viernes, 22 de agosto de 2025

Capítulo 23. LA GUERRA CONTRA TI MISMO: Introducción (1ª parte).

 Capítulo 23

LA GUERRA CONTRA TI MISMO

 

Introducción (1ª parte).

1.  ¿No te das cuenta de que lo opuesto a la flaqueza y a la debili­dad es la impecabilidad*2La inocencia es fuerza, y nada más lo es. 3Los que están libres de pecado no pueden temer, pues el pecado, de la clase que sea, implica debilidad. 4La demostración de fuerza de la que el ataque se quiere valer para encubrir la fla­queza no logra ocultarla, pues, ¿cómo se iba a poder ocultar lo que no es real? 5Nadie que tenga un enemigo es fuerte, y nadie puede atacar a menos que crea tener un enemigo. 6Creer en enemigos es, por lo tanto, creer en la debilidad, y lo que es débil no es la Volun­tad de Dios. 7Y al oponerse a ésta, es el "enemigo" de Dios. 8Y así, se teme a Dios, al considerársele una voluntad contraria.

A estas alturas de las enseñanzas, tal vez nos hayamos dado cuenta de que el sistema de pensamiento fabricado por el ego, por la creencia en la separación, ha dado lugar a un mundo contrario al orden natural, esto es, a la verdad y a lo real. 

La creencia en la separación favoreció el pensamiento del miedo, del pecado y de la culpa. El creer que el comer de la fruta prohibida del árbol del bien y del mal tuvo como consecuencia la expulsión del estado paradisiaco del que gozaba el Hijo de Dios, es decir, del estado de unidad con Dios y con Su Creación, nos llevó a descubrir nuestra desnudez, esto es, nuestra inocencia, y a sentirnos avergonzados al albergar el deseo de ser especial y a la pérdida de nuestra impecabilidad y fortaleza.

Nos dicen las Escrituras que ese acto de desobediencia propició que la conciencia entrase en un estado semejante al sueño del cual aún no ha despertado. Ese estado de sueño ha dado lugar a la percepción falsa y a la fabricación de una realidad ilusoria cuyo protagonista es el cuerpo y las leyes de la temporalidad propias de lo irreal.

La fortaleza de Dios es inquebrantable y está basada en su naturaleza impecable y pura. Su Hijo comparte esa misma condición, la cual forma parte de su naturaleza verdadera y espiritual. Sin embargo, cuando su voluntad fue seducida por la tentación del deseo de ser especial, su mente dejó de servir al amor y a la unidad y su conciencia quedó dormida y sumida en la pesadilla del sueño que es el estado en el que la mente se encuentra cuando decide servir a la dualidad y negar la unidad.

2.  ¡Qué extraña se vuelve en verdad esta guerra contra ti mismo! 2No podrás sino creer que todo aquello de lo que te vales para los fines del pecado puede herirte y convertirse en tu enemigo. 3lucharás contra ello y tratarás de debilitarlo por esa razón, y cre­yendo haberlo logrado, atacarás de nuevo. 4Es tan seguro que tendrás miedo de lo que atacas como que amarás lo que percibes libre de pecado. 5Todo aquel que recorre con inocencia el camino que el amor le muestra, camina en paz. 6Pues el amor camina a su lado, resguardándolo del miedo. 7Y lo único que ve son seres inocentes, incapaces de atacar.

La historia de la humanidad parece surgir a partir de que la astuta serpiente tentara a Eva para que comiese de la fruta prohibida. La implicación de la naturaleza emocional —Eva— le pide a la voluntad —Adán— que se ponga a su servicio, esto es, que coma, igualmente, de la fruta para que de este modo pudiesen ser como Dios. Detrás de esta simbología sagrada se esconde el mecanismo que llevó a la mente a desviar su atención hacia una fuerza llamada deseo de la que no era consciente. El Hijo de Dios gozaba del estado de comunión con su creador y en ese estado del ser era pleno, perfecto e inocente. La fuerza del deseo se presenta a la mente mostrándole el aspecto de la necesidad, de la incompleción, de la escasez, cuando en verdad, el argumento de ser como Dios era una falsa astucia, pues el Hijo de Dios ya era como Dios, pero lo narran dándonos a entender que no era consciente de dicha condición.

