viernes, 13 de junio de 2025

Capítulo 21. II. Somos responsables de lo que vemos (2ª parte).

II. Somos responsables de lo que vemos (2ª parte).

3. Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él. 2Es imposible que él mismo no haya ele­gido las cosas que le suceden. 3Su poder de decisión es lo que determina cada situación en la que parece encontrarse, ya sea por casualidad o por coincidencia. 4ni las coincidencias ni las casualidades son posibles en el universo tal como Dios lo creó, fuera del cual no existe nada. 5Si sufres es porque decidiste que tu meta era el pecado. 6Si eres feliz, es porque pusiste tu poder de decisión en manos de Aquel que no puede sino decidir a favor de Dios por ti. 7Éste es el pequeño regalo que le ofreces al Espíritu Santo, y hasta esto Él te da para que te lo des a ti mismo. 8Pues mediante este regalo se te concede el poder de liberar a tu salva­dor para que él a su vez te pueda dar la salvación a ti.

Nos lo dice Jesús, Maestro del Amor, lo que debería ser suficiente carta de presentación para que creyésemos en su palabra: "Es imposible que el Hijo de Dios pueda ser controlado por sucesos externos a él". Jesús es conocedor de la Ley de Dios y sabe que es imposible separar la causa del efecto; la semilla de su fruto; la voluntad de lo creado.

Nada es casual. Todo es causal. Y si somos felices, no es por el azar, sino porque pusimos nuestro poder de decisión, nuestra voluntad, en manos de Aquel que no puede sino decidir a favor de Dios por nosotros.

Asumamos nuestra participación en el proceso de creación. Si nos hemos equivocado, es la prueba de que hemos elegido utilizar nuestra voluntad en una dirección incorrecta. No lo neguemos cuando nos sintamos "descubiertos" por nuestro acto erróneo. Es lo que solemos hacer cuando nos sentimos amenazados por el juicio condenatorio de los demás. "No, yo no he sido" y ocultamos la verdad en lo más profundo de nuestra inconsciencia, eligiendo negar que hemos participado en calidad de sembrador.

4. No resientas tener que dar esta pequeña ofrenda, 2pues si no la das seguirás viendo el mundo tal como lo ves ahora. 3Mas si la das, todo lo que ves desaparecerá junto con él. 4Nunca se dio tanto a cambio de tan poco. 5Este intercambio se efectúa y se conserva en el instante santo. 6Ahí, el mundo que no deseas se lleva ante el que sí deseas. 7Y el mundo que sí deseas se te con­cede, puesto que lo deseas. 8Mas para que esto tenga lugar, debes primero reconocer el poder de tu deseo. 9Tienes que aceptar su fuerza, no su debilidad. 10Tienes que percibir que lo que es tan poderoso como para construir todo un mundo puede también abandonarlo, y puede asimismo aceptar corrección si está dis­puesto a reconocer que estaba equivocado.

Es posible que a estas alturas hayamos aceptado que el mundo que percibimos es la consecuencia de haber elegido en la dirección incorrecta, esto es, haber puesto nuestra voluntad al servicio del deseo de ser especial, o lo que es lo mismo, el deseo de separación. 

El pensamiento y el sentimiento, cuando se unen, tienen el poder de crear o fabricar, dependiendo si el sentimiento es de amor o de miedo, de unidad o separación. Cuando nuestras acciones nos reportan una respuesta de satisfacción y aceptación de parte del mundo exterior, no dudamos en reconocer nuestra autoría, pues ello alimenta nuestro ego, nuestro especialismo. Pero no siempre ocurre esto, pues cuando la respuesta de los demás es de desaprobación, de condena, lo que nos hace sentir menospreciado, en esas situaciones negamos que hayamos sido los autores de dicha acción y nos ocultamos a la realidad percibida.

Detrás de la negación de aceptar que ha sido nuestro deseo la causa que ha dado origen a la acción, está negar el poder real del deseo. Verlo como una debilidad es no conocer su capacidad creadora y, por lo tanto, elegimos no utilizarlo conscientemente para corregir la dirección de nuestra capacidad creadora. El deseo debe ponerse al servicio de la voluntad para que dicha voluntad sea el vivo reflejo de la Voluntad de Dios, es decir, que sirva al principio del Amor y de la Unidad.

