martes, 13 de febrero de 2024

Principio 42: Uno de los mayores beneficios que se deriva de los milagros es su poder para liberarte de tu falso sentido de aislamiento, privación y carencia.

PRINCIPIO 42

Uno de los mayores beneficios que se deriva de los milagros es su poder para liberarte de tu falso sentido de aislamiento, privación y carencia.


En el anterior Principio tuvimos ocasión de hablar de la aportación del Milagro con relación a la Plenitud y veíamos, cómo el Milagro nos lleva a la corrección del pensamiento de carencia.

Con el Principio 42, continuaremos ahondando en esa misma idea y analizaremos las aportaciones del Curso con relación a la causa que dio origen a la falsa creencia en la privación, la soledad, el aislamiento, la carencia y como consecuencia de ello, de la falta de paz.

¿Cómo encontrar la paz?

La respuesta del Curso a esta cuestión es clara y directa: “Tú que quieres la paz sólo la puedes encontrar perdonando completamente” (T-1.VI.1:1). Con esta frase, comienza el punto VI del Capítulo I del Texto, titulado “La Ilusión de las necesidades”. Doy continuidad al mismo, pues en él queda explicado el origen de la necesidad:

“Nadie aprende a menos que quiera aprender y crea que de alguna manera lo necesita. Si bien en la creación de Dios no hay carencia, en lo que tú has fabricado es muy evidente. De hecho, ésa es la diferencia fundamental entre lo uno y lo otro. La idea de carencia implica que crees que estarías mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora te encuentras. Antes de la "separación", que es lo que significa la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que tú te privas a ti mismo. Actúas de acuerdo con el orden particular de necesidades que tú mismo estableces. Esto, a su vez, depende de la percepción que tienes de lo que eres" (T-1.VI.1:2-10).

"La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado. La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya te habías fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades. A medida que te vas integrando te vuelves uno, y tus necesidades, por ende, se vuelven una. Cuando las necesidades se unifican suscitan una acción unificada porque ello elimina todo conflicto" (T-1.VI.2:1-5).

"La idea de un orden de necesidades, que proviene del error original de que uno puede estar separado de Dios, requiere corrección en su propio nivel antes de que pueda corregirse el error de percibir niveles. No te puedes comportar con eficacia mientras operes en diferentes niveles. Sin embargo, mientras lo hagas, la corrección debe proceder verticalmente, desde abajo hacia arriba. Esto es así porque crees que vives en el espacio, donde conceptos como "arriba" y "abajo" tienen sentido. En última instancia, ni el espacio ni el tiempo tienen ningún sentido. Ambos son meramente creencias” (T-1.VI.3:1-6).

He de reconocer que el tema me fascina. Me declaro un eterno buscador de la verdad en lo referente a los “orígenes” del ser. La cuestión ¿por qué el Hijo de Dios se separó de su Padre? siempre la he considerado de vital importancia para comprender nuestra existencia.

De lo expuesto en el párrafo anterior, me quedo con tres ideas interesantes:

  • Actuamos de acuerdo con el orden particu­lar de necesidades que establecemos. Esto, a su vez, depende de la percepción que tenemos  de lo que somos.
  • La separación jamás habría surgido si no hubiésemos distorsionado nuestra percepción de la verdad, percibiéndonos como alguien necesi­tado.
  • La idea de un orden de necesidades surgió porque, al haber cometido ese error fundamental, ya nos habíamos fragmentado en niveles que comportan diferentes necesidades.
Como bien expresa el Curso, no podemos comportarnos con eficacia mientras operemos en diferentes niveles. Sin embargo, esa fue la causa. En la Unidad compartida con El Padre, el Ser es Uno y se “alimenta” de Su Mente. En ese Estado no existe necesidad, pues no hay división de niveles. Todo Es Mente.
La cuestión es que hemos sido creados a Imagen y Semejanza de Dios, lo que significa que potencialmente somos portadores de sus mismos Poderes Creadores. Entre estos Poderes se encuentra la Voluntad, la cual nos capacita para actuar con total libertad.

Se nos enseña en el punto que estamos estudiando, que nadie aprende a menos que quiera aprender y crea que de alguna manera lo necesita. ¿Necesitaba aprender el Hijo de Dios? ¿Aprender qué, cuando ya formaba parte del Conocimiento Absoluto?

Me atrevería a decir, que el Hijo de Dios, quiso hacer uso de su Potencial Creador, lo que le llevó a dirigir Su Pensamiento por sí mismo, lo que propició un estado de “pre-conciencia” individualizada, a lo que se ha llamado estado de “separación”. La Verdad (Unidad) queda distorsionada y esa sensación primigenia de separación se traduce en la percepción de la carencia.

El Pensamiento del Hijo de Dios no fue un acto de creación, sino de proyección. Los actos creadores emanan de la fuente de la Unidad, mientras que los actos de proyección emanan de la fuente de la división, de la separación, de la dualidad.

Lo que debió ser un Pensamiento Unificado, emanado de la Mente Una, surgió como un deseo dividido emanado de la mente separada. De este modo, el Hijo de Dios, comienza a percibir en distintos niveles y a sentir la necesidad procedente de cada uno de ellos (nivel mental; nivel emocional y nivel físico).

Ese Pensamiento Original responde pues a la errónea necesidad del Hijo de Dios por aprender, de manera individual, lo que ya Es.

