viernes, 21 de febrero de 2025

Capítulo 18. VIII. El pequeño jardín (1ª parte).

VIII. El pequeño jardín (1ª parte).

1. Estar consciente del cuerpo es lo único que hace que el amor parezca limitado, 2pues el cuerpo es un límite que se le impone al amor. 3La creencia en un amor limitado fue lo que dio origen al cuerpo, que fue concebido para limitar lo ilimitado. 4No creas que esto es algo meramente alegórico, pues el cuerpo fue concebido para limitarte a ti. 5¿Cómo podrías tú, que te ves a ti mismo dentro de un cuerpo, saber que eres una idea? Identificas todo lo que reconoces con cosas externas, con algo externo a ello mismo. 7Ni siquiera puedes pensar en Dios sin imaginártelo en un cuerpo, o en alguna forma que creas reconocer.

Merece la pena reflexionar sobre el contenido de este punto, pues nos hace una invitación a reconocer nuestra verdadera identidad, nuestra verdadera realidad. En estos momentos en los que estoy escribiendo estas líneas, trato de tomar consciencia de quién es el que las escribe. Observo el movimiento de los dedos que, de una manera inteligente, pulsan las letras adecuadas para que el contenido de cada frase sea el que mi mente está dictándole a mi cerebro para que sea éste el que dé la orden a mis manos para que realicen el acto de escribir. Todo parece sincronizado, me atrevería a decir mágico, pues en verdad no tengo ni idea de cómo se lleva a cabo este maravilloso hecho.

Si alguien me dice que no es mi cerebro el que escribe, sino que es mi ser espiritual el que está creando a través de la mente esta realidad que percibo, tendría que tomarme un respiro para poder integrar tal afirmación en mi sistema de pensamiento, sencillamente, pues cuando miro, lo que veo es mi cuerpo actuando al servicio de las instrucciones de un cerebro que almacena en mi cabeza el aprendizaje recibido en otro tiempo pasado.

Sin embargo, si callo los pensamientos que me argumentan en contenido de lo que percibo y soy capaz de mirar con ojos nuevos, con una búsqueda sincera por conocer de dónde proceden las ideas que estoy transcribiendo, descubro que no soy consciente del contenido del mensaje que estoy compartiendo en estos momentos. De mi mente fluyen a raudales ideas que no forman parte de mis creencias adquiridas, sino que utilizan mi mente para expresarse y manifestarse a mi conciencia. La sensación de libertad que percibo cuando estoy escribiendo, cuando mi mente se pone al servicio de algo trascendente, es inmensa. El tiempo parece colapsarse y me siento como parte de un todo que me envuelve, aportándome la certeza de que estoy permanentemente ante una presencia que me aporta una nueva identidad.

2. El cuerpo es incapaz de saber nada. 2Y mientras limites tu con­ciencia a sus insignificantes sentidos, no podrás ver la grandeza que te rodea. 3Dios no puede hacer acto de presencia en un cuerpo ni tú puedes unirte a Él ahí. 4Todo límite que se le imponga al amor parecerá siempre excluir a Dios y mantenerte a ti separado de Él. 5El cuerpo es una diminuta cerca que rodea a una pequeña parte de una idea que es completa y gloriosa. 6El cuerpo traza un círculo, infinitamente pequeño, alrededor de un minúsculo segmento del Cielo, lo separa del resto, y proclama que tu reino se encuentra dentro de él, donde Dios no puede hacer acto de pre­sencia.

En la experiencia compartida en el punto anterior, el cuerpo juega un papel de mediador. El cerebro no es creador, es un receptor que recibe las señales procedentes de la mente, la cual enfoca la voluntad procedente del Ser Espiritual que capta la energía en estado potencial que emana de la Fuente Creadora y de la que forma parte. Cuando el sincronismo, esto es, cuando existe linealidad entre el Espíritu y la forma, la percepción es verdadera, pues aquello que percibimos es la expresión densa de la luz.

