viernes, 2 de mayo de 2025

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (4ª parte).

II. La ofrenda de azucenas (4ª parte).

9. ¿No te gustaría que tu santo hermano te condujese hasta allí? 2Su inocencia alumbrará tú camino, ofreciéndote su luz guiadora y absoluta protección, y refulgiendo desde el santo altar en su interior donde tú depositaste las azucenas del perdón. 3Permite que sea él quien te salve de tus ilusiones, y contémplalo con la nueva visión que ve las azucenas y te brinda felicidad. 4Iremos más allá del velo del temor, alumbrándonos mutuamente el camino. 5La santidad que nos guía se encuentra dentro de noso­tros, al igual que nuestro hogar. 6De este modo hallaremos lo que Aquel que nos guía dispuso que hallásemos.

No podemos encontrar la salvación si no lo hacemos de la mano de nuestros hermanos. Esto es fácil de entender, porque no podemos creer que la salvación es un logro individual. La salvación significa que debemos corregir la creencia errónea en la separación y sustituirla por la creencia verdadera en que formamos parte de la Filiación, la cual es el fruto de la obra creadora de Dios.

Si Dios nos hubiese hecho diferentes, estaría reconociendo que tal diferencia existe en su realidad, con lo cual un mundo separado gozaría de la realidad y sería verdadero. Pero el amor no es posible en la desigualdad. El amor es unidad. Por lo tanto, si Dios es Amor y nos ha creado de Sí Mismo, su Hijo es igualmente amor, esto es, sin diferencias.

La salvación es el símbolo de la Filiación. Salvarse es amar.

10. Este es el camino que conduce al Cielo y a la paz de la Pascua, donde nos unimos en gozosa conciencia de que el Hijo de Dios se ha liberado del pasado y ha despertado al presente. 2Ahora es libre, y su comunión con todo lo que se encuentra dentro de él es ilimitada. 3Ahora las azucenas de su inocencia no se ven manci­lladas por la culpabilidad, pues están perfectamente resguarda­das del frío estremecimiento del miedo, así como de la perniciosa influencia del pecado. 4Tu regalo lo ha salvado de las espinas y de los clavos, y su vigoroso brazo está ahora libre para condu­cirte a salvo a través de ellos hasta el otro lado. 5Camina con él ahora lleno de regocijo, pues el que te salva de las ilusiones ha venido a tu encuentro para llevarte consigo a casa.

Es tiempo de Pascua, es tiempo de paz. Ahora comprendemos mucho mejor el significado espiritual de una celebración que va más allá del culto a cuestiones profanas, es decir, del culto a cuestiones de fe donde el cuerpo se erige como el centro de nuestro universo personal.

Yo me he encontrado formando parte de ese culto. Me he vestido con los ropajes del penitente y he acompañado a la figura del crucificado por el recorrido que hace desde su iglesia por las calles principales del pueblo. Ese cristo crucificado se encontraba en mi interior y sentía la llamada a su liberación. En verdad, lo que estaba haciendo con esos gestos ritualísticos, sin saberlo, era buscar mi liberación de aquel pasaje en el que mi ser se encontraba identificado con la muerte, con la crucifixión del cuerpo. Buscaba a voces alcanzar esa última jornada en la que el cuerpo maltrecho de Jesús resucitase de entre los muertos y se nos manifestase su esencia verdadera, la espiritual.

Hoy lo veo todo de otra manera. Hoy la paz de la Pascua forma parte de mi mente y esa visión me lleva a ofrecer a mis hermanos la ofrenda de azucenas que nos permitirá fundirnos en un eterno abrazo de amor.

11. He aquí tu salvador y amigo, a quien tu visión ha liberado de la crucifixión, libre ahora para conducirte allí donde él anhela estar. 2Él no te abandonará, ni dejará a su salvador a merced del dolor. 3gustosamente caminaréis juntos por la senda de la ino­cencia, cantando según contempláis las puertas del Cielo abiertas de par en par y reconocéis el hogar que os llamó. 4Concédele a tu hermano libertad y fortaleza para que pueda llegar hasta allí. 5ven ante su santo altar, donde la fortaleza y la libertad te aguar­dan para que ofrezcas y recibas la radiante conciencia que te con­duce a tu hogar. 6La lámpara está encendida en ti para que le des luz a tu hermano. 7Y las mismas manos que se la dieron a tu hermano, te conducirán más allá del miedo al amor. 