Sigamos profundizando en la idea de la separación. Para ello, me remitiré al Capítulo 2, que trata de la “Separación y la Expiación” y más concretamente al punto I, “Los orígenes de la separación”:

“La capacidad de extenderse es un aspecto fundamental de Dios que Él le dio a Su Hijo. En la creación, Dios Se extendió a Sí Mismo a Sus creaciones y les infundió la misma amorosa Volun­tad de crear que Él posee. No sólo fuiste plenamente creado, sino que fuiste creado perfecto. No existe vacuidad en ti. Debido a la semejanza que guardas con tu Creador eres creativo. Ningún Hijo de Dios puede perder esa facultad, ya que es inherente a lo que él es, pero puede usarla de forma inadecuada al proyectar. El uso inadecuado de la extensión -la proyección- tiene lugar cuando crees que existe en ti alguna carencia o vacuidad, y que puedes suplirla con tus propias ideas, en lugar de con la verdad. Este proceso comprende los siguientes pasos:

Primero: Crees que tu mente puede cambiar lo que Dios creó.
Segundo: Crees que lo que es perfecto puede volverse imper­fecto o deficiente.
Tercero: Crees que puedes distorsionar las creaciones de Dios, incluido tú.
Cuarto: Crees que puedes ser tu propio creador y que estás a cargo de la dirección de tu propia creación" (T-2.I.1:1-12).

"El jardín del Edén -la condición que existía antes de la separa­ción- era un estado mental en el que no se necesitaba nada. Cuando Adán dio oídos a "las mentiras de la serpiente", lo único que oyó fueron falsedades. Tú no tienes por qué continuar cre­yendo lo que no es verdad, a no ser que así lo elijas. Todo ello puede literalmente desaparecer en un abrir y cerrar de ojos porque no es más que una percepción falsa” (T-2.I.3:1-4).

Me gustaría resaltar la aclaración que nos aporta el párrafo anterior cuando se refiere al jardín del Edén: "era un estado mental en el que no se necesitaba nada". Para recrear esa condición en nuestra vida y, por ende, en nuestra conciencia, debemos reconocer que la plenitud, la abundancia, es un estado mental de "no carencia", de comunión con nuestro Padre, es decir, de tener la plena certeza de que somos el Hijo de Dios, que junto a nuestros hermanos, formamos la Filiación Divina. Dicho esto, continuamos profundizando en el análisis del origen de la separación.

El erudito y excelente traductor de los Textos Sagrados, Fabre d´Olivet, con referencia a la serpiente, protagonista del episodio de la “caída del hombre”, nos refiere lo siguiente: “Nahash, el ardor cupido, envidioso, interesado, egoísta, serpenteando en el corazón del hombre, era la pasión que arrastraba la vida elemental..”
No voy a extenderme sobre este tema, pues ello nos llevaría a adentrarnos en estudio del Génesis y no es ese el motivo del presente estudio. No obstante, dejo un enlace a un artículo donde se desarrolla más ampliamente este tema:


El “pensamiento original” nos ha llevado a identificarnos con la visión ilusoria del mundo físico. A dicha identificación la hemos llamado “sueño”, aludiendo que dicho mundo es irreal.
Dentro de ese mundo irreal, "tenemos que  aprender a ver el mundo como un medio para poner fin a la separación" (T-2.III.5:12).

"El perdón es lo que sana la percepción de la separación. Es necesario que percibas correctamente a tu hermano debido a que las mentes han elegido considerarse a sí mismas como entidades separadas" (T-3.V.9:1-2).

"La separación es un sistema de pensamiento que si bien es bastante real en el tiempo, en la eternidad no lo es en absoluto" (T-3.VII.3:2).

Como bien recoge el Texto, “la mente puede hacer que la creencia en la separación sea muy real y aterradora, y esta creencia es lo que es el "diablo". Es una idea poderosa, dinámica y destructiva que está en clara oposición a Dios debido a que literalmente niega Su Paternidad" (T-3.VII.5:1-2).

Felix Gracia, nos refiere con relación a la figura del “diablo”: "la etimología del término diablo procede del latín diabolus y del griego diábolos, que significan dividir, separar. El “diablo”, pues, no es una entidad, sino una función: la de dividir o separar, que muestra las partes del Todo y genera la sensación de independencia de dichas partes frente a la Unidad subyacente".

Podemos decir que, "la separación no fue una pérdida de la perfección, sino una interrupción de la comunicación. La voz del ego surgió entonces como una forma de comunicación estridente y áspera. Esto no podía alterar la paz de Dios, pero sí podía alterar la nuestra. Dios no la acalló porque erradicarla habría sido atacarla. Habiendo sido cuestionado, Él no cuestionó. Él simplemente dio la Respuesta. Su Respuesta es nuestro Maestro" (T-6.IV.12:5-11).

"El núcleo de la ilusión de la separación reside simplemente en la fantasía de que es posible destruir el significado del amor. Y a menos que se restaure en nosotros el significado del amor, nosotros que com­partimos su significado no podremos conocernos a nosotros mismo. La separa­ción no es más que la decisión de no conocerte a ti mismo. Todo este sistema de pensamiento es una experiencia de aprendizaje cuidadosamente urdida, diseñada para apartarnos de la verdad y conducirnos a las fantasías. Mas por cada enseñanza que pueda hacernos daño, Dios nos ofrece corrección y el escape total de todas sus consecuencias" (T-16.V.15:1-5).

"La separación se supera mediante la unión. No se puede superar separando. La decisión de unirse tiene que ser inequívoca, o, de lo contrario, la mente misma estaría dividida e incompleta. La mente es el medio por el cual determinamos nuestra propia condición, ya que la mente es el mecanismo de decisión. Es el poder mediante el que nos separamos o nos unimos, y, consecuentemente, experimentamos dolor o alegría" (T-8.IV.5:4-8).

