sábado, 17 de enero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 17

LECCIÓN 17

No veo cosas neutras.

1. Esta idea es otro paso en el proceso de identificar causa y efecto tal como realmente operan en el mundo. 2No ves cosas neutras porque no tienes pensamientos neutros. 3El pensamiento siempre tiene lugar primero, a pesar de la tentación de creer que es al contrario. 4El mundo no piensa de esa manera, pero tú tienes que aprender que así es como piensas tú. 5De lo contrario, la percepción carecería de causa, y sería ella misma la causa de la realidad. 6En vista de su naturaleza altamente variable, eso es de todo punto imposible.

2. Al aplicar la idea de hoy mantén los ojos abiertos mientras te dices a ti mismo:

2No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros.

3Luego mira a tu alrededor, dejando que tu mirada se pose sobre cada cosa que notes el tiempo suficiente para poder decir:

4No veo un/una _____ neutro/a porque mis pensamientos acerca de _____ no son neutros.

5Podrías decir, por ejemplo:

6No veo una pared neutra porque mis pensamientos acerca de las paredes no son neutros.
7No veo un cuerpo neutro porque mis pensamientos acerca de los cuerpos no son neutros.

3. Como de costumbre, es esencial no hacer distinciones entre lo que crees que es animado o inanimado, agradable o desagradable. 2Independientemente de lo que puedas creer, no ves nada que esté realmente vivo o que sea realmente gozoso. 3Eso se debe a que todavía no eres consciente de ningún pensamiento realmente verdadero  y, por lo tanto, realmente feliz.

4. Se recomiendan tres o cuatro sesiones de práctica concretas, e incluso si experimentas resistencia, son necesarias cuando menos tres para obtener el máximo beneficio. 2En tal caso, no obstante, puedes acortar la duración de la sesión a menos del minuto que de otra forma se recomienda.


¿Qué me enseña esta lección?

Todo efecto procede de una causa, y la causa no se encuentra en el mundo, sino en la mente. Nada de lo que parece manifestarse en la experiencia tiene origen independiente. El pensamiento es la causa de todo lo que se percibe, y el mundo que vemos es el efecto directo del sistema de pensamiento al que hemos decidido dar valor.

Por ello, resulta esencial examinar nuestras creencias y preguntarnos con honestidad si aún creemos que lo que nos ocurre es fruto de la casualidad. Mientras nos percibamos como víctimas de las circunstancias, mientras atribuyamos lo que experimentamos a la buena o mala fortuna, estaremos afirmando implícitamente que nuestros pensamientos no tienen poder y que no guardan relación con lo que vivimos. De ese modo, la mente se considera impotente y niega su propia responsabilidad creadora.

El Curso enseña que el Hijo de Dios fue creado a imagen de su Creador, compartiendo Su poder creador. Sin embargo, cuando la mente creyó en la idea de una voluntad separada, surgió la conciencia de individualidad aislada y, con ella, el miedo. Esta decisión no fue un hecho real, sino una elección ilusoria, pero sus efectos parecieron reales dentro del sueño de separación.

Con esta elección, el recuerdo del Amor quedó oscurecido y la mente entró en un estado de olvido, que el Curso describe como un sueño del que aún no ha despertado. No se perdió nada real, pero la conciencia se volvió inconsciente de su Fuente y de su verdadera Identidad.

Desde entonces, la mente ha intentado imitar la creación fabricando, usando el pensamiento no para extender el Amor, sino para proyectar deseos, miedos y juicios. El deseo de ser especial —lo que el Curso denomina especialismo— se convirtió en el eje del sistema de pensamiento del ego. Este deseo es el intento de diferenciarse dentro de la Unidad y, por ello, es la raíz de la separación y del miedo.

Cuando el pensamiento se identifica con el especialismo y con la conquista o preservación del mundo material, se recrea en lo irreal y refuerza el error. Así, las creencias se organizan en torno a la pérdida, la comparación y la defensa, y el mundo percibido parece confirmar continuamente esa visión dual.

La corrección no consiste en transformar las emociones ni en elevar el pensamiento por esfuerzo propio, sino en permitir que la mente sea sanada. Cuando se renuncia al juicio y se acepta la guía del Espíritu Santo, el pensamiento se aquieta y se alinea de nuevo con la Verdad, recordando conscientemente la Unidad que nunca se perdió.

Si elegimos ver la luz y extender esa visión a nuestros hermanos mediante el perdón, la experiencia de la luz se vuelve inevitable. Si, por el contrario, elegimos ver oscuridad y juzgar desde la culpa, experimentaremos condena, pues la percepción siempre refleja la decisión interna. No vemos lo que está ahí fuera, sino lo que hemos elegido ver dentro.

Así, vivir en la luz o en la oscuridad no es un destino impuesto, sino el resultado directo de la elección que la mente hace en cada instante entre el Amor y el miedo.

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la lección 17 es que reconozcas que tu percepción está completamente determinada por tus pensamientos, y que no existe nada en el mundo que veas de manera neutral. UCDM enseña que la mente proyecta significado sobre todo lo que percibe, y que no hay objetos, personas o situaciones que sean “neutros” para ti. Esta lección te ayuda a tomar conciencia de la relación directa entre tus pensamientos y tu experiencia perceptual, invitándote a asumir la responsabilidad de tu manera de ver el mundo. El sentido profundo es abrirte a la posibilidad de elegir pensamientos diferentes y, por tanto, experimentar una percepción más amorosa y verdadera.