Hemos hecho el camino que nos ha conducido a las puertas de la salvación. Ahora sabemos que no podemos alcanzar nuestro destino si decidimos recorrer ese trayecto en solitario. Es más, conocemos que debemos emprenderlo tan solo cuando estemos preparados para ofrecerle a nuestros hermanos nuestra ofrenda de azucena, esto es, nuestro perdón.

Hemos reconocido la luz que se encuentra en nuestro interior y ello nos ha permitido reconocer igualmente la luz que se encuentra en el interior de aquel al que hemos considerado nuestro enemigo. ¡Cuán equivocados estábamos! Sí, reconocemos nuestro error y ello nos causa alegría, pues ahora podemos corregir la ilusión por la verdad.

Desde mi inocencia, veo tu inocencia, hermano, y te bendigo en nombre de la Filiación a la cual pertenecemos.   

jueves, 1 de mayo de 2025

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (3ª parte).

 II. La ofrenda de azucenas (3ª parte).

6. Durante estas Pascuas contempla a tu hermano con otros ojos. 2Tú me has perdonado ya. 3Sin embargo, no puedo hacer uso de tu regalo de azucenas, mientras tú no las veas. 4Ni tú puedes hacer uso de lo que yo te he dado mientras no lo compartas. 5La visión del Espíritu Santo no es un regalo nimio ni algo con lo que se juega, por un rato para luego dejarse de lado. 6Presta gran atención a esto, y no creas que es sólo un sueño, una idea pueril con la que entretenerte por un rato, o un juguete con el que juegas de vez en cuando y del que luego te olvidas. 7Pues si eso es lo que crees, eso es lo que será para ti.

Jesús, en este punto, nos advierte que nuestras elecciones no deben hacerse a la ligera, no deben ser fruto de una decisión pasajera, no deben ser interpretadas como un logro temporal. Ese modo de tratar nuestras creencias es fruto del sistema de pensamiento del ego donde rigen las leyes de la temporalidad y del cambio. Con ello lo que nos está diciendo Jesús es que la verdad es real porque no cambia, ya que es eterna. Y esa visión sagrada de la realidad, de la verdad, es la que debe prevalecer en nuestras elecciones.

Si elegimos poner a nuestra mente al servicio del amor, ese amor debe formar parte de todos y cada uno de nuestros pensamientos. Tan solo así podemos ser aquello que forma parte de nuestras creencias, existiendo una plena coherencia entre lo que creemos ser y lo que realmente somos.

Termina este punto, Jesús, recordándonos algo que siempre debemos tener presente: vemos el mundo en el que creemos.

7. Gozas ya de la visión que te permite ver más allá de las ilusio­nes. 2Se te ha concedido para que no veas espinas, ni extraños, ni ningún obstáculo a la paz. 3El temor a Dios ya no significa nada para ti. 4¿Quién temería enfrentarse a las ilusiones, sabiendo que su salvador está a su lado? 5Con él a tú lado tú visión se ha con­vertido en el poder más grande que Dios Mismo puede conceder para desvanecer las ilusiones, 6pues lo que Dios le dio al Espíritu Santo, tú lo has recibido. 7El Hijo de Dios cuenta contigo para su liberación. 8Pues tú has pedido -y se te ha concedido- la fortaleza para poder enfrentarte a este último obstáculo, y no ver cla­vos ni espinas que crucifiquen al Hijo de Dios y lo coronen como rey de la muerte.

Ahora debes estar dando saltos de alegría. Al leer el contenido de este punto, en el que Jesús nos narra con suma exquisitez nuestro actual estado de consciencia, no podemos menos que sentirnos orgullosos por haber elegido al maestro adecuado, el que nos ha ayudado a cambiar y corregir nuestras creencias erróneas, el que nos ha respondido cuando lo hemos llamado, el que nos ha ofrecido la visión verdadera y ha sustituido la percepción falsa. 

