viernes, 26 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (4ª parte).

I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (4ª parte).

7. Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. 2No hay diferencia alguna entre vosotros. 3Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. 4Lo que no das, lo pierdes. 5Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. 6Por lo tanto, es el único propósito que tenéis. 7¿Podríais atacaros el uno al otro si decidieseis no permitir que el deseo de ser especial se interpusiese entre vosotros? 8Observa imparcial­mente qué es lo que hace que no aceptes a tu hermano del todo, o qué es lo que te lleva a pensar que quizá os convendría más estar separados. 9¿No es siempre acaso tu creencia de que tu sensación de ser especial se ve menoscabada por vuestra relación? 10¿Y no es éste el "enemigo" que hace que cada uno de vosotros sea una ilusión para el otro?

En un momento de honradez conmigo mismo, me he preguntado qué tipo de amor practico en este mundo. Es curioso el gesto que he tenido de manera espontánea, cerrando los ojos y acudiendo a mis pensamientos para dar una respuesta a esta cuestión. Es como si el hecho de percibir las formas externas, sobre todo las corporales, me hiciese reconocer que mi forma de amar a los demás no estaba en sintonía con la que hemos estado analizando en los puntos anteriores. El simple hecho de ver fuera de mí me lleva de una manera inconsciente y autónoma a juzgar lo que veo, a darle un significado que condiciona mi manera de pensar.

Cuando elijo cerrar mis ojos, el no percibir me ayuda a mantenerme en un nivel de percepción diferente. Ahora me resulta más fácil concentrarme en la energía que quiero mantener viva en mi mente. Los recuerdos de las personas se convierten en obstáculo que me dificulta el propósito de sintonizar con la frecuencia del amor incondicional. Cuando estos recuerdos se adueñan de mis pensamientos, tomo conciencia de que mi estado emocional es idéntico al que percibo cuando tengo los ojos físicos abiertos. Me doy cuenta de que, en realidad, no es la percepción externa la que me hace sentir de una manera u otra, sino mis creencias, mis juicios sobre lo percibido.

Si considero a mi hermano un enemigo, el hecho de cerrar mis ojos a su percepción no va a evitar que siga pensando que es mi enemigo. Debo cambiar la visión de mi hermano desde mi interior, es decir, desde las creencias, y el único modo de hacerlo es negando el deseo de ser especial y recordando el deseo de unidad.

Ahora, vibrando con la visión crística, no es necesario que cierre los ojos físicos para percibir a mi hermano como un amigo.

8. Tu temor a Dios y a tu hermano procede de cada creencia de ser especial que aún no has reconocido. 2Pues exiges que tu hermano se postre ante ella en contra de su voluntad. 3Y Dios Mismo tiene que honrarla o pagar las consecuencias. 4Todo vestigio de malicia, toda punzada de odio y todo deseo de perpetuar la separación nace ahí. 5Pues en este punto el propósito que compartes con tu hermano queda velado de vuestras conciencias. 6Te resistes a aceptar este curso porque te enseña que tú y tu hermano sois igua­les. 7No tenéis ningún propósito que no sea el mismo, ni ninguno que vuestro Padre no comparta con vosotros. 8Pues se ha elimi­nado de vuestra relación todo objetivo de ser especial. 9¿Destrui­rías ahora el objetivo de santidad que el Cielo le confirió a esta relación? 10¿Qué perspectiva puede tener el que se cree especial que no cambie con cada aparente golpe, con cada afrenta, o con cada juicio que se imagina ha sido emitido contra él?

Si analizamos nuestras vidas y las vidas que nos han precedido y que la historia de la humanidad nos ha legado de manera que podamos ser conscientes de los diferentes matices de la vida, no podremos evitar caer en la desolación y en la desesperanza ante la visión de tanto dolor y sufrimiento.

Expresado de esta manera, si lo anterior fuese considerado una opinión válida, cabe preguntarse: ¿cómo es posible que, a pesar de tanta demencia, sigamos rindiendo culto al deseo de ser especial? ¿Cómo es posible que el miedo, el terror, el ataque, las guerras, las violaciones, las masacres sigan estando al orden del día como consecuencia de que seguimos rindiendo culto al especialismo?

He tenido que zamarrear mi cerebro en un intento infantil de despertar mi mente de esta pesadilla que llamamos vida.

