sábado, 1 de marzo de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 60

LECCIÓN 60

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (46) Dios es el Amor en el que perdono.


2Dios no perdona porque jamás ha condenado. 3Los que están libres de culpa no pueden culpar, y aquellos que han aceptado su inocencia no ven nada que tengan que perdonar. 4Con todo, el perdón es el medio por el cual reconoceré mi inocencia. 5Es el reflejo del Amor de Dios en la tierra. 6Y me llevará tan cerca del Cielo que el Amor de Dios podrá tenderme la mano y elevarme hasta Él.

2. (47) Dios es la fortaleza en la que confío.

2No es con mi propia fortaleza con la que perdono. 3Es con la fortaleza de Dios en mí, la cual recuerdo al perdonar. 4A medida que comienzo a ver, reconozco Su reflejo en la tierra. 5Perdono todas las cosas porque siento Su fortaleza avivarse en mí. 6Y empiezo a recordar el Amor que decidí olvidar, pero que nunca se olvidó de mí.

3. (48) No hay nada que temer.

2¡Cuán seguro me parecerá el mundo cuando lo pueda ver! 3No se parecerá en nada a lo que ahora me imagino ver. 4Todo el mundo y todo cuanto vea se inclinará ante mí para bendecirme. 5Reconoceré en todos a mi Amigo más querido. 6¿Qué puedo temer en un mundo al que he perdonado y que a su vez me ha perdonado a mí?

4. (49) La Voz de Dios me habla durante todo el día.

2No hay un solo momento en el que la Voz de Dios deje de apelar a mi perdón para salvarme. 3No hay un solo momento en el que Su Voz deje de dirigir mis pensamientos, guiar mis actos y con­ducir mis pasos. 4Me dirijo firmemente hacia la verdad. 5No hay ningún otro lugar adonde pueda ir porque la Voz de Dios es la única voz y el único guía que se le dio a Su Hijo.

5. (50) El Amor de Dios es mi sustento.

2Cuando escucho la Voz de Dios, Su Amor me sustenta. 3Cuando abro los ojos, Su Amor alumbra al mundo para que lo pueda ver. 4Cuando perdono, Su Amor me recuerda que Su Hijo es impeca­ble. 5cuando contemplo al mundo con la visión que Él me dio, recuerdo que yo soy Su Hijo.

¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Dios es el Amor en el que perdono.
  • Si Dios es el Amor en el que perdono, ¿puede el perdón nacer del juicio?
    Cuando me resisto a perdonar, ¿estoy intentando hacerlo desde el ego en lugar de desde el Amor?
    ¿Es el perdón un esfuerzo personal o una rendición a una visión más amplia?
    Si el Amor es el fundamento del perdón, ¿qué ocurre con la culpa cuando lo permito actuar?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que no perdono solo, sino en la certeza de que el Amor de Dios ya ha disuelto toda separación?
Dios es la fortaleza en la que confío.
  • Si Dios es la fortaleza en la que confío, ¿por qué sigo apoyándome en lo inestable?
    Cuando siento incertidumbre, ¿he olvidado la Fuente que me sostiene?
    ¿Puede la verdadera fortaleza depender de circunstancias externas?
    Si confío en Dios, ¿qué lugar ocupa el miedo en mi mente?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que la confianza no nace del control, sino de saber que mi seguridad descansa en una Presencia que nunca falla?
No hay nada que temer.
  • Si no hay nada que temer, ¿de dónde nace el miedo que a veces experimento?
    ¿Es el peligro real o es una interpretación que he aprendido a aceptar sin cuestionar?
    Cuando anticipo pérdida o daño, ¿estoy mirando desde la verdad o desde la separación?
    Si mi identidad es espiritual e invulnerable, ¿qué podría amenazarla?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que el miedo se sostiene en una creencia errónea y que, al recordar quién soy, descubro que en verdad no hay nada que temer?
La Voz de Dios me habla durante todo el día.
  • Si la Voz de Dios me habla durante todo el día, ¿estoy realmente dispuesto a escucharla?
    En medio del ruido de mis pensamientos, ¿puedo distinguir una guía más serena y constante?
    Cuando tomo decisiones apresuradas, ¿he consultado primero esa Voz interior?
    ¿Es posible que cada encuentro y cada situación contengan un mensaje para mí?
    ¿Estoy dispuesto a aquietar mi mente y reconocer que la orientación que busco no está fuera, sino siempre presente en lo más profundo de mí?
El Amor de Dios es mi sustento
  • Si el Amor de Dios es mi sustento, ¿de qué creo depender realmente?
    Cuando siento carencia, ¿estoy olvidando la Fuente que me sostiene?
    ¿Puede faltarme algo esencial si el Amor es mi verdadera provisión?
    Si mi vida descansa en algo eterno, ¿por qué busco seguridad en lo transitorio?
    ¿Estoy dispuesto a confiar en que no vivo de esfuerzo ni de mérito, sino del Amor constante que me mantiene y nunca se agota? 