Hemos conseguido reconocer que somos el soñador de nuestros sueños, lo que nos lleva a elegir nuevos sueños donde el amor sustituye al miedo y donde las pesadillas desaparecen por completo, permitiéndonos gozar de un nuevo escenario donde reinará la paz y la felicidad compartida con nuestros hermanos.

No permitamos que las sombras oscurezcan ese instante santo en el que nos fundimos con la visión crística. Conocemos cómo abrirnos paso entre esas densas nubes y traspasarlas hasta alcanzar la luz, hasta reconocer nuestra esencia. Ya sabemos lo que somos.

8El hogar que has elegido está al otro lado, más allá del velo. 2Ha sido cuidadosamente preparado para ti y ahora está listo para recibirte. 3No lo verás con los ojos del cuerpo. 4Sin embargo, ya dispones de todo cuanto puedas necesitar. 5Tu hogar te ha estado llamando desde los orígenes del tiempo y nunca has sido com­pletamente sordo a su llamada. 6Oías, pero no sabías cómo mirar, ni hacia dónde. 7Pero ahora sabes. 8El conocimiento se encuentra en ti, presto a ser revelado y liberado de todo el terror que lo mantenía oculto. 9En el amor no hay cabida para el miedo. 10El himno de la Pascua es el grato estribillo que dice que al Hijo de Dios nunca se le crucificó. 11Alcemos juntos la mirada, no con miedo, sino con fe. 12no tendremos miedo, pues no veremos ninguna ilusión, sino una senda que conduce a las puertas del Cielo, el hogar que compartimos en un estado de quietud y donde moramos dulcemente y en paz como uno solo.

Sí, ya nos encontramos ante las puertas del Cielo, pues nuestra mente sirve a la unicidad, sirve al amor, sirve a la verdad y sirve a la realidad. 

Ahora que hemos llegado a nuestro destino, tal vez pienses que no ha resultado tan difícil conseguir alcanzar nuestra meta. Pero ese pensamiento actual también reconoce que en verdad lo único que nos separaba de ese logro era el obstáculo de creernos diferente a nuestro Creador.

Todo adquiere una nueva dimensión para nuestra consciencia. Ahora no está limitada por los ropajes temporales de la corporalidad. Ahora es totalmente libre, pues se encuentra formando parte de lo eterno, del amor, de la esencia espiritual con la que hemos sido creados y a través de la cual expresamos nuestra capacidad creadora.

Ahora sí sabemos lo que somos. Somos el Hijo de Dios y formamos parte de la Filiación, compartiendo con nuestros hermanos esa condición.

miércoles, 30 de abril de 2025

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (2ª parte).

II. La ofrenda de azucenas (2ª parte).

3. Cada regalo es una evaluación tanto del que recibe como del que da. 2No hay nadie que no considere como un altar a sí mismo aquello que ha elegido como su hogar. 3Y no hay nadie que no desee atraer a los devotos de lo que ha depositado allí, haciendo que sea digno de la devoción de éstos.  4Y todo el mundo ha puesto una luz sobre su altar para que otros puedan ver lo que ha depositado en él y lo hagan suyo. 5Este es el valor que le conce­diste a tu hermano y que te concediste a ti mismo. 6Éste es el regalo que le haces a él y que te haces a ti mismo: el veredicto acerca del Hijo de Dios por lo que él es. 7No te olvides de que es a tu salvador a quien le ofreces el regalo. 8Ofrécele espinas y te crucificas a ti mismo. 9Ofrécele azucenas y es a ti mismo a quien liberas.

Elegir conscientemente a la mente como el lugar sagrado de donde emanan nuestras creencias nos sitúa en el plano de la verdad. La única verdad procede del amor, la esencia con la que Dios nos ha creado a Su imagen y semejanza. Ser Hijo de Dios es ser Hijo del Amor. La mente crea vida cuando sirve al amor. Cuando la mente expande amor, está reconociendo que forma parte de la Unidad de la Filiación. De la causa del amor crecen frutos de paz y felicidad. Todo altar erigido al culto del amor está adornado por azucenas y la luz que se desprende de él se convierte en un faro para todo aquel que busca alcanzar el puerto de la salvación.