Pero cuando no existe tal linealidad, esto es, cuando la voluntad del Ser se dirige en una dirección diferente a la Original, se produce una interferencia en la frecuencia que da lugar a que la percepción verdadera se distorcione, llevándonos a identificarnos con lo irreal y lo ilusorio.  El cerebro deja de captar la luz y en su lugar percibe oscuridad; deja de captar la verdad y el conocimiento y en su lugar traduce de manera ignorante y demente. 

3Dentro de ese reino el ego rige cruelmente. 2para defender esa pequeña mota de polvo te ordena luchar contra todo el universo. 3Ese fragmento de tu mente es una parte tan pequeña de ella que, si sólo pudieses apreciar el todo del que forma parte, verías ins­tantáneamente que en comparación es como el más pequeño de los rayos del sol; o como la ola más pequeña en la superficie del océano. 4En su increíble ignorancia, ese pequeño rayo ha decidido que él es el sol, y esa ola casi imperceptible se exalta a sí misma como si fuese todo el océano. 5Piensa cuán solo y asustado tiene que estar ese diminuto pensamiento, esa ilusión infinitesimal, que se mantiene separado del universo y enfrentado a él. 6El sol se vuelve el "enemigo" del rayo de sol al que quiere devorar, y el océano aterroriza a la pequeña ola y se la quiere tragar.

Tal vez estés preguntándote, ¿cómo es posible que un pensamiento tan insignificante puede hacernos olvidar nuestra verdadera grandeza? Es en estos momentos que debemos recordar una de las lecciones más importantes del Curso en Milagros: "No hay grados de dificultad en los milagros". ¿Qué queremos decir con ello? Pues, que no podemos utilizar el sistema de pensamiento del ego para buscar la respuesta a nuestras preguntas. No podemos buscar en la ignorancia la respuesta que nos aporte la verdad, pues la ignorancia no conoce la verdad. 

Podemos creer que la mente es grande para unas cosas y pequeña para otras; podemos pensar que hay pensamientos grandes y pensamientos pequeños. Estaríamos en un error si hemos llegado a estas conclusiones. La mente, al igual que el pensamiento, simplemente es. Si lo calificamos como bueno o malo, estaremos describiendo la dualidad, percepción que pertenece al sistema de pensamiento del ego.

Pensemos que el pensamiento es la manifestación de la energía en estado potencial a través de la mente. Siendo esto así, podremos comprender por qué no hay pensamientos pequeños o grandes; por qué el poder de ese pensamiento es el mismo para dirigir nuestra atención hacia una dirección u otra o, lo que es lo mismo, para utilizar la mente para crear la realidad o para fabricar la ilusión; para estar vivos o dormidos.

jueves, 20 de febrero de 2025

Capítulo 18. VII. No tengo que hacer nada (2ª parte).

 VII. No tengo que hacer nada (2ª parte).

5. Tu camino será diferente, no en cuanto a su propósito, sino en cuanto a los medios. 2La relación santa es un medio de ahorrar tiempo. 3Un instante que tú y tu hermano paséis juntos os resti­tuye el universo a ambos. 4Ya estás listo. 5Ahora sólo tienes que recordar que no tienes que hacer nada. 6Sería mucho más efectivo ahora que te concentrases únicamente en esto, que reflexionar sobre lo que debes hacer. 7Cuando la paz llega por fin a los que luchan contra la tentación y batallan para no sucumbir al pecado; cuando la luz llega por fin a la mente que se ha dedicado a la contemplación; o cuando finalmente alguien alcanza la meta, ese momento siempre viene acompañado de este feliz descubri­miento: "No tengo que hacer nada".

Así es como elevaremos la condición de nuestras relaciones especiales y las transformaremos en santas. Ello nos permitirá recortar el tiempo del aprendizaje y el cuerpo será utilizado en su percepción verdadera, esto es, como un medio para alcanzar el fin de la salvación.

Cuando nuestras mentes se visualicen formando parte de la unicidad de la Filiación, ya no tendremos que hacer nada. El camino se ha recorrido y es el momento de gozar de la paz que nos brinda ese instante santo.

