jueves, 5 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 36

LECCIÓN 36

Mi santidad envuelve todo lo que veo.

1. La idea de hoy extiende la idea de ayer del que percibe a lo percibido. 2Eres santo porque tu mente es parte de la de Dios. 3puesto que eres santo, tu visión no puede sino ser santa también. 4"Impecabilidad" quiere decir libre de pecado. 5No se puede estar libre de pecado sólo un poco. 6O bien eres impecable o bien no lo eres. 7Si tu mente es parte de la de Dios tienes que ser impecable, pues de otra forma parte de Su Mente sería pecaminosa. 8Tu visión está vinculada a Su santidad, no a tu ego, y, por lo tanto, no tiene nada que ver con tu cuerpo.

2. Hoy se requieren cuatro sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una. 2Trata de distribuirlas equitativamente y de hacer las aplicaciones más cortas a menudo para así asegurar tu protección durante todo el día. 3Las sesiones de práctica más largas deben hacerse de la siguiente forma:

3. Cierra primero los ojos y repite la idea de hoy varias veces lentamente. 2Luego ábrelos y mira a tu alrededor con bastante lentitud, aplicando la idea de manera específica a cualquier cosa que notes en tu ligera inspección. 3Di, por ejemplo:

4Mi santidad envuelve esa alfombra.
5Mi santidad envuelve esa pared.
6Mi santidad envuelve estos dedos.
7Mi santidad envuelve esa silla.
8Mi santidad envuelve ese cuerpo.
9Mi santidad envuelve esta pluma.

10Cierra los ojos varias veces durante estas sesiones de práctica y repite la idea para tus adentros. 11Luego ábrelos y continúa como antes.

4. Para las sesiones de práctica más cortas, cierra los ojos y repite la idea; mira a tu alrededor mientras la repites de nuevo y finaliza con una repetición adicional con los ojos cerrados. 2Todas las aplicaciones, por supuesto, deben llevarse a cabo con bastante lentitud y con el menor esfuerzo y prisa posibles.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me recuerda que, si mi mente forma parte de la Mente de Dios, mi santidad no puede ser parcial ni condicional. No es algo que deba alcanzar, demostrar o merecer. Es un hecho. Por eso, todo lo que veo queda envuelto por ella, no porque yo lo haga santo, sino porque mi verdadera Identidad es santa.

Este ejercicio es fundamental porque me invita a expresar lo que soy en verdad, dejando de dar protagonismo al ego. Cuando permito que el ego interprete mi vida, lo hace desde sus creencias de separación, culpa y miedo. Pero cuando acepto mi santidad, esas interpretaciones pierden autoridad. No lucho contra el ego; simplemente dejo de creerle.

Ser santo, según el Curso, no significa comportarse de una determinada manera ni cumplir un ideal moral. Significa ser Uno, sin opuestos ni jerarquías, con toda la Filiación. La santidad no es un logro personal, sino la condición natural de lo que Dios crea. Y la única forma de expresarla es a través del Amor, que no juzga ni excluye.

La pregunta no es cómo convertirme en santo, sino cómo hacer consciente mi santidad.

Un Curso de Milagros ofrece una referencia clara cuando habla de la Regla de Oro. No como una norma ética externa, sino como una consecuencia directa de la percepción correcta. Solo puedo tratar al otro con amor si lo percibo tal como es, y solo puedo percibirlo correctamente si me reconozco a mí mismo como santo. Tal como me perciba, así percibiré a los demás; y tal como perciba, así actuaré.

“La Regla de Oro te pide que te comportes con los demás como tú quisieras que ellos se comportasen contigo. Esto significa que tanto la percepción que tienes de ti como la que tienes de ellos debe ser fidedigna. La Regla de Oro es la norma del comportamiento apropiado. Tú no puedes comportarte de manera apropiada a menos que percibas correctamente. Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como lo percibas a él, así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás” (T-1.III.6:2-7).

Desde la perspectiva del ego, la santidad se asocia a comportamientos excepcionales, sacrificio, pureza moral o vidas ejemplares. Bajo esta visión, unos son santos y otros no; unos merecen y otros fallan. Este planteamiento pertenece al pensamiento dual del ego, que necesita opuestos para sostenerse: santo/pecador, bueno/malo, digno/indigno.

Asignar la santidad en función del comportamiento es, en sí mismo, un juicio. Y todo juicio refuerza la separación, la culpa y el miedo. No es casual que esta lógica haya impregnado los sistemas religiosos: el ego proyecta su sistema de pensamiento y fabrica estructuras que lo validan.

