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lunes, 15 de agosto de 2016

Cuento para Mumiah: "Sin miedo a la muerte"


Muchas experiencias de la vida son duras, pero ninguna lo es tanto como la pérdida de un ser querido, y sin embargo, esta opinión, que es muy popular, no parecía ser compartida por Yesod, la joven Yesod, que en aquellos momentos se despedía de su amado abuelo, el anciano Mumiah.
  • No debes estar triste pequeña, la tristeza no es buena para el corazón, y además envejecerás antes.
Eran las palabras de un moribundo que luchaba por no dejar una huella amarga en el recuerdo de la joven.
  • ¿Cómo puedo estar feliz cuando te estás muriendo? -contestó con desolación Yesod, al tiempo que hacia un desesperado intento para no llorar -.
  • Hija mía, he vivido 72 años y me siento orgulloso de ello. La vida es hermosa, pero tan solo es un reflejo de la belleza que me aguarda allí donde voy. Soy feliz porque he cumplido con mi trabajo y ahora como un fruto maduro debo dejar esta tierra para renacer en otra.
  • Pero abuelo, ¿cómo puedes estar tan seguro de lo que dices? -preguntó angustiada la Joven-.
  • Ja, ja, ja -sonrió dulcemente el anciano -, los años hija mía, los años nos hace sabios, ¿acaso la naturaleza entristece cuando uno de sus árboles da sus frutos maduros a la tierra? No, todo lo contrario, se enorgullece, pues ese fruto lleva una nueva semilla y será con su muerte que le permitirá renacer, brotar y crecer, convirtiéndose nuevamente en árbol. ¿Lo entiendes pequeña? Todo en la vida sigue esa ley de renacimiento y cambios.
La joven Yesod quedó pensativa. Aquellas palabras habían despertado su conciencia y ahora veía las cosas de distinta manera. Amaba a su abuelo, y sin embargo, ahora no se sentía infeliz por su marcha, estaba segura que allí donde renaciera todos estarían encantados de recibirle.

Los años pasaron y aquella joven creció siguiendo los consejos que tan sabiamente le había legado el anciano. Desde aquel día, Yesod se prometió que no desfallecería en su empeño de compartir con los demás la inmensa riqueza que había heredado de su abuelo.

Cierto día, y de manos de la desgracia, estalló una guerra. Durante siete sangrientos días, los pueblos se arrasaron y los campos quedaron devastados.

El sufrimiento, el dolor y la desolación eran la única atmósfera respirable y se hacían ya tan insoportables que muchos buscaron refugio en el suicidio.

Yesod también era víctima de aquella situación, pero su actitud era muy distinta. Sacó coraje de donde podía haber flaqueza y se entregó por entero al servicio de las necesidades.

Eran tantos, que apenas si le quedaban fuerzas para atenderles a todos, pero no desfallecía, el cansancio no conseguía abatirla, y gracias a sus infatigables esfuerzos, muchos enfermos encontraban alivio, y aquellos que cegados por la desesperación quisieron quitarse la vida, pronto cambiaron de opinión, pues las sabias palabras de Mumiah, el noble anciano, se habían renovado con más fuerza en el espíritu de Yesod, que se convertiría en una sublime luz que alumbraría sus vidas.

Fin


domingo, 14 de agosto de 2016

Cuento para Haiaiel: "La derrota del caballero negro"


La princesa Aura acababa de cumplir su mayoría de edad y aquellas 21 campanadas anunciaban, con armonioso compás, aquel acontecimiento.

Debía sentirse muy feliz, pues todas las doncellas soñaban con ese momento, sin embargo, aquella hermosa flor, tan cálida y suave, se sentía embargada por una profunda tristeza. El día más esperado de su vida se estaba convirtiendo también en el más amargo.

Tan solo podía haber una razón para que la joven Aura se sintiera tan apenada.
  • Hija mía, hoy cumples tu mayoría de edad y ha llegado el momento de buscarte un esposo -le dijo su padre, el rey de Lumer, la Tierra del Talento -.
  • Pero padre aún soy joven y lo que es más importante, no estoy enamorada -contestó la princesa ruborizándose -.
  • Tonterías, ya tienes edad, y en cuanto al amor no te preocupes, tendrás tiempo para ello - dijo tenazmente el rey -. Debes prepararte, pues en la próxima luna se celebrará un torneo y aquel que venza será el caballero que te desposará. No hay nada más que hablar.
La princesa se retiró a sus aposentos y lloró hasta quedar rendida.

Y el día del torneo llegó. La noticia que había proclamado el rey llegó hasta todos los lugares, y de los más remotos confines de la tierra, fueron llegando caballeros con el único deseo de ser esposo de tan delicada flor.

Durante siete días estuvieron compitiendo y ya tan sólo quedaban dos finalistas que se enfrentarían en un último duelo.

Aquellos dos caballeros eran sin duda los más diestros. Uno se distinguía por su habilidad en el manejo de la espada, el otro por un extraño poder malévolo.

Todos esperaban que la destreza ganase la partida a la crueldad, pero se equivocarían, pues el caballero negro no dio oportunidad para que su rival se defendiera.

Un grito surgió de las gargantas de todos cuantos estaban asistiendo al espectáculo. Aquel acto de cobardía había sido traicionero, pero nadie se atrevió a hacerle frente a aquel sanguinario guerrero.
  • He ganado mi derecho. Entregadme a la princesa -dijo el ganador del torneo -, mientras que amenazaba al rey con su espada.
Ante las miradas de asombro del pueblo, el caballero negro se llevó a la dulce Aura, sin que nadie le opusiera resistencia.

Pasaron los días y el rey cayó enfermo de desesperación. Se sentía culpable de lo que le había sucedido a su hija, y no sabía qué hacer.