Instrucciones prácticas:

  • Realiza la práctica tres o cuatro veces al día, durante aproximadamente un minuto cada vez.
  • Mira a tu alrededor y repite mentalmente:
    “No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros.”
  • Detente en cada objeto que observes y di:
    “No veo un/a [nombre del objeto] neutro/a porque mis pensamientos acerca de [ese objeto] no son neutros.” Ejemplo:
    “No veo una silla neutra porque mis pensamientos acerca de las sillas no son neutros.”
  • No excluyas nada: aplica la idea tanto a objetos animados como inanimados, agradables o desagradables.
  • Pregúntate respecto de cada cosa: “¿Es esto neutro?” y recuerda que la respuesta siempre es “no”.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, la lección te ayuda a observar cómo tu mente otorga significado a todo lo que percibes, y cómo ese significado está teñido por tus pensamientos previos, creencias y emociones. 

Espiritualmente, te invita a reconocer que la neutralidad es imposible mientras tu mente esté identificada con el ego, y que sólo al soltar tus interpretaciones puedes abrirte a la visión verdadera. Al practicar, puedes empezar a soltar juicios automáticos y a experimentar una percepción más limpia y abierta.

Relación con el resto del Curso:

La lección 17 se conecta directamente con la lección anterior (“No tengo pensamientos neutros”) y con el proceso global de UCDM, que busca deshacer la proyección del ego y permitir que la verdad se revele. Es un paso más en el entrenamiento mental para reconocer la relación entre pensamiento y percepción, y para abrirte a la posibilidad de ver el mundo de otra manera. Esta lección prepara el terreno para futuras prácticas de perdón y transformación de la percepción.

Consejos para la práctica:

  • No te preocupes si la idea te resulta extraña o desafiante; es normal al principio.
  • Practica con una actitud abierta y curiosa, sin forzarte a creer nada.
  • Si olvidas practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes, sin culpa.
  • No excluyas ningún objeto, persona o situación de la práctica, aunque te parezca irrelevante.
  • Si surge incomodidad o resistencia, obsérvala con amabilidad y sigue adelante cuando te sientas preparado.
  • Recuerda que la constancia es más importante que la perfección.

Conclusión final:

La lección 17 te invita a reconocer que tu mente nunca es neutral y que todo lo que ves está teñido por tus pensamientos. Esta toma de conciencia es esencial para el proceso de transformación interior que propone UCDM. Al practicar, abres la puerta a una percepción más amorosa y verdadera, y te acercas a la paz interior. Confía en el proceso, practica con paciencia y permite que cada ejercicio te acerque a la visión verdadera.


Ejemplo-guía: "El comportamiento de nuestro hijo nos desespera".

Utilizamos este ejemplo concreto, aunque el estudiante podrá reconocer fácilmente que su enseñanza es aplicable a cualquier experiencia que interprete como conflictiva.

La lección de hoy refuerza una idea central que el Curso viene desarrollando de manera constante: todo efecto tiene una causa, y dicha causa no se encuentra en el mundo que percibimos, sino en la mente que lo interpreta. El mundo de los efectos no es autónomo; refleja fielmente el sistema de pensamiento desde el que es observado.

Para comprender esta relación, podemos utilizar la metáfora de la siembra. Todo fruto es el resultado de una semilla previa. Sin embargo, es importante no perder de vista un matiz esencial: entre la siembra y la cosecha existe un intervalo que, en el mundo del tiempo, llamamos “llegado el momento”. En la dimensión perceptiva, el tiempo y el espacio parecen reales y condicionan nuestra experiencia; pero en el nivel de la mente, la causa y el efecto están unidos de manera inmediata.

Un ejemplo puede aclarar esto. Imaginemos que somos escritores y que en nuestra mente surge una historia completa. En ese nivel, el argumento entero —inicio, desarrollo y desenlace— puede estar contenido en un solo pensamiento. La obra existe de manera potencial. Cuando la llevamos al papel y la leemos o la representamos, necesitamos tiempo y espacio para recorrerla, porque esas son las leyes del mundo de la forma. Sin embargo, la causa de la obra no está en el libro ni en la representación, sino en la idea original que la mente concibió.

Del mismo modo, el Curso nos enseña que no podemos cambiar los efectos actuando únicamente sobre ellos. Si la experiencia que vivimos no nos brinda paz, no se trata de modificar la situación externa, sino de permitir que la mente sea corregida en el nivel de la causa. La dificultad radica en que no solemos ser conscientes de nuestros pensamientos, y olvidamos que no son neutros. En ese intervalo que llamamos “llegado el momento”, perdemos de vista que lo que experimentamos refleja el sistema de pensamiento que hemos elegido.

Aplicado a la relación con nuestro hijo, esto significa que lo que nos desespera no es su comportamiento en sí, sino el significado que nuestra mente le ha dado. Si la experiencia se vive como conflictiva, ello indica que estamos interpretando desde el miedo, desde la separación, desde una mente que se percibe sola y amenazada. Si, por el contrario, la relación se vive con mayor armonía, es señal de que hemos elegido ver desde el amor, es decir, desde la Unidad.

La lección no nos invita a juzgarnos por lo que vemos, ni a culpabilizarnos por la experiencia, sino a reconocer con honestidad desde qué sistema de pensamiento estamos mirando. Al permitir que esa interpretación sea entregada al Espíritu Santo, la causa se corrige, y el efecto —la experiencia— comienza a transformarse sin esfuerzo. Así, el comportamiento del hijo deja de ser un problema que hay que resolver y se convierte en una oportunidad para elegir de nuevo la paz.


Reflexión: Si el pensamiento es la causa de todo acto, ¿cuál es la causa del pensamiento?

viernes, 16 de enero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 16

LECCIÓN 16

No tengo pensamientos neutros.

