viernes, 15 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (1ª parte).

VI. La luz de la relación santa (1ª parte).

1. ¿Deseas la libertad del cuerpo o la de la mente? 2Pues no pue­des tener ambas. 3¿Qué valoras más, el cuerpo o la mente? 4¿Cuál de ellos es tu objetivo? 5Pues a uno de ellos lo ves como un medio; al otro como un fin. 6uno de ellos tiene que servir al otro y dejar que predomine, realzando su importancia al disminuir la suya propia. 7Los medios sirven al fin, y a medida que el fin se alcanza, el valor de los medios disminuye, quedando totalmente eclipsa­dos cuando se reconoce que ya no tienen función alguna. 8Todo aquel que anhela la libertad tratará de encontrarla. 9Pero la bus­cará donde cree que está y donde cree que puede hallarla. 10Creerá que es igualmente posible alcanzar o bien la libertad de la mente o bien la del cuerpo, y elegirá a uno de ellos para que sirva al otro como medio para encontrarla.

Desde que René Descartes, el padre de la ciencia mecanicista que ha imperado hasta hace poco, estableciera los postulados que han prevalecido sobre las creencias de que lo material prevalece sobre la mente y que el estudio de la mente, al no responder a las leyes de las ecuaciones matemáticas, no puede ser estudiado por la ciencia, sino por la iglesia, al entender que la mente es cosa de Dios.

Dichas leyes y postulados fueron reforzados por las teorías de Isaac Newton y constituyen los cimientos no sólo de la dinámica clásica, sino también de la física clásica en general. Aunque incluyen ciertas definiciones y en cierto sentido pueden verse como axiomas, Newton afirmó que estaban basadas en observaciones y experimentos cuantitativos; ciertamente no pueden derivarse a partir de otras relaciones más básicas. La demostración de su validez radica en sus predicciones. La validez de esas predicciones fue verificada en todos y cada uno de los casos durante más de dos siglos.

Gracias a las aportaciones procedentes de la física cuántica, las leyes deterministas que han prevalecido hasta ahora son puestas en entredicho cuando son estudiadas las partículas subatómicas, dando lugar a nuevas afirmaciones sobre la realidad del universo. Lo que antes era todo materia, ahora se nos presenta como probabilidades, como ondas, que tan sólo adquieren la condición material cuando son observadas y no antes.

Son avances interesantes en el rígido sistema de la física que nos invitan a abrir nuestras mentes con la intención de aceptar una percepción verdadera del universo. 

El cuerpo debe ser entendido como un medio para ayudarnos a alcanzar el fin de utilizar la mente, donde se encuentra nuestro poder creativo.

Os recomiendo la lectura del libro titulado "Deja de ser tú", escrito por Joe Dispenza.

2. Cuando se ha elegido la libertad del cuerpo, la mente se usa como un medio cuyo valor reside en su habilidad de ingeniar medios para conseguir la libertad del cuerpo. 2Pero dado que liberar al cuerpo no tiene sentido, la mente se ha puesto al servi­cio de las ilusiones. 3Esta situación es tan contradictoria e imposi­ble que cualquiera que la elija no tiene idea de lo que es valioso. 4Mas aun en esta confusión -tan profunda que es indescripti­ble- el Espíritu Santo espera pacientemente, tan seguro del resultado final como del Amor de Su Creador. 5Él sabe que esa decisión descabellada la tomó uno a quien Su Creador ama tanto como el amor se ama a sí mismo.

Desde el punto de vista cuántico, el universo es un infinito campo de posibilidades que se encuentra en estado potencial en espera de que nuestra elección le permita transformar su condición de onda en partícula, o lo que es lo mismo, su estado mental favorezca su percepción. El poder de la intención o el uso de la voluntad nos lleva a concentrar nuestra atención en una de esas infinitas posibilidades y, cuando esto ocurre, la elección se convierte en percepción, en nuestra realidad.

Si la mente es utilizada como un medio para alcanzar el logro de un deseo, como por ejemplo el deseo de ser especial, lo que se traduce en que ponemos nuestra atención en ser individuo separado de la fuente de la unidad, ocurrirá que percibiremos el fin perseguido, es decir, percibiremos el cuerpo.

jueves, 14 de agosto de 2025

Capítulo 22. V. La debilidad y la indefensión (2ª parte).

