viernes, 27 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 58

LECCIÓN 58

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (36) Mi santidad envuelve todo lo que veo.

2De mi santidad procede la percepción del mundo real.  3Habiendo perdonado, ya no me considero culpable.  4Puedo aceptar la ino­cencia que es la verdad con respecto a mí mismo.  5Cuando veo el mundo con los ojos del entendimiento, sólo veo su santidad por­que lo único que puedo ver son los pensamientos que tengo acerca de mí mismo.

2. (37) Mi santidad bendice al mundo.

2La percepción de mi santidad no me bendice únicamente a mí.  3Todas las personas y todo cuanto veo en su luz comparten la dicha que mi santidad me brinda.  4No hay nada que esté excluido de esta dicha porque no hay nada que no comparta mi santidad.  5medida que reconozca mi santidad, la santidad del mundo se alzará resplandeciente para que todos la vean.

3. (38) No hay nada que mi santidad no pueda hacer.

2El poder curativo de mi santidad es ilimitado porque su poder para salvar es ilimitado.  3¿De qué me tengo que salvar, sino de las ilusiones?  4¿Y qué son las ilusiones sino falsas ideas acerca de mí?  5Mi santidad las desvanece a todas al afirmar la verdad de lo que soy.  6En presencia de mi santidad, la cual comparto con Dios Mismo, todos los ídolos desaparecen.

4. (39) Mi santidad es mi salvación.

2Puesto que mi santidad me absuelve de toda culpa, reconocer mi santidad es reconocer mi salvación. 3Es también reconocer la sal­vación del mundo. 4Una vez que haya aceptado mi santidad, nada podrá atemorizarme. 5Y al no tener miedo, todos comparti­rán mi entendimiento, que es el regalo que Dios me hizo a mí y al mundo.

5. (40) Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

2En esto reside mi derecho a lo bueno y sólo a lo bueno. 3Soy ben­dito por ser un Hijo de Dios. 4Todo lo que es bueno me pertenece porque así lo dispuso Dios. 5Por ser Quien soy no puedo sufrir pérdida alguna, ni privaciones ni dolor. 6Mi Padre me sustenta, me protege y me dirige en todo. 7El cuidado que me prodiga es infinito y eterno. 8Soy eternamente bendito por ser Su Hijo.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Mi santidad envuelve todo lo que veo.
  • Si mi santidad envuelve todo lo que veo, ¿qué estoy proyectando cuando percibo culpa o ataque?
  • Cuando miro a otro, ¿veo un cuerpo separado o la misma santidad que habita en mí?
  • ¿Es posible que el mundo que contemplo esté teñido por el estado de mi propia mente?
  • Si mi santidad es real, ¿puede quedar excluida alguna situación o persona?
  • ¿Estoy dispuesto a reconocer que, al aceptar mi propia santidad, comienzo a verla reflejada en todo lo que me rodea?
Mi santidad bendice al mundo.
  • Si mi santidad bendice al mundo, ¿qué efecto tiene cada pensamiento que sostengo?
  • Cuando elijo perdonar en lugar de juzgar, ¿no estoy transformando el significado de lo que veo?
  • ¿Puede mi paz interior influir en la percepción que comparto con los demás?
  • Si mi verdadera identidad es santa, ¿puede mi presencia ser neutra o indiferente?
  • ¿Estoy dispuesto a aceptar que, al reconocer mi santidad, no solo me libero yo, sino que contribuyo a la sanación de la mente que todos compartimos?
No hay nada que mi santidad no pueda hacer.
  • Si no hay nada que mi santidad no pueda hacer, ¿qué límites estoy aceptando como reales?
  • Cuando me siento incapaz o pequeño, ¿estoy olvidando mi verdadera identidad?
  • ¿Puede la santidad conocer obstáculos, o solo los conoce la mente que se cree separada?
  • Si mi poder procede de Dios, ¿es realmente frágil o condicionado por el mundo?
  • ¿Estoy dispuesto a reconocer que mi santidad no actúa desde el esfuerzo, sino desde la certeza de lo que soy?
Mi santidad es mi salvación.
  • Si mi santidad es mi salvación, ¿qué estoy buscando fuera que ya reside en mí?
  • Cuando me siento perdido o culpable, ¿estoy olvidando la pureza de mi verdadera identidad?
  • ¿Puede la salvación venir de algo externo si mi santidad es inalterable?
  • Si soy tal como Dios me creó, ¿qué necesito reparar realmente?
  • ¿Estoy dispuesto a aceptar que la liberación no consiste en cambiar lo que soy, sino en recordar la santidad que nunca he dejado de ser?
Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
  • Si soy bendito por ser un Hijo de Dios, ¿de qué depende realmente mi valor?
  • ¿Puede mi dignidad disminuir por mis errores o por lo que otros opinen de mí?
  • Cuando me siento insuficiente, ¿estoy olvidando el Origen del que procedo?
  • ¿Es la bendición algo que debo ganar o es inherente a lo que soy?
  • ¿Estoy dispuesto a aceptar que mi identidad no se basa en logros ni fracasos, sino en la filiación que comparto con Dios?

