martes, 16 de junio de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 167

LECCIÓN 167

Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.

1. No existen diferentes clases de vida, pues la vida es como la verdad. 2No admite grados. 3Es la única condición que todo lo que Dios creó comparte. 4Y al igual que todos Sus Pensamientos, no tiene opuesto. 5La muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida. 6La muerte no existe porque Dios no tiene opuesto. 7La muerte no existe porque el Padre y el Hijo son uno.

2. En este mundo parece haber un estado que es lo opuesto a la vida. 2Tú lo llamas muerte. 3Sin embargo, hemos aprendido que la idea de la muerte adopta muchas formas. 4Es la idea subya­cente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. 5Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. 6Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve sus­piro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte. 7Por lo tanto, niegan que vives.

3. Tú crees que la muerte es algo que sólo tiene que ver con el cuerpo. 2Sin embargo, es sólo una idea, y no tiene nada que ver con lo que se considera físico. 3Los pensamientos se encuentran en la mente. 4Éstos pueden entonces aplicarse según lo dicte la mente. 5Y es en su punto de origen donde debe efectuarse el cambio, si es que éste ha de tener lugar. 6Las ideas no abandonan su fuente. 7El énfasis que este curso ha puesto en esta idea se debe al papel central que ocupa en nuestros intentos de que cambies de parecer con respecto a ti mismo. 8Es la razón de que puedas curar. 9Es la causa de la curación. 10Es la razón de que no puedas morir. 11Su veracidad te estableció como uno con Dios.

4. La muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Crea­dor. 2Es la creencia de que las condiciones cambian y de que las emociones varían debido a causas que no están bajo tu control, que no son obra tuya y que tú jamás puedes cambiar. 3Es la creen­cia fija de que las ideas pueden abandonar su fuente y adquirir cualidades que ésta no posee, convirtiéndose así en algo dife­rente de su origen, aparte de éste en lo relativo a su naturaleza, así como en lo relativo al tiempo, a la distancia y a la forma.

5. La muerte no puede proceder de la vida. 2Las ideas permane­cen unidas a su fuente. 3Pueden extender todo lo que su fuente contiene. 4En este sentido, pueden ir mucho más allá de sí mis­mas. 5Pero no pueden dar origen a lo que jamás se les dio. 6Tal como fueron concebidas, así será como ellas a su vez conciban. 7Tal como nacieron, así es como darán a luz. 8Y de allí de donde provinieron, allí mismo regresarán.

6. La mente puede pensar que duerme, pero eso es todo. 2No puede cambiar su estado de vigilia. 3No puede hacer un cuerpo, ni tampoco habitar en un cuerpo. 4Lo que es ajeno a la mente no existe porque no tiene una fuente. 5La mente crea todas las cosas que existen, pero no puede otorgarles los atributos que no posee, ni tampoco cambiar su propio estado eterno de plena conciencia. 6No puede dar lugar a lo físico. 7Lo que parece morir no es sino la señal de que la mente está dormida.

7. Lo opuesto a la vida tan sólo puede ser otra forma de vida. 2Como tal, se puede reconciliar con lo que la creó porque no es realmente un opuesto. 3Su forma puede cambiar, así como apa­rentar ser lo que no es. 4Mas la mente es mente, tanto si está des­pierta como dormida. 5No es lo opuesto a nada que ella misma haya creado, ni a lo que parece hacer mientras cree estar dormida.

8. Dios sólo crea mentes despiertas. 2Él no duerme, y Sus creacio­nes no pueden poseer algo que Él no les confiera, ni dar lugar a condiciones que Él no comparte con ellas. 3El pensamiento de muerte no es lo opuesto a los pensamientos de vida. 4Libres para siempre de toda oposición, los Pensamientos de Dios son eterna­mente inmutables, y tienen el poder de extenderse inmutable­mente para siempre, aunque dentro de sí mismos, pues son omnipresentes.

9. Lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño. 2Cuando la mente elige ser lo que no es y asumir un poder que le es ajeno y que no posee, un estado foráneo al que no puede adap­tarse o una condición falsa que no forma parte de su Fuente, simplemente parece que se va a dormir por un rato. 3Y sueña al tiempo: un intervalo en el que lo que parece acontecer en reali­dad nunca ha sucedido, los cambios ocurridos carecen de funda­mento y los acontecimientos que parecen tener lugar no están en ninguna parte. 4Cuando la mente despierta, sencillamente conti­núa siendo como siempre fue.

10. Seamos hoy criaturas de la verdad, y no neguemos nuestro santo patrimonio. 2Nuestra vida no es como nos la imaginamos. 3¿Quién podría cambiar la vida sólo porque cierre los ojos, o porque haga de sí mismo lo que no es al estar dormido y ver en sueños algo opuesto a lo que él es? 4 Hoy no pediremos la muerte en ninguna de sus formas. 5Tampoco dejaremos que ni siquiera por un instante cosas imaginarias que aparentemente se oponen a la vida moren allí donde Dios Mismo estableció el Pensamiento de vida eterna.

11. Hoy procuraremos mantener su santo hogar tal como Él lo esta­bleció y como Su Voluntad dispone que sea eternamente. 2Él es Dueño y Señor de lo que hoy pensamos. 3Y en Sus Pensamientos, que no tienen opuesto, entenderemos que sólo hay una vida, y ésa es la vida que compartimos con Él, con toda la creación, así como con sus pensamientos, los cuales Él creó como una unidad de vida que no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de vida de donde provino.

12. Compartimos una sola vida porque tenemos una sola Fuente desde la que nos llega la perfección, la cual permanece por siem­pre en las santas mentes que Él creó perfectas. 2Somos ahora tal como siempre hemos sido y como seremos siempre. 3La mente que duerme no puede sino despertar, según ve su propia perfec­ción reflejando al Señor de la Vida tan perfectamente que se funde con lo que allí se ve reflejado. 4Y ahora ya no es un simple reflejo, 5sino que se convierte en aquello que refleja y en la luz que hace que el reflejo sea posible. 6La visión deja ahora de ser necesaria. 7Pues una mente despierta es aquella que conoce su Fuente, su Ser y su Santidad.