V. La debilidad y la indefensión (2º parte).

4. ¡Cuán débil es el miedo! 2¡Cuán ínfimo e insensato! 3¡Cuán insignificante ante la silenciosa fortaleza de aquellos a quienes el amor ha unido! 4Tal es tu "enemigo": un ratoncillo asustado que pretende enfrentarse al universo. 5¿Qué probabilidades tiene de ganar?. 6¿Sería acaso difícil ignorar sus débiles chillidos que pre­gonan su omnipotencia y quieren ahogar el himno de alabanza al Creador que perpetuamente y cual una sola voz entonan todos los corazones del universo? 7¿Qué es más fuerte, ese ratoncillo o todo lo que Dios creó? 8No es ese ratón lo que te une a tu her­mano, sino la Voluntad de Dios. 9¿Y podría un ratón traicionar a quienes Dios ha unido?

Jesús, en este punto, utiliza el símil del ratón para referirse a la naturaleza débil del ego en comparación con la fortaleza propia de la obra creada por Dios: Su Hijo.

No es el ratón quien posee el poder de la unión, el poder del amor. El ratón no ha sido creado a imagen y semejanza del Creador. Es el Hijo de Dios quien goza de los atributos de Su Creador. Por lo tanto, ¿nos vamos a identificar con la debilidad del ratoncillo o con la invulnerabilidad del Espíritu?

5. ¡Si tan sólo reconocieseis lo poco que se interpone entre voso­tros y la conciencia de vuestra unión! 2No os dejéis engañar por la ilusión de tamaño, espesor, peso, solidez y firmeza de cimien­tos que ello presenta. 3Es verdad que para los ojos físicos parece ser un cuerpo enorme y sólido, y tan inamovible como una mon­taña. Sin embargo, dentro de ti hay una Fuerza que ninguna ilusión puede resistir. 5Este cuerpo tan solo parece ser inamovi­ble, pero esa Fuerza es realmente irresistible. 6¿Qué ocurre, entonces, cuando se encuentran? 7¿Se puede seguir defendiendo la ilusión de inamovilidad por mucho más tiempo contra lo que calladamente la atraviesa y la pasa de largo?

El cuerpo físico es el ropaje con el que nos hemos identificado y, a pesar de estar regido por las leyes de la ilusión, de lo irreal, de la temporalidad, no hemos conseguido trascender la falsedad de su percepción, es decir, no es suficiente razón para darnos cuenta de que la vida no puede ceñirse al corto viaje que comprende el momento de nuestro nacimiento y que encuentra su fin con la muerte. ¿Acaso esto tiene sentido? 

Si nos atrevemos a dudar de la existencia del ego y de la credibilidad del cuerpo, nos asaltarán pensamientos que nos dirán: "Muéstrame la existencia de la eternidad", "Muéstrame la presencia del espíritu". Nadie ha vuelto a la vida después de haber muerto.

Para el ego, la vida es lo que percibe, lo que ve, lo que toca, lo que siente, lo que huele, lo que oye.  La vida es el cuerpo. Pero si la vida fuesen esas consideraciones, ninguna de ellas sería verdad, ni real.  Ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Tan solo lo real y verdadero es lo que no cambia, lo que no está sujeto a las leyes de la temporalidad. 

Nos dice Jesús en este punto que dentro de nosotros hay una Fuerza que ninguna ilusión puede resistir. Tengo la certeza de que esto es verdad. Tengo la certeza de que esa Fuerza es nuestra naturaleza divina, nuestra única verdad.

6. Nunca te olvides de que cuando sientes surgir la necesidad de defenderte de algo es que te has identificado a ti mismo con una ilusión. 2Consecuentemente, crees ser débil porque estás solo. 3Ése es el costo de todas las ilusiones. 4No hay ninguna que no esté basada en la creencia de que estás separado; 5ninguna que no pa­rezca interponerse, densa, sólida e inamovible, entre tu hermano y tú; 6ni ninguna que la verdad no pueda pasar por alto felizmente y con tal facilidad, que tienes que quedar convencido de que no es nada, a pesar de lo que pensabas que era. 7Si perdonas a tu her­mano, esto es lo que inevitablemente sucederá. 8Pues es tu renuen­cia a pasar por alto aquello que parece interponerse entre vosotros lo que hace que parezca impenetrable y lo que defiende la ilusión de su inamovilidad.

Si elegimos vivir bajo las leyes del ego, bajo su sistema de pensamiento, estaremos confirmando que hemos elegido la separación a la unidad, el miedo al amor, la lucha a la paz, el dolor al gozo.

