miércoles, 11 de febrero de 2026

UCDM: Libro de Ejercicios. Lección 42

LECCIÓN 42

Dios es mi fortaleza. La visión es Su regalo.

1. La idea de hoy combina dos pensamientos muy poderosos, ambos de gran importancia. 2Plantea también una relación de causa y efecto que explica por qué tus esfuerzos por alcanzar la meta del curso no pueden ser en vano. 3Verás, porque ésa es la Voluntad de Dios. 4Es Su fortaleza, no la tuya, la que te da poder. 5es Su regalo, no el tuyo, el que te ofrece visión.

2. Dios es ciertamente tu fortaleza, y lo que Él da, es verdadera­mente dado. 2Esto quiere decir que lo puedes recibir en cualquier momento o lugar, donde quiera que estés y en cualquier circuns­tancia en la que te encuentres. 3Tu paso por el tiempo y por el espacio no es al azar. 4No puedes sino estar en el lugar perfecto, en el momento perfecto. 5Tal es la fortaleza de Dios. 6Tales Sus dones.

3. Hoy llevaremos a cabo dos sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una; una tan pronto como te despiertes, y la otra, lo más cerca posible de la hora de irte a dormir. 2Es mejor, no obs­tante, esperar hasta que puedas sentarte tranquilamente por tu cuenta en un momento en que te sientas listo, que preocuparte de la hora en sí.

4. Da comienzo a estas sesiones de práctica repitiendo la idea de hoy lentamente mientras miras a tu alrededor. 2Luego cierra los ojos y repite la idea otra vez, aún más despacio que antes. 3Des­pués de eso, trata de no pensar en nada, excepto en los pensa­mientos que se te ocurran relacionados con la idea de hoy. 4Puedes pensar, por ejemplo:

5La visión tiene que ser posible. 6Dios da verdaderamente,
o:
7Los regalos que Dios me ha hecho tienen que ser míos porque Él me los dio.

5. Cualquier pensamiento que esté claramente relacionado con la idea de hoy es adecuado. 2De hecho, tal vez te asombre la canti­dad de entendimiento relacionado con el curso que algunos de tus pensamientos reflejan. 3Déjalos que te vengan sin censurarlos, a menos que notes que tu mente está simplemente divagando y que es obvio que has permitido que se infiltren pensamientos irrelevantes. 4Es posible también que llegue un punto en el que parece que no te van a venir más pensamientos a la mente. 5De ocurrir tales interferencias, abre los ojos y repite el pensamiento una vez más mientras miras lentamente a tu alrededor; después ciérralos, repite la idea otra vez, y continúa buscando en tu mente pensamientos afines.

6. Recuerda, no obstante, que en conexión con los ejercicios de hoy no es apropiado que te esfuerces por encontrar pensamientos afines. 2Trata sencillamente de hacerte a un lado y dejar que te vengan a la mente por su cuenta. 3Si esto te resulta difícil, es mejor pasar la sesión de práctica alternando entre repeticiones lentas de la idea con los ojos abiertos y luego con los ojos cerra­dos, que esforzarte por encontrar pensamientos adecuados.

7. No hay límite en el número de sesiones de práctica cortas que podrían resultarte beneficiosas hoy. 2La idea de hoy es uno de los pasos iniciales en el proceso de unificar tus pensamientos y de enseñarte que estás estudiando un sistema de pensamiento unificado que no carece de nada que sea necesario, y en el que no se incluye nada contradictorio o irrelevante.

8. Cuanto más a menudo repitas la idea de hoy durante el trans­curso del día, más a menudo estarás recordando que el objetivo del curso es importante para ti y que no lo has olvidado.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta afirmación es realmente la confirmación de que somos portadores de los dones con los que Dios nos ha creado, lo que debe aportarnos la confianza plena de que, en todo momento y en todo lugar, siempre podemos gozar de la Fuerza que Dios nos insufla.

Tener la certeza de que Dios es mi fortaleza me aporta una profunda paz, pues reconozco que cualquier circunstancia que pueda experimentar lleva la impronta de su Voluntad, lo que me lleva a vivirla con una actitud amorosa.

Por otro lado, la fortaleza que me aporta la permanente presencia de Dios en mi mente me lleva a la seguridad de que siempre tendré a un "amigo" con quien compartir mi mundo interno, al que acudir cuando sea tentado a percibir un mundo fraguado en la falsa creencia de la separación.

El despertar de la conciencia nos lleva a la verdadera identificación del Ser. A partir de ese nuevo estado, de ese despertar, la visión o, lo que es lo mismo, el poder de nuestra mente, se pone al servicio del Yo Espiritual, del Hijo de Dios. Esa visión nos habla de Unidad, de Amor Incondicional, de Liberación, de Santidad, de Bendición.

El mundo del ego ya no nos confunde, impresionándonos con sus ilusiones, con sus placeres, con sus juegos de vanidad y de posesión, de culpa y de dolor.

Es importante compartir esa visión con nuestros hermanos, pues es la única manera de alcanzar la meta con plenitud. Ver, sentir y amar a Dios en nuestros hermanos es el verdadero camino que debemos recorrer desde la unidad.

Nos dice la lección que Dios nos ofrece el regalo de la visión. ¿Qué nos quiere enseñar? ¿A qué visión se refiere?

Un Curso de Milagros nos revela que "el Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. El mejor uso que podemos hacer del cuerpo es utilizarlo para que nos ayude a ampliar nuestra percepción, de forma que podamos alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo" (T-1.VII.2:3-5).

Es muy importante lo que acabamos de exponer, pues cuando decidimos vivir nuestra vida desde una perspectiva, que llamamos espiritual, suele ocurrir que despreciemos a nuestro cuerpo, al cual dotamos con capacidades que realmente no tiene, como por ejemplo ser el causante de nuestras debilidades, de nuestras tentaciones.

Por otro lado, el párrafo anterior nos habla de la verdadera visión, de la cual el ojo físico es incapaz. Sin duda se está refiriendo a la visión espiritual, la que, a diferencia de la física, que tan solo percibe cuerpos separados, se fundamenta en la visión de la verdad, la que nos hace conscientes de que somos Uno con todo lo Creado.

Mientras que nos encontremos en el mundo físico, al que UCDM llama el mundo del sueño, ¿la visión espiritual qué significado tiene?