¿Qué me enseña esta lección?

Las ideas no abandonan su fuente. Esta es una de las afirmaciones más profundas de Un Curso de Milagros, pues nos invita a reconsiderar nuestra identidad desde su verdadero origen. Si hemos sido creados por Dios, no podemos estar separados de Él, del mismo modo que un pensamiento no puede separarse de la mente que lo piensa. Nuestra realidad permanece unida a su Fuente y participa de Sus atributos: eternidad, amor, plenitud y vida. Como enseña el Curso: «Las ideas no abandonan su fuente» (T-26.VII.4:7).

Sin embargo, la mente parece haberse identificado con una experiencia distinta. Al prestar atención exclusiva a las percepciones que recibe a través de los sentidos, ha llegado a creer que la realidad se limita a aquello que puede ver, tocar, oír o experimentar físicamente. De este modo, ha olvidado su naturaleza espiritual y ha depositado su fe en un mundo de formas que cambia constantemente. Esta es precisamente la condición que describe el Curso cuando afirma que el mundo que vemos es el resultado de un sistema de pensamiento basado en la separación (T-13.VII.1:1-2).

A partir de esta identificación surge la creencia de que el cuerpo es lo que somos. Y si el cuerpo es considerado nuestra identidad, entonces su nacimiento parece marcar nuestro comienzo y su desaparición parece señalar nuestro final. Desde esta perspectiva, la muerte se convierte en una realidad inevitable. Pero el Curso nos enseña que esta conclusión procede de una premisa errónea: la creencia de que somos un cuerpo y no el Hijo de Dios. «No soy un cuerpo. Soy libre» (L-pI.199.8:7).

La mente que se identifica con el ego vive inmersa en un sueño de separación. En ese sueño experimenta las leyes que ella misma ha aceptado como verdaderas: miedo, culpa, castigo, sufrimiento, enfermedad, pérdida y muerte. Sin embargo, ninguna de estas experiencias procede de Dios ni forma parte de la realidad. Son consecuencias de un sistema de pensamiento basado en la separación y sostenido por la creencia en ella. El Curso afirma que «la separación no es sino una falta de amor» (T-1.IV.3:1) y que todo miedo deriva de esa creencia original (T-2.I.4:1-5).

Por eso, el origen de la muerte no es físico, sino mental. La muerte es una idea que nace de la creencia de que podemos estar separados de la Vida. Cada vez que la mente acepta la separación como verdadera, está eligiendo un pensamiento de muerte. No porque destruya la Vida, pues la Vida es eterna e indestructible, sino porque niega temporalmente su reconocimiento.

La propia lección nos recuerda que «la muerte es el pensamiento de que estás separado de tu Creador» (L-pI.163.1:5). Y más adelante afirma que «la muerte es el símbolo del miedo a Dios» (L-pI.163.1:4). Desde esta perspectiva, la muerte no es un acontecimiento biológico, sino una creencia que surge cuando la mente se identifica con lo temporal y olvida su realidad eterna.

La verdadera muerte, desde la perspectiva del Curso, no es la desaparición del cuerpo, sino el olvido de nuestra identidad. Es la creencia de que hemos abandonado nuestra Fuente. Es el intento de sustituir la eternidad por el tiempo, la unidad por la separación y el amor por el miedo.

Pero las ideas no abandonan su fuente. La Vida no puede abandonar a la Vida. El Hijo de Dios no puede abandonar a su Padre. Aunque la mente sueñe con mundos de limitación y cambio, jamás podrá alterar la realidad que Dios creó. «Nada real puede ser amenazado. Nada irreal existe» (T-In.2:2-3).

Por eso, despertar consiste en recordar. Recordar que seguimos siendo tal como Dios nos creó (L-pI.94; L-pI.110; L-pII.237). Recordar que la Vida es nuestra herencia. Recordar que la eternidad es nuestro estado natural. Recordar que «el Hijo de Dios es libre» (L-pI.163).

Y cuando la mente acepta esta verdad, comprende que nunca estuvo realmente atrapada en el sueño. Comprende que la muerte nunca tuvo poder sobre ella, porque aquello que Dios creó permanece para siempre unido a Su Fuente.

Entonces la conciencia deja de identificarse con lo transitorio y descansa en la certeza de lo eterno.

La Vida no se encuentra al final del camino. La Vida es lo que somos.

Y aquello que Dios creó no puede morir, porque jamás ha abandonado a su Fuente. (T-26.VII.4:7; L-pI.163.1:5; T-In.2:2-3).

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

El sentido profundo es deshacer la creencia en vulnerabilidad existencial.

La mente que cree en la muerte:
• Vive en defensa constante.
• Interpreta cambios como amenazas.
• Percibe pérdida como real.
• Se identifica con el cuerpo.

La mente que acepta esta lección:
• Reconoce que la vida no cambia.
• Percibe el cuerpo como experiencia temporal.
• Descansa en la continuidad eterna.
• Se libera del miedo raíz.

La vida no fluctúa. La percepción, sí.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

El propósito es:

• Desmantelar la creencia en opuestos reales.
• Reafirmar la unidad ontológica con Dios.
• Corregir la identificación con el cuerpo.
• Recordar que la mente no puede morir.
• Establecer la Vida como fundamento inmutable.

Esta lección entrena la mente a reconocer que la muerte es un sueño dentro del sueño.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce:

• Disminución del miedo a la pérdida.
• Reducción de ansiedad ante el cambio.
• Mayor estabilidad emocional.
• Disolución progresiva del drama existencial.
• Sensación profunda de continuidad interior.

Clave psicológica: El miedo surge de creer en opuestos reales. La unidad elimina la amenaza.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

• Dios no tiene opuesto.
• La Vida no puede producir muerte.
• La mente no puede abandonar su Fuente.
• El sueño no altera la realidad.
• La Vida compartida es eterna e indivisible.

