jueves, 12 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 43

LECCIÓN 43

Dios es mi Fuente. No puedo ver separado de Él.

1. La percepción no es un atributo de Dios. 2El ámbito de Dios es el del conocimiento. 3Sin embargo, Él ha creado al Espíritu Santo para que sirva de Mediador entre la percepción y el conocimiento. 4Sin este vínculo con Dios, la percepción habría reemplazado al conocimiento en tu mente para siempre. 5Gracias a este vínculo con Dios, la percepción se transformará y se purificará en tal medida que te conducirá al conocimiento. 6Ésa es su función tal como la ve el Espíritu Santo. 7Por lo tanto, ésa es en verdad su función.

2. En Dios no puedes ver. 2La percepción no tiene ninguna fun­ción en Dios, y no existe. 3Pero en la salvación, que es el proceso de erradicar lo que nunca fue, la percepción tiene un propósito sumamente importante. 4Habiéndola inventado el Hijo de Dios para un propósito no santo, tiene que convertirse ahora en el medio a través del cual se le restaura su santidad en su conciencia5La percepción no tiene significado. 6Sin embargo, el Espíritu Santo le otorga un significado muy parecido al de Dios. 7Una percepción que ha sanado se convierte en el medio por el que el Hijo de Dios perdona a su hermano, y, por ende, se perdona a sí mismo.

3. No puedes ver separado de Dios porque no puedes estar separado de Dios. 2Todo lo que haces, lo haces en Él, porque todo lo que piensas, lo piensas con Su Mente. 3Si la visión es real, y es real en la medida en que comparte el propósito del Espíritu Santo, entonces no puedes ver separado de Dios.

4. Hoy son necesarias tres sesiones de práctica de cinco minutos cada una. 2La primera debe hacerse lo más temprano que puedas; la segunda lo más tarde posible, y la tercera en el momento más oportuno y adecuado que las circunstancias y la buena disposición permitan. 3Al comienzo de estas sesiones repite la idea de hoy para tus adentros con los ojos cerrados. 4Luego mira a tú alrededor brevemente, aplicando la idea específicamente a lo que veas. 5Cuatro o cinco objetos durante esta fase de la sesión de práctica serán suficientes. 6Podrías decir, por ejemplo:

7Dios es mi Fuente. 8No puedo ver este escritorio separado de Él.
9Dios es mi Fuente. 10No puedo ver ese cuadro separado de Él.

5. Si bien esta parte del ejercicio debe ser relativamente corta, asegúrate, en esta fase de la práctica, de seleccionar los objetos tan al azar como sea posible, sin controlar su inclusión o exclusión2Para la segunda fase, la más larga, cierra los ojos, repite la idea de hoy nuevamente, y luego deja que cualquier pensamiento pertinente que se te ocurra sea una aportación a la idea de hoy en tu propio estilo particular. 3Pensamientos tales como:

4Veo a través de los ojos del perdón.
5Veo el mundo como un lugar bendito.
6El mundo me puede mostrar quién soy.
7Veo mis propios pensamientos, que son como los de Dios.

8Cualquier pensamiento que en mayor o menor medida esté directamente relacionado con la idea de hoy es adecuado. 9Los pensamientos no tienen que tener una relación obvia con la idea, pero tampoco deben oponerse a ella.

6. Si ves que tu mente se distrae o si comienzas a notar la presencia de pensamientos que están en clara oposición a la idea de hoy, o si te resulta imposible pensar en algo, abre los ojos, repite la primera fase del ejercicio, y luego intenta de nuevo la segunda. 2No dejes transcurrir grandes lapsos de tiempo en los que te enfrascas en pensamientos irrelevantes. 3Para evitar eso, vuelve a la primera fase del ejercicio cuantas veces sea necesario.

7. Al aplicar la idea de hoy durante las sesiones de práctica más cortas, la forma de la idea puede variar de acuerdo con las circunstancias y situaciones en las que te encuentres en el transcurso del día. Cuando estés con otra persona, por ejemplo, trata de acordarte de decirle silenciosamente:

3Dios es mi Fuente. 4No puedo verte separado de Él.

5Esta variación puede aplicarse por igual tanto a desconocidos como a aquellas personas con las que crees tener una relación íntima. 6De hecho, evita a toda costa hacer distinciones de esta clase.

8. La idea de hoy también debe aplicarse en el transcurso del día a las diversas situaciones y acontecimientos que puedan presentarse, especialmente a aquellos que de alguna forma parezcan afligirte. 2A tal fin, aplica la idea de esta manera:

3Dios es mi Fuente. 4No puedo ver esto separado de Él.

9. Si en ese momento no se presenta en tu conciencia ningún sujeto en particular, repite simplemente la idea en su forma original. 2Trata de no dejar pasar grandes lapsos de tiempo sin recordar la idea de hoy y, por ende, sin recordar tu función.

¿Qué me enseña esta lección?

En esta lección, se recogen dos afirmaciones que nos pueden confundir, pues sus mensajes son, aparentemente, contrarios. En una de ellas, se nos dice que en Dios no podemos ver, y en la otra, se nos dice que no podemos ver separados de Dios porque no podemos estar sepa­rados de Él. En la primera afirmación, no podemos ver; sin embargo, en la segunda, sí podemos.

No hay tal contrariedad en dichas afirmaciones; es más, su claridad nos permite comprender los atributos de Dios y los atributos del ego; ambos tienen en común la misma fuente, la mente.

