
Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.
Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.
- Si mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad, ¿a quién estoy dañando realmente cuando juzgo?
- Cuando albergo resentimiento, ¿estoy protegiéndome o debilitando mi propia paz?
- ¿Es posible que cada pensamiento de condena refuerce la creencia de que soy vulnerable?
- Si mi verdadera naturaleza es invulnerable, ¿qué efecto tiene identificarme con el ataque?
- ¿Estoy dispuesto a reconocer que, al soltar los pensamientos de agresión, no pierdo defensa, sino que recupero mi seguridad interior?
- Si por encima de todo quiero ver, ¿estoy dispuesto a renunciar a tener razón?
- Cuando surge el conflicto, ¿mi prioridad es defender mi postura o comprender con claridad?
- ¿Quiero realmente ver la verdad, aunque desmonte mis creencias habituales?
- Si ver implica abandonar el juicio, ¿estoy preparado para soltarlo?
- ¿Puedo elegir que la paz sea más importante que el orgullo, y que la visión sea más valiosa que la confirmación de mis viejas interpretaciones?
- Si por encima de todo quiero ver de otra manera, ¿qué estoy dispuesto a dejar atrás?
- Cuando insisto en mi interpretación, ¿estoy eligiendo paz o conflicto?
- ¿Puedo reconocer que mi forma habitual de ver no me ha conducido a la felicidad que deseo?
- Si existe otra manera de percibir, ¿estoy realmente abierto a aprenderla?
- ¿Estoy dispuesto a cambiar de guía interior y permitir que una visión más amorosa reemplace mis antiguos juicios?
- Si Dios está en todo lo que veo, ¿qué estoy realmente percibiendo cuando juzgo?
- Cuando miro a un hermano, ¿veo un cuerpo o reconozco una presencia divina?
- ¿Es posible que el conflicto surja porque estoy ignorando lo que verdaderamente está ahí?
- Si Dios está en todo, ¿puede algo ser indigno de amor?
- ¿Estoy dispuesto a permitir que mi mirada atraviese las apariencias y descubra la santidad que subyace en cada encuentro?
- Si Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente, ¿desde dónde estoy realmente mirando?
- Cuando percibo conflicto, ¿he olvidado la Fuente que habita en mí?
- Si mi mente contiene la Presencia de Dios, ¿puede mi percepción ser totalmente oscura?
- ¿Es posible que lo que veo refleje el estado de mi propia mente?
- ¿Estoy dispuesto a recordar que, al reconocer la luz en mí, comenzaré a reconocerla también en todo lo que contemplo?
- “Atacar me protege”
- “Defenderme me fortalece”
- “Ver a Dios es peligroso”
- El ataque refuerza la identidad de víctima.
- Mantiene al sistema nervioso en alerta constante.
- El ataque niega la invulnerabilidad del Ser.
- Refuerza la ilusión del cuerpo como identidad.
- Reordena prioridades internas.
- Introduce coherencia mental.
- Ver se convierte en función.
- La mente se alinea con la verdad.
- Rompe la fijación perceptiva.
- Abre la posibilidad de reinterpretación.
- Permite el milagro.
- La visión no se fabrica, se recibe.
- Reduce la fragmentación perceptiva.
- Disuelve la percepción de amenaza.
- Introduce la visión unificada.
- El mundo deja de ser enemigo.
- Devuelve la causa a la mente.
- Elimina la proyección como origen.
- Afirma la Presencia interna.
- La visión se convierte en extensión.
- Desmantela la idea de ataque como defensa.
- Reordena prioridades internas.
- Devuelve coherencia y calma a la percepción.
- Observar cuándo atacas para sentirte seguro.
- Recordar que atacar debilita.
- Repetir internamente: “Por encima de todo quiero ver”.
- “Tengo que defenderme”.
- “Si no ataco, me dañarán”.
- “Esto es peligroso”.
- No usar estas ideas para negar emociones.
- No forzar una visión “espiritual”.
- Usarlas para desactivar el ataque.
- Usarlas para elegir ver antes que juzgar.
- Lección 54 → Ver es elegir
- Lección 55 → No sé elegir sin guía
- Lección 56 → El ataque me ciega; la visión me protege