¿Hasta cuándo vamos a seguir llamando vida a lo que es un mundo de muerte?

Sí, este mundo es un mundo de muerte porque así lo hemos decidido al hacerlo real, cuando en verdad no lo es. ¿Conoces algún cuerpo que no haya muerto en este mundo, que permanezca eternamente en él?

El hecho de que deseemos ser especiales no nos hace eternos, sino temporales.

Tan sólo el Espíritu es eterno y no alberga deseos especiales. Su único deseo es expandir su esencia creadora, el amor.

9. Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, 2pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? 3No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. 4Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. 5He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. 6Aquí él no puede sino ser tu ene­migo, no tu amigo. 7Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. 8Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo.

Leí hace tiempo, cuando adiestraba mi mente en el conocimiento de la astrología, que el signo de Acuario representaba la amistad y que la razón de ello respondía a la interpretación que se aportaba de la amistad: dos personas que piensan iguales. 

El contenido de este punto y la aportación que nos hace Jesús afirmando que el otro es tu amigo porque sois lo mismo, me ha recordado el significado de la amistad establecida por la igualdad en la manera de pensar.

Se dice, igualmente, que Acuario es el signo que expresa el amor incondicional. No nos resultará extraño reconocer el motivo de esta vinculación, pues para amar incondicionalmente hay que alcanzar la igualdad en el nivel mental, de modo que la percepción del otro esté filtrada por esa condición.

Cuando dos mentes se unen, las fuerzas de amor se expresan a través de ellas y se convierten en portadoras de la esencia creadora del amor. En el nivel de la amistad no puede existir el amor condicionado que se convierte en una limitación de la expresión libre del propio amor. Esta es la razón por la cual alcanzar una experiencia de amistad verdadera se ve en muchas ocasiones truncada por los celos y por las posturas irreflexivas y fanáticas, propias de las mentes que sirven al deseo de ser especial.   

jueves, 25 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (3ª parte).

 I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (3ª parte).

5. El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. 2He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. 3Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. 4Ser especial es una postura que requiere defensa. 5Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. 6Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión. 7Hay que atacar a aquel que es "peor" que tú, de forma que tu especialismo pueda perpetuarse a costa de su derrota. 8Pues ser especial supone un triunfo, y esa victoria consti­tuye la derrota y humillación de tu hermano. 9¿Cómo puede vivir tu hermano con el fardo de todos tus pecados sobre él? 10¿Y quién, sino tú, es su conquistador?

En este punto, la estrategia del sistema de pensamiento del ego queda al descubierto y se pone de manifiesto que aquel a quien llama amigo o aliado es su peor enemigo. El otro se convierte en la diana donde dirigimos todos nuestros dardos, sobre todos aquellos de los que deseamos desprendernos en un intento de aliviar el dolor que nos causa mentalmente al recordarnos nuestra naturaleza pecaminosa y grosera. 

Es más fácil condenar y juzgar las debilidades ajenas que reconocer las nuestras y corregirlas desde el nivel en que se manifiestan, desde la mente. Condenando el pecado de nuestros hermanos, afianzamos la creencia de que el cuerpo es nuestra realidad y el único causante de nuestros actos pecaminosos. De este modo estamos condenando doblemente a nuestros hermanos. Por un lado, juzgando su naturaleza pecadora y, por otro, reconociéndolo por su identidad ilusoria y temporal.

6. ¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? 2¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? 3¿No harías todo lo posible por ayudarlo a alcan­zarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? 4Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido, eres su amigo. 5Ser especial jamás se puede compar­tir, pues depende de metas que sólo tú puedes alcanzar. 6Y él jamás debe alcanzarlas, pues de otro modo tu meta se vería en peligro. 7¿Qué significado puede tener el amor allí donde el obje­tivo es triunfar? 8¿Y qué decisión puede tomarse en favor de ese objetivo que no acabe perjudicándote?

Si analizamos detenidamente el valor que le damos a las acciones por encima, incluso de lo que pensamos, no deberíamos tener ninguna dificultad para reconocer que tal valoración ha sido inspirada por la guía del ego y no del Espíritu Santo.

El ego exige que el amor deba ser demostrado. Esta visión procede del deseo de ser especial. Le pedimos al otro que nos ame como nosotros queremos que lo haga, no desde su libertad de expresión. Es más, si no lo hace tal y como espera que lo haga, lo juzgará y lo interpretará como un ataque. Amar de manera condicionada no es el amor que nos enseña el curso. 