Sentido general de la Lección:

La Lección 60 enseña que el perdón no nace del esfuerzo humano, sino del Amor que me sostiene.

Después de:

  • recordar la identidad (57),
  • extender la santidad (58),
  • reubicar el sostén en Dios (59),

El Curso llega a un punto inevitable: Si no estoy solo, tampoco perdono solo.

Este repaso marca el paso de: “Yo tengo que perdonar” a “El perdón ocurre cuando dejo de sostener la culpa”.

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la creencia de que el perdón es una tarea personal, moral o psicológica.

El ego se defiende diciendo:

  • “No puedo perdonar esto”
  • “No debería tener que perdonar”
  • “Primero el otro tiene que cambiar”
  • “Perdonar es difícil”

El Curso responde con claridad: El perdón es difícil solo cuando crees que depende de ti.

Este repaso no exige sentimientos elevados, sino una renuncia a perdonar desde el yo separado.

Análisis de las ideas repasadas:

Dios es el Amor en el que perdono (Lección 46)

Psicológicamente:

  • Reduce la carga emocional del perdón.
  • Disuelve la sensación de sacrificio.
  • El resentimiento pierde intensidad.

Espiritualmente:

  • El perdón no nace del yo, sino del Amor.
  • No es concesión, es reconocimiento.

Clave: No perdono desde mi miedo, sino desde la Fuente.

Dios es la fortaleza en la que confío (Lección 47)

Psicológicamente:

  • Disminuye la defensividad.
  • Reduce la necesidad de control.
  • Permite vulnerabilidad segura.

Espiritualmente:

  • La confianza sustituye a la defensa.
  • La fortaleza ya no es resistencia.

Clave: No necesito protegerme para estar a salvo.

No hay nada que temer (Lección 48)

Psicológicamente:

  • Desactiva la anticipación ansiosa.
  • Reduce la vigilancia constante.
  • El cuerpo se relaja.

Espiritualmente:

  • El miedo pierde fundamento.
  • La amenaza no es real.

Clave: El miedo es una interpretación, no un hecho.

La Voz de Dios me habla durante todo el día (Lección 49)

Psicológicamente:

  • Reduce la sensación de desorientación.
  • Introduce coherencia interna.
  • La mente deja de decidir sola.

Espiritualmente:

  • La guía es constante, no ocasional.
  • Escuchar es disponibilidad, no esfuerzo.

Clave: No estoy sin guía ni un instante.

El Amor de Dios es mi sustento (Lección 50)

Psicológicamente:

  • Sana la sensación de carencia afectiva.
  • Disuelve la búsqueda desesperada de apoyo.
  • Aparece descanso emocional.

Espiritualmente:

  • El Amor no se pierde ni se retira.
  • El sustento es permanente.

Clave: No dependo del mundo para estar sostenido.

Sentido psicológico global del repaso

Este repaso:

  • disuelve la autoexigencia del perdón,
  • reduce la culpa y el resentimiento,
  • devuelve suavidad a la mente.

La mente deja de luchar por perdonar y empieza a permitir la sanación.

Sentido espiritual global del repaso:

Espiritualmente, la Lección 60 afirma:

El perdón no es un acto heroico del yo, sino un efecto natural del Amor recordado.

Cuando la mente deja de defender la culpa, el perdón aparece sin ser forzado.

Instrucciones prácticas:

Durante el día:

  • notar cuándo surge resistencia a perdonar,
  • observar la tensión del “tengo que poder”,
  • repetir suavemente: “Dios es el Amor en el que perdono.”