6. He aquí la liberación final que todos hallarán algún día a su manera y a su debido tiempo. 2Tú no tienes necesidad de ese tiempo. 3Se te ha economizado tiempo porque tú y tu hermano estáis juntos. 4Éste es el medio especial del que este curso se vale para economizarte tiempo. 5No aprovechas el curso si te empeñas en utilizar medios que le han resultado muy útiles a otros, y descuidas lo que se estableció para ti. 6Ahorra tiempo valiéndote únicamente de los medios que aquí se ofrecen, y no hagas nada más. 7"No tengo que hacer nada" es una declaración de fidelidad y de una lealtad verdaderamente inquebrantable. 8Créelo aunque sólo sea por un instante, y lograrás más que con un siglo de con­templación o de lucha contra la tentación.

Si la causa errada era la visión de la separación, la Expiación de ese error nos situará ante una nueva visión, la Visión de la Unidad que nos muestra la verdad de lo que somos. 

Mientras que el cuerpo ha significado el símbolo de la separación y del pecado, el Ser que somos significa el símbolo del Cielo, el de la unicidad.

7. Hacer algo siempre involucra al cuerpo. 2Y si reconoces que no tienes que hacer nada, habrás dejado de otorgarle valor al cuerpo en tu mente. 3He aquí la puerta abierta que te ahorra siglos de esfuerzos, pues a través de ella puedes escaparte de inmediato, liberándote así del tiempo. 4Ésta es la forma en que el pecado deja de ser atractivo en este mismo momento. 5Pues con ello se niega el tiempo, y, así, el pasado y el futuro desaparecen. 6El que no tiene que hacer nada no tiene necesidad de tiempo. 7No hacer nada es descansar, y crear un lugar dentro de ti donde la actividad del cuerpo cesa de exigir tu atención. 8A ese lugar llega el Espíritu Santo, y ahí mora. 9Él permanecerá ahí cuando tú te olvides y las actividades del cuerpo vuelvan a abarrotar tu mente consciente.

Las enseñanzas de Un Curso de Milagros afirman que no es lo que hacemos sino lo que pensamos lo que debemos dirigir correctamente. Esta afirmación está basada en lo que verdaderamente somos, seres espirituales, cuya causa es mental. El creer que nuestra identidad es corporal nos induce a pensar que lo importante es aquello que hacemos y que es sobre el cuerpo, al que le atribuimos la autoría de nuestras acciones, donde debemos llevar las rectificaciones. Con este modo de pensar, el tiempo adquiere un especial protagonismo, pues los errores los situamos en el pasado y las rectificaciones en el futuro, es decir, en escenarios del tiempo que no existen realmente.

Tan solo el presente, el ahora, es el instante que debemos utilizar para llevar a cabo el cambio que queremos alcanzar, no el de las formas, sino el de las causas o, lo que es lo mismo, el de los pensamientos.

8. Mas este lugar de reposo al que siempre puedes volver siem­pre estará ahí. 2Y serás más consciente de este tranquilo centro de la tormenta, que de toda su rugiente actividad. 3Este tranquilo centro, en el que no haces nada, permanecerá contigo, brindán­dote descanso en medio del ajetreo de cualquier actividad a la que se te envíe. 4Pues desde este centro se te enseñará a utilizar el cuerpo impecablemente5Este centro, del que el cuerpo está ausente, es lo que hará que también esté ausente de tu conciencia.

Una vez que logramos ver la verdad, que alcanzamos la visión de la unidad, que gozamos del instante santo, dicho estado nunca desaparecerá; es más, siempre ha permanecido ahí en espera de ser visionado por nuestra consciencia.

Es posible que tengamos la sensación de que nos desconectamos de la paz que nos inunda cuando se produce el encuentro con el instante santo. Si esto se produce es porque hemos elegido de nuevo considerar al cuerpo como un objetivo y no como un medio. Pero ello no significa que hayamos perdido la Crística; tan solo hemos decidido mirar a un lado, pero no tardará el momento en el que decidamos dirigir nuestra visión hacia el camino correcto.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Capítulo 18. VII. No tengo que hacer nada (1ª parte).