El Curso es radicalmente claro: “Los Hijos de Dios son santos, y los milagros honran su santidad.” (T-1.I.31:3)No hay excepciones.

La Expiación no nos hace santos, porque nunca dejamos de serlo. Su función es simplemente llevar lo que hemos inventado —la imagen falsa, la culpa, la identidad separada— ante la verdad de lo que somos. La luz no crea la santidad; solo disuelve la ilusión que parecía ocultarla.

Esta lección me enseña, por tanto, que no necesito cambiar nada en el mundo para experimentar la paz. Necesito aceptar mi santidad y, desde ella, permitir que todo lo que veo sea reinterpretado. Al hacerlo, no solo reconozco mi verdad, sino que la extiendo, y eso es lo que el Curso llama un milagro.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 36 declara su propósito de forma explícita en su primera frase: extender la idea de ayer desde el perceptor a lo percibido.

En la Lección 35 se aceptó una verdad acerca de la mente: que es parte de la Mente de Dios. En esta lección, el Curso da el paso lógico siguiente: si la mente es una extensión de la Santidad de Dios, la percepción que procede de ella no puede quedar fuera de esa santidad.

El propósito central no es santificar el mundo como entidad objetiva, sino corregir la relación que la mente establece con lo que percibe. El texto es muy preciso: la santidad no está en las cosas, sino en la relación mental que se mantiene con ellas.

Así, esta lección desmantela la creencia de que el mundo tiene un significado independiente del perceptor.


Instrucciones prácticas:

La práctica de la lección es deliberadamente simple y sin variaciones:

  • Aplicar la idea a todo lo que se ve, sin excepción.
  • Incluir tanto lo agradable como lo desagradable.
  • No hacer distinciones ni jerarquías.

La fórmula es única y literal: “Mi santidad envuelve esto.”

Durante el día, la idea debe usarse especialmente cuando algo perturbe la paz, lo que indica que la práctica no es contemplativa en abstracto, sino correctiva.

No se pide análisis, reflexión ni cambio emocional previo. Solo aplicación.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Desde el punto de vista psicológico, la lección confronta una creencia fundamental del sistema de pensamiento del ego: la idea de que hay cosas “fuera” que poseen por sí mismas un valor positivo o negativo.

El texto la niega directamente al afirmar que la santidad no se encuentra en ninguna cosa por sí misma. Esto implica que la reacción emocional no está causada por el objeto, sino por la relación mental que se establece con él.

La instrucción de no distinguir entre lo agradable y lo desagradable apunta directamente a la raíz del conflicto psicológico: la tendencia a fragmentar la experiencia en opuestos.

Espiritualmente, la afirmación central es la siguiente: Mientras no veas la santidad en todo, no conocerás tu propia santidad.

Aquí el Curso establece una condición clara: el autoconocimiento depende de la percepción no selectiva. La santidad es descrita como una sola, indivisible y sin opuestos, lo que excluye toda posibilidad de santidad parcial.

Esto significa que no puede reservarse para uno mismo, no puede excluir personas, objetos o situaciones, no puede coexistir con juicios selectivos.

Ver santidad solo en uno mismo sería aún una forma de separación.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 36 encaja de forma exacta en la progresión del Libro de Ejercicios:

  • Tras reconocer que Dios está en todo lo que veo (29),
  • y que Dios está en mi mente (30), se afirma ahora que la santidad de esa mente envuelve la percepción.

Esta lección prepara directamente las siguientes:

  • Mi santidad bendice al mundo (37),
  • No hay nada que mi santidad no pueda hacer (38),
  • Mi santidad es mi salvación (39).

Es el paso que convierte la corrección interior en extensión perceptiva.

Consejos para la práctica:

El propio texto sugiere cómo practicar correctamente:

  • No intentar sentir santidad.
  • No buscar experiencias especiales.
  • No excluir nada deliberadamente.
  • Usar la idea cuando la paz se vea perturbada.

La práctica no exige fe previa. Exige uso constante.

Conclusión final:

La Lección 36 afirma que la percepción no es un proceso neutro ni pasivo, sino una extensión directa de la identidad aceptada en la mente.

Mientras se excluya algo de la santidad, la mente no puede reconocerse a sí misma. Ver santidad en todo no es un gesto hacia el mundo, sino un acto de autorreconocimiento.

Nada cambia fuera. Cambia la relación. Y en ese cambio, la paz comienza a ser posible.