Los efectos consecuentes con esa elección nos sitúan en un escenario de hostilidad característico del mundo de la percepción. Para proteger tu seguridad, decidirás atacar a los demás, pues qué mejor defensa que un buen ataque. El otro se convierte en la diana donde lanzas tus dardos, es decir, donde proyectas tus culpas, tus miedos, tus condenas, y lo haces juzgando tus propias debilidades en su comportamiento. El sufrimiento está servido y no tendrá fin hasta que decidas perdonarte y perdonar al mundo que te rodea.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Capítulo 22. V. La debilidad y la indefensión (1ª parte).

 V. La debilidad y la indefensión (1º parte).

1. ¿Cómo se superan las ilusiones? 2Ciertamente no mediante el uso de la fuerza o de la ira, ni oponiéndose a ellas en modo alguno. 3Se superan dejando simplemente que la razón te diga que las ilusiones contradicen la realidad. 4Las ilusiones se opo­nen a lo que no puede sino ser verdad. 5La oposición procede de ellas, no de la realidad. 6La realidad no se opone a nada. 7Lo que simplemente "es" no necesita defensa ni ofrece ninguna. 8Sólo las ilusiones necesitan defensa debido a su debilidad. 9Mas ¿cómo podría ser difícil recorrer el camino de la verdad cuando la debi­lidad es el único obstáculo? 10Tú eres el fuerte en este aparente conflicto 11y no necesitas ninguna defensa. 12Tampoco deseas nada que necesite defensa, pues cualquier cosa que necesite defensa te debilitará.

El pensamiento sigue a su fuente. Esta afirmación nos ayuda a comprender el motivo por el cual no podemos responder a la ilusión con ideas procedentes de la creencia en la separación, como son la fuerza, la ira o la oposición. Si utilizamos recursos procedentes de la propia ilusión para superarlas, es como tenerle miedo al miedo; jamás dejaremos de hacerlo real. Si la ilusión no es real, tendremos que recurrir a la verdad y a los recursos que nos ofrece para superar su irrealidad. 

Jesús nos invita a utilizar la razón, un recurso propio de la verdad, para superar la ilusión. ¿Cómo podemos tener la certeza de que estamos utilizando la razón para superar la ilusión? La respuesta es sencilla. La ilusión no puede superar una pregunta esencial: ¿lo que percibimos es eterno o perecedero? Si es perecedero, lo que percibimos es ilusorio. Si es eterno, lo que percibimos lo estamos haciendo desde la razón de la verdad.

2. Examina para qué desea las defensas el ego, 2verás que siempre es para justificar lo que va en contra de la verdad, lo que se esfuma en presencia de la razón y lo que no tiene sentido. 3¿Puede esto acaso estar justificado? 4¿ Qué otra cosa podría ser, sino una invitación a la demencia para que te salve de la verdad? 5¿Y de qué se te salvaría, sino de lo que temes? 6La creencia en el pecado requiere constante defensa, y a un costo exorbitante. 7Es preciso combatir y sacrificar todo lo que el Espíritu Santo te ofrece. 8Pues el pecado está tallado en un bloque que fue arran­cado de tu paz y colocado entre el retorno de ésta y tú.

¿Serías capaz de identificar alguna ilusión que te permita gozar de la paz que albergas en tu Ser? Si pudieses identificarlo, sin duda alguna dejaría de ser una ilusión. 

Es evidente que no me estoy refiriendo a la sensación pasajera de sentirnos en paz por unos instantes y de forma inmediata dejar de sentirla. Este tipo de sensaciones son destellos de lo que gozaríamos si consiguiésemos mantener nuestra consciencia despierta a lo que somos, es decir, si lográsemos dejar de darle valor a las ilusiones y aceptásemos que este mundo es ilusorio e irreal.

Para gozar de la paz eterna, tendremos que recuperar nuestra identidad espiritual y aceptar la función que tiene el cuerpo dentro del mundo perceptivo y temporal. Conocer dicha función liberará al cuerpo del castigo al que está sometido al juzgarle como el único causante de nuestra naturaleza pecadora. 

Vivir en paz es vivir en la impecabilidad.