No, la historia de la humanidad no surge tras la ilusoria transgresión de quebrantar el precepto divino de no comer del árbol del bien y del mal. La humanidad es Una, pues es la Filiación, la obra creadora de Dios. El Hijo de Dios es Uno. La separación fue una ilusión: El "surgimiento de muchos" proviene del aparente sueño de separación, en el que el Hijo único pareció separarse de Dios. Este acto nunca ocurrió en realidad, pero parece haber sucedido en la mente dormida del Hijo.    Los muchos cuerpos, las múltiples mentes y personalidades que percibimos forman parte de este sueño de separación. En verdad, no estamos separados, pero creemos estarlo. Esta creencia origina el mundo que vemos.

3. Camina gloriosamente, con la cabeza en alto, y no temas nin­gún mal. 2Los inocentes se encuentran a salvo porque comparten su inocencia. 3No ven nada que sea nocivo, pues su conciencia de la verdad libera a todas las cosas de la ilusión de la nocividad. 4lo que parecía nocivo resplandece ahora en la inocencia de ellos, liberado del pecado y del miedo, y felizmente de vuelta en los brazos del amor. 5Los inocentes comparten la fortaleza del amor porque vieron la inocencia. 6todo error desapareció porque no lo vieron. 7Quien busca la gloria la halla donde ésta se encuentra. 8¿Y dónde podría encontrarse sino en los que son inocentes?

El inocente no siente la necesidad de ser alguien, ni siente miedo de no ser nadie. El inocente no siente el deseo de ser especial y no se siente incompleto, ni separado, pues se sabe parte del Todo, el Hijo de Dios.

La creencia en el pecado, en la separación, es un pesado fardo que no nos permite sentirnos en libertad. Creer en el pecado despierta la voz juzgadora de la culpa que nos atormenta con liberarnos de esa pesada carga. Ante la desesperación que ocasiona el sentimiento de la culpa, tomamos la decisión de castigarnos, entendiendo que atacándonos quedaremos purificados de nuestros pecados. El cuerpo es el elegido para sufrir ese suplicio redentor, pero lo peor de ello no es tan solo el autocastigo que nos infligimos, sino que proyectaremos sobre los demás ese ejercicio de purificación y atacaremos el pecado que percibiremos en el otro a través de nuestros juicios condenatorios.

jueves, 21 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (5ª parte).

VI. La luz de la relación santa (5ª parte).

13. Sólo los que son diferentes pueden atacar. 2de ahí deduces que porque puedes atacar, debes ser diferente de tu hermano. 3Sin embargo, el Espíritu Santo explica esto de otra manera. 4No pue­des atacar precisamente porque no eres diferente de tu hermano. 5Cualquiera de esas dos posturas es una conclusión lógica. 6Cual­quiera de ellas puede ser aceptada, pero no ambas. 7La única pregunta que necesita contestarse a fin de decidir cuál de las dos es verdad, es si en realidad tú eres diferente de tu hermano. 8Desde el punto de vista de lo que entiendes parece que lo eres, y, por lo tanto, que puedes atacar. 9De ambas alternativas, ésta parece la más natural y la más afín a tu experiencia. 10Por eso es necesario que tengas otras experiencias, más afines a la verdad, para enseñarte lo que en realidad es natural y verdadero.

Si aplicamos en nuestras vidas el sistema de pensamiento del ego, nos resultará difícil entender por qué, a pesar de que dicho sistema de pensamiento nos lleva a la percepción del miedo, del dolor, del sufrimiento, no decidimos cambiarlo, sustituirlo por un nuevo sistema de pensamiento. Planteado más escuetamente: "Si algo nos hace daño, ¿por qué no lo abandonamos?

Los investigadores del comportamiento del cerebro nos aportan información que nos puede ayudar a encontrar una respuesta a esta cuestión.