1. La idea de hoy es uno de los pasos iniciales en el proceso de desvanecer la creencia de que tus pensamientos no tienen ningún efecto. 2Todo lo que ves es el resultado de tus pensamientos. 3En esto no hay excepciones. 4Los pensamientos no son ni grandes ni pequeños, ni poderosos ni débiles. 5Son simplemente verdaderos o falsos. 6Aquellos que son verdaderos crean a su semejanza. 7Aquellos que son falsos fabrican a la suya.

2. No hay concepto más auto-contradictorio que el de "pensa­mientos fútiles" 2Difícilmente se puede calificar de fútil a lo que da origen a la percepción de todo un mundo. 3Cada pensamiento que tienes contribuye a la verdad o a la ilusión: o bien extiende la verdad o bien multiplica las ilusiones. 4Ciertamente puedes multiplicar lo que no es nada, pero no por ello lo estarás extendiendo.

3. Además de reconocer que los pensamientos no son nunca fútiles, la salvación requiere que también reconozcas que cada pensamiento que tienes acarrea paz o guerra, amor o miedo. 2Un resultado neutral es imposible porque es imposible que haya pensamientos neutros. 3Hay tal tentación de descartar los pensamientos atemorizantes por considerárseles irrelevantes, triviales e inmerecedores de que uno se ocupe de ellos, que es esencial que los reconozcas a todos como igualmente destructivos, aunque también como igualmente irreales. 4Practicaremos con esta idea de muchas formas antes de que realmente la llegues a entender.

4. Al aplicar la idea de hoy, escudriña tu mente con los ojos cerrados durante un minuto más o menos, esforzándote al máximo por no pasar por alto ningún pensamiento "insignificante" que tienda a eludir tu búsqueda. 2Esto te resultará bastante difícil hasta que te acostumbres a ello. 3Descubrirás que todavía te resulta difícil no hacer distinciones artificiales. 4Cualquier pensamiento que se te ocurra, independientemente de las cualidades que le asignes, es un sujeto adecuado para aplicarle la idea de hoy.

5. Durante las sesiones de práctica, repite primero la idea para tus adentros, y luego, a medida que cada pensamiento cruce tu mente, manténlo en tu conciencia mientras te dices a ti mismo:

2Este pensamiento acerca de _____ no es un pensamiento neutro.
3Ese pensamiento acerca de _____ no es un pensamiento neutro.

4Como de costumbre, usa la idea de hoy cada vez que notes algún pensamiento en particular que te produzca desasosiego. 5Sugeri­mos a este fin la siguiente variación de la idea:

6Este pensamiento acerca de _____ no es un pensamiento neutro porque no tengo pensamientos neutros.

Se recomiendan cuatro o cinco sesiones de práctica en caso de que te resulten relativamente fáciles. De experimentar tensión, tres serán suficientes. 3La duración del ejercicio debe reducirse asimismo si experimentas cualquier sensación de incomodidad.


¿Qué me enseña esta lección?

En efecto, no existen pensamientos neutros. Todo pensamiento procede de uno de los dos sistemas de pensamiento mutuamente excluyentes: el del Amor o el del miedo. Los pensamientos verdaderos son aquellos que reflejan la Unidad, que extienden lo que Dios creó y que se alinean con el Amor. Los pensamientos falsos, por el contrario, surgen de la creencia en la separación y se sostienen en el miedo y la culpa.

Cuando el pensamiento se orienta hacia el mundo tal como es percibido por los sentidos y toma como referencia la percepción para establecer sus creencias, se encuentra operando desde el error. Este tipo de pensamiento no crea, sino que fabrica y proyecta imágenes, dando lugar a un mundo que parece real, pero que es irreal y transitorio, pues procede de una causa que no es verdadera.

Comprender esto es de suma importancia, ya que pone de relieve el inmenso poder de la mente. Esta lección confirma por qué Un Curso de Milagros dedica un libro completo al entrenamiento mental: el Libro de Ejercicios. La mente no es pasiva ni inocente en lo que experimenta; es la causa de todo lo que parece percibir. Por ello, el entrenamiento no se dirige al mundo, sino a la forma de pensar.

Todo pensamiento es una extensión de un sistema mental. Cuando el pensamiento procede del Amor, se extiende y comparte, reforzando la unidad y la paz. Cuando procede del miedo, se proyecta, se multiplica en formas y fabrica percepciones que parecen externas, reforzando la ilusión de separación. La diferencia no está en el contenido aparente del pensamiento, sino en su fuente.

¿Cómo reconocer de cuál de los dos sistemas procede un pensamiento? El Curso ofrece un criterio claro: por sus efectos. Si no reconocemos la causa en la mente, podemos reconocerla a través de lo que experimentamos. Los pensamientos que proceden del Amor siempre conducen a resultados unificadores y se acompañan de paz, quietud y dicha. Los pensamientos que proceden del miedo siempre producen división, defensa y ataque, y se experimentan como conflicto, tensión e infelicidad.

Ningún pensamiento es neutro. Todo pensamiento comienza como una idea aparentemente insignificante, que a menudo pasa inadvertida. Cuando la mente se identifica con ella y le concede valor, esa idea adquiere una tonalidad —amor o miedo— y se convierte en una interpretación. A partir de ahí, la mente le otorga significado y la proyecta, percibiéndola como si fuera externa. Así, lo que parecía un simple pensamiento se experimenta como un hecho del mundo.