A este respecto, el Curso nos refiere lo siguiente: "La verdadera visión es la percepción natural de la visión espiritual, pero es todavía una corrección en vez de un hecho. La visión espiritual es simbólica y, por lo tanto, no es un instrumento de conocimiento. Es, no obstante, un medio de percepción correcta, lo cual la sitúa dentro del propio ámbito del milagro. Una "visión de Dios" sería un milagro más que una revelación. El hecho en sí de que la percepción esté involucrada demuestra que la experiencia no pertenece a la esfera del conocimiento. De ahí que las visiones, por muy santas que sean, son efímeras" (T-3.III.4:1-6).

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de esta lección es desmantelar una confusión profundamente arraigada: la idea de que ser fuerte significa resistir, controlar, defenderse o sostenerse solo frente al mundo.

Desde el ego, la fortaleza es sinónimo de tensión. Desde el Curso, la fortaleza es confianza total en la Fuente.

Esta lección enseña que mientras intente ver por mi cuenta, mi visión será necesariamente parcial y distorsionada. No porque me falte capacidad, sino porque el ego no fue creado para ver.

La visión verdadera solo puede proceder de Aquel que no conoce miedo ni separación. Por eso, esta lección no refuerza el yo personal, sino que lo descentraliza.

Instrucciones prácticas:

La práctica de la Lección 42 sigue la línea de simplicidad radical del Libro de Ejercicios:

  • Aplicaciones breves y frecuentes
  • Especialmente útiles en momentos de:
    • inseguridad,
    • sensación de debilidad,
    • confusión,
    • necesidad de tomar decisiones,
    • impulso de defenderse o justificarse.

No se pide análisis del problema ni introspección emocional. Tampoco se pide cambiar la situación externa.

La instrucción implícita es clara: abandona el intento de ver por ti mismo y recuerda dónde reside tu fortaleza.

Cuando la mente deja de tensarse intentando “entender”, se abre el espacio donde la visión puede ser recibida.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta varias creencias nucleares del ego:

  • “Si no me esfuerzo, me derrumbaré.”
  • “Si no me defiendo, me dañarán.”
  • “Ver claro depende de mí.”
  • “Debo ser fuerte para sobrevivir.”

El Curso desmonta estas creencias mostrando que la verdadera debilidad es creer que estoy solo. La fortaleza del ego es siempre reactiva, agotadora y frágil, porque depende de circunstancias cambiantes.

Aceptar que Dios es mi fortaleza produce un efecto psicológico inmediato, la mente se relaja, deja de resistir, y con ello disminuye el conflicto interno.

Espiritualmente, esta lección establece una enseñanza clave del Curso: La visión no es una capacidad humana; es una corrección divina.

La visión verdadera —la que el Curso llama percepción correcta— no pertenece al nivel del juicio, sino al de la guía. No se aprende; se permite.

Aquí se refuerza un principio central del Texto: el Espíritu Santo no necesita ayuda, solo no interferencia.

Cuando acepto que Dios es mi fortaleza, dejo de usar la mente como instrumento de ataque o defensa, y esta recupera su función original: recibir.

Relación con el Curso:

La Lección 42 ocupa un lugar estratégico en la secuencia:

  • 40 → Soy bendecido (recibo)
  • 41 → No estoy solo (acompañamiento)
  • 42 → No dependo de mí (fortaleza y visión)

Después de afirmar que soy bendecido y nunca abandonado, el ego plantea una objeción silenciosa: “De acuerdo, pero ¿cómo afronto el mundo?”

La respuesta del Curso es inequívoca: No desde tu fuerza, sino desde la de Dios.

Aquí se empieza a desmantelar la idea de autosuficiencia espiritual, una de las formas más sutiles del ego.

Consejos para la práctica:

  • No usar la idea para reforzar una identidad espiritual (“ahora soy fuerte”).
  • No buscar experiencias visuales o comprensiones especiales.
  • No evaluar si “funciona” o no.

Aplicarla especialmente cuando aparezcan pensamientos como:

  • “No puedo con esto”
  • “No veo salida”
  • “Tengo que protegerme”
  • “Estoy perdido”

En esos momentos, la lección no pide reacción, sino entrega.

Conclusión final:

La Lección 42 enseña que la visión verdadera no surge de una mente que se esfuerza, sino de una mente que confía.

Cuando dejo de apoyarme en mis propios juicios, descubro que nunca he estado sin sostén.
La fortaleza que me sostiene no fluctúa.
La visión que recibo no necesita defensa.

Esta lección marca un punto de inflexión silencioso: no veo mejor porque controle más, veo mejor porque confío en la Fuente de la visión.

Frase inspiradora: “Cuando dejo de sostenerme solo, descubro que Dios ya me sostiene y la visión llega sin esfuerzo.”


Ejemplo-Guía: ¿Qué debo hacer para despertar la Visión Espiritual?

A estas alturas, puede que te encuentres en la necesidad de dar respuesta a esta cuestión que no pocos estudiantes se hacen.

Mi experiencia me lleva a creer que la visión espiritual es, ya lo hemos dicho anteriormente, un regalo de Dios, pero tenemos que aceptar ese presente. 

Muchas veces, no estamos dispuestos a aceptar aquello que nos regalan, pues en este caso en particular, podemos creer que la visión espiritual requiere un sacrificado esfuerzo, un camino de renuncias a todos nuestros viejos hábitos. Pero no es cuestión de lo que hacemos, por eso la visión no se adquiere a través de técnicas, sino de deshacer el pensamiento erróneo que nos lleva a creer ilusoriamente en la separación.

Un Curso de Milagros nos enseña que el arte de deshacer se denomina Expiación. En este sentido, el Curso nos dice:

“El que todos acepten la Expiación es sólo cuestión de tiempo. Tal vez parezca que esto contradice su libre albedrío, dada la inevitabilidad de la decisión final, pero en realidad no es así. Puedes aplazar lo que tienes que hacer y eres capaz de enormes dilaciones, pero no puedes desvincularte completamente de tu Creador, Quien fija los límites de tu capacidad para crear falsamente. Una voluntad aprisionada engendra una situación tal, que, llevada al extremo, se hace completamente intolerable. La resistencia al dolor puede ser grande, pero no es ilimitada. A la larga, todo el mundo empieza a reconocer, por muy vagamente que sea, que tiene que haber un camino mejor. A medida que este reconocimiento se arraiga más, acaba por convertirse en un punto decisivo en la vida de cada persona. Esto finalmente vuelve a despertar la visión espiritual y, al mismo tiempo, mitiga el apego a la visión física. Este alternar entre los dos niveles de percepción se experimenta normalmente como un conflicto que puede llegar a ser muy agudo. Aun así, el desenlace final es tan inevitable como Dios” (T-2.III.3:1-10).