Mientras que la mente se relaciona con los pensamientos, el cuerpo se relaciona con los sentimientos y emociones. En el sistema del ego, el cuerpo es el dueño y la mente su servidora. La razón de ello radica en que las experiencias vividas por el cuerpo producen sentimientos y emociones que el cerebro graba en forma de memoria. La repetición de esas experiencias corporales fortalece los sentimientos y emociones, los cuales potencian la parte del cerebro donde se produce la grabación en la memoria, convirtiéndose en el recuerdo. De este modo, cada vez que afrontamos una experiencia similar, el cerebro activa el recuerdo de los sentimientos vividos en el pasado y, de manera automática, responde ante ello de la misma forma en la que lo hicimos en la primera experiencia. Llega un momento en que, cuando estamos repitiendo vivencias (cosa bastante común), lo que estamos haciendo es recrear el pasado, es decir, vivimos el presente en términos de pasado y en nuestra vida todo se repite una y otra vez.

Ante un cerebro programado por las experiencias del cuerpo, la mente tiene poco que hacer, es decir, la función creadora de la mente está imposibilitada de ejercer su función cuando el cerebro está totalmente supeditado al cuerpo.

Si creemos que somos un cuerpo y vemos a nuestros hermanos como una amenaza para nuestra seguridad personal, lo que estamos haciendo es transmitir al cerebro el mensaje de nuestros sentimientos de miedo como consecuencia de nuestra relación individual. Pensaremos y sentiremos que el otro es una fuente de peligro para nuestra integridad. Lo que sigue, todos lo conocemos.

"Será necesario tener otras experiencias más afines a la verdad", nos dice Jesús en este punto. Esas experiencias nuevas deben reinvertir los papeles del cerebro y del cuerpo. La mente recta, la razón, debe gobernar el cerebro y deshacer los viejos sentimientos y emociones basadas en el miedo, y en su lugar, depositar la gracia del amor. De este modo, la relación especial se convertirá en santa y los efectos de ello serán la expansión del amor y de la paz en el mundo.

14. Esa es la función de tu relación santa. 2Pues lo que uno de vosotros piense, el otro lo experimentará con él. 3¿Qué puede querer decir esto, sino que tu mente y la mente de tu hermano son una? 4No veas con temor este feliz hecho ni pienses que con ello se te impone una pesada carga. 5Pues cuando lo hayas acep­tado de buen grado, te darás cuenta de que vuestra relación es un reflejo de la unión que existe entre el Creador y Su Hijo. 6Entre las mentes amorosas no hay separación. 7Y cada pensamiento que una de ellas tiene le brinda felicidad a la otra porque es la misma mente. 8La dicha es ilimitada porque cada pensamiento de amor radiante extiende su ser y crea más de sí mismo. 9En él no tienen cabida las diferencias, pues todo pensamiento es como él mismo.

Al cambiar las funciones directoras del cuerpo en el cerebro-mente, lo que estaremos haciendo es percibir correctamente la realidad. El cuerpo es neutral y la mente es la que es portadora del poder de crear. En el mundo de la ilusión que percibimos actualmente, cuando este cambio de funciones sea una realidad, el cuerpo gozará de mayor armonía y salud, pues será la expresión de los mandatos que recibe de la fuente, de la mente, donde la visión de la unidad hará que todo goce de la vibración armónica de la paz.

El Hijo de Dios será consciente de su poder creador y lo utilizará para establecer relaciones santas y para dirigir la vida bajo la guía del Espíritu Santo y de la visión Crística.

15. La luz que os une brilla a través del universo, y puesto que os une, hace que seáis uno con vuestro Creador. 2en Él converge toda la creación. 3¿Lamentarías no poder sentir miedo solo, cuando tu relación te puede enseñar que el poder del amor reside en ella, haciendo así que el miedo sea imposible? 4No intentes conservar un poco del ego junto con este regalo. 5Pues se te dio para que lo usaras, no para que lo ocultases. 6Aquello que te enseña que no os podéis separar niega al ego. 7Deja que la verdad decida si tú y tu hermano sois diferentes o iguales, y que te enseñe cuál de estas dos posibilidades es verdad.

Cuando escribo estas líneas, soy consciente de que mi razón me dice que no soy un cuerpo; que mi realidad verdadera es ser el Hijo de Dios. Que soy libre para amar y para crear. Que mi voluntad puede servir a la verdad o al error. Que puedo elegir: ser especial o ser santo. Que ser especial es elegir por el miedo y por el sufrimiento. Que ser santo es elegir por el amor y por la paz.