Sentido general de la lección:

La Lección 58 enseña que la santidad reconocida no se queda en la mente: se extiende.

Si en la Lección 57 el énfasis estaba en dejar de verse como víctima, en la 58 el foco se desplaza a lo que ocurre cuando recuerdo quién soy.

No basta con recordar la santidad: la santidad bendice, envuelve y transforma la percepción.

Este repaso marca el paso de: “yo cambio por dentro” a “el mundo cambia cuando me recuerdo”. 

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la creencia de que la santidad es privada, pasiva o irrelevante para el mundo.  El ego se defiende diciendo:

  • “Mi estado interior no afecta a nadie”
  • “Yo no tengo nada que aportar”
  • “El mundo es demasiado grande para que yo influya”

El Curso responde con claridad: Tu santidad no es personal, es expansiva. Y su efecto no depende de que lo comprendas.

Análisis de las ideas repasadas: 

Mi santidad envuelve todo lo que veo (Lección 36) 

Psicológicamente:

  • Disuelve la separación sujeto–objeto.
  • Reduce la sensación de amenaza externa.
  • La mente deja de verse rodeada de enemigos.

 Espiritualmente:

  • Afirma que la percepción parte de la identidad.
  • La santidad no se proyecta: se extiende.
  • Nada queda fuera del campo de la mente que recuerda.

 Clave: No veo desde el miedo cuando recuerdo lo que soy. 

Mi santidad bendice al mundo (Lección 37) 

Psicológicamente:

  • Sana la sensación de inutilidad o insignificancia.
  • Restituye el valor del simple “ser”.

Espiritualmente:

  • Bendecir no es hacer, es permitir que la verdad se exprese.
  • La bendición no depende del comportamiento, sino del recuerdo.

Clave: No necesito cambiar el mundo para bendecirlo. 

No hay nada que mi santidad no pueda hacer (Lección 38) 

Psicológicamente:

  • Corrige la autoimagen limitada.
  • Disuelve la creencia de impotencia aprendida.
  • Introduce confianza no basada en el ego.

Espiritualmente:

  • La santidad no actúa como poder personal.
  • Es el poder de la verdad al no encontrar resistencia.

Clave: La santidad no fuerza; deshace lo que no es real. 

Mi santidad es mi salvación (Lección 39) 

Psicológicamente:

  • Desmonta la búsqueda externa de seguridad.
  • La salvación deja de ser algo que “tengo que lograr”.

Espiritualmente:

  • La salvación no viene del esfuerzo, sino del reconocimiento.
  • No se gana, se acepta.

Clave: No soy salvado por lo que hago, sino por lo que soy. 

Soy bendito por ser un Hijo de Dios (Lección 40) 

Psicológicamente:

  • Sana la culpa básica.
  • Restituye una autoimagen no condenatoria.