5. El mundo que ves no es sino el testigo fútil de que tenías razón. 2Es un testigo demente. 3Tú le enseñaste cuál tenía que ser su testimonio, y cuando te lo repitió, lo escuchaste y te conven­ciste a ti mismo de que lo que decía haber visto era verdad. 4Has sido tú quien se ha causado todo esto a sí mismo. 5Sólo con que comprendieses esto, comprenderías también cuán circular es el razonamiento en que se basa tu "visión". 6Eso no fue algo que se te dio. 7Ése fue el regalo que tú te hiciste a ti mismo y que le hiciste a tu hermano. 8Accede, entonces, a que se le quite y a que sea reemplazado por la verdad. 9Y a medida que observes el cam­bio que tiene lugar en él, se te concederá poder verlo en ti mismo.

Deseamos ser especiales y deseamos la separación. Fruto de ese deseo, el mundo nos lleva a percibir lo que hemos imaginado. Las relaciones que establecemos llevan ese mismo sello y se tornan especiales donde imaginamos que amamos a la otra persona con las leyes de nuestros sentimientos, donde el miedo ha sustituido al verdadero amor y donde nuestros deseos buscan ser satisfechos por encima de otra cosa, llevándonos a imponer límites en la manifestación de lo que llamamos amor.

El amor no se muestra con su amable rostro de la alegría, la paz y la dicha, sino que desde el mismo instante en el que despertamos a su vibración, no podemos evitar sentir un profundo temor a perderlo.

El deseo, cuando se pone al servicio del amor, transforma el miedo y el especialismo, llevándonos a ver al otro desde la unidad y como la única vía verdadera para alcanzar la salvación.

jueves, 12 de junio de 2025

Capítulo 21. II. Somos responsables de lo que vemos (1ª parte).

II. Somos responsables de lo que vemos (1ª parte).

1. Hemos repetido cuán poco se te pide para que aprendas este curso. 2Es la misma pequeña dosis de buena voluntad que necesi­tas para que toda tu relación se transforme en dicha; el pequeño regalo que le ofreces al Espíritu Santo a cambio del cual Él te da todo, lo poco sobre lo que se basa la salvación, el pequeño cambio de mentalidad por el que la crucifixión se transforma en resurrec­ción. 3puesto que es cierto, es tan simple que es imposible que no se entienda perfectamente. 4Puede ser rechazado, pero no es ambiguo. 5Y si decides oponerte a ello, no es porque sea incom­prensible, sino más bien porque ese pequeño costo parece ser, a tu juicio, un precio demasiado alto para pagar por la paz.

La afirmación que da título a este apartado no es aceptada por el sistema de pensamiento del ego. Resulta incómodo reconocer que los hechos desagradables con los que la vida nos depara han sido creados por nosotros. Nos negamos a creer que somos los responsables de las desgracias que experimentamos. ¿Cómo voy a ser yo el culpable de que padezca una enfermedad terminal? ¿Cómo voy a aceptar que he sido yo el que ha deseado ser violado? ¿Cómo voy a admitir que he sido yo el que he elegido ser agredido y humillado?

Llevo años dedicado a facilitar la comprensión de las enseñanzas espirituales. Es una pasión que comparto por voluntad propia y que forma parte de mi manera de ser. Gracias a esta dedicación he podido comprobar la resistencia que tenemos para aceptar nuestra responsabilidad en aquellas vivencias que catalogamos como negativas. Buscamos ayuda, orientación sobre aquello que nos hace infelices y cuando la respuesta que recibimos es hacernos conscientes de nuestra participación en aquello que experimentamos, decidimos abandonar al instructor y buscar una respuesta diferente que no nos haga ver la realidad, la verdad.