Pongo fin a este estudio, no sin antes dejaros un mensaje con un gran aporte de paz:

¿Qué dispone la Voluntad de Dios? Dispone que Su Hijo lo tenga todo. Él garantizó esto
cuando lo creó para que fuese todo. Es imposible perder nada, si lo que 
tienes es lo que eres. 
Éste es el milagro mediante el cual la creación se convirtió en tu función, la cual compartes con Dios. Esto no se entiende estando separado de Él, y, por lo tanto, no tiene sentido en este mundo. Aquí el Hijo de Dios no pide mucho, sino demasiado poco, pues está dispuesto a sacrificar la identidad que comparte con todo, a cambio de su propio miserable tesoro. Mas no puede hacer esto sin experimentar una sensación de desolación, de pérdida y de soledad. Éste es el tesoro tras el que ha ido en pos. Y sólo puede tener miedo de ello. ¿Es acaso el miedo un tesoro? ¿Puede ser la incertidumbre tu deseo? ¿O es simplemente que te has equi­vocado con respecto a lo que es tu voluntad y a lo que realmente eres? (T-26.VII.11:1-14).

¿Qué crees?

lunes, 12 de febrero de 2024

Principio 41: El contenido perceptual de los milagros es la plenitud.


PRINCIPIO 41

El contenido perceptual de los milagros es la plenitud. De ahí que puedan corregir o redimir la errada percepción de carencia.


El Principio 41 nos ofrece la oportunidad de afrontar el análisis de uno de los temas que más nos suele inquietar, el de la dualidad abundancia-escasez.

Kenneth Wapnick, sobre este particular nos refiere lo siguiente:

“El principio básico del ego es el principio de escasez, que falta algo porque hemos excluido a Dios. De ahí es que procede la culpa, del pensamiento de que hay una carencia, que hace al ego y, por lo tanto, al cuerpo real. Vemos a la gente y a nosotros mismos carentes; el milagro refleja para nosotros la integridad que es nuestra verdadera Identidad. "Integridad" puede equipararse con abundancia, la negación del principio de escasez del ego. "Abundancia" no significa nada material, una asociación que se hace frecuentemente con lo que se llama Consciencia de Prosperidad.

En la Consciencia de Prosperidad, se piensa típicamente que la abundancia del espíritu puede traducirse en forma material: si pienso abundancia, recibiré abundancia. No cabe duda de que nuestros pensamientos sí influyen en lo que nos rodea. Fue así que se hizo el mundo para empezar. Pero eso no lo convierte en un principio espiritual. Desde la perspectiva del Curso, ese es el error aquí. Nuestras mentes sí afectan al mundo, pero esto es sólo una aseveración sobre el poder de la mente. Es un fenómeno psíquico, no espiritual. Lo que lo hace espiritual, como hemos visto, es entregarle ese poder al Espíritu Santo. Sin Su ayuda y orientación simplemente continuaríamos escogiendo de acuerdo con las necesidades de nuestro ego, arraigándonos más aún en este mundo de ilusión.

Así que, el milagro no nos da cosas materiales. El milagro sencillamente deshace las defensas que se fundamentaron en nuestra creencia en la escasez y la cual refuerza este principio de carencia. Este proceso regresa nuestra mente a su original y vigente estado de ser uno con Dios, poseedores de todo lo que Dios nos otorgó en la creación: dicha, unidad, libertad, felicidad, etc” (Los 50 Principios del Milagro).

Este Principio asemeja la percepción del milagro con el estado de “plenitud” y con ello nos está revelando, que la experiencia que nos aporta el milagro nos lleva a recordar nuestro verdadero estado espiritual. La Plenitud es el estado que compartimos con nuestro Creador.
Un Curso de Milagro nos dice: "¿Qué mejor vocación puede haber para cualquier parte del Reino que la de restituirlo a la per­fecta integración que le devuelve la plenitud?" (T-5.II.10:9).

"La unidad que existe entre el Crea­dor y la creación constituye tu plenitud, tu cordura y tu poder ilimitado. Este poder ilimitado es el regalo que Dios te hace por­que eso es lo que eres. Si separas tu mente de dicho poder, no podrás sino percibir la fuerza más grande del universo como si fuese débil, ya que no creerás formar parte de ella" (T-7.VI.10:4-6).

"Tu plenitud es ilimitada por­que el estado de ser es infinito" (T-7.VIII.7:5). 

"El egoísmo es cosa del ego, pero la plenitud del Ser pertenece al ámbito del espí­ritu porque así es como Dios lo creó" (T-7.IX.1:4).

"El Reino se extiende para siempre porque está en la Mente de Dios. No conoces tu propio gozo porque no conoces la plenitud de tu propio Ser. Excluye cualquier parte del Reino y no podrás gozar de plenitud. Una mente dividida no puede percibir su lle­nura, y necesita que el milagro de su plenitud alboree en ella y la cure. Esto vuelve a despertar la plenitud en dicha mente; y al aceptar dicha plenitud se reincorpora al Reino. Cuando aprecias por completo la llenura de Ser de tu mente, el egoísmo se vuelve imposible y la extensión inevitable. Por eso es por lo que el Reino goza de perfecta paz. El espíritu está cumpliendo su función, y sólo el pleno cumplimiento produce paz." (T7.IX.4:1-8).