Espiritualmente:

  • La bendición no es condicional.
  • La filiación es un hecho, no un mérito.

Clave: Mi valor no depende de mi historia. 

Sentido psicológico global del repaso: 

Este repaso:

  • Disuelve la idea de insignificancia.
  • Restaura la confianza interna.
  • Transforma la percepción del mundo como amenaza.

La mente deja de protegerse y empieza a extenderse. 

Sentido espiritual global del repaso: 

Espiritualmente, la Lección 58 afirma: La salvación no es escapar del mundo, sino permitir que la santidad lo envuelva. 

El mundo no se ataca ni se abandona: se bendice al ser visto correctamente. 

Instrucciones prácticas:

 Durante el día:

  • Notar cuándo te sientes pequeño o irrelevante.
  • Recordar que tu santidad no es personal.
  • Repetir suavemente: “Mi santidad bendice al mundo.”

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “No sirvo para esto”
  • “No marco ninguna diferencia”
  • “Mi paz no importa”

Advertencias importantes: 

  • No usar estas ideas para inflar el ego.
  • No confundir santidad con superioridad moral.
  • Usarlas para recordar identidad. Usarlas para soltar la sensación de inutilidad.

Relación con el proceso del Curso: 

  • Lección 54 → Ver es elegir.
  • Lección 55 → No sé elegir sin guía.
  • Lección 56 → El ataque me ciega.
  • Lección 57 → No soy víctima; soy mente santa.
  • Lección 58 → Mi santidad se extiende y salva.

Aquí el Curso consolida la extensión del recuerdo. 

Conclusión final: 

La Lección 58 enseña una verdad profundamente estabilizadora: No soy un individuo tratando de salvarse, soy una mente santa cuya sola presencia bendice. 

Cuando dejo de dudar de mi valor, el mundo deja de parecer hostil. 

Frase inspiradora: “Cuando recuerdo mi santidad, no necesito hacer nada: el mundo es bendecido.”

Recordar mi santidad transforma mi mirada: Aplicando la lección 58.

Recordar mi santidad transforma mi mirada: Aplicando la lección 58.

La Lección 58 continúa el Primer Repaso del Libro de Ejercicios de Un curso de milagros y marca un giro profundo en la experiencia interior.

Si en la lección anterior recuperábamos el poder al dejar de vernos como víctimas, aquí descubrimos algo aún más luminoso: Mi santidad envuelve lo que veo. Mi santidad bendice el mundo.  Mi santidad es mi salvación.

Este repaso no habla de hacer más. Habla de recordar quién soy. Y cuando lo recuerdo, la percepción cambia.

1.  Mi santidad envuelve todo lo que veo.

La percepción no es neutra. Siempre parte de la identidad desde la que miro.

Si me veo culpable, veré culpa. Si me veo separado, veré separación. Pero cuando empiezo a aceptar mi propia inocencia, algo se transforma: El mundo deja de parecer amenazante.

No porque haya cambiado externamente, sino porque la mirada ya no está teñida por la culpa. Mi santidad no se proyecta como una idea.
Se extiende como una manera de ver.

2.  Mi santidad bendice al mundo.

Aquí el Curso desmonta otra creencia del ego: “Mi estado interior no importa.”

Sí importa. Cada pensamiento de perdón suaviza la percepción.
Cada instante de paz tiene efecto. No es un efecto mágico externo.
Es un cambio en la mente compartida.

Bendecir no es hacer algo extraordinario. Es permitir que la verdad que soy se exprese sin interferencias. Y esa expresión alcanza más allá de lo que comprendo.

3.  No hay nada que mi santidad no pueda hacer.

Esta afirmación no habla de poder personal. Habla del poder de la verdad cuando no encuentra resistencia.

Las ilusiones sobre mí mismo —culpa, pequeñez, incapacidad— se sostienen solo mientras las creo. Cuando recuerdo mi santidad, esas falsas ideas pierden fuerza.