VII. No tengo que hacer nada (1ª parte).

1. Tienes todavía demasiada fe en el cuerpo como fuente de for­taleza. 2¿Qué planes haces que de algún modo no sean para su comodidad, protección o disfrute? 3De acuerdo con tu interpreta­ción, esto hace del cuerpo un fin y no un medio, lo cual siempre quiere decir que todavía te atrae el pecado. 4Nadie que aún acepte el pecado como su objetivo, puede aceptar la Expiación. 5Por lo tanto, todavía no has aceptado tu única responsabilidad. 6Aquellos que prefieren el dolor y la destrucción no le dan la bienvenida a la Expiación.

Estamos tan identificados con el cuerpo que le damos plena autonomía para convertirlo en la causa de todas nuestras iniciativas y convertirlo en el máximo responsable a la hora de lograr satisfacer nuestros sentidos. Lo que hemos hecho, al pensar de este modo, es otorgarle una función que no tiene, la de crear. 

El cuerpo no es una causa, sino un efecto. Y en su condición de efecto no es real, pues la causa que lo ha originado es un pensamiento erróneo e ilusorio. El pensamiento errado no existe realmente salvo que nuestra mente lo considere real, dando lugar a efectos que, ilusoriamente, son reales, como esos efectos que producen los ilusionistas llevándonos a ver lo que no existe.

Convencer al cuerpo de que no es real requiere un profundo cambio en nuestra manera de pensar. Exige que desaprendamos lo aprendido y que, en su lugar, permitamos que la Expiación corrija nuestros errores mentales. 

Creer que el cuerpo es el símbolo del pecado es creer en la separación. Mientras que nuestros pensamientos nos lleven a vernos separados de los demás, estaremos dando prioridad al cuerpo y a las relaciones especiales, las cuales se "alimentan" de la culpa y el miedo.

2. Hay algo que nunca has hecho: jamás te has olvidado comple­tamente del cuerpo. 2Quizá alguna que otra vez lo hayas perdido de vista, pero nunca ha desaparecido del todo. 3No se te pide que dejes que eso ocurra por más de un instante; sin embargo, en ese instante es cuando se produce el milagro de la Expiación. 4Des­pués verás el cuerpo de nuevo, pero nunca como lo veías antes. 5Y cada instante que pases sin ser consciente de tu cuerpo te pro­porcionará una perspectiva diferente de él cuando regreses.

Dejar de ver el cuerpo como un fin, como un objetivo, nos ayudará a verlo de otra manera. Utilizarlo como un medio para alcanzar la relación santa nos abrirá la mente para servir a la Expiación. Nuestra voluntad dejará de perseguir la satisfacción de los sentidos físicos y en su lugar se pondrá al servicio del Amor, el cual propiciará la presencia del instante santo que nos elevará hasta la visión del Cielo, símbolo de la Unicidad.

3. No hay ni un solo instante en el que el cuerpo exista en abso­luto. 2Es siempre algo que se recuerda o se prevé, pero nunca se puede tener una experiencia de él ahora mismo. 3Sólo su pasado y su futuro hacen que parezca real. 4El tiempo lo controla entera­mente, pues el pecado nunca se encuentra totalmente en el pre­sente. 5En cualquier momento que desees podrías experimentar la atracción de la culpabilidad como dolor, y, por lo tanto, evita­rías sucumbir a ella. 6La culpabilidad no ejerce ninguna atracción en el ahora. 7Toda su atracción es imaginaria, y así, es algo en lo que se piensa en conexión con el pasado o con el futuro.

Como veíamos en el punto anterior, el cuerpo es el efecto de un pensamiento errado y, por lo tanto, es irreal. Esa visión nos ha llevado a identificarnos con lo que no es verdad y nos ha llevado a interpretar que el cuerpo es fruto del pecado, pues es la consecuencia de la acción transgresora que propició que Dios nos expulsara del Paraíso.

Tan solo en el ahora, libre del pasado y del futuro, nuestra mente puede desvincularse del tiempo y conectar con la Fuente de la Verdad, la que emana de la Esencia de nuestro Creador. En ese instante nuestra voluntad se hace una con la Voluntad de Dios, lo que significa que la visión basada en la separación se diluye dando paso a la Visión Crítica de la Unidad.

