viernes, 3 de octubre de 2025

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (5ª parte).

II. La perfidia de creerse especial (5ª parte).

9. Has llegado muy lejos por el camino de la verdad, demasiado lejos como para titubear ahora. 2Un paso más, y todo vestigio del temor a Dios quedará disuelto en el amor. 3El deseo de ser espe­cial de tu hermano y el tuyo son enemigos, y en su mutuo odio están comprometidos a matarse el uno al otro y a negar que son lo mismo. 4Mas no han sido ilusiones las que han llegado hasta este último obstáculo, el cual parece hacer que Dios y Su Cielo estén tan lejos que no se pueden alcanzar. 5Aquí en este santo lugar se alza la verdad esperando para recibirte a ti y a tu her­mano en silenciosa bendición y en una paz tan real y abarcadora que nada queda excluido. 6No traigas ninguna de las ilusiones que abrigas acerca de ti mismo a este lugar, al que vienes lleno de esperanza y honestidad.

Tengo la sensación, basada en la propia experiencia, de que el proceso que hemos llamado "despertar" no es un camino fácil. Se dice de él que se asemeja a un camino de rosas, en el que, para alcanzar la belleza de su flor, hay que recorrer un trayecto de espinas.

Nadie aprende por cuenta ajena. Este dicho se confirma en la realidad que nos muestra el mundo perceptivo. Para la mente dividida, la que hace realidad el mundo ilusorio de la percepción, la salvación se nos antoja como una larga travesía en la que debemos recorrer todo tipo de vicisitudes plagadas de sufrimiento. Es el agotamiento hasta la saciedad lo que nos hace aborrecer aquello que hemos devorado con tanto ardor y pasión. Cuando el deseo de ser especial se haya satisfecho por completo, cuando el dolor haya sido tan intenso que ya no podamos seguir creyendo en el camino elegido, en el guía idolatrado, entonces se percibirá una tenue luz en nuestro horizonte, anunciando que existe la esperanza de un nuevo camino, de elegir un nuevo guía, el cual sí sabrá guiarnos hacia la "tierra prometida", donde nos reencontraremos con nuestra verdadera Identidad, con nuestra naturaleza divina, inocente y pura.

Muchos ya hemos vislumbrado en nuestro horizonte esa tenue luz. Ahora tan sólo nos resta tomar una nueva elección que nos lleve a abandonar las antiguas creencias que nos han mantenido prisioneros de la cárcel del olvido y en la que hemos servido a un falso guía.

10. He aquí el que te puede salvar de tu deseo de ser especial. 2Él tiene tanta necesidad de que lo aceptes como parte de ti, como tú de que él te acepte a ti. 3Eres tan semejante a Dios como Dios lo es a Sí Mismo. 4Dios no es especial, pues Él no se quedaría con nin­guna parte de lo que Él es sólo para Sí, negándosela a Su Hijo y reservándola sólo para Sí Mismo. 5Y esto es lo que tú temes, pues si Él no es especial, entonces Su Voluntad dispuso que Su Hijo fuese como Él, y, por lo tanto, tu hermano no puede sino ser como tú. 6Él no es especial, pero lo tiene todo, incluyéndote a ti. 7Dale sólo lo que ya es suyo, y recuerda que Dios Se dio a Sí Mismo a ambos con el mismo amor, para que ambos pudierais compartir el universo con Él, Quien dispuso que el amor jamás pudiese ser dividido ni mantenerse separado de lo que es y ha de ser para siempre.

Si Dios fuese especial, Su hijo también lo sería, lo que lo convertiría en el Padre del ego y el mundo físico, sujeto a las leyes de la temporalidad; sería real y sus verdades transitorias.

Si Dios fuese especial, sus creaciones serían caóticas y sus leyes dementes. 

Si Dios fuese especial, sus relaciones serían especiales y el miedo se establecería en ellas, haciendo imposible alcanzar la paz y la felicidad.

El recuerdo de Dios desde nuestro corazón nos inunda de paz y sosiego, pues reconocemos que ninguna mente infectada por el deseo de ser especial puede elevarnos hacia la morada del Cielo donde la visión de la unicidad nos funde con la Filiación. Si has recordado en algún instante santo esa visión del Cielo y de Dios, negarás que nuestro Creador albergue el deseo de ser especial.

