SEGUNDA MULTIPLICACION DE
LOS PANES
1 Por aquellos días, como hubiese una
gran muchedumbre y no tenían que comer, llamó a los discípulos y les dijo: 2
Tengo compasión de la muchedumbre, porque hace ya tres días que permanecen
conmigo y no tienen qué comer; 3 si los despido ayunos para sus casas,
desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.
Una vez más nos encontramos en un proceso de cambio, de
avance, de proceso evolutivo. Siempre que asistimos a un nuevo reto, la crónica
nos revela la presencia de una gran muchedumbre. ¿Qué representa esa
muchedumbre?
Ellos son los que asisten a la Obra, son los estudiantes a
los que el profesor ha de enseñar. Sin ellos, la Obra no tendría sentido, de
igual modo que sin estudiantes, el profesor no podría realizar su labor. Por lo
tanto, la muchedumbre representa a las energías que debemos conquistar. El mensaje
del amor debe llegar hasta ellos, de ahí que, cada vez que nos acercamos a una
nueva tierra, la multitud aparezca.
Si esto es así, ¿qué tipo de energías está simbolizando esa
muchedumbre?
Veamos las pistas que se esconden en el pasaje. En primer
lugar encontramos que no tenían qué comer, han agotado el suministro con el que
hasta ahora se han alimentado, y hacía ya tres días que permanecían con Jesús.
Esos tres días, están representando a los tres signos del
Elemento Agua -Cáncer, Escorpio y Piscis-, y es la compasión de Jesús, es
decir, la síntesis de los Trabajos de Piscis, el amor sublimado por los demás,
el que nos lleva a tomar consciencia de que esa muchedumbre -energías
emocionales-, debe comer del nuevo alimento que Él representa. Si los deja ir a
su casa, es decir, el Mundo del Deseo, sin recibir ese impulso nuevo,
desfallecerán.
¿Cómo aplicar esta revelación en nuestras vidas? Se trata de
reconocer, que cuando nos encontramos despiertos al amor universal y este nos
lleva a compadecernos del Mundo, también debemos aplicarnos ese mismo amor a
nosotros mismos pues, nuestra naturaleza deseo, necesita recibir alimento, ya
que ha permanecido sin comer, sin identificarse con lo antiguo, durante tres
días, los tres días de purificación que hemos desarrollado en nuestro Mundo
Emocional.
Amar al mundo con compasión, exige despertar la compasión en
nosotros mismos. Si queremos amar la unidad en los demás, debemos amar la
unidad que existe en nosotros mismos.
4 Sus discípulos le respondieron: Y
¿cómo podría saciárselos de pan aquí en el desierto?
Una nueva clave aparece en las palabras de los discípulos.
¿Cuál será esa nueva tierra? Astrológicamente encontramos la respuesta. Nos
encontramos en la dinámica de Transición de un elemento a otro, del Agua al
Aire. Ese Agua esta representada por la muchedumbre hambrienta que ha
permanecido durante tres días, sin proyectos, sin energía-deseos hacia la
conquista del mundo material. El Aire es el desierto, la tierra aún no
conquistada, y la preocupación de los discípulos es lógica, pues si en ese
desierto-Aire la energía es mental y no emocional, ¿cómo podrían elaborar pan,
si carecían del poder-deseo para obtenerlo?
5 Él les preguntó: ¿Cuántos panes
tenéis?
Detrás de esa pregunta se esconde una lección muy hermosa. La
gran mayoría de los hombres desconocen lo que verdaderamente poseen. Decimos,
esa persona ha obrado así porque no tiene amor, o porque no tiene razón. Con
este modo de pensar, estamos negando nuestras posibilidades, estamos olvidando
lo que somos. ¿Acaso no hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios?
¿Acaso, esto no significa que somos portadores de todas las Fuerzas y Poderes
del universo? Si es así, ¿cómo podemos decir, que no tiene amor, o que no tiene
razón?