Frase síntesis:

“No puedo conocer mi santidad mientras la niegue en algo.”

Ejemplo-Guía: "La relación con mi pareja no me hace sentir en paz".

He elegido este ejemplo con el propósito de profundizar en el verdadero significado que encierra la experiencia de la relación de pareja. Un Curso de Milagros se refiere a este tipo de vínculos como relaciones especiales, señalando que constituyen uno de los escenarios más potentes para el aprendizaje, precisamente porque en ellas el ego despliega con mayor sutileza sus mecanismos.

Es inevitable hablar del amor cuando abordamos una relación. Sin embargo, el Curso nos invita a cuestionarnos qué entendemos realmente por amor. Nos recuerda que:

“El instante santo es el recurso de aprendizaje más útil de que dispone el Espíritu Santo para enseñarnos el significado del amor. Pues su propósito es la suspensión total de todo juicio. Los juicios se basan siempre en el pasado, pues las experiencias pasadas constituyen su base. Es imposible juzgar sin el pasado” (T-15.V.1:1-4).

Desde esta perspectiva, comprendemos que gran parte del conflicto en la relación surge porque amamos desde el pasado, desde expectativas, heridas y recuerdos que condicionan nuestra percepción presente.

El Curso es claro al respecto:

“Limitar el amor a una parte de la Filiación produce culpabilidad en nuestras relaciones y, por lo tanto, hace que éstas sean irreales” (T-15.V.2:2).

Cuando creemos que alguien especial debe colmar nuestras necesidades, lo separamos del resto de la Filiación y, sin darnos cuenta, convertimos el amor en una fuente de culpa y miedo.

Más aún, el Curso profundiza:

“No puedes amar sólo a algunas partes de la realidad y al mismo tiempo entender el significado del amor. Si amas de manera distinta de como ama Dios —Quien no sabe lo que es el amor especial—, ¿cómo podrías entender lo que es el amor?” (T-15.V.3:1-3).

Creer que una relación especial puede salvarnos es creer que la separación es la salvación. Pero la salvación no se encuentra en la preferencia, sino en la perfecta igualdad que establece la Expiación.

El Capítulo 15, sección V, nos revela una enseñanza clave:

“Todas las relaciones especiales contienen elementos de miedo debido a la culpabilidad. Por eso están sujetas a tantos cambios y variaciones. No se basan exclusivamente en el amor inmutable” (T-15.V.4:1-3).

Sin embargo, lejos de condenarlas, el Espíritu Santo las utiliza como aulas de aprendizaje:

“Se vale de las relaciones especiales, que tú usas para apoyar al ego, para convertirlas en experiencias educativas que apunten hacia la verdad” (T-15.V.4:4-6).

El Espíritu Santo no niega nuestras relaciones; las purifica. Él sabe que nadie es especial, pero comprende que creemos serlo. Por eso:

“Puedes poner bajo Su cuidado cualquier relación y estar seguro de que no será una fuente de dolor, si estás dispuesto a ofrecérsela a Él” (T-15.V.5:3-4).

Toda la culpa en la relación procede del uso que hacemos de ella para satisfacer necesidades ilusorias. Todo el amor surge del uso que el Espíritu Santo hace de ella como medio de sanación.

El Curso también nos advierte:

“Si deseas sustituir una relación por otra, es que no se la has ofrecido al Espíritu Santo. El amor no tiene sustitutos” (T-15.V.6:1-2).

La necesidad de reemplazar al otro revela una creencia más profunda: la idea de que nos falta amor. Desde esa creencia, exigimos al otro que sea distinto de lo que es.

Finalmente, el Curso nos ofrece una visión liberadora:

“En el instante santo nadie es especial, pues no le imponemos a nadie nuestras necesidades personales. Sin los valores del pasado, veríamos que todos son iguales y semejantes a nosotros” (T-15.V.8:1-4).

Cuando la relación se vive en el instante santo, deja de ser un campo de batalla para convertirse en un espacio de comunión. Ya no se utiliza para llenar vacíos, sino para recordar la unidad.

Que cada relación sea entregada al Espíritu Santo, que cada vínculo se convierta en una lección de amor, y que el instante santo revele la paz que siempre ha estado ahí.

¡Feliz instante santo!

Reflexión: ¿Cómo te sientes al saber que eres santo?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (5ª parte).