“Sólo hay una vida” significa: No hay fragmentación ontológica.

“Que comparto con Dios” significa: La identidad es participación en Su Ser.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy practica:

  1. Repite con quietud: “Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.”
  2. Cuando surja tristeza o irritación leve, recuerda: Esto es una forma del pensamiento de muerte.
  3. Ante cualquier sensación de pérdida, di: “La vida no puede perderse.”
  4. Practica ver todo como extensión de una misma Vida.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No usar la lección para negar el duelo humano.
❌ No suprimir emociones auténticas.
❌ No forzar desapego artificial.
❌ No convertir la idea en frialdad espiritual.

✔ Practicar con suavidad.
✔ Permitir que la comprensión madure.
✔ Reconocer que el despertar es gradual.
✔ Recordar que el sueño no es pecado.

La verdad no necesita defensa. Solo reconocimiento.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Si la Lección 166 afirmó la abundancia confiada, la 167 afirma la unidad absoluta de la Vida.

• 166 establece misión. 167 establece fundamento eterno.
• 166 elimina la pobreza. 167 elimina el miedo a morir.

Aquí el Curso consolida la ontología no dual.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 167 declara:

La vida no tiene opuesto.
La muerte es un sueño.
La mente no abandona su Fuente.
La separación no ocurrió.

Hay una sola Vida.
Es eterna.
Es indivisible.
Es compartida.

Y esa Vida es la que soy.

FRASE INSPIRADORA: “La Vida que Dios es, es la Vida que yo soy, eterna e indivisible.”


Ejemplo-Guía: "Estamos eligiendo, permanentemente, entre la vida y la muerte".

La lección de hoy nos invita a contemplar una de las decisiones más profundas que tomamos a cada instante, aunque rara vez seamos conscientes de ello: elegir entre la vida y la muerte. No se trata de la muerte física tal como la entiende el mundo, sino de algo mucho más sutil. Se trata de la elección constante entre los pensamientos que proceden del Amor y aquellos que nacen de la separación.

El Texto de Un Curso de Milagros nos ofrece una reflexión extraordinaria sobre este tema:

"La idea de la muerte adopta muchas formas. Es la idea subyacente a todos los sentimientos que no son de suprema felicidad. Es la alarma a la que respondes cuando reaccionas de cualquier forma que no sea con perfecta alegría. Todo pesar, sensación de pérdida, ansiedad, sufrimiento y dolor, e incluso el más leve suspiro de cansancio, cualquier ligera incomodidad o fruncimiento de ceño, dan testimonio de la muerte" (L-167.1:5-8).

Estas palabras pueden parecer radicales, pero encierran una enseñanza fundamental. Cada vez que elegimos la tristeza en lugar de la paz, el miedo en lugar del amor o la culpa en lugar de la inocencia, estamos dando realidad a la creencia en la muerte. No porque algo real haya desaparecido, sino porque nos hemos identificado con un sistema de pensamiento que niega nuestra verdadera naturaleza.

Resulta interesante observar cómo incluso la ciencia comienza a reconocer la influencia que tiene la mente sobre el cuerpo. Los pensamientos de miedo, ansiedad o desesperanza alteran profundamente nuestro estado físico. Sin embargo, el Curso va mucho más allá. Nos enseña que el cuerpo no es la causa de nuestra experiencia, sino el efecto visible de una decisión tomada en la mente.

Si creemos que somos un cuerpo, inevitablemente experimentaremos todas las limitaciones asociadas a él: vulnerabilidad, enfermedad, envejecimiento y muerte. Pero si comenzamos a recordar que nuestra verdadera identidad es espiritual, la percepción cambia por completo.

La lección nos recuerda que las ideas no abandonan su fuente. Si procedemos de Dios, si somos una extensión de Su Mente, entonces compartimos Su Naturaleza. Y Dios no conoce la muerte.

¿Cómo podría morir aquello que ha sido creado por la Vida Misma? ¿Cómo podría extinguirse lo que fue creado eterno?

La respuesta del Curso es clara: no puede.

Por eso, la pregunta no debería ser cómo alcanzar la vida eterna, sino cómo dejar de creer en la muerte.

Y aquí encontramos una de las grandes paradojas del camino espiritual. El ego siempre busca métodos, técnicas o fórmulas para alcanzar la salvación. Quiere hacer algo para conseguir lo que cree haber perdido. Sin embargo, el Curso nos enseña que no necesitamos añadir nada a lo que somos.

La vida no tiene que ser conquistada. La vida tiene que ser reconocida.

No necesitamos convertirnos en Hijos de Dios. Ya lo somos.

No necesitamos fabricar inocencia. Ya somos inocentes.

No necesitamos crear amor. Somos amor.

Todo esfuerzo por alcanzar lo que ya poseemos nace de la creencia de que nos falta algo. Y precisamente esa creencia es la que sostiene el sueño de la separación.

La práctica de esta lección consiste, por tanto, en recordar. Recordar que cada instante nos brinda la oportunidad de elegir nuevamente. Podemos elegir los pensamientos del miedo o los pensamientos del Amor. Podemos elegir identificarnos con el cuerpo o con el Espíritu. Podemos elegir seguir alimentando la ilusión de la muerte o aceptar la realidad de la Vida.

Cuando elegimos el Amor, elegimos la Vida.

Cuando elegimos la paz, elegimos la Vida.

Cuando elegimos el perdón, elegimos la Vida.

Y cuando recordamos que somos tal como Dios nos creó, comprendemos que la Vida no es algo que debamos alcanzar algún día. Es nuestra condición natural.

Por eso, la lección de hoy podría resumirse en una sola invitación: Elige recordar quién eres. Nada más es necesario. Porque ser es suficiente. Y ser, en verdad, es vivir eternamente.


Reflexión: La verdadera vida no finaliza con la muerte del cuerpo.

Capítulo 26. VII. Las leyes de la curación (15ª parte).