“La visión espiritual literalmente no puede ver el error, y busca simplemente la Expiación. Todas las soluciones que los ojos del cuerpo buscan se desvanecen. La visión espiritual mira hacia adentro e inmediatamente se da cuenta de que el altar ha sido profanado y de que necesita ser reparado y protegido. Perfectamente consciente de la defensa apropiada, la visión espiritual pasa por alto todas las demás y mira más allá del error hacia la verdad. Debido a la fuerza de su visión, pone a la mente a su servicio. Esto reestablece el poder de la mente y hace que las demoras le resulten cada vez más intolerables al darse cuenta de que lo único que hacen es añadir dolor innecesario. Como resultado de ello, la mente se vuelve cada vez más sensible a lo que antes habría considerado sólo pequeñas molestias” (T-2.III.4:1-7).

“Los Hijos de Dios tienen derecho al perfecto bienestar que resulta de tener perfecta confianza. Hasta que no logran esto, se agotan a sí mismos y desperdician sus verdaderos poderes creativos en fútiles intentos de obtener un mayor bienestar valiéndose de medios inadecuados. Sin embargo, los medios reales ya les han sido provistos y no requieren esfuerzo alguno por su parte. La Expiación es la única ofrenda digna de ser ofrecida en el altar de Dios, debido al valor que el altar en sí tiene. Fue creado perfecto y es absolutamente digno de recibir perfección. Entre Dios y Sus creaciones existe una perfecta interdependencia. ÉI depende de ellas porque las creó perfectas. Les dio Su paz para que nada las pudiese alterar ni engañar. Siempre que tienes miedo, te engañas a ti mismo, y tu mente no puede servir al Espíritu Santo. Eso te deja hambriento, pues te niega el pan de cada día. Dios se siente solo sin Sus Hijos, y Sus Hijos se sienten solos sin Él. Tienen que aprender a ver el mundo como un medio para poner fin a la separación. La Expiación es la garantía de que finalmente lo lograrán” (T.2.III.5:1-12).

Reflexión: ¿Creemos que los ojos físicos nos permiten ver la realidad de lo que somos?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (9ª parte).

VII. La roca de la salvación (9ª parte).

9. Ahora él tiene que poner todo esto en tela de juicio, pues la forma de la alternativa es una que no puede negar, pasar por alto, ni dejar de percibir completamente. 2La función especial de cada uno está diseñada de modo que se perciba como algo factible, como algo que se desea cada vez más a medida que se le demues­tra que es una alternativa que realmente desea. 3Desde esta pers­pectiva, su pecaminosidad así como todo el pecado que ve en el mundo, tienen cada vez menos que ofrecerle. 4por fin llega a entender que todo ello le ha costado su cordura y que se inter­pone entre él y cualquier esperanza de volver a ser cuerdo. 5Puesto que tiene un papel especial en la liberación de todos sus hermanos, no se le deja sin la posibilidad de escapar de la locura. 6Sería tan inaudito que se le excluyese y se le dejase sin una fun­ción especial en la esperanza de paz, como lo sería que el Padre ignorara a Su Hijo y lo pasase de largo sin ningún miramiento.

Este párrafo describe el momento de inflexión interior en el que la alternativa ofrecida por el Espíritu Santo se vuelve inevitablemente visible. Ya no puede ser negada, ignorada ni descartada, porque su forma ha sido cuidadosamente diseñada para resultar factible, deseable y reconocible para la mente que la recibe.

La función especial vuelve a aparecer como un elemento clave, no como una exigencia, sino como una propuesta que se valida por experiencia. No se impone desde fuera ni se justifica teóricamente; se vuelve cada vez más atractiva a medida que demuestra que satisface un deseo real del Hijo de Dios: recuperar la cordura.

Desde esta nueva perspectiva, el pecado —tanto el propio como el percibido en el mundo— pierde valor. No es combatido ni condenado; simplemente deja de ofrecer algo que se quiera. La mente comienza a reconocer que el pecado no solo no le ha dado lo que prometía, sino que le ha costado su cordura y ha actuado como un obstáculo entre ella y cualquier esperanza real de sanación.

El texto introduce entonces una afirmación crucial: nadie queda excluido de la liberación, porque cada uno tiene un papel especial en la liberación de todos. Por eso, a nadie se le deja sin una vía de escape de la locura. Excluir a uno sería tan impensable como que el Padre ignorase a Su Hijo. La función especial no es un privilegio, sino una garantía de inclusión absoluta en la esperanza de paz.

Mensaje central del punto:

  • La alternativa ya no puede ser ignorada.
  • La función especial se percibe como factible y deseable.
  • Se valida por experiencia, no por imposición.
  • El pecado pierde atractivo progresivamente.
  • Se reconoce que el pecado ha costado la cordura.
  • Nadie queda excluido de la liberación.
  • Cada uno tiene un papel esencial en la liberación de todos.

Claves de comprensión:

  • La corrección se vuelve inevitable cuando deja de ser amenazante.
  • El deseo de cordura sustituye al apego al pecado.
  • El abandono del error ocurre por falta de interés, no por sacrificio.
  • La función especial es inclusiva, nunca excluyente.
  • La salvación no puede dejar fuera a nadie sin negarse a sí misma.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa qué alternativas comienzan a resultarte más atractivas que el conflicto.
  • Nota cuándo ciertos juicios ya no te satisfacen como antes.
  • Permite que el desinterés sustituya al esfuerzo por cambiar.
  • Recuerda que tu sanación contribuye a la de todos.
  • Confía en que siempre hay una salida, incluso cuando no la ves claramente.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Qué alternativas empiezo a desear más que el conflicto?
  • ¿Qué ideas pierden atractivo cuando elijo la paz?
  • ¿Puedo reconocer el costo real de mantener el juicio?
  • ¿Cómo contribuye mi cordura a la de los demás?
  • ¿Estoy dispuesto a aceptar que no puedo quedar excluido?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo muestra que la liberación no ocurre por presión externa, sino cuando la mente reconoce por sí misma que la alternativa ofrecida es mejor que aquello a lo que se aferraba. El pecado se abandona porque deja de tener valor, y la función especial se acepta porque demuestra ser el camino de regreso a la cordura.