El Curso no afirma que los pensamientos se “materialicen” en sentido literal, sino que la percepción es el efecto inevitable del pensamiento al que se le ha dado crédito. De este modo, la mente ve aquello que ha decidido ver, y cree encontrarse con un mundo que, en realidad, no ha hecho sino proyectar. El propósito del entrenamiento mental es deshacer este proceso, devolviendo a la mente la responsabilidad y permitiéndole elegir de nuevo.

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la lección 16 es que reconozcas el poder inherente de tus pensamientos y la imposibilidad de que sean neutros. UCDM enseña que cada pensamiento tiene un efecto, ya sea que contribuya a la verdad o a la ilusión. Esta lección te ayuda a tomar conciencia de tu responsabilidad mental y de cómo tus pensamientos afectan tu experiencia y percepción del mundo. El sentido profundo es que, al reconocer que no hay pensamientos neutros, puedes empezar a elegir conscientemente pensamientos que te lleven a la paz y al amor, en vez de perpetuar el miedo y la ilusión. 

Instrucciones prácticas:

  • Realiza la práctica tres o cuatro veces al día, durante uno o dos minutos cada vez.
  • Repite mentalmente la idea: “No tengo pensamientos neutros.”
  • Aplica la idea a cualquier pensamiento que surja, usando la fórmula:
    “Este pensamiento acerca de _____ no es un pensamiento neutro.”
  • Nombra cada pensamiento de manera concreta, por ejemplo:
    “Este pensamiento acerca de mi trabajo no es un pensamiento neutro.”
  • Puedes usar la idea tanto para pensamientos positivos como negativos, agradables o desagradables.
  • No te preocupes si te resulta difícil; basta con que lo intentes y observes tus reacciones.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, la lección te ayuda a observar la tendencia a minimizar o ignorar ciertos pensamientos, creyendo que no tienen importancia. 

Espiritualmente, te invita a reconocer el poder creativo de tu mente y la responsabilidad que tienes sobre tu experiencia. Al practicar, puedes empezar a soltar la creencia en la neutralidad mental y a elegir pensamientos alineados con la verdad y el amor. Esto te permite avanzar hacia una percepción más consciente y responsable, y a experimentar mayor paz interior. 

Relación con el resto del Curso:

La lección 16 es fundamental en el proceso de entrenamiento mental de UCDM, ya que establece la base para comprender la importancia de la vigilancia mental y la elección consciente de pensamientos. Se conecta con lecciones anteriores sobre la proyección y la fabricación de imágenes, y prepara el terreno para futuras lecciones sobre el perdón y la transformación de la percepción. Es un paso clave para deshacer la ilusión de que la mente es pasiva o que algunos pensamientos no tienen consecuencias. 

Consejos para la práctica:

  • No te juzgues si surgen pensamientos que consideras “negativos” o “insignificantes”; simplemente obsérvalos y aplica la idea.
  • Practica con una actitud abierta y honesta, sin intentar controlar o censurar tus pensamientos.
  • Si olvidas practicar, retoma cuando lo recuerdes, sin culpa ni autoexigencia.
  • Recuerda que la constancia es más importante que la perfección.
  • Si te resulta difícil identificar pensamientos, basta con que lo intentes y observes tu experiencia. 

Conclusión final:

La lección 16 te invita a reconocer el poder y la responsabilidad de tu mente. Al comprender que no hay pensamientos neutros, puedes empezar a elegir conscientemente aquellos que te acercan a la paz y al amor. Esta toma de conciencia es esencial para el proceso de transformación interior que propone UCDM. Confía en el proceso, practica con paciencia y permite que cada ejercicio te acerque a una percepción más amorosa y verdadera.


Ejemplo-guía: "El comportamiento de nuestro hijo nos desespera".

Lo más inmediato, reconocer que estamos vivificando una experiencia juzgada como conflictiva, por lo tanto, con claros tintes divisorios. Cada uno de los implicados en la relación está dando muestras con su comportamiento y modo de interpretar la experiencia de que su mente y pensamientos son falsos.

 

Debemos proponernos como práctica habitual observar la dirección de nuestros pensamientos. En este caso, ya lo hemos hecho y ello nos permite elegir entre seguir proyectándolos al exterior y dando lugar a la experiencia de la separación y del miedo o, por el contrario, elegimos ver al otro desde la unicidad y extendemos nuestro amor hacia él, viéndolo libre de toda culpa.
 

Podemos pensar que lo que acabamos de decir es muy difícil de aplicar y que ciertas experiencias alcanzan un nivel y un grado de dolor que no favorecen esa visión. Es más, este argumento nos sirve para justificar que hay que tomar una decisión drástica y dejar claro quién tiene la razón. ¿Os resuena?

 

Un Curso de Milagros nos enseña que no hay grados de dificultad en los milagros, al igual que no hay grados de complejidad en nuestros pensamientos. Es una lección tan sencilla que, por su sencillez, tenemos dificultades para aplicarla.

 

Permítanme una licencia: "Amar o no amar, esa es la cuestión", o, lo que es lo mismo: "Ser o no ser". Si amamos, no existe el miedo y nuestros ojos ven inocencia. Si no amamos, tenemos miedo y nuestros ojos ven ataque y separación.

 

¡Nos toca elegir! No importa errar. Se corrige y lo intentamos de nuevo. Cada presente es una nueva oportunidad para hacerlo y somos eternos.  


Reflexión: ¿Cuál crees que es la diferencia entre "multiplicar" y "extender"?

Capítulo 25. V. El estado de impecabilidad (4ª Parte).