Es evidente, que cuando hablamos en estos términos de “plenitud”, de “abundancia”, no nos estamos refiriendo a riqueza material. El mundo físico es fruto de la mente separada, de la mente dividida y esa mente, como hemos visto, no puede percibir llenura. Podemos ser ricos en posesiones materiales y ello no significa que gocemos de paz y plenitud.

La creación es plena, y la señal de la plenitud es la santidad. Los milagros son afirmaciones de Filiación, que es un estado de com­pleción y abundancia (T.1.V.4:5-6).

"Para poder actuar de todo corazón tenemos que ser feliz" (T-5.In.2:1).


Nos refiere el Curso que, "si el miedo y el amor no pueden coexistir, y si es imposible estar completamente atemorizado y seguir viviendo, el único estado de plenitud posible es el del amor.  No existe diferencia alguna entre el amor y la dicha. Por lo tanto, el único estado de plenitud posi­ble es el de absoluta dicha. Curar o hacer feliz es, por lo tanto, lo mismo que integrar y unificar. Por eso es por lo que no importa a qué parte de la Filiación se le ofrece la curación o qué parte la lleva a cabo. Todas las partes se benefician, y se benefician por igual"  (T-5.In.2:2-7).

"La plenitud es indi­visible, pero no puedes saber de la plenitud que gozas hasta que no la veas por todas partes" (T-9.VI.4:6).  De igual modo, "no podrás entender lo que es la Plenitud a menos que nosotros mismos seas plenos" (T-11.III.7:10).

Alcanzaremos la plenitud a medida que restauremos la plenitud de otros, pues "dar a un hermano lo que realmente desea es ofrecérnoslo a nosotros mismo, ya que nuestro padre dispone que comprendamos que nuestro hermano y nosotros somos lo mismo" (T-12.II.3:4).
           
Nos revela el Curso, con relación al principio de escasez, que "los que atacan no saben que son benditos. Atacan porque creen que les falta algo" (T-7.VII.7:5-6). Desde este punto de vista, las Enseñanzas nos hace una recomendación: “Comparte tu abundancia libre­mente y enseña a tus hermanos a conocer la suya. No compartas sus ilusiones de escasez, pues, de lo contrario, te percibirás a ti mismo como alguien necesitado” (T-7.VII.7:7-8).

Consciente de que el tema que estamos tratando, la abundancia-plenitud y las escasez-separación, ocupa mucho de nuestros pensamientos hasta convertirse en una de las asignaturas pendientes en nuestras vidas, me gustaría compartir dos testimonios extraídos de dos autores practicantes de las Enseñanzas de Un Curso de Milagros, cuyo contenido nos ayudará a enfocar, de un modo más cercano, el tema que estamos analizando.

El primero de esos testimonios es el aportado por Marianne Williamson en su obra “Volver al amor” de UCDM:

EL DINERO
«La dicha no cuesta nada.»

Haz lo que te guste, lo que haga que tu corazón cante. Y nunca lo hagas por dinero. No trabajes para ganar dinero; trabaja para difundir la alegría. Busca primero el reino de los Cielos, y el Maseratti llegará cuando sea el momento.

Dios no tiene conciencia de pobreza. No quiere que lleves una vida aburrida ni que tu trabajo te harte. No tiene nada en contra de las cosas de este mundo. "El dinero no es malo; simplemente no es nada." Como todo lo demás, se lo puede usar con fines sagrados o impíos.

Una vez tuve una pequeña librería. Un día entró un hombre que me dijo que me enseñaría a ganar dinero. -Cada persona que entra por esa puerta- me explicó es un comprador en potencia. Y eso es lo que usted tiene que decirse para sus adentros cada vez que un cliente entre en la tienda: «Comprador en potencia, comprador en potencia».

Lo sentí como el consejo de un explotador. Me estaba aconsejando que considerase a los demás como peones en mi propio juego. Recé y recibí las siguientes palabras: «Tu tienda es una iglesia». Desde el punto de vista esotérico, iglesia alude a la reunión de almas. No es un fenómeno del plano exterior, sino más bien del interior. La gente no acude a tu tienda o tu empresa para que tú consigas algo. Esas personas te son enviadas para que puedas darles amor.

Después de la oración y de haber sentido realmente que mi tienda era una iglesia, entendí que mi único trabajo era amar a la gente que venía a ella. Y fue lo que hice: cada vez que veía entrar a un cliente, lo bendecía en silencio. No todos me compraban un libro cada vez que entraban, pero la gente empezó a considerar que yo era su librera. Los clientes sentían la atracción de una atmósfera de paz. Aunque la gente no sepa exactamente de qué se trata, percibe cuándo se está irradiando amor en su dirección.

Yo me quedo atónita cuando me encuentro con dependientes groseros, que se comportan como si al dejarte estar en la tienda te hicieran un favor. La rudeza es destructiva para la trama emocional del mundo. En el lugar donde yo crecí, la gente no va a una tienda que irradia esa clase de energía, porque uno no se siente bien allí. Cuando nuestro objetivo es hacer dinero, la creatividad se desvirtúa. Si yo creyera que el dinero es el objetivo final de mi enseñanza, tendría que pensar más en lo que le gustaría oír a la gente y menos en lo que yo siento que es importante que diga. Mi energía quedaría contaminada por mis esfuerzos para conseguir venderles mi conferencia y que volvieran otra vez trayendo a sus amigos. Pero si el propósito de mi trabajo es canalizar el amor de Dios, entonces sólo estoy ahí para abrir el corazón, el cerebro y la boca.