El amor incondicional es el que surge de nuestra naturaleza divina con el propósito de prolongar la esencia del propio amor, de lo que somos. El amor no se crea a sí mismo, pero sí crea de sí mismo. El amor Es, al igual que Dios Es. Sin principio y sin final. Comprender desde la mente egoica esta dimensión del amor es imposible, pues desmantela todo su sistema de pensamiento temporal.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (2ª parte).

I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (2ª parte).

3. La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. 2Esto se manifiesta de muchas formas, pero siempre choca con la realidad de la creación de Dios y con la grandeza con la que Él dotó a Su Hijo. 3¿Qué otra cosa podría justificar el ataque? 4¿Quién podría odiar a alguien cuyo Ser es el suyo propio y a Quien conoce? 5Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. 6Y cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesi­dad de juzgar.

La creencia en el pecado es la consecuencia directa de haber sustituido el deseo de ser Uno por el deseo de ser especial. El amor es sustituido por el deseo egoísta, lo que propició el olvido del Conocimiento y la adopción de un estado mental demente e ignorante.

Mientras que el amor crea vida eterna, el deseo egoísta crea muerte y temporalidad.

No podemos subestimar el poder de la mente cuando sirve al deseo de ser especial. Como bien se recoge en el punto anterior, no debemos negar a los enemigos de la paz, a los deseos egoístas. Dichos deseos están presentes en nuestra mente y sus resultados son causantes de los estados de ausencia de paz. Lo único que debemos negar es su realidad, es decir, reconocer que son fruto del mundo de la ilusión y como tal no responden a las leyes de la eternidad.

4. Lo que Dios creó no puede ser atacado, pues no hay nada en el universo que sea diferente de ello. 2Lo que es diferente, sin embargo, exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es "mejor", alguien incapaz de ser como aquel a quien con­dena, alguien "superior" a él, y en comparación, inocente. 3Y así, el deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y en un fin. 4Pues ser especial no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser "inferiores", es "natural" y "justo". 5Los que se creen especiales se sienten débiles y frágiles debido a las diferencias, pues lo que los hace especiales es su enemigo. 6Sin embargo, ellos lo protegen y lo llaman "amigo". 7Luchan por él contra todo el universo, pues no hay nada en el mundo que sea más valioso para ellos.

No debe resultarnos extraño que tengamos dificultad para comprender la dimensión eterna del significado amor cuando intentamos conocerlo desde la perspectiva del pensamiento del ego. Desde la percepción de un mundo separado, es imposible conocer el significado real que el Curso nos ofrece del amor. Esto es así por la misma razón de que los ojos físicos no pueden ver nuestra realidad verdadera. La visión física determina la realidad en base a la forma y no al contenido.

De igual modo, interpreta el amor desde lo perceptivo, desde las acciones, desde su aspecto externo, respondiendo desde el entendimiento de que el amor debe ser expresado a través de las acciones, negando la posibilidad de que el amor sea real únicamente cuando se expresa como una condición de nuestra mente.

Mientras que lo que se crea desde la mente amorosa no puede ser atacado por la sencilla razón de que pertenece a la creación de Dios y goza del principio de igualdad y de unidad, el amor expresado y entendido desde el nivel perceptivo viene acompañado del deseo de ser especial. Cuando amamos en este mundo, lo hacemos de forma especial, individual y selectiva. Es más, podemos amar y seguidamente odiar a la misma persona, simplemente porque no se ajusta a nuestros deseos o porque nos da miedo amarla desde la libertad. 

Se produce una interesante paradoja en el modo de amar desde el punto de vista del ego. El deseo de ser especial nos lleva a sentirnos diferentes a los demás, a los cuales vemos como a nuestros enemigos. Reforzamos nuestro especialismo a través de la percepción de ser especial y único. Por otro lado, lo que en apariencia es diferente a nosotros e interpretamos como enemigo, lo convertimos en nuestro amigo, elevándolo a la condición de especial y atribuyéndole un valor muy personal, dado que sin su presencia nuestro especialismo desaparecería. 

martes, 23 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (1ª parte).

I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (1ª parte).

