sábado, 3 de mayo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 123

LECCIÓN 123

Gracias Padre por los regalos que me has concedido.

1. Sintámonos agradecidos hoy. 2Hemos llegado a sendas más lle­vaderas y a caminos más despejados. 3Ya no nos asalta el pensa­miento de volver atrás, ni resistimos implacablemente a la verdad. 4Aún hay cierta vacilación, algunas objeciones menores y cierta indecisión, pero puedes sentirte agradecido por tus logros, los cuales son mucho más grandes de lo que te imaginas.

2. Dedicar ahora un día a sentirte agradecido te aportará el benefi­cio adicional de poder tener un atisbo de lo grande que ha sido tu progreso y de los regalos que has recibido. 2Alégrate hoy, con amoroso agradecimiento, de que tu Padre no te haya abandonado a tu suerte, ni de que te haya dejado solo vagando en las tinieblas. 3Agradece que te haya salvado del ser que creíste haber hecho para que ocupara Su lugar y el de Su creación. 4Dale gracias hoy.

3. Da gracias de que Él no te haya abandonado, y de que Su Amor ha de refulgir por siempre sobre ti, eternamente inmutable. 2Da gracias asimismo por tu inmutabilidad, pues el Hijo que Él ama es tan inmutable como Él Mismo. 3Agradece que se te haya salvado. 4Alégrate de tener una función que desempeñar en la salvación. 5Siéntete agradecido de que tu valía exceda con mucho los míse­ros regalos que le diste a quien Dios creó como Su Hijo y de que excede también los mezquinos juicios que emitiste en contra suya.

4. Elevaremos hoy nuestros corazones llenos de agradecimiento por encima de la desesperanza, y alzaremos nuestros ojos agra­decidos, que ya no mirarán al suelo. 2Hoy entonaremos el himno de gratitud, en honor al Ser que Dios ha dispuesto que sea nues­tra verdadera Identidad en Él. 3Hoy le sonreiremos a todo aquel que veamos y marcharemos con paso ligero según seguimos ade­lante a llevar a cabo nuestro cometido.

5. No caminamos solos. 2damos gracias de que a nuestra sole­dad haya venido un Amigo a traernos la Palabra salvadora de Dios. 3Gracias a ti por escucharlo. 4Su Palabra es muda si no se la oye. 5Al darle las gracias a Él se te dan a ti también. 6Un mensaje que no se haya oído no puede salvar al mundo, por muy poderosa que sea la Voz que lo comunique o por muy amoroso que sea el mensaje.

6. Gracias a ti que has oído, pues así te vuelves el mensajero que lleva la Voz de Él consigo y que la deja resonar por todo el mundo. 2Acepta hoy las gracias que Dios te da, al darle tú las gracias a Él. 3Pues Él quiere ofrecerte las gracias que tú le das, puesto que acepta tus regalos llenos de amorosa gratitud y te los devuelve multiplicados miles y cientos de miles de veces más. 4Él bendecirá tus regalos compartiéndolos contigo. 5Y así, el poder y fortaleza de éstos crecerán hasta llenar el mundo de gozo y gratitud.

7. Acepta las gracias que Él te da y dale las tuyas durante quince minutos en dos ocasiones hoy. 2comprenderás a Quién le das las gracias, y a Quién le da Él las gracias según tú se las das a Él. 3Esta santa media hora que le dediques te será devuelta a razón de años por cada segundo; y debido a las gracias que le das, tendrá el poder de brindarle la salvación al mundo miles y miles de años más pronto.

8. Acepta las gracias que Él te da, y comprenderás con cuánto amor te conserva en Su Mente, cuán profundo e infinito es el cuidado que te prodiga y cuán perfecta es Su gratitud hacia ti. 2Acuérdate de pensar en Él cada hora y de darle las gracias por todo lo que Él le ha dado a Su Hijo para que éste pueda elevarse por encima del mundo, y recordar a su Padre y a su Ser.

¿Qué me enseña esta lección? 

El mayor regalo que he recibido es tener conciencia de quién soy verdaderamente. Por ello, doy gracias a Dios. 

Doy gracias por haberme permitido ver que todos y cada uno de mis hermanos conforman el rostro de Dios. Estoy aprendiendo, cada día, a mirarlos de una forma diferente. Trato de trascender la imagen de su cuerpo y, en su lugar, veo la luz de su ser espiritual, repleto de amor. En vez de ver su enemistad, su maldad, su odio, su ataque, veo su inocencia y su impecabilidad. 

Doy gracias a Dios, pues Su Espíritu es la Fuerza que me aporta la certeza de que estoy contribuyendo al Plan de Salvación y que estoy cumpliendo con mi función, la de amar y perdonar. 

Doy gracias a Dios, pues me permite poner en Sus manos todos los asuntos que me mantienen ocupado y falto de paz. 

Doy gracias a Dios, pues Él me acompaña y me guía. 

Doy gracias a Dios, porque me ha permitido ver la realidad; porque me ha permitido ver que nunca he sido expulsado del Paraíso dispuesto por Él, para que gocemos de Su Dicha y de Su Paz.


Ejemplo-Guía: "Es de bien nacidos, ser agradecidos"

Comparto un artículo que he encontrado en la red, escrito por Susana Terrones, en la web https://www.udep.edu.pe/castellanoactual. Me ha gustado, porque nos ofrece una amplia descripción de los términos gracias, agradecido y gratitud. 

La palabra gracias proviene del latín singular gratia (‘gracia’), que originariamente hacía referencia a la ‘honra y alabanza que se tributaba a otro’. En la actualidad, el DRAE (2001) la registra con el significado de ‘cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene’ y ‘don o favor que se hace sin merecimiento particular; concesión gratuita’. En este sentido, gracia adquiere otras acepciones como las de atractivo, afabilidad y buen modo en el trato con las personas: “Tiene gracia”; perdón o indulto: “Le concedieron la gracia del indulto”; habilidad y soltura: “Baila con mucha gracia”; capacidad de alguien o de algo para hacer reír: “Es una mujer con mucha gracia”; proeza, hazaña, mérito: “La gracia de esa madre fue la de salvar a su hijo”. En plural se usa como expresión de agradecimiento: “Gracias”, “Muchas gracias”, “Mil gracias”, “Un millón de gracias”.