4. Tengo gran necesidad de azucenas, pues el Hijo de Dios no me ha perdonado. 2¿Y puedo ofrecerle perdón cuando él me ofrece espinas? 3Pues aquel que le ofrece espinas a alguien está todavía contra mí, mas ¿quién podría ser íntegro sin él? 4Sé su amigo en mi nombre, para que yo pueda ser perdonado y tú puedas ver que el Hijo de Dios goza de plenitud. 5Pero examina primero el altar del hogar que has elegido, y observa lo que allí has depositado para ofrecérmelo a mí. 6Si son espinas cuyas puntas reful­gen en una luz de color sangre, has elegido al cuerpo como hogar y lo que me ofreces es separación.  7
Las espinas, no obstante, han desaparecido. 8Examínalas más de cerca ahora y podrás ver que 
tu altar ya no es lo que era antes.

Nuestra voluntad es libre para elegir. Ya hemos hablado en el punto anterior de los regalos que nos ofrece la mente cuando elige servir al amor. Cada pensamiento de amor es un regalo de azucena que compartimos con la Filiación. Pero la mente puede elegir un camino ausente de amor, puede elegir ver fuera de la consciencia crística, y cuando así lo hace, sustituye su poder de crear por el de imaginar, inventando una realidad ilusoria y temporal con la cual se identifica. Podemos decir que la mente se nubla, se oscurece, entra en un estado de sopor semejante al sueño y, a partir de ese nuevo estado, cree que las sombras son la realidad y deja de distinguir la luz. 

El cuerpo no es nuestra verdadera esencia, pues de serlo, Dios sería un cuerpo y eso no es verdad. Las consecuencias de habernos identificado con el cuerpo nos llevan a rendirle culto y a ocultar el temor que nos origina dicha identificación. 

5. Todavía miras con los ojos del cuerpo, y éstos sólo pueden ver espinas. 2Sin embargo, has pedido ver otra cosa y se te ha conce­dido. 3Aquellos que aceptan el propósito del Espíritu Santo como su propósito comparten asimismo Su visión. 4lo que le permite a Él ver irradiar Su propósito desde cada altar es algo tan tuyo como Suyo. 5Él no ve extraños, sino tan sólo amigos entrañables y amorosos. 6Él no ve espinas, sino únicamente azucenas que reful­gen en el dulce resplandor de la paz, la cual irradia su luz sobre todo lo que Él contempla y ama.­

Las espinas a las que se refiere este punto son los efectos que causa la creencia en la separación y la identificación con el cuerpo. Al mirar desde esa creencia a nuestros hermanos, vemos en el otro la representación de aquello que tememos y que inconscientemente reconocemos como la causa de nuestra perdición, nuestra naturaleza pecadora. Es por tal motivo que elegimos atacar esa falsa percepción y cada ataque se convierte en una espina que clavamos en la conciencia crística.

El Espíritu Santo, la Voz que habla por Dios en nuestra mente, iluminará el camino que ha de conducirnos a la salvación. Ese camino no es otro que el que nos llevará de vuelta a nuestro verdadero hogar. El Cielo, el símbolo de la unidad, es nuestro destino, es nuestra verdadera realidad. Para alcanzarlo, tan solo debemos cumplir un requisito: ir de la mano de nuestros hermanos y ofrecerles nuestras azucenas, esto es, nuestro perdón. 

martes, 29 de abril de 2025

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (1ª parte).

II. La ofrenda de azucenas (1.ª parte).

1. Observa todas las baratijas que se confeccionan para colgarse del cuerpo, para cubrirlo o para que él las use. 2Contempla todas las cosas inútiles que se han inventado para que sus ojos las vean. 3Piensa en las muchas  ofrendas que se le hacen para su deleite, y recuerda que todas ellas se concibieron para que aque­llo que aborreces pareciera hermoso. 4¿Utilizarías eso que aborre­ces para cautivar a tu hermano y atraer su atención? 5Date cuenta de que lo único que le ofreces es una corona de espinas, al no reconocer el cuerpo como lo que es y al tratar de justificar la interpretación que haces de su valor basándote en la aceptación que tu hermano hace de él. 6Aún así, el regalo proclama el poco valor que le concedes a tu hermano, del mismo modo en que el agrado con que él lo acepta refleja el poco valor que él se concede a sí mismo.