VII. Las leyes de la curación (15ª parte).

15. Las ilusiones apoyan el propósito para el que fueron concebi­das. 2Y cualquier significado que parezcan tener se deriva de ese propósito. 3Dios dio a todas las ilusiones que se concibieron, sea cual fuere su forma, otro propósito que justificase un milagro. 4En cada milagro radica la curación en su totalidad, pues Dios respondió a todas las ilusiones cual una sola. 5Y lo que es uno para Él, no puede sino ser todo lo mismo. 6Si tú crees que lo que es lo mismo es diferente, no haces sino engañarte a ti mismo. 7Lo que Dios considera uno solo, será eternamente uno solo y jamás estará dividido. 8Su Reino está unido: así fue creado y así será para siempre.

Aquí el Curso introduce una idea profundamente sanadora: las ilusiones pueden reinterpretarse.

Aunque fueron fabricadas por el ego para sostener miedo, separación y culpa, Dios no las destruye violentamente. Les da otro propósito. Y ese nuevo propósito es: servir a la curación.

Mensaje central del punto:

  • Las ilusiones reflejan el propósito que se les asigna.
  • Dios transforma el propósito de las ilusiones en oportunidad de milagro.
  • Todo milagro contiene curación completa.
  • Dios responde a todas las ilusiones como si fueran una sola.
  • La Unidad divina nunca se fragmenta realmente.
  • La percepción de diferencias pertenece al engaño del ego.
  • El Reino de Dios permanece eternamente unido.

Claves de comprensión:

  • El significado depende del propósito asignado.
  • El ego usa ilusiones para separar.
  • El Espíritu Santo usa las mismas ilusiones para sanar.
  • No existen divisiones reales en la verdad.
  • La curación no necesita analizar infinitas diferencias.
  • La Unidad permanece intacta bajo toda apariencia fragmentada.
  • El milagro reinterpreta la percepción en lugar de atacarla.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Cuando vivas una situación difícil, pregúntate: ¿Para qué estoy usando esto?
  • ¿Para reforzar miedo? ¿Separación? ¿Culpa? ¿Victimismo?
  • O: → “¿Puede esta experiencia servir ahora para sanar?”
  • Ahí cambia completamente el propósito. Porque incluso una experiencia dolorosa puede transformarse en camino de comprensión, perdón y despertar.
  • Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Qué propósito doy normalmente a mis conflictos?
  • ¿Uso mis heridas para separarme más?
  • ¿Puedo permitir que una experiencia difícil tenga un nuevo significado?
  • ¿Estoy dispuesto a ver unidad donde antes veía división?
  • ¿Puedo aceptar que la verdad nunca se fragmentó realmente?
  • Conclusión:

El ego fabrica ilusiones para demostrar separación. Pero Dios no responde creando otra batalla. Simplemente reinterpreta. Y así, aquello que parecía servir al miedo puede convertirse en vehículo de curación.

Ésa es la función del milagro: no negar que la mente percibe conflicto, sino darle un propósito diferente.

Por eso el Curso insiste tanto en la Unidad. Porque detrás de todas las formas distintas, todos los problemas, todos los miedos, todas las historias… solo hay una misma equivocación: la creencia en separación.

Y también una sola respuesta: la verdad de que jamás dejamos de ser Uno.

Frase inspiradora: “El milagro transforma las ilusiones en caminos hacia el recuerdo de la Unidad.”

¿Y si no estuvieras eligiendo entre vivir o morir… sino entre recordar la Vida o seguir soñando separación? Aplicando la Lección 167.

 ¿Y si no estuvieras eligiendo entre vivir o morir… sino entre recordar la Vida o seguir soñando separación? Aplicando la Lección 167.

Muchos estudiantes de Un Curso de Milagros llegan a un punto donde han comprendido que la muerte no existe, que el Hijo de Dios es libre, que la Vida no puede ser vencida por lo que Dios no creó… pero todavía conservan una forma más sutil de identificación con la muerte: cada vez que creen en la pérdida, en la tristeza, en la ansiedad, en la culpa, en la vulnerabilidad o en el cansancio como si fueran estados inevitables de su identidad. “Esto me supera.” “He perdido algo real.” “Mi vida depende de lo que ocurra.” “El cuerpo decide mi paz.” “El miedo tiene razón.” “La muerte es el final.” Y sin darse cuenta, siguen aceptando pensamientos de muerte como si fueran pensamientos propios.

La Lección 167 nos devuelve a una verdad absoluta: 👉 Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.

No dice: “Hay muchas vidas separadas.” No dice: “Cada cuerpo tiene una vida propia.” No dice: “La vida empieza y termina en el tiempo.” No dice: “La muerte es el opuesto real de la vida.”

Dice: 👉 Sólo hay una vida. Y añade: 👉 Esa vida la comparto con Dios.

La lección enseña que no existen diferentes clases de vida, porque la vida es como la verdad: no admite grados, no tiene opuesto y es la única condición que todo lo creado por Dios comparte. También afirma que la muerte no existe porque lo que Dios creó comparte Su Vida, porque Dios no tiene opuesto y porque el Padre y el Hijo son uno. Y si esto es cierto, entonces, no estoy viviendo una vida separada; estoy participando de la única Vida que jamás puede morir.

🌿 La Vida no tiene opuesto.

El ego necesita opuestos para sostener su mundo: vida y muerte, ganancia y pérdida, amor y miedo, inocencia y culpa, salud y enfermedad, salvación y condena. Pero el Curso nos recuerda que la verdad no tiene opuesto. Si la Vida procede de Dios, no puede tener un contrario real. La muerte sólo parece existir dentro del sueño de separación, donde la mente cree que puede abandonar su Fuente y convertirse en algo distinto de lo que Dios creó. Pero una idea no puede separarse de la mente que la piensa. Si procedo de la Vida, no puedo convertirme en muerte.

La lección afirma que la muerte no puede proceder de la vida y que las ideas permanecen unidas a su fuente.