Gracia también se entiende como el favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al hombre para ponerlo en el camino de la salvación: “Hemos de procurar estar en gracia de Dios”, y se suele usar como nombre de pila: “Gracia lee el diario solo los domingos”. Por otro lado, se emplea para formar sintagmas del tipo: “año de gracia”, “estado de gracia”, “golpe de gracia”, “tiro de gracia”, “acción de gracias”, “hacimiento de gracias”, o locuciones verbales como “hacer o tener gracia” (‘divertir, entretener, recrear’), “caer en gracia o tener gracia” (‘ser ameno, gracioso o chistoso’), o las expresiones irónicas: “¡Qué gracia!”, “¡No me hace ninguna gracia!”, para rechazar la pretensión de alguien o para manifestar fastidio o disgusto. 

Gracias, con el significado de ‘agradecer’, proviene a su vez de la frase latina gratias agere (‘dar gracias’) y guarda relación con el adjetivo latino gratus (‘agradable, agradecido’). Se dice que gratiay gratus presentan la misma raíz indoeuropea que genera en latín el préstamo literario Charites o Cárites para referirse a las Gracias de la mitología griega, que eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad: Aglaya (‘Belleza’), Eufrósine (‘Júbilo’) y Talía (‘Festividades’). 

Con el sentido de ‘dar gracias’ se han creado otras palabras como gratitud (‘sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera’), graciable (‘inclinado a hacer gracias, y afable en el trato’), gratificar (‘recompensar o galardonar con una gratificación o dar gusto, complacer’), gratificación (‘recompensa o remuneración fija que se concede por el desempeño de un servicio o cargo, la cual es compatible con un sueldo del Estado’), congratular (‘manifestar alegría y satisfacción a la persona a quien ha acaecido un suceso feliz’), etc. En ocasiones, aparece en diálogos: “–¿Cuánto te debo? –Las gracias”. 

No dejemos, pues, de tener este gesto de cortesía con los demás. Sepamos aprovechar las ocasiones para dar las gracias, ya que como dice Jaime Septién: “el agradecimiento es uno de los dones de la verdadera nobleza de corazón y funda una estética: la belleza de una comunicación que antepone al otro al interés meramente personal”. 

Un Curso de Milagros utiliza en muchas ocasiones los términos gratitud, gracias y agradecido y lo hace convirtiéndose en una guía que favorece el reencuentro con nuestra verdadera identidad. Por ejemplo: 

"Si le estás agradecido a tu hermano, le estarás agradecido a Dios por lo que El creó. Mediante tu gratitud podrás llegar a conocer a tu hermano, y un momento de verdadero reconocimiento convierte a todo el mundo en tu hermano porque cada uno de ellos es Hijo de tu Padre" (T-4.VI.7:4-5).

"Yo no necesito gratitud, pero tú necesitas desarrollar tu mer­mada capacidad de estar agradecido, o no podrás apreciar a Dios. Él no necesita que lo aprecies, pero tú sí. No se puede amar lo que no se aprecia, pues el miedo hace que sea imposible apreciar nada. Cuando tienes miedo de lo que eres no lo apre­cias, y, por lo tanto, lo rechazas. Como resultado de ello, enseñas rechazo" (T-6.I.17:1-5). 

"La única reacción apropiada hacia un hermano es apreciarlo. Debes estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las perci­bes correctamente, son capaces de traer amor a tu conciencia” (T-12.I.6:1-2).

"Y Dios se siente feliz y agradecido cuando le das las gracias a Su perfecto Hijo por razón de lo que es. Y todo Su agradecimiento y felicidad refulgen sobre ti que haces que Su alegría sea total, junto con Él. Y así, tu alegría se vuelve total. Aquellos cuya voluntad es que la felicidad del Padre sea total, y la suya junto con la de Él, no pueden ver ni un solo rayo de oscuridad. Dios Mismo ofrece Su gratitud libre­mente a todo aquel que comparte Su propósito. Su Voluntad no es estar solo. Ni la tuya tampoco" (T-25.II.9:7-13).

"Es de bien nacidos ser agradecidos". He querido utilizar este refrán popular como ejemplo para presentar el debate de la gratitud, del agradecimiento y concluir el profundo significado que encierra dicha actitud. Para mí, se trata de una manifestación de nuestra verdadera identidad espiritual, de nuestra condición amorosa.

Para entender el concepto de ser "bien nacido", hay que recordar que el concepto de honor entronca con el de familia, siendo heredable el buen concepto que de una persona se tenga.

Si esta visión, con claros argumentos procedentes del ego, la planteamos en términos espirituales, el término "bien nacido" y "agradecido" encuentra su sentido más profundo en el linaje espiritual del cual procedemos. Nuestra verdadera familia es la Filiación, la cual tiene un solo origen, la Fuente de donde hemos emanado: Dios.


Reflexión: ¿Has oído la Voz del Espíritu Santo? ¿Qué sensación te ha producido?

viernes, 2 de mayo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 122

LECCIÓN 122

El perdón me ofrece todo lo que deseo.

1. ¿Qué podrías desear que el perdón no pudiese ofrecerte? 2¿Deseas paz? 3El perdón te la ofrece. 4¿Deseas ser feliz, tener una mente serena, certeza de propósito y una sensación de belleza y de ser valioso que transciende el mundo? 5¿Deseas cuidados y seguridad, y disponer siempre del calor de una protección segura? 6¿Deseas una quietud que no pueda ser perturbada, una mansedumbre eternamente invulnerable, una profunda y perma­nente sensación de bienestar, así como un descanso tan perfecto que nada jamás pueda interrumpirlo?

2. El perdón te ofrece todo eso y más. 2El perdón pone un deste­llo de luz en tus ojos al despertar, y te infunde júbilo con el que hacer frente al día. 3Acaricia tu frente mientras duermes, y reposa sobre tus párpados para que no tengas sueños de miedo o de maldad, de malicia o de ataque. 4cuando despiertas de nuevo, te ofrece otro día de felicidad y de paz. 5El perdón te ofrece todo esto y más.