Cierto día, llegó al palacio un humilde escudero quien decía poder salvar a la princesa. Muchos se rieron de él, sin embargo, fue recibido por el rey.
  • Decís que podréis salvar vos solo a la princesa -preguntó sin convicción el rey -.
  • Forjadme una armadura y una espada con este metal que os entrego y os lo demostraré -contestó seguro de sí el apuesto joven -.
  • ¿Cómo os llamáis muchacho? -preguntó intrigado el Soberano -.
  • Mi nombre es Haiaiel, señor, vuestro más humilde servidor.
A la mañana siguiente, el osado Haiayel recibió una armadura plateada y una espada que despedía una luz poderosa, y con ellas partió en busca del caballero negro.

Cuando le encontró, mantuvieron una terrible lucha. Las fuerzas del mal combatían con celo y astucia, pero esas armas no eran suficientes para vencer a las fuerzas del bien, quien superando aquella magia negra, consiguió la victoria definitiva sobre ella.

La princesa fue rescatada por aquel valeroso escudero, quien al llegar a palacio y por la gracia Divina encomendada al Soberano, fue nombrado caballero. Ya no marcharía de aquel reino, pues la princesa Aura no le permitiría hacerlo.

Fin

sábado, 13 de agosto de 2016

Cuento para Jabamiah: "El Filón de Oro Espiritual"

La historia que a continuación os voy a contar, es la historia de un verdadero buscador de oro, que tras muchos años de búsqueda, logró un día encontrar lo que deseaba, un maravilloso filón, pero no sabemos si aquel hallazgo vino a traerle la felicidad o por lo contrario sería portador de desgracia. Veámoslo:

Habían sido doce años, doce pesados y largos años de incansable trabajo, de ir de acá para allá sin conocer lo que era un merecido descanso, durmiendo la mayor de las veces teniendo el firmamento por techo y alimentándose tan sólo de lo que era capaz de encontrar a su paso.

Pero al final mereció la pena pasar todas aquellas calamidades, pues el hallazgo de aquel filón, le había convertido en un hombre rico, muy rico.

El loco y harapiento buscador, que un día partiera huyendo de los sinsabores de la pobreza, volvía convertido en un acaudalado y respetado señor.

Nadie le había reconocido y muchos de los que antaño le habían despreciado, ahora revoleteaban a su alrededor intentando ganar su simpatía y confianza, para que se sintiera atraído por aquella falsa amistad y compartiera con ellos su riqueza.

Aquella hipócrita situación le divertía y Jabamiah dejó que lo agasajaran durante un tiempo aprovechándose de su ventaja, hasta que llegó el día en que les dio una buena lección.

Todo parecía sonreírle, desde que tuvo la fortuna de convertirse en un hombre rico. Se sentía amo y señor de aquel pueblo. Tenía tanto poder su dinero que podía comprar cuanto quisiera, hasta la moral de sus habitantes.
Poco a poco se fue apoderando de todo y para asegurar que el dinero nunca le faltase construyó salones de juego, donde todos los días robaba a cuantos jugaban en ellos, sin que estos lo supieran.

Desde que el llegó, Luven se había convertido en una ciudad corrompida, y todos cuantos a ella llegaban quedaban seducidos por sus encantos, y cuando salían, muchos intentaban suicidarse, pues nada les quedaba para seguir viviendo.

Cierto día, Jabamiah sufrió un terrible accidente y tuvo la mala fortuna de quedar inválido. Ni todo el oro del mundo podía devolver la sensibilidad a sus piernas que habían quedado paralizadas.

De la noche a la mañana, el hombre más feliz de la tierra se había convertido en el más desgraciado. No quería hablar con nadie, únicamente quería estar solo. Comprobó que siempre lo había estado, aunque aparentemente estuviese rodeado de mucha gente. Todos le habían buscado por su riqueza, jamás nadie le necesito como persona.

Aquellos pensamientos fueron ocupando su lente y le martilleaban con dureza. Tantos años perdidos con el único propósito de hacer riquezas, ¿para qué? La vida - pensó -, era algo más que poseer y poseer. ¿Cuándo había dado él? No pudo encontrar respuesta.

Jabamiah se sentía cada vez mas desconsolado. Ya no le importaba ser un hombre inválido, le importaba y mucho, ser un hombre corrompido y se dijo que debía hacer algo para evitarlo.

Y así lo hizo. Lo primero fue construir un templo donde las almas de Luven pudieran encontrar la paz que él ahora sentía. Más adelante construiría colegios, jardines y casas para cuantos necesitasen de ellas.

Sintió Jabamiah, como ahora su vida era más plena. No podía andar, pero sus acciones lo hacían por él. Aunque no por mucho tiempo, puesto que su naturaleza cambió tanto, que sus órganos enfermos recobraron la salud, y aquel buscador de oro encontró un nuevo filón, pero se trataba en esta ocasión del oro espiritual, el eterno poder del espíritu.

Fin

viernes, 12 de agosto de 2016

Cuento para Rochel: "El Testamento"


La paz del reino de Lusol dependía de aquel manuscrito firmado y sellado por el Soberano, momentos antes de abandonar su cuerpo físico.

Su sublime voluntad tenía en jaque a muchos en palacio, que como buitres revoloteaban deseosos que su víctima, el moribundo rey, les tuviese en cuenta a la hora de redactar su testamento.
  • El rey ha muerto -gritó una voz desde la torre más alta de palacio -.
Inmediatamente aquella noticia se fue transmitiendo con rapidez, y en pocos minutos era conocida por todo el reino.

Las campanas del Sagrado Templo repicaron doce veces, como anunciando al cielo la llegada de un nuevo viajero.