👉 La muerte parece posible sólo cuando olvido que mi Fuente es la Vida misma.

El hábito de llamar vida a lo que cambia.

Mientras me identifico con el cuerpo, llamo “mi vida” a una historia: nacimiento, crecimiento, relaciones, logros, pérdidas, etapas, envejecimiento y final. Entonces mi paz depende de que esa historia vaya bien. Si el cuerpo cambia, temo. Si una relación cambia, sufro. Si una expectativa cae, siento que algo de mí muere. Pero la Lección 167 nos invita a distinguir entre la Vida y las formas cambiantes que parecen representarla. La Vida no fluctúa. Lo que fluctúa es la percepción.

La lección explica que la mente que cree en la muerte interpreta los cambios como amenazas, percibe la pérdida como real y se identifica con el cuerpo, mientras que la mente que acepta esta lección reconoce que la vida no cambia y descansa en la continuidad eterna.

👉 Lo que cambia puede pertenecer al sueño; la Vida que comparto con Dios no cambia jamás.

🕊️ La muerte es una idea en la mente.

El mundo nos enseña que la muerte pertenece al cuerpo. El Curso nos dice algo mucho más radical: la muerte es una idea. Y si es una idea, su corrección debe producirse en la mente, no en la forma. La muerte es el pensamiento de que estoy separado de mi Creador. Es la creencia de que las condiciones externas pueden determinar lo que soy, que las emociones cambian por causas ajenas a mi mente y que la vida puede abandonar su Fuente. Por eso la muerte adopta muchas formas: tristeza, ansiedad, sufrimiento, sensación de pérdida, cansancio, irritación o cualquier reacción que niegue la alegría de vivir en Dios.

La lección afirma que todo pesar, ansiedad, sufrimiento, dolor e incluso una ligera incomodidad dan testimonio de la muerte y, por lo tanto, niegan que vivimos.

👉 Cada pensamiento de pérdida es una pequeña aceptación de que la Vida puede fragmentarse.

🌞 La mente puede dormir, pero no dejar de ser mente.

Esta imagen es preciosa: la mente puede pensar que duerme, pero no puede cambiar su estado real de plena conciencia. Puede soñar un cuerpo, un mundo, un tiempo, una historia y una muerte. Puede imaginar condiciones ajenas a su Fuente. Puede experimentar miedo dentro del sueño. Pero no puede convertirse en lo que sueña. No puede hacer real lo que Dios no creó. No puede abandonar la Vida que la sostiene. Lo que parece morir no es prueba de que la Vida termina, sino señal de que la mente está dormida y cree en imágenes temporales.

La lección enseña que lo que parece ser lo opuesto a la vida es meramente un sueño, y que cuando la mente despierta sencillamente continúa siendo como siempre fue.

👉 El sueño puede representar muerte, pero no puede tocar la Vida que sueña.

🤍 Elegir entre vida y muerte en cada instante.

La elección entre vida y muerte no ocurre sólo ante el final del cuerpo. Ocurre en cada pensamiento. Cuando elijo miedo, estoy aceptando la lógica de la muerte. Cuando elijo resentimiento, estoy dando realidad a la separación. Cuando elijo culpa, estoy afirmando que algo real puede ser dañado. Cuando elijo perdón, estoy eligiendo Vida. Cuando elijo paz, estoy eligiendo Vida. Cuando elijo ver a mi hermano como parte de la misma Filiación, estoy eligiendo Vida. La lección lo expresa con mucha claridad: cada instante nos brinda la oportunidad de elegir nuevamente entre pensamientos del miedo y pensamientos del Amor, entre identificarnos con el cuerpo o con el Espíritu, entre alimentar la ilusión de muerte o aceptar la realidad de la Vida.

👉 Cuando elijo Amor, no fabrico la Vida; simplemente dejo de negarla.

🌸 Una sola Vida compartida.

La frase central de esta lección no dice: “tengo una vida que Dios me dio.”

Dice: 👉 Comparto la Vida con Dios.

Esto elimina la idea de una existencia privada. No hay una vida separada para cada cuerpo, aislada, amenazada y destinada a terminar. Hay una sola Vida, compartida con Dios, con toda la creación y con todos Sus Pensamientos. Esta Vida no puede separarse con la muerte ni abandonar la Fuente de donde provino. Por eso, reconocer la Vida compartida es también reconocer la unidad con mis hermanos. Si compartimos una sola Vida, no puedo salvarme contra nadie, no puedo ver pérdida en otro sin reforzarla en mí, no puedo afirmar la eternidad para mí y negar la santidad de la Filiación.

👉 La Vida que comparto con Dios es la misma Vida que me une a todos mis hermanos.

🧘‍♀️ Aplicación práctica.

Cuando notes tristeza, ansiedad, sensación de pérdida, miedo al cambio, cansancio profundo, preocupación por el cuerpo, irritación, apego o cualquier pensamiento que parezca negar la alegría y la continuidad de la Vida:

  1. Detente un instante.
  2. Observa sin atacarte:
    👉 “Estoy aceptando una forma del pensamiento de muerte.”
  3. Reconoce suavemente: 👉 “Esto nace de creer que puedo estar separado de la Vida.”
  4. Repite lentamente: 👉 “Sólo hay una vida y ésa es la vida que comparto con Dios.”
  5. Si aparece miedo al cuerpo, recuerda: 👉 “No soy una forma limitada; soy mente unida a mi Fuente.”
  6. Si aparece sensación de pérdida, afirma: 👉 “La Vida no puede perderse.”
  7. Si aparece tristeza o cansancio, no los reprimas.
  8. Míralos con suavidad y di: 👉 “Esto es un sueño, no mi verdad.”
  9. Practica ver todo como expresión de una misma Vida compartida.
  10. Descansa unos segundos en esta certeza: 👉 “La Vida que Dios es, es la Vida que yo soy, eterna e indivisible.”