La salvación no puede excluir a nadie, porque excluir sería negar la Filiación. Por eso, cada uno es indispensable en la esperanza de paz.

Frase inspiradora:

“Nada puede excluirme de la esperanza de paz.”

Invitación práctica:

Hoy, cuando notes que una vieja creencia pierde fuerza, repite:

“Estoy dispuesto a desear otra cosa.”

Y permite que la cordura se vuelva natural.

martes, 10 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 41

LECCIÓN 41

Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

1. Con el tiempo, la idea de hoy desvanecerá por completo la sensación de soledad y abandono que experimentan todos los que se consideran separados. 2La depresión es una consecuencia inevitable de la separación, 3como también lo son la ansiedad, las preocupaciones, una profunda sensación de desamparo, la infelicidad, el sufrimiento y el intenso miedo a perder.

2. Los que se consideran separados han inventado muchos "remedios" para lo que, según ellos, son "los males del mundo": 2Pero la única cosa que no han hecho es cuestionar la realidad del problema. 3Los efectos de éste, no obstante, no se pueden sanar porque el problema no es real. 4La idea de hoy tiene el poder de acabar con todo este desatino para siempre. 5Pues eso es lo que es, un desatino, por muy serias y trágicas que parezcan ser sus manifestaciones.

3. En lo profundo de tu interior yace todo lo que es perfecto, presto a irradiar a través de ti sobre el mundo. 2Ello sanará todo pesar y dolor, todo temor y toda sensación de pérdida porque curará a la mente que pensaba que todas esas cosas eran reales y que sufría debido a la lealtad que les tenía.

4. Jamás se te puede privar de tu perfecta santidad porque su Fuente va contigo dondequiera que tú vas. 2Jamás puedes sufrir porque la Fuente de toda dicha va contigo dondequiera que tú vas. 3Jamás puedes estar solo porque la Fuente de toda vida va contigo dondequiera que tú vas. 4Nada puede destruir tu paz mental porque Dios va contigo dondequiera que tú vas.

5. Comprendemos que no creas nada de esto. 2¿Cómo ibas a creerlo cuando la verdad se halla oculta en lo profundo de tu interior, bajo una pesada nube de pensamientos dementes, densos y turbios que representan, no obstante, todo lo que ves? 3Hoy intentaremos por primera vez atravesar esa oscura y pesada nube y llegar a la luz que se encuentra más allá.

6. Hoy tendremos una sola sesión de práctica larga. 2Por la mañana, a ser posible tan pronto como te levantes, siéntate en silencio de tres a cinco minutos con los ojos cerrados. 3Al comienzo de la sesión de práctica repite la idea de hoy muy lentamente. 4No trates de pensar en nada en particular. 5Trata, en cambio, de experimentar la sensación de que estás sumergiéndote en tu interior, más allá de todos los pensamientos vanos del mundo. 6Trata de llegar hasta lo más profundo de tu mente, man­teniéndola despejada de cualquier pensamiento que pudiese distraerte.

7. De vez en cuando puedes repetir la idea de hoy si observas que eso te ayuda. 2Pero sobre todo, trata de sumergirte tan profundamente como puedas en tu interior, lejos del mundo y de todos sus pensamientos disparatados. 3Estás tratando de llegar más allá de todo ello. 4Estás tratando de dejar atrás las apariencias y de aproximarte a la realidad.

8. Es perfectamente posible llegar a Dios. 2De hecho, es muy fácil, ya que es la cosa más natural del mundo. 3Podría decirse incluso que es lo único que es natural en el mundo. 4El camino quedará despejado, si realmente crees que ello es posible. 5Este ejercicio puede producir resultados asombrosos incluso la primera vez que se intenta, y tarde o temprano acaba por tener éxito. 6A medida que avancemos ofreceremos más detalles acerca de este tipo de práctica. 7No obstante, nunca fracasa del todo, y es posible tener éxito inmediatamente.

9. Usa la idea frecuentemente a lo largo del día, repitiéndola muy despacio, preferiblemente con los ojos cerrados. 2Piensa en lo que estás diciendo, en el significado de las palabras. 3Concéntrate en la santidad que esas palabras te atribuyen, en la compañía indefectible de la que gozas, en la completa protección que te rodea.

10. Puedes ciertamente permitirte el lujo de reírte de los pensamientos de miedo, recordando que Dios va contigo dondequiera que tú vas.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta expresión encierra en sí misma la confirmación del reconocimiento de nuestra verdadera identidad. Se trata de ser conscientes de que somos Hijos de Dios, y de sentir que lo somos, al tener la certeza de que nuestro Padre nos acompaña allí donde vayamos. No puede ser de otra manera, pues El Creador y lo Creado forman una misma Unidad en Esencia. Es en Dios donde tenemos nuestro Ser.

Cuando afirmamos que "Dios nos acompaña", estamos compartiendo, extendiendo, la máxima verdad de la que somos portadores. Por lo tanto, cuando lo que expresamos, proyectamos y creamos lleva el sello de la Unidad, lo que realmente estamos haciendo es una extensión de la Mente que compartimos con Dios.

Cuando permanecemos dormidos, inconscientes de la verdadera realidad, cuando permanecemos en conciencia de ego, nos sentimos separados de esa verdad y damos poder a la ilusión que percibimos por los sentidos físicos. En este estado, somos prisioneros de nuestras acciones y reacciones, de la causa y el efecto; nos identificamos con el dolor, el sufrimiento, la culpa y el miedo, la enfermedad y la muerte.

Esta expresión representa el primer paso hacia la verdadera liberación.

No he podido evitar sorprenderme al leer nuevamente esta lección, pues resume de manera maravillosa la idea que compartía con vosotros en la reflexión de la lección de ayer. Tener la certeza de que somos parte de Dios, con lo cual estamos permanentemente en su Presencia, es sin duda una revelación maravillosa que nos llena de gozo y alegría. Como el "hijo pródigo", nuestro Padre siempre permanece aguardando nuestro retorno, pues para Él, en verdad, nunca nos habíamos ido, aunque nosotros tuviésemos la percepción de haberlo hecho.