En Dios no podemos ver, tal y como ve el ego, es decir, Dios no puede percibir, dado que la percepción es la decisión de usar la mente para tener pensamientos divididos, lo que da lugar a la creencia en la separación.

En cambio, para ver, no podremos hacerlo separados de Dios, pues la verdadera visión emana de la Mente Una, o lo que es lo mismo, la Extensión del Amor a través de la Mente de Dios.

Dios ha creado a Su Hijo a Su Imagen y Semejanza, lo que significa que Su Hijo es portador de Sus mismos Atributos. El Hijo de Dios es Espíritu y tiene a su disposición una “herramienta”, la mente, la cual puede ser utilizada para crear o para fabricar. Cuando crea, está utilizando el conocimiento de las leyes del cielo; cuando fabrica, está utilizando sus propias leyes, dando lugar a la percepción de un mundo dividido y separado.

Dios es nuestra fuente. Cuando vemos en comunión con Él, estamos viendo el mundo real, estamos viendo a través de la Mente Recta, la cual está inspirada por el Espíritu Santo, el Mediador que Dios ofrece a Su Hijo para garantizar que el conocimiento no es sustituido por la percepción, o lo que es lo mismo, que la división niega a la unidad.

Nosotros, como Hijos de Dios, debemos extender nuestro Ser de modo que, en plena comunión con nuestro Padre y Su Filiación, seamos agentes integradores de la Unidad.

Esa Alianza Santa debe ocupar nuestra mente, de modo que veamos en todo lo creado la huella verdadera e imborrable de la Hermandad.

Lo irreal, lo temporal, ocupa un segundo plano en la manifestación verdadera de la existencia. Cuanto ocurre tiene un sentido espiritual, que no material. Todo suma para allanarnos el camino hacia la salvación. Es por ello que esta lección nos recuerda que la percepción no tiene significado, al no tener ninguna función en Dios.

Como Hijos de Dios, somos perfectos como el Padre es Perfecto. Por lo tanto, nada externo puede ofrecer ni un ápice de evolución a esa Perfección.

Sin embargo, en el uso del libre albedrío, el Hijo de Dios ha fabricado un mundo donde la percepción se convierte en el canal de aprendizaje, en el canal de toma de conciencia. Si la percepción se ha convertido en la puerta que nos ha llevado a perder la conexión directa con la divinidad, será a través de ese mismo canal que recordaremos el camino de vuelta que ha de llevarnos a nuestro verdadero Hogar. Esto quiere decir que, a través de la experimentación de nuestra divinidad, tomaremos plena consciencia de que somos seres espirituales, de que somos el Hijo de Dios.

La Liberación pasa por la no identificación con el mundo temporal; por la desvinculación del sentido de culpa que nos mantiene atados a la falsa creencia en el pecado. La verdadera libertad existe cuando abandonamos la ilusión de nuestros miedos y nos desapegamos de los placeres que nos dispensan los sentidos físicos al consumir los manjares del mundo material. Esos placeres son, como su mundo, temporales y no satisfacen plenamente. En cambio, la comunión con Dios nos eleva a un estado de Ser que nos permite gozar de las bendiciones de nuestra santidad.

UCDM nos dice que todo lo que Dios creó es semejante a Él. La extensión, tal como Dios la emprendió, es similar al resplandor interior que los Hijos del Padre han heredado de Él. Su verdadera fuente se encuentra en su interior.

 La Sagrada Biblia nos revela que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza; con ello debemos entender que el concepto "imagen" se refiere a "pensamiento", y el concepto "semejanza" se refiere a "una calidad semejante".

Dotado con los Atributos creadores de su Padre, el Hijo de Dios, lo hemos adelantado anteriormente, fabricó un mundo donde imperan las leyes de la percepción. Pero, ¿cuál es el origen de la percepción?

Recurriendo al Texto del Curso, podemos leer:

"La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es un resultado, no una causa. Por eso es por lo que el concepto de grados de dificultad en los milagros no tiene sentido. Todo lo que se contempla a través de la visión es sano y santo. Nada que se perciba sin ella tiene significado. Y donde no hay significado, hay caos” (T-21.In.1:1-12).

“La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo. Si lo ves como algo condenado, lo único que verás es lo que tú has hecho para herir al Hijo de Dios. Si contemplas desastres y catástrofes, es que has tratado de crucificarlo. Si ves santidad y esperanza, es que te has unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Estas son las únicas alternativas que tienes ante ti. Y lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. El mundo que ves tan sólo te muestra cuánta dicha te has permitido ver en ti y aceptar como tuya. Y si ése es su significado, el poder de dar dicha tiene entonces que encontrarse en ti" (T-21.In.1:2-8).

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la Lección 43 es corregir la ilusión de autonomía. El ego se define a sí mismo como una fuente independiente de pensamiento, percepción y juicio. Desde esa creencia surge toda percepción errónea.

El Curso enseña que la separación no consiste en estar lejos de Dios, sino en creer que se puede ver sin Él. Esta lección devuelve la mente a su Fuente natural, mostrando que toda percepción verdadera depende de reconocer ese Origen compartido.

Aquí se da un paso más profundo que en la lección anterior:

  • En la 42 se aceptaba que Dios es mi fortaleza.
  • En la 43 se reconoce que Dios es mi Fuente, es decir, el origen mismo de mi ver.