4Es imposible aceptar el instante santo sin reservas a no ser que estés dispuesto, aunque sólo sea por un instante, a no ver el pasado ni el futuro. 2No te puedes preparar para él sin ubicarlo en el futuro. 3La liberación se te concede en el instante en que la desees. 4Son muchos los que se han pasado toda una vida prepa­rándose y ciertamente han tenido sus momentos de éxito. 5Este curso no pretende enseñar más de lo que ellos aprendieron en el tiempo, pero sí se propone ahorrar tiempo. 6Tal vez estés tra­tando de seguir un camino muy largo hacia el objetivo que has aceptado. 7Es extremadamente difícil alcanzar la Expiación luchando contra el pecado. 8Son muchos los esfuerzos que se lle­van a cabo tratando de hacer santo aquello que se odia y se abo­rrece. 9No es necesario tampoco que dediques toda tu vida a la contemplación, ni que te pases largos períodos de tiempo medi­tando con objeto de romper tu atadura al cuerpo. 10Todos esos intentos tendrán éxito a la larga debido a su propósito. 11Pero los medios son tediosos y requieren mucho tiempo, pues todos ven la liberación de la condición actual de insuficiencia y falta de valor en el futuro.

Cuando el Maestro Jesús nos refiere que debemos "ser como niños para entrar en el reino de los cielos", nos enseña a ver de forma real la función del tiempo, es decir, nos enseña a expresar la inocencia del niño, la pureza de su mente, en el presente, en el ahora, libre de las limitaciones del pasado.

¿Nos parece mucho un instante? Esa fusión de voluntades unidas en una misma visión de amor será suficiente para que se abran las puertas que nos conducirán a la salvación. 

Este punto nos muestra cómo podemos utilizar el tiempo para que nos demoremos el encuentro con el instante santo. Si decidimos continuar viendo el cuerpo como la fuente del pecado, es decir, si decidimos verlo como un fin y no como un medio, continuaremos utilizando para alcanzar la purificación del mismo, sometiéndolo a un proceso de expiación que requerirá mucho tiempo y dolor.

Busquemos al que camina a nuestro lado. Miremoslo y digámosle: "Te amo y te bendigo". "Nuestras mentes son una y permanecen eternamente unidas a la Fuente de nuestro Creador". "Caminemos juntos hacia Él". 

martes, 18 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (4ª parte).

 VI. Más allá del cuerpo (4ª parte). 

10. Puedes alzar la mano y tocar el Cielo. 2Tú, cuya mano se encuentra asida a la de tu hermano, has comenzado a extenderte más allá del cuerpo, pero no fuera de ti mismo, para alcanzar juntos la Identidad que compartís. 3¿Cómo iba a encontrarse dicha Identidad fuera de vosotros donde Dios no está? 4¿Acaso es Él un cuerpo? 5¿E iba a haberte creado diferente de Sí Mismo y donde Él no podría morar? 6Él es lo único que te rodea. 7¿Qué limitaciones puedes tener tú a quien Él abarca?

Hemos estado toda nuestra vida comunicándonos con los demás, percibiéndolos desde el exterior, lo que nos ha llevado a creer que no nos une ningún lazo de relación. La visión de la separación ha ocasionado que las relaciones entre hermanos estén tintadas de odio, rencor, ataques y culpa.

La salvación, la nuestra y la de los demás, es el punto que nos une. Buscamos nuestra salvación a costa de la salvación de los demás, cuando en verdad es imposible alcanzar esa meta cuando realizamos el camino separados los unos de los otros. Nuestra identidad es compartida en la Mente de Dios y por nuestras propias Mentes. 

Si quieres ver la realidad de tu hermano, no lo busques fuera de ti, sino en tu interior. 