La respuesta de nuestro Padre, respetando nuestro libre albedrío, ha sido siempre confiar en nuestro regreso. Consciente de nuestra decisión, de ese pensamiento pasajero que nos mantiene atados al error de la separación, nuestro Padre no tan sólo ha tenido plena confianza en su Hijo, sino que, además, puso a su disposición al Espíritu Santo, el mediador entre la comunicación superior y la inferior, el que mantiene abierto para la revelación el canal directo de Dios hacia su Hijo.

Al igual que le ocurrió a ese "hijo pródigo", que dilapidó toda su herencia viviendo como un libertino, nuestro transitar por el mundo físico nos lleva a prestar atención a un mundo ilusorio y temporal, en el cual hemos olvidado nuestra verdadera identidad.

Ese mundo no puede ofrecernos lo que no tiene, es decir, no puede ofrecernos los alimentos que satisfacen el apetito del alma: amor, inocencia, impecabilidad, gratitud, abundancia, misericordia, justicia, paz, alegría, felicidad...

Si profundizamos en el mensaje de la parábola del "hijo pródigo", descubriremos un gesto en el protagonista que es imprescindible para que se produzca el despertar de la conciencia que ha de llevarnos a iniciar el viaje de vuelta hasta nuestro Padre. Me estoy refiriendo a las siguientes palabras:

"Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros".

Son las palabras que nos harán despertar. Se trata de palabras de arrepentimiento, aunque exentas de culpabilidad. Debemos entenderlas como una toma de consciencia de que habíamos agotado el canal de aprendizaje elegido, el cual nos ha llevado a entender que siempre hemos sido un humilde jornalero de nuestro Padre. Junto a Él, jamás nos faltará el alimento, pues su Esencia, el Amor, es el verdadero y eterno alimento.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 41 aborda directamente una de las raíces más profundas del sistema de pensamiento del ego: la creencia en la soledad.
Si la Lección 40 afirmaba la bendición inherente del Hijo de Dios, la 41 introduce su consecuencia inevitable: la imposibilidad real del abandono.

Aquí el Curso da un paso decisivo: no solo soy bendito, nunca estoy solo.

La afirmación “Dios va conmigo dondequiera que yo voy” no describe una protección externa ni una compañía simbólica, sino una condición ontológica: no existe ningún lugar, estado mental o circunstancia fuera de Dios.

Instrucciones prácticas:

La estructura práctica es deliberadamente sencilla y reiterativa:

  • Uso muy frecuente de la idea.
  • Aplicación inmediata ante cualquier sensación de:
    • soledad,
    • abandono,
    • tristeza,
    • desamparo.

El Curso insiste en ojos cerrados → ojos abiertos, como en lecciones anteriores:

  • primero se afirma la verdad internamente,
  • luego se permite que impregne la percepción.

La instrucción “permite que la paz te envuelva” es clave: no se pide generar paz, sino no interferir con ella.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicos

Esta lección confronta directamente:

  • el sentimiento de abandono,
  • la sensación de estar “solo ante la vida”,
  • la idea de que nadie comprende,
  • la raíz de la depresión.

El Curso es categórico: la depresión no es real, ni tiene justificación alguna.

No porque el dolor humano sea negado, sino porque su causa percibida es falsa.

La depresión surge de una premisa errónea: “estoy solo”.

Espiritualmente, esta lección afirma que la separación nunca ocurrió, que Dios no abandona Su creación y que la Presencia no depende del estado emocional.

Dios no “acompaña” al Hijo: es imposible que no esté con Él.

Por eso la lección no propone consuelo, sino corrección de la causa.

Relación con el Curso:

La secuencia es impecable:

  • 35 → identidad santa
  • 36 → santidad que envuelve
  • 37 → santidad que bendice
  • 38 → santidad como poder
  • 39 → santidad como salvación
  • 40 → santidad como bendición recibida
  • 41 → santidad como Presencia constante

Aquí el Curso elimina el último bastión del ego: la idea de que el Hijo de Dios pueda estar solo.

Consejos para la práctica:

  • No usar la idea como auto-consuelo emocional.
  • No esperar sentir algo especial.
  • Usarla precisamente cuando no se siente nada.
  • Aplicarla cuando el ego diga “estás solo”, “nadie te acompaña”, “tienes que arreglártelas por tu cuenta”.

La lección no pide fe, sino disponibilidad.

Conclusión final:

La Lección 41 establece una verdad fundamental del Curso: La soledad es imposible.

No porque el mundo sea amable, sino porque Dios nunca ha dejado a Su Hijo.

Esta lección no elimina los problemas, los deja sin fundamento.

No promete compañía futura, afirma una Presencia eterna.

Aquí el Curso entrena una confianza silenciosa y radical: allí donde creía estar solo, Dios ya estaba. Y esa certeza basta para que la paz regrese.

Frase inspiradora: “No busco bendiciones en el mundo, las reconozco en mí, porque soy bendecido como Hijo de Dios”.


Ejemplo-Guía: ¿Dónde se encuentra la felicidad?

Desde pequeños, nos enseñan que debemos responder a los estímulos externos. Ante el llanto propio de un bebé hambriento, la madre sacia su apetito dándole de mamar y, con ello, el llanto se traduce en placidez. ¿Qué ha aprendido el bebé?

Vamos creciendo en este entorno, ciertamente, condicionado, pues si bien una madre no deja de amamantar a su hijo cuando éste requiere alimentarse, sí puede elegir entre satisfacer o no las demandas que su hijo le hará, siguiendo el patrón de aprendizaje adquirido. De este modo, los adultos responderemos con agrado o desagrado a dichas peticiones. Puede ser un simple gesto, una mueca desaprobatoria, unas palabras de reproches o una acción de castigo, que en ocasiones alcanza niveles no justificados.

Todos hemos cursado en esa "escuela" de la vida. Aprendemos a sonreír cuando queremos agradar y aprendemos a ser indiferentes cuando queremos hacer ver a los demás que no nos interesa lo que nos proponen. También aprendemos a llorar cuando nos sentimos frustrados y no conseguimos ver realizados nuestros deseos.

El mensaje profundo que debemos sacar de todas estas cuestiones es que aprendemos a buscar, fuera de nosotros mismos, aquello que deseamos. Tendríamos que remontarnos al origen del primer deseo, el cual se convierte en la causa original que propició la visión del mundo que percibimos. Ese pensamiento-deseo fue la individualidad, el deseo de ser especial, el cual nos llevó a la creencia en la separación.