Si Dios es la Fuente, no hay esfuerzo que hacer, ni dirección que buscar fuera. La corrección no es añadir algo nuevo, sino dejar de imaginar un punto de vista separado.

Instrucciones prácticas:

La práctica de esta lección mantiene la sencillez característica del Curso:

  • Aplicaciones frecuentes y breves.
  • Uso inmediato cuando aparezcan:
    • confusión,
    • juicio,
    • comparación,
    • sensación de estar “perdido”,
    • interpretación basada en el miedo.

No se pide analizar lo que se ve, ni intentar cambiar la percepción por voluntad propia.
La práctica consiste en recordar la Fuente y permitir que la visión sea compartida.

La idea no se utiliza para “ver mejor”, sino para dejar de insistir en ver solo.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta una de las creencias más profundas del ego: “Yo veo por mí mismo”.

De esta creencia nacen:

  • la duda constante,
  • el conflicto interno,
  • la necesidad de confirmar,
  • el miedo a equivocarse.

Creer que la percepción depende del yo personal genera ansiedad, porque el ego sabe que no ve con claridad. Aceptar que Dios es la Fuente libera a la mente del peso de tener que interpretar correctamente por su cuenta.

El efecto psicológico inmediato es descanso mental: ya no tengo que sostener una visión privada ni defenderla. 

Espiritualmente, la lección afirma una verdad central del Curso: No existe percepción privada en la verdad.

Ver con Dios no significa “consultar” a Dios, sino compartir Su Visión. La visión verdadera no es un añadido espiritual, sino el resultado natural de reconocer la Fuente.

Aquí se refuerza la enseñanza de que el Espíritu Santo no añade nada nuevo, sino que resta el error de creer en una fuente separada.

Ver separado de Dios es el error; ver con Él es lo natural.

Relación con el Curso:

La progresión es impecable y muy precisa:

  • 40 → Soy bendecido (recibo de Dios)
  • 41 → No estoy solo (Dios va conmigo)
  • 42 → Dios es mi fortaleza (me sostiene)
  • 43 → Dios es mi Fuente (me origina)

En este punto, el Curso ya no habla solo de acompañamiento o sostén, sino de origen. Aquí se desmantela definitivamente la idea de un “yo” que ve desde fuera de Dios.

La lección responde a la última resistencia del ego: “Tal vez Dios me ayuda… pero sigo viendo por mi cuenta”.

La respuesta es clara: No puedes ver separado de tu Fuente.

Consejos para la práctica;

  • No usar la idea para obtener respuestas inmediatas.
  • No intentar “sentir” la Fuente.
  • No evaluar si la visión cambia.

Aplicarla especialmente cuando surjan pensamientos como:

  • “No entiendo esto”
  • “No sé qué pensar”
  • “Estoy confundido”
  • “Cada uno ve las cosas a su manera”

La lección no pide certeza intelectual, sino humildad perceptiva.

Conclusión final;

La Lección 43 enseña que toda confusión procede de una sola idea errónea: creer que puedo ver separado de mi Fuente.

Cuando acepto que Dios es mi Fuente, la visión deja de ser privada, el juicio pierde su base, y la percepción se unifica.

Aquí el Curso consolida una verdad esencial: no veo solo, no veo desde mí, no veo separado.

Ver con Dios no es un acto místico; es simplemente dejar de insistir en ver sin Él.

Frase inspiradora: “Cuando recuerdo mi Fuente, dejo de ver solo y la visión se vuelve una.”


Ejemplo-Guía: ¿Qué puedo hacer para cambiar el mundo?

Muchos nos hacemos esta pregunta en nuestra vocación espiritual. A veces, he sido testigo de ello. Esta necesidad de cambiar el mundo que nos rodea se convierte en una obsesión. Es como si tuviésemos una deuda pendiente con el mundo y no nos importase el precio que tengamos que pagar para conseguir nuestro objetivo. Digo precio, pues en nuestro afán de ayudar a otros, nos olvidamos de ayudar a los que más cerca están de nosotros: parejas, hijos, familia, etc.

Muchas de estas experiencias, al menos las que yo he conocido, acaban frustradas. Hoy, estoy en condiciones de entender la razón de que esto sea así. Nadie puede cambiar el mundo que juzga y condena, pues ese mundo es así porque es el efecto de nuestra proyección mental. ¿Cómo vamos a ver paz en el mundo, si esa paz no se encuentra en nuestro interior?

De la misma manera que nadie puede dar lo que no tiene, nadie puede encontrar fuera lo que no lleva en su interior.

Buscamos, con ahínco y tesón, la felicidad. Pensamos que la felicidad debemos buscarla fuera y depositamos en los demás la potestad de hacernos felices, en función de lo que nos den. Pero esa búsqueda pronto se verá frustrada al comprobar que los demás no están dispuestos a dar por temor a quedarse sin ello.

Se hace necesario cambiar la visión de la felicidad y no depositar nuestras expectativas en el mundo de los efectos, en el mundo exterior, sino que debemos orientar nuestra mirada hacia nuestro interior y descubrir lo que realmente somos, es decir, somos el Hijo de Dios, y ello lleva implícito que somos Plenos y Abundantes. Por lo tanto, con esa visión espiritual de lo que somos, la felicidad se convierte en una experiencia de dar y recibir. Lo más maravilloso de todo es descubrir que nuestro estado de abundancia nos lleva a dar sin esperar recibir, y cuando esto ocurre, recibimos duplicado lo que hemos dado. Se trata de la Ley del Amor, la cual se fundamenta en la expansión.