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “Esto no es perdonable”
  • “Aún me duele”
  • “No puedo soltar esto”
  • “No debería sentir resentimiento”

Advertencias importantes:

 No usar estas ideas para negar el dolor.
 No forzar el perdón emocional.
 No usar el perdón como superioridad moral.
 Usarlas para soltar la carga personal.
 Usarlas para permitir otra interpretación.

Relación con el proceso del Curso:

  • Lección 57 → Recuerdo de identidad
  • Lección 58 → Extensión de la santidad
  • Lección 59 → Confianza en la Fuente
  • Lección 60 → Perdón como efecto del Amor

Aquí el Curso cierra el primer gran arco: identidad → extensión → confianza → perdón.

Conclusión final:

La Lección 60 enseña una verdad profundamente liberadora: No tengo que aprender a perdonar mejor. Tengo que dejar de perdonar solo.

Cuando el perdón deja de ser personal, la paz deja de ser una meta y se vuelve una consecuencia natural.

Frase inspiradora final: “Cuando dejo de sostener la culpa, el Amor perdona en mí y la paz se revela.”

viernes, 28 de febrero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 59

LECCIÓN 59

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (41) Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

2¿Cómo puedo estar solo cuando Dios está siempre conmigo? 3¿Cómo puedo dudar o sentirme inseguro cuando en Él mora la perfecta certeza? 4¿Cómo puede haber algo que me pueda pertur­bar cuando Él mora en mí en paz absoluta? 5¿Cómo puedo sufrir cuando el amor y la dicha me rodean por mediación Suya? 6No he de abrigar ninguna ilusión con respecto a mí mismo. 7Soy perfecto porque Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

2. (42) Dios es mi fortaleza. 2La visión es Su regalo.

3Hoy no recurriré a mis propios ojos para ver. 4Quiero estar dis­puesto a dejar de lado la lamentable ilusión de que puedo ver, e intercambiarla por la visión que Dios me da. 5La visión de Cristo es Su regalo y Él me lo ha dado. 6Hoy me valdré de este regalo de tal forma que este día me ayude a comprender la eternidad.

3. (43) Dios es mi Fuente. 2No puedo ver separado de Él.

3Puedo ver lo que Dios quiere que vea. 4No puedo ver nada más. 5Más allá de Su Voluntad sólo hay ilusiones. 6Son éstas las que elijo cuando pienso que puedo ver separado de Él. 7Son éstas las que elijo cuando trato de ver con los ojos del cuerpo. 8No obstante, se me ha dado la visión de Cristo para reemplazarlos. 9A través de esta visión es como elijo ver.

4. (44) Dios es la luz en la que veo.

2No puedo ver en la oscuridad. 3Dios es la única luz. 4Por lo tanto, si he de ver, tiene que ser por medio de Él. 5He tratado de definir lo que es ver y me he equivocado. 6Ahora se me concede poder entender que Dios es la luz en la que veo. 7Le daré la bien­venida a la visión y al mundo feliz que me mostrará.

5. (45) Dios es la Mente con la que pienso.

2No tengo pensamientos que no comparta con Dios. 3No tengo pensamientos aparte de los Suyos porque no tengo otra mente que la Suya. 4Puesto que soy parte de Su Mente mis pensamien­tos son Suyos, y Sus Pensamientos son míos.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Dios va conmigo dondequiera que yo voy.
  • Si Dios va conmigo dondequiera que yo voy, ¿puedo estar realmente solo?
    Cuando siento miedo o abandono, ¿he olvidado esta Presencia constante?
    ¿Puede existir un lugar donde Su Amor no me alcance?
    Si Dios camina conmigo, ¿de qué tendría que defenderme?
    ¿Estoy dispuesto a confiar en que, en cada circunstancia, no avanzo por mi cuenta, sino acompañado por una Guía que conoce el camino hacia la paz?
Dios es mi fortaleza. 2La visión es Su regalo.
  • Si Dios es mi fortaleza, ¿por qué sigo buscando apoyo en lo frágil?
    Cuando me siento débil, ¿estoy confiando en mis propias fuerzas o en la Fuente que me sostiene?
    Si la visión es Su regalo, ¿puedo alcanzarla por esfuerzo personal?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que la verdadera claridad no proviene del análisis, sino de la guía interior?
    Si mi fortaleza no es mía, sino compartida con Dios, ¿puedo descansar en ella y permitir que Su visión sustituya mi percepción limitada?