Alegrémonos, hermano, pues el recuerdo de Dios abrirá nuestros ojos verdaderos a la visión crística, lo que nos permitirá reconocer que somos Uno en la Mente del Hacedor.

jueves, 2 de octubre de 2025

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (4ª parte).

 II. La perfidia de creerse especial (4ª parte).

7. Tú que has encadenado a tu salvador a tu deseo de ser especial y has otorgado a dicho deseo el lugar de aquel, recuerda esto: tu salvador no ha perdido la capacidad de perdonarte todos los pecados que tú crees haber interpuesto entre él y la función de salvarte que Dios le encomendó. 2Y tú no puedes cambiar su fun­ción, ni tampoco la verdad que mora en él y en ti. 3Pero ten por seguro que esta verdad es exactamente la misma en cada uno de vosotros. 4La verdad no transmite mensajes diferentes y sólo tiene un significado. 5Y es un significado que tú y tu hermano podéis entender y que os brinda liberación a ambos. 6He aquí a tu her­mano ofreciéndote la llave del Cielo que tiene en su mano. 7No permitas que el sueño de ser especial continúe interponiéndose entre vosotros. 8Lo que es uno está unido en la verdad.

El papel que representa la presencia de nuestro hermano en nuestra vida es el mismo que representamos nosotros en la suya, el de ofrecernos la llave que abrirá las puertas que nos conducen a la salvación. ¿Qué significa esto? ¿Cuál es esa llave tan poderosa?

Significa que el "otro" al que nosotros hacemos real no existe realmente, salvo en nuestra mente. Ese otro responde al contenido de nuestros pensamientos. Si al mirar en nuestro interior vemos pensamientos que nos llevan a condenarnos, los proyectaremos en el exterior y encontraremos a alguien que personifique, según nuestro juicio, el pecado por el cual nos hemos condenado. Como hemos sido incapaces de perdonarnos interiormente, decidimos purificarnos atacando la debilidad del otro y condenamos su comportamiento a través de cualquier forma de ataque.

El "otro", por lo tanto, ejerce el papel de ser nuestro espejo en el que poder mirar nuestro mundo interior y todas aquellas tendencias que tratamos de ocultar. Esa función de espejo nos ofrece la oportunidad de reconocer que no es el ataque la mejor forma de alcanzar la salvación, la paz, sino el perdón. De este modo, el "otro" nos ofrece la llave para abrir nuestra mente a una nueva visión en la que el juicio condenatorio cede su lugar al pensamiento amoroso del perdón.

Esa es la razón por la cual nuestro hermano tiene la llave de la salvación, una salvación que tan sólo será posible si la realizamos juntos, cogidos de la mano.

8. Piensa en la hermosura que verás dentro de ti cuando lo consi­deres tu amigo. 2Él es enemigo de tu deseo de ser especial, pero amigo de lo que es real en ti. 3Ni uno solo de los ataques que pensaste haber lanzado contra él lo ha despojado del regalo que Dios quiere que él te dé. 4Su necesidad de dártelo es tan impe­riosa como la tuya de recibirlo. 5Permítele que te perdone tu deseo de ser especial, y que restaure la plenitud de tu mente y te haga uno con él. 6El está en espera de tu perdón, pero únicamente para poder devolvértelo a ti. 7No fue Dios Quien condenó a Su Hijo, sino tú, para salvar su especialismo y matar a su Ser.

Jesús nos narra el correcto proceder en las relaciones con nuestros hermanos, adaptando el mensaje al mundo del sueño que la mente está percibiendo. En su enseñanza nos deja muy claro que el "otro" no existe, no es real, sino la proyección de nuestros pensamientos guiada por el demente deseo de ser especial.