3. Sin embargo, ¿cómo iba a poder estar la paz tan fragmentada? 2La paz sigue aún intacta, pues no se le ha quitado nada. 3Date cuenta de que tanto los medios como aquello de lo que se compo­nen los sueños perversos no significa nada. 4En realidad tu her­mano y tú estáis unidos y no hay nada que se interponga entre vosotros. 5Puesto que Dios os lleva de la mano, ¿qué podría sepa­rar lo que Él ha unido Consigo Mismo como un solo Ser? 6Es de tu Padre de Quien te quieres defender. 7Sin embargo, sigue siendo imposible excluir el amor. 8Dios descansa contigo serena­mente, sin defensas y en total mansedumbre, pues sólo en esa quietud se encuentra la fuerza y el poder. 9Ahí la debilidad no tiene cabida porque ahí no hay ataque, y, por lo tanto, no hay ilusiones. 10El amor descansa en la certeza. 11Sólo la incertidum­bre se defiende. 12toda incertidumbre no es otra cosa que las dudas que tienes acerca de ti mismo.

No es nuestra naturaleza espiritual la que nos priva de la paz, de la felicidad y del amor. Es la percepción de lo ilusorio al que le hemos otorgado la condición de real la que se convierte en el principal obstáculo que nos impide gozar de la paz y de la felicidad.

La enemistad del ego con respecto a Dios, al que juzga de vengativo y despiadado, hace que el hombre sienta miedo y recelo hacia todo aquello que le recuerda su naturaleza pecadora, lo que le lleva a atacar fuera de sí mismo todo aquello que siente en su interior como una amenaza para alcanzar su único deseo de ser especial.

martes, 12 de agosto de 2025

Capítulo 22. III. La razón y las distintas formas del error (4ª parte).

  III. La razón y las distintas formas del error (4ª parte).

7. Sólo los errores varían de forma, y a eso se debe que puedan engañar. 2Tú puedes cambiar la forma porque ésta no es verdad. 3Y no puede ser la realidad precisamente porque puede cambiar. 4La razón te diría que si la forma no es la realidad tiene que ser entonces una ilusión, y que no se puede ver porque no existe. 5si la ves debes estar equivocado, pues estás viendo lo que no puede ser real como si lo fuera. 6Lo que no puede ver más allá de lo que no existe no puede sino ser percepción distorsionada, y no puede por menos que percibir a las ilusiones como si fuesen la verdad. 7¿Cómo iba a poder, entonces, reconocer la verdad?

Mientras que para este Curso el error tan sólo es uno, para el ego, los errores varían de forma.

Un Curso de Milagros reconoce un sólo error: el creer que estamos separados de nuestro Creador y de Su creación. Al tratarse de una única causa, también diremos que tan sólo hay una sóla solución, la corrección, esto es, la Expiación.

Al estudiar el Curso, nos resultará de gran ayuda el entender desde la razón el significado de verdad y realidad. 

Os dejo un enlace de una de mis publicaciones titulada "Nada real puede ser amenazado", donde analizo los conceptos "verdad" y "real" de manera que nos permita conocer su significado y nos permita reconocer lo que los diferencia de lo ilusorio.

Aprendiendo Un Curso de Milagros: Nada real puede ser amenazado

8. No permitas que la forma de sus errores te aleje de aquel cuya santidad es la tuya. 2No permitas que la visión de su santidad, que te mostraría tu perdón, quede oculta tras lo que ven los ojos del cuerpo. 3No permitas que la conciencia que tienes de tu her­mano se vea obstruida por tu percepción de sus pecados y de su cuerpo. 4¿Qué hay en él que quisieras atacar, excepto lo que aso­cias con su cuerpo, el cual crees que puede pecar? 5Más allá de sus errores se encuentra su santidad junto con tu salvación. 6Tú no le diste su santidad, sino que trataste de ver tus pecados en él para salvarte a ti mismo. 7Sin embargo, su santidad es tu perdón. a¿Cómo ibas a poder salvarte si haces de aquel cuya santidad es tu salvación un pecador?

El error más común que nos acompaña cuando interpretamos la realidad desde el punto de vista del ego es proyectar sobre los demás el contenido de nuestros pensamientos no amorosos. No aguantamos el peso de nuestros sentimientos de culpabilidad y ello nos lleva a querer corregirlo en la forma del otro. El desconocimiento de que es nuestra mente la que nos lleva a interpretar y a juzgar nos lleva a trasladar esa autoría al cuerpo, en el cual se perciben las diferencias y donde se hace más evidente la separación.