Estoy totalmente de acuerdo con lo que Jesús nos dice en el comienzo de este punto. Es muy poco lo que se nos pide para aprender este curso. Se nos pide una pequeña dosis de buena voluntad para que todo nuestro dolor se transforme en dicha. Hemos tenido ocasión de advertir a lo largo del estudio que estamos realizando de las enseñanzas del curso que la voluntad es el "Principio" que llevó al Padre a crearnos. Cuando Su Voluntad se unió al Amor, tuvo lugar la Creación de la Filiación. Como Hijos de Dios hemos sido creados a Su imagen y semejanza, por lo que nosotros hemos heredado ese Principio de la Voluntad y la esencia del Amor.

La Voluntad es el impulso primigenio de todo acto creador. Cuando la voluntad se orienta hacia el amor, hacia la unidad, su producto es la creación de lo eterno. Cuando la voluntad se orienta hacia el deseo de ser especial, hacia la separación, su producto es la fabricación de la ilusión, de lo temporal.

2. Esto es lo único que tienes que hacer para que se te conceda la visión, la felicidad, la liberación del dolor y el escape del pecado. 2Di únicamente esto, pero dilo de todo corazón y sin reservas, pues en ello radica el poder de la salvación: 

3Soy responsable de lo que veo.

4Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar.

5todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí. 

6No te engañes por más tiempo pensando que eres impotente ante lo que se te hace. 7Reconoce únicamente que estabas equi­vocado, y todos los efectos de tus errores desaparecerán.

¿Consideras que es una excesiva exigencia para tu mente reconocer que eres responsable de lo que ves? No te precipites a la hora de dar una respuesta. No permitas que tu mente indague en imágenes del pasado que enturbien tu lucidez. Mira la pregunta y respóndete si realmente crees que lo que ocurre en tu vida no es tal y como es y no como tú interpretas que es. Lo que es verdad para ti debe serlo igualmente para mí; si no fuese así, no sería verdad. La verdad no puede cambiar. O es verdad o no lo es, pero no puede ser un poquito verdad dependiendo de cómo la interpretemos.

Mira desde la sinceridad y desde la coherencia. Mira lo que ocurre en tu vida y pregúntate si lo que estás viendo no es responsabilidad tuya. Eres tú quien lo está viendo. Eres tú quien lo está interpretando. Eres tú quien lo juzga. Tal vez saber que la semilla para dar sus frutos debe ser sembrada te ayude a comprender que esa semilla necesita de alguien cuyo acto de voluntad sea lo que lo lleve a realizar el papel de sembrador. 

La semilla cuando se encuentra dentro de la tierra no es visible a nuestros ojos. Se nos antoja que se mantiene oculta y corremos el riesgo de olvidar que un día fue sembrada. Sin embargo, llegará un momento, siguiendo su ciclo de vida, que brotará de la tierra, enraizada en ella, y crecerá externamente. ¿Ha aparecido de la nada? ¿Has olvidado que fuiste tú el que la sembró? ¿Por qué te asombras ahora de que te muestre su apariencia? ¿No es lo que tú esperabas? ¿Decidirás arrancarla de cuajo o esperarás a que te ofrezca sus frutos? No importa lo que hagas, siempre y cuando reconozcas tu autoría en el proceso de su crecimiento. 

Si has estado buscando la fórmula mágica que te libere de todos tus pesares, aquí la tienes:

Eres responsable de lo que ves. Elige los sentimientos que quieres experimentar. Tú eres el creador.

miércoles, 11 de junio de 2025

Capítulo 21. I. La canción olvidada (4ª parte).

I. La canción olvidada (4ª parte).

9Ésta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. 2He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. 3He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. 4Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. 5Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. 6Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.

La enseñanza que comparte Un Curso de Milagros va dirigida a la mente y no al cuerpo. Es necesario tenerlo en cuenta a la hora de entender el significado de los términos que se utilizan para transmitir la idea que se expone. En este sentido, hemos visto que cuando utiliza el término ver, no se está refiriendo a la capacidad sensitiva que se le atribuye al cuerpo físico, sino a la capacidad de la mente, donde se encuentra el acto causal de la visión. 