Dios es mi Fuente. 2No puedo ver separado de Él.
  • Si Dios es mi Fuente, ¿de dónde creo que proviene mi percepción cuando juzgo?
    ¿Puede una mente creada por Dios ver realmente fuera de Él?
    Cuando experimento separación, ¿es un hecho o una interpretación?
    Si no puedo ver separado de mi Fuente, ¿qué estoy eligiendo cuando percibo miedo?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que toda visión verdadera nace de la Unidad y que, al recordar mi Origen, mi manera de ver se transforma?
Dios es la luz en la que veo.
  • Si Dios es la luz en la que veo, ¿qué ocurre cuando percibo oscuridad?
    ¿Es la oscuridad real o es la ausencia de conciencia de esa luz?
    Cuando juzgo o temo, ¿estoy olvidando la claridad que me sostiene?
    Si la luz no procede de mis ojos, sino de mi mente unida a Dios, ¿qué estoy permitiendo que la nuble?
    ¿Estoy dispuesto a aceptar que ver no es un acto físico, sino el reconocimiento de la luz divina que ilumina toda experiencia?
Dios es la Mente con la que pienso.
  • Si Dios es la Mente con la que pienso, ¿qué pensamientos no pueden provenir de Él?
    Cuando experimento miedo o juicio, ¿estoy utilizando realmente la Mente que comparto con Dios?
    ¿Puede la Mente divina producir culpa o separación?
    Si mi pensamiento verdadero nace en Dios, ¿qué ocurre cuando me identifico con ideas de ataque?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que pensar con claridad es recordar que mi mente no es privada ni aislada, sino parte de una Mente mayor, íntegra y amorosa?

Sentido general de la Lección:

La Lección 59 enseña que:  La mente no necesita sostenerse sola. Todo lo que necesita ya está dado en Dios.

Después de recordar la identidad (Lección 57) y extender la santidad al mundo (Lección 58), el Curso ahora reubica completamente el sostén interno.

No soy yo quien se fortalece, se orienta, ve, piensa, ama, sino que todo eso ocurre desde una Fuente compartida.

Este repaso marca el paso de: “yo tengo que poder con esto” a “no estoy solo en nada”.

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la creencia de autosuficiencia del ego.

El ego se defiende diciendo:

  • “Tengo que ser fuerte”
  • “Tengo que entender”
  • “Tengo que resolver”
  • “Tengo que saber amar”

El Curso responde con suavidad y firmeza: No tienes que sostener lo que no creaste. La Fuente no se perdió.

Este repaso no promueve dependencia infantil, sino confianza ontológica.

Análisis de las ideas repasadas:

Dios va conmigo dondequiera que voy (Lección 41)

Psicológicamente:

  • Reduce la sensación de abandono.
  • Disuelve la soledad existencial.
  • Introduce una presencia interna estable.

Espiritualmente:

  • Niega la separación como hecho real.
  • Afirma la compañía constante de la Fuente.

Clave: Nunca estoy verdaderamente solo.

Dios es mi fortaleza (Lección 42)

Psicológicamente:

  • Alivia la autoexigencia.
  • Reduce el agotamiento mental.
  • Permite soltar el control.

Espiritualmente:

  • La fortaleza no es resistencia, es apoyo.
  • El poder no nace del yo, sino de la Fuente.

Clave: No tengo que ser fuerte solo.

Dios es mi Fuente (Lección 43)

Psicológicamente:

  • Sana la sensación de carencia.
  • Disuelve la ansiedad por “no tener”.

Espiritualmente:

  • Todo lo real procede de una única Fuente.
  • Buscar fuera es olvidar el origen.

Clave: No necesito fabricar lo que ya está dado.

Dios es la Luz en la que veo (Lección 44)

Psicológicamente:

  • Reduce la confusión perceptiva.
  • Disminuye la rigidez interpretativa.

Espiritualmente:

  • Ver no es interpretar, es recibir.
  • La Luz no se crea: se permite.

Clave: No veo solo desde mi historia.