Mientras tanto y con la ansiedad de lobos hambrientos, los herederos esperaban recibir noticias del Consejero Real, que daría lectura al testamento.
  • Yo, Yesthip, como único Soberano de Lusol, con plena conciencia de mis actos, dejo en manos de Rochel...
Tras aquella revelación, el Consejero no pudo seguir leyendo el manuscrito, pues la rabia de aquellos que esperaban ser reconocidos como herederos al trono, se lo impidió.
  • No puede ser, el viejo estaba loco. Ese testamento no es válido, debemos evitar que se cumpla su voluntad –dijeron todos violentamente -.
  • ... que nada, ni nadie pueda impedir que mi voluntad sea cumplida -terminó de leer el Consejero -.
Pero aquellas últimas palabras, tan sólo fueron oídas por Rochel, el único heredero.

Aquello no quedaría así, los hermanos de Rochel estaban dispuestos a todo, para conseguir el poder del reino, y aquella ambición les llevó a pensar un plan malévolo.

A la mañana siguiente, nada más despuntar el alba, un vocerío vino a llamar la atención del futuro monarca.
  • Señor, señor despertad, pues ha sucedido algo terrible -vociferaba el Consejero Real -.
  • Tranquilízate y dime qué ha ocurrido -expresó Rochel -.
  • El manuscrito del testamento ha desaparecido, lo han robado esta noche mientras dormíamos -contestó el nervioso consejero -.
  • Ha sido obra de mis hermanos, pero será difícil demostrarlo. Sin testamento no se reconocerá el derecho al trono.
Tenia razón el joven Rochel, y aquello lo sabía muy bien los causantes de aquella desaparición.

Ya entrada la mañana, Rochel fue requerido por el Consejo Real, pues sus hermanos habían solicitado una reunión especial para repasar el testamento. Era la excusa que esperaban para desacreditar al heredero. Al no poder presentar el testamento, ellos solicitarían por derecho de edad el acceso al trono.

Rochel sabía que tenía que actuar pronto. El tiempo obraba en su contra y ya a penas le quedaba unos minutos para decidir qué hacer. Se sintió abrumado por todo lo que estaba sucediendo y buscó un momento de paz interior antes de hacer frente a aquella traición.

De repente y a pesar de estar sus ojos cerrados, una luz apareció en su mente y sin saber cómo, un paisaje tomó vida en su interior. Era el bosque de Lusol. Vio como un hombre encapuchado escondía entre unas piedras un papel. Era el manuscrito sellado y firmado por el rey.

Aquella visión le sobresaltó y volvió en si, recuperando de nuevo la conciencia. Acababa de ver dónde se encontraba el testamento y una voz interior le decía que debía ir hasta él.

Así fue como Rochel, recuperó su poder como heredero y puso fin a la malicia de sus hermanos, que vieron sorprendidos como sus astutos planes de nada les habían servido.

Fin


jueves, 11 de agosto de 2016

Cuento para Habuhiah: "Pagando deudas"

Los habitantes de la comarca de Lumar se sentían muy orgullosos de ser propietarios de aquellas fértiles tierras.

Nadie había visto jamás campos tan ricos y fecundos como aquellos.

Los mejores y más gustosos frutos crecían en los árboles de aquella región, y ninguna otra cosecha podía compararse a la que se recogía cada año en aquellas tierras.

Eran verdaderos artesanos de la agricultura. Amaban profundamente el campo y los espacios libre, donde gozaban de la gratitud que le otorgaba la naturaleza.

La salud y el bienestar era compartido por todos y aquella felicidad era para muchos una recompensa Divina.

En los jardines de palacio crecían y exhalaban las más bellas flores, y en ellos, pasaba las templadas tardes primaverales la hermosa princesa Violeta, que se embriagaba con la suave brisa de aquellas seductores aromas.

Sin embargo, en el Libro del Destino había una cuenta pendiente que Lumar y sus habitantes debían pagar, y había llegado la hora de hacerlo.

Cierto día, al atardecer, cuando el Sol cedía cortésmente su hegemonía en el firmamento a su amada Luna, una espesa nube cubrió por completo el cielo impidiendo que sus nítidos rayos llegasen a la tierra. La oscuridad llegó antes de tiempo y aquel hecho llamó la atención de los expertos conocedores de los símbolos de la naturaleza.
  • Debe ser una nube de polvo -replicó uno de ellos -.
  • Tal vez sea una bandada de pájaros, en este tiempo suelen emigrar de otras tierras -expresó un segundo-.
Pero no tardarían en salir de aquella incertidumbre, pues aquel extraño ruido vino a disipar sus dudas. Eran langostas, una terrible plaga de langostas. Eran tantas que habían oscurecido la tenue luz del Sol.

Aquello tan sólo podía significar una sola cosa, la devastación. No podían creerlo. Tantos esfuerzos, tantos sacrificios, para que en pocas horas todo quedase destruido por aquellos parásitos hambrientos.

Pero a pesar de sus muchos talentos, nadie pudo evitar que Lumar, la comarca más rica y próspera de cuantas se habían conocido, se convirtiera en un desolador desierto.

Al menos ellos sobrevivieron a aquella masacre, pero ¿durante cuánto tiempo? Habían perdido todo cuanto tenían. ¿De qué se alimentarían?.

En poco tiempo, aquellas preguntas encontraron respuestas. El hambre estaba azotando a aquel pueblo y ya eran muchos los hombres, mujeres y niños que estaban enfermos.

El rey de Lumar también sufrió en sus carnes aquella tragedia, su hija, la princesa, estaba muy enferma.