Del mismo modo, cuando se hace referencia a la luz, lo lógico es que pensemos en el significado que le atribuye el sistema de pensamiento del ego y la describamos como la parte de la radiación electromagnética que puede ser percibida por el ojo humano.​ Sin embargo, si, como ya hemos dicho, el propósito de la enseñanza del Curso no va dirigido al cuerpo, sino a la mente, el significado del término luz debe ir más allá que el descrito.

Si la mente es el elemento causal de todo lo creado, la luz debe formar parte del Principio Creador, al igual que el Amor forma parte de él.

Permítanme abrir un paréntesis que me permita compartir con vosotros el fruto de los estudios realizados con relación a temas esotéricos y espirituales, dentro de los cuales he tenido la oportunidad de analizar los trabajos de investigación realizados por personajes versados en el conocimiento de los Textos Sagrados. Os dejo un enlace que os permitirá acceder a las aportaciones que hacen dichos estudiosos:

https://nuevosarquetipos.blogspot.com/2013/10/genesis-el-despertar-del-ser-3-parte.html

En la traducción de Fabre d´Olivet sobre el Génesis, con respecto al Primer Día de la Creación, nos dice: “En el Principio, Elohim, El-los Dioses, el Ser de Seres creó, en principio, lo que constituye la existencia de los Cielos y de la Tierra. Pero la Tierra no era más que una potencia contingente de ser dentro de una potencia de ser; la Oscuridad, fuerza astringente y comprensiva, envolvía el Abismo, fuente infinita de la existencia potencial; y el Espíritu Divino, soplo expansivo y vivificante, ejercía aún su acción generadora por encima de las Aguas, imagen de la universal pasividad de las cosas. Manifestando su Voluntad, dijo Dios: “La Luz será”, y la Luz (elemento inteligible), fue. Y considerando esta esencia luminosa como buena, determinó una forma de separación entre la Luz y la Oscuridad. Designando El-los Dioses, esta Luz –elemento inteligible- bajo el nombre de Día, manifestación fenoménica universal, y esta Oscuridad, existencia sensible y material, bajo el nombre de Noche, manifestación negativa y mutación (oscilación, movimiento) de las cosas; y tal había sido el occidente, y tal había sido el oriente, el objetivo y el medio, el término y el arranque de la primera manifestación fenoménica”.

Para el autor, en base a sus conocimientos, el término luz significa el elemento inteligible al que Elohim llamó Día, manifestación fenoménica universal. 

Me quedo con esa idea sobre el significado del término luz, pues me ayuda a entender el contenido que Jesús nos aporta en el apartado 8 y que es la verdadera visión del Hijo de Dios. La luz a la que hacen referencia estos dos últimos puntos es el "elemento inteligible" que nos permite conocer el Ser que Somos y nos permite ver la Unidad del Amor con la que Dios nos ha creado. 

La ausencia de luz es la oscuridad, cuya traducción aportada por Fabre d´Olivet, existencia sensible y material, esto es la idea potencial de la separación que daría lugar al mundo físico.

10. Y ahora los ciegos pueden ver, pues esa misma canción que entonan en honor de su Creador los alaba ellos también. 2La ceguera que inventaron no podrá resistir el vibrante recuerdo de esta canción. 3Y contemplarán la visión del Hijo de Dios, al recor­dar quién es aquel al que cantan. 4¿Qué es un milagro, sino este recordar?, 5¿Y hay alguien en quien no se encuentre esta memo­ria? 6La luz en uno despierta la luz en los demás. 7Y cuando la ves en tu hermano, la recuerdas por todos.

La luz tiene el poder de propagarse, de extenderse, pues ¿quién desea permanecer en la oscuridad cuando puede gozar de la dicha del Conocimiento? La luz procede del acto de la voluntad que, al activarse en la dirección del Amor hace posible el acto creador. Toda creación es un acto de luz. El Hijo de Dios fue creado desde la Fuente de la Luz, desde la Mente de Dios. Mientras que la luz es unidad y eternidad, la oscuridad es dualidad y temporalidad. La luz se expande y la oscuridad contrae. La luz en uno despierta la luz en los demás.