Por lo tanto, la hermosura a la que Jesús hace alusión en este punto se refiere a la luz y al amor que debemos reconocer en nuestro interior cuando seamos conscientes de nuestra mente. Esto viene a ratificar la afirmación de que no podemos dar lo que no tenemos. Si en nuestros pensamientos hay conflicto, lo proyectaremos al exterior, viendo y compartiendo el conflicto con el mundo que percibimos. Si en nuestra mente albergamos la paz, el deseo de ser especial desaparecerá. En su lugar veremos el reflejo del Cielo en el mundo percibido o, lo que es lo mismo, percibiremos correctamente nuestra identidad y la realidad formará parte de nuestras relaciones. Es decir, caminaremos junto a nuestros hermanos en serena paz.

Realmente, el papel que desempeña el "otro" en nuestro sueño es el de ayudarnos a despertar de él, protagonizando el guion que dicta nuestros pensamientos internos. Si en ellos existe el miedo, el otro nos incitará a enfrentarnos a una experiencia de miedo; si existe condena, odio, ira o rencor, el otro nos aportará la justa medida de esa dosis que necesitamos para comprender los efectos que causan dichos sentimientos. Así pues, la bendición que demos a nuestro hermano será la bendición que recibiremos.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (3ª parte).

 II. La perfidia de creerse especial (3ª parte).

5. Puedes defender tu especialismo, pero nunca oirás la Voz que habla en favor de Dios a su lado, 2pues hablan diferentes idiomas y llegan a oídos diferentes. 3Para todo aquel que se cree especial la verdad tiene un mensaje diferente, y un significado distinto. 4Sin embargo, ¿cómo podría ser que la verdad fuese diferente para cada persona? 5Los mensajes especiales que oyen los que se creen especiales les convencen de que ellos son diferentes y de que son algo aparte, cada uno con sus pecados especiales y "a salvo” del amor, el cual no ve su especialismo en absoluto. 6La visión de Cristo es su "enemigo", pues no ve aquello que ellos quieren ver y les mostraría que el especialismo que ellos creen ver es una ilusión.

El deseo de ser especial influye en nuestro sistema de pensamiento y creencias, lo que se traduce en que nuestro comportamiento responde fielmente a lo que dicta ese deseo. Así, establecemos relaciones que consideramos igualmente especiales y, si es cierto que inicialmente nos sentimos atraídos a establecer dichas relaciones llamados por la búsqueda del amor, en realidad lo que buscamos es satisfacer el profundo vacío que sentimos de ser amados de forma especial.

Si has experimentado una relación especial, sabrás reconocer que el miedo que sentimos por perder el amor del otro, indiferentemente de cómo se manifieste ese temor, se convierte en un obstáculo que no facilita la experiencia de la paz. Que esto sea así responde al propósito que realmente nos mueve a establecer dicha relación, el deseo de ser especial. Podemos alegar a nuestro favor que nuestra motivación era amar a la persona que hemos elegido para compartir nuestra relación. Sin embargo, todos nuestros gestos para alcanzar ese amor van dirigidos erróneamente. En verdad, lo que nos motiva es que el otro llene el vacío de amor que sentimos por tenerle miedo a amar incondicionalmente. Ese miedo se convierte en un filtro que condiciona la experiencia de amor, se convierte en una exigencia de ser amado como queremos que nos amen. Ese amor no es verdadero amor, pues el amor debe aportar libertad y no limitación.

Si elegimos oír la voz del especialismo, estaremos negando nuestra verdadera Identidad. Ignoraremos quiénes somos en realidad y ello nos llevará, igualmente, a desconocer la Identidad de los demás, a los que veremos no como nuestros aliados, sino como nuestros enemigos.

6. ¿Qué podrían ver en su lugar? 2Podrían ver el brillante fulgor del Hijo de Dios, tan semejante al de su Padre que el recuerdo de Éste alborearía de inmediato en sus mentes. 3Y con ese recuerdo el Hijo recordaría sus propias creaciones, que son tan semejantes a él como él es semejante a su Padre. 4Y el mundo que él cons­truyó, así como su deseo de ser especial junto con todos los peca­dos que en defensa de ese deseo albergó contra sí mismo, se desvanecerían a medida que su mente aceptase la verdad acerca de lo que él es y retornase para ocupar el lugar que aquellos ocupaban, 5Éste es el único "costo" de la verdad: jamás volverás a ver lo que nunca tuvo lugar ni a oír lo que no tiene sonido. 6¿Es acaso un sacrificio renunciar a lo que no es nada y recibir a cam­bio el Amor de Dios para siempre?