Cuando no trabajamos más que por el dinero, nuestra motivación se centra en obtener y no en dar. La transformación milagrosa significa pasar de una mentalidad de ventas a una mentalidad de servicio. Mientras no realizamos este cambio, funcionamos desde el ego y nos concentramos en las cosas de este mundo y no en el amor. Esta idolatría nos arroja a un territorio emocional extraño, en el que siempre tenemos miedo. Tenemos miedo tanto del éxito como del fracaso. Si nos acercamos al éxito, lo tememos; si nos aproximamos al fracaso, también lo tememos. El problema no está en el éxito ni en el fracaso, sino en la presencia del miedo, y en su inevitabilidad allí donde el amor está ausente.

Como todo lo demás, el dinero puede ser sagrado o impío, según cuál sea el fin a que lo destine la mente. Tendemos a hacer con él lo mismo que hacemos con el sexo: lo deseamos, pero juzgamos el deseo. Entonces es el juicio lo que deforma el deseo, convirtiéndolo en una expresión desagradable. Como nos avergüenza admitir que deseamos esas cosas, fingimos de una manera insidiosa que no es así; por ejemplo, condenamos nuestros deseos incluso en el momento en que nos entregamos a ellos. Y, por lo tanto, la falta de pureza está en nosotros, no en el dinero ni en la sexualidad, que no son más que pantallas sobre las que proyectamos nuestro sentimiento de culpabilidad.

Así como la mente temerosa es la fuente de la promiscuidad, y no el sexo, que sólo es el medio por el cual ésta se expresa, tampoco el dinero es la fuente de la codicia, sino sólo una de las maneras de expresarse que ésta tiene. La fuente de la codicia es la mente. Tanto al dinero como a la sexualidad se los puede usar con fines sagrados o impíos. Como con la energía nuclear, el problema no está en la energía, sino en cómo se la aplica.

Nuestro concepto de la riqueza es, en realidad, una estratagema del ego para asegurarse de que nunca lleguemos a tener nada. Una vez conducía por un barrio de Houston habitado por personas muy ricas, y pensé: «Esta gente trabaja para las grandes empresas multinacionales que oprimen al Tercer Mundo». Entonces, yo misma me detuve: «¿Cómo puedo saber de qué manera se ganan la vida todas estas personas y qué es lo que hacen con su dinero?». Mi actitud enjuiciadora, disfrazada de conciencia política, era en realidad el intento de mi ego de asegurarse de que nunca tuviera dinero. Lo que mentalmente no permitimos a los demás, nos lo negamos a nosotros mismos. Lo que bendecimos en los demás, lo atraemos hacia nosotros.

Cuando era una muchacha, tenía la creencia de que al ser pobre estaba, de alguna manera, demostrando mi solidaridad con los más necesitados. Ahora veo que detrás de aquella idea se escondía mi miedo de fracasar si intentaba hacerme rica. Al final me di cuenta de que los pobres no tenían tanta necesidad de mi simpatía como de dinero en efectivo. No hay nada de puro ni de espiritual en la pobreza. Hay personas necesitadas que son muy santas, pero no lo son porque sean pobres. He conocido a gente rica sumamente espiritual, y a gente pobre que no lo era en absoluto.

La Biblia dice que es más difícil para un rico entrar en el reino de los Cielos que para un camello pasar por el ojo de una aguja. Eso se debe a que el apego al dinero hace que nos apartemos del amor. Pero el imperativo moral no es rechazar el dinero en nuestra vida. El reto consiste en espiritualizar nuestra relación con él, teniendo claro que su único fin es sanar al mundo. En una sociedad iluminada, los ricos no tendrán necesariamente menos dinero, sino que los pobres tendrán mucho más. El problema, contrariamente a la forma en que lo percibe el ego, no es simplemente de distribución de la riqueza, sino de la conciencia que la acompaña. El dinero no escasea ni es un recurso finito. No somos pobres porque los ricos sean ricos, sino porque no trabajamos con amor.

Tenemos que recordar que nuestro dinero es el dinero de Dios; aceptemos tener todo lo que Él quiera que tengamos para poder hacer lo que Él quiere que hagamos. Dios quiere que tengamos la base material necesaria para conseguir nuestra mayor felicidad. El ego intenta convencernos de que Dios exige sacrificios, y de que la vida de servicio ha de ser una vida de pobreza, pero no es así. "Nuestro objetivo aquí en la Tierra es ser felices, y la función del Espíritu Santo es ayudarnos a lograrlo. Él nos conduce a la abundancia material que necesitamos para avanzar alegremente en el mundo, sin esclavizarnos a ella.

Hay mucho trabajo por hacer para sanar al mundo, y parte de él cuesta dinero. Con frecuencia el Espíritu Santo nos envía dinero para que podamos llevar a cabo tareas que Él quiere ver cumplidas en Su nombre. Una actitud responsable hacia el dinero es estar abiertos para recibir lo que venga, y confiar en que nunca nos faltará.

Al pedir milagros, pedimos al Espíritu Santo que elimine los obstáculos que impiden que recibamos dinero, obstáculos que toman la forma de ideas como: el dinero es impuro, si tenemos dinero es que somos codiciosos, los ricos son malos, o yo no debería ganar más dinero del que ganan o ganaron mis padres. Tener dinero significa que podemos dar trabajo a otras personas y sanar al mundo. Lo que le sucede a una sociedad cuando el dinero deja de circular no es nada agradable.