Tan solo les quedaba una única esperanza, consultar con el sabio Habuhiah, él conocía todos los secretos de la naturaleza.
  • ¿Cuál es la causa de esta desdicha sabio anciano? -preguntó con amargura el rey -.
  • Cada fruto tiene un árbol y cada árbol un tronco. Cada tronco una raíz y cada raíz una semilla -contestó el anciano -.
  • ¿Qué queréis decir con ello sabio Habuhiah?.
  • Debéis saber que esta devastación es solo el fruto, un fruto que hace mucho tiempo fue sembrado por vosotros en otra vida. Vosotros lo habéis olvidado, pero en la memoria de la naturaleza, todo está escrito, y yo la estoy leyendo. Es el pago por vuestra pasada ambición. Desolasteis las tierras de otros pueblos, pues erais un pueblo guerrero. Ahora debéis dar vida a los campos, pero debéis conocer el dolor que se siente cuando los esfuerzos se hacen vanos. A partir de ahora podréis trabajar de nuevo las tierras, vuestra deuda está pagada. Id tranquilo, pues vuestra hija, al igual que los demás, se salvará. Pero hacedle saber, cual fue su pasado mal, para que ninguno de ellos vuelva a errar.
Desde aquel día, el pueblo de Lumar trabajó con una nueva ilusión, pues sabían que el futuro estaba en sus manos y en éste, tan solo había amor por la tierra y por cuantos habitaban en ella.

Fin

miércoles, 10 de agosto de 2016

Cuento para Eyael: "El Pacto del Fuego y el Agua"

40 años de adversidad habían sido suficientes para arrasar y empobrecer la región, que un día gozó de una gran riqueza y prosperidad. Nadie hubiese dicho, tras contemplar tan desolador paisaje, que Lujup había sido tierra de reyes y de poder.

Lo único que parecía conservarse aún intacto y que había sobrevivido milagrosamente a aquellos desconsoladores años, era una alta torre donde se decía habitaban los Doce Ancianos, hombres sabios cuya misión era mantener el equilibrio en el Universo.

Sin embargo, su labor había fracasado, Lujup difícilmente podía ser una tierra donde se respirase armonía y paz.
Todo lo contrario, había sido durante 40 años, el escenario donde un gran puebl,o que un día fue uno, se había dividido, pero no sin antes destruir con guerras tras guerras todo cuanto habían creado y amado.

Todo comenzó un día en el que el príncipe Hesed decidió buscar una esposa. Pero aquel deseo que no presentaba ningún contratiempo para sus padres, si lo sería muy pronto, puesto que el príncipe anunció que no estaba dispuesto a desposarse como la costumbre establecía. No amaba a Yesod, la princesa con la que debía unirse, pues así lo acordaban los lazos reales.
  • Yo amo a la princesa Netzah. Se que es más joven pero mi corazón le pertenece a ella -suplicaba el apuesto príncipe a su padre -.
  • Pero hijo mío, sabes muy bien que si te desposas con la princesa Netzah y rechazas a Yesod, estarás violando los acuerdos.
  • Si no es con la dulce Netzah, no me desposo -dijo definitivamente el príncipe Hesed -.
Su padre conocía muy bien a su hijo y sabía que nada, ni nadie le haría cambiar de manera de pensar, y armado de valor expuso en el Gran Consejo la decisión del príncipe.

Ya os podéis imaginar lo que ocurrió. El padre de la princesa Yesod se sintió humillado y pidió la guerra. Nada pudo evitar que desde entonces Lujup se dividiera en dos reinos.

40 años de luchas no habían sido suficientes para poner fin a las disputas que mantenían el reino del Fuego y el reino del Agua.

Unos tenían el poder de crear la semilla dadora de vida, sin embargo, el reino de Fuego no lograba hacer crecer esa semilla si le faltaba el Agua, cuyo poder era el de fecundar. Se necesitaban los unos a los otros, pero ninguno de los dos, estaba dispuestos a renunciar.

Cierto día, un errante viajero llamó a las puertas del Santuario donde habitaban los Doce Ancianos, y tras dar su nombre las puertas se abrieron.

Todos quedaron muy sorprendidos, pues a nadie le estaba permitido entrar en el Templo.

Durante tres días y tres noches estuvo el extranjero hablando con los Ancianos, y al llegar al cuarto, pidió reunirse con el rey de las tierras de Fuego y con el rey de las tierras de Agua.

Dijo llamarse Eyael y ser un sabio Astrólogo, que un día hablando con las estrellas recibió la misión de dirigir sus pasos hasta aquellas tierras, con el propósito de devolverle su don.
  • Que vuestros hijos se unan por amor -dijo a ambos reyes -.Qué el Fuego se acomode en el Agua y que esta le de su bendición.
Y cuando así lo hicieron, ambos reinos se fundieron en uno y recuperaron su don: el Poder Creador Fecundador.
La vida floreció y creció. Todo se multiplicaba con alegría. Lujup volvió a ser aquella tierra donde todos experimentarían de nuevo el poder de la riqueza, de la prosperidad y sobre todo de la sabiduría.

Fin

martes, 9 de agosto de 2016

Cuento para Manakel: "Conociendo el bien y el mal"

Aquel día, sería diferente a los demás. La fiesta que daba Lusar, para celebrar su cumpleaños reuniría a todos los chicos y chicas del barrio. Acababa de mudarse de casa, y apenas si había tenido la oportunidad de hacer amigos, por lo que pensó que lo de la fiesta sería una buena excusa para ello.

Y llegó la hora del encuentro. Poco a poco fue recibiendo la visita de los que pronto serían sus nuevos amigos. Entre ellos se encontraba Manakel, un joven amable y bondadoso que era muy querido por todos y cuya fama de glotón le precedía. Así se lo presentaron a Lusar:
  • Este de aquí es Manakel, es buen chico pero cuidado con él, porque acaba con todo lo que se puede digerir.
Lusar miró a Manakel y comprobó por su físico que en nada exageraba, pues aquella obesidad no se conseguía alimentándose del aire.