La santidad no lucha. Simplemente disuelve lo que no es real.

4.  Mi santidad es mi salvación.

Aquí el Curso desmantela la búsqueda externa. La salvación no viene de cambiar circunstancias. Viene de reconocer mi verdadera identidad.

No tengo que perfeccionarme. No tengo que ganarme el amor.
No tengo que reparar lo que nunca fue dañado.

Aceptar mi santidad es aceptar que ya soy tal como Dios me creó. Y en ese reconocimiento el miedo pierde su base.

5.  Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

Esta idea sana la raíz de la insuficiencia. Mi valor no depende de mis logros.
No depende de mi historia. No depende de la opinión de nadie.

Soy bendito por lo que soy, no por lo que hago. Y esa bendición no se pierde por haberla olvidado.

Cuando dejo de cuestionar mi valor esencial, la percepción del mundo se suaviza. Porque ya no necesito defender mi identidad.

🌅 Sentido general de la lección.

La Lección 58 transforma la percepción al transformar la identidad. Si me creo pequeño, veré limitaciones. Si recuerdo mi santidad, veré posibilidades.

Aquí el Curso consolida el paso de: “No soy víctima” a “Soy mente santa cuya presencia bendice”.

No se trata de inflar el ego. Se trata de soltar la culpa. Y cuando la culpa se afloja, la mirada se vuelve luminosa.

🌿 Cómo aplicar la lección.

Durante el día, cuando aparezca la sensación de insignificancia o culpa, practica:

  • “Mi santidad envuelve esto.”
  • “Mi santidad bendice al mundo.”
  • “Soy bendito por ser quien soy.”

No es autoafirmación superficial. Es recordatorio de identidad. Cada vez que aceptas tu santidad, la percepción se expande.

🌿 Cierre personal – Cuando dejé de sentirme pequeño:

Hubo momentos en que creía que no tenía nada que aportar.

Que mi paz era irrelevante. Que mi estado interior no cambiaba nada.

Pero al practicar esta lección comencé a notar algo sutil: Cada vez que me juzgaba con dureza, el mundo se volvía más áspero. Cada vez que aceptaba mi inocencia, la percepción se suavizaba. No porque el mundo cambiara mágicamente, sino porque dejaba de mirarlo desde la culpa.

Comprendí que mi santidad no era un mérito. Era un hecho. Y cuando dejé de cuestionarlo, la experiencia empezó a reflejarlo.

La Lección 58 no me pidió hacer más. Me invitó a dejar de negarme. Y en ese gesto simple, la mirada cambió.

🌿 Experimentointensivoo de 24 horas:

Lección 58 – Recordar mi santidad en medio de lo cotidiano.

Durante 24 horas vas a practicar algo muy simple: 👉 Cada vez que surja culpa, pequeñez o juicio, vas a recordar tu santidad… y observar qué ocurre en tu percepción.

No para convencerte de nada. Sino para ver el efecto real del recuerdo.

🌅 Fase 1 – Declaración de identidad (por la mañana).

Al comenzar el día, di internamente: “Hoy recordaré que mi santidad envuelve todo lo que veo.” No lo digas con solemnidad. Dilo con disposición.

No se trata de sentirte especial. Se trata de dejar de sentirte culpable.

🔍 Fase 2 – Detectar la autoimagen limitada.

A lo largo del día observa cuándo aparece:

  • Autocrítica.
  • Sensación de insuficiencia.
  • Pensamientos como “no soy suficiente”.
  • Juicio hacia otros.
  • Sensación de insignificancia.

En ese instante, detente. Y pregúntate:

  1. ¿Desde qué identidad estoy mirando ahora?
  2. ¿Estoy viendo desde la culpa… o desde la santidad?

No te corrijas aún. Solo obsérvalo.

🌊 Fase 3 – Introducir el recuerdo.

Ahora di internamente: “Mi santidad envuelve esto.”