El mundo de la separación, el mundo material, nos ofrece cosas temporales, pues está sujeto a las leyes del espacio-tiempo. Se trata de un mundo proyectado, inventado, y la identificación con él nos ha llevado a adoptar un envoltorio físico, el cuerpo, al cual le hemos dotado con la credibilidad de nuestra única identidad y realidad.

Es necesario que comprendamos que la eterna felicidad no podemos confundirla con los momentos pasajeros de placer que nos facilita el mundo físico. ¿Conoces algún placer que sea permanente? Seguro que te habrás dado cuenta de que el ser humano, cuando desea intensamente algo, cuando lo consigue, al poco tiempo deja de interesarse por él. Es más, en muchas ocasiones, cuando se sacia de ello, lo llega a aborrecer. ¿Cómo es posible que deseemos algo con tanta intensidad y al poco tiempo lo estemos desechando?

Tal vez te encuentres entre los que han dilapidado su herencia. Entre tus alforjas de viaje, tan solo te acompaña el recuerdo de lo vivido y de esos recuerdos se desprende un aroma que nos sabe a sabiduría. Tus pies se sienten cansados de tanto caminar y tu alma añora el encuentro con la paz que no has logrado encontrar en ninguno de los paisajes por los que has pasado. Pero no pienses que te encuentras perdido, jamás lo has estado. Si escudriñas tu mente, tal vez te sorprenda descubrir que el tiempo tiene una dimensión diferente. Tienes la impresión de que en unos minutos eres capaz de colapsar toda una vida. Esa vida se presenta ante tu visión, extractada, permitiéndote ver con nitidez que esa travesía ha tocado a su fin y que ahora una nueva visión te permite percibir la magnitud eterna del presente. Y ese presente es toda tu existencia, no tan solo la pasada, sino la existencia potencial que asumes con plena consciencia de ser.

Ya no sentirás la necesidad de viajar. Tu último viaje te ha llevado a tu único destino posible, tu interior. En ese encuentro, te fundes en un amoroso abrazo con tu Padre, el cual, presto, pedirá a sus sirvientes:

"Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado".

¿Acaso imaginas una felicidad más grande?

Reflexión: Si Dios va conmigo, dondequiera que voy, ¿por qué siento infelicidad?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (8ª parte).

VII. La roca de la salvación (8ª parte).

8. Sería ciertamente una locura poner la salvación en manos de los dementes. 2Pero puesto que Dios no está loco, ha designado a Uno tan cuerdo como Él para que le presente un mundo de mayor cordura a todo aquel que eligió la demencia como su sal­vación. 3A Él le es dado elegir la forma más apropiada para ayu­dar al demente: una que no ataque el mundo que éste ve, sino que se adentre en él calladamente y le muestre que está loco. 4El Espíritu Santo no hace sino señalarle otra alternativa, otro modo de contemplar lo que antes veía, que él reconoce como el mundo en el que vive, el cual creía entender.


Este párrafo aclara quién tiene realmente la función de salvar y, sobre todo, quién no. El Curso afirma sin ambigüedad que sería una locura confiar la salvación a una mente que se cree demente. Esto descarta definitivamente la idea de que el ego, el juicio personal o el esfuerzo humano puedan conducir a la verdad.

Dado que Dios no está loco, no ha delegado la salvación en la confusión, sino que ha designado a Uno tan cuerdo como Él: el Espíritu Santo. Su función es presentar un mundo de mayor cordura precisamente a quienes han elegido la demencia como sustituto de la salvación.

La genialidad del método del Espíritu Santo reside en su no-ataque. No contradice frontalmente el mundo que el demente ve, ni lo ridiculiza, ni lo niega. Se adentra silenciosamente en él, utilizando sus propios símbolos y referencias, y desde ahí muestra suavemente que el sistema entero es insensato.

El Espíritu Santo no fuerza una nueva visión ni destruye la antigua. Simplemente señala una alternativa: otro modo de contemplar exactamente lo mismo. Esa nueva mirada se ofrece dentro del mundo que el individuo reconoce como propio, el mundo que creía entender. Así, la corrección no se vive como amenaza, sino como reconocimiento.

Mensaje central del punto:

  • La salvación no puede estar en manos de la locura.
  • Dios ha designado al Espíritu Santo como mediador cuerdo.
  • El Espíritu Santo presenta un mundo de mayor cordura.
  • No ataca el mundo percibido por el demente.
  • Entra en él silenciosamente.
  • Muestra la locura sin juicio ni confrontación.
  • Ofrece otra manera de ver lo mismo.

Claves de comprensión:

  • La salvación no es auto-dirigida desde el ego.
  • El Espíritu Santo no destruye símbolos; los reinterpreta.
  • El no-ataque es condición imprescindible para que la corrección sea aceptada.
  • La nueva percepción no sustituye el mundo; lo resignifica.
  • El reconocimiento precede a la comprensión total.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Abandona la idea de “arreglarte” por tu cuenta.
  • Permite que una interpretación más amable sustituya al juicio.
  • Observa cuándo te resistes porque sientes que tu mundo es atacado.
  • Practica aceptar otra mirada sin exigir pruebas inmediatas.
  • Recuerda: no se te pide abandonar lo que ves, sino verlo de otra manera.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿En qué áreas sigo confiando la salvación a mi propio juicio?
  • ¿Cuándo percibo la corrección como ataque?
  • ¿Puedo aceptar una alternativa sin defender mi visión actual?
  • ¿Estoy dispuesto a dejar que alguien cuerdo elija la forma?
  • ¿Qué cambiaría si permitiera otra manera de ver lo mismo?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo confirma que la salvación no es un logro personal, sino una reorientación guiada. Dios no deja la curación en manos de la confusión. El Espíritu Santo actúa como traductor entre dos sistemas de pensamiento, entrando en el mundo del error sin atacarlo y mostrando, desde dentro, que hay otra forma de verlo.

La locura no se corrige con confrontación, sino con una alternativa que se reconoce como más amable, más coherente y más verdadera.

Frase inspiradora:

“La salvación no me exige abandonar mi mundo, sino mirarlo con otra mente.”