3. El perdón permite que se descorra el velo que oculta la faz de Cristo de aquellos que contemplan el mundo sin piedad. 2Te per­mite reconocer al Hijo de Dios, y borra de tu memoria todo pensa­miento muerto, de manera que el recuerdo de tu Padre pueda alzarse en el umbral de tu mente. 3¿Qué podrías desear que el perdón no pudiese darte? 4¿Qué otros regalos aparte de éstos merecen procurarse? 5¿Qué imaginado valor, efecto trivial o pro­mesa pasajera que nunca se ha de cumplir puede ofrecerte más esperanza que la que te brinda el perdón?

4. ¿Por qué habrías de buscar una respuesta distinta de la que lo contesta todo? 2He aquí la respuesta perfecta, la que se da a toda pregunta imperfecta, a las súplicas sin sentido, a tu reticencia a escuchar, a tu poco esmero y a la confianza parcial que tienes. 3¡He aquí la respuesta! 4Deja de buscar. 5No hallarás ninguna otra en su lugar.

5. El plan de Dios para tu salvación no puede cambiar ni fracasar. 2Siéntete agradecido de que siga siendo exactamente como Él lo planeó. 3Su plan se alza inmutable ante ti como una puerta abierta, llamándote desde adentro en cálida bienvenida, exhortán­dote a que entres y a que te sientas como en tu casa, donde te corresponde estar.

6. ¡He aquí la respuesta! 2¿Preferirías quedarte afuera cuando el Cielo en su totalidad te espera adentro? 3Perdona y serás perdo­nado. 4Tal como des, así recibirás. 5No hay más plan que éste para la salvación del Hijo de Dios. 6Regocijémonos hoy de que así sea, pues la respuesta que aquí se nos da es clara y explícita, y su sencillez hace que sea inmune al engaño. 7Todas las complejida­des que el mundo ha tejido de frágiles telarañas desaparecen ante el poder y majestuosidad de esta simplísima afirmación de la verdad.

7. ¡He aquí la respuesta! 2No le des la espalda para irte a vagar sin rumbo otra vez. 3Acepta ahora la salvación. 4Es el regalo que te hace Dios, no el mundo. 5El mundo no puede dar ningún regalo de valor a la mente que ha aceptado como suyo lo que Dios le ha dado. 6Dios dispone que hoy se reciba la salvación y que los enre­dos de tus sueños no sigan ocultándote su insustancialidad.

8. Abre hoy los ojos y contempla un mundo feliz, donde reinan la paz y la seguridad. 2El perdón es el medio por el que este mundo feliz viene a ocupar el lugar del infierno. 3Dicho mundo se alza en la quietud para salir al encuentro de tus ojos abiertos y llenar tu corazón de una profunda tranquilidad, según afloran en tu con­ciencia verdades ancestrales en eterno renacimiento. 4Lo que entonces recordarás jamás podrá describirse. 5Sin embargo, tu perdón te lo ofrece.

9. Teniendo presente los regalos que el perdón concede, empren­deremos nuestra práctica de hoy con la esperanza y la fe de que éste será el día en que alcanzaremos la salvación. 2Hoy la busca­remos gustosamente y con ahínco, sabiendo que tenemos la llave en nuestras manos; y aceptaremos la respuesta que el Cielo ha dado al infierno que nosotros mismos nos hemos labrado, pero en el que ya no queremos permanecer por más tiempo.

10. Dedicaremos gustosamente un cuarto de hora por la mañana y por la noche a la búsqueda que garantiza que al infierno le lle­gará su fin. 2Comienza lleno de esperanza, pues hemos llegado al punto donde el camino se vuelve mucho más fácil. 3Y ahora el trecho que todavía nos queda por recorrer es corto. 4Estamos en verdad muy cerca del momento que se ha señalado como el final de sueño.

11.   Sumérgete en una sensación de felicidad al comienzo de estas sesiones de práctica, pues en ellas hallarás la segura recompensa de preguntas que ya han sido contestadas, así como lo que tu aceptación de esas respuestas te brinda. 2Hoy se te concederá experimentar la paz que ofrece el perdón y la dicha que te propor­ciona el descorrimiento del velo.

12. Ante la luz que hoy has de recibir, el mundo se desvanecerá hasta desaparecer por completo, y verás surgir otro mundo para describir al cual no tienes palabras. 2Ahora nos encaminamos directamente hacia la luz, y recibimos los regalos que han sido salvaguardados para nosotros desde los orígenes del tiempo, los cuales han estado aguardando el día de hoy.

13. El perdón te ofrece todo lo que quieres. 2Hoy se te conceden todas las cosas que deseas. 3No pierdas de vista tus regalos a lo largo del día, cuando regreses nuevamente a enfrentarte a un mundo de constantes cambios y sombrías apariencias. 4Mantén tus regalos claramente en tu conciencia, según ves lo inmutable en medio del cambio y la luz de la verdad tras toda apariencia.

14. No caigas en la tentación de dejar que tus regalos queden sepultados en el olvido, por el contrario, mantenlos firmes en tu mente tratando de pensar en ellos por lo menos un minuto cada cuarto de hora. 2Recuerda cuán preciados son con el siguiente recordatorio, el cual tiene el poder de mantenerlos en tu concien­cia a lo largo del día:

3El perdón me ofrece todo lo que quiero.

4Hoy he aceptado que esto es verdad.
5Hoy he recibido los regalos de Dios.

¿Qué me enseña esta lección? 

El miedo es la falta de amor y la falta de amor dio origen al pecado, cuya consecuencia ha desencadenado que el hombre se sienta escindido del mundo donde reinan la Gracia, la Dicha, la Paz y la Felicidad. Ese mundo paradisíaco que Dios dispuso para la humanidad y del cual se ha creído expulsado tras su iniciativa de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. 