Reflexionad sobre lo dicho. La felicidad es una realidad cuando elegimos dar y aquello que damos es la verdadera esencia que somos: Abundancia divina.

¿Por qué entonces existe necesidad? Por la creencia en la escasez, que se convierte en el argumento principal del ego para mantenernos atrapados en la ilusión de la posesión. Su credo es: si doy, pierdo. Con ello, lo único que está haciendo es negar nuestra verdadera Esencia Espiritual, que es, vuelvo a recordarlo, Plenitud y Abundancia.

¿Qué puedes hacer para cambiar el mundo que te rodea? Sencillamente, cambia tu manera de verlo. Has elegido verlo desde la escasez, desde el miedo, desde la condena, desde el sufrimiento y el dolor, y el universo, fiel a tus creencias, te muestra un mundo con esas mismas características.

Si, en cambio, eliges verlo de otra manera; si eliges ver la inocencia, la impecabilidad, la perfección, la abundancia, y esa visión la das desde la unicidad, la expandes y la compartes en tu vida, ten por seguro que experimentarás el mundo que ves.

Para llevar a cabo ese "cambio", no tienes que realizar largos desplazamientos en busca del maestro, del gurú, del guía, que te diga qué es lo que debes o no debes hacer. Ahora, te has convertido en tu propio maestro y, seguro, que muy cerca de ti, encontrarás a muchos hermanos: tu pareja, tu hijo, tu madre o padre, tu amigo, tu enemigo, etc., que, siguiendo el guión del pacto de amor que sellasteis en el Cielo, te ayudarán en la conquista del autoconocimiento.

Reflexión: ¿Qué significa percibir verdaderamente?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (10ª parte).

VII. La roca de la salvación (10ª parte).

10.  ¿En qué otra cosa se puede confiar, sino en el Amor de Dios? 2¿Y dónde mora la cordura, sino en Él? 3Aquel que habla por Dios puede mostrarte esto en la alternativa que eligió especialmente para ti. 4La Voluntad de Dios es que recuerdes esto, y que pases así del más profundo desconsuelo al júbilo perfecto. 5Acepta la función que se te ha asignado en el plan de Dios para mostrarle a Su Hijo que el infierno y el Cielo son diferentes, no lo mismo. 6Pero en el Cielo son lo mismo, pues carecen de las diferencias que habrían hecho del Cielo un infierno y del infierno un cielo, si tal demencia hubiese sido posible.

Este párrafo funciona como coronación y síntesis final de todo el apartado La roca de la salvación. Tras haber desmontado progresivamente la locura del mundo, redefinido el pecado, aclarado la función especial y mostrado el papel del Espíritu Santo, el Curso conduce la mente a una conclusión inevitable expresada en forma de preguntas retóricas.

La primera establece el fundamento absoluto de la confianza: ¿En qué otra cosa se puede confiar, sino en el Amor de Dios?

Aquí se afirma que toda otra forma de confianza —en el mundo, en el juicio propio, en el pecado o en la percepción— es inestable por definición. Solo el Amor de Dios es digno de confianza porque es inmutable, y la inmutabilidad ha sido el criterio de realidad a lo largo de todo el capítulo.

La segunda pregunta localiza la cordura: ¿Y dónde mora la cordura, sino en Él?

La cordura no es un logro psicológico ni un equilibrio personal, sino un estado natural de la Mente que comparte el Pensamiento de Dios. Separarse de Dios es definirse como demente; regresar a Él es recordar la cordura.

El texto señala entonces al Mediador: Aquel que habla por Dios…

El Espíritu Santo muestra esta verdad en la forma concreta de la alternativa especialmente elegida para ti. No se trata de una verdad abstracta, sino de una experiencia personal que traduce el Amor a un lenguaje que la mente puede aceptar.

La Voluntad de Dios se define aquí como un movimiento emocional completo: pasar del más profundo desconsuelo al júbilo perfecto.

Esto subraya que la salvación no es neutralidad ni desapego frío, sino alegría plena, resultado natural del recuerdo.

El párrafo culmina con una redefinición profunda de la función especial:
mostrarle al Hijo de Dios que el infierno y el Cielo son diferentes. No se trata de explicar conceptos metafísicos, sino de demostrar por experiencia que la paz y el sufrimiento no son lo mismo.

Finalmente, se introduce una afirmación sutil y decisiva: En el Cielo son lo mismo…

En el Cielo no hay opuestos porque no hay diferencias. La diferencia es lo que habría hecho posible confundir el Cielo con el infierno o viceversa. Como esa diferencia no existe, la confusión nunca fue real. La demencia habría sido creer lo contrario.

Mensaje central del punto:

  • Solo el Amor de Dios es digno de confianza.
  • La cordura mora únicamente en Dios.
  • El Espíritu Santo traduce esta verdad en una forma personal.
  • La Voluntad de Dios es el paso del desconsuelo al júbilo.
  • La función especial demuestra que Cielo e infierno no son lo mismo.
  • En el Cielo no hay diferencias ni opuestos.
  • La confusión entre Cielo e infierno es imposible en la verdad.