Uno de los principios que hay que recordar en lo que se refiere al dinero es la importancia que tiene pagar por los servicios que otras personas nos prestan. Si negamos a alguien su derecho a ganarse la vida, lo mismo nos negamos a nosotros. Lo que demos recibiremos, y lo que no queramos dar nos será negado. Y para el universo no hay diferencia alguna entre robar a una gran multinacional y robar a una arrugada y simpática ancianita.

El universo apoyará siempre nuestra integridad. A veces nuestras deudas son tan grandes o confusas que, aunque tengamos la mejor de las intenciones, la carga y la culpa resultan abrumadoras, y simplemente amontonamos las facturas en el fondo de un cajón y tratamos de olvidarlas. O cambiamos de número de teléfono. El universo no nos apoyará en eso. Una gran persona no es alguien que nunca se cae, sino alguien que, cuando se cae, hace lo necesario para ponerse de nuevo en pie. Como siempre, de lo que se trata es de pedir un milagro. En general, nadie va a la cárcel en nuestro país por tener deudas. Una vez más, como dice Un curso de milagros, «Todo el mundo tiene derecho a los milagros, pero antes es necesario una purificación». La pureza de corazón hace que progresemos rápidamente. Si tienes deudas, por grandes que sean, escribe una carta a las empresas o personas a quienes debes dinero, reconoce el problema, discúlpate si es necesario y hazles saber que les ofreces un plan de pagos, efectivo a partir de ese momento. Envíales algo de dinero con la carta, y no te prepares para el fracaso. Si puedes pagarles quince mil pesetas al mes, perfecto. O págales cinco mil, si no llegas a más. Pero no te olvides de pagar regularmente y con puntualidad. No importa si la deuda es de cinco millones de pesetas. El Curso afirma que «no hay grados de dificultad en los milagros». No importa la forma que asuma un problema ni su magnitud; un milagro puede resolverlo. ¿Qué significa esto? Que en cualquier momento podemos volver a empezar. No importa cuál sea el problema; si mentalmente tomamos una actitud respetuosa, el universo siempre nos ayudará a solucionar el desastre y empezar de nuevo. Arrepentirse significa volver a pensar. En cualquier aspecto de nuestra vida, el universo nos apoyará en la misma medida en que lo apoyemos.

La mayoría de nosotros arrastramos algún lastre con respecto al dinero, que puede ir desde una necesidad inadecuada de tenerlo a un concepto inadecuado de lo que es. De niños, muchos recibimos intensos mensajes sobre el dinero. De palabra o con hechos, nos enseñaron que es de suma importancia, o que no es espiritual, o que es difícil de ganar, o que es la raíz de todo mal. Muchos tenemos miedo de que los demás no nos quieran si no tenemos dinero, o si tenemos demasiado. Se trata de un ámbito en el que, individual o colectivamente, necesitamos una sanación radical de nuestros hábitos mentales.

Recemos: «Dios amado, en Tus manos pongo todos mis pensamientos sobre el dinero, todas mis deudas, toda mi riqueza. Abre mi mente para que reciba abundante mente. Por mi mediación, canaliza Tu abundancia de una manera que sirva al mundo. Amén».

El segundo de los testimonios lo he extraído de la obra escrita por Gary Renard, “La desaparición del universo”:

Una tarde lluviosa de Agosto de 1998 me encontraba en casa cuando Arten y Pursah se presentaron en su visita número trece. Pursah, sonriendo, abrió el debate.

Pursah: Hola, Gary. Es un gusto verte, como siempre. Nos alegra que hayas ido a ver a Ken.
Evidentemente podrías aprender de él sin tener que ir a verle, pero es divertido que hayas ido.

Gary: Puedes estar segura, y también fue muy agradable conocerle personalmente. Me sorprendió lo divertido que es para ser un erudito intelectual.

Pursah: Una de las mejores herramientas del Espíritu Santo es la risa, hermano mío. Si te tomas el mundo demasiado en serio, te comerá.

Gary: Sí, ojalá me acordara de reírme un poco más a menudo. Aún retraso el perdón algunas veces. Estoy seguro de que sabéis de qué quiero hablar hoy. Me gustaría mejorar mi capacidad de recibir guía, y aprecio mucho que me consintáis mis actuales intereses.

Pursah: Todo es parte del plan. Vamos a hablar de una guía que no es de este mundo. Hoy no nos quedaremos mucho tiempo, de modo que vayamos al grano. Has leído el folleto “La Canción de Oración”, ¿no es así?

Gary: Claro. Es una de mis lecturas favoritas.

Pursah: Entonces hablemos de qué es la verdadera oración y de cómo puedes obtener beneficios secundarios de ella cuando no tratas de conseguirlos.

Gary: ¿Puedo plantearte una pregunta rápida?

Arten: Sólo venimos a servir.

Gary: Bien, he estado pensando en la devoción de los verdaderos mensajeros espirituales, desde San Francisco de Asís hasta la Madre Teresa, y hace que me pregunte si verdaderamente merezco ser un mensajero de Dios. A veces no soy muy devoto, ¿sabes?

Arten: Esto es algo que has de recordar siempre; la prueba de tu devoción es tu perdón. Ahora estás muy acostumbrado a perdonar, y olvidas que antes no era algo natural para ti. Cada vez que perdonas, piensa en ello como si fuera un regalo que te haces a ti mismo y a Dios. Te irá bien.

Gary: Gracias, lo intentaré. Pero también siento que no tengo el impulso necesario para escribir nuestro libro, o para ir por ahí intentando ser un portavoz del Curso. No tengo buena voz.