Sin embargo, y aunque Manakel les seguía la corriente en aquellas bromas, en su interior se debatía en fuertes luchas. Su conciencia le advertía que si abusaba de los alimentos, su organismo no lo soportaría, tendría una indigestión y enfermaría.

Aquella era la voz de su conciencia, pero había otra voz que le hablaba, era la de sus instintos. ¡Oh Dios mío! que bueno estaba todo, le decía seduciéndole para que cayese en la tentación de seguir comiendo.

Sin duda, ninguno de sus amigos se percibía del sufrimiento que Manakel llevaba por dentro.

En la fiesta no faltaba de nada. La comida era abundante y todo estaba exquisito. Así se lo parecía a Manakel, que una vez más cedió a la voz de sus instintos y se dio un atracón de miedo.

Cuando todo terminó, cada uno se dirigió a su casa, pues se hizo un poco tarde. Pero no todos lo hicieron así.
Manakel se sentía tan culpable por lo que había hecho que no se atrevía a regresar a casa.

Deseaba estar solo. No podía salpicar a los demás, con el odio que sentía hacia si mismo. Una fuerte agresividad se concentraba en su pecho y un fuego muy intenso le quemaba el estómago.

¡Dios mío!, que mal se sentía. Sin duda, Dios le estaba castigando por no obedecerle, y ahora se estaba muriendo.

Debía ir a casa, no quería morir sin despedirse de su familia.

La verdad es que no se estaba muriendo, ni Dios le estaba castigando, pero se sentía tan culpable por haber desobedecido la voz de su conciencia, que le advertía de que estaba obrando mal, que ahora deseaba estar muerto para acallarla.

Llegó a su casa y se sintió un poco mejor al ver a su familia. Estaba tan avergonzado que no podía ni mirar directamente a la cara de sus padres, y por ello decidió ir a la cama.

Buscó en el sueño la solución de su problema, pero pasaban las horas en el reloj y no podía pegar ojo. Los remordimientos de conciencia no les permitían sentirse en paz consigo mismo, y aquello le producía insomnio, no podía dormir.

Toda la noche la pasó en vela, y cuando el alba ya anunciaba un nuevo día, el cansancio le abatió llevándole a un profundo sueño. Pero incluso en este mundo, la paz le fue negada, puesto que tuvo una terrible pesadilla. Se encontró con Dios, que estaba muy enfadado con él y le decía coléricamente:
  • Veo que has traicionado el saber que he puesto en tí. Eres conocedor del bien y del mal, y lo violas caprichosamente. Si lo vuelves a hacer...
Entonces fue cuando Manakel se levantó sobresaltado y sudoroso. La cólera de Dios era terrible. No podía fallarle.

Aquel sueño jamás lo olvidaría, y desde entonces el joven logró vencer la voz de los instintos, y siempre se dejaba llevar por la voz de su conciencia. Ahora sabía escoger entre el bien y el mal.


Fin

domingo, 7 de agosto de 2016

Cuento para Damabiah: "La Fuente de la Sabiduría"


Aquella calma, aquella inactividad, estaba poniéndole enfermo. No era hombre que supiera estar con los brazos cruzados, cuando había tanto mundo por conocer.

Eran los pensamientos que mantenían aún despierto al joven Damabiah, a pesar de estar bien entrada la noche.

Sentado en la cubierta de aquel navío, en el que tan buenas aventuras había vivido, nuestro amigo hablaba en voz alta como si las estrellas -sus únicas compañeras -, pudiesen a oírle.

La silueta de la Luna se reflejaba nítidamente en las tranquilas aguas del mar. Estaba hermosa e imitaba la grandeza de su amado Sol, vistiendo sus ropajes más bellos. Estaba llena y pletórica.

Quedó ensimismado, como hipnotizado por aquella luz, y de repente y sin saber como sucedió aquel hecho tan extraño, aquel rostro resplandeciente adquirió vida y le dijo:
  • Damabiah, Damabiah, debes partir hacia horizontes lejanos en busca de la Fuente de la Sabiduría.
El muchacho muy sorprendido se frotó una y otra vez los ojos, pues pensó que debía ser víctima de algún encantamiento. Pero por mucho que lo intentaba, el rostro sonriente de la Luna adquiría cada vez más brillo.
  • No puedo creer lo que ven mis ojos -gritó un tanto asustado el joven -. Dime, que eres una ilusión que va a desaparecer cuando abra de nuevo los ojos.
  • Si no me crees, toma tu caña de pescar y lanza el anzuelo hacia donde yo estoy- le invitó la Luna -.
Damabiah obedeció las instrucciones y lanzó el sedal con fuerza haciendo que el anzuelo llegase justo donde se encontraba aquel reflejo. Pronto notó como algo había picado y tiró con coraje, pues temía que se le escapase. El anzuelo había atrapado un pequeño cofre. ¿Qué misterioso era todo aquello?

Tomó el joven con cierto nerviosismo el cofre y lo abrió. En su interior encontró un trozo de papel muy antiguo y en él un mapa dibujado. Era el mapa que debía guiarle hasta la isla donde debía encontrar la Fuente de la Sabiduría.

Ahora sí creía, y cuando fue a darle las gracias a la Luna, su rostro ya se reflejaba en el agua, había continuado su camino en el firmamento.

Al día siguiente Damabiah reclutó a 40 hombres, fuertes y bregados pescadores que al igual que él sentían un especial amor por la aventura. Les prometió un tesoro muy valioso si lograban llegar hasta la isla de Yeshoch.

Con la subida de la marea partieron rumbo a recorrer los 6 puntos cardinales. Ningún obstáculo le impediría alcanzar su objetivo.

Y aunque su valor era evidente, muchos de los tripulantes dudarían de él en aquel atardecer.