Claves de comprensión:

  • La confianza define el fundamento de la percepción.
  • La cordura es una condición de unión, no de esfuerzo.
  • La verdad se acepta mejor cuando se presenta de forma personalizada.
  • La alegría es el criterio de que se ha recordado correctamente.
  • Las diferencias son la base de toda ilusión.
  • La unidad excluye toda posibilidad de confusión.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa en qué depositas tu confianza cuando surge el miedo.
  • Practica volver al Amor como referencia inmediata.
  • Permite que la guía se exprese de la forma que te resulte más cercana.
  • Reconoce la paz como señal de cordura.
  • Ante cualquier comparación entre sufrimiento y paz, recuerda: no son lo mismo.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿En qué confío cuando me siento inseguro?
  • ¿Dónde creo que reside mi cordura?
  • ¿Reconozco la alegría como guía fiable?
  • ¿Qué diferencias sigo creyendo reales?
  • ¿Puedo aceptar que la confusión nunca fue posible en Dios?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo sella la roca de la salvación con una afirmación simple y total:
solo el Amor de Dios es real, confiable y cuerdo. Todo el capítulo ha conducido a este recuerdo. La función especial no añade nada a la verdad, solo la hace evidente para una mente que había confundido el Cielo con el infierno.

La salvación culmina cuando se reconoce que la diferencia nunca existió, y que el júbilo perfecto es el estado natural del Hijo de Dios.

Frase inspiradora:

“Solo el Amor de Dios es digno de mi confianza”.

Invitación práctica:

Hoy, ante cualquier duda o dolor, repite lentamente:

“Confío solo en el Amor de Dios.”

Y permite que la cordura repose donde siempre ha morado.

miércoles, 11 de febrero de 2026

UCDM: Libro de Ejercicios. Lección 42

LECCIÓN 42

Dios es mi fortaleza. La visión es Su regalo.

1. La idea de hoy combina dos pensamientos muy poderosos, ambos de gran importancia. 2Plantea también una relación de causa y efecto que explica por qué tus esfuerzos por alcanzar la meta del curso no pueden ser en vano. 3Verás, porque ésa es la Voluntad de Dios. 4Es Su fortaleza, no la tuya, la que te da poder. 5es Su regalo, no el tuyo, el que te ofrece visión.

2. Dios es ciertamente tu fortaleza, y lo que Él da, es verdadera­mente dado. 2Esto quiere decir que lo puedes recibir en cualquier momento o lugar, donde quiera que estés y en cualquier circuns­tancia en la que te encuentres. 3Tu paso por el tiempo y por el espacio no es al azar. 4No puedes sino estar en el lugar perfecto, en el momento perfecto. 5Tal es la fortaleza de Dios. 6Tales Sus dones.

3. Hoy llevaremos a cabo dos sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una; una tan pronto como te despiertes, y la otra, lo más cerca posible de la hora de irte a dormir. 2Es mejor, no obs­tante, esperar hasta que puedas sentarte tranquilamente por tu cuenta en un momento en que te sientas listo, que preocuparte de la hora en sí.

4. Da comienzo a estas sesiones de práctica repitiendo la idea de hoy lentamente mientras miras a tu alrededor. 2Luego cierra los ojos y repite la idea otra vez, aún más despacio que antes. 3Des­pués de eso, trata de no pensar en nada, excepto en los pensa­mientos que se te ocurran relacionados con la idea de hoy. 4Puedes pensar, por ejemplo:

5La visión tiene que ser posible. 6Dios da verdaderamente,
o:
7Los regalos que Dios me ha hecho tienen que ser míos porque Él me los dio.

5. Cualquier pensamiento que esté claramente relacionado con la idea de hoy es adecuado. 2De hecho, tal vez te asombre la canti­dad de entendimiento relacionado con el curso que algunos de tus pensamientos reflejan. 3Déjalos que te vengan sin censurarlos, a menos que notes que tu mente está simplemente divagando y que es obvio que has permitido que se infiltren pensamientos irrelevantes. 4Es posible también que llegue un punto en el que parece que no te van a venir más pensamientos a la mente. 5De ocurrir tales interferencias, abre los ojos y repite el pensamiento una vez más mientras miras lentamente a tu alrededor; después ciérralos, repite la idea otra vez, y continúa buscando en tu mente pensamientos afines.

6. Recuerda, no obstante, que en conexión con los ejercicios de hoy no es apropiado que te esfuerces por encontrar pensamientos afines. 2Trata sencillamente de hacerte a un lado y dejar que te vengan a la mente por su cuenta. 3Si esto te resulta difícil, es mejor pasar la sesión de práctica alternando entre repeticiones lentas de la idea con los ojos abiertos y luego con los ojos cerra­dos, que esforzarte por encontrar pensamientos adecuados.

7. No hay límite en el número de sesiones de práctica cortas que podrían resultarte beneficiosas hoy. 2La idea de hoy es uno de los pasos iniciales en el proceso de unificar tus pensamientos y de enseñarte que estás estudiando un sistema de pensamiento unificado que no carece de nada que sea necesario, y en el que no se incluye nada contradictorio o irrelevante.

8. Cuanto más a menudo repitas la idea de hoy durante el trans­curso del día, más a menudo estarás recordando que el objetivo del curso es importante para ti y que no lo has olvidado.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta afirmación es realmente la confirmación de que somos portadores de los dones con los que Dios nos ha creado, lo que debe aportarnos la confianza plena de que, en todo momento y en todo lugar, siempre podemos gozar de la Fuerza que Dios nos insufla.