Dios es la Mente con la que pienso (Lección 45)

Psicológicamente:

  • Disuelve la sobreidentificación con el pensamiento.
  • Reduce la rumiación y la culpa mental.

Espiritualmente:

  • El pensamiento real es compartido.
  • La mente individual no es la fuente.

Clave: No pienso en soledad.

Sentido psicológico global del repaso:

Este repaso:

  • desactiva la autosuficiencia forzada,
  • reduce la carga mental,
  • devuelve descanso a la mente.

La mente deja de sostenerse a sí misma y empieza a apoyarse.

Sentido espiritual global del repaso:

Espiritualmente, la Lección 59 afirma:

La separación nunca fue total, por eso el apoyo nunca se perdió.

La vida deja de ser un esfuerzo individual y se convierte en una experiencia compartida con la Fuente.

Instrucciones prácticas:

Durante el día:

  • notar cuándo intentas hacerlo todo solo,
  • observar la tensión de “tener que poder”,
  • repetir suavemente:
    “Dios es mi fortaleza / mi Fuente / la Mente con la que pienso.”

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “No puedo más”
  • “No sé cómo hacer esto”
  • “Todo depende de mí”

Advertencias importantes:

 No usar estas ideas para evadir responsabilidad.
 No convertir la confianza en pasividad.
 Usarlas para soltar el peso innecesario.
 Usarlas para recordar el apoyo constante.

Relación con el proceso del Curso:

  • Lección 57 → Recuerdo de identidad
  • Lección 58 → Extensión de la santidad
  • Lección 59 → Reubicación del sostén

Aquí el Curso consolida la confianza radical.

Conclusión final:

La Lección 59 enseña una verdad profundamente estabilizadora:

No tengo que sostener mi vida solo. La Fuente no me abandona porque nunca me abandoné.

Cuando dejo de cargar conmigo mismo, la paz aparece como descanso natural.

Frase inspiradora final: “Cuando dejo de sostenerme solo, descubro que siempre estuve sostenido.”

Capítulo 18. IX. Los dos mundos (2ª parte).

 IX. Los dos mundos (2ª parte).

4. El círculo de temor yace justo debajo del nivel que los ojos del cuerpo perciben, y aparenta ser la base sobre la que el mundo descansa. 2Ahí se encuentran todas las ilusiones, todos los pensa­mientos distorsionados, todos los ataques dementes, la furia, la venganza y la traición que se concibieron con el propósito de conservar la culpabilidad, de modo que el mundo pudiese alzarse desde ella y mantenerla oculta. 3Su sombra se eleva hasta la superficie lo suficiente como para conservar sus manifestacio­nes más externas en la oscuridad, y para causarles desespera­ción y mantenerlas en la soledad y en la más profunda tristeza. 4Su intensidad, no obstante, está velada tras pesados cortinajes, y se mantiene aparte de lo que se concibió para ocultarla. 5El cuerpo es incapaz de ver esto, pues surgió de ello para ofrecerle protección, la cual depende de que eso no se vea. 6Los ojos del cuerpo nunca lo verán. 7Pero verán lo que dicta.

El Ser Espiritual que somos, el Hijo de Dios, ha sido creado a imagen y semejanza de Su Creador, con quien comparte el vínculo eterno de la Unidad. Su esencia es Luz y Amor y su identidad es verdadera y real. Por tal motivo no está sujeto al cambio. Es inalterable e inmutable. Perfecto como Su Padre es Perfecto. Su poder es semejante al de Su Padre, pues así ha sido creado.

El uso de ese "poder" lo hace libre para crear, pero también lo hace libre para fabricar, es decir, para imaginar una ficticia realidad sujeta a las leyes de la temporalidad y el cambio.

Ese acto de imaginación le lleva a creer imágenes ilusorias de sí mismo. Sucumbir a la "tentación" del deseo (simbolizada por la tentadora serpiente) le llevó a ver de otra manera, lo que propició una visión basada en su imaginación que le llevó a la creencia de que fue "expulsado" del "paraíso" (símbolo de la unidad). Dicha creencia dio lugar al miedo y a la culpa. En esa visión distorsionada dejó de sintonizar la frecuencia de luz para entrar en un estado de soñoliencia del que aún no ha despertado.