Y luego: “Mi santidad bendice al mundo.”

No necesitas sentir algo especial. Solo sostener el pensamiento.

Observa qué ocurre con la percepción: ¿Se suaviza la imagen del otro? ¿Baja la intensidad del juicio? ¿Aparece un pequeño espacio interior?

Ese espacio es el efecto.

🧠 Fase 4 – Practicar la extensión.

Elige conscientemente tres momentos del día para mirar a alguien —conocido o desconocido— y pensar: “Compartimos la misma santidad.”

No lo digas como frase espiritual decorativa. Dilo como experimento mental.

Y observa: ¿Cambia tu actitud corporal? ¿Cambia la energía del encuentro?
¿Cambia tu interpretación?

La santidad no hace ruido. Pero transforma la percepción.

🌙 Fase 5 – Revisión nocturna profunda.

Antes de dormir, reflexiona:

  • ¿Cuándo me sentí pequeño hoy?
  • ¿Qué ocurrió cuando recordé mi santidad?
  • ¿Cambió algo en mi forma de mirar?
  • ¿Se redujo la sensación de amenaza?

Y hazte la pregunta central: 👉 ¿Qué efecto tuvo en mi experiencia recordar quién soy?

🌿 Lo que suele revelarse.

Si el experimento se hace con honestidad, aparecen comprensiones claras:

1️ La culpa tiñe la percepción de conflicto.
2️
 La santidad suaviza la mirada.
3️
 No necesito hacer nada extraordinario para bendecir; basta con recordar.

Y algo más profundo comienza a sentirse: No soy pequeño. No soy insuficiente. No soy irrelevante.

🌅 El núcleo transformador de la Lección 58:

El ego dice: “Eres limitado.”

El recuerdo responde: “Soy tal como fui creado.”

La santidad no es arrogancia. Es ausencia de culpa. Y cuando la culpa se afloja, la percepción deja de atacar.

🌿 Frase para acompañar el experimento.

Durante el día repite suavemente: “Mi santidad bendice esto.”

Y cuando aparezca autocrítica: “Soy bendito por ser quien soy.”

VIII. La restitución de la justicia al amor (8ª parte).

VIII. La restitución de la justicia al amor (8ª parte).

8. La justicia, no obstante, no puede castigar a aquellos que, aun­que claman por castigo, tienen un Juez que sabe que en realidad son completamente inocentes. 2La justicia le obliga liberarlos y a darles todo el honor que merecen y que se han negado a sí mismos al no ser justos y no poder entender que son inocentes. 3El amor no es comprensible para los pecadores porque creen que la justicia no guarda ninguna relación con el amor y que representa algo distinto. 4Y de esta manera, se percibe al amor como algo débil, y a la venganza como muestra de fortaleza. 5Pues el amor perdió cuando el juicio se separó de su lado, y ahora es demasiado débil para poder salvar a nadie del castigo. 6Pero la venganza sin amor ha cobrado más fuerza al estar sepa­rada y aparte del amor. 7¿Y qué otra cosa sino la venganza puede ser ahora lo que ayuda y salva, mientras que el amor es un espec­tador pasivo, impotente, injusto, endeble e incapaz de salvar?

Este párrafo presenta la corrección final del juicio humano sobre la fuerza y la debilidad. Comienza afirmando algo radicalmente contrario a la creencia del ego: la justicia no puede castigar a los inocentes, incluso cuando ellos mismos claman por castigo.

Aquí se revela un punto crucial: la justicia verdadera no responde a la demanda del castigado, sino al conocimiento del Juez. Y el Juez —Dios, o la Mente que conoce la verdad— sabe que son completamente inocentes.

Por eso, la justicia no solo libera, sino que restaura el honor. No se limita a absolver: devuelve lo que fue negado. El sufrimiento no fue justicia, fue error, y la justicia corrige honrando.