Arten: No tienes que hacer eso si lo no deseas, pero, si eliges hacerlo, recuerda esto: Moisés no tenía buena voz; Hitler, sí. Lo importante es el mensaje, no la forma que adopte. Si lo intentas, podrías llevarte una sorpresa. Simplemente recuerda que te estás hablando a ti mismo. No hay nadie allí fuera, y puedes recordar este hecho en cualquier momento que lo desees. Y en cuanto al impulso, tanto si se trata del impulso de hacer el amor como del impulso de trabajar, la gente lo tiene porque temen la muerte. Tienen un plazo dado, por así decirlo. En el caso de un haragán como tú, el miedo a la muerte adopta otras formas. Cuando surja, recuerda lo erróneo que es tu miedo a la muerte y tu miedo a Dios.

Gary: En realidad, siento ese miedo respecto a no poder vivir en Hawai. Creo que lo he deseado más de lo que creía.

Arten: En primer lugar, no deberías sentirte culpable por desear vivir allí, ¿por qué no ibas a poder hacerlo? Todo el mundo tiene que vivir en alguna parte. Es una simple preferencia. ¿Por qué darle tanta importancia? Las ballenas son lo suficientemente inteligentes para ir allí en invierno. ¿Por qué no debería hacerlo un Piscis tan majo como tú?

Gary: Aún no tengo los medios para quedarme allí una larga temporada.

Arten: Eso es porque has estado poniendo el carro por delante del caballo. Por suerte para ti, hoy vamos a hablar de cómo poner el caballo por delante del carro.

Pursah: Una de las cosas que tienes que entender es que eres inocente, independientemente de lo que parezca ocurrir en tu vida. Algunas personas se sienten culpables por ser pobres y otras se sienten culpables por ser ricas. ¿No crees que has sido ambas cosas, rico y pobre, en tus numerosos sueños de vida? Sin embargo, ninguna de las dos cosas es verdad. ¡Sólo es un sueño! Como hemos sugerido, si tienes bien incorporadas las bases del sistema de pensamiento del Curso, deberías ser capaz de aplicar lo aprendido a cualquier cosa. Por ejemplo, cuando tengas un profundo deseo de algo, debes estar pensando que eres un cuerpo, o que de algún modo estás separado de Dios.

¿De qué otro modo podrías desear algo? Si eres un espíritu, o si estás unido a Dios, no necesitas nada.
Si recuerdas que no eres un cuerpo, entonces puedes dar un paso atrás y ver que tu deseo no tiene valor.
Una vez más, no estamos hablando de renunciar a todos los bienes materiales; estamos hablando de tu manera de mirarlos. Si necesitas algo -y tendría que faltarte para que lo necesitaras-, puedes recordar que tan sólo es un sustituto de Dios, y que tú único problema es tu sensación de separación de Él. Estás teniendo un sueño de escasez, pero no es verdad. En lugar de hacer que algo a nivel de la forma sea más importante que cualquier otra cosa, puedes recordar que en realidad todo es la misma nada.
Cristo no necesita nada. Si necesitas algo, estás partiendo de un lugar de debilidad, pero si no necesitas nada, puedes venir desde la fuerza de Cristo.

Gary: ¿Y qué pasa si simplemente me gusta Hawai y lo elijo porque es precioso?

Pursah: Un modo de hacerlo es considerar que la belleza que ves, o incluso la belleza en la que piensas, es un símbolo de tu abundancia como Cristo. De ese modo, si llueve el día de tu cumpleaños y no puedes salir a ver la belleza, ésta sigue estando allí, donde siempre ha estado, en tu mente.

Arten: En tu caso, la carencia emerge en forma de problemas económicos. Eso es resultado de tu culpabilidad inconsciente. No te sientas mal por ello. Tu culpabilidad inconsciente podría expresarse de formas mucho peores. Por ejemplo, es preferible tener tus dificultades que tener graves problemas de salud y muchas otras cosas con las que la gente tiene que enfrentarse. Sabes perdonar; tienes una presión sanguínea perfecta y pareces muchos años más joven de lo que eres. Cuenta tus bendiciones y siéntete agradecido de que la mayoría de tus lecciones sean suaves, y de que tu perdón está haciendo que despiertes a la conciencia de lo que verdaderamente eres.

Gary: Tengo una idea bastante precisa de cómo orar y estar con Dios, pero no sé si comprendo esta idea del beneficio secundario.

Arten: De acuerdo. La repasaremos brevemente y después nos iremos para que puedas practicar. Con la práctica se consigue la perfección.
Míralo de este modo. Si el universo ilusorio está en perpetuo cambio y Dios es inmutable y eterno, ¿en cuál de ellos preferirías tener tu origen? Tu problema de escasez, que es un símbolo del pensamiento de separación, queda ampliado por el hecho de que estás poniendo tu fe en algo con lo que no puedes contar. Si consideras que tu fuente de abastecimiento es algo de este mundo, por ejemplo, tu carrera profesional, un trabajo específico o tus propias habilidades, entonces, cuando algo cambia -como siempre lo hace en este mundo-, podrías quedarte en desventaja. Un origen ilusorio puede perderse.
Pero, ¿qué pasa si tu Fuente de origen no puede cambiar ni fallar? Entonces estás poniendo tu fe donde está justificado que la pongas. Ahora puedes ver tus profesiones transitorias y tus iniciativas y empeños como simples herramientas que son expresiones simbólicas de tu abastecimiento constante. Ahora tu Fuente se convierte en un pozo sin fondo donde puedes acudir para obtener guía, que siempre se presentará como algún tipo de inspiración. Si se te rompe la herramienta, no pasa nada. No tienes que permanecer atado a ella porque no es tu Fuente de origen. Si tu Fuente es constante, entonces una herramienta puede ser sustituida rápida y cómodamente por otra a través de una ocurrencia muy natural: la inspiración. Puedes relajarte sabiendo que no puedes perder tu Fuente.