V. El estado de impecabilidad (4ª Parte).

4. El Hijo de Dios sólo te pide esto: que le devuelvas lo que es suyo, para que así puedas participar de ello con él. 2Por separado ni tú ni él lo tenéis. 3Y así, no os sirve de nada a ninguno de los dos. 4Pero si disponéis de ello juntos, os proporcionará a cada uno de vosotros la misma fuerza para salvar al otro y para salvarse a sí mismo junto con él. 5Si lo perdonas, tu salvador te ofrece salva­ción. 6Si lo condenas, te ofrece la muerte. 7Lo único que ves en cada hermano es el reflejo de lo que elegiste que él fuese para ti. 8Si decides contra su verdadera función -la única que tiene en realidad- lo estás privando de toda la alegría que habría encon­trado de haber podido desempeñar el papel que Dios le encomendó. 9Pero no pienses que sólo él pierde el Cielo. 10Y éste no se puede recuperar a menos que le muestres el camino a través de ti, para que así tú puedas encontrarlo, caminando con él.

El punto 4 profundiza en la interdependencia espiritual y la naturaleza compartida de la salvación. El Hijo de Dios (cada hermano) sólo pide que le devuelvas lo que es suyo: la visión de su inocencia y su verdadera función. Por separado, ninguno puede experimentar la plenitud del Cielo ni la fuerza de la salvación, pues ésta sólo se da en la unión y el reconocimiento mutuo. El perdón es el puente que permite a ambos experimentar la salvación, mientras que la condena perpetúa la separación y la muerte simbólica. Cada hermano es un espejo de lo que elegimos ver en él: si le negamos su verdadera función, ambos perdemos la alegría y la experiencia del Cielo. La recuperación del Cielo es un camino compartido: sólo guiando y acompañando al otro en la visión de la inocencia, podemos encontrarlo nosotros mismos.

Mensaje central:

  • La salvación y la plenitud sólo se experimentan en la unión y el reconocimiento mutuo de la inocencia.
  • El perdón es el acto que libera a ambos y permite que la salvación sea compartida.
  • La condena y el juicio perpetúan la separación y la pérdida del Cielo para ambos.
  • Cada hermano es un reflejo de lo que elegimos ver en él: la visión de Cristo o la proyección del ego.
  • El camino de regreso al Cielo es necesariamente compartido; nadie lo alcanza solo.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa cómo percibes a los demás: ¿los ves como aliados en el camino espiritual o como obstáculos?
  • Practica el perdón recordando que, al liberar a tu hermano, te liberas a ti mismo.
  • Cuando surja el juicio, pregúntate: “¿Estoy viendo en esta persona el reflejo de mi ego o la función que Dios le ha dado?”
  • Hazte consciente de que tu experiencia de paz y plenitud depende de tu disposición a ver la inocencia y la verdadera función en los demás.
  • Recuerda que el camino al Cielo es un camino de acompañamiento y guía mutua.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Reconozco que mi experiencia de paz depende de cómo veo y trato a los demás?
  • ¿Estoy dispuesto a perdonar y a ver la inocencia en mi hermano, aunque el ego me invite a condenar?
  • ¿Cómo puedo ser un guía y compañero en el camino de regreso al Cielo para quienes me rodean?
  • ¿Qué pierdo cuando niego a otro su verdadera función y su inocencia?

Conclusión:

La impecabilidad y la salvación no son logros individuales, sino experiencias compartidas. Sólo al ver la inocencia y la verdadera función en el otro, y al perdonar, podemos experimentar la plenitud del Cielo. El camino de regreso es de acompañamiento: nadie lo recorre solo, y sólo guiando y permitiendo que el otro sea quien Dios dispuso, podemos encontrar la alegría y la paz que anhelamos.

Frase inspiradora:

“Al perdonar a mi hermano y devolverle lo que es suyo, camino con él hacia el Cielo y recupero mi propia paz.”

Invitación práctica:

  1. Haz una pausa antes de juzgar o condenar, y pregúntate: “¿Estoy dispuesto a ver la inocencia y la verdadera función en esta persona?”
  2. Recuerda que el perdón es el puente que te une a tu hermano y te permite experimentar la salvación.
  3. Si te descubres proyectando culpa o miedo, repite: “Elijo ver en ti el reflejo de Cristo, no del ego.”
  4. Busca oportunidades para acompañar y guiar a otros en el camino de regreso a la paz, sabiendo que sólo juntos se recupera el Cielo.
  5. Al final del día, reflexiona: ¿En qué momentos ayudé a otro a encontrar el camino al Cielo? ¿Dónde puedo hacerlo mejor mañana?

jueves, 15 de enero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 15

LECCIÓN 15

Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado.

1. No reconoces que los pensamientos que piensas que piensas no son nada debido a que aparecen como imágenes. 2Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves. 3Así es como se forjó tu "manera de ver". 4Ésta es la función que le has atribuido a los ojos del cuerpo. 5Eso no es ver. 6Eso es fabricar imágenes, 7lo cual ocupa el lugar de la visión, y la reemplaza con ilusiones.

2. Esta idea introductoria al proceso de fabricar imágenes que tú llamas ver, seguramente no tendrá mucho significado para ti al principio. 2Comenzarás a entenderla cuando hayas visto pequeños bordes de luz alrededor de los mismos objetos que ahora te resultan familiares. 3Ése es el comienzo de la verdadera visión. 4Puedes estar seguro de que ésta no tardará en llegar una vez que eso haya ocurrido.

3. A medida que avancemos, tal vez experimentes muchos "episodios de luz". 2Éstos pueden manifestarse de muchas maneras distintas, algunas de ellas bastante inesperadas. 3No tengas miedo de ellos. 4Son la señal de que por fin estás abriendo los ojos. 5No seguirán ocurriendo, pues simbolizan meramente la percepción verdadera y no guardan relación alguna con el conocimiento. 6Estos ejercicios no han de revelarte el conocimiento, 7pero allanarán el camino que conduce a él.