Nos creemos pecadores; hemos establecido en nuestro inconsciente colectivo que ya no gozamos de la Misericordia Divina, que estamos bajo la tutela de un Padre Celestial que, en justicia, nos ha condenado a sufrir para alcanzar la redención y la salvación. 

¡Cuánto pesa sobre nuestra conciencia ese “negligente” acto! 

Sí, creemos en un Dios cruel que nos ha castigado por nuestros pecados y, como lo creemos, lo vivimos. Hemos fabricado toda una ilusión que justifique que somos merecedores del castigo y nos sentimos culpables por nuestras acciones. 

Esta lección nos enseña que el perdón nos ofrecerá todo lo que creemos que hemos perdido. Nos lleva de nuevo a habitar en el mítico Paraíso Terrenal y gozar de la confianza de nuestro Creador. Ese perdón debe dirigirse en primer lugar hacia nosotros mismos y liberarnos de la culpa que nos mantiene prisioneros del error de haber pecado. Si así lo hacemos, estaremos preparados para perdonar al mundo, pues ese mundo es el reflejo de nuestras propias creencias.


Ejemplo-Guía: "Perdona y sé feliz".

No, no es un eslogan publicitario. Si lo fuese, todavía nos quedaría la esperanza de poder adquirir ese bien tan preciado que ha de conducirnos al disfrute y al gozo de la felicidad.

Pero el perdón no se puede comprar, pero sí adquirir. Y debemos interpretar el verbo adquirir como la acción de aprender, y como ya dijera en la lección anterior, la acción de recordar esa cualidad que forma parte intrínseca de nuestro verdadero Ser, el amor.

No podemos negar que esa afirmación, "perdona y sé feliz", conlleva un motivador mensaje. 

Tú, al igual que yo, eres buscador de la felicidad, y lo eres por la sencilla razón de que crees que la has perdido, aunque no es así.

Sí, somos buscadores de la felicidad. Pues bien, la lección de hoy nos revela el camino más directo para conseguir la llave que ha de permitirnos entrar en el reino de la felicidad.

¿Estamos dispuestos a perdonar? Si es así, si perdonamos, la recompensa es conseguir todo aquello que verdaderamente deseamos.

¿A quién debemos perdonar? ¿Tan solo a nuestros enemigos? En verdad, podemos hacer un esfuerzo e identificar a todas las personas a las que creemos que debemos perdonar; podemos, igualmente, identificar a todas aquellas situaciones que tengamos seleccionadas como susceptibles de ser perdonadas, pero podemos simplificar esa búsqueda, que no es más que un juego de la mente dual.

¿Cómo hacerlo? Muy sencillo, perdonando el único error que creemos haber cometido y al que hemos llamado "pecado": la separación.

En efecto, para poder perdonar, debemos estar limpios de culpas, y el acto que nos llevó a creernos separados de nuestro Creador y de Su Creación debe ser expiado, corregido y perdonado.

Desde nuestra condición egoica no sabemos cómo realizar ese acto de perdón, porque culpamos al Creador de habernos sentenciados a ganar el pan con el sudor de nuestra frente, de habernos hecho débiles y temporales. Siendo esto así, no podemos llevar la oscuridad hacia la luz, sino que debemos activar en nosotros la luz que habita en nuestro verdadero Ser. Debemos entregar al Espíritu Santo todos nuestros sentimientos de culpa y solicitar su Expiación.

Este acto debemos realizarlo desde la certeza de que lo que estamos haciendo es poner nuestra mente al servicio del Espíritu. A partir de ese momento, una vez que hemos perdonado lo esencial, el error de creernos separados, adquirimos una nueva visión, la cual se traducirá en nuevas elecciones, en nuevas decisiones, que estarán basadas en el acto mental de desaprender aquellas creencias adquiridas y, en su lugar, permitir un nuevo renacer, el surgir de la única y verdadera creencia: somos Hijos de Dios. 

La nueva visión se manifestará en todas nuestras acciones. El pensamiento de posesión, de escasez, de culpa y miedo, que antes gobernaba todos nuestros actos, da paso a un nuevo "bien-ser", que se caracterizará por la ausencia de juicios condenatorios, de ataques, de castigos, de necesidad y, sobre todo, por la presencia de perdón, de impecabilidad, de inocencia, de felicidad. 

Reflexión: ¿Existe algo más valioso que el perdón, para ti?

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (4ª parte).

II. La ofrenda de azucenas (4ª parte).

9. ¿No te gustaría que tu santo hermano te condujese hasta allí? 2Su inocencia alumbrará tú camino, ofreciéndote su luz guiadora y absoluta protección, y refulgiendo desde el santo altar en su interior donde tú depositaste las azucenas del perdón. 3Permite que sea él quien te salve de tus ilusiones, y contémplalo con la nueva visión que ve las azucenas y te brinda felicidad. 4Iremos más allá del velo del temor, alumbrándonos mutuamente el camino. 5La santidad que nos guía se encuentra dentro de noso­tros, al igual que nuestro hogar. 6De este modo hallaremos lo que Aquel que nos guía dispuso que hallásemos.

No podemos encontrar la salvación si no lo hacemos de la mano de nuestros hermanos. Esto es fácil de entender, porque no podemos creer que la salvación es un logro individual. La salvación significa que debemos corregir la creencia errónea en la separación y sustituirla por la creencia verdadera en que formamos parte de la Filiación, la cual es el fruto de la obra creadora de Dios.

Si Dios nos hubiese hecho diferentes, estaría reconociendo que tal diferencia existe en su realidad, con lo cual un mundo separado gozaría de la realidad y sería verdadero. Pero el amor no es posible en la desigualdad. El amor es unidad. Por lo tanto, si Dios es Amor y nos ha creado de Sí Mismo, su Hijo es igualmente amor, esto es, sin diferencias.

La salvación es el símbolo de la Filiación. Salvarse es amar.