Tener la certeza de que Dios es mi fortaleza me aporta una profunda paz, pues reconozco que cualquier circunstancia que pueda experimentar lleva la impronta de su Voluntad, lo que me lleva a vivirla con una actitud amorosa.

Por otro lado, la fortaleza que me aporta la permanente presencia de Dios en mi mente me lleva a la seguridad de que siempre tendré a un "amigo" con quien compartir mi mundo interno, al que acudir cuando sea tentado a percibir un mundo fraguado en la falsa creencia de la separación.

El despertar de la conciencia nos lleva a la verdadera identificación del Ser. A partir de ese nuevo estado, de ese despertar, la visión o, lo que es lo mismo, el poder de nuestra mente, se pone al servicio del Yo Espiritual, del Hijo de Dios. Esa visión nos habla de Unidad, de Amor Incondicional, de Liberación, de Santidad, de Bendición.

El mundo del ego ya no nos confunde, impresionándonos con sus ilusiones, con sus placeres, con sus juegos de vanidad y de posesión, de culpa y de dolor.

Es importante compartir esa visión con nuestros hermanos, pues es la única manera de alcanzar la meta con plenitud. Ver, sentir y amar a Dios en nuestros hermanos es el verdadero camino que debemos recorrer desde la unidad.

Nos dice la lección que Dios nos ofrece el regalo de la visión. ¿Qué nos quiere enseñar? ¿A qué visión se refiere?

Un Curso de Milagros nos revela que "el Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. El mejor uso que podemos hacer del cuerpo es utilizarlo para que nos ayude a ampliar nuestra percepción, de forma que podamos alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo" (T-1.VII.2:3-5).

Es muy importante lo que acabamos de exponer, pues cuando decidimos vivir nuestra vida desde una perspectiva, que llamamos espiritual, suele ocurrir que despreciemos a nuestro cuerpo, al cual dotamos con capacidades que realmente no tiene, como por ejemplo ser el causante de nuestras debilidades, de nuestras tentaciones.

Por otro lado, el párrafo anterior nos habla de la verdadera visión, de la cual el ojo físico es incapaz. Sin duda se está refiriendo a la visión espiritual, la que, a diferencia de la física, que tan solo percibe cuerpos separados, se fundamenta en la visión de la verdad, la que nos hace conscientes de que somos Uno con todo lo Creado.

Mientras que nos encontremos en el mundo físico, al que UCDM llama el mundo del sueño, ¿la visión espiritual qué significado tiene?

A este respecto, el Curso nos refiere lo siguiente: "La verdadera visión es la percepción natural de la visión espiritual, pero es todavía una corrección en vez de un hecho. La visión espiritual es simbólica y, por lo tanto, no es un instrumento de conocimiento. Es, no obstante, un medio de percepción correcta, lo cual la sitúa dentro del propio ámbito del milagro. Una "visión de Dios" sería un milagro más que una revelación. El hecho en sí de que la percepción esté involucrada demuestra que la experiencia no pertenece a la esfera del conocimiento. De ahí que las visiones, por muy santas que sean, son efímeras" (T-3.III.4:1-6).

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de esta lección es desmantelar una confusión profundamente arraigada: la idea de que ser fuerte significa resistir, controlar, defenderse o sostenerse solo frente al mundo.

Desde el ego, la fortaleza es sinónimo de tensión. Desde el Curso, la fortaleza es confianza total en la Fuente.

Esta lección enseña que mientras intente ver por mi cuenta, mi visión será necesariamente parcial y distorsionada. No porque me falte capacidad, sino porque el ego no fue creado para ver.

La visión verdadera solo puede proceder de Aquel que no conoce miedo ni separación. Por eso, esta lección no refuerza el yo personal, sino que lo descentraliza.

Instrucciones prácticas:

La práctica de la Lección 42 sigue la línea de simplicidad radical del Libro de Ejercicios:

  • Aplicaciones breves y frecuentes
  • Especialmente útiles en momentos de:
    • inseguridad,
    • sensación de debilidad,
    • confusión,
    • necesidad de tomar decisiones,
    • impulso de defenderse o justificarse.

No se pide análisis del problema ni introspección emocional. Tampoco se pide cambiar la situación externa.

La instrucción implícita es clara: abandona el intento de ver por ti mismo y recuerda dónde reside tu fortaleza.

Cuando la mente deja de tensarse intentando “entender”, se abre el espacio donde la visión puede ser recibida.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta varias creencias nucleares del ego:

  • “Si no me esfuerzo, me derrumbaré.”
  • “Si no me defiendo, me dañarán.”
  • “Ver claro depende de mí.”
  • “Debo ser fuerte para sobrevivir.”

El Curso desmonta estas creencias mostrando que la verdadera debilidad es creer que estoy solo. La fortaleza del ego es siempre reactiva, agotadora y frágil, porque depende de circunstancias cambiantes.

Aceptar que Dios es mi fortaleza produce un efecto psicológico inmediato, la mente se relaja, deja de resistir, y con ello disminuye el conflicto interno.

Espiritualmente, esta lección establece una enseñanza clave del Curso: La visión no es una capacidad humana; es una corrección divina.