El texto explica entonces por qué el amor resulta incomprensible para quien se percibe pecador. Cree que justicia y amor son opuestos, y que uno debe sacrificar al otro. Desde esta creencia nace la inversión: el amor parece débil,
la venganza parece fuerte.

Esta es la tragedia central del juicio separado. Cuando el juicio se separa del amor, el amor parece haber “perdido”. Ya no es visto como fuerza salvadora, sino como espectador impotente, incapaz de proteger frente al castigo.

Mientras tanto, la venganza, al operar sin amor, parece ganar poder. Se convierte en el mecanismo que “funciona”, que “corrige”, que “pone orden”. En esta visión invertida, solo la venganza parece útil, mientras que el amor es despreciado como ingenuo e ineficaz.

El párrafo no afirma que esto sea verdad, sino que describe con precisión el mundo que surge cuando el amor es separado de la justicia. Es el mundo del ego, donde el castigo parece necesario y el amor parece inútil.

Mensaje central del punto:

  • La justicia no puede castigar a los inocentes.
  • Aunque clamen por castigo, la justicia los libera.
  • La justicia restaura el honor perdido.
  • El amor es incomprensible para quien se cree pecador.
  • Separar justicia y amor hace parecer débil al amor.
  • La venganza parece fuerte cuando actúa sin amor.
  • El mundo del ego invierte fuerza y debilidad.

Claves de comprensión:

  • La justicia responde a la verdad, no a la demanda.
  • El castigo pedido no legitima la culpa.
  • El honor es parte de la corrección, no un premio.
  • El amor no compite con la justicia: la contiene.
  • La venganza “funciona” solo en un sistema falso.
  • La percepción de debilidad es una ilusión del ego.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa cuándo pides castigo, incluso de forma sutil.
  • Nota si desconfías del amor como fuerza real.
  • Detecta la creencia de que solo el castigo “corrige”.
  • Practica aceptar la idea de que mereces honor, no castigo.
  • Recuerda que el amor no necesita defenderse para ser fuerte.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Dónde sigo creyendo que el amor es débil?
  • ¿En qué situaciones considero la venganza más eficaz?
  • ¿Me he negado honor a mí mismo por sentirme culpable?
  • ¿Puedo aceptar que la justicia me libere aunque yo no lo crea?
  • ¿Estoy dispuesto a ver la fuerza del amor de nuevo?

Conclusión:

Este párrafo revela la última inversión que sostiene el mundo del ego: creer que la venganza salva y que el amor fracasa. Pero la justicia verdadera, unida al amor, no puede castigar a quien es inocente, aunque él mismo lo pida.

Al liberar y restaurar el honor, la justicia devuelve al amor su lugar natural como la única fuerza capaz de salvar. La venganza solo parece fuerte cuando el amor ha sido expulsado del juicio.

Restituir la justicia al amor es devolverle al amor su poder real.

Frase inspiradora: “El amor no es débil: es lo único que puede salvar.”

jueves, 26 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 57

LECCIÓN 57

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (31) No soy víctima del mundo que veo.


2¿Cómo puedo ser la víctima de un mundo que podría quedar completamente des-hecho si así lo eligiese? 3Mis cadenas están sueltas. 4Puedo desprenderme de ellas sólo con desearlo. 5La puerta de la prisión está abierta. 6Puedo marcharme en cualquier momento sólo con echar a andar. 7Nada me retiene en este mundo. 8Sólo mi deseo de permanecer aquí me mantiene prisio­nero. 9Quiero renunciar a mis desquiciados deseos y caminar por fin hacia la luz del sol.

2. (32) He inventado el mundo que veo.

2Yo mismo erigí la prisión en la que creo encontrarme. 3Basta con que reconozca esto y quedo libre. 4Me he engañado a mí mismo al creer que era posible aprisionar al Hijo de Dios. 5He estado terriblemente equivocado al creer esto, y ya no lo quiero seguir creyendo. 6El Hijo de Dios no puede sino ser libre eternamente. Es tal como Dios lo creó y no lo que yo he querido hacer de él. 8El Hijo de Dios se encuentra donde Dios quiere que esté y no donde yo quise mantenerlo prisionero.