Una terrible tormenta se desencadenó en pocos minutos. El viento era un ciclón y amenazaba con mandarles al fondo del mar si no arreciaba pronto.

Los marineros que eran muy supersticiosos, murmuraban entre sí que alguien les había hecho un sortilegio y había despertado la furia de los espíritus infernales del mar. Aquel temor se fue extendiendo entre los demás y tuvo que intervenir Damabiah para evitar que el pánico se hiciese colectivo.
  • Sacad el miedo de vuestras mentes y que hierva la sangre en vuestras venas. ¡Vamos!, tenemos que vencer nuestras debilidades y la tempestad desaparecerá.
Y así fue, cuando aquellos marinos lograron poner orden en su interior, el temporal amainó, y la calma volvió a reinar.

A la mañana siguiente avistaron tierra. Habían llegado a su destino. En la isla de Yeshoch encontraron una verdadera Fuente de Sabiduría, y muchos quedaron en aquella isla para siempre. En cambio otros prefirieron volver cargados de tesoros y riquezas para comprar con ellas nuevas tierras.

Al final, tanto unos como otros, lograron encontrar la felicidad.

Fin


sábado, 6 de agosto de 2016

Cuento para Mehiel: "El joven escritor"


Desde hacía ya bastante tiempo, la vida para Mehiel se había convertido en aburrida, monótona. Jamás ocurría algo que le diese un poco de sentido.


Su única distracción había sido siempre escribir, pero aquella apatía había dejado estéril su imaginación y la fuente de inspiración parecía haberse agotado.


Pero aquella pobre situación no iba a durar siempre, y así se lo parecía a nuestro protagonista cuando de repente aquel ciclón humano entró en su habitación.
  • Hermano, hermano, mira lo que te traigo -gritó jadeante y sin aliento la impetuosa joven-.

Era la hermana menor de Mehiel, la que acababa de causar aquel atropello. En sus manos mostraba un trozo de papel que debía ser muy importante, pues el rostro del joven escritor se iluminó de un modo extraño. Tomó la nota y la beso repetidamente.
  • Es mi oportunidad. ¡Ja, ja, ja...! -reía alocadamente-. Ahora tengo un motivo para volver a escribir. Voy a ganar ese premio y seré un hombre celebre. Todos oirán hablar de mí.
Con esa ilusión se entregó en manos de la inspiración. Debía encontrar un buen guion y le daría vida a los personajes. Juntos lograría un excelente trabajo. Sí, estaba convencido de su talento. Ya lo había demostrado.

Sin embargo, fueron pasando los días y el joven escritor tan sólo había logrado llenar la papelera de hojas.

Sin duda la inspiración le había abandonado. Había dejado pasar el tiempo sin hacer uso de ella, y debió cansarse de esperar. Pero ese no era el motivo, y Mehiel que en un principio lo único que deseaba era ser famoso, fue cambiando su actitud. Ya no le importaba la celebridad, debía escribir para instruir a los demás sobre las verdades que custodiaba.

Y aquel cambio obró milagros. De nuevo sintió ese cosquilleo tan particular que le anunciaba que debía tomar rápidamente papel y lápiz, pues el manantial de la inspiración fluía de nuevo y vivificaba su mente con imágenes que debía ir transcribiendo.

·   "Erase una vez en los confines del Tiempo, cuando la humanidad vivía libre y feliz en un hermoso reino, ocurrió que una terrible bestia emergió de la oscuridad y buscó al hombre para saciar su feroz apetito.

Aquel dragón contaba con siete cabezas y diez cuernos, y pronto sembró el pánico en el paraíso. Pero cuenta la leyenda que entre los hombres había uno muy sabio al que todos amaban por su valor y bondad. Aquel valiente guerrero armado con una espada forjada en las fraguas de Kether y templada en las aguas de Hochmah, hizo frente a la bestia a la que venció tras una sangrienta batalla, en la que consiguió cortarle las siete cabezas, apoderándose de sus diez cuernos.

Desde aquel día la humanidad conoció de nuevo la felicidad, y el bravo guerrero colocó cada cabeza en las siete Montañas Sagradas, y con los diez cuernos edificó los pilares de un Gran Templo.

Todos respetaron aquella nación, la cual reinó sobre todas las naciones con sabiduría y valor".

Mehiel había terminado de escribir y se sentía como ese héroe guerrero que acababa de vencer a la bestia. ¿Qué bien se lo pasaba escribiendo?

Al día siguiente, el joven escritor presentó su obra. Ya no le interesaba ganar el premio, pero sí deseaba que los demás pudieran leerlo.

Cosa que lograría sin duda, ya que el cuento fue elegido entre todos los demás y publicado. Muchos niños conocerían cómo el valor y el amor se convierten en una invencible espada con la que se puede vencer cualquier mal, y especialmente el furor del dragón

Fin

viernes, 5 de agosto de 2016

Cuento para Anauel: "Un gran negocio"


La riqueza de Hod había crecido considerablemente en los últimos años. Sus habitantes eran hábiles comerciantes y entre ellos, el más sobresaliente era Anauel, un rico banquero que con talento había conseguido amasar una enorme fortuna.


Había prosperado tanto en sus negocios que suscitó en muchos una vil envidia, que les llevó incluso a planear accidentes donde, con un poco de suerte, pudiera perder la vida.

Pero la fortuna no tan sólo le sonreía en los negocios. Anauel parecía tener un pacto hecho con el cielo, pues a pesar de lo bien planeados que estaban los accidentes, de nada servirían, el joven banquero, ni tan siquiera se llegó a enterar de aquellos intentos de asesinato.

Todos se preguntaban, cuál seria el secreto que le hacía ganar tanto dinero. La verdad es que no se trataba de ningún misterio. Anauel era inteligente, muy inteligente, y sabía bien vender su género. Nunca mentía, pero tenía un arte especial, un don mágico para convencer al cliente de que su producto era el mejor.