11. Todo el mundo ha experimentado lo que podría describirse cómo una sensación de ser transportado más allá de sí mismo. 2Esta sensación de liberación va mucho más allá del sueño de libertad que a veces se espera encontrar en las relaciones especia­les. 3Es una sensación de habernos escapado realmente de toda limitación. 4Si examinases lo que esa sensación de ser "transpor­tado" realmente supone, te darías cuenta de que es una súbita pérdida de la conciencia corporal, y una experiencia de unión con otra cosa en la que tu mente se expande para abarcarla. 5Esa otra cosa pasa a formar parte de ti al tú unirte a ella. 6tanto tú como ella os completáis, y ninguno se percibe entonces como separado. 7Lo que realmente sucede es que has renunciado a la ilusión de una conciencia limitada y has dejado de tenerle miedo a la unión. 8El amor que instantáneamente reemplaza a ese miedo se extiende hasta lo que te ha liberado y se une a ello. 9Y mientras esto dura no tienes ninguna duda acerca de tu Identidad ni deseas limitarla. 10Te has escapado del miedo y has alcanzado la paz, no cuestio­nando la realidad, sino simplemente aceptándola. 11Has aceptado esto en lugar del cuerpo, y te has permitido a ti mismo ser uno con algo que se encuentra más allá de éste, al simplemente no permitir que tu mente esté limitada por él.

Tanto en sentido literal como en el figurado, es decir, tanto si se trata de "vernos" fuera del cuerpo, lo que se conoce como viaje astral, o si trascendemos los miedos que limitan una relación especial logrando amar incondicionalmente, experimentaremos la sensación de ser "transportado" más allá de los límites que establece el cuerpo y la conciencia basada en la percepción.

El Amor no pertenece al mundo del ego, pues dicho mundo es el hijo del miedo. Cuando conseguimos conectar con su elevada frecuencia y sintonizamos su canal, la comunicación interior nos libera de las pesadas cadenas del miedo y nos sentimos libres y etéreos.

12. Esto puede ocurrir independientemente de la distancia física que parezca haber entre ti y aquello a lo que te unes; indepen­dientemente de vuestras respectivas posiciones en el espacio o de vuestras diferencias de tamaño y aparente calidad. 2El tiempo es irrelevante: la unión puede ocurrir con algo pasado, presente o con algo que se prevé. 3Ese "algo" puede ser cualquier cosa y estar en cualquier parte; puede ser un sonido, algo que se ve, un pensamiento, un recuerdo, o incluso una idea cualquiera sin nin­guna referencia concreta. 4Mas siempre te unes a ello sin reservas porque lo amas y quieres estar a su lado. 5Por eso te apresuras a ir a su encuentro, dejando que tus limitaciones se desvanezcan, aboliendo todas las "leyes" que tu cuerpo obedece y apartándote serenamente de ellas.

Esa es la vivencia. Se trata de una vivencia de unión verdadera propiciada por el Amor, el cual, al expandirse, nos comunica con la esencia de lo amado.

Se habla de las vivencias de éxtasis que acompaña a la liberación del miedo cuando nos entregamos al amor verdadero. Dichas vivencias fortalecen la firme creencia de que no somos un ropaje material, sino que nuestra identidad es esencia espiritual y presencia eterna.

13. No hay violencia alguna en este escape. 2No se ataca al cuerpo, sino simplemente se le percibe correctamente. 3El cuerpo no puede limitarte, ya que ésa no es tu voluntad. 4En realidad no se te "saca" de él, ya que no puede contenerte. 5Te diriges hacia donde realmente quieres estar, adquiriendo, no perdiendo, una sensación de Ser. 6En estos instantes en que te liberas de toda restricción física, experimentas mucho de lo que sucede en el ins­tante santo: un levantamiento de las barreras del tiempo y del espacio, una súbita experiencia de paz y alegría. aMas por encima de todo, pierdes toda conciencia del cuerpo y dejas de dudar acerca de si todo esto es posible o no.

El recuerdo de lo que somos nos facilitará el encuentro con nuestra verdadera identidad. Si somos Espíritu, nuestra comunicación con su esencia sublimará la relación que hemos mantenido con el cuerpo y experimentaremos conscientemente cómo ese encuentro con nuestro verdadero yo se producirá, aportándonos la sensación de transportarnos a otra dimensión más sutil y etérea. En verdad, lo que está ocurriendo es que nos dirigimos hacia donde realmente procedemos y queremos estar, adquiriendo, no perdiendo, una sensación de Ser.