Cuando en nuestra vida nos encontramos en una situación en la
que debemos alimentar a una gran muchedumbre, no busquemos fuera de nosotros el
pan con el que debemos alimentarlos, pues no es ese pan, el que saciará su
apetito. Llegado a este punto, ese pan debe encontrarse en nuestro interior. Se
trata de los logros que hemos conquistado. Cuando estudiábamos la dinámica de
Escorpio, el número de panes era cinco, pues se estaba refiriendo a los valores
del propio signo, como ya vimos. Ahora esos panes son siete, es decir, se
refiere al séptimo signo, al que corresponde causalmente a Libra.
Dijeron: Siete. 6 Mandó a la muchedumbre
recostarse sobre la "tierra"; y tomando los siete panes, dando
gracias, los partió y los dio a sus discípulos para que los sirviese, y los
sirvieron a la muchedumbre. 7 Tenían unos pocos pececillos, y dando gracias,
dijo que los sirviesen también 8 comieron y se saciaron, y recogieron de los
mendrugos que sobraron siete cestos. 9 Eran unos cuatro mil. Y los despidió.
Estamos ante una situación que parece copiada del capitulo
VI, versículos 38-44. Cuando estudiábamos dichos pasajes, decíamos que nos
encontrábamos en la dinámica del signo Escorpio, pero activando el tercer
decanato, el cual, esta regido por Piscis. Se trataba del Trabajo de
Anticipación.
En cambio, en este capitulo VIII, las variantes que se
introducen, nos revelan que, en verdad, el mensaje es bien distinto, aunque las
energías con las que se Trabaja tienen algo en común: la dinámica de Piscis.
Mientras que el capitulo VI se encarga de anticiparnos los
Trabajos de exteriorización de la energía emocional, en este capitulo VIII, se
trata de culminar dichos Trabajos. En la primera multiplicación de los panes,
el protagonista principal era el número 5, esto es, la energía de Gueburah,
cuya misión primordial es el despertar a nuestros obreros internos para que
tomen consciencia de sus capacidades potenciales.
En la segunda multiplicación de los panes, el protagonista es
el 7. Si consultamos el Árbol Cabalístico, comprobamos que entre el Séfira
número 5 y el número 7, se encuentra Tiphereth-Piscis, indicándonos que para
alcanzar el Séfira número 7, Netzah, hemos de conquistar esa Morada. Ya hemos
visto en que consiste esa conquista, la hemos desarrollado en el capítulo
anterior.
Ahora, nada más empezar un nuevo episodio, y a pesar de que
los sucesos ocurrieron “en aquellos días”, es decir, aún no hemos salido por
completo de la dinámica de Piscis, nos encontramos ante otra toma de
consciencia por parte de los Obreros de la Divinidad.
Es el momento de conocer que somos portadores de un nuevo
don, el de armonizar y embellecer, puesto que esto es lo que simboliza poseer
siete panes. Para llegar a este punto del camino, hemos tenido que recorrer ya
las tierras del Fuego y del Agua. Si hemos realizado los Trabajos
correctamente, tendremos a nuestra disposición la facultad de reconocer la
unidad en los demás. Esa es la asignatura que tendremos que abordar cuando nos
encontremos plenamente en Libra. “Yo soy, los demás”, esa será la nueva
expresión de nuestra identidad. Siendo los demás, estaré en condiciones de
alimentarles y de saciar su apetito.
Junto a los siete panes, también tendremos unos pocos
pececillos, es decir, el fruto de la anterior etapa se encuentra a disposición
de la nueva faceta, y teniendo consciencia de nuestras pertenencias, debemos
dar gracias y servir a los demás
En estas dos expresiones, se resume la obra Crística. Aún no
hemos culminado todos los Trabajos, pero nos encontramos en su ecuador, y ya
podemos comprender cual ha de ser nuestra labor: Dar gracias. ¡Qué olvidado
tenemos este precepto!