El peso de la culpa, junto al miedo, nubla la visión verdadera y lo mantiene prisionero de la percepción errada. La mente dejó de servir al Amor para ser sierva del miedo.

5. El cuerpo seguirá siendo el mensajero de la culpabilidad y actuará tal como ella le dicte mientras tú sigas creyendo que la culpabilidad es real. 2Pues la supuesta realidad de la culpabili­dad es la ilusión que hace que ésta parezca ser algo denso, opaco e impenetrable, y la verdadera base del sistema de pensamiento del ego. 3Su delgadez y transparencia no se vuelven evidentes hasta que ves la luz que yace tras ella. 4Y ahí, ante la luz, la ves como el frágil velo que es.

Sentirse culpable por haber transgredido la Voluntad de Dios dio lugar a pensamientos de temor y a ver a su Creador como un ser vengativo y despiadado. Ocultar lo que interpretó como su pecado le llevó igualmente a ocultar su culpa. Ese temor es una sombra que cobija en su mente y que, cuando es analizada desde la luz de la verdad, se difumina, pues no es más que el fruto de un acto imaginativo de lo que nunca ocurrió.

La pregunta que debemos hacernos es simple de entender y de contestar: ¿Qué padre que crea a su hijo en un acto de amor lo castigaría por sus errores? El castigo nunca puede ser un acto de amor, así como las tinieblas no pueden ser confundidas con la luz. ¿No es más inteligente pensar que ese padre mostrará su rostro amoroso para invitar a su hijo a ver de otra manera aquello que ha malinterpretado? Siendo así, ¿cómo vamos a continuar culpándonos y culpando a Dios de nuestras desgracias?

6. Esta barrera tan aparentemente sólida, y ese falso suelo que parece una roca, es como un banco de nubes negras que flotan muy cerca de la superficie, dando la impresión de ser una sólida muralla ante el sol. 2Su apariencia impenetrable no es más que una ilusión. 3Cede mansamente ante las cumbres que se elevan por encima de ella, y no tiene ningún poder para detener a nadie que quiera ascender por encima de ella y ver el sol. 4Esta apa­rente muralla no es lo suficientemente fuerte como para detener la caída de un botón o para sostener una pluma. 5Nada puede descansar sobre ella, pues no es sino una base ilusoria. 6Trata de tocarla y desaparece; intenta asirla y tus manos no agarran nada.

En este punto, Jesús pone especial énfasis en hacernos comprender que la ilusión de la culpa y el miedo es un pensamiento muy frágil, a pesar de su rocosa apariencia cuando lo imaginamos desde el temor y la vergüenza.

Podemos comprobar la fragilidad del miedo cuando lo llevamos ante la presencia del amor. Así como la oscuridad se difumina y desaparece cuando encendemos la luz, el miedo nos muestra su verdadera esencia cuando lo miramos desde el amor. El amor es nuestra esencia verdadera y se convierte en nuestra fortaleza cuando lo expandimos a través de nuestra mente, compartiéndolo con los demás.

jueves, 27 de febrero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 58

LECCIÓN 58

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (36) Mi santidad envuelve todo lo que veo.


2De mi santidad procede la percepción del mundo real. 3Habiendo perdonado, ya no me considero culpable. 4Puedo aceptar la ino­cencia que es la verdad con respecto a mí mismo. 5Cuando veo el mundo con los ojos del entendimiento, sólo veo su santidad por­que lo único que puedo ver son los pensamientos que tengo acerca de mí mismo.

2. (37) Mi santidad bendice al mundo.

2La percepción de mi santidad no me bendice únicamente a mí. 3Todas las personas y todo cuanto veo en su luz comparten la dicha que mi santidad me brinda. 4No hay nada que esté excluido de esta dicha porque no hay nada que no comparta mi santidad. 5medida que reconozca mi santidad, la santidad del mundo se alzará resplandeciente para que todos la vean.

3. (38) No hay nada que mi santidad no pueda hacer.

2El poder curativo de mi santidad es ilimitado porque su poder para salvar es ilimitado. 3¿De qué me tengo que salvar, sino de las ilusiones? 4¿Y qué son las ilusiones sino falsas ideas acerca de mí? 5Mi santidad las desvanece a todas al afirmar la verdad de lo que soy. 6En presencia de mi santidad, la cual comparto con Dios Mismo, todos los ídolos desaparecen.