La práctica de la lección consiste en mantener el santo hogar de la mente tal como Dios lo estableció, no permitir que pensamientos imaginarios opuestos a la Vida ocupen el lugar donde Dios estableció el Pensamiento de vida eterna, y recordar que compartimos una sola Vida porque tenemos una sola Fuente.

🌟 Comprensión esencial.

👉 La muerte es el sueño de separación; la Vida es la realidad que comparto eternamente con Dios.

La Lección 167 nos recuerda que la Vida no admite grados, opuestos ni fragmentos. No hay muchas vidas privadas que puedan nacer y morir. Hay una sola Vida, y esa Vida procede de Dios, permanece en Dios y se comparte con toda la creación. La muerte parece real sólo cuando la mente cree que puede abandonar su Fuente y convertirse en cuerpo, historia, tiempo y forma. Pero las ideas no abandonan su fuente. La mente puede soñar, pero no puede dejar de ser lo que Dios creó. Por eso la salvación no consiste en conquistar la vida eterna, sino en dejar de creer en la muerte.

👉 La Vida no tiene que alcanzarse; tiene que reconocerse como lo que siempre he sido.

🌟 Frase central: “La Vida que Dios es, es la Vida que yo soy, eterna e indivisible.”

🕊️ Cierre contemplativo.

No tienes que vivir bajo la sombra del final. No tienes que llamar vida a una historia frágil. No tienes que aceptar que el cuerpo determine tu identidad. No tienes que hacer del cambio una amenaza. No tienes que creer que la muerte puede tocar lo que Dios creó.

Puedes detenerte. Puedes recordar que sólo hay una Vida. Puedes permitir que esta verdad entre suavemente en tu mente. Puedes mirar cada pensamiento de pérdida y decir: “Esto no es la Vida que comparto con Dios.” Y entonces ocurre algo simple: el miedo al cambio se debilita, el apego se suaviza, la ansiedad pierde raíz, la tristeza se vuelve más permeable a la luz y la mente descansa en una continuidad que el mundo no puede explicar. Porque la Vida no empezó con el cuerpo. No termina con el cuerpo. No depende del tiempo. Es una, eterna e indivisible.

“Sólo hay una Vida; la comparto con Dios, y en ella descanso libre de todo pensamiento de muerte.”

lunes, 15 de junio de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 166

LECCIÓN 166

Se me han confiado los dones de Dios.

1. Se te ha dado todo. 2La confianza que Dios tiene en ti es infi­nita. 3Él conoce a Su Hijo. 4Él da sin hacer excepciones y sin reser­varse nada que pudiera contribuir a tu felicidad. 5Sin embargo, a menos que tu voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus dones. 6Mas ¿qué podría hacerte pensar que hay otra voluntad aparte de la Suya?

2. He aquí la paradoja que sirve de fundamento a la fabricación de este mundo. 2Este mundo no es la Voluntad de Dios, por lo tanto, no es real. 3No obstante, aquellos que creen que lo es no pueden sino creer que hay otra voluntad, la cual produce efectos opuestos a los que Él dispone. 4Esto es claramente imposible, mas la mente de aquel que contempla el mundo y lo juzga como real, sólido, digno de confianza y verdadero cree en dos creadores, o mejor dicho en uno: él mismo. 5Mas nunca en un solo Dios.

3. Todo aquel que alberga creencias tan extrañas como éstas no puede aceptar los dones de Dios, 2pues se ve obligado a creer que aceptarlos, por muy evidentes que se vuelvan, por muy grande que sea la urgencia con la que se le exhorta a reclamarlos como propios, es verse presionado a traicionarse a sí mismo. 3Por lo tanto, tiene que negar la existencia de dichos dones, contradecir la verdad y sufrir para preservar el mundo que él mismo construyó.

4. He aquí el único hogar que cree conocer. 2He aquí la única seguridad que cree poder encontrar. 3Sin ese mundo que él mismo construyó se siente como un paria, sin hogar y preso del miedo. 4No se da cuenta de que en ese mundo es donde en verdad es presa del miedo y donde no tiene un hogar; donde es un paria que en su vagar se ha alejado tanto de su hogar, y por tanto tiempo, que no se da cuenta de que se ha olvidado de dónde vino, adónde va, e incluso de quién es en realidad.

5. No obstante, los dones de Dios lo acompañan en su solitario e insensato vagar, aunque él no se dé cuenta. 2No puede perderlos. 3Pero no ve lo que se le ha dado. 4Continúa errante, consciente de la futilidad que le rodea por todas partes, viendo cómo lo poco que tiene no hace sino menguar, conforme él sigue adelante sin ir a ninguna parte. 5Pero aun así, continúa deambulando en la miseria y en la pobreza, solo, aunque Dios está con él, y en posesión de un tesoro tan grande que, ante su magnitud, todo lo que el mundo ofrece no tiene ningún valor.

6. Su aspecto da lástima, está cansado y rendido, viene hara­piento, y los pies están ensangrentados por los abrojos del camino que ha venido recorriendo. 2No hay nadie que no se haya identifi­cado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora. 3Mas, ¿es su situación realmente trá­gica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre?

7. Este es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad. 2Éste es el ser que defiendes ferozmente contra toda muestra de razón, toda prueba, así como contra todos los testigos que te pueden demostrar que eso no es lo que tú eres. 3No les haces caso. 4Sigues el camino que te has trazado, cabizbajo, no vaya a ser que captes un atisbo de la verdad, te libres del auto­engaño y quedes en libertad.

8. Te retraes temerosamente no vaya a ser que sientas el toque de Cristo sobre tu hombro y percibas Su amorosa mano apuntando hacia tus dones. 2¿Cómo podrías decir entonces que la pobreza te acompaña en el exilio? 3Él te haría reír de semejante percepción de ti mismo. 4¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? 5¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que pro­curaste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha?

9. Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo. 2Cristo ha puesto Su mano sobre tu hom­bro, y ya no te sientes solo. 3Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. 4Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya. 5Tal vez los dones que Él te ha dado son reales. 6Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste reco­rrer separado de tu Ser no lo ha engañado del todo.