No te sientas mal, no te sientas traicionado por aquellos que te han educado y que te han enseñado lo que han aprendido, aunque su contenido sea un error. Mientras que el feto se encuentra en el interior de su madre, se puede interpretar que forma parte de ella. No tiene conciencia de lo que realmente es, pero se siente parte de ella. 

Cuando se produce el alumbramiento, este viene acompañado de la separación del nuevo cuerpo de aquel que le ha creado durante 9 meses. A partir de ese momento, comienza el aprendizaje de lo que creemos ser, pues es lo que percibimos que somos. 

Aquellos que han escrito sobre la evolución espiritual de la consciencia y del ser nos dicen que el niño al nacer conserva la visión verdadera, esta es la condición espiritual, lo que lo mantiene unido a su creador. Será con el paso del tiempo que esa visión se sustituye por la visión perceptiva y se olvida por completo.

La creencia en la separación de los cuerpos se instituye como una verdad irrefutable para el sistema de pensamiento del ego y sitúa al cuerpo como nuestra verdadera identidad y todo gira alrededor de esa falsa creencia.

Cada vez que nos expresamos, lo hacemos desde conciencia corporal, desde la percepción en la separación. Lo más demente de todo es que, en lo más profundo de nuestra inconsciencia, seguimos identificados con la creencia en que el cuerpo es el único causante de todas nuestras desgracias, pues es la causa de nuestra naturaleza pecadora.

2. Si los regalos se han de dar y recibir de verdad, no se pueden dar a través del cuerpo. 2El cuerpo no puede ofrecer ni aceptar nada; tampoco puede dar o quitar nada. 3Sólo la mente puede evaluar, y sólo ella puede decidir lo que quiere recibir y lo que quiere dar. 4Y cada regalo que ofrece depende de lo que ella misma desea. 5La mente engalanará con gran esmero lo que ha elegido como hogar, y lo preparará para que reciba los regalos que ella desea obtener, ofreciéndoselos a aquellos que vengan dicho hogar, o a aquellos que quiere atraer a él. 6allí intercam­biarán sus regalos, ofreciendo y recibiendo lo que sus  mentes hayan juzgado como digno de ellos.

Decía en el punto anterior que no debemos sentirnos mal al considerar al cuerpo como nuestra verdadera realidad. Culpar al cuerpo de nuestras desgracias, de nuestros sufrimientos, es reconocer su realidad para poder ofrecernos esos regalos. Es más coherente, es más lógico verlo tal y como es. Conociéndolo, podemos otorgarle su verdadera función y permitirle prestar sus servicios a la única causa que nos mueve, el reencontrarnos con la verdad, con la felicidad y con la paz.

Para reconocer su función, debemos sustituir su papel en nuestra conciencia y otorgárselo a la mente, la cual ha permanecido oculta y desconocida. Ser consciente de que la mente es la causa de todas nuestras creencias y que no pertenece al mundo perceptivo, sino al espiritual, no aporta una visión nueva y, fruto de ello, podremos conocer nuestra verdadera identidad y la de los demás. Ese es el regalo que debemos ofrecer a nuestros hermanos. 

lunes, 28 de abril de 2025

Capítulo 20. LA VISIÓN DE LA SANTIDAD. I. La Semana Santa.

 Capítulo 20

LA VISIÓN DE LA SANTIDAD 

I. La Semana Santa.

1. Hoy es Domingo de Ramos, la celebración de la victoria y la aceptación de la verdad.  2No nos pasemos esta Semana Santa lamentando la crucifixión del Hijo de Dios, sino celebrando jubi­losamente su liberación. 3Pues la Pascua de Resurrección es el signo de la paz, no del dolor. 4Un Cristo asesinado no tiene sen­tido. 5Pero un Cristo resucitado se convierte en el símbolo de que el Hijo de Dios se ha perdonado sí mismo, en la señal de que se considera a sí mismo sano e íntegro.