3. (33) Hay otra manera de ver el mundo.

2Dado que el propósito del mundo no es el que yo le he asignado, tiene que haber otra manera de verlo. 3Veo todo al revés y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad. 4Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios. 5Debe ser, pues, que el mundo es realmente un lugar donde él puede ser liberado. 6Quiero con­templar el mundo tal como es y verlo como un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.

4. (34) Podría ver paz en lugar de esto.

2Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las leyes de Dios en lugar de las reglas que yo inventé para que él obedeciera. 3Comprenderé que es la paz, no la guerra, lo que mora en él. 4percibiré asimismo que la paz mora también en los corazones de todos los que comparten este lugar conmigo.

5. (35) Mi mente es parte de la de Dios. 2Soy muy santo.

3A medida que comparto la paz del mundo con mis hermanos empiezo a comprender que esa paz brota de lo más profundo de mí mismo. 4El mundo que contemplo ha quedado iluminado con la luz de mi perdón y refleja dicho perdón de nuevo sobre mí. 5En esta luz empiezo a ver lo que mis ilusiones acerca de mí mismo ocultaban. 6Empiezo a comprender la santidad de toda cosa viviente, incluyéndome mí mismo, y su unidad conmigo.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

No soy víctima del mundo que veo.
  • Si no soy víctima del mundo que veo, ¿de dónde proviene la sensación de impotencia?
  • Cuando culpo a las circunstancias por mi malestar, ¿estoy olvidando el poder de mi mente?
  • ¿Es el mundo el que me afecta o es mi interpretación la que determina mi experiencia?
  • Si no soy víctima, ¿qué responsabilidad estoy llamado a asumir?
  • ¿Estoy dispuesto a reconocer que, al cambiar mi manera de ver, cambia también el mundo que creo experimentar?
He inventado el mundo que veo.
  • Si he inventado el mundo que veo, ¿qué parte de él es realmente independiente de mi mente?
  • Cuando algo me hiere, ¿estoy reaccionando a un hecho o a una interpretación que yo mismo construí?
  • ¿Es posible que el mundo que experimento sea una proyección de mis creencias más profundas?
  • Si yo lo he inventado, ¿puedo elegir verlo de otra manera?
  • ¿Estoy dispuesto a aceptar que la mente crea significado y que, al cambiar mis pensamientos, también cambia el mundo que creo estar viendo?
Hay otra manera de ver el mundo.
  • Si hay otra manera de ver el mundo, ¿por qué sigo aferrado a la que me produce conflicto?
  • Cuando algo me perturba, ¿estoy dispuesto a considerar que existe una interpretación distinta?
  • ¿Y si el problema no está en lo que ocurre, sino en cómo lo estoy viendo?
  • Si hay otra forma de mirar, ¿qué necesito soltar para descubrirla?
  • ¿Estoy preparado para aceptar que cambiar mi percepción no transforma el mundo externo, pero sí transforma por completo mi experiencia de él?
Podría ver paz en lugar de esto.
  • Si podría ver paz en lugar de esto, ¿qué estoy eligiendo ver ahora?
  • Cuando surge el conflicto, ¿estoy reaccionando automáticamente o recordando que tengo otra opción?
  • ¿Es la situación la que determina mi estado o es mi interpretación?
  • Si la paz está disponible, ¿por qué me aferro a la inquietud?
  • ¿Estoy dispuesto a detenerme un instante y permitirme contemplar esta misma escena desde una mente que no busca ataque, sino comprensión?
Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo. 
  • Si mi mente es parte de la de Dios, ¿cómo podría ser realmente pequeña o limitada?
  • Cuando me juzgo con dureza, ¿estoy olvidando mi verdadera Fuente?
  • Si soy muy santo, ¿por qué me identifico tan fácilmente con el error y la culpa?
  • ¿Puede la santidad perderse, o solo puede ser olvidada?
  • ¿Estoy dispuesto a reconocer que mi verdadera identidad no es el cuerpo ni el pasado, sino una mente unida a Dios, íntegra e invulnerable?