Soy consciente del infinito campo de posibilidades donde mi mente puede colapsar una opción u otra. Soy consciente de la importancia de saber elegir bajo la supervisión de la Mente Recta, del Espíritu Santo.

Jesús, sensible a todas estas cuestiones, nos ayuda en este instante crucial y nos dice: "Deja que la verdad decida si tú y tu hermano sois diferentes o iguales, y que te enseñe cuál de estas dos posibilidades es verdad".

Si vemos diferencias, las consecuencias ya las conocemos; el miedo gobernará nuestras vidas y seremos infelices.

Si vemos igualdad, las consecuencias ya las conocemos: el amor se expandirá en nuestras vidas y compartiremos la felicidad eterna.  

miércoles, 20 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (4ª parte).

VI. La luz de la relación santa (4ª parte).

9. ¿Qué otra cosa podría ser contemplar con caridad aquello que tu Padre ama, sino una bendición universal? 2Extender el perdón es la función del Espíritu Santo. 3Deja eso en Sus manos. 4Ocúpate únicamente de entregarle aquello que se puede extender. 5No guardes ningún secreto tenebroso que Él no pueda usar, antes bien, ofrécele los pequeños regalos que Él puede extender para siempre. 6Él aceptará cada uno de ellos y los convertirá en una fuerza potente en favor de la paz. 7El Espíritu Santo no dejará de bendecir ni uno solo de los regalos que le haces ni los limitará en forma alguna. 8Los infundirá de todo el poder que Dios le ha conferido, a fin de hacer de cada uno de ellos un manantial de curación para todos. 9Cada pequeño regalo que le ofreces a tu hermano derrama luz sobre el mundo. 10No te preo­cupes por las tinieblas; mira más allá de ellas y contempla a tu hermano. 11Y deja que las tinieblas sean disipadas por Aquel que conoce la luz y que tiernamente la deposita en cada una de las dulces sonrisas de fe y de confianza con que bendices a tu her­mano.

El mejor regalo que podemos ofrecerle al Espíritu Santo es el de nuestra mente recta, la razón. De nuestra mente recta tan sólo pueden fluir pensamientos amorosos y portadores de dicha y felicidad. De la mente recta surge la gratitud y el reconocimiento de que todos formamos parte de la unidad compartida en la Mente de Dios, nuestro Creador. La gratitud es una expresión del amor, por lo que su expresión se convierte en el reconocimiento de la unidad.

El gesto de la gratitud bendice al receptor y al emisor, pues, como hemos dicho anteriormente, sus efectos producen la visión de la unidad. Agradecer y bendecir son el regalo que podemos ofrecer al Espíritu Santo para que lo extienda allí donde se necesi

10De tu aprendizaje depende el bienestar del mundo. 2es sólo la arrogancia lo que negaría el poder de tu voluntad. 3¿Crees acaso que la Voluntad de Dios es impotente? 4¿Es a eso a lo que llamas humildad? 5No te das cuenta de lo que esta creencia ha ocasionado. 6Te consideras a ti mismo vulnerable, débil, fácil de destruir y a merced de innumerables agresores mucho más fuer­tes que tú. 7Examinemos detenidamente cómo fue que surgió este error, pues en él yace enterrada la pesada ancla que parece man­tener vigente, inamovible y sólido como una roca el temor a Dios. 8Y mientras esa creencia perdure, así parecerá ser.

Al poner nuestra voluntad al servicio del deseo de ser especial, elegimos sustituir nuestra identidad eterna por una identidad pasajera. Dicha elección trascendió en una nueva percepción donde la unidad de las mentes fue alterada por la creencia en la separación. El conocimiento se olvidó y el sistema de pensamiento basado en la individualidad nos desconectó de la razón y de la verdad, cerrando nuestros ojos espirituales y abriendo los ojos del cuerpo.

La voluntad es nuestro poder creador, el cual ha sido heredado en nuestra condición de Hijo de Dios. Nuestra actual percepción errónea es consecuencia de un acto de nuestra voluntad, la cual se ha fijado como objetivo satisfacer el deseo de especialismo. Pero la arrogancia que exhibe la identidad egoica niega que el mundo que percibimos sea nuestra creación ilusoria y prefiere defender la creencia en un Dios vengativo que nos está castigando por haberle desobedecido.