4. (39) Mi santidad es mi salvación.

2Puesto que mi santidad me absuelve de toda culpa, reconocer mi santidad es reconocer mi salvación. 3Es también reconocer la sal­vación del mundo. 4Una vez que haya aceptado mi santidad, nada podrá atemorizarme. 5Y al no tener miedo, todos comparti­rán mi entendimiento, que es el regalo que Dios me hizo a mí y al mundo.

5. (40) Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

2En esto reside mi derecho a lo bueno y sólo a lo bueno. 3Soy ben­dito por ser un Hijo de Dios. 4Todo lo que es bueno me pertenece porque así lo dispuso Dios. 5Por ser Quien soy no puedo sufrir pérdida alguna, ni privaciones ni dolor. 6Mi Padre me sustenta, me protege y me dirige en todo. 7El cuidado que me prodiga es infinito y eterno. 8Soy eternamente bendito por ser Su Hijo.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Mi santidad envuelve todo lo que veo.
  • Si mi santidad envuelve todo lo que veo, ¿qué estoy proyectando cuando percibo culpa o ataque?
    Cuando miro a otro, ¿veo un cuerpo separado o la misma santidad que habita en mí?
    ¿Es posible que el mundo que contemplo esté teñido por el estado de mi propia mente?
    Si mi santidad es real, ¿puede quedar excluida alguna situación o persona?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que, al aceptar mi propia santidad, comienzo a verla reflejada en todo lo que me rodea? 
Mi santidad bendice al mundo.
  • Si mi santidad bendice al mundo, ¿qué efecto tiene cada pensamiento que sostengo?
    Cuando elijo perdonar en lugar de juzgar, ¿no estoy transformando el significado de lo que veo?
    ¿Puede mi paz interior influir en la percepción que comparto con los demás?
    Si mi verdadera identidad es santa, ¿puede mi presencia ser neutra o indiferente?
    ¿Estoy dispuesto a aceptar que, al reconocer mi santidad, no solo me libero yo, sino que contribuyo a la sanación de la mente que todos compartimos?
No hay nada que mi santidad no pueda hacer.
  • Si no hay nada que mi santidad no pueda hacer, ¿qué límites estoy aceptando como reales?
    Cuando me siento incapaz o pequeño, ¿estoy olvidando mi verdadera identidad?
    ¿Puede la santidad conocer obstáculos, o solo los conoce la mente que se cree separada?
    Si mi poder procede de Dios, ¿es realmente frágil o condicionado por el mundo?
    ¿Estoy dispuesto a reconocer que mi santidad no actúa desde el esfuerzo, sino desde la certeza de lo que soy?
Mi santidad es mi salvación.
  • Si mi santidad es mi salvación, ¿qué estoy buscando fuera que ya reside en mí?
    Cuando me siento perdido o culpable, ¿estoy olvidando la pureza de mi verdadera identidad?
    ¿Puede la salvación venir de algo externo si mi santidad es inalterable?
    Si soy tal como Dios me creó, ¿qué necesito reparar realmente?
    ¿Estoy dispuesto a aceptar que la liberación no consiste en cambiar lo que soy, sino en recordar la santidad que nunca he dejado de ser?
Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
  • Si soy bendito por ser un Hijo de Dios, ¿de qué depende realmente mi valor?
    ¿Puede mi dignidad disminuir por mis errores o por lo que otros opinen de mí?
    Cuando me siento insuficiente, ¿estoy olvidando el Origen del que procedo?
    ¿Es la bendición algo que debo ganar o es inherente a lo que soy?
    ¿Estoy dispuesto a aceptar que mi identidad no se basa en logros ni fracasos, sino en la filiación que comparto con Dios? 

Sentido general de la Lección:

La Lección 58 enseña que la santidad reconocida no se queda en la mente: se extiende.

Si en la Lección 57 el énfasis estaba en dejar de verse como víctima, en la 58 el foco se desplaza a lo que ocurre cuando recuerdo quién soy.

No basta con recordar la santidad: la santidad bendice, envuelve y transforma la percepción.

Este repaso marca el paso de: “yo cambio por dentro” a “el mundo cambia cuando me recuerdo”. 