En el alocado deseo de quedar limpio de "pecado", nos lanzamos a una descabellada cruzada dirigida hacia los demás, a los que consideramos nuestros enemigos, en un intento de sanar nuestra naturaleza pecadora. Nos vemos débiles y ello nos lleva a percibir la debilidad en los demás, por lo que decidimos defendernos de ellos propiciándole nuestro justificado ataque para poner fin al mal. 

9. Una relación santa, por muy recién nacida que sea, tiene que valorar la santidad por encima de todo lo demás. 2Cualquier valor profano producirá confusión, y lo hará en la conciencia. 3En las relaciones no santas se le atribuye valor a cada uno de los indivi­duos que la componen, ya que cada uno de ellos parece justificar los pecados del otro. 4Cada uno ve en el otro aquello que le incita a pecar en contra de su voluntad. 5De esta manera, cada uno le atribuye sus pecados al otro y se siente atraído hacia él para poder perpetuar sus pecados. 6Y así se hace imposible que cada uno vea que él mismo es el causante de sus propios pecados al desear que el pecado sea real. 7La razón, en cambio, ve una relación santa como lo que realmente es: un estado mental común, donde ambos gustosamente le entregan sus errores a la corrección, de manera que los dos puedan ser felizmente sanados cual uno solo.

La teoría del "espejo" viene a reforzar la idea de que nuestro hermano no es nuestro enemigo, sino todo lo contrario, es nuestro salvador. Me gusta pensar que entre la humanidad existe un pacto de amor sellado en el Cielo y por el que nos ofrecemos a realizar la función de "salvadores" para los demás. Gracias a este pacto, la salvación queda garantizada por el compromiso adquirido en dicho pacto.

El otro es nuestro espejo, esto es, nos refleja aquello que no vemos en nosotros mismos. El espejo no nos engaña, nos muestra tal y como nos proyectamos sobre él. Podemos pedirle al espejo que nos diga quién es la criatura más bella del mundo, pero debemos estar dispuestos a aceptar que la respuesta de ese espejo no sea de nuestro agrado, tal y como ocurrió en el cuento de hadas.

El otro siempre nos muestra el rostro que proyectamos en él. Podemos reconocer aspectos positivos de nuestra personalidad de los que no somos totalmente conscientes y podemos ver en ellos la parte más oscura y oculta de nuestro ser. Trascender el juicio condenatorio de lo percibido en el espejo del otro nos abrirá las puertas de la salvación. La razón habrá abierto nuestros ojos a la verdadera realidad y nos habrá permitido recordar lo que somos realmente. En ese recuerdo, también reconoceremos el pacto que hemos sellado con todos nuestros hermanos de Filiación. 

Capítulo 22. IV. La bifurcación del camino (2ª parte).

IV. La bifurcación del camino (2ª parte).

4. ¡Pensad en la hermosura que veréis, vosotros que camináis a Su lado! 2¡Y pensad cuán bello os parecerá el otro! 3¡Cuán felices os sentiréis de estar juntos después de una jornada tan larga y solita­ria en la que caminabais por separado! 4Las puertas del Cielo, francas ya para vosotros, las abriréis ahora para los que aún sufren. 5Y nadie que mire al Cristo en vosotros dejará de regoci­jarse. 6¡Qué bello es el panorama que visteis más allá del velo y que ahora llevaréis para iluminar los cansados ojos de aquellos que todavía están tan extenuados como una vez lo estuvisteis vo­sotros! 7¡Cuán agradecidos estarán de veros llegar y ofrecer el per­dón de Cristo para desvanecer así la fe que ellos aún tienen en el pecado!

El descubrimiento del cuerpo hizo que nos olvidáramos de nuestra verdadera realidad, la cual era compartida por el Hijo de Dios. El origen de nuestra identidad es espiritual y dicha identidad es compartida en unidad con el resto de la Filiación. Sin embargo, el deseo de ser especial colocó una venda sobre nuestros ojos y propició la percepción de una realidad ilusoria con la cual nos identificamos. Dejamos de ser eternos para convertirnos en cuerpos temporales. Nuestra mente quedó prisionera de la dimensión sensorial y el deseo individual hizo que la separación ocupase nuestro nivel de creencia.