1. El amor es extensión. 2Negarte a dar un regalo -por insignifi­cante que sea- es no conocer el propósito del amor. 3El amor lo da todo eternamente. 4Si retienes una sola creencia, una sola ofrenda, el amor desaparece, pues has pedido que un sustituto ocupe su lugar. 5Y ahora la pugna -el substituto de la paz- no puede sino acompañar a la única alternativa que puedes elegir en lugar del amor. 6El que la hayas elegido es lo que le confiere toda la realidad que parece tener.

¿Cuántas veces nos habremos preguntado qué es el amor? El hecho de cuestionarnos su significado lleva implícito que no lo conocemos. Sin embargo, si tenemos fe en la enseñanza del Curso, en el que se nos enseña que somos "Hijos del Amor", la cuestión se hace aún más incomprensible para nuestra mente. ¿Cómo es posible que, siendo amor, desconozcamos su significado?

Ahora comprendo mejor la razón del aforismo griego "Conócete a ti mismo". El desconocimiento de lo que realmente somos es la causa de que desconozcamos, igualmente, el significado del amor.

Si somos Hijos de Dios, creados a Su imagen y semejanza, dicha condición nos hace "hijos del amor". Si esa comunión Padre-Hijo existiera en nuestra mente, no tendríamos duda de lo que significa el amor, pues seríamos plenamente conscientes de nuestro Ser.

Pero aquí estamos, planteándonos una cuestión que debería ser irrelevante para nuestra mente y que sin embargo se ha convertido en la condición más codiciada de toda existencia.

El amor es extensión. He ahí la respuesta a la cuestión más demente que nos hayamos podido hacer jamás. Tal vez podamos sentirnos contrariados con esta afirmación, pues esperábamos un desarrollo más amplio de lo que es el amor. El único significado que nos aporta el curso es que el amor es extensión, es decir, un acto de voluntad. Pero cuidado, no nos precipitemos en la valoración de ese concepto. 

El Diccionario de la Real Academia Española le aporta los siguientes significados, entre otros: dilatación, alargamiento, prolongación, estiramiento, propagación, expansión, difusión, divulgación. Sus opuestos serían: contracción, encogimiento, reducción.

El amor podría interpretarse como la "prolongación" de la naturaleza de Dios. Lo que nos confirmaría que la afirmación que se recoge en los Textos Sagrados es verdadera cuando nos dice que Dios creó a Su Hijo a Su imagen y semejanza. Todo acto de creación debe ser un acto de amor, lo que significa que debe ser un acto de "prolongación" de nuestra propia naturaleza, lo cual hace posible que la unidad entre nuestro Ser y nuestra creación sea eterna.

Retomando la cuestión con la que iniciábamos el análisis de este punto, con lo expuesto, no podremos menos que comprender que es un planteamiento sin fundamento que revela nuestro nivel de ignorancia y desconocimiento de lo que somos. Preguntar "¿qué es el amor?" tan sólo es posible desde el punto de vista del sistema de pensamiento del ego, el cual está basado en la creencia en la separación, o lo que es lo mismo, en la creencia de que amar nada tiene que ver con la expansión, pues según sus leyes, cuando damos, perdemos lo que damos.

2. Las creencias nunca se atacarán unas a otras abiertamente, ya que es imposible que se puedan producir desenlaces conflictivos. 2Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantie­nen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensa­tos o no. 3Y son muchos los resultados insensatos que se han obtenido y muchas las decisiones absurdas que se han tomado que ahora se han convertido en creencias a las que se les ha otor­gado el poder de determinar las decisiones subsiguientes. 4No subestimes el poder que tienen estos guerreros ocultos para des­truir tu paz. 5Pues ésta se encuentra a su merced mientras tu deci­sión de dejarla en sus manos siga en pie. 6Los enemigos secretos de la paz -tu más mínima decisión de elegir el ataque en vez del amor- se encuentran ahí por tu propia elección, sin ser reconoci­dos y prestos a desafiarte a combatir y a llevarte a una violencia mucho más grande de lo que te imaginas. 7No niegues su presen­cia ni sus terribles resultados. 8Lo único que se puede negar es su realidad, no sus consecuencias.

Seguimos profundizando en la idea que nos ofrece este apartado y que sin duda tiene como objetivo enseñarnos a conocer lo que es el verdadero amor.

Hasta aquí, tenemos claro que el amor es extensión, una prolongación de lo que somos. Nuestras creaciones, para ser reales y verdaderas, tienen que llevar ese sello, el de propagarse a sí mismas. 