¡La Luz será" y la Luz fue. 

martes, 10 de junio de 2025

Capítulo 21. I. La canción olvidada (3ª parte).

I. La canción olvidada (3ª parte).

6. Escucha... Tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una can­ción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las cir­cunstancias en las que la oíste. 2No puedes acordarte de toda la canción, sino sólo de algunas notas de la melodía, no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. 3Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.

Jesús nos evoca, a través del símil del recuerdo de una canción olvidada, el lazo de unión que nos mantiene unidos a la "Fuente" de la que hemos sido emanados, esto es, a nuestra divinidad. Esa melodía se encuentra contenida en nuestra mente recta, pues ha gozado de su visión al formar parte de la composición de cada una de sus notas.

Esa canción nos habla de la unidad, del amor, de la paz, de la felicidad, del gozo y de la dicha que hemos compartido formando parte de la Filiación.

Es tan solo un recuerdo, pues la hemos olvidado al elegir componer nuevas canciones donde su creación no gozaba de la totalidad del Ser sino tan solo de la parte que deseaba ser especial.

7. Las notas no son nada. 2Sin embargo, las has conservado, no por ellas mismas, sino con un dulce recordatorio de lo que te haría llorar si recordases cuán querido era para ti. 3Podrías acor­darte, pero tienes miedo, pues crees que perderías el mundo que desde entonces has aprendido a conocer. 4Sin embargo, sabes que nada en este mundo es ni la sombra de aquello que tanto amaste. 5Escucha y mira a ver si te acuerdas de una canción muy vieja que sabías hace mucho tiempo y que te era más preciada que cualquier otra melodía que te hayas enseñado a ti mismo desde entonces.

Añoramos la paz; sin embargo, nuestra música es estridente y escandalosa. Añoramos la felicidad; sin embargo, nuestra canción es tan especial que despierta la aversión y el odio en los demás. Añoramos el amor; sin embargo, la letra de nuestra melodía habla de pérdidas, de dolor, de sufrimiento, de miedo.

La música de las esferas es universal. Ha sido compuesta por los Ángeles y dirigida por el Creador. Cada una de sus notas es una vibración de amor y su compás es tan armonioso que despierta la conciencia que duerme, mostrándole el resplandeciente mundo de luz que es su verdadero Hogar.

8. Más allá del cuerpo, del sol y de las estrellas, más allá de todo lo que ves, y, sin embargo, en cierta forma familiar para ti, hay un arco de luz dorada que al contemplarlo se extiende hasta vol­verse un círculo enorme y luminoso. 2El círculo se llena de luz ante tus ojos. 3Sus bordes desaparecen, y lo que había dentro deja de estar contenido. 4La luz se expande y envuelve todo, exten­diéndose hasta el infinito y brillando eternamente sin interrupciones ni límites de ninguna clase. 5Dentro de ella todo está unido en una continuidad perfecta. 6Es imposible imaginar que pueda haber algo que no esté dentro de ella, pues no hay lugar del que esta luz esté ausente.

Libres del cuerpo y de su limitación, el Ser que somos ha despertado a la luz, a su verdadera esencia y sus ojos, ahora ven lo real, ahora forman parte de la unidad que constituye la Filiación. Ya no hay juicio ni condena. Ya no hay un mundo separado. Tan solo la visión que nos muestra la Mente Recta y Una. 

lunes, 9 de junio de 2025

Capítulo 21. I. La canción olvidada (2ª parte).

I. La canción olvidada (2ª parte).

3. No hay que sufrir para aprender. 2Las lecciones benévolas se asimilan con júbilo y se recuerdan felizmente. 3Deseas aprender lo que te hace feliz y no olvidarte de ello. 4No es esto lo que niegas. 5Lo que te preguntas es si los medios a través de los cuales se aprende este curso conducen a la felicidad que promete o no. 6Si creyeses que sí, no tendrías dificultad alguna para aprender el curso. 7Todavía no eres un estudiante feliz porque aún no estás seguro de que la visión pueda aportarte más de lo que los juicios te ofrecen, y has aprendido que no puedes tener ambas cosas.