14. Es posible porque tú lo deseas. 2En la súbita expansión de con­ciencia que tiene lugar sólo con que tú lo desees reside el irresisti­ble atractivo del instante santo. 3Te exhorta a que seas tú mismo, en la seguridad de su abrazo. 4Ahí se te libera de todas las leyes de la limitación y se te da la bienvenida a la mentalidad receptiva y a la libertad. 5Ven a este lugar de refugio, donde puedes ser tú mismo en paz. 6No mediante la destrucción ni mediante un escape, sino simplemente mediante una serena fusión. 7Pues la paz se unirá a ti allí sencillamente porque has estado dispuesto a abandonar los límites que le habías impuesto al amor, y porque te uniste a él allí donde mora y adonde te condujo, en respuesta a su dulce llamada a que estés en paz.

En la medida en que seamos capaces de ir desprendiéndonos de los envoltorios de materia grosera con los que hemos ido identificándonos, es decir, en la medida en que nuestra voluntad deje de servir al miedo, a la creencia en la separación, a la culpa, al ataque, al odio y a la ira, para prestar sus servicios al amor, iremos abandonando el contenido de nuestra vieja mochila y soltando el elevado peso de su carga. Ello propiciará que dejemos de sentirnos prisioneros de las limitaciones impuestas por la falsa percepción y pasemos a experimentar la felicidad que nos dispensará nuestra visión de libertad.

lunes, 17 de febrero de 2025

Capítulo 18. VI. Más allá del cuerpo (3ª parte).

VI. Más allá del cuerpo (3ª parte). 

7. Éste es el anfitrión de Dios que tú has engendrado. 2ni Dios ni Su santísimo Hijo pueden hospedarse en una morada donde reina el odio, y donde tú has sembrado semillas de venganza, violencia y muerte. 3Esa cosa que engendraste para que estuviese al servicio de tu culpabilidad se interpone entre ti y otras mentes. 4Las mentes están unidas, pero tú no te identificas con ellas. 5Te ves a ti mismo encerrado en una celda aparte, aislado e inaccesible, y tan incapaz de establecer contacto con otros como de que otros lo establezcan contigo. 6Odias esta prisión que has cons­truido, y procuras destruirla. 7Pero no quieres escaparte de ella ni dejarla indemne y libre de toda culpa.

Podríamos preguntarnos, ¿cómo es posible que odiemos aquello que al mismo tiempo deseamos? Dicho de otra manera, ¿cómo podemos odiarnos a nosotros mismos? ¿Hay algo más loco que ese sentimiento?

La creencia en la separación de nuestra Fuente, de Dios, nos ha llevado del Amor al miedo; del Amor al odio; del Conocimiento a la ignorancia; de la Paz a la guerra; de la Vida a la muerte. Sin ánimo de vulgarizar sobre el aspecto sagrado de este tema, podríamos verlo de esta manera: "He elegido ver lo que he deseado y ello me hace sentir poderoso, pero también sé que lo que he deseado me lleva lejos de la felicidad y de la paz, y por ello, me odio a mí mismo".

Sí, tal vez pienses que es una valoración demente, como demente es el pensamiento que nos llevó a desear ser distintos a nuestro Creador. Por ser un pensamiento demente, seguimos inmersos en la demencia, lo que nos impide ver con claridad la verdadera realidad.

8. Sin embargo, ésa es la única manera de escapar. 2La morada de la venganza no es tu hogar. aEl lugar que reservaste para que albergase a tu odio no es una prisión, sino una ilusión de ti mismo. 3El cuerpo es un límite que se le impone a la comunicación universal, la cual es un atributo eterno de la mente. 4Mas la comu­nicación es algo interno. 5La mente se extiende hasta sí misma. 6No se compone de diferentes partes que se extienden hasta otras. 7No sale afuera. 8Dentro de sí misma es ilimitada, y no hay nada externo a ella. 9Lo abarca todo. 10Te abarca completamente: tú te encuentras dentro de ella y ella dentro de ti. 11No hay nada más en ninguna parte ni jamás lo habrá.