Invitación práctica:

Hoy, cuando sientas confusión o resistencia, repite:

“Espíritu Santo, muéstrame otra manera de ver esto.”

Y permite que la corrección llegue sin esfuerzo.

lunes, 9 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 40

LECCIÓN 40

Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

1. Comenzamos hoy a afirmar algunas de las bienaventuranzas a las que tienes derecho por ser quien eres. 2Hoy no se requieren largas sesiones de práctica, sino muchas cortas y frecuentes. 3Lo ideal sería una cada diez minutos, y se te exhorta a que trates de mantener este horario y a adherirte a él siempre que puedas. 4Si te olvidas, trata de nuevo. 5Si hay largas interrupciones, trata de nuevo. 6Siempre que te acuerdes, trata de nuevo.

2. No es preciso que cierres los ojos durante los ejercicios, aunque probablemente te resultará beneficioso hacerlo. 2Mas puede que durante el día te encuentres en situaciones en las que no puedas cerrar los ojos. 3No obstante, no dejes de hacer la sesión por eso. 4Puedes practicar muy bien en cualquier circunstancia, si realmente deseas hacerlo.

3. Los ejercicios de hoy no requieren ningún esfuerzo ni mucho tiempo. 2Repite la idea de hoy y luego añade varios de los atributos que asocias con ser un Hijo de Dios, aplicándotelos a ti mismo. 3Una sesión de práctica, por ejemplo, podría consistir en lo siguiente:

4Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
5Soy feliz y estoy en paz; soy amoroso y estoy contento.

6Otra podría ser, por ejemplo:

7Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
8Estoy calmado y sereno; me siento seguro y confiado.

9Si sólo dispones de un momento, basta con que simplemente te digas a ti mismo que eres bendito por ser un Hijo de Dios.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que, mientras me identifique con el sistema de valores del ego, permanezco dormido a la verdad de lo que soy. El ego se sostiene mediante hábitos mentales aprendidos que refuerzan respuestas automáticas. Estos hábitos se han formado a partir de la experiencia en el mundo de la percepción y se basan en la creencia en la división, la competencia, la posesión, el sacrificio y el miedo.

Desde esa identificación, dar se interpreta como perder. El servicio se vive como desgaste y no como extensión natural del amor. Las relaciones quedan condicionadas por recuerdos de heridas pasadas, que se convierten en obstáculos para experimentar el amor sin reservas. Así, la libertad de expresar la verdad del Ser queda velada por capas de creencias que limitan la percepción.

El Curso no propone luchar contra esas capas, sino despertar de la identificación con ellas. Ese despertar comienza cuando acepto que soy bendito, no como un logro personal, sino como un hecho que procede de mi creación. Ser bendito es mi condición natural por ser el Hijo de Dios.

La lección utiliza el término bendito para señalar un estado que no pertenece al ego. Bendito no significa débil ni ingenuo; no es azar ni placer pasajero. Bendito es reconocer la inocencia, la dicha y la plenitud que no dependen de circunstancias externas. Estos estados no pueden ser producidos por el ego, porque no proceden del mundo, sino de la Identidad que comparto con mi Fuente.

Esta lección es especialmente sencilla porque no me pide que cambie nada, sino que recuerde lo que ya soy. Su práctica consiste en permitir que ese recuerdo se haga presente una y otra vez a lo largo del día. No se trata de convencerme ni de repetirme una idea para fabricar un estado, sino de dejar que la verdad sustituya a la creencia falsa.

La repetición no crea la verdad; la mantiene disponible en la conciencia. Del mismo modo que los hábitos del ego se reforzaron por repetición, esta práctica utiliza el mismo mecanismo para deshacerlos, pero sin esfuerzo ni imposición. El valor real de la lección no está en la técnica, sino en la elección previa: haber decidido ver de otra manera.

Al aceptar que soy bendito por ser el Hijo de Dios, dejo de buscar valor, felicidad o seguridad en el mundo. Y en ese reconocimiento, la paz se restablece como mi estado natural.

Me gustaría compartir una reflexión nacida de una experiencia que, aunque muchos podamos comprender intelectualmente, en mi caso se reveló hace unos días con una profundidad distinta, en lo que reconocí claramente como un instante santo.

La reflexión es sencilla: ¿Qué podría aportarnos mayor dicha que la certeza de que somos el Hijo de Dios?

Esta verdad había estado presente en mi entendimiento durante mucho tiempo. La conocía, la aceptaba conceptualmente, pero hasta ese momento no la había experimentado de forma plena. Ese día dejó de ser una idea y se convirtió en una vivencia interior.

Cuando esa certeza se hace presente, no es una emoción intensa lo que surge, sino una profunda calma. Es como si el peso que sostenía la mente se disolviera. Allí donde antes quedaban restos de miedo o inquietud, apareció una serenidad suave y estable. No hubo necesidad de explicaciones ni de esfuerzo alguno.

La dicha que acompaña a ese reconocimiento no procede de nada externo. Nace de saber, sin dudas, que nada en nuestra experiencia está fuera de Dios, que no hay circunstancias abandonadas a la casualidad ni espacios donde el Amor no esté presente.

En ese instante, no se gana nada nuevo, ni se alcanza algo extraordinario. Simplemente se recuerda lo que siempre ha sido verdad. Y ese recuerdo basta para que la mente descanse.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 40 introduce explícitamente el lenguaje de bienaventuranza, término cargado de sentido en el Texto del Curso. No se refiere a recompensas futuras ni a estados especiales, sino a condiciones inherentes al Hijo de Dios.

La frase clave: “por el mero hecho de ser quien eres” sitúa la bendición antes de toda conducta, pensamiento o logro. Esta lección consolida lo afirmado en la 39: si la santidad es tu salvación, entonces la bendición no puede ser algo que se gane, sino algo que se reconoce.

Aquí el Curso empieza a sustituir la lógica de la culpa por la lógica del merecimiento natural, no basado en obras, sino en identidad.

Instrucciones prácticas:

A diferencia de las lecciones inmediatamente anteriores, esta no enfatiza sesiones largas, sino: aplicaciones breves, muy frecuentes, en cualquier contexto.

Esto es coherente con su contenido: la bendición no requiere introspección profunda, sino recordatorio constante.

La instrucción de cerrar los ojos y luego abrirlos tiene un sentido claro en el Curso: primero se afirma la verdad internamente, y luego se extiende a la percepción.