10. Este es el camino que conduce al Cielo y a la paz de la Pascua, donde nos unimos en gozosa conciencia de que el Hijo de Dios se ha liberado del pasado y ha despertado al presente. 2Ahora es libre, y su comunión con todo lo que se encuentra dentro de él es ilimitada. 3Ahora las azucenas de su inocencia no se ven manci­lladas por la culpabilidad, pues están perfectamente resguarda­das del frío estremecimiento del miedo, así como de la perniciosa influencia del pecado. 4Tu regalo lo ha salvado de las espinas y de los clavos, y su vigoroso brazo está ahora libre para condu­cirte a salvo a través de ellos hasta el otro lado. 5Camina con él ahora lleno de regocijo, pues el que te salva de las ilusiones ha venido a tu encuentro para llevarte consigo a casa.

Es tiempo de Pascua, es tiempo de paz. Ahora comprendemos mucho mejor el significado espiritual de una celebración que va más allá del culto a cuestiones profanas, es decir, del culto a cuestiones de fe donde el cuerpo se erige como el centro de nuestro universo personal.

Yo me he encontrado formando parte de ese culto. Me he vestido con los ropajes del penitente y he acompañado a la figura del crucificado por el recorrido que hace desde su iglesia por las calles principales del pueblo. Ese cristo crucificado se encontraba en mi interior y sentía la llamada a su liberación. En verdad, lo que estaba haciendo con esos gestos ritualísticos, sin saberlo, era buscar mi liberación de aquel pasaje en el que mi ser se encontraba identificado con la muerte, con la crucifixión del cuerpo. Buscaba a voces alcanzar esa última jornada en la que el cuerpo maltrecho de Jesús resucitase de entre los muertos y se nos manifestase su esencia verdadera, la espiritual.

Hoy lo veo todo de otra manera. Hoy la paz de la Pascua forma parte de mi mente y esa visión me lleva a ofrecer a mis hermanos la ofrenda de azucenas que nos permitirá fundirnos en un eterno abrazo de amor.

11. He aquí tu salvador y amigo, a quien tu visión ha liberado de la crucifixión, libre ahora para conducirte allí donde él anhela estar. 2Él no te abandonará, ni dejará a su salvador a merced del dolor. 3gustosamente caminaréis juntos por la senda de la ino­cencia, cantando según contempláis las puertas del Cielo abiertas de par en par y reconocéis el hogar que os llamó. 4Concédele a tu hermano libertad y fortaleza para que pueda llegar hasta allí. 5ven ante su santo altar, donde la fortaleza y la libertad te aguar­dan para que ofrezcas y recibas la radiante conciencia que te con­duce a tu hogar. 6La lámpara está encendida en ti para que le des luz a tu hermano. 7Y las mismas manos que se la dieron a tu hermano, te conducirán más allá del miedo al amor. 

Hemos hecho el camino que nos ha conducido a las puertas de la salvación. Ahora sabemos que no podemos alcanzar nuestro destino si decidimos recorrer ese trayecto en solitario. Es más, conocemos que debemos emprenderlo tan solo cuando estemos preparados para ofrecerle a nuestros hermanos nuestra ofrenda de azucena, esto es, nuestro perdón.

Hemos reconocido la luz que se encuentra en nuestro interior y ello nos ha permitido reconocer igualmente la luz que se encuentra en el interior de aquel al que hemos considerado nuestro enemigo. ¡Cuán equivocados estábamos! Sí, reconocemos nuestro error y ello nos causa alegría, pues ahora podemos corregir la ilusión por la verdad.

Desde mi inocencia, veo tu inocencia, hermano, y te bendigo en nombre de la Filiación a la cual pertenecemos.   

jueves, 1 de mayo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 121

LECCIÓN 121

El perdón es la llave de la felicidad.

1. He aquí la respuesta a tu búsqueda de paz. 2He aquí lo que le dará significado a un mundo que no parece tener sentido. 3He aquí la senda que conduce a la seguridad en medio de aparentes peligros que parecen acecharte en cada recodo del camino y soca­var todas tus esperanzas de poder hallar alguna vez paz y tran­quilidad. 4Con esta idea todas tus preguntas quedan contestadas; con esta idea queda asegurado de una vez por todas el fin de la incertidumbre.

2. La mente que no perdona vive atemorizada, y no le da margen al amor para ser lo que es ni para que pueda desplegar sus alas en paz y remontarse por encima de la confusión del mundo. 2La mente que no perdona está triste, sin esperanzas de poder hallar alivio o liberarse del dolor. 3Sufre y mora en la aflicción, mero­deando en las tinieblas sin poder ver nada, convencida, no obs­tante, de que el peligro la acecha allí.

3. La mente que no perdona vive atormentada por la duda, con­fundida con respecto a sí misma, así como con respecto a todo lo que ve, atemorizada y airada. aLa mente que no perdona es débil y presumida, tan temerosa de seguir adelante como de quedarse donde está, de despertar como de irse a dormir. aTiene miedo tam­bién de cada sonido que oye, pero todavía más del silencio; la oscuridad la aterra, mas la proximidad de la luz la aterra todavía más. 2¿Qué puede percibir la mente que no perdona sino su pro­pia condenación? 3¿Qué puede contemplar sino la prueba de que todos sus pecados son reales?

4. La mente que no perdona no ve errores, sino pecados. 2Con­templa el mundo con ojos invidentes y da alaridos al ver sus pro­pias proyecciones alzarse para arremeter contra la miserable parodia que es su vida. 3Desea vivir, sin embargo, anhela estar muerta. 4Desea el perdón, sin embargo, ha perdido toda espe­ranza. 5Desea escapar, sin embargo, no puede ni siquiera conce­birlo, pues ve pecado por doquier.

5. La mente que no perdona vive desesperada, sin la menor espe­ranza de que el futuro pueda ofrecerle nada que no sea desespe­ración. 2Ve sus juicios con respecto al mundo, no obstante, como algo irreversible, sin darse cuenta de que se ha condenado a sí misma a esta desesperación. 3No cree que pueda cambiar, pues lo que ve da testimonio de que sus juicios son acertados. 4No pre­gunta, pues cree saber. 5No cuestiona, convencida de que tiene razón.

