún incertidumbre? 5¿Quién podría estar inseguro de lo que es? 6¿Y quién podría seguir durmiendo entre espesas nubes de duda con respecto a la santidad de aquel que Dios creó libre de pecado? 7Aquí sólo podemos soñar. 8Pero podemos soñar que hemos perdonado a aquel en quien todo pecado sigue siendo imposible, y esto es lo que elegimos soñar hoy. 9Dios es nuestro objetivo, y el perdón, el medio por el que nuestras mentes por fin regresan a Él.

    2. Y así es, Padre nuestro, como queremos llegar a ti por el camino que Tú has señalado. 2No tenemos otro objetivo que oír Tu Voz y hallar el camino que Tu sagrada Palabra nos ha señalado.

    ¿Qué me enseña esta lección?


    Hoy puedo proclamar, libremente, que soy Dios en formación. Esta misma proclamación, no hace mucho, me hubiese sentenciado a morir quemado en la hoguera.

    Tomar consciencia de que estamos viviendo en un sueño, nos permite proclamar lo que verdaderamente Somos, con la certeza de que se producirá el despertar definitivo que nos permitirá expresarnos con la Plenitud de la que somos portadores.

    Hoy proclamo que Dios es mi único objetivo, y con ello, estoy expresando mi voluntad de Ser Uno con Todo lo Creado; estoy expresando, que mi único objetivo sea Amar por encima de todas las cosas; estoy expresando, que mi única creencia sea cumplir mi función de perdonar, allí donde ante he visto el pecado.

    Hoy proclamo que Dios es mi único objetivo; hoy sustituyo la culpa, por el perdón; sustituyo el miedo, por el amor; sustituyo el castigo, por la expiación; sustituyo el sufrimiento, por la dicha; sustituyo la tristeza, por la alegría; la depresión, por la felicidad.

    Hoy proclamo que Dios es mi único objetivo; hoy sustituyo mi falsa identidad, el cuerpo, por mi verdadero Ser, el Espíritu; hoy retorno a mi hogar, el Cielo, y dejo atrás, el mundo del apego y de la ilusión.

    Ejemplo-Guía: "Soy Dios en formación"

    Sí, es una manera de expresarlo. Podría haber prescindido del término formación, pues, en verdad, soy el Hijo de Dios, por lo tanto, no puedo ser diferente al Ser que me ha creado.

    El aplicar el término "formación" es una definición "apropiada" dentro del sueño. De esta manera, el sistema de pensamiento y creencias del ego, podrá entender, que nos encontramos en un proceso de aprendizaje donde la única lección que debemos aprender es la que nos lleva a recordar que somos el Hijo de Dios y que somos Uno con todo lo creado.

    Cuando nuestro objetivo nos lleva a creer en un mundo diferente al de Dios, estamos haciendo real la ilusión. Nada puede existir en realidad si está fuera de la Mente de Dios. Todo lo que se encuentra en Su Mente es eterno y no está sujeto al cambio, esto es el sello de lo verdadero. Por lo tanto, el mundo que ha fabricado el Hijo de Dios y al cual le ha otorgado realidad, no es más que un mundo ilusorio y pasajero, pues está sujeto a las leyes del cambio y la temporalidad.

    Fruto de las experiencias extraídas del mundo de la percepción, sabemos que todo en el mundo físico está sujeto a las leyes del cambio. El sistema de pensamiento del ego, acepta que todo cambia, que nada permanece en su estado original, incluido las malas experiencias. Algunos dichos o refranes, refrendan ese pensamiento: "No hay mal que por cien años dure" ó, "siempre que llovió, escampó".

    A pesar de ello, hacemos real lo vivido en el plano perceptivo. Hacemos que las experiencias negativas pervivan en nuestra mente al darle valor al pasado, cuando en realidad, el pasado, ya pasó y lo que ha pasado ya no es real.