4. Al practicar con la idea de hoy, repítela primero para tus adentros, y luego aplícala a cualquier cosa que veas a tu alrededor, usando el nombre del objeto en cuestión y dejando descansar tu mirada sobre él mientras dices:

2Esta(e) _____ es una imagen que yo mismo he fabricado.
3Ese(a) _____ es una imagen que yo mismo he fabricado.

4No es necesario incluir un gran número de objetos específicos al aplicar la idea de hoy. 5Pero sí es necesario que continúes mirando cada objeto mientras repites la idea para tus adentros. 6La idea debe repetirse muy lentamente en cada caso.

5. Si bien es obvio que no podrás aplicar la idea a un gran número de objetos durante el minuto más o menos de práctica que se recomienda, trata de seleccionarlos tan al azar como sea posible. 2Si te empiezas a sentir incómodo, menos de un minuto será suficiente. 3No lleves a cabo más de tres sesiones de práctica con la idea de hoy a no ser que te sientas completamente a gusto con ella, pero no hagas más de cuatro. 4Puedes, no obstante, aplicar la idea durante el transcurso del día según lo dicte la necesidad.


¿Qué me enseña esta lección?

El pensamiento del ego no tiene capacidad para crear, sino únicamente para fabricar. Crear es extender lo que Dios creó; fabricar es hacer imágenes a partir de una creencia errónea. El ego no crea nada real: produce interpretaciones, conceptos y formas que parecen existir, pero que carecen de causa verdadera.

La mente, tal como fue creada por Dios, permanece en unidad con su Fuente. En ese estado no hay división, jerarquías ni opuestos. La separación surge cuando la mente cree que puede tener una voluntad distinta y, al hacerlo, da lugar a un modo de pensar que imita la creación sin compartir su poder. Así nace el ego: como un intento de sustituir la creación por la fabricación.

En este tránsito, la mente se identifica con una percepción limitada y cree haber perdido el recuerdo del Amor. De esta confusión surge el mundo de los sentidos, no como una extensión de Dios, sino como un sustituto del conocimiento, un intento de encontrar fuera lo que nunca se perdió dentro. El amor humano, tal como se experimenta desde el ego, es un reflejo fragmentado del Amor, condicionado por la necesidad, el miedo y la búsqueda de completarse.

El ser humano, al hacer uso de su capacidad de fabricar, proyecta un mundo de imágenes y luego cree en ellas. Ese mundo parece sólido y real, pero es tan perecedero como los pensamientos que lo originaron. Las imágenes cambian, se deterioran y desaparecen porque no proceden de lo eterno. Nada de lo que se fabrica puede perdurar.

La temporalidad despierta miedo en el ego porque su existencia depende del tiempo. Sabiéndose irreal, intenta protegerse mediante el análisis, la clasificación y la investigación, creyendo que comprender las formas le dará seguridad. Sin embargo, su empeño es vano, pues no se puede dar significado a lo que no lo tiene. Mientras la mente no se vuelva hacia la realidad que la trasciende, continuará empleando enormes esfuerzos en nombrar lo innombrable y explicar lo inexplicable.

Cuando hacemos uso de la visión corporal, percibimos objetos separados y establecemos relaciones basadas en imágenes. A partir de ellas, juzgamos, comparamos y clasificamos lo que vemos como agradable o desagradable. Esta interpretación dual parece ofrecer placer, pero dicho placer es siempre efímero. Al consumirse, deja tras de sí una sensación de carencia que impulsa a buscar nuevas formas de gratificación, sin llegar nunca a la felicidad que la mente realmente anhela.

El Curso nos invita a mirar de otra manera. Al mirar a nuestro hermano, no se nos pide que veamos su apariencia ni sus atributos, sino que reconozcamos en él la extensión del Amor de Dios. Al hacerlo, dejamos de ver separación y nos reconocemos a nosotros mismos, pues compartimos una sola Identidad y una sola Filiación.

Cuando los pensamientos dejan de fabricar ilusiones, la percepción comienza a aquietarse. No se trata de adquirir nuevas capacidades perceptivas ni de ver mundos sutiles, sino de desaprender la interpretación. La visión verdadera no añade nada a lo que se ve; elimina lo que nunca estuvo ahí. Cualquier forma de “ver más” dentro del mundo sigue siendo percepción y, por lo tanto, provisional.

La visión que el Curso promete va más allá de toda forma, energía o imagen. Es el recuerdo silencioso de la Verdad, que surge cuando se abandona todo apego al pensamiento del ego. Entonces, lo que parecía mundo deja de reclamar significado, y la mente descansa en lo que siempre fue: la Paz de Dios.

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la lección 15 es que reconozcas que la percepción es una proyección de tus propios pensamientos. UCDM enseña que no vemos el mundo tal como es, sino como lo pensamos. Esta lección te ayuda a tomar conciencia de tu poder creativo y de la responsabilidad sobre tu experiencia. Al reconocer que tus pensamientos fabrican las imágenes que ves, puedes empezar a cuestionar la realidad de esas imágenes y abrirte a una percepción más verdadera y amorosa. El sentido profundo es iniciar el proceso de deshacer la proyección y permitir que la mente se libere de interpretaciones erróneas.