10. La Voluntad de Dios no se opone a nada. 2Simplemente es. 3No es a Dios a Quien has aprisionado con tu plan de querer perder tu Ser. 4Él no sabe nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad. 5Hubo una necesidad que Él no entendió, y Él simplemente dio una Res­puesta. 6Eso es todo. 7Y tú, a quien se le ha dado esa Respuesta, no tienes necesidad de nada más.

11. Ahora vivimos, pues ahora no podemos morir. 2El deseo de morir ha recibido respuesta, y la vista mediante la cual se contem­plaba a la muerte ha sido sustituida por una visión que percibe que tú no eres lo que pretendes ser. 3Uno que marcha a tu lado le ofrece a cada uno de tus temores esta piadosa respuesta: "Eso no es cierto". 4Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime, Él te recuerda todos los dones que posees, y cuando te percibes solo y atemorizado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.

12. Y te recuerda también algo más que tú habías olvidado. 2Pues al tocarte ha hecho que seas igual que Él. 3Los dones que posees no son sólo para ti. 4Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte. 5Esta es la lección que está implícita en lo que Él da, pues Él te ha salvado de la soledad que quisiste forjar para ocul­tarte de Dios. 6Él te ha recordado todos los dones con los que Dios te bendijo. 7Te habla asimismo de aquello en lo que se ha de con­vertir tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que son tuyos.

13. Los dones de Dios te pertenecen, y se te han confiado para que se los des a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado. 2Ellos no entienden que lo único que están haciendo es ir en pos de sus deseos. 3Ahora eres tú quien les tiene que enseñar. 4Pues has aprendido de Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. 5Les puedes enseñar esto demos­trándoles la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo y que reconocen los dones de Dios. 6No permitas que tus pesares te tienten a no ser fiel a tu cometido.

14. Tus suspiros no harían ahora sino truncar las esperanzas de aquellos que cuentan contigo para su liberación. 2Tus lágrimas son las suyas. 3Si enfermas, no haces sino impedir su curación. 4Tus temores no hacen sino enseñarles que los suyos están justifi­cados. 5Tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo; tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada. 6Se te ha encomendado liberar al mundo de su dolor.

15. No lo defraudes. 2Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo. 3Dios te ha confiado Sus dones. 4¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! 5Ésa es tu misión ahora. 6Pues Dios les ha encomendado a todos los que reciben Sus dones que a su vez los den. 7Él ha compartido Su gozo contigo. 8Áhora tú vas a com­partirlo con el mundo.

¿Qué me enseña esta lección? 

La Lección 166 nos recuerda una verdad esencial: Los dones de Dios ya nos han sido dados. No tenemos que alcanzarlos. No tenemos que ganarlos. Nos han sido confiados por el hecho de ser lo que somos.

Somos Hijos de Dios. Y como tales, compartimos Su herencia.

Entonces surge la pregunta: Si los dones ya son nuestros, ¿por qué no los experimentamos?

La respuesta del Curso es clara: no los hemos perdido, los hemos negado.

La mente, al identificarse con el cuerpo, comenzó a creer que su identidad era limitada, vulnerable y dependiente del mundo. Y desde esa creencia nació el sistema del ego.

El cuerpo parece necesitar seguridad, reconocimiento, posesiones y control. Y así comienza una búsqueda constante en el exterior.

El ego vive bajo la ley de la carencia. Cree que debe adquirir para ser. Cree que debe conservar para no perder. Cree que debe competir para sobrevivir. Y convierte la vida en una persecución interminable.

Cuando obtiene algo, siente alivio momentáneo. Cuando lo pierde, aparece la angustia. Pero incluso en el momento de la aparente satisfacción, permanece una inquietud de fondo. Porque lo que busca no está en lo que posee.

El problema no es lo que el cuerpo hace. Es lo que la mente cree. Hemos confundido los dones de Dios con sustitutos del mundo. Confundimos paz con comodidad. Amor con posesión. Seguridad con control. Pero los dones de Dios no son formas externas. Son estados de ser.

El cambio ocurre cuando la mente decide cuestionar su sistema de pensamiento. No cuando el mundo cambia, sino cuando dejamos de buscar en él lo que no puede dar.

Reconocer nuestro origen no es adquirir algo nuevo. Es dejar de identificarnos con lo que no somos.

Cuando la mente se pone al servicio del Espíritu Santo:

• La búsqueda se aquieta.
• La ansiedad disminuye.
• La necesidad pierde intensidad.

No porque hayamos obtenido más, sino porque hemos dejado de buscar fuera.

Los dones de Dios no se deterioran. No se pierden. No dependen del tiempo. Son inherentes a nuestra naturaleza.

La paz no se consigue: se reconoce. El amor no se aprende: se recuerda. La plenitud no se construye: se acepta. Nada de lo que el ego fabrica puede sustituirlos.

La lección no nos pide renunciar al mundo, sino cambiar su propósito. El mundo deja de ser lugar de búsqueda y se convierte en medio de reconocimiento.

Ya no intento llenar un vacío. Reconozco que el vacío era una ilusión.

Los dones de Dios no están fuera. Están en la mente que deja de negarlos. 

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

El sentido profundo es desmontar la identidad del peregrino solitario.

La mente que cree estar sola:
• Se siente exiliada.
• Defiende su sufrimiento.
• Teme perder su mundo.
• Se aferra a la narrativa de escasez.

La mente que acepta esta lección:
• Reconoce compañía constante.
• Percibe abundancia interior.
• Deja de compadecerse.
• Se convierte en canal de alegría.

Cristo no viene a quitar nada. Viene a revelar lo que ya posees.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

El propósito es:

• Exponer la ilusión de carencia.
• Deshacer la creencia en un “yo separado y empobrecido”.
• Recordar que la voluntad de Dios no tiene opuestos.
• Aceptar la misión de compartir.
• Transformar la autocompasión en servicio.