6. El perdón es algo que se adquiere. 2No es algo inherente a la mente, la cual no puede pecar. 3Del mismo modo en que el pecado es una idea que te enseñaste a ti mismo, así el perdón es algo que tiene que aprender, no de ti mismo, sino del Maestro que repre­senta tu otro Ser. 4A través de Él aprendes a perdonar al ser que crees haber hecho, y dejas que desaparezca. 5Así es como le devuelves tu mente en su totalidad a Aquel que es tu Ser y que jamás puede pecar.

7. Cada mente que no perdona te brinda una oportunidad más de enseñarle a la tuya cómo perdonarse a sí misma. 2Cada una de ellas está esperando a liberarse del infierno a través de ti, y se dirige a ti implorando el Cielo aquí y ahora. 3No tiene esperan­zas, pero tú te conviertes en su esperanza. 4Y al convertirte en su esperanza, te vuelves la tuya propia. 5La mente que no perdona tiene que aprender, mediante tu perdón, que se ha salvado del infierno. 6Y a medida que enseñes salvación, aprenderás lo que es. 7Sin embargo, todo cuanto enseñes y todo cuanto aprendas no procederá de ti, sino del Maestro que se te dio para que te mos­trase el camino.

8. Nuestra práctica de hoy consiste en aprender a perdonar. 2Si estás dispuesto, hoy puedes aprender a aceptar la llave de la feli­cidad y a usarla en beneficio propio. 3Dedicaremos diez minutos por la mañana y otros diez por la noche a aprender cómo otorgar perdón y también cómo recibirlo.

9. La mente que no perdona no cree que dar y recibir sean lo mismo. 2Hoy trataremos, no obstante, de aprender que son uno y lo mismo practicando el perdón con alguien a quien consideras un enemigo, así como con alguien a quien consideras un amigo. 3Y a medida que aprendas a verlos a ambos como uno solo, extenderemos la lección hasta ti y veremos que su escape supone el tuyo.

10. Comienza las sesiones de práctica más largas pensando en alguien que no te cae bien, alguien que parece irritarte y con quien lamentarías haberte encontrado; alguien a quien detestas vehementemente o que simplemente tratas de ignorar. 2La forma en que tu hostilidad se manifiesta es irrelevante. 3Probablemente ya sabes de quién se trata. 4Ese mismo vale.

11. Cierra ahora los ojos y, visualizándolo en tu mente, contém­plalo por un rato. 2Trata de percibir algún atisbo de luz en alguna parte de él, algún pequeño destello que nunca antes habías notado. 3Trata de encontrar alguna chispa de luminosidad bri­llando a través de la desagradable imagen que de él has formado. 4Continúa contemplando esa imagen hasta que veas luz en alguna parte de ella, y trata entonces de que esa luz se expanda hasta envolver a dicha persona y transforme esa imagen en algo bueno y hermoso.

12. Contempla esta nueva percepción por un rato, y luego trae a la mente la imagen de alguien a quien consideras un amigo. 2Trata de transferirle a éste la luz que aprendiste a ver en torno de quien antes fuera tu "enemigo". 3Percíbelo ahora como algo más que un amigo, pues en esa luz su santidad te muestra a tu salvador, sal­vado y salvando, sano e íntegro.

13. Permite entonces que él te ofrezca la luz que ves en él, y deja que tu "enemigo" y tu amigo se unan para bendecirte con lo que tú les diste. 2Ahora eres uno con ellos, tal como ellos son uno contigo. 3Ahora te has perdonado a ti mismo. 4No te olvides a lo largo del día del papel que juega la salvación en brindar felicidad a todas las mentes que no perdonan, incluyendo la tuya. 5Cada vez que el reloj dé la hora, di para tus adentros:

6El perdón es la llave de la felicidad.
7Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección nos invita a reconocer una verdad que suele pasar desapercibida: el cuerpo no es la causa del dolor, sino su escenario. El dolor físico no surge de manera independiente, ni es un castigo ni un accidente. Es el reflejo de un conflicto previo en la mente. Allí donde la mente se divide, el cuerpo lo representa.

Muchos aún no relacionan el dolor emocional con el dolor corporal, porque el sistema de pensamiento del ego se empeña en fragmentar la experiencia. Para el ego, el cuerpo y la mente son entidades separadas, y por ello intenta convencernos de que el sufrimiento físico tiene causas exclusivamente materiales. Sin embargo, el Curso nos recuerda que la mente es siempre la causa y el cuerpo el efecto.

El dolor mental suele adoptar formas conocidas: resentimiento, odio, culpa, miedo, deseo de venganza. Cuando creemos haber sido atacados, justificamos nuestra ira. Cuando creemos haber sido heridos, legitimamos nuestro rencor. El ego no solo normaliza estas reacciones, sino que las defiende como necesarias para la supervivencia. Pero esta defensa tiene un precio: la pérdida de la paz.

Si sembramos resentimiento, ¿qué podemos esperar sino experimentar sus efectos?
Si albergamos odio, ¿cómo podría la mente permanecer en quietud?

La ley de causa y efecto es inapelable: la mente que elige atacar se experimenta a sí misma como atacada. El dolor corporal no es más que una forma de hacer visible ese conflicto interno.

No obstante, esta lección nos ofrece una alternativa radical: ver de otra manera.

Podemos elegir no interpretar las acciones del otro como un ataque personal. Podemos abandonar la idea de que estamos separados, de que hay “otros” que nos dañan, y reconocer que todo encuentro es una oportunidad para sanar nuestra percepción. Cuando vemos a nuestros hermanos únicamente como cuerpos que actúan desde el miedo, reforzamos la ilusión y perpetuamos el conflicto. Pero cuando elegimos mirar más allá del comportamiento y reconocemos al Ser de Luz que habita en ellos, algo se corrige en nuestra mente.

Perdonar no es justificar el error, ni negar lo que percibimos en el mundo de las formas. Perdonar es negar la realidad del error. Es reconocer que lo que parece un ataque es, en verdad, una petición de amor. Y cuando respondemos al miedo con amor, el ciclo del dolor se interrumpe.

El perdón es, por tanto, un acto de liberación. No libera al otro de su culpa, porque la culpa no es real. Nos libera a nosotros del peso de sostenerla. Al perdonar, dejamos de identificarnos con el cuerpo herido y recordamos nuestra verdadera identidad espiritual.