    Si nuestro objetivo es Dios, el tiempo deja de tener significado. Vivimos en el presente, una fase atemporal que nos permite vivenciar la eternidad. Si nuestro objetivo es Dios, nuestra visión intuye la verdad que encierra los ropajes físicos del cuerpo. Más allá de la densidad de la materia, vemos la poderosa fuerza del Espíritu. Más allá del pecado, vemos la inocencia. Más allá de la culpa, vemos la impecabilidad.

    Si nuestro objetivo es Dios, elegimos el perdón como la única práctica empleada a cada instante; elegimos vivir en estado de paz permanente; elegimos expandir la esencia con la que hemos sido creados, la fuerza del Amor.

    Reflexión: ¿Cómo perdonas?

    jueves, 12 de septiembre de 2019

    UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 255

    LECCIÓN 255

    Elijo pasar este día en perfecta paz.

    1. No me parece que pueda elegir experimentar únicamente paz hoy. 2Sin embargo, mi Dios me asegura que Su Hijo es como Él. 3Que pueda hoy tener fe en Aquel que afirma que soy el Hijo de Dios. 4Y que la paz que hoy elijo experimentar dé fe de la verdad de Sus Palabras. 5El Hijo de Dios no puede sino estar libre de preocupaciones y morar eternamente en la paz del Cielo. 6En Nombre Suyo, consagro este día a encontrar lo que la Voluntad de mi Padre ha dispuesto para mí, a aceptarlo como propio y a concedérselo a todos Sus Hijos, incluido yo.

    2. Así es como deseo pasar este día Contigo, Padre mío. 2Tu Hijo no Te ha olvidado. 3 La paz que le otorgaste sigue estando en su mente, y es ahí donde elijo pasar este día.

    ¿Qué me enseña esta lección?


    El ego, fundamenta su enseñanza en adquirir medios, recursos, que potencien su única identidad, su cuerpo físico. De este modo, se las ingenia, para fabricar un mundo de necesidades que deben ser cubiertas pues, de no ser así, vive en la percepción de la carencia, de la pobreza, de la enfermedad, de la muerte.

    Desde que nacemos, sentimos la necesidad de satisfacer nuestro apetito físico. Debemos alimentar ese cuerpo, recién nacido al plano material, y debemos asegurar su crecimiento. Pero no tan sólo debemos dar respuesta a esa necesidad clasificada como básica. En la medida en que vamos creciendo, sentimos otras necesidades, como las de protección, trabajo, dinero, familia, amigos, parejas, grupos, autoestima, valores, etc.

    Cada vez que alcanzamos a dar respuesta a esas necesidades, aprendemos que es importante conservarlas y, ante el temor de perderlas, decidimos apegarnos a ellas y a defenderlas con todo nuestro ardor.

    No podríamos entender, que después de los esfuerzos que nos ha supuesto aprender, ahora se nos pida que nos desprendamos de ese saber y que comencemos de nuevo.

    El ego es un adicto al apego, pues cambiar, lo interpreta como perder, y no está dispuesto a llevar a cabo esa renuncia.

    Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que el ego pueda realizar, se hace inevitable el derrumbamiento de sus estructuras, pues no son verdaderas, son ilusorias y lo ilusorio no puede perdurar. Cuando nos cansemos  de buscar la paz, la felicidad, allí donde es imposible hallarla, decidiremos cambiar el rumbo de nuestra nave y estableceremos un nuevo rumbo, que nos garantice arribar en un puerto seguro.

    La única Verdad que debemos integrar en nuestra consciencia es la que nos lleva a ver lo que Somos. Debemos invertir la dirección de nuestro pensamiento y sustituir el apego por lo material y potenciar la visión de lo Espiritual. Nuestra única realidad es que Somos Espíritus y que la Filiación en Unidad, conforma la descendencia legítima de Dios.

    Esa legitimidad nos capacita para hacer uso del potencial heredado de nuestro Padre. Estamos capacitados para crear y el primer paso para llevar a cabo esta acción, es elegir.

    Hoy elijo pasar el día en perfecta Paz.