¿Por qué no damos gracias de cuanto poseemos? ¿Tan soberbios
somos, que pensamos que aquello que hemos obtenido nos pertenece?
Nosotros, no lo olvidemos, somos sembradores, pero ni tan
siquiera la semilla nos pertenece. ¿Cómo vamos a pretender quedarnos con los
frutos y ni tan siquiera dar las gracias?
En nuestra vida, a cada minuto y segundo de nuestra
existencia, ya sean momentos de gloria, de triunfo, de felicidad, de dolor o de enfermedad, de sufrimientos,
debemos dar gracias. Y esto debe ser así, porque en verdad ya lo poseemos Todo,
aunque no nos demos cuenta de ello. Poseemos la Luz, pues sin ella no
existiríamos; poseemos el Amor, pues sin su presencia no creceríamos; y
poseemos la Inteligencia, pues sin ella, no nos reconoceríamos. Dios y
nosotros, formamos una Unidad, y nada de lo que hagamos puede entenderse como
algo separado de Dios. Por eso, cuando somos capaces de comprender y sentir esa
unión perfecta y eterna, no podemos evitar dar gracias, gracias por todas estas
cosas.
Cuando somos conscientes de lo que somos, de lo que poseemos,
entonces damos gracias, pues hemos reconocido nuestra ignorancia y hemos
recuperado precisamente la Gracia. A partir de ese momento, sí podemos dar
gracias, pues ya se encuentra en nosotros.
Y junto a la gracia, el servir.
Cuando despertamos y nuestros ojos comienzan a ver los hilos
de la unidad que mueven el mundo, inmediatamente nos ponemos a servir, pues en
ese servicio estamos aprendiendo a recibir. No es fácil el estar abierto al
recibir. Por lo general, nuestra actitud es refractaria a lo que los demás nos
dan. Eso que debemos poner al servicio de los demás, debe formar parte de
nuestros excedentes. Así se mantendrá el equilibrio entre los seres. Doy lo que
ha formado parte de mí, pues dando, estaré dejando nuevos vacíos donde poder
depositar las nuevas energías que me llegan de mis hermanos.
Enseñar y aprender, dar y recibir, son una misma cosa en
diferentes fases de manifestación. Aprendo cuando enseño, y recibo cuando doy.
Ese es el mensaje que nos transmite Jesús, el Maestro de la Nueva Consciencia.
Cuando demos, nos daremos cuenta de que siempre sobran
energías, y con esas sobras podemos llenar siete cestos. No agotaremos lo que
tenemos por mucho que demos. Si estamos dando desde Libra, el pan que estamos
ofreciendo sabrá a armonía, a unidad, a paz, a comprensión, y por mucho que
demos de esas energías, siempre tendremos reservas.
En esta ocasión, en la muchedumbre se contaban un total de
cuatro mil, lo que nos indica que esos Trabajos nos llevarán a la Esfera de
Hesed, donde hemos de edificar el Nuevo Paraíso. Con Libra-Netzah podremos
alcanzar ese estadio paradisiaco del que la humanidad se separó en la
recapitulación del Elemento Agua-Deseo en el Cuarto Día de la Creación. Ahora,
tras haber conquistado el Agua, el Tránsito al Elemento Aire es el anuncio de
que hemos retornado a ese estadio de consciencia semejante al que, al Principio
de la creación de la humanidad, despertó el hombre.
Nosotros viviremos igualmente estas mismas experiencias.
Cuando hayamos conquistado nuestro egoísmo con el amor, y se halla producido en
nosotros el despertar de la unidad con los demás, estaremos en condiciones de
dar un nuevo alimento a nuestra naturaleza. Ya no veremos el mundo con los mismos
ojos, y ello, nos llevará a sentirnos unidos con toda la creación, nos llevará
a querer construir el paraíso en la Tierra, y ese será nuestro mensaje: la paz,
la armonía, la unidad.
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