Desde esa visión, el cuerpo ya no necesita expresar el conflicto que la mente ha soltado. Y allí donde el resentimiento se disuelve, la paz ocupa su lugar. Esa paz no es una emoción pasajera, sino el estado natural del Ser cuando deja de atacarse a sí mismo.

Esta lección nos enseña, en esencia, que la felicidad no se alcanza corrigiendo el mundo, sino corrigiendo la percepción. Al elegir perdonar, elegimos sanar. Al reconocer la luz en nuestros hermanos, la reconocemos en nosotros mismos. Y al recordar quiénes somos, el dolor pierde su función y desaparece.

Perdonar es recordar. Recordar es sanar. Sanar es regresar a la paz.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

El sentido profundo de esta lección es la recuperación de la felicidad perdida por juicio.

El ego sostiene la creencia de que perdonar es renunciar, perdonar es justificar el daño, y perdonar es debilidad.

El Curso afirma lo contrario: Perdonar es elegir la felicidad en lugar del resentimiento.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

El propósito de la Lección 121 es:

  • mostrar que la felicidad no depende del mundo,
  • revelar el costo oculto de no perdonar,
  • deshacer la asociación entre perdón y pérdida,
  • devolver a la mente el poder de elegir paz,
  • establecer el perdón como medio práctico de sanación.

Aquí el Curso deja de hablar en abstracto: la felicidad tiene una llave concreta.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce:

• Claridad causal: El malestar deja de atribuirse a otros.

• Recuperación de la agencia interna: La felicidad vuelve a estar bajo tu elección.

• Disolución del resentimiento crónico: El juicio pierde justificación.

• Alivio emocional profundo: La mente deja de cargar historias.

Clave psicológica: La mente sufre mientras justifica su resentimiento.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

  • El perdón deshace la ilusión de separación.
  • Juzgar es negar la unidad.
  • La felicidad es un atributo del Amor.
  • El perdón es la expresión práctica del Amor.
  • Dios no retiene felicidad: la mente sí.

Perdonar es alinearse con la visión de Dios.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Períodos largos:

  • Repite lentamente: “El perdón es la llave de la felicidad.”
  • Observa resistencias sin analizarlas.
  • Permite que la idea actúe sola.

Durante el día, usa la idea cuando surja:

  • juicio,
  • irritación,
  • resentimiento,
  • sensación de injusticia,
  • pensamientos de “esto no debería haber pasado”.

Cada repetición reabre la puerta a la paz.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

 No confundir perdón con negación del dolor.
 No forzar el perdón emocional.
 No usar el perdón como superioridad moral.

 Usarlo como elección interna.
 Permitir procesos graduales.
 Recordar que el perdón es para ti.
 Elegir felicidad una y otra vez.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

Después de recordar la identidad, aceptar la función, y descansar en Dios, el Curso introduce ahora la aplicación decisiva: ¿Qué eliges sostener en la mente?

La Lección 121 inaugura una nueva fase: el perdón como elección consciente de felicidad.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 121 enseña una verdad simple y contundente: No es el mundo lo que te priva de felicidad, sino el juicio que eliges conservar.

Cuando perdonas, no cambias el pasado, pero liberas el presente.

La felicidad no está lejos, está detrás del juicio que sueltas.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando suelto el juicio, la felicidad aparece sin ser buscada.”


Ejemplo-Guía: "Perdonando a nuestros enemigos, perdonando a nuestra propia oscuridad"

Esta lección nos conduce directamente al núcleo del aprendizaje del Curso: el perdón como camino de regreso al Amor. No se trata de un gesto moral, ni de una concesión hacia el otro, sino de una corrección interna de la percepción. El perdón no se fabrica; se recuerda, porque el Amor es lo que somos.

El ejercicio propuesto en la lección es sencillo en su forma, pero profundo en su alcance. Se nos invita a identificar a aquella persona a la que hemos colocado en la categoría de “enemigo” y a buscar en ella cualquier destello de luz que nos permita verla más allá del ataque que creemos haber recibido.

Si al intentarlo encontramos resistencia, esa dificultad no procede del otro, sino de la manera en que estamos mirando. Mientras veamos al otro como separado de nosotros, la luz será invisible. La separación es oscuridad, y desde la oscuridad no se puede reconocer la luz.

Por ello, el primer paso no consiste en forzar una visión amorosa, sino en cambiar el marco desde el que miramos. En lugar de ver al otro como alguien ajeno, elegimos reconocerlo como un reflejo. Al mirarlo, nos miramos. Al juzgarlo, nos juzgamos. Al condenarlo, nos condenamos.

Cuando aceptamos que el otro actúa como un espejo, la experiencia se transforma. Aquello que antes parecía un ataque se revela como una oportunidad de autoconocimiento. El “enemigo” deja de ocupar ese lugar y se convierte en un maestro silencioso que nos muestra aquello que aún no hemos perdonado en nosotros mismos.

Si percibo en el otro envidia, agresividad, arrogancia o miedo, la pregunta ya no es qué le ocurre a él, sino dónde vive eso en mí. Esta indagación no es acusatoria, sino liberadora. No busca culpa, sino comprensión. No busca castigo, sino sanación.

El Curso nos guía aún más lejos cuando nos invita a tomar la imagen de un amigo y envolverla en la misma luz que hemos reconocido en aquel a quien llamábamos enemigo. Con ello nos enseña que las categorías de amigo y enemigo carecen de significado real. Ambas son construcciones del ego. Lo único que estamos viendo, en todos los casos, es nuestra propia proyección.

No es la forma lo que importa, sino el contenido. Y el contenido siempre es el mismo: una mente que pide amor o una mente que lo recuerda.

Este ejercicio nos recuerda una verdad fundamental: no podemos dar lo que no hemos aceptado primero en nosotros. Si deseamos envolver a otros en luz, es porque esa luz ya está en nuestra mente. Al extenderla, no la perdemos; la fortalecemos. Dar y recibir son un mismo acto.