Además, la lección introduce un cambio importante: “no se te pide que resuelvas el problema”.

Esto refuerza la enseñanza central del Texto: los problemas no se resuelven; se disuelven cuando se corrige la causa.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta la creencia profundamente arraigada de que:

  • hay que merecer la paz,
  • hay que corregirse para ser bendecido,
  • hay que entender para estar en paz.

La afirmación: Soy bendecido como Hijo de Dios” actúa como antídoto directo contra la autoacusación.

Además, la instrucción de aceptar que “no es un problema” no es negación, sino desidentificación. El ego define al yo a través de los problemas; esta lección enseña a no tomarlos como propios.

Espiritualmente, esta lección se apoya en un principio central del Texto: Dios no crea sin bendecir.

Ser Hijo de Dios implica estar bendecido ahora, no después de un proceso de purificación. La bendición no depende del tiempo, porque la creación no ocurrió en el tiempo.

La referencia explícita al Espíritu Santo refuerza el carácter no personal de la corrección: “El Espíritu Santo se encargará de ello sin esfuerzo alguno de tu parte”.

Esto afirma que la salvación no es una empresa humana, sino una aceptación.

Relación con el Curso:

La progresión doctrinal continúa con total coherencia:

  • 35: Identidad santa.
  • 36: Santidad que envuelve.
  • 37: Santidad que bendice.
  • 38: Santidad como poder.
  • 39: Santidad como salvación.
  • 40: Santidad como bendición recibida.

Aquí el Curso equilibra la expansión anterior: después de bendecir, sanar y salvar, ahora se afirma el derecho a recibir.

Esto previene una lectura sacrificial o heroica de la función espiritual.

Consejos para la práctica:

  • No usar la idea para “sentirse mejor”.
  • No forzar la sensación de bendición.
  • Aplicarla especialmente cuando el ego declare que “hay un problema”.

El Curso no pide comprensión, solo disponibilidad.

Conclusión final:

La Lección 40 sella una verdad esencial del Curso: No estás intentando convertirte en algo mejor, sino recordar que ya estás bendecido.

La bendición no elimina problemas porque nunca los toma como reales.
No exige esfuerzo porque no compite con nada.

Aquí el Curso comienza a entrenar una confianza radical: en la identidad, en la guía, y en la ausencia de culpa como estado natural.


Ejemplo-Guía: ¿A qué le tienes miedo?

Este ejemplo nos invita a situarnos en el origen de nuestras emociones, allí donde parecen surgir la escasez, la culpa, el dolor y la infelicidad. Desde la enseñanza del Curso, el miedo no procede de las circunstancias ni del mundo, sino de haber olvidado a Dios y, con ello, haber olvidado quiénes somos.

El miedo es el fundamento del sistema de pensamiento del ego. No es una fuerza real ni una creación verdadera, sino el resultado de una creencia: la creencia en la separación. Cuando la mente aceptó la idea de verse a sí misma como independiente de su Fuente, pareció surgir una forma distinta de experiencia. No se perdió el Conocimiento, pero se dejó de reconocer, y fue sustituido por la percepción.

Así, la comunicación directa —el Conocimiento— fue reemplazada por una interpretación fragmentada de la realidad. La unidad dio paso a la multiplicidad, no como un hecho real, sino como una manera de ver. Desde ese momento, la mente comenzó a interpretar desde la diferencia, y el miedo apareció como consecuencia inevitable de creerse separado.

Desde entonces, la conciencia parece velada. No porque la verdad haya desaparecido, sino porque la atención se ha desplazado. El miedo no cubre la verdad; simplemente la oculta a la percepción mientras la mente elige escuchar al ego.

Esta lección nos invita a reconocer que el miedo no tiene causa real ni poder propio. Al observarlo sin juzgar y al recordar su origen ilusorio, abrimos el espacio para que sea reinterpretado. Y en esa reinterpretación, la mente comienza a recordar que nunca dejó de estar en Dios, aunque haya creído lo contrario.

Ahí es donde el miedo empieza a perder sentido.

En el mundo que la mente ha inventado y donde el ego parece gobernar, el miedo se convierte en la moneda de cambio. Este sistema se mantiene mientras el soñador no reconoce que él no es víctima del sueño, sino quien lo está interpretando. Cuando esta toma de conciencia comienza, no se trata de fabricar un sueño mejor desde el ego, sino de cuestionar el valor que se le ha dado al sueño mismo.

Tal como hemos aprendido en lecciones anteriores, la mente es la causa y la experiencia perceptiva es el efecto. No porque la mente cree acontecimientos concretos, sino porque les da significado. Al reconocer esto, empezamos a asumir la responsabilidad de cómo interpretamos lo que vivimos.

Responder con honestidad a la pregunta del ejemplo-guía —¿a qué le tengo miedo?— nos ayuda a observar el contenido de nuestra mente sin juzgarlo. La forma que adopte el miedo es irrelevante: puede expresarse como temor a un insecto, a una enfermedad o a cualquier pérdida imaginable. La causa es siempre la misma: la creencia en la separación.

El miedo no procede del objeto al que parece dirigirse, sino de la identificación con el cuerpo y con sus aparentes limitaciones. Mientras me crea un ser vulnerable, sujeto al tiempo y al espacio, el miedo parecerá razonable e inevitable.

Muchos estudios coinciden en señalar que el miedo más profundo y extendido es el miedo a la muerte. Desde la perspectiva del Curso, esto tiene una explicación clara: el ego necesita creer en la muerte para sostener su propia existencia. Si la muerte no fuera real, la identidad basada en el cuerpo tampoco lo sería, y con ello el ego quedaría sin fundamento.

Por eso, el ego defiende la realidad del miedo y de la muerte con tanta insistencia. Sin embargo, el Curso nos invita a recordar que la muerte no es la verdad, sino una creencia dentro del sueño. Al cuestionarla, no negamos la experiencia humana, sino que dejamos de otorgarle poder sobre nuestra identidad real.

Así, esta lección no nos pide que dejemos de sentir miedo por la fuerza, sino que reconozcamos su origen ilusorio. Y en ese reconocimiento, el miedo comienza a perder sentido, abriendo paso al recuerdo de lo que siempre hemos sido.

Reflexión: ¿Qué puede aportarnos más felicidad que tener la certeza de que somos el Hijo de Dios?