Jesús nos describe en este punto lo que experimentaremos si elegimos oír la Voz que habla por Dios, la Voz del Amor, en vez de la voz del ego.

Nos referíamos en el punto anterior a que la relación especial está inspirada por el deseo de ser especial. ¿Qué paz se puede experimentar si nuestros pensamientos son egoístas y buscan en el ataque salvaguardar nuestra propia seguridad? ¿Has conocido alguna vivencia en la que el ataque no engendre dolor y sufrimiento? Elegir como guía al ego y al deseo de ser especial nos conduce una y otra vez a la percepción de una realidad errónea, la cual se sustenta por la creencia de que somos seres separados del mundo que percibimos. El miedo al amor nos ha llevado a amar el miedo. No es un juego de palabras. Esa afirmación encierra el sentimiento que guía todos nuestros gestos. Si amamos incondicionalmente, el deseo de sentirnos especiales desaparece y con ello nuestra falsa identidad egoica. Así que para garantizar la seguridad de nuestra identidad decidimos tener miedo del amor y sustituirlo por el amor al miedo, pues es el único modo de sentir lo que hemos confundido con el verdadero amor, el deseo de ser especial.

Al sentir amor por el miedo, garantizamos la continuidad del sistema de pensamiento del ego y depositamos esa seguridad en el envoltorio con el que nos hemos identificado, el cuerpo físico. El cuerpo se convierte en la herramienta del ego a través de la cual expresa su amor por el miedo, creyendo que dicho cuerpo tiene el poder de generar miedo, cuando en verdad el miedo pertenece al nivel de la mente, que es quien verdaderamente lo hace real.

La visión que Jesús nos describe en este punto es la Visión Crística, la que nos permite vislumbrar el Cielo donde la esencia del amor nos permite experimentar la grandeza de la Unidad.

La Visión Crística nos permite recordar nuestra Identidad verdadera. La práctica de esa visión unificadora nos guiará a establecer la santidad en nuestras relaciones, las cuales se caracterizarán por el deseo de dar y compartir el amor de manera incondicional.

martes, 30 de septiembre de 2025

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (2ª parte).

II. La perfidia de creerse especial (2ª parte).

3. Ser especial es la idea del pecado hecha realidad. 2Sin esa base no es posible ni siquiera imaginarse el pecado. 3Pues el pecado surgió de ella, de lo que no es nada, y no es más que una flor maléfica desprovista de raíces. 4He aquí al que se ha erigido a sí mismo en "salvador", el "creador" que crea de forma diferente a como crea el Padre e hizo que Su Hijo fuese como él y no como el Padre. 5Sus hijos "especiales" son muchos, nunca uno solo, y cada uno de ellos se encuentra exiliado de sí mismo y de Aquel de Quien forma parte. 6Y ninguno de ellos ama la Unicidad que los creó como uno solo con Él. 7Ellos eligieron el especialismo en lugar del Cielo y de la paz, y lo envolvieron cuidadosamente en el pecado para mantenerlo "a salvo" de la verdad.


En un acto de imaginación, aun sabiendo que toda imagen pertenece al mundo de la ilusión, voy a simular el estado en el que se encontraban Adán y Eva gozando de la abundancia paradisiaca del Edén. Su calidad sería semejante a la que describe el Curso cuando hace referencia al Cielo. Por lo tanto, el estado natural de nuestros progenitores ancestrales sería el de la unicidad, el de la paz y la dicha. Igualmente, compartían el conocimiento del mundo divino. 

Las Sagradas Escrituras nos narran verdades trascendentes en un lenguaje simbólico y metafórico que deben ser llevadas hasta la razón para comprender su mensaje. El motivo de que fuese transmitido de este modo responde a las limitaciones intelectuales de la humanidad hacia la que iba dirigido.

Sabemos por los textos sagrados que Dios creó a Adán y, posteriormente, tomando una "costilla" de Adán, creó a Eva. La interpretación literal del término hebreo que hace referencia a "costilla" es "Tzela", cuyo significado verdadero es "lado". Esta afirmación se extrae de un análisis más exhaustivo de la Biblia, donde se utiliza dicho término con la interpretación verdadera a la que hacemos referencia.