Este proceso es profundamente transformador. Es una auténtica alquimia interior. Los viejos miedos, los resentimientos y las defensas —los “metales pesados” del ego— se entregan a la luz del perdón y se transforman en oro: conciencia, paz y claridad.

Perdonar al enemigo es, en realidad, perdonar la oscuridad que creímos real en nosotros. Y cuando esa oscuridad se desvanece, lo único que queda es lo que siempre ha estado ahí: el Amor que compartimos como una sola Filiación.


Reflexión: Me miro en el espejo de mi enemigo. ¿Qué percibo?

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (3ª parte).

 II. La ofrenda de azucenas (3ª parte).

6. Durante estas Pascuas contempla a tu hermano con otros ojos. 2Tú me has perdonado ya. 3Sin embargo, no puedo hacer uso de tu regalo de azucenas, mientras tú no las veas. 4Ni tú puedes hacer uso de lo que yo te he dado mientras no lo compartas. 5La visión del Espíritu Santo no es un regalo nimio ni algo con lo que se juega, por un rato para luego dejarse de lado. 6Presta gran atención a esto, y no creas que es sólo un sueño, una idea pueril con la que entretenerte por un rato, o un juguete con el que juegas de vez en cuando y del que luego te olvidas. 7Pues si eso es lo que crees, eso es lo que será para ti.

Jesús, en este punto, nos advierte que nuestras elecciones no deben hacerse a la ligera, no deben ser fruto de una decisión pasajera, no deben ser interpretadas como un logro temporal. Ese modo de tratar nuestras creencias es fruto del sistema de pensamiento del ego donde rigen las leyes de la temporalidad y del cambio. Con ello lo que nos está diciendo Jesús es que la verdad es real porque no cambia, ya que es eterna. Y esa visión sagrada de la realidad, de la verdad, es la que debe prevalecer en nuestras elecciones.

Si elegimos poner a nuestra mente al servicio del amor, ese amor debe formar parte de todos y cada uno de nuestros pensamientos. Tan solo así podemos ser aquello que forma parte de nuestras creencias, existiendo una plena coherencia entre lo que creemos ser y lo que realmente somos.

Termina este punto, Jesús, recordándonos algo que siempre debemos tener presente: vemos el mundo en el que creemos.

7. Gozas ya de la visión que te permite ver más allá de las ilusio­nes. 2Se te ha concedido para que no veas espinas, ni extraños, ni ningún obstáculo a la paz. 3El temor a Dios ya no significa nada para ti. 4¿Quién temería enfrentarse a las ilusiones, sabiendo que su salvador está a su lado? 5Con él a tú lado tú visión se ha con­vertido en el poder más grande que Dios Mismo puede conceder para desvanecer las ilusiones, 6pues lo que Dios le dio al Espíritu Santo, tú lo has recibido. 7El Hijo de Dios cuenta contigo para su liberación. 8Pues tú has pedido -y se te ha concedido- la fortaleza para poder enfrentarte a este último obstáculo, y no ver cla­vos ni espinas que crucifiquen al Hijo de Dios y lo coronen como rey de la muerte.

Ahora debes estar dando saltos de alegría. Al leer el contenido de este punto, en el que Jesús nos narra con suma exquisitez nuestro actual estado de consciencia, no podemos menos que sentirnos orgullosos por haber elegido al maestro adecuado, el que nos ha ayudado a cambiar y corregir nuestras creencias erróneas, el que nos ha respondido cuando lo hemos llamado, el que nos ha ofrecido la visión verdadera y ha sustituido la percepción falsa. 

Hemos conseguido reconocer que somos el soñador de nuestros sueños, lo que nos lleva a elegir nuevos sueños donde el amor sustituye al miedo y donde las pesadillas desaparecen por completo, permitiéndonos gozar de un nuevo escenario donde reinará la paz y la felicidad compartida con nuestros hermanos.

No permitamos que las sombras oscurezcan ese instante santo en el que nos fundimos con la visión crística. Conocemos cómo abrirnos paso entre esas densas nubes y traspasarlas hasta alcanzar la luz, hasta reconocer nuestra esencia. Ya sabemos lo que somos.

8El hogar que has elegido está al otro lado, más allá del velo. 2Ha sido cuidadosamente preparado para ti y ahora está listo para recibirte. 3No lo verás con los ojos del cuerpo. 4Sin embargo, ya dispones de todo cuanto puedas necesitar. 5Tu hogar te ha estado llamando desde los orígenes del tiempo y nunca has sido com­pletamente sordo a su llamada. 6Oías, pero no sabías cómo mirar, ni hacia dónde. 7Pero ahora sabes. 8El conocimiento se encuentra en ti, presto a ser revelado y liberado de todo el terror que lo mantenía oculto. 9En el amor no hay cabida para el miedo. 10El himno de la Pascua es el grato estribillo que dice que al Hijo de Dios nunca se le crucificó. 11Alcemos juntos la mirada, no con miedo, sino con fe. 12no tendremos miedo, pues no veremos ninguna ilusión, sino una senda que conduce a las puertas del Cielo, el hogar que compartimos en un estado de quietud y donde moramos dulcemente y en paz como uno solo.

Sí, ya nos encontramos ante las puertas del Cielo, pues nuestra mente sirve a la unicidad, sirve al amor, sirve a la verdad y sirve a la realidad. 

Ahora que hemos llegado a nuestro destino, tal vez pienses que no ha resultado tan difícil conseguir alcanzar nuestra meta. Pero ese pensamiento actual también reconoce que en verdad lo único que nos separaba de ese logro era el obstáculo de creernos diferente a nuestro Creador.

Todo adquiere una nueva dimensión para nuestra consciencia. Ahora no está limitada por los ropajes temporales de la corporalidad. Ahora es totalmente libre, pues se encuentra formando parte de lo eterno, del amor, de la esencia espiritual con la que hemos sido creados y a través de la cual expresamos nuestra capacidad creadora.

Ahora sí sabemos lo que somos. Somos el Hijo de Dios y formamos parte de la Filiación, compartiendo con nuestros hermanos esa condición.