VII. La roca de la salvación (5ª parte).

5. El Espíritu Santo tiene el poder de transformar todos los cimientos del mundo que ves en algo distinto: en una base que no sea demente, sobre la que se puedan sentar los cimientos de una percepción sana y desde la que se puede percibir otro mundo: 2un mundo en el que nada se opone a lo que conduciría al Hijo de Dios a la cordura y a la felicidad, 3y en el que nada da testimonio de la muerte ni de la crueldad, de la separación o de las diferen­cias. 4Pues ahí todo se percibe como uno, y nadie tiene que perder para que otro gane.

Este párrafo introduce el giro definitivo hacia la esperanza práctica tras el desmontaje radical de los valores del mundo realizado en las partes anteriores. Después de dejar claro que los cimientos del mundo son dementes porque se basan en el pecado, el Curso afirma que no es necesario destruir el mundo, sino reinterpretar sus cimientos.

La clave es el poder del Espíritu Santo. No se trata de mejorar el mundo desde dentro del mismo sistema de pensamiento que lo fabricó, sino de transformar la base desde la que se percibe. El Espíritu Santo no cambia las formas externas primero; cambia el fundamento perceptivo, y desde ahí aparece otro mundo.

Ese “otro mundo” no es un lugar distinto, sino una percepción distinta:
un mundo en el que nada se opone a la cordura ni a la felicidad del Hijo de Dios. En él desaparecen los testigos de la muerte, la crueldad, la separación y las diferencias, porque todas esas ideas proceden del sistema de pensamiento del pecado.

El rasgo distintivo de este nuevo mundo es la unidad sin pérdida:
nadie tiene que perder para que otro gane. Esta afirmación conecta directamente con la idea central de la roca de la salvación: la creencia de que alguien debe perder es la raíz de toda locura. Cuando esa creencia se corrige, la percepción sana se vuelve posible.

Mensaje central del punto:

  • El Espíritu Santo puede transformar los cimientos del mundo.
  • No se trata de corregir formas, sino la base perceptiva.
  • Desde una base no demente surge una percepción sana.
  • Ese cambio permite percibir “otro mundo”.
  • En ese mundo no hay oposición a la felicidad ni a la cordura.
  • No existen testigos de muerte, crueldad, separación o diferencias.
  • Nadie pierde para que otro gane.

Claves de comprensión:

  • El mundo no se abandona: se reinterpreta.
  • La locura reside en los cimientos, no en las apariencias.
  • La percepción sana es el resultado natural de una base corregida.
  • La unidad excluye la competencia y la pérdida.
  • La función del Espíritu Santo es dar significado nuevo a lo que parecía inmutable.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Cuando veas conflicto, recuerda que no estás viendo el mundo, sino sus cimientos.
  • Practica entregar al Espíritu Santo la interpretación de lo que percibes.
  • Observa cualquier pensamiento de “ganar/perder” como una señal de percepción antigua.
  • Permite que la idea de unidad sustituya a la comparación.
  • Descansa en no tener que cambiar el mundo, sino la manera de mirarlo.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Desde qué cimientos estoy interpretando lo que veo?
  • ¿Qué situaciones sigo viendo como conflictos inevitables?
  • ¿Creo todavía que alguien debe perder para que otro gane?
  • ¿Estoy dispuesto a permitir otra base perceptiva?
  • ¿Cómo sería mi experiencia si nada se opusiera a mi felicidad?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo revela la función sanadora completa del Espíritu Santo. No niega lo que ves, sino que le da otro fundamento. Al cambiar los cimientos, todo el edificio perceptivo se transforma. Así aparece un mundo sin oposición, sin pérdida y sin muerte, donde la unidad es evidente y la felicidad no compite con nada.

La salvación no consiste en huir del mundo, sino en permitir que sus cimientos sean sustituidos por la verdad.

Frase inspiradora:

“Sobre cimientos sanos, el mundo se recuerda como uno.”

Invitación práctica:

Hoy, ante cualquier percepción de conflicto, repite:

“Espíritu Santo, transforma los cimientos desde los que veo.”

Y deja que la percepción haga el resto. 

miércoles, 4 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 35

LECCIÓN 35

Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.

1. La idea de hoy no describe la manera como te ves a ti mismo ahora. 2Describe, no obstante, lo que la visión te mostrará. 3A todo aquel que cree estar en este mundo le resulta muy difícil creer esto de sí mismo. 4Sin embargo, la razón por la que cree estar en este mundo es porque no lo cree.