Ese "lado" nos aproxima a la idea que nos enseña el Curso cuando nos dice que el mundo fue creado por una "extensión" de Dios. Ya sabemos que amar es extenderse a sí mismo.

Por lo tanto, la creación de Eva responde al proceso natural del acto creador del Ser original al que se ha llamado Adán. De la unidad adamita surge la dualidad Eva. Si el estado de Unidad lo identificamos con la Voluntad del Padre, a Eva podemos identificarla con el Amor del Hijo. No es casual que el amor se haya vinculado con el poder del deseo. Tampoco es casual que en el episodio de la tentación de la serpiente, esta fuese dirigida a Eva y no a Adán. El Amor-Deseo-Eva, tras sucumbir al ardor cupido de la serpiente, al deseo de ser especial, tentó a su vez la voluntad de Adán, ofreciéndole comer del fruto prohibido. El gesto de Adán cediendo a la propuesta de su compañera los llevó a desconectarse de la Voluntad del Padre. ¿Acaso no es esto que decimos el génesis de la creencia en la separación y el pecado?

Así alcanzamos, en este ejercicio imaginativo, que, tras quedar seducidos por el deseo de ser especial, la mente descubrió una dimensión nueva, la corporal -desnudez de sus cuerpos- y esa nueva visión le llevó a pensar que había perdido la confianza de su Creador, al cual, a partir de ese instante, lo consideró su enemigo, pues temió ser castigado por su vengativa cólera.

4. Tú no eres especial. 2Si crees que lo eres y quieres defender tu especialismo en contra de la verdad de lo que realmente eres, ¿cómo vas a poder conocer la verdad? 3¿Qué respuesta del Espí­ritu Santo podría llegar hasta ti, cuando a lo que escuchas es a tu deseo de ser especial, que es lo que pregunta y lo que responde? 4Tan sólo prestas oídos a su mezquina respuesta, la cual ni siquiera se oye en la melodía que en amorosa alabanza de lo que eres fluye eternamente desde Dios a ti. 5Y este colosal himno de honor que amorosamente se te ofrece por razón de lo que eres parece silencioso e inaudible ante el "poderío" de tu especia­lismo. 6Te esfuerzas por escuchar una voz que no tiene sonido, y, sin embargo, la Llamada de Dios Mismo te parece insonora.

Tal vez estés pensando, tras haber leído la reflexión anterior, que existen formas más fáciles para dar a conocer la verdad que utilizar el lenguaje de símbolos que se emplean en los Textos Sagrados. Es posible que esté utilizando mis propios pensamientos para demostrar lo que pienso sobre este tema. Sin embargo, cuando pienso en el momento histórico en el que se llevaron a cabo las Escrituras y valoro el nivel de comprensión intelectual de la gran mayoría hacia la que iban dirigidos sus mensajes, alcanzo a comprender que es difícil hacer comprender a un niño verdades intelectuales de un nivel adulto de la mente. Por tal motivo, los cuentos están escritos en un lenguaje simbólico y fantasioso propio del nivel de comprensión de la edad infantil.

La humanidad ya no se encuentra en ese estado infantil. Entiendo que estamos preparados para entender la verdad en un lenguaje directo, lo que nos invita a simplificar el significado que debemos extraer de los puntos que estamos analizando.

Cuando el Curso se refiere al deseo de ser especial, lo que nos está describiendo es una naturaleza egoísta que piensa que es el centro del universo y que es incapaz de amarse a sí mismo más allá de su aspecto corporal. 

Si rendimos culto a nuestro aspecto corporal, es señal inequívoca de que nuestra mente está sirviendo al deseo de ser especial.

Si al relacionarnos con el mundo vemos al otro como nuestro enemigo, estamos, igualmente, sirviendo al deseo de ser especial.

Si juzgamos las debilidades de los demás y condenamos sus "pecados", es la evidencia de que estamos proyectando nuestra propia condena sobre ellos.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (1ª parte).