11. ¿Quién puede atacar al Hijo de Dios y no atacar a su Padre? 2¿Cómo iba a ser el Hijo de Dios débil, frágil y fácil de destruir a menos que su Padre también lo fuese? 3¿No te das cuenta de que cada pecado y cada condenación que percibes y justificas es un ataque contra tu Padre? 4Por eso es por lo que el ataque no ha tenido lugar ni puede ser real. 5No te percatas de que ésa ha sido tu intención porque crees que el Padre y el Hijo están separados. 6Y no puedes sino pensar que están separados, debido al miedo. 7Pues parece menos arriesgado atacar a otro o atacarte a ti mismo que atacar al gran Creador del universo, Cuyo poder conoces.

Lo que Jesús nos aporta en este punto es muy interesante, pues nos advierte una cuestión de lógica que, al ser considerada y comprendida, nos permitirá reconocer que el ataque, en cualquiera de sus formas, tan sólo es posible en el mundo de la ilusión, pero imposible en el mundo real y verdadero. ¿Cuál es esta razón? Expresado con sencillez. Lo que forma una unidad no puede atacarse a sí mismo. Tan solo la creencia en la separación puede argumentar que el ataque es posible, pues los cuerpos así lo sufren o lo otorgan. Sin esos cuerpos, no sería posible.

12. Si fueses uno con Dios y reconocieses esa unidad, sabrías que Su poder te pertenece. 2Mas no podrás recordar esto mientras creas que el ataque, de la clase que sea, tiene sentido. 3Ninguna clase de ataque está justificado porque no tiene sentido. 4De la única manera en que el ataque se podría justificar es si tú y tu hermano estuvieseis realmente separados el uno del otro, y todo el mundo estuviese separado del Creador. 5Pues sólo entonces sería posible atacar una parte de la creación sin atacarla a toda ella; atacar al Hijo sin atacar al Padre; atacar a otro sin atacarte a ti mismo o herirte a ti mismo sin que otro sufriese dolor. 6Sin embargo, no te quieres deshacer de esa creencia. 7Mas ¿dónde reside su valor, sino en el deseo de poder atacar impunemente? 8El ataque no es ni peligroso ni inocuo. 9Sencillamente es imposi­ble. 10esto es así porque el universo es uno. 11No elegirías atacar su realidad si no fuese porque para poder verlo separado de su hacedor es esencial atacar. 12así parece como si el amor pudiese atacar y volverse temible.

Jesús amplía sus argumentos a favor de la idea de que el ataque es imposible y que creer que lo es forma parte de la percepción falsa en la que se basa el sistema de pensamiento del ego.

Ver nuestra individualidad es consecuencia de nuestro deseo de ser especial y nos confirma que hemos elegido olvidarnos de nuestra condición espiritual y su condición esencial, la de uno con todo lo creado, pues formamos una unidad en la Mente de nuestro Creador.

La visión de la individualidad propicia la visión de cuerpos separados en los cuales proyectamos el contenido de nuestras creencias, las cuales están basadas en el miedo y en la ausencia de amor. El miedo que sentimos en nuestro interior nos lleva a encontrar un mecanismo de defensa para protegernos. De este modo, el ataque se convierte en nuestra mejor estrategia para preservarnos del ataque de los demás. El conflicto está servido y garantizado. 

martes, 19 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (3ª parte).

VI. La luz de la relación santa (3ª parte).

6. Criatura de paz, la luz ha descendido sobre ti. 2No reconoces la luz que traes contigo, pero la recordarás. 3¿Quién podría negarse a sí mismo la visión que le brinda a los demás? 4¿Y quién dejaría de reconocer el regalo que, por mediación suya, él permitió que se depositase en el Cielo? 5El amoroso servicio que le prestas al Espíritu Santo te lo prestas a ti mismo. 6Tú que ahora eres Su medio tienes que amar todo lo que Él ama. 7Y lo que traes contigo es tu recuerdo de todo lo que es eterno. 8Ningún vestigio de lo temporal puede permanecer por mucho tiempo en la mente que sirve a lo intemporal. 9Y ninguna ilusión puede turbar la paz de una relación que se ha convertido en el instrumento de la paz.