Pero no todo se puede tener en la vida, lo que para muchos, aquella riqueza hubiese sido suficiente razón para sentirse feliz, para Anauel no acababa de satisfacerle.

Quería hacer algo importante, un gran negocio.

El destino pareció leer sus pensamientos, y cierto día, llegó hasta el pueblo un mensajero real con un edicto urgente:
  • “Su Majestad el rey Log, anuncia que a partir del próximo Sol, los impuestos subirán para poder cubrir los gastos reales. El que incumpliese esta orden será obligado a ello”.
Aquella nota despertó una protesta general en todo el pueblo de Hod. Desconocían, a qué era debido aquella medida, pero no estaban dispuestos a ser avasallados de esa forma.

El consejo de comerciantes se reunió con el propósito de buscar una solución. Tras muchas horas de hablar y hablar, fue Anauel quien tomó la palabra y dijo:
  • Seré yo quien vaya a palacio y averiguaré lo que sucede. Mi reputación me asegurará una audiencia con el rey, en la cual intentaré convencerle de su error.
Todos aprobaron aquella propuesta, pues vieron la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro. Pensaron que tal vez no volverían a verle y ello significaba acabar con su más fuerte rival.

Anauel llegó al palacio y como él pensó, su nombre le abrió las puertas. Sería recibido por el rey Log.
  • Majestad, en el rico pueblo de Hod, no comprendemos por qué es necesario subir tanto los impuestos -explicó Anauel-.
  • Los últimos gastos de palacio han arruinado mis arcas. Nada tengo, ni tan siquiera para poder alimentarnos –contestó afligido el rey-.
  • ¿Cómo es que estáis en la ruina, si las arcas recaudaron una importante cantidad?, yo mismo ofrecí un generoso donativo -dijo el joven-.
  • Recibí de los Condados una petición de dinero. Decían que iban a custodiar el palacio de las hordas enemigas. Accedí gustosamente a ello, pero no tan sóló no me han defendido, sino que entre ellos ha estallado la guerra.
  • Debéis imponer vuestra autoridad y debéis hacerlo uniendo todos los Condados en uno. Todos deben vivir un mismo suelo y hablar una sola lengua. Todos deben dar fe a un mismo rey y defender como un sólo brazo su reino. Ese es el secreto de la riqueza. Qué vuestro mensaje los cure de su mal, de su ambición, de sus deseos egoístas que les lleva a la división y a la guerra. Qué vuestra voz, sea lúcida y sensata y no caigáis en la locura de prodigar vuestra riqueza para financiar vanas empresas.
Dejad que mi oro sirva para unir todos los Condados en una sola nación.

Así fue, como aquel hábil comerciante pudo realizar el mayor negocio de todos los tiempos. Sus riquezas sirvieron para sanar a un pueblo que estaba enfermo y que desde aquel día dejaría de estarlo.


Fin



jueves, 4 de agosto de 2016

Cuento para Iah-Hel: "El ¿Por qué?"

Los padres de Iah-hel no acababan de ponerse de acuerdo y discutían violentamente, sin importarles lo más mínimo los sentimientos de su hijo, que estaba oyendo aquella desafortunada conversación.
  • No podemos gastar más dinero en la operación, es una locura. Quedaremos en la ruina y ya sabes las esperanzas que el médico nos da. Ni tan siquiera nos asegura que con la intervención se cure.
Eran las palabras de su madre que parecía estar más interesada en la cuenta corriente que en la salud de su hijo.
  • A veces creo que estoy casado con un monstruo. ¿Cómo puedes hablar de dinero cuando tu hijo va a perder la vista? –le contestó muy alterado su esposo-.
Mientras que esta escena seguía su curso, Iah-hel sufría desconsolado. Se sentía culpable de que sus padres se pelearan y aquel sentimiento le llevó a abandonar su hogar, pero estaba ciego y lo único que consiguió fue agravar aún más su estado, pues en su huida tropezó, con la mala fortuna de que en su caída se golpeó la cabeza.

Sus padres, al oír un fuerte golpe acudieron y le encontraron desplomado y sin conocimiento en el suelo. Recordaron la advertencia del médico, no debía hacer movimientos bruscos, pues ello podría poner en peligro la operación.

Mientras que le socorrían, siguieron discutiendo y decidieron que si le ocurría algo al niño, se separarían para siempre.

Los médicos hicieron todo cuanto estaba en sus manos. Tan sólo les quedaba esperar unos días para conocer los resultados.

Iah-hel se había restablecido rápidamente de la operación. Su mente estaba aturdida y no era por causa del golpe, sino por las preocupaciones que le causaban sus padres.
Era un chico muy inteligente y en el colegio había conseguido ganar la admiración de sus compañeros y el respeto de los profesores. Su afán de saber era contagioso y siempre estaba investigando y preguntado el por qué de las cosas. Era tanta su afición por preguntar que le pusieron amistosamente el mote de el ¿por qué? Aquello no le molestaba, pues era muy modesto y nunca pretendió ser mejor que los demás.

Ahora, no podía ver, no podía leer, pero aquello no impedía que su afán de saber aumentara.

Cierto día, estando despierto, Iah-hel tuvo una experiencia maravillosa. Sin saber cómo, ni porque, la oscuridad exterior desapareció y todo se llenó de luz. Notó al instante que su cuerpo flotaba y parecía volar. De repente se produjo una explosión de luz y sus ojos evidenciaron un mundo de vida diferente al que conocía. Allí los seres se vestían con ropajes de energía de diferentes colores.