La visión verdadera —la que el Curso llama percepción correcta— no pertenece al nivel del juicio, sino al de la guía. No se aprende; se permite.

Aquí se refuerza un principio central del Texto: el Espíritu Santo no necesita ayuda, solo no interferencia.

Cuando acepto que Dios es mi fortaleza, dejo de usar la mente como instrumento de ataque o defensa, y esta recupera su función original: recibir.

Relación con el Curso:

La Lección 42 ocupa un lugar estratégico en la secuencia:

  • 40 → Soy bendecido (recibo)
  • 41 → No estoy solo (acompañamiento)
  • 42 → No dependo de mí (fortaleza y visión)

Después de afirmar que soy bendecido y nunca abandonado, el ego plantea una objeción silenciosa: “De acuerdo, pero ¿cómo afronto el mundo?”

La respuesta del Curso es inequívoca: No desde tu fuerza, sino desde la de Dios.

Aquí se empieza a desmantelar la idea de autosuficiencia espiritual, una de las formas más sutiles del ego.

Consejos para la práctica:

  • No usar la idea para reforzar una identidad espiritual (“ahora soy fuerte”).
  • No buscar experiencias visuales o comprensiones especiales.
  • No evaluar si “funciona” o no.

Aplicarla especialmente cuando aparezcan pensamientos como:

  • “No puedo con esto”
  • “No veo salida”
  • “Tengo que protegerme”
  • “Estoy perdido”

En esos momentos, la lección no pide reacción, sino entrega.

Conclusión final:

La Lección 42 enseña que la visión verdadera no surge de una mente que se esfuerza, sino de una mente que confía.

Cuando dejo de apoyarme en mis propios juicios, descubro que nunca he estado sin sostén.
La fortaleza que me sostiene no fluctúa.
La visión que recibo no necesita defensa.

Esta lección marca un punto de inflexión silencioso: no veo mejor porque controle más, veo mejor porque confío en la Fuente de la visión.

Frase inspiradora: “Cuando dejo de sostenerme solo, descubro que Dios ya me sostiene y la visión llega sin esfuerzo.”


Ejemplo-Guía: ¿Qué debo hacer para despertar la Visión Espiritual?

A estas alturas, puede que te encuentres en la necesidad de dar respuesta a esta cuestión que no pocos estudiantes se hacen.

Mi experiencia me lleva a creer que la visión espiritual es, ya lo hemos dicho anteriormente, un regalo de Dios, pero tenemos que aceptar ese presente. 

Muchas veces, no estamos dispuestos a aceptar aquello que nos regalan, pues en este caso en particular, podemos creer que la visión espiritual requiere un sacrificado esfuerzo, un camino de renuncias a todos nuestros viejos hábitos. Pero no es cuestión de lo que hacemos, por eso la visión no se adquiere a través de técnicas, sino de deshacer el pensamiento erróneo que nos lleva a creer ilusoriamente en la separación.

Un Curso de Milagros nos enseña que el arte de deshacer se denomina Expiación. En este sentido, el Curso nos dice:

“El que todos acepten la Expiación es sólo cuestión de tiempo. Tal vez parezca que esto contradice su libre albedrío, dada la inevitabilidad de la decisión final, pero en realidad no es así. Puedes aplazar lo que tienes que hacer y eres capaz de enormes dilaciones, pero no puedes desvincularte completamente de tu Creador, Quien fija los límites de tu capacidad para crear falsamente. Una voluntad aprisionada engendra una situación tal, que, llevada al extremo, se hace completamente intolerable. La resistencia al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada. A la larga, todo el mundo empieza a reconocer, por muy vagamente que sea, que tiene que haber un camino mejor. A medida que este reconocimiento se arraiga más, acaba por convertirse en un punto decisivo en la vida de cada persona. Esto finalmente vuelve a despertar la visión espiritual y, al mismo tiempo, mitiga el apego a la visión física. Este alternar entre los dos niveles de percepción se experimenta normalmente como un conflicto que puede llegar a ser muy agudo. Aun así, el desenlace final es tan inevitable como Dios” (T-2.III.3:1-10).

“La visión espiritual literalmente no puede ver el error, y busca simplemente la Expiación. Todas las soluciones que los ojos del cuerpo buscan se desvanecen. La visión espiritual mira hacia adentro e inmediatamente se da cuenta de que el altar ha sido profanado y de que necesita ser reparado y protegido. Perfectamente consciente de la defensa apropiada, la visión espiritual pasa por alto todas las demás y mira más allá del error hacia la verdad. Debido a la fuerza de su visión, pone a la mente a su servicio. Esto reestablece el poder de la mente y hace que las demoras le resulten cada vez más intolerables al darse cuenta de que lo único que hacen es añadir dolor innecesario. Como resultado de ello, la mente se vuelve cada vez más sensible a lo que antes habría considerado sólo pequeñas molestias” (T-2.III.4:1-7).