Jesús reconoce una cualidad intrínseca de nuestra identidad, llamándonos criatura de paz. La paz forma parte de nuestra esencia divina. Es un estado del ser que forma parte de nuestra verdadera identidad espiritual. Ser consciente de esa condición, de que somos paz, nos llevará a expandirla a través de nuestra labor creadora.

La aplicación de la Expiación en nuestra mente nos pone al servicio del Espíritu Santo, de la razón, de la Mente Recta, y nos entregamos a Él en calidad de medio para que la verdad y el amor se extiendan eternamente.

7. Cuando hayas contemplado a tu hermano con absoluto per­dón, del que no se haya excluido ningún error ni nada se man­tenga oculto, ¿qué error podría haber en cualquier parte que tú no pudieses pasar por alto? 2¿Y qué tipo de sufrimiento podría nublar tu vista e impedirte ver más allá de él? 3¿Y qué ilusión no ibas a reconocer como un error, como una sombra que puedes atravesar completamente impávido? 4Dios no permite que nada sea un obstáculo para aquellos que hacen Su Voluntad, y éstos reconocerán que sus voluntades son la Suya porque la sirven. 5la sirven de buen grado. 6¿Podrían, entonces, demorarse mucho en recordar lo que son?

La transformación que nos ofrece el Espíritu Santo a través de la Expiación nos lleva a corregir la falsa creencia en la separación, en el pecado y en la culpa. Nuestra mente "dormida" nos permitirá percibir correctamente y abrirá nuestros ojos espirituales para permitirnos ver, desde la razón, que lo que considerábamos pecado tan sólo era un error y que todo error se corrige desde la misma fuente desde la que se originó, desde la mente.

No es el cuerpo el que tiene el poder para cometer errores, sino la mente, desde donde emanan los pensamientos y las creencias que son el origen de nuestras acciones.

Esa visión corregida se conoce como visión crística y su fortaleza y mayor regalo es el de sustituir el miedo por el amor y la separación por la unión.

8Verás tu valía a través de los ojos de tu hermano, y cada uno será liberado cuando vea a su salvador en el lugar donde antes pensó que había un agresor. 2Mediante esta liberación se libera el mundo. 3Este es tu papel en la consecución de la paz. 4Pues has preguntado cuál es tu función aquí, y se te ha contestado. 5No intentes cambiarla ni substituirla por ninguna otra. 6Pues ésa fue la única función que se te dio. 7Acepta sólo esta función y sírvela de todo corazón, pues lo que el Espíritu Santo hace con los regalos que le das a tu hermano, a quién se los ofrece, dónde y cuándo, es cosa Suya. 8Los concederá allí donde sean recibidos y se les dé la bienvenida. 9Utilizará cada uno de ellos en beneficio de la paz. 10Y ni la más leve sonrisa o la buena voluntad de alguien para pasar por alto la más diminuta equivocación le pasará desapercibida a Él.

La salvación es una conquista personal y estaremos preparados para salvar al mundo tan solo cuando hayamos logrado alcanzar esa conquista, es decir, cuando nos hayamos salvado a nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene.

Por lo tanto, tenemos en nuestras manos el poder para salvar el mundo. De igual modo, nuestra salvación necesita de la visión de nuestros hermanos, pues en la medida en que nos vean sus ojos, de este modo podremos tener una visión de nuestra valía. Si nuestra relación está basada en el sistema de pensamiento del ego, o lo que es lo mismo, si nuestra relación es especial, nuestros ojos, al verlo, lo percibirán erróneamente; esto es, lo identificaremos como un cuerpo separado de nosotros y portador de una naturaleza pecaminosa.

En cambio, cuando nuestros ojos ven la inocencia, la impecabilidad, reflejada en la expresión de los demás, será la señal de que hemos despertado a la verdad que somos y de que estamos preparados para establecer una relación santa con el mundo y de que estamos preparados para salvarlo.

lunes, 18 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (2ª parte).