Cuando más maravillado estaba contemplando ese espectáculo, alguien vino a interrumpir su visión.
  • Hermoso, ¿verdad? Ven acompáñame, te enseñaré algo -le habló aquel personaje de una luminosidad azulada-.
  • ¿Dónde estoy señor? -preguntó Iah-hel-.
  • Estás en el Mundo de las Creaciones. En él habitamos mientras dormimos y cuando agotamos las experiencias con el cuerpo físico y decidimos abandonarlo -le dijo-.
  • Entonces, ¿estoy dormido o estoy muerto? -preguntó de nuevo el joven-.
  • Ni lo uno, ni lo otro. Has entrado en un estado de paz interna que te da derecho a ser habitante consciente de este mundo -explicó aquel ser luminoso-. Pero ven y observa.
Iah-hel contempló a sus padres que estaban enfadados y a punto de divorciarse. Comprendió que debía evitarlo y ese deseo le hizo retornar de nuevo al cuerpo físico.

Apenas si se había dado cuenta que podía ver. Era más importante para él, encontrar a sus padres y evitar su separación.

Llegó a tiempo, aún no habían firmado los documentos que les separaría definitivamente. Al verle, ambos sintieron que su corazón se conmovía por aquel milagro. Aquello fue suficiente para unirlos de nuevo.
Iah-hel pidió a sus padres que buscaran un lugar tranquilo en el campo donde poder recuperarse. Allí tendría la oportunidad de buscar de nuevo a ese ser luminoso. Tenía tantas cosas que preguntarle, por algo le apodaron “el ¿por qué?”.

Fin

miércoles, 3 de agosto de 2016

Cuento para Umabel: "El aspirante a monitor de Arcángeles"

Había estudiado mucho en los últimos 150 años, Umabel no se conformaba con su condición de aprendiz de Arcángel y quería demostrar a todos que podía llegar a ser un guía excelente en el que se podría confiar.

Con ese propósito se dirigió una vez más a las oficinas de reclutamiento. Allí era donde debía entregar su solicitud para ser admitido como monitor de Arcángeles. Había soñado tanto con llegar a ser uno de ellos, que estaba dispuesto a pasar cualquier prueba para conseguirlo.
  • El siguiente -pudo oír el aspirante Umabel-.
Era él. Había llegado su turno. Tenía en sus manos la oportunidad, y esa oportunidad era un cuestionario que rellenó con sus respuestas.
  • iAja!, veo que dices tener vocación para ocupar el puesto. Ya veremos si es así. Vamos, adelante.
Ya estaba dentro. Delante de él una larga fila avanzaba lentamente y al principio de esa cola los solicitantes iban siendo entrevistados.

Umabel observó cómo muchos volvían sobre sus pasos y quiso saber el motivo de ello.
  • ¿Por qué te marchas compañero? -le preguntó interesado-.
  • No sirvo para el puesto -contestó entristecido-.
  • Vaya -pensó Umabel-, al parecer no será tan fácil como creía.
No tardó en llegar su turno, y sin que le diese lugar a respirar, le preguntaron.
  • ¿Cuál es tu especialidad?
Viendo que no acababa de salir de su asombro, le repitieron una vez más.
  • Vamos no tenemos toda la eternidad. El mundo nos necesita ahí abajo. Responde, ¿cuál es tu especialidad?
  • La amistad -dijo rápidamente Umabel-.
  • Veamos qué tenemos por aquí. A ver..., sí, creo que ha habido suerte. Tenemos un caso de amistad, pero mucho me temo que no te resultará fácil. Otros lo intentaron pero fracasaron. ¿Qué dices, lo aceptas?
  • Sí lo acepto -contestó entusiasmado el joven aspirante-.
  • Pues ponte en camino cuanto antes. Tienes cuatro días para conseguirlo.
Así fue como el Arcángel Umabel, se trasladó urgentemente al lugar donde debía realizar su misión.

Allí estaba Mercur, solo, muy solitario. Se le hacía raro el sabor de la soledad, pues siempre había tenido al lado a un buen amigo, pero desde que le hizo aquella faena, el odio pudo más que la amistad.

El corazón de Mercur estaba destrozado. Se había enamorado de alguien muy especial, pero su mejor amigo se cruzó en su camino y la alejó de él. Su mejor amigo, tenía gracia.

No muy lejos de allí, se encontraba aquel que un día fuera su sombra. Había compartido con él todo cuanto tenía.

Sol no pudo evitar el enamorarse de la misma chica que su amigo. Ella eligió y le escogió a él, pero no duraría mucho, pronto le abandonaría y aquello le hundió. Ahora se cobijaba en la droga, ella era su única compañera.

Umabel comprendió que debía actuar, y pensó un plan.

Mercur se sintió atraído extrañamente hacia un lugar. Jamás lo frecuentaba, pero aquel día le apetecía hacerlo, pero cuando se encontraba en camino unos malhechores le asaltaron.

Eran muchos contra él y sabía que iba a ser castigado y maltratado. Cuando ya todo indicaba que iba a recibir una gran paliza, una voz vino a socorrerle milagrosamente.
  • ¿Buscáis dinero para droga? No os molestéis yo os lo facilitaré, pero dejad al muchacho.
Era Sol el que acababa de salvarle. Metiendo su mano en el bolsillo de su chaqueta sacó toda la droga que había en él y se la entregó a aquellos rufianes, los cuales se conformaron con el cambio.

Sol quedó frente a Mercur. Se miraron a los ojos y el recuerdo de un hermoso y feliz pasado,  hizo que de ellos brotasen gruesas gotas que cubrieron su rostro. Lloraban de amor. Un sentimiento que siempre habían compartido el uno por el otro y que durante un tiempo había permanecido acallado.

Umabel había conseguido su misión. Ya podía volver al cielo de donde vino. Allí seria recibido como un excelente monitor.

Fin