2. Crees que formas parte del lugar donde piensas que estás. 2Eso se debe a que te rodeas del medio ambiente que deseas. 3Y lo deseas para proteger la imagen que has forjado de ti mismo. 4La imagen también forma parte de ese medio ambiente. 5Lo que ves mientras crees estar en él, lo ves a través de los ojos de la imagen. 6Eso no es visión. 7Las imágenes no pueden ver.

3. La idea de hoy presenta una perspectiva de ti muy diferente. 2Al establecer tu Origen establece también tu Identidad, y te describe como realmente debes ser en verdad. 3La manera en que vamos a aplicar la idea de hoy es ligeramente diferente, ya que el énfasis recae hoy en el que percibe en vez de en lo que éste percibe.

4. Comienza cada una de las tres sesiones de práctica de hoy de cinco minutos cada una repitiendo la idea para tus adentros, luego cierra los ojos y escudriña tu mente en busca de los diver­sos términos descriptivos que te adjudicas a ti mismo. 2Incluye todos los atributos basados en el ego que te adscribes, sean positivos o negativos, deseables o indeseables, halagadores o denigrantes3Todos son igualmente irreales porque en ellos no te ves a ti mismo con los ojos de la santidad.

5. En la primera parte del período de búsqueda mental, probablemente pondrás mayor énfasis en lo que consideres son los aspectos más negativos de tu auto-percepción. 2Hacia el final del ejercicio, no obstante, es probable que lo que te venga a la mente sean los términos descriptivos más auto-engrandecedores. 3Trata de reconocer que no importa en qué dirección se inclinen las fantasías que albergas acerca de ti mismo. 4En realidad, las fantasías no se inclinan en ninguna dirección. 5Simplemente no son verdaderas.

6. Una lista adecuada para la aplicación de la idea de hoy, la cual no ha sido seleccionada conscientemente, podría ser:

2Me veo a mí mismo como alguien del que otros abusan.
3Me veo a mí mismo como alguien que está deprimido.
4Me veo a mí mismo como un fracaso.
5Me veo a mí mismo como alguien que está en peligro.
6Me veo a mí mismo como un inútil.
7Me veo mí mismo como un vencedor.
8Me veo a mí mismo como un perdedor.
9Me veo a mí mismo como una persona caritativa.
10Me veo a mí mismo como una persona virtuosa.

7. No debes pensar acerca de estos términos de manera abstracta. 2Se te ocurrirán a medida que te vengan a la mente diversas personalidades  situaciones o acontecimientos en los que tú figuras. 3Escoge cualquier situación en particular que se te ocurra, identifica el término o términos descriptivos que consideres pertinentes a tus reacciones a esa situación, y úsalos para aplicar la idea de hoy. 4Después que hayas nombrado cada uno de ellos, añade:

5Pero mi mente es parte de la de Dios. 6Soy muy santo.

8. Durante las sesiones de práctica más largas probablemente habrá intervalos en los que no se te ocurra nada en particular. 2No te esfuerces en pensar cosas concretas para ocupar dichos intervalos, sino simplemente relájate y repite la idea de hoy lentamente hasta que se te ocurra algo. 3Si bien no debes omitir nada de lo que se te ocurra durante los ejercicios, no se debe "sacar" nada a la fuerza. 4No se debe usar ni fuerza ni discriminación.

9. Tan a menudo como sea posible en el transcurso del día, aplica la idea de hoy a cada atributo o atributos que te estés adjudicando en ese momento, añadiendo la idea en la forma indicada más arriba. 2Si no se te ocurre nada en particular, repite simplemente la idea en tu interior con los ojos cerrados.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me muestra cómo el ego utiliza la mente para fabricar una identidad basada en pensamientos a los que les otorgo realidad. Cuando creo pensamientos como “soy incapaz” o “soy extraordinario”, no estoy describiendo la verdad de lo que soy, sino aceptando una imagen fabricada. A partir de esa imagen, interpretaré el mundo de manera que parezca confirmarla, ya sea a través del fracaso o del éxito. En ambos casos, sigo atrapado en la ilusión de una identidad separada.

El Curso enseña que este proceso no es creativo, sino fabricado. No estamos creando en el sentido en que Dios crea, sino imaginando una versión de nosotros mismos que no es real. Esa imagen es lo que llamamos ego: un sistema de pensamiento que interpreta todo desde la dualidad, utilizando categorías opuestas como bueno y malo, éxito y fracaso, luz y oscuridad, masculino y femenino. Estas distinciones pertenecen al ámbito de la percepción y no a la verdad.