    Ejemplo-Guía: "Elijo ver las cosas de otra manera"

    Comenzamos esta reflexión, donde la habíamos dejado la Lección anterior, con la elección de la paz.

    Ya hemos visto cómo elegir oír la Voz del Espíritu Santo, nos lleva a apreciar el valor del "silencio". Cuando elegimos el silencio, no estamos reprimiendo ninguna fuerza, lo que estamos haciendo es decidir si nos dejamos llevar por la voz que nos impulsa a actuar de una manera determinada.

    Hacer el juego a los pensamientos que se dan cita en nuestra mente de forma impetuosa y desorganizada, es precisamente lo contrario a los beneficios que nos reporta elegir el silencio. Cuando aludimos a ese "estado" no nos estamos refiriendo a la acción que nos lleva a no hablar, aunque puede darse el caso de que el no hablar sea consecuencia de la elección de mantener nuestra mente en silencio.

    El silencio al que nos referimos, es el silencio interior de esos pensamientos alborotadores que nos privan de la paz que Dios ha dispuesto para Su Hijo.

    Todas las preocupaciones originadas por el mundo de la percepción, se convierten en motivos, en argumentos válidos para el sistema de pensamiento del ego, para mantenernos alejados de la felicidad y de la paz.

    ¿Cómo vamos a gozar de paz, cuando estamos en guerra contra el mundo?
    ¿Cómo vamos a gozar de paz, cuando sufrimos las limitaciones del cuerpo?
    ¿Cómo vamos a gozar de paz, cuando somos prisioneros de nuestros miedos?

    El silencio, al que nos referimos, ya lo hemos dicho, no es represor. Ese silencio verdadero viene acompañado de comprensión y da lugar a una percepción nueva y correcta. Esta percepción nueva es fruto de una nueva visión, y esa nueva visión, a su vez, es el fruto de una nueva elección.

    Si estamos en guerra, elegimos ver todo de otra manera y sustituimos la guerra por la paz.
    Si sufrimos las limitaciones del cuerpo, elegimos ver el dolor de otra manera y sustituimos la enfermedad por curación.
    Si tenemos miedo, elegimos ver esa ilusión de otra manera y sustituimos el miedo por Amor.

    Nada externo a nosotros tiene el poder de hacernos sufrir, si no le otorgamos ese poder.

    Reflexión: ¿Dónde buscamos la paz?

    miércoles, 11 de septiembre de 2019

    UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 254

    LECCIÓN 254

    Que se acalle en mí toda voz que no sea la de Dios.

    1. Padre, hoy quiero oír sólo Tu Voz. 2Vengo a Ti en el más profundo de los silencios para oír Tu Voz y recibir Tu Palabra. 3No tengo otra ora­ción que ésta: que me des la verdad. 4Y la verdad no es sino Tu Volun­tad, que hoy quiero compartir Contigo.

    2. Hoy no dejaremos que los pensamientos del ego dirijan nues­tras palabras o acciones. 2Cuando se presenten, simplemente los observaremos con calma y luego los descartaremos. 3No desea­mos las consecuencias que nos acarrearían. 4Por lo tanto, no ele­gimos conservarlos. 5Ahora se han acallado. 6Y en esa quietud, santificada por Su Amor, Dios se comunica con nosotros y nos habla de nuestra voluntad, pues hemos decidido recordarle.

    ¿Qué me enseña esta lección?


    Sí, nos encontramos en el camino. Nos hemos dado cuenta, de que hemos estado buscando la felicidad en el lugar equivocado. Nos hemos dado cuenta, de que la vida no puede ser sufrimiento, dolor, penalidades, castigos, luchas y finalmente, la muerte.

    Sí, nos encontramos en el camino. Nos hemos propuesto ver las cosas de otra manera. Nos hemos propuesto, ver en nuestros hermanos, no el ropaje físico, sino la verdadera Esencia que habita en él. Nos hemos propuesto, perdonarnos y perdonar. Nos hemos propuesto renunciar a la visión errónea de la separación, del pecado y sustituirla por la visión correcta de la Unidad y de la Expiación.