Instrucciones prácticas:

  • Realiza la práctica tres o cuatro veces al día, durante uno o dos minutos cada vez.
  • Mira lentamente a tu alrededor y aplica la idea a cualquier cosa que veas, por ejemplo:
    “Esta silla es una imagen que yo mismo he fabricado con mis pensamientos.”
  • Incluye tanto objetos cercanos como lejanos, y no hagas distinciones entre lo que consideras importante o trivial.
  • Puedes practicar también con los ojos cerrados, aplicando la idea a pensamientos, recuerdos o imágenes mentales.
  • No te preocupes si la idea te parece extraña o poco creíble; simplemente sigue las instrucciones y observa tus reacciones.
  • Si surge resistencia, obsérvala sin juzgar y continúa cuando te sientas listo.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, la lección te ayuda a reconocer el mecanismo de proyección: la tendencia de la mente a ver fuera lo que en realidad está dentro. Esto puede ser liberador, ya que te muestra que tienes el poder de cambiar tu experiencia cambiando tus pensamientos. 

Espiritualmente, la lección apunta a deshacer la ilusión de separación y a recordar que la verdadera visión proviene de la mente unida al amor. Al practicar, puedes empezar a soltar la identificación con las imágenes fabricadas por el ego y abrirte a una percepción más profunda y real.

Relación con el resto del Curso:

La lección 15 es un paso clave en el entrenamiento mental de UCDM, ya que introduce de manera explícita la idea de que la mente fabrica las imágenes que percibe. Se conecta con lecciones anteriores sobre la falta de significado del mundo y prepara el terreno para futuras lecciones sobre la proyección, la percepción y el perdón. Es fundamental para comprender el proceso de deshacimiento del ego y la apertura a la visión verdadera, que es uno de los objetivos centrales del Curso.

Consejos para la práctica:

  • No te preocupes si la idea te resulta extraña o desafiante; es normal al principio.
  • Practica con una actitud abierta y curiosa, sin forzarte a creer nada.
  • Si olvidas practicar, simplemente retoma cuando lo recuerdes, sin culpa.
  • No intentes analizar o entender intelectualmente la lección; céntrate en la experiencia directa.
  • Si surge incomodidad o resistencia, obsérvala con amabilidad y sigue adelante cuando te sientas preparado.
  • Recuerda que la práctica constante es más importante que la perfección.

Conclusión final:

La lección 15 te invita a dar un paso fundamental en el camino del autoconocimiento: reconocer que lo que ves es el resultado de tus propios pensamientos. Esta toma de conciencia es el inicio de la verdadera libertad, ya que te permite elegir de nuevo y abrirte a una percepción más amorosa y real. Confía en el proceso, practica con paciencia y permite que cada ejercicio te acerque a la paz interior y a la visión verdadera.


Ejemplo-guía: "El comportamiento de nuestro hijo nos desespera".

Esta lección no nos habla del poder de la mente para crear realidades externas, sino de su capacidad para fabricar imágenes y luego reaccionar ante ellas como si fueran reales. Lo que nos desespera no es el comportamiento de nuestro hijo en sí, sino la interpretación que nuestra mente ha hecho de lo que percibe.

Cuando percibimos la conducta de nuestro hijo desde el ego, proyectamos sobre él nuestras expectativas, miedos y juicios. Esa imagen fabricada es la que nos genera frustración, impotencia o enfado. El niño se convierte entonces en la pantalla donde vemos reflejado nuestro propio conflicto interno.

La lección nos invita a reconocer que nuestros pensamientos no son la verdad, sino imágenes que hemos construido. Al aceptar esto, dejamos de reaccionar automáticamente y abrimos un espacio para elegir de nuevo. No se trata de cambiar al niño, sino de permitir que nuestra percepción sea corregida.

Cuando unimos nuestra voluntad a la del Espíritu Santo —es decir, cuando elegimos ver con amor en lugar de miedo— no “creamos” una experiencia nueva, sino que deshacemos la interpretación errónea. Desde esa visión, el comportamiento del hijo deja de ser una amenaza y se convierte en una oportunidad para practicar la paciencia, la comprensión y el perdón.

Así, esta lección nos enseña que la paz no depende de que el otro cambie, sino de que dejemos de dar realidad a las imágenes que nuestra mente ha fabricado. Ahí comienza la verdadera liberación. 

Cuando la voluntad no se une al Amor, sino que sigue al deseo individual del ego, la mente no crea, sino que fabrica interpretaciones. Desde ese uso erróneo, proyecta significados aprendidos del pasado y los percibe como si fueran reales. Así se construye la experiencia del mundo: no como un acto creativo, sino como una imagen mental a la que se le ha otorgado valor y realidad.

Esta comprensión nos permite abordar el ejemplo con una perspectiva distinta. Cuando surge el conflicto en la relación con nuestro hijo, dejamos de interpretarlo como fruto del azar, de la mala suerte, de un castigo o de un fallo personal. Reconocemos que lo que estamos experimentando es el resultado de una interpretación previa de la mente.

Ahora estamos en condiciones de mirar de otro modo. Lo que percibimos no es la verdad del hijo, sino el significado que nuestra mente ha elegido darle. Ese significado parece tener un gran peso emocional porque está sostenido por el pasado, pero en sí mismo no tiene significado real. La mente está juzgando a partir de lo que percibe, sin darse cuenta de que esa percepción es una elección condicionada por experiencias anteriores y desvinculada del amor.

Cuando respondemos al conflicto desde esa interpretación, no estamos viendo el presente, sino reviviendo imágenes del pasado. De este modo, se bloquea la única respuesta que puede poner fin a la experiencia de conflicto: el perdón.