En realidad, no somos una imagen ni un cuerpo, ni una personalidad definida por atributos cambiantes. Nuestra verdadera Identidad no es el ropaje transitorio que parece moverse en el mundo, sino el Ser que permanece unido a su Fuente. El mundo de la forma no nos define; solo oscurece temporalmente el recuerdo de lo que somos.

Un Curso de Milagros nos recuerda que somos parte de la Mente de Dios, no como entidades separadas, sino como Su extensión. Sin embargo, mientras nos identificamos con la percepción, creemos estar fragmentados y sujetos a la dualidad. Este tránsito por el mundo del tiempo refuerza la confusión, haciéndonos olvidar la Unidad que nunca se ha perdido.

Por eso, la invitación de esta lección es a despertar la conciencia y a aceptar con humildad lo que ya es verdad: no somos el ego que pensamos ser, sino el Hijo de Dios tal como fue creado.

Tal como hemos aprendido en lecciones anteriores, los pensamientos sin significado nos muestran un mundo sin significado (L-11). Estos pensamientos proceden de la mente errada, que cree únicamente en lo que percibe y toma el mundo de las formas —cambiante y temporal— como si fuera real. Desde ahí, el ego intenta sostener su identidad valiéndose de imágenes que parecen confirmarla.

La enseñanza de esta lección responde, finalmente, a la pregunta que el ego evita constantemente: ¿qué soy?
El ego teme esta pregunta porque la respuesta disuelve su fundamento. La única respuesta posible es simple y absoluta: soy el Hijo de Dios, creado por Su Mente y permaneciendo en Ella. Ante esta verdad, el ego no puede justificarse, y por eso necesita inventar un mundo de imágenes que le permitan aparentar una identidad propia.

Esta lección me invita a dejar de defender esa identidad ficticia y a permitir que la verdad, silenciosa y sin opuestos, vuelva a ocupar su lugar natural en mi mente.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 35 introduce una afirmación que resulta profundamente confrontadora para el sistema de pensamiento del ego: tu mente no es privada, no es limitada y no es independiente, sino que es parte de la Mente de Dios.

Esta lección no pretende elevar el ego ni reforzar una identidad personal “especial”. Al contrario, desmantela la identidad personal al afirmar que la santidad no es algo que se gana, se mejora o se pierde, sino algo que es inherente a lo que eres, porque procede de Dios.

El propósito central es reemplazar la autoimagen basada en culpa, limitación y miedo, por una identidad compartida, inocente y santa, que no depende del comportamiento ni del pasado.

Aquí se da un paso decisivo: ya no se trata solo de corregir la percepción del mundo, sino de corregir la percepción de uno mismo.

Instrucciones prácticas:

La práctica de esta lección es sencilla en su forma, pero profunda en su alcance:

  • Se realizan dos sesiones formales de dos minutos.
  • En cada sesión:
    • Repite lentamente la idea: Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.
    • Hazlo con calma, sin tratar de convencerte.
  • Luego:
    • Busca pensamientos de miedo, culpa, preocupación o tristeza.
    • Aplícales la idea directamente, sin analizarlos.

Durante el día:

  • Repite la idea cada vez que algo perturbe tu paz.
  • No discutas con el pensamiento perturbador.
  • Respóndele con la verdad, no con argumentos.

Aspectos psicológicos y espirituales:

A nivel psicológico esta lección confronta directamente el núcleo del ego: la creencia de que eres defectuoso, insuficiente o culpable.

El ego reacciona con resistencia porque esta idea no amenaza al “yo personal”, sino a su sistema completo de interpretación.
Por eso el Curso aclara: No es tu identidad la que está en peligro, sino tu sistema de pensamiento.

Aceptar esta idea no produce grandiosidad, sino descanso mental, porque libera del esfuerzo constante por “mejorarse” o “defenderse”.

A nivel espiritual la lección afirma algo radical:

  • Si tu mente es parte de la de Dios, entonces no puede albergar culpa real.
  • La santidad no es moral, sino ontológica: es lo que eres.

Aquí se empieza a reconocer, de forma experiencial, la unidad de la Filiación.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 35 se apoya directamente en las anteriores:

  • Si Dios está en todo lo que ves (29),
  • y Dios está en tu mente (30),
  • entonces tu mente no puede ser algo separado o impuro.

Esta lección prepara el terreno para:

  • el perdón verdadero,
  • la desaparición de la culpa,
  • y la aceptación de la Expiación para uno mismo.