    Sí, nos encontramos en el camino. Nuestra propuesta es firme y, a pesar de ello, aún dejamos que la voz agonizante del ego, intente ganar nuestra atención reclamando su hegemonía, cuando en verdad, no tiene derecho alguno a recibir la legítima herencia que el Padre tiene dispuesta para cuando Su Verdadero Hijo, la reclame.

    Hoy no dejaré que los pensamientos del ego dirijan mis palabras o acciones. Permaneceré con “la Luz permanentemente encendida” para no dejarme engañar por la ilusión, por la tentación. Apaciguaré ese murmullo rancio que trata de ilusionarme y, en su lugar, prestaré mis oídos para recibir la Verdadera Voz del Padre, el cual, me comunicará cuál es su Voluntad. Amén.

    Ejemplo-Guía: "La fuerza del silencio"

    Está todo dicho. Hoy no vamos a ocupar nuestra mente con dilemas racionales, con cuestiones que nos distraigan con divagaciones inútiles. Hoy vamos a practicar el silencio.

    Está todo dicho. La Verdad, es una y sabemos dónde encontrarla, dónde gozarla, pues ya forma parte de nosotros. Siempre lo ha hecho.

    Está todo dicho. Disfruta del silencio. Hagámoslo consciente en nuestra mente. 

    Más allá de la dimensión que parezca adquirir nuestras experiencias, tenemos el poder de decidir, de elegir, a quién oír. Las voces del mundanal ruido no nos satisfacen. Seguir sus "consejos" nos lleva al sufrimiento y al dolor. En cambio, nuestra alma se funde en el gozo, cuando es la Voz del Espíritu Santo la que nos guía. Silencio. 

    Silencio. Y observemos el mundo con la visión del que percibe la ficción de una película. Nada es real. Nada tiene significado. Desde esa visión, el vocerío se tornará en silencio y el silencio nos inundará de paz.

    Está todo dicho. Silencio. Paz.

    Reflexión: ¿Qué te aporta el silencio?

    martes, 10 de septiembre de 2019

    ¿Cómo educar a un niño Virgo?


    El proceso evolutivo exige que todo lo que un día nace, debe crecer, madurar y morir, para volver nuevamente a nacer a un nivel siempre superior. En este proceso creativo, el papel de Virgo es ejemplar. Su dinámica consiste en poner el sello final a la Obra. Virgo trabaja en la fase terminal de cualquier empresa y esa labor le capacitará para dar muestra de una humilde sabiduría.


    Una frase muy utilizada por los nativos de este signo y que define genialmente su característica primordial, es esta:


    "Cuando tu vayas, yo ya he vuelto".


    En efecto, vuestro hijo, desde muy pequeño, ya notareis en él rasgos de intensa madurez. No debéis sentiros ofendidos, cuando alguien se acerque al niño y haga un comentario de este tipo:


    "Hay que ver la cara de viejo que tiene este niño".


    Verdad es, que no estará desvariando cuando alguien reconozca en el esos rasgos de “avanzada” edad, en realidad no está definiendo su aspecto físico, sino algo más profundo y que tan solo el niño virgo puede expresar, nos referimos a la experiencia conquistada a lo largo de las vidas pasadas y que se refleja con la huella de la sabiduría en el rostro del niño.


    Algo muy importante deben conocer los padres y educadores de los virgos. En ellos pesa un instinto de supervivencia que los llevará durante gran parte de su vida a luchar arduamente para que su estabilidad material no se resienta. Un temor inconsciente por quedar sin recursos económicos, o tal vez antes la precariedad del cuerpo físico, ante la enfermedad, le convertirá en individuos muy ahorrativos, hasta el punto de rallar la tacañearía y en verdaderos escrupulosos que con el tiempo degeneran en personalidades hipocondriacas.