El sufrimiento forma parte del sistema de enseñanza del ego. La creencia en el pecado nos lleva a buscar la redención a través del castigo y el dolor. Nuestra oscuridad nos hace sentir culpables a los ojos de Dios y elegimos el castigo en vez del perdón para alcanzar la salvación y la purificación.

Cambiar el sistema de pensamiento del ego es fundamental para lograr percibir correctamente y recordar lo que verdaderamente somos. La lección esencial que hemos de aprender es que no somos un cuerpo, sino un Ser Espiritual. Ese cambio de identidad nos liberará del miedo a dejar de existir, del miedo a la soledad y permitirá recuperar la felicidad y la paz, al sustituir el odio por el amor.

4. Los ciegos se acostumbran a su mundo adaptándose a él. 2Creen saber cómo desenvolverse en él. 3Han aprendido a hacerlo, pero no a través de lecciones gozosas, sino a través de la dura necesidad impuesta por las limitaciones que no creían poder superar. 4como todavía lo siguen creyendo, tienen en gran estima a esas lecciones y se aferran a ellas porque no pueden ver. 5No entienden que son las lecciones en sí las que los mantienen ciegos. 6Eso no lo creen. 7Y así, conservan el mundo que apren­dieron a "ver" en su imaginación, creyendo que sólo pueden ele­gir entre eso o nada. 8Odian el mundo que aprendieron a conocer mediante el dolor. 9Y todo lo que creen que habita en él sólo sirve para recordarles que están incompletos y que se les ha privado injustamente de algo.

El error está tan arraigado en nuestro sistema mental que no tenemos el alcance para considerar que es un error. Cada lección viene a reforzar su sistema de creencias. La credibilidad del cuerpo es tan evidente para nuestros sentidos que sería una locura el dejar de creer en él. Percibimos sus necesidades, percibimos su fragilidad y su fortaleza. Percibimos su temporalidad, sus sensaciones, sus limitaciones. Todas ellas nos confirman que el cuerpo es nuestra identidad. Es lo único que vemos.

Estas son razones suficientes para argumentar que los ciegos se acostumbran a su mundo adaptándose a él. Se sienten seguros en él, pues creen conocerlo. En cambio, el mundo invisible les aporta inseguridad y miedo. Nadie quiere sufrir; sin embargo, elegimos una y otra vez esa vía para aprender. ¿Hasta cuándo vamos a seguir eligiendo el sufrimiento, cuando en verdad no queremos sufrir? ¿Por qué no elegimos ser felices? ¿Por qué no elegimos la paz?

Si el odio nos lleva al sufrimiento, sustituyámoslo por el amor, el único camino que nos puede aportar paz. Si en nuestra mente existe la condena, percibiremos un mundo donde el juicio es la única moneda de cambio y donde todos, al final, seremos víctimas que han sido condenados al dolor, al sufrimiento y a la muerte.

5. Por lo tanto, definen su vida y donde viven, y se adaptan a ello tal como, creen que deben hacerlo, temerosos de perder lo poco que tienen. 2lo mismo ocurre con todos aquellos que consideran que lo único que tanto ellos como sus hermanos tienen es el cuerpo. 3Tratan de comunicarse entre sí, y fracasan una y otra vez. 4Y se adaptan a la soledad, pues creen que conservar el cuerpo es proteger lo poco que tienen. 5Presta atención, y mira a ver si te puedes acordar de lo que vamos a hablar ahora.

No odies a tu cuerpo. No odies a lo que crees ser. No odies al que consideras la causa de tus desgracias. No odies al que juzgas como pecador y merecedor de castigo.

Libérate de ese odio, no de lo que crees ser. Lo que crees ser no es nada, pues no es verdadero. Lo perecedero no goza de la verdad. Lo temporal no es real.

Lo que somos es de naturaleza divina. Su naturaleza es eterna y goza de la perfección. Su naturaleza es semejante a la de Su Creador, a Dios. ¿No es suficiente esta verdad para llenar de gozo tu mente?