Tenemos igualmente claro que, cuando retenemos alguna condición de lo que somos, nuestra creación no es una copia exacta de lo que somos, dado que hemos decidido no compartir la totalidad de lo que somos. Dejamos fuera de nuestra acción creadora un aspecto que no lleva el sello de nuestra identidad verdadera. Podemos decir que existe un conflicto entre lo que somos y lo que hemos creado. El origen de ese acto responde a un deseo de ser especial, de ser diferente a lo que somos. Dicho deseo dará lugar a la creencia en un nuevo aspecto de nuestro ser y el deseo se fortalecerá al convertirse en la creencia que nos confirma ese nuevo aspecto.

Cuando decidimos crear para satisfacer el deseo de ser especial, estamos negando el estado de paz que nos ofrece la expansión de nuestra totalidad y eligiendo en su lugar el estado de conflicto que nos ofrece el deseo de especialismo.

lunes, 22 de septiembre de 2025

Capítulo 24. EL DESEO DE SER ESPECIAL. Introducción.

 Capítulo 24

EL DESEO DE SER ESPECIAL

 

Introducción

1. No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y con­servar el estado de paz. 2En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios. 3No es necesa­rio que le digas lo que Él debe hacer. 4Él no fallará. 5Allí donde puede entrar, Él ya ha entrado. 6¿Cómo no iba a poder entrar allí donde es Su Voluntad estar? 7Alcanzarás la paz porque ésa es Su Voluntad. 8¿Crees que una sombra puede frenar la Voluntad que mantiene al universo a salvo? 9Dios no tiene que contemporizar con las ilusiones para ser lo que es. 10Ni Su Hijo tampoco. 11Ellos simplemente son. 12¿Y qué ilusión que en su vagar parezca flotar e interponerse entre Ellos tiene el poder de invalidar los designios de Su Voluntad conjunta?

Al leer el contenido de la introducción a este nuevo capítulo del Curso, mi mente me ha mostrado una evidencia que no es nueva en las enseñanzas que se recogen en el estudio que estamos realizando, pues se desarrolla ampliamente en sus apartados. A pesar de ello, hoy el aprendizaje ha ido más allá de la pura teoría; ha conseguido despertar un nivel de comprensión que tan sólo se alcanza cuando se toma consciencia de ello. Hoy he sido plenamente consciente del poder que tiene la Mente de Dios, la cual compartimos con Él, y con la cual creamos nuestra realidad.

Tengo la certeza, en este momento más que nunca, de que el uso consciente de la mente nos conectará con nuestro verdadero Ser y esta visión nos permitirá alcanzar y conservar el estado de paz que realmente somos. 

Como nos propone este primer apartado de la introducción del capítulo 24, el estado de paz, la ausencia de conflicto, nos permitirá acallar la mente y ello nos conectará con Dios, nuestra verdadera identidad. Nuestra mente divina, no la corpórea y egoica, nos hará conscientes de que no tenemos que hacer nada en absoluto, pues no es lo que hacemos sino lo que somos lo que tiene verdadero valor.

2. Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. 2Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje. 3Ninguna creencia es neutra. 4Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. 5Pues una decisión es una conclu­sión basada en todo lo que crees. 6Es el resultado de lo que se cree y emana de ello tal como el sufrimiento es la consecuencia inevita­ble de la culpabilidad, y la libertad, de la falta de pecado. 7La paz no tiene substitutos. 8No hay alternativa para lo que Dios crea. 9La verdad surge de lo que Él sabe. 10Y así como toda la creación sur­gió en Su Mente por razón de lo que Él sabe, del mismo modo tus decisiones proceden de tus creencias. 

El valor de Ser se alinea con la verdad que somos. La búsqueda de otros valores que den más importancia al "hacer", al "tener", responderá al deseo de escasez, de necesidad, al deseo de ser especial y, por lo tanto, a la creencia en la separación. Esta errónea creencia nos mantiene prisioneros del miedo, del conflicto, del sufrimiento, del dolor y de la visión de la muerte.

Detrás de cada decisión siempre hay una creencia y ninguna creencia es neutra. Debemos recordar, tal y como nos enseña el Curso, que la causa de nuestras creencias se encuentra en el deseo. Por lo tanto, la clave para aprender este curso requiere que estemos dispuestos a cuestionar cada uno de los valores que abrigamos, dado que le damos valor a aquello que deseamos.