II. La perfidia de creerse especial (1ª parte).

1. Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo del ego, pues el amor nunca las hace. 2Creerse especial siempre con­lleva hacer comparaciones. 3Pues se establece al ver una falta en otro y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. 4Esto es lo que persigue el especialismo, y esto es lo que contempla. 5Y aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. 6Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y señero, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. 7No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas.

Un Curso de Milagros nos enseña que la parte de la mente que se cree separada de su fuente se proyecta al exterior dando lugar a la percepción de un mundo igualmente separado. El deseo de ser especial hizo que surgiese la creencia en la separación, sustituyendo el amor unificador por el pensamiento individual y divisorio. 

La percepción del pensamiento proyectado siempre es portadora de separación, y el sistema de pensamiento que se sustenta en dicha proyección da lugar a juzgar en el otro las debilidades que ocultamos en nuestro mundo interior.

El pensamiento de separación con relación a la Fuente Creadora favoreció la creencia en el pecado y en la culpa, y la purificación de la naturaleza pecaminosa se convirtió en nuestra cruzada.

Al creernos separados, guiados por el deseo de ser especiales, tuvimos que permitir que un pensamiento de escasez sustituyera a la realidad de la abundancia de la que goza nuestra única y verdadera realidad espiritual. De este modo, el deseo de Ser fue sustituido por el deseo de poseer. En esta ecuación fraguada por la demencia de la mente dividida, el otro es el factor a destruir, pues de este modo garantizamos el triunfo de nuestro especialismo.

Nos dice Jesús que hacer comparaciones es un mecanismo del ego y que creerse especial conlleva realizar comparaciones. Nuestra experiencia corporal así nos lo confirma y la creencia en que dar es perder nos hace mezquinos y tacaños.

La ignorancia, fruto de una mente demente y dividida, nos lleva a olvidar que aquello que percibimos habla de nosotros mismos y que, en la medida en que nos condenamos y castigamos, del mismo modo condenamos y castigamos a los demás. Esta visión viciada por el desconocimiento de nuestra verdadera identidad nos aleja de la salvación, la cual solo es posible si negamos la visión egoica y la sustituimos por la visión crística.

2. Tratar de ser especial es siempre a costa de la paz. 2¿Quién podría atacar y menospreciar a su salvador y al mismo tiempo reconocer su fuerte apoyo? 3¿Quién podría menoscabar su omni­potencia y al mismo tiempo compartir su poder? 4¿Y quién podría usarlo como medida de la pequeñez y al mismo tiempo liberarse de toda limitación? 5Tú tienes una función que desem­peñar en la salvación. 6Realizarla te brindará felicidad. 7Pero tratar de ser especial siempre te ocasionará dolor. 8Pues es una meta que se opone a la salvación, y, por lo tanto, va en contra de la Voluntad de Dios. 9Atribuir valor a ser especial es apreciar una voluntad ajena, para la cual las ilusiones acerca de ti son más importantes que la verdad.

Tan sólo la unicidad, fruto de la esencia del amor incondicional, nos aporta paz. Las mentes unidas forman la Filiación, la creación de Dios. La unicidad y, por lo tanto, la paz, es el estado natural que forma parte del Mundo de Dios, donde Padre e Hijo son Uno, unidos por el mismo deseo de Ser.

Cuando el deseo de Ser se sustituye por el deseo de ser especial, o lo que es lo mismo, de ser diferente de su fuente, es el instante en que desechamos el conocimiento para hacer real un mundo de percepción e ignorancia.

El ego emana de esa elección conducida por el deseo de ser especial. Desconectado del conocimiento, la naturaleza corporal busca satisfacer su ignorancia, la que lo lleva a ver un mundo fragmentado y temeroso. Urge el dar significado a las cosas que no entiende y lo hace desde una mente desconectada de la verdad, razón por la cual el significado que otorga al mundo ilusorio que percibe no va más allá que a una interpretación errónea de lo que es real o ilusorio. A lo real lo llama imposible y a lo ilusorio lo reconoce como verdadero.

Lo único cierto es que cuando elegimos ser especiales, los resultados siempre nos aportan dolor, mientras que cuando elegimos la guía del Espíritu Santo, inspirados por el deseo de Ser, los resultados serán experimentar la paz.