5. Cualquier error que cometas, el otro ya lo habrá corregido tier­namente por ti. 2Pues para él tu hermosura es su salvación, y la quiere proteger de cualquier daño. 3cada uno será para el otro su firme defensor contra todo lo que parezca surgir para separa­ros. 4Y así caminaréis por el mundo conmigo, pues tengo un mensaje que aún no se ha llevado a todos. 5Y vosotros estáis aquí para permitir que se reciba. 6La oferta de Dios todavía sigue en pie, pero aguarda aceptación. 7Se recibe de vosotros que la habéis aceptado. 8En vuestras manos unidas se deposita confiadamente, pues vosotros que la compartís os habéis convertido en sus devo­tos guardianes y protectores.

Todos somos participantes de la carrera de la vida. Todos conocemos las reglas por las que se rige la prueba y todos sabemos cuáles son las condiciones que debemos cumplir para cruzar la meta como vencedores.

Nos encontramos en el punto de salida y el clamor de júbilo inicial se está viendo alterado por un ronroneo que está demorando el inicio de la carrera. Algunos participantes están sintiendo un deseo especial que les está propiciando un nuevo estímulo. Desean cruzar la meta en solitario y de este modo hacerse con el trofeo de ganador. Ese rumor emocional lo están extendiendo entre la multitud de participantes, los cuales se han contagiado por ese deseo de ser especial. 

Da comienzo la carrera y cuando los organizadores esperaban que todos corrieran al mismo paso, no tardaron en comprobar que cada uno seguía su propio ritmo; es más, nadie seguía el itinerario establecido. 

6. A todos aquellos que comparten el Amor de Dios se les con­cede la gracia de ser los dadores de lo que han recibido. 2así aprenden que es suyo para siempre. 3Todas las barreras desapa­recen ante su llegada, de la misma manera en que cada obstáculo que antes parecía bloquear su camino quedó finalmente supe­rado. 4Ese velo que tú y tu hermano descorréis juntos os abre el camino a la verdad y se lo abre también a otros. 5Los que permi­ten que se les libere de las ilusiones de sus mentes son los salva­dores de este mundo, y caminan por él con su Redentor, llevando Su mensaje de esperanza, libertad y emancipación del sufri­miento a todo aquel que necesite un milagro para salvarse.

La decepción ha sido compartida por todos aquellos que, al cruzar la meta, creyeron ser los elegidos para recibir el trofeo de ganador, pero eso no ocurrió, pues las reglas de la prueba lo dejaban muy claro. Tan sólo se hará entrega del trofeo cuando la totalidad de los participantes cruzasen al unísono la meta.

La decepción, el cansancio agotador por el sobreesfuerzo realizado para llegar el primero al punto final, hará que cambiemos de estrategia y que elijamos reconocer a todos y cada uno de los participantes con los cuales debemos alcanzar el objetivo marcado, cruzar la meta juntos de la mano y recibir el merecido trofeo como ganadores.

7. ¡Qué fácil es ofrecer este milagro a todos! 2Nadie que lo haya recibido tendría dificultad alguna en darlo. 3Pues al recibirlo aprendió que no se le daba solamente a él. 4Tal es la función de una relación santa: que recibáis juntos y que deis tal como reci­báis. 5Cuando se está ante el velo, esto todavía parece difícil. 6Pero si extendéis vuestras manos unidas y tocáis eso que parece un denso muro, notaréis con cuánta facilidad se deslizan vuestros dedos a través de su insubstancialidad. 7Ese muro no es sólido en absoluto. 8Y es sólo una ilusión lo que se interpone entre tú y tu hermano y el santo Ser que compartís.

Sí, es fácil. En la alegoría que he utilizado para facilitar la comprensión de la enseñanza que Jesús nos comparte, decidimos complicarnos las cosas cuando en verdad lo único que teníamos que hacer es caminar inspirados por nuestra esencia verdadera, el amor. Si así lo hubiésemos hecho o, mejor dicho, si así lo hacemos, jamás soltaríamos la mano de nuestro hermano y junto a él, reconoceríamos la meta, esto es, completaríamos a Dios y a Su Obra.  

lunes, 11 de agosto de 2025

Capítulo 22. IV. La bifurcación del camino (1ª parte).