VI. La luz de la relación santa (2ª parte).

3. No te intranquilices pensando cómo puede el Espíritu Santo intercambiar tan fácilmente los medios y el fin en aquellos que Dios ama y quiere que sean libres para siempre. 2En lugar de ello, siéntete agradecido de poder ser el medio para lograr Su fin. 3Éste es el único servicio que conduce a la libertad. 4Para lograr este fin hay que percibir al cuerpo libre de pecado porque lo que se busca es la impecabilidad. 5La falta de contradicción permite que la transición de medios a fin sea tan fácil como lo es el inter­cambio del odio por la gratitud ante los ojos que perdonan. 6Os santificaréis el uno al otro al usar el cuerpo sólo en beneficio de la impecabilidad. 7Y os será imposible odiar aquello que sirve a quien queréis sanar.

Realmente, si la causa que dio lugar a la identificación con el cuerpo fue el deseo de ser especial, lo que se tradujo en la creencia en la separación y en el pecado, el único camino que ha de conducirnos a la salvación o a la restauración de esa falsa creencia en la verdad es el dejar de ver al cuerpo como la causa de nuestra ilusoria naturaleza pecadora y utilizarlo como el medio más adecuado para extender nuestra verdadera naturaleza espiritual, la cual está impregnada de la fuerza purificadora del amor.

De este modo, el cuerpo pasa de ser nuestro peor enemigo a nuestro mejor aliado. Cuando la mente y el cuerpo trabajan para un mismo fin, la mente ejerce su papel de dirección y el cuerpo ejecuta fielmente las órdenes que recibe de la mente.

4. Esta relación santa, hermosa en su inocencia, llena de forta­leza, y resplandeciendo con una luz mucho más brillante que la del sol que alumbra el firmamento que ves, es la que tu Padre ha elegido como uno de los medios para llevar a cabo Su plan. 2Sién­tete agradecido de que no sirva en absoluto para llevar a cabo el tuyo. 3No usará indebidamente nada que se le confíe, ni dejará de usar nada que se le ofrezca. 4Esta santa relación tiene el poder de curar todo dolor, sea cual sea su forma. 5Ni tu hermano ni tú por separado podéis ser útiles en absoluto. 6Únicamente en vuestra voluntad conjunta radica la curación. 7Pues ahí es donde se encuentra vuestra curación y ahí es donde aceptaréis la Expia­ción. 8al sanar los dos, la Filiación queda sanada porque vues­tras voluntades se han unido.

El hecho de que el deseo de ser especial haya prevalecido sobre el deseo de ser uno con el resto de la creación, motivó la creencia en la separación, pues la igualdad que fluye del amor y del lazo de unidad propio de la obra creada por Dios fue sustituida por el deseo impetuoso de utilizar el poder creativo bajo la guía del ardor inspirada por el impulso egoísta del yo y que ha quedado representado en el texto bíblico con el episodio de la tentación a Eva por parte de la serpiente.

Las mentes están unidas a Su Fuente, pero al gozar del atributo de la creación, el libre albedrío nos puede llevar a utilizar el potencial creador según nuestra voluntad, según nuestro deseo. Como bien nos dice Jesús en este punto, "únicamente en nuestra voluntad conjunta radica la curación". El error es la consecuencia directa de elegir utilizar la voluntad separada de la voluntad del resto de la creación.

5. Ante una relación santa no hay pecado. 2Ya no se percibe nin­guna forma de error, y la razón, unida al amor, contempla calla­damente cualquier confusión y observa simplemente: "Eso fue un error". 3luego, la misma Expiación que aceptaste en tu rela­ción corrige el error y, allí donde éste estaba, deposita una parte del Cielo. 4¡Cuán bendito eres tú que permites que este regalo se otorgue! 5Cada parte del Cielo que restituyes se te da a ti. 6cada lugar vacío del Cielo que vuelves a llenar con la Luz Eterna que traes contigo, resplandece sobre ti. 7Los medios de la impecabili­dad no conocen el miedo porque únicamente son portadores de amor.

La relación santa está libre de pecado dado que se cimenta sobre la creencia en el verdadero amor, en el cual su valor más importante es la libertad. 

Dentro del sueño, ser conscientes de que somos los soñadores del sueño nos permite elegir, desde el presente, sustituir el miedo por el amor y esa elección es la expresión de que la razón y el amor se unen para celebrar el despertar de nuestra consciencia y la percepción verdadera de nuestra identidad espiritual.

La relación especial rinde culto a la creencia en el pecado y en la culpa. Mientras que la relación santa bendice la unión existente en la obra creadora de Dios, en la Filiación.