“Los Hijos de Dios tienen derecho al perfecto bienestar que resulta de tener perfecta confianza. Hasta que no logran esto, se agotan a sí mismos y desperdician sus verdaderos poderes creativos en fútiles intentos de obtener un mayor bienestar valiéndose de medios inadecuados. Sin embargo, los medios reales ya les han sido provistos y no requieren esfuerzo alguno por su parte. La Expiación es la única ofrenda digna de ser ofrecida en el altar de Dios, debido al valor que el altar en sí tiene. Fue creado perfecto y es absolutamente digno de recibir perfección. Entre Dios y Sus creaciones existe una perfecta interdependencia. ÉI depende de ellas porque las creó perfectas. Les dio Su paz para que nada las pudiese alterar ni engañar. Siempre que tienes miedo, te engañas a ti mismo, y tu mente no puede servir al Espíritu Santo. Eso te deja hambriento, pues te niega el pan de cada día. Dios se siente solo sin Sus Hijos, y Sus Hijos se sienten solos sin Él. Tienen que aprender a ver el mundo como un medio para poner fin a la separación. La Expiación es la garantía de que finalmente lo lograrán” (T.2.III.5:1-12).

Reflexión: ¿Creemos que los ojos físicos nos permiten ver la realidad de lo que somos?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (9ª parte).

VII. La roca de la salvación (9ª parte).

9. Ahora él tiene que poner todo esto en tela de juicio, pues la forma de la alternativa es una que no puede negar, pasar por alto, ni dejar de percibir completamente. 2La función especial de cada uno está diseñada de modo que se perciba como algo factible, como algo que se desea cada vez más a medida que se le demues­tra que es una alternativa que realmente desea. 3Desde esta pers­pectiva, su pecaminosidad así como todo el pecado que ve en el mundo, tienen cada vez menos que ofrecerle. 4por fin llega a entender que todo ello le ha costado su cordura y que se inter­pone entre él y cualquier esperanza de volver a ser cuerdo. 5Puesto que tiene un papel especial en la liberación de todos sus hermanos, no se le deja sin la posibilidad de escapar de la locura. 6Sería tan inaudito que se le excluyese y se le dejase sin una fun­ción especial en la esperanza de paz, como lo sería que el Padre ignorara a Su Hijo y lo pasase de largo sin ningún miramiento.

Este párrafo describe el momento de inflexión interior en el que la alternativa ofrecida por el Espíritu Santo se vuelve inevitablemente visible. Ya no puede ser negada, ignorada ni descartada, porque su forma ha sido cuidadosamente diseñada para resultar factible, deseable y reconocible para la mente que la recibe.

La función especial vuelve a aparecer como un elemento clave, no como una exigencia, sino como una propuesta que se valida por experiencia. No se impone desde fuera ni se justifica teóricamente; se vuelve cada vez más atractiva a medida que demuestra que satisface un deseo real del Hijo de Dios: recuperar la cordura.

Desde esta nueva perspectiva, el pecado —tanto el propio como el percibido en el mundo— pierde valor. No es combatido ni condenado; simplemente deja de ofrecer algo que se quiera. La mente comienza a reconocer que el pecado no solo no le ha dado lo que prometía, sino que le ha costado su cordura y ha actuado como un obstáculo entre ella y cualquier esperanza real de sanación.

El texto introduce entonces una afirmación crucial: nadie queda excluido de la liberación, porque cada uno tiene un papel especial en la liberación de todos. Por eso, a nadie se le deja sin una vía de escape de la locura. Excluir a uno sería tan impensable como que el Padre ignorase a Su Hijo. La función especial no es un privilegio, sino una garantía de inclusión absoluta en la esperanza de paz.

Mensaje central del punto:

  • La alternativa ya no puede ser ignorada.
  • La función especial se percibe como factible y deseable.
  • Se valida por experiencia, no por imposición.
  • El pecado pierde atractivo progresivamente.
  • Se reconoce que el pecado ha costado la cordura.
  • Nadie queda excluido de la liberación.
  • Cada uno tiene un papel esencial en la liberación de todos.

Claves de comprensión:

  • La corrección se vuelve inevitable cuando deja de ser amenazante.
  • El deseo de cordura sustituye al apego al pecado.
  • El abandono del error ocurre por falta de interés, no por sacrificio.
  • La función especial es inclusiva, nunca excluyente.
  • La salvación no puede dejar fuera a nadie sin negarse a sí misma.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa qué alternativas comienzan a resultarte más atractivas que el conflicto.
  • Nota cuándo ciertos juicios ya no te satisfacen como antes.
  • Permite que el desinterés sustituya al esfuerzo por cambiar.
  • Recuerda que tu sanación contribuye a la de todos.
  • Confía en que siempre hay una salida, incluso cuando no la ves claramente.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Qué alternativas empiezo a desear más que el conflicto?
  • ¿Qué ideas pierden atractivo cuando elijo la paz?
  • ¿Puedo reconocer el costo real de mantener el juicio?
  • ¿Cómo contribuye mi cordura a la de los demás?
  • ¿Estoy dispuesto a aceptar que no puedo quedar excluido?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo muestra que la liberación no ocurre por presión externa, sino cuando la mente reconoce por sí misma que la alternativa ofrecida es mejor que aquello a lo que se aferraba. El pecado se abandona porque deja de tener valor, y la función especial se acepta porque demuestra ser el camino de regreso a la cordura.

La salvación no puede excluir a nadie, porque excluir sería negar la Filiación. Por eso, cada uno es indispensable en la esperanza de paz.

Frase inspiradora:

“Nada puede excluirme de la esperanza de paz.”

Invitación práctica:

Hoy, cuando notes que una vieja creencia pierde fuerza, repite:

“Estoy dispuesto a desear otra cosa.”

Y permite que la cordura se vuelva natural.