 IV. La bifurcación del camino (1ª parte).

1. Cuando llegas al lugar en que la bifurcación del camino resulta evidente, no puedes seguir adelante. 2Tienes que decidirte por uno de los dos caminos, 3pues si sigues adelante de la manera en que ibas antes de llegar a este punto, no llegarás a ninguna parte. 4El único propósito de llegar hasta aquí fue decidir cuál de los dos caminos vas a tomar ahora. 5El trayecto que te condujo hasta aquí ya no importa. 6Ya no tiene ninguna utilidad. 7Nadie que haya llegado hasta aquí puede decidir equivocadamente, pero sí puede demorarse. 8Y no hay momento de la jornada más frus­trante y desalentador, que aquel en el que te detienes ahí donde el camino se bifurca, indeciso con respecto a qué rumbo seguir.

Me atrevería a decir que existe en cada uno de nosotros un mecanismo de defensa que nos protege a la hora de perpetuar el error en nuestras vidas. Es como un ¡ya basta! que resuena en nuestra mente y que nos enfrenta a un nivel de percepción hasta ahora desconocido. En ese instante, en el que nada parece tener sentido, una luz de esperanza se muestra ante nosotros, permitiéndonos comprender que es el momento de elegir lo que en verdad hemos añorado siempre: estar en paz con nosotros mismos y, por ende, con el mundo que nos rodea.

Si lo has experimentado, sabrás reconocer lo que digo.  Hemos recorrido un largo camino y nos sentimos agotados y cansados. El juzgar, el luchar, el competir, el odiar, el sobrevivir es especialmente agotador y nos consume la alegría de vivir. Afortunados somos dado que en ese instante extremo, decidimos ceder el timón de nuestro barco en manos del verdadero capitán de nuestra existencia, el Ser que somos en realidad y que ha sido creado a imagen y semejanza de Su Creador: El Hijo de Dios.

Nos encontramos en ese punto del camino de nuestra existencia en el que toca elegir de nuevo. Volver la mirada al pasado ya no nos complace y elegimos desprendernos de su pesada carga. En su lugar, decidimos vivir el único tiempo posible en el que nos fundimos con la eternidad, el presente. En el ahora, elegimos vivir el instante santo y bendecir a Dios y a la Filiación por permitirnos formar parte de Su compleción.

2. Son sólo los primeros pasos por el camino recto los que pare­cen difíciles, pues ya te has decidido, si bien puede que aún creas que puedes volverte atrás y elegir la otra alternativa. 2Pero no es así. 3Ninguna decisión que se haya tomado y que cuente con el respaldo del poder del Cielo puede ser revocada. 4Tu camino ya se decidió. 5Si reconoces esto no habrá nada que no se te diga.

Tan sólo la verdad es eterna, pues no está sujeta a la vulnerabilidad de lo perecedero y temporal. Es por ello que cuando elegimos la verdad, lo correcto, cuando elegimos expandir el amor con el que hemos sido creados, lo que estamos haciendo es crear una realidad imperecedera y portadora de la esencia de la unidad.

3. Y así, tú y tu hermano os encontráis ahí en ese santo lugar, ante el velo de pecado que pende entre vosotros y la faz de Cristo. 2¡Dejad que sea descorrido! 3¡Descorredlo juntos! 4Pues es sólo un velo lo que se interpone entre vosotros. 5Por separado, cada uno de vosotros lo veréis como un sólido muro y no os daréis cuenta de lo delgado que es el cortinaje que ahora os separa. 6Aun así, éste ya casi ha sido eliminado de vuestra conciencia, e incluso aquí, ante el velo, la paz ha venido a vosotros. 7Piensa en lo que os espera después: el amor de Cristo iluminará vuestros rostros e irradiará desde ellos a un mundo en penumbra y con necesidad de luz. 8Y desde este santo lugar Él regresará con vosotros, sin irse de él y sin abandonaros. 9Os convertiréis en Sus mensajeros, al restituirlo a Él a Sí Mismo.

La lectura de este punto evoca en mi mente una experiencia de júbilo intenso semejante al
que debe sentir el corredor cuando cruza la línea de meta. El reconocimiento de haber llegado es suficiente para gozar del agradecimiento de haber culminado la travesía. No se trataba de llegar el primero a esa meta. Lo verdaderamente importante era llegar a ella, pues en ese fina se produce la consecución de la voluntad que compartíamos al iniciar nuestra aventura.

En el camino que nos conduce a la salvación, la prueba no consiste en llegar a la meta en solitario y proclamarnos justos vencedores. En esta seremos proclamados vencedores si al cruzar la meta lo hacemos de la mano de nuestros hermanos. Siendo así, nos cuidaremos mucho del estado del que gozan los demás, pues son ellos, en verdad, la única meta que debemos cruzar.