Esta lección entrena la mente a verse como heredera, no como víctima.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce:

• Disminución de victimismo.
• Reducción de autocompasión crónica.
• Mayor autoestima basada en identidad espiritual.
• Sensación de propósito claro.
• Transformación del sufrimiento en responsabilidad consciente.

Clave psicológica: La identidad de carencia genera tristeza. La identidad de abundancia genera dignidad y fuerza.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

• Dios no retiene nada.
• No existe voluntad opuesta a la Suya.
• Cristo representa el recordatorio constante de nuestra herencia.
• Los dones no son posesión privada, sino encargo sagrado.
• La alegría compartida es salvación extendida.

“Se me han confiado” significa: No soy dueño. Soy administrador y canal.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy practica:

  1. Repite con conciencia: “Se me han confiado los dones de Dios.”
  2. Observa cualquier pensamiento de carencia:
    • “No tengo suficiente.”
    • “No soy suficiente.”
    • “Estoy solo.”
  3. Reconócelos como identidad fabricada.
  1. Ante cualquier tristeza, recuerda: Cristo camina a mi lado.
  2. Realiza al menos un acto consciente de dar:
    • Escucha.
    • Comprensión.
    • Amabilidad.
    • Serenidad.

Dar confirma que posees.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No usar la lección para negar emociones humanas.
❌ No forzar alegría superficial.
❌ No convertir el servicio en sacrificio egoico.
❌ No interpretar misión como carga.

✔ Practicar con humildad.
✔ Permitir que la alegría emerja gradualmente.
✔ Recordar que dar es extensión natural, no esfuerzo.
✔ Aceptar que el proceso es progresivo.

La abundancia no se fabrica. Se reconoce.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Si la Lección 165 eliminó la negación del Pensamiento de Dios, la 166 revela las consecuencias de aceptarlo.

• 165 suspende la duda. 166 revela la abundancia.
• 165 afirma certeza. 166 afirma misión.

Aquí el Curso pasa de aceptación interna a extensión activa.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 166 declara:

No soy un viajero abandonado.
No soy un mendigo espiritual.
No estoy solo.

Dios ya me dio todo.
Cristo camina conmigo.
La abundancia vive en mí.

Y lo que he recibido me ha sido confiado para compartirlo.

FRASE INSPIRADORA: “La abundancia de Dios vive en mí, y mi alegría es el regalo que vine a ofrecer al mundo.”

Ejemplo-Guía: "Dones y talentos" 

Siempre me ha resultado inspiradora la forma en la que se describen los dones y talentos como algo natural, espontáneo, que fluye sin esfuerzo y que no busca reconocimiento.

Y, sin embargo, la lección de hoy nos invita a ir aún más profundo. Nos dice que los dones de Dios no son algo que tengamos que descubrir como cualidades especiales, sino algo que ya nos ha sido dado por el hecho de ser lo que somos.

En el mundo, solemos identificar los dones con capacidades: Saber escribir, enseñar, crear, cuidar, comunicar… Pero el Curso nos lleva a cuestionar esta idea.

Los dones de Dios no son formas. Son contenidos. No son lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos.

Dos personas pueden realizar la misma acción, pero una hacerlo desde el ego y otra desde el Amor. Y la diferencia no está en la forma, sino en la mente que la utiliza.

Cuando la mente deja de identificarse con la carencia, algo cambia. La acción se vuelve ligera. La expresión se vuelve natural. El esfuerzo desaparece.

Y entonces ocurre algo que todos hemos experimentado en algún momento: El tiempo parece detenerse. La mente se aquieta. Aparece una sensación de plenitud.

No porque estemos “haciendo algo especial”, sino porque estamos dejando de interferir. En ese estado, lo que somos se expresa sin obstáculos.

La lección afirma que reconoceremos los dones de Dios cuando hagamos Su Voluntad. Y esto no implica sacrificio ni imposición.

Significa simplemente: Pensar con la mente recta. Ver con la visión de Cristo. Elegir el Amor en lugar del miedo.

Cuando esto ocurre, los dones no se “activan”, se revelan. Siempre estuvieron ahí.

El ego también habla de dones, pero los interpreta desde la separación:

• Como algo especial
• Como algo que diferencia
• Como algo que debe ser reconocido

Y así convierte lo que es natural en algo que debe ser validado. Cuando esto sucede, aparece el esfuerzo. La comparación. La necesidad de aprobación. Y lo que era expresión se convierte en búsqueda.

Curiosamente, nos resulta difícil reconocer nuestros propios dones. Pero vemos con facilidad los de los demás.

Esto revela algo importante: Nuestra atención está dirigida hacia fuera.

El Curso nos invita a invertir esa mirada. No para analizar el yo personal, sino para reconocer la Fuente.

Un sencillo ejercicio. Puedes preguntarte:

¿Qué hago cuando no estoy buscando nada a cambio? ¿En qué momentos me siento en paz simplemente siendo? ¿Dónde experimento que no hay esfuerzo, sino fluidez?

Y también puedes permitir que otro te refleje: ¿Qué ves en mí que yo no estoy viendo?

Pero recuerda: Tu hermano no te define. Te recuerda.

Los dones de Dios no necesitan nombre. Podemos llamarlos amor, paz, extensión, creatividad… pero cualquier palabra se queda corta.

Si queremos expresarlo en términos simbólicos, podríamos decir que: Somos voluntad que crea, amor que une, mente que extiende.

Pero incluso esto es solo un intento de señalar lo que no puede limitarse.

Los dones de Dios no son algo que debas encontrar. Son lo que queda cuando dejas de buscar.

No son algo que te haga especial, sino algo que te recuerda que no estás separado.

Y cuando se expresan: No hay esfuerzo. No hay duda. No hay necesidad de reconocimiento. Solo hay una certeza silenciosa: Estás siendo lo que siempre has sido.


Reflexión: ¿Cómo puedo saber que estoy haciendo la Voluntad del Padre?