    Ellos no adquieren por voluntad propia la actitud de renuncia y desprendimiento que exige la dinámica del signo. Pensando en voz alta, dirían: "si me ha costado tanto trabajo conseguir lo que tengo, cómo es que la vida me lo quita". Para evitar que esto suceda, se ponen a ahorrar y a ahorrar. Gastan poco y a veces prefieren vivir en la miseria antes de agotar los recursos que guardan celosamente en el banco.


    Esta actitud se hace extensible a todos los aspectos de la personalidad. La mente del niño virgo es muy analítica y meticulosa. Despiertan una gran capacidad de observación, y aunque en una primera fase de cualquier aprendizaje siempre encuentran dificultades de adaptación debido a sus temores de no saber hacerlo a la perfección, cuando han conseguido dominar la tarea, se convierten en los mejores técnicos, aunque también es verdad que no por ello son los mejores instructores, pues carecen de paciencia con los alumnos al exigirles un nivel excesivamente perfecto.


    Los pensamientos de vuestro hijo pueden ser sombríos y pesimistas, si no le hacéis comprender desde pequeños la ley fundamental de la vida: "lo que nace debe morir, nada permanece estacionado".


    Él se acostumbrará a observar esta ley en la naturaleza, y descubrirá pronto que es necesario seguir el ritmo de la evolución. Si conseguís esta meta, os podréis sentir satisfechos por vuestra labor. Habréis conseguido evitar muchos sufrimientos futuros a vuestro hijo.

    Es aconsejable que desarrolléis y potenciéis su capacidad innata, la observación, pero en este trabajo debéis cuidar que no se pierda en los detalles minuciosos que tan solo limitarían su visión, convirtiéndole en un ser demasiado materialista. Para contrarrestar esa tendencia, sería muy favorable que adquiriese conciencia de la totalidad del cosmos. La filosofía, así como narraciones sobre temas trascendentes que ocupen su primera infancia permitirá a vuestro hijo, que no sea tan solo un excelente científico, sino también, un sabio místico.


    En los estudios es inmejorable. Su capacidad intelectual es envidiable, sin necesidad de estudiar largas horas, ya sabe. Será el típico estudiante que con pocos minutos de estudios, aprueba todas las asignaturas.


    Será reflexivo y pensará las cosas mucho antes de hacerlas. A pesar de su temprana edad, deberíais solicitar sus consejos, y os sorprenderéis por la profundidad de sus respuestas.


    Algo que no deben olvidar los padres del niño virgo, es que nunca deben someterle a una excesiva carga de responsabilidad, y no es aconsejable, porque el niño no vaya a responder, nadie lo hará mejor que él, pero con ello tan solo conseguiríais alimentar su obsesivo temor de que la vida no merece la pena vivirla, si se viene tan solo para sufrir.


    En el terreno afectivo, vuestro hijo será poco demostrativo, pero no por ello deben pensar que no os ama. El tendrá un modo más significativo de demostrar sus afectos, lo hará a través de su servicio. Ningún otro signo es tan servicial como el virgo. Se entregará en cuerpo y alma cuando alguien le necesita, hasta tal punto, que descuida su propia atención en abnegada entrega por los demás.


    En cambio a la hora de recibir cariño el niño virgo suele comportarse tímidamente, su único fin es pasar desapercibido, aunque para mantener su equilibrio interno, su estabilidad física, depende del amor que reciba de los demás. Cuando percibe que tan solo es querido por lo que es capaz de ofrecer, se limitará a cobijarse en su mundo y se excluirá de cualquier relación.


    En definitiva, vuestro papel como padres debe centrarse especialmente en evitar que vuestro hijo crezca con un sentimiento y con una visión negativa y apesadumbrada de la vida. Con ello estaréis evitando que se despierten en él un sin fin de hábitos, manías y obsesiones, que al final harán de el un ser enfermizo.


    La humanidad está muy necesitada de su aportación a la vida, en la medida en que permanezcamos durante mucho tiempo estancado en la fase de los goces materiales. El vendrá a dar ese importante impulso que nada tiene que ver con esa popular canción que dice: "no, no nos moverán".