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la creencia de que la santidad es privada, pasiva o irrelevante para el mundo.  El ego se defiende diciendo:

  • “Mi estado interior no afecta a nadie”
  • “Yo no tengo nada que aportar”
  • “El mundo es demasiado grande para que yo influya” 

El Curso responde con claridad: Tu santidad no es personal, es expansiva. Y su efecto no depende de que lo comprendas.

Análisis de las ideas repasadas: 

Mi santidad envuelve todo lo que veo (Lección 36) 

Psicológicamente:

  • Disuelve la separación sujeto–objeto.
  • Reduce la sensación de amenaza externa.
  • La mente deja de verse rodeada de enemigos.

 Espiritualmente:

  • Afirma que la percepción parte de la identidad.
  • La santidad no se proyecta: se extiende.
  • Nada queda fuera del campo de la mente que recuerda.

 Clave: No veo desde el miedo cuando recuerdo lo que soy. 

Mi santidad bendice al mundo (Lección 37) 

Psicológicamente:

  • Sana la sensación de inutilidad o insignificancia.
  • Restituye el valor del simple “ser”. 

Espiritualmente:

  • Bendecir no es hacer, es permitir que la verdad se exprese.
  • La bendición no depende del comportamiento, sino del recuerdo. 

Clave: No necesito cambiar el mundo para bendecirlo. 

No hay nada que mi santidad no pueda hacer (Lección 38) 

Psicológicamente:

  • Corrige la autoimagen limitada.
  • Disuelve la creencia de impotencia aprendida.
  • Introduce confianza no basada en el ego. 

Espiritualmente:

  • La santidad no actúa como poder personal.
  • Es el poder de la verdad al no encontrar resistencia. 

Clave: La santidad no fuerza; deshace lo que no es real. 

Mi santidad es mi salvación (Lección 39) 

Psicológicamente:

  • Desmonta la búsqueda externa de seguridad.
  • La salvación deja de ser algo que “tengo que lograr”. 

Espiritualmente:

  • La salvación no viene del esfuerzo, sino del reconocimiento.
  • No se gana, se acepta. 

Clave: No soy salvado por lo que hago, sino por lo que soy. 

Soy bendito por ser un Hijo de Dios (Lección 40) 

Psicológicamente:

  • Sana la culpa básica.
  • Restituye una autoimagen no condenatoria. 

Espiritualmente:

  • La bendición no es condicional.
  • La filiación es un hecho, no un mérito. 

Clave: Mi valor no depende de mi historia. 

Sentido psicológico global del repaso: 

Este repaso:

  • disuelve la idea de insignificancia,
  • restaura la confianza interna,
  • transforma la percepción del mundo como amenaza. 

La mente deja de protegerse y empieza a extenderse. 

Sentido espiritual global del repaso: 

Espiritualmente, la Lección 58 afirma: La salvación no es escapar del mundo, sino permitir que la santidad lo envuelva. 

El mundo no se ataca ni se abandona: se bendice al ser visto correctamente. 

Instrucciones prácticas:

 Durante el día:

  • notar cuándo te sientes pequeño o irrelevante,
  • recordar que tu santidad no es personal,
  • repetir suavemente: “Mi santidad bendice al mundo.” 

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “No sirvo para esto”
  • “No marco ninguna diferencia”
  • “Mi paz no importa” 

Advertencias importantes: 

  • No usar estas ideas para inflar el ego. 
  • No confundir santidad con superioridad moral. 
  • Usarlas para recordar identidad. Usarlas para soltar la sensación de inutilidad.

Relación con el proceso del Curso: 

  • Lección 54 → Ver es elegir
  • Lección 55 → No sé elegir sin guía
  • Lección 56 → El ataque me ciega
  • Lección 57 → No soy víctima; soy mente santa
  • Lección 58 → Mi santidad se extiende y salva 

Aquí el Curso consolida la extensión del recuerdo. 

Conclusión final: 

La Lección 58 enseña una verdad profundamente estabilizadora: No soy un individuo tratando de salvarse, soy una mente santa cuya sola presencia bendice. 

Cuando dejo de dudar de mi valor, el mundo deja de parecer hostil. 

Frase inspiradora final: “Cuando recuerdo mi santidad, no necesito hacer nada: el mundo es bendecido.”