Desde la visión espiritual, el pasado deja de influir en nuestros sentimientos porque pierde su autoridad. Entonces, la atención se traslada al presente, donde se nos ofrece una nueva oportunidad de ver. En ese instante, podemos reconocer la inocencia y la impecabilidad de nuestro hijo, no como un ideal, sino como su verdad esencial. Al verlo sin culpa ni condena, reconocemos al mismo tiempo que tampoco la culpa es real en nosotros.

Así, la relación deja de ser un campo de conflicto y se convierte en un espacio de sanación, donde el amor sustituye al juicio y la paz ocupa el lugar que antes tenía el miedo.

Reflexión: ¿Cómo crees que puedes dejar de pensar que piensas?

Capítulo 25. V. El estado de impecabilidad (3ª Parte).

V. El estado de impecabilidad (3ª Parte).

3. No es a Cristo a quien contemplas cuando miras de esa manera. 2A quien ves es al "enemigo", a quien confundes con Cristo. 3lo odias porque no puedes ver en él pecado alguno. 4Tampoco oyes su llamada suplicante, cuyo contenido no cambia sea cual sea la forma en que la llamada se haga, rogándote que te unas a él en inocencia y en paz. 5Sin embargo, tras los insensatos alaridos del ego, tal es la llamada que Dios le ha encomendado que te haga, a fin de que puedas oír en él Su Llamada a ti, y la contestes devol­viéndole a Dios lo que es Suyo.

Este fragmento profundiza en la dinámica de la percepción errónea y la proyección. Cuando miramos a nuestro hermano a través del filtro del ego, no vemos a Cristo, sino a un “enemigo” que representa nuestras propias creencias de separación y ataque. El ego necesita encontrar pecado para justificar el odio y la defensa, y cuando no lo encuentra, surge una extraña hostilidad: odiamos la inocencia porque amenaza la lógica del ego. Sin embargo, más allá de las apariencias y de los gritos del ego, cada hermano es portador de una llamada constante a la inocencia y la paz, una invitación divina a la unión. Dios utiliza a cada hermano como canal para recordarnos nuestra verdadera naturaleza y la Suya, y nos invita a responder a Su llamada devolviendo la visión de la inocencia y la filiación.

Mensaje central del punto:

  • El ego distorsiona la percepción y nos lleva a ver enemigos donde sólo hay hermanos y potenciales aliados en el camino espiritual.
  • El odio hacia el otro surge, paradójicamente, cuando no encontramos en él pecado, porque el ego teme la inocencia y la unión.
  • La llamada a la inocencia y la paz es constante, aunque el ego la oculte con sus “alaridos” y justificaciones.
  • Cada encuentro es una oportunidad para escuchar la Voz de Dios a través del otro y para devolverle a Dios lo que es Suyo: la filiación, la inocencia y la paz.
  • La verdadera visión consiste en mirar más allá de las apariencias y responder a la llamada de la unidad.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa tus reacciones ante los demás, especialmente en situaciones de conflicto o incomodidad. Pregúntate si estás viendo a un enemigo o a Cristo en tu hermano.
  • Cuando surja el juicio o el resentimiento, haz una pausa y busca la llamada a la inocencia y la paz que está más allá de las palabras o actitudes.
  • Practica el perdón recordando que cada encuentro es una oportunidad para sanar la percepción y devolver a Dios la visión de la inocencia.
  • Si te resulta difícil ver la inocencia en alguien, repite mentalmente: “Elijo ver a Cristo en ti y responder a la llamada de Dios.”
  • Al final del día, reflexiona sobre los momentos en los que lograste escuchar la llamada a la paz y aquellos en los que el ego te llevó a ver enemigos.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿En qué momentos tiendo a ver enemigos en lugar de hermanos? ¿Qué emociones o creencias subyacen a esa percepción?
  • ¿Cómo puedo entrenar mi mente para escuchar la llamada a la inocencia y la paz, incluso cuando el ego grita lo contrario?
  • ¿Qué experiencias he tenido en las que, al mirar más allá de las apariencias, he sentido una profunda unión y paz?
  • ¿Estoy dispuesto a devolverle a Dios lo que es Suyo, viendo la inocencia en mí y en los demás?

Conclusión:

La impecabilidad es la clave para ver a Cristo en cada hermano y para experimentar la verdadera paz. Cuando soltamos el juicio, el ataque y la necesidad de encontrar pecado, respondemos a la llamada de Dios y devolvemos a Dios lo que es Suyo: la filiación, la inocencia y la unidad. Cada encuentro es una oportunidad para sanar la percepción y para elegir de nuevo la visión de la inocencia, más allá de los gritos del ego y las apariencias de separación.

Frase inspiradora:

“Elijo ver a Cristo en ti y responder a la llamada de Dios, más allá de las apariencias y del ego.”

Invitación práctica:

  1. Haz una pausa consciente antes de reaccionar ante el conflicto y pregúntate: “¿Estoy viendo a Cristo o a un enemigo?”
  2. Si surge el juicio, repite: “Elijo ver la inocencia en ti y en mí.” Recuerda que el ego teme la inocencia, pero el Espíritu la reconoce y la celebra.
  3. Escucha más allá de las palabras y actitudes, buscando la llamada a la paz y la unión que está presente en cada encuentro.
  4. Al final del día, reflexiona: ¿En qué momentos respondí a la llamada de Dios a través de mi hermano? ¿Dónde me dejé llevar por el ego y vi enemigos?
  5. Recuerda que cada encuentro es una oportunidad para devolver a Dios lo que es Suyo: la visión de la inocencia y la filiación. Haz de esto tu propósito diario y observa cómo cambia tu experiencia de las relaciones y del mundo.