Jesús emplea la primera sección del capítulo 20 para revelarnos el auténtico sentido de la Semana Santa.  Creo que es imprescindible que la humanidad comprenda esta contribución tan extraordinaria, ya que si examinamos cómo se interpreta y se ejerce su simbolismo, no podremos más que admitir que el sistema de pensamiento del ego dirige nuestras convicciones. Estoy convencido de que cada religión le otorga un significado diferente a esta festividad, que indudablemente, más allá de su realidad histórica, está simbolizando una etapa del proceso de despertar de la conciencia humana.

Desde la cultura que he recibido de manos de la religión católica, recuerdo desde muy pequeño que la Semana Santa me atraía de una manera especial, pues el hecho de permitirme vestir los ropajes de un nazareno y de pertenecer a una cofradía que rinde culto a la imagen del Hijo de Dios, para mí adquiría un profundo significado, aunque no comprendiese entonces el porqué me sentía de esa manera. He de reconocer que en la educación religiosa recibida, cuando se abordaba la Semana Santa, me producía miedo y preocupación, pues entendía que para alcanzar el nivel de la santidad había, sin duda alguna, un tramo de humillación, sufrimiento y dolor. El ejemplo que nos mostraba Jesús muriendo en la cruz para purificar los pecados del mundo no me invitaba a seguir sus pasos, sino a elegir otro modo de vida que fuese menos traumático.

Cuando descubrí un mensaje diferente en el simbolismo de la Semana Santa, pude liberarme del miedo que durante muchos años me había acompañado y que me impedía seguir el ejemplo de la crucifixión recibida por el maestro Jesús. El domingo, el día asociado a la luminosidad del Sol, se produce el hecho más importante que nos enseña esta celebración: La Resurrección.

2. Esta semana empieza con ramos y termina con azucenas, el signo puro y santo de que el Hijo de Dios es inocente. 2No permi­tas que ningún signo lúgubre de crucifixión se interponga entre la jornada y su propósito, entre la aceptación de la verdad y su expresión. 3Esta semana celebramos la vida, no la muerte. 4Y honr­amos la perfecta pureza del Hijo de Dios, no sus pecados. 5Hazle a tu hermano la ofrenda de las azucenas, no la de una corona de espinas; el regalo del amor, no el "regalo" del miedo. 6Te encuen­tras a su lado, con espinas en una mano y azucenas en la otra, indeciso con respecto a cuál le vas a dar. 7Únete a mí ahora, des­hazte de las espinas y, en su lugar, ofrécele las azucenas. 8Lo que quiero esta Pascua es el regalo de tu perdón, que tú me concedes y yo te devuelvo. 9No podemos unirnos en la crucifixión ni en la muerte. 10Ni tampoco puede consumarse la resurrección hasta que tu perdón descanse sobre Cristo, junto con el mío.

Os quiero compartir la narración del evangelista Marcos sobre la entrada de Jesús en Jerusalén. Para los que quieran conocer con mayor profundidad el contenido de dicho Evangelio y su significado esotérico, os dejo un enlace que os llevará a la publicación de la obra titulada "Nuevas Creencias, Nuevas Consciencias", en la que trato de desmenuzar la simbología oculta en el Texto Sagrado. 

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ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALEN

"Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! 10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! (Mc. 11.1.10)".

¿Te imaginas la escena formando parte de la misma? Seguro que te unirías a las voces que clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Esa exclamación está preñada del verdadero significado que representa la Semana Santa. Habla de nuestro reconocimiento por El Salvador. Nadie desea su muerte, salvo los que se encuentran representados en la narración bíblica por el sistema de pensamiento del ego: los representantes del Sanedrín, los vendedores del templo y, por Poncio Pilato, en su papel de juez y verdugo.