Es un paso clave hacia el reconocimiento de la visión de Cristo, donde la santidad se reconoce en uno mismo y, por extensión, en todos.

Consejos para la práctica:

  • No intentes sentirte santo.
  • No busques pruebas en tu conducta pasada.
  • No luches con la resistencia.

Haz solo esto:

  • Permite que la idea sea considerada.
  • Aplícala especialmente cuando más falsa te parezca.
  • Recuerda: el Curso no te pide que creas, sino que practiques.

La resistencia es normal. La santidad no necesita defensa.

Conclusión final:

La Lección 35 no afirma que seas santo porque actúes bien, pienses bien o medites correctamente. Afirma que eres santo porque tu mente es parte de la Mente de Dios.

Nada de lo que crees haber hecho ha cambiado eso. Nada de lo que percibes puede desmentirlo.

Aceptar esta idea no engrandece al yo personal: lo disuelve.

Y en esa disolución comienza la verdadera paz.

Ejemplo-Guía: "No me siento valorado en mi trabajo"

Este ejemplo refleja una experiencia muy extendida en el mundo que percibimos. JM, un joven recién graduado, desea poner en práctica los conocimientos adquiridos y alcanzar reconocimiento profesional y estabilidad económica. Sus decisiones académicas estuvieron guiadas más por la promesa de éxito y rentabilidad que por una verdadera llamada interior. Renunció a lo que le gustaba con la esperanza de asegurarse un futuro valorado socialmente.

Con el paso del tiempo, la realidad no responde a sus expectativas. La falta de experiencia limita sus oportunidades laborales y comienzan a surgir dudas, inquietud y un sentimiento creciente de desvalorización. La mente interpreta la situación como un fracaso personal y cuestiona el sentido de todo el esfuerzo realizado.

Cuando finalmente acepta un trabajo temporal de reparto de publicidad, no lo vive como una oportunidad, sino como una prueba de su supuesta falta de valor. Un comentario aparentemente inocente de una transeúnte activa en él una herida profunda. No es la frase lo que le hiere, sino la imagen previa que ya sostenía sobre sí mismo. El dolor emocional surge de un juicio interior que se ve momentáneamente confirmado.

Desde la enseñanza del Curso, JM no está reaccionando a los hechos, sino a la identidad que el ego ha fabricado. Se ha identificado con el cuerpo, con el rol profesional y con una escala de valores basada en el tener y el reconocimiento. Desde esa identificación, cualquier experiencia que no confirme esa imagen es vivida como humillación o fracaso.

El ego le ha ofrecido un guion claro: ser valioso es tener éxito, estatus y posesiones. Y JM ha aceptado ese guion como si fuera la verdad. Sin embargo, el mundo en el que intenta validarse es cambiante y temporal. Por eso, aun alcanzando esos objetivos, la paz no estaría garantizada.

La vida no le está negando valor; le está mostrando el conflicto entre lo que cree ser y lo que es en verdad. El trabajo que juzga como indigno no es el problema. El problema es el juicio mismo, que mide el valor desde criterios externos y efímeros.

Según Un Curso de Milagros, el valor no se gana ni se pierde. No depende del puesto que se ocupa, del salario ni del reconocimiento ajeno. El valor es inherente, porque no procede del mundo, sino de la Identidad que Dios creó.

Cuando JM deje de buscar su valía en el resultado de sus acciones y permita que su percepción sea reinterpretada, podrá empezar a vivir cada experiencia —sea cual sea su forma— como una oportunidad de expresar lo que ya es, no de demostrarlo. La paz no llegará cuando el mundo cambie, sino cuando deje de pedirle al mundo que le diga quién es.

Desde esa nueva mirada, el trabajo deja de ser una medida de valor y se convierte simplemente en una circunstancia dentro del sueño. Y es ahí donde comienza la verdadera liberación.

Reflexión: ¿Y si la imagen que tienes de ti es falsa? ¿Y si realmente no eres lo que crees ser?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (4ª parte).