Sentido general de la lección:

La Lección 57 enseña que:  La percepción cambia cuando cambia la identidad desde la que percibo.

Si me creo víctima, veré ataque. Si recuerdo mi origen, veré alternativas.

Este repaso marca el paso de: “algo me pasa” a “yo elijo cómo verlo”.

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la identificación con la impotencia.

El ego se defiende diciendo:

  • “No es culpa mía”
  • “No tengo opción”
  • “La vida me pasa”

El Curso responde: No eres culpable, pero sí eres responsable. Y eso te libera. 

Análisis de las ideas repasadas:

No soy víctima del mundo que veo (Lección 31)

Psicológicamente

  • Rompe el patrón de indefensión aprendida.
  • Devuelve movilidad a la mente.

Espiritualmente

  • Niega la causalidad externa.
  • Restituye el poder a la mente.

Clave: No ser víctima es recuperar la elección.

He inventado el mundo que veo (Lección 32)

Psicológicamente

  • Desmonta la rigidez perceptiva.
  • Introduce plasticidad cognitiva.

Espiritualmente

  • El mundo no es creación, es fabricación.
  • Lo fabricado no es eterno.

Clave: Lo inventado puede corregirse. 

Hay otra manera de ver el mundo (Lección 33)

Psicológicamente

  • Introduce esperanza realista.
  • Rompe el pensamiento único.

Espiritualmente

  • Abre la puerta a la visión del Espíritu Santo.
  • La alternativa siempre está disponible.

Clave: La verdad no compite, espera.

Podría ver paz en lugar de esto (Lección 34)

Psicológicamente

  • Desactiva la reactividad emocional.
  • Ofrece elección sin presión.

Espiritualmente

  • La paz es un estado mental.
  • No depende de condiciones externas.

Clave: La paz siempre es una opción presente.

Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo (Lección 35)

Psicológicamente

  • Sana la autoimagen fragmentada.
  • Devuelve dignidad ontológica.

Espiritualmente

  • Afirma la unidad con la Fuente.
  • La santidad es compartida, no individual.

Clave: Ver correctamente nace del recuerdo de lo que soy.

Sentido psicológico global del repaso:

Este repaso:

  • Disuelve la identidad de víctima.
  • Devuelve poder sin culpa.
  • Restablece la capacidad de elección consciente.

La mente deja de reaccionar y empieza a responder.

Sentido espiritual global del repaso:

Espiritualmente, la Lección 57 afirma:

No soy un yo separado intentando sobrevivir, sino una mente santa aprendiendo a recordar.

La visión cambia cuando la mente recuerda su Fuente.

Instrucciones prácticas:

Durante el día:

  • Notar cuándo te sientes víctima.
  • Recordar que el mundo es interpretación.
  • Repetir suavemente: “Podría ver paz en lugar de esto”.

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “No puedo hacer nada”
  • “Esto me supera”
  • “La vida es injusta”

 Advertencias importantes:

No usar estas ideas para negar el dolor.
No convertir la responsabilidad en culpa.
Usarlas para recuperar elección.
Usarlas para permitir otra visión.

 Relación con el proceso del Curso:

  • Lección 54 → Ver es elegir
  • Lección 55 → No sé elegir sin guía
  • Lección 56 → El ataque me ciega
  • Lección 57 → No soy víctima; soy mente santa.

Aquí el Curso consolida el cambio de identidad.

Conclusión final:

La Lección 57 enseña una verdad profundamente liberadora:

No soy víctima de un mundo externo, soy una mente santa aprendiendo a ver.

Cuando dejo de definirme por lo que me pasa, la paz se vuelve una opción real.

Frase inspiradora:  “Cuando recuerdo que no soy víctima, descubro que siempre pude elegir la paz.”