El deseo de unidad emana de la esencia del amor y de la experiencia de la comunión con Dios y con la Filiación. El deseo de unidad nos hace habitantes del Cielo.

El deseo de ser especial es la fuente del miedo y da lugar a la creencia en la separación. El deseo de ser especial nos hace habitantes de la tierra.

En el Cielo la existencia es verdadera y eterna. En la tierra es ilusoria y temporal.

Capítulo 24. EL DESEO DE SER ESPECIAL. Introducción.

 Capítulo 24

EL DESEO DE SER ESPECIAL

 

Introducción

1. No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y con­servar el estado de paz. 2En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios. 3No es necesa­rio que le digas lo que Él debe hacer. 4Él no fallará. 5Allí donde puede entrar, Él ya ha entrado. 6¿Cómo no iba a poder entrar allí donde es Su Voluntad estar? 7Alcanzarás la paz porque ésa es Su Voluntad. 8¿Crees que una sombra puede frenar la Voluntad que mantiene al universo a salvo? 9Dios no tiene que contemporizar con las ilusiones para ser lo que es. 10Ni Su Hijo tampoco. 11Ellos simplemente son. 12¿Y qué ilusión que en su vagar parezca flotar e interponerse entre Ellos tiene el poder de invalidar los designios de Su Voluntad conjunta?

Al leer el contenido de la introducción a este nuevo capítulo del Curso, mi mente me ha mostrado una evidencia que no es nueva en las enseñanzas que se recogen en el estudio que estamos realizando, pues se desarrolla ampliamente en sus apartados. A pesar de ello, hoy el aprendizaje ha ido más allá de la pura teoría; ha conseguido despertar un nivel de comprensión que tan sólo se alcanza cuando se toma consciencia de ello. Hoy he sido plenamente consciente del poder que tiene la Mente de Dios, la cual compartimos con Él, y con la cual creamos nuestra realidad.

Tengo la certeza, en este momento más que nunca, de que el uso consciente de la mente nos conectará con nuestro verdadero Ser y esta visión nos permitirá alcanzar y conservar el estado de paz que realmente somos. 

Como nos propone este primer apartado de la introducción del capítulo 24, el estado de paz, la ausencia de conflicto, nos permitirá acallar la mente y ello nos conectará con Dios, nuestra verdadera identidad. Nuestra mente divina, no la corpórea y egoica, nos hará conscientes de que no tenemos que hacer nada en absoluto, pues no es lo que hacemos sino lo que somos lo que tiene verdadero valor.

2. Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. 2Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje. 3Ninguna creencia es neutra. 4Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. 5Pues una decisión es una conclu­sión basada en todo lo que crees. 6Es el resultado de lo que se cree y emana de ello tal como el sufrimiento es la consecuencia inevita­ble de la culpabilidad, y la libertad, de la falta de pecado. 7La paz no tiene substitutos. 8No hay alternativa para lo que Dios crea. 9La verdad surge de lo que Él sabe. 10Y así como toda la creación sur­gió en Su Mente por razón de lo que Él sabe, del mismo modo tus decisiones proceden de tus creencias. 

El valor de Ser se alinea con la verdad que somos. La búsqueda de otros valores que den más importancia al "hacer", al "tener", responderá al deseo de escasez, de necesidad, al deseo de ser especial y, por lo tanto, a la creencia en la separación. Esta errónea creencia nos mantiene prisioneros del miedo, del conflicto, del sufrimiento, del dolor y de la visión de la muerte.

Detrás de cada decisión siempre hay una creencia y ninguna creencia es neutra. Debemos recordar, tal y como nos enseña el Curso, que la causa de nuestras creencias se encuentra en el deseo. Por lo tanto, la clave para aprender este curso requiere que estemos dispuestos a cuestionar cada uno de los valores que abrigamos, dado que le damos valor a aquello que deseamos.

El deseo de unidad emana de la esencia del amor y de la experiencia de la comunión con Dios y con la Filiación. El deseo de unidad nos hace habitantes del Cielo.

El deseo de ser especial es la fuente del miedo y da lugar a la creencia en la separación. El deseo de ser especial nos hace habitantes de la tierra.

En el Cielo la existencia es verdadera y eterna. En la tierra es ilusoria y temporal.