3. Una semana es poco tiempo, sin embargo, la Semana Santa simboliza la jornada que el Hijo de Dios emprendió. 2Él comenzó con el signo de la victoria, la promesa de la resurrección, la cual ya se le había concedido. 3No dejes que caiga en la tentación de la crucifixión ni que se demore allí. 4Ayúdale a seguir adelante en paz más allá de ella, con la luz de su propia inocencia alum­brando el camino hacia su redención y liberación. 5No le obstru­yas el paso con clavos y espinas cuando su redención está tan cerca. 6Deja, en cambio, que la blancura de tu radiante ofrenda de azucenas lo acelere en su camino hacia la resurrección.

El periodo de tiempo que se recoge en el pasaje bíblico es representativo. No está aludiendo a su sentido específico. Los textos sagrados no recogen una narrativa exclusivamente histórica, sino que en su contenido se encuentran las claves herméticas y esotéricas que deben ser desveladas para así conocer su profundo mensaje y significado. En el caso de la Semana Santa y de cada uno de los personajes que se describen en sus pasajes, debemos leer entre líneas lo que representa para el alma y para la evolución de nuestra conciencia.

De este modo, Jesús, al elegir un pollino para entrar en Jerusalén, nos está enseñando un acto de humildad y sencillez. No eligió un alazán de poderoso porte para demostrar su poder, pues su poder, como su reino, no era de este mundo. 

4.  La Pascua no es la celebración del costo del pecado, sino la celebración de su final. 2Si al mirar entre los níveos pétalos de las azucenas que has recibido y ofrecido como tu regalo vislumbras tras el velo la faz de Cristo, estarás contemplando la faz de tu hermano y reconociéndola. 3Yo era un extraño y tú me acogiste, a pesar de que no sabías quién era. 4Mas lo sabrás por razón de tu ofrenda de azucenas. 5En el perdón que le concedes a ese forastero, que aunque es un extraño para ti es tu Amigo  ancestral, reside su liberación y tu redención junto con él. 6La temporada de Pascua es una temporada de júbilo, no de duelo. 7Contempla a tu Amigo resucitado y celebra su santidad junto conmigo. 8Pues la Pascua es la temporada de tu salvación, junto con la mía.

La Semana Santa, tal y como nos la enseña Jesús, es un mensaje de salvación y no de condena. Es un mensaje de transformación, en el que el Espíritu prevalece por encima del cuerpo; esto es, el amor sustituye al miedo, la unicidad sustituye a la separación y la vida vence a la muerte.

Al igual que sus discípulos, de sus allegados, debemos acompañar a Jesús hasta el último tramo del camino. No podemos quedarnos afligidos cuando percibamos que el sufrimiento y el dolor son el final de nuestros días, pues nuestro verdadero Ser está por encima de esa ilusión. Debemos tener fe en lo que nos muestra Jesús cuando aborda el pasaje de la resurrección.

EL SEPULCRO VACIO

"1Pasado el sábado, María Magdalena, y María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a ungirle. 2 Muy de madrugada, el primer día después del sábado, en cuanto salió el sol, vinieron al monumento. 3 Se decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del monumento? 4 Y mirando, vieron que la piedra esta removida; era muy grande. 5 Entrando en el monumento, vieron un joven sentado a la derecha, vestido de una túnica blanca, y quedaron sobrecogidas de espanto. 6 Él les dijo: No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el sitio en que le pusieron. 7 Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que os precederá a Galilea; allí le veréis, como os he dicho. 8 Saliendo, huían del monumento, porque el temor y estupor se había apoderado de ellas, y a nadie dijeron nada; tal era el miedo que tenían" (Mc. 16:8).

Como se puede comprobar en el contenido del pasaje, el miedo nos acompaña hasta el último tramo del camino. Reconocer la existencia verdadera del Ser, su invulnerabilidad, su intemporalidad, no nos resultará fácil. Muchos de nosotros, al igual que Tomás, necesitaremos meter el dedo en la llaga para creer en la resurrección de Jesús. Pero finalmente, la resurrección queda inscrita en nuestra consciencia como la meta que debemos alcanzar para que la verdad prevalezca sobre la ilusión.