VII. La roca de la salvación (4ª parte).

4. Justificar uno solo de los valores que el mundo apoya es negar la cordura de tu Padre y la tuya. 2Pues Dios y Su Hijo bienamado no piensan de manera diferente. 3Y es esta concordancia en el pensamiento lo que hace que el Hijo sea un co-creador con la Mente cuyo Pensamiento lo creó a él. 4De modo que si elige creer en un solo pensamiento que se oponga a la verdad, habrá deci­dido que él no es el Hijo de su Padre porque el Hijo está loco, y la cordura tiene que ser algo ajeno al Padre y al Hijo. 5Esto es lo que crees. 6No pienses que esta creencia depende de la forma en que se manifieste. 7El que de alguna manera crea que el mundo es cuerdo, que algunas de las cosas que piensa están justificadas o que está sustentando por algún tipo de razón, cree que eso es cierto. 8El pecado no es real porque ni el Padre ni el Hijo son dementes. 9Este mundo no tiene sentido porque se basa en el pecado. 10¿Quién podría crear lo inmutable si ello no estuviese basado en la verdad?

Este párrafo revela la raíz profunda del error: no es el pecado en sí, sino la justificación de los valores del mundo. El Curso no habla aquí de conductas concretas, sino de adhesión mental. Basta con justificar un solo valor del mundo para negar simultáneamente la cordura de Dios y la propia.

La razón es metafísica, no moral: Dios y Su Hijo no piensan de manera diferente. Esa perfecta concordancia es lo que define al Hijo como co-creador, no como criatura separada. Pensar junto a Dios no es un ideal elevado, sino la condición misma de la Filiación.

Cuando el Hijo acepta un solo pensamiento que se oponga a la verdad, decide —aunque no sea consciente de ello— que no es el Hijo de su Padre, porque introduce la idea de que la cordura no es compartida. De este modo, la locura pasa a ser atribuida al Hijo, y la cordura queda separada tanto del Padre como del Hijo.

El texto es especialmente incisivo al señalar que no importa la forma que adopte esta creencia. No depende de si el mundo se defiende por razones morales, científicas, espirituales o prácticas. Cualquiera que crea que el mundo es cuerdo, que algunos de sus valores están justificados o que se sostienen “por alguna razón”, está afirmando exactamente la misma premisa.

El párrafo culmina con una afirmación decisiva: el pecado no es real porque ni el Padre ni el Hijo son dementes. El mundo carece de sentido porque se basa en el pecado, y nada que no esté fundado en la verdad puede ser inmutable.

Mensaje central del punto:

  • Justificar cualquier valor del mundo es negar la cordura compartida entre Dios y Su Hijo.
  • Padre e Hijo piensan de manera idéntica.
  • Esa concordancia es lo que hace al Hijo co-creador.
  • Aceptar un solo pensamiento contrario a la verdad implica negar la Filiación.
  • La forma del error es irrelevante; el contenido es siempre el mismo.
  • El pecado no es real porque Dios no es demente.
  • Un mundo basado en el pecado no puede tener sentido ni crear lo inmutable.

Claves de comprensión:

  • El error no está en el comportamiento, sino en la justificación mental.
  • No existen valores “parcialmente verdaderos” del mundo.
  • Pensar separado de Dios es definirse como separado de Él.
  • La cordura no es un estado psicológico, sino una unidad de pensamiento.
  • Lo inmutable solo puede proceder de la verdad.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa qué valores del mundo das por “razonables” o “inevitables”.
  • Detecta cuándo justificas el miedo, la defensa, la competencia o la pérdida.
  • Ante cualquier razonamiento que defienda el mundo, pregúntate:
    “¿Estoy justificando esto para sentirme seguro?”
  • Practica no defender ningún sistema de pensamiento que no provenga del Amor.
  • Recuerda: no tienes que atacar el mundo, solo retirar tu fe de él.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Qué valores del mundo sigo defendiendo como “lógicos” o “necesarios”?
  • ¿Confundo consenso con verdad?
  • ¿Qué pensamientos justifico aunque no procedan del Amor?
  • ¿Estoy dispuesto a soltar incluso un solo valor que se oponga a la verdad?
  • ¿Puedo aceptar que pensar con Dios define quién soy?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo desvela que la salvación no se pierde por pecar, sino por justificar. Justificar el mundo es declarar que Dios y Su Hijo no comparten una sola Mente. La salvación, por tanto, no consiste en corregir el mundo, sino en retirar la creencia de que sus valores son cuerdos.

El mundo no tiene sentido porque se basa en el pecado, y el pecado no es real porque Dios no es demente. Nada que no esté fundado en la verdad puede ser eterno ni inmutable.

Frase inspiradora:

“Pensar con Dios es mi cordura; todo lo demás carece de sentido.”

Invitación práctica:

Hoy, cuando aparezca un pensamiento que defienda el mundo, repite con suavidad:

“No justifico lo que no piensa Dios.”

Y permite que esa elección restaure tu cordura.