Desde la limitación que ejerce el cuerpo sobre nuestra conciencia llevándonos a creer que es nuestra verdadera identidad, no nos resulta fácil la comprensión de lo que es la Mente. Escribo Mente con mayúsculas para diferenciarla de la mente humana, que es la que utilizamos bajo las leyes que gobiernan el sistema de pensamiento del ego. La mente humana nos lleva a identificarnos con el mundo de percepción, mientras que la Mente Abstracta o Superior nos permite conectar con el Campo de las Infinitas Posibilidades donde la energía espiritual se manifiesta potencialmente.

Este punto es muy esclarecedor a la hora de mostrarnos las características de la Mente Superior, cuyo atributo eterno es la comunicación, la extensión de la energía en estado puro.

Estamos acostumbrados a pensar que la comunicación es algo externo, pues la utilizamos para proyectar nuestro mundo interno. Es precisamente esa dirección la que nos revela que, en verdad, la comunicación es algo interno, pues procede de nuestro interior. No son los efectos los que dan lugar a las causas; no son las experiencias las que originan los pensamientos y las creencias. Son los pensamientos y creencias los que ocasionan los acontecimientos que experimentamos. Por lo tanto, la comunicación es algo interno y la mente se extiende hasta sí misma, donde es ilimitada y no hay nada externo a ella.

Por otro lado, siempre he creído que el Espíritu utiliza la Mente para crear y lo visualizaba como partes separadas. Ahora lo veo de otra manera. Ahora entiendo el Proceso Creador desde otro punto de vista. El Espíritu se encuentra dentro de la Mente y ella dentro del Espíritu. Ahora entiendo cómo Dios nos creó de Sí Mismo.

9. El cuerpo es algo externo a ti, y sólo da la impresión de rodear­te, de aislarte de los demás y de mantenerte separado de ellos y a ellos de ti. 2Pero el cuerpo no existe. 3No hay ninguna barrera entre Dios y Su Hijo, y Su Hijo no puede estar separado de Sí Mismo, salvo en ilusiones. 4Ésa no puede ser su realidad, aunque él crea que lo es. 5Sólo podría serlo si Dios se hubiese equivo­cado. 6Dios habría tenido que crear de modo diferente y haberse separado de Su Hijo para que eso fuese posible. 7Él habría tenido que crear diferentes cosas, y establecer diferentes órdenes de rea­lidad, de los que sólo algunos fuesen amor. 8Pero el amor tiene que ser eternamente igual a sí mismo, sin alternativas e inmuta­ble para siempre. 9Y, por lo tanto, así es. 10Tú no puedes poner una barrera a tu alrededor porque Dios no puso ninguna entre tú y Él.

En nuestro estado actual de conciencia y de comprensión, la afirmación "el cuerpo no existe" es todo un reto que sin duda se convierte en una invitación a deshacer todo lo aprendido de la mano del sistema de pensamiento del ego. Nos diremos: "¿cómo es posible que no exista si lo estoy percibiendo constantemente?"

Cuando comencé mis estudios sobre las enseñanzas de Un Curso de Milagros, tuve que enfrentarme a este dilema. Los conceptos que formaban parte de mis creencias se sentían atacados y, en respuesta a ello, tenía dos opciones: contraatacar y negar cualquier afirmación que pudiera ser interpretada como un ataque o abrir mi mente a nuevas posibilidades, las que, sin duda, exigirían por mi parte llevar a cabo una búsqueda sobre sus significados. Fue así como pude descubrir ideas ya expuestas que sin duda me ofrecieron nuevos argumentos en los que profundizar. Los conceptos real, verdad, existir me ofrecieron una visión diferente a la que tenía y me permitieron comprender sus profundos significados, lo que a su vez me permitió afianzar mi convicción de que el cuerpo no existe por la sencilla razón de que no es real y verdadero. Os dejo un enlace de un artículo que desarrollé sobre dichos conceptos y que estoy seguro te ayudará a abrir tu mente a una nueva comprensión y a compartir la afirmación que se recoge en este punto.

https://aprendiendouncursodemilagros.blogspot.com/2015/01/retomo-la-iniciativa-emprendida-de.html