Gary: Ya he experimentado parte de lo que estás diciendo, pero podrías ser un poco más explícito respecto a cómo es este proceso.

Pursah: Sí. La instrucción de J en La Canción de Oración es muy específica, pero la unión con Dios es abstracta. Más adelante, generalmente cuando menos te lo esperas, te llegará una respuesta a tus problemas surgida de la nada, por así decirlo, como un efecto secundario de haberte unido a Dios.
Aunque ya lo has leído, voy a repetirte parte de lo que dice esta joya:

El secreto de la verdadera oración es olvidarte de las cosas que crees que necesitas. Pedir lo específico es muy parecido a mirar el pecado y después perdonarlo. Del mismo modo, en la oración pasas por alto tus necesidades específicas tal como las ves, y las dejas en manos de Dios. Allí, ellas se convierten en tus regalos para Él, porque Le dicen que no tienes otro Dios más que Él; ningún Amor más que el Suyo.

Como ejemplo, cuando meditas, podrías visualizarte tomando la mano de J o del Espíritu Santo y yendo hacia Dios. Entonces podrías pensar en ti mismo dejando tus problemas, objetivos e ídolos ante Su altar como regalos. Quizás diga a Dios cuánto lo quieres y lo agradecido que te sientes por estar completamente a su cuidado, por siempre seguro y totalmente amparado. Entonces te quedas en silencio. Mantienes la actitud de que Dios te creó para ser como Él y para estar eternamente con Él.
Ahora puedes olvidarte de todo, unirte al Amor de Dios y perderte en alegre comunión con Él.
Un par de días después, podrías estar comiendo un bocadillo o trabajando en el ordenador, y de repente te impacta, llega a ti una idea inspirada. La palabra, inspirada, como sabes, significa “en espíritu”. Al unirte al espíritu has recibido la respuesta. La gente siempre busca que Dios responda a sus plegarias.
Si supieran algo más de cómo han de rezar, también sabrían cómo viene la respuesta. Sus respuestas no vienen en forma de respuestas físicas, vienen a la mente en forma de guía; una idea inspirada, que el folleto describe como un eco del Amor de Dios.

(...) La forma de respuesta, si está dada por Dios, encajará con tu necesidad tal como tú la ves.
Esto es meramente un eco de la respuesta de Su Voz. El verdadero sonido siempre es una canción de acción de gracias y de amor.

Ésa es la clave: unirse a Dios en Amor y gratitud. Te olvidas de todo lo demás y te pierdes en Su Amor. Eso es lo que significa llenarse del espíritu. Ésa es la Canción de Oración. El eco es un beneficio añadido, pero no el propósito de la oración. Simplemente es algo que ocurre de manera natural cuando te unes a Dios y Le amas.
No puedes, entonces, pedir el eco. La canción es el regalo. Junto con ella vienen los sobretonos, las armonías, los ecos, pero todos estos son secundarios.

Gary: ¿Sería posible que pasara algo en el mundo que respondiera a mi necesidad tal como yo la veo?

Pursah: Las respuestas de Dios son internas, no externas. Si algo aparece en el mundo es un símbolo. No pienses que Dios actúa en el mundo, porque no lo hace. Los resultados de seguir su guía pueden mostrarse en el mundo como símbolos de seguridad o abundancia.

Arten: Ahora puedes operar desde una posición de fuerza en lugar de debilidad. Tal vez descubras que tienes más paciencia y te relajas más en tu trabajo, consiguiendo así una mayor eficacia. Vaciando tu mente de los deseos que percibes en ella cuando vas a Dios, puedes experimentar Su Amor. Al retornar al mundo donde piensas que estás, puedes recordar con más regularidad el lugar donde verdaderamente estás: con Dios. A veces verás de manera muy clara y natural lo que deberías hacer en el mundo para resolver tus problemas, o, si tienes que afrontar una decisión importante, en qué sentido debes decidir. La prueba más contundente de la validez de este método será que funciona. A medida que aceptes los regalos de tu Padre, recuerda que estás eternamente con Él.

(...) Dios sólo responde para la eternidad. Pero, aún así, todas las pequeñas respuestas están contenidas en esto.

Pursah: Ahora te vamos a dejar, pero sólo en la forma. Cuando desaparezcamos, queremos que te unas con Dios, y nosotros estaremos allí. Cuando vas a Dios no estás tratando de conseguir nada, simplemente Le amas. Al hacerlo, te das cuenta de que eres amado por Él, ahora y por toda la eternidad.

(...) En la verdadera plegaria, sólo oyes la canción. Todo el resto es mero añadido. Has buscado primero el Reino del Cielo, y todo lo demás se te ha dado por añadidura.

domingo, 11 de febrero de 2024

Principio 40: "El milagro reconoce que todo el mundo es tu hermano así como mi hermano también".

PRINCIPIO 40

El milagro reconoce que todo el mundo es tu hermano así como mi hermano también. Es una manera de percibir la marca universal de Dios.

Personalmente, tengo claro que mi encuentro con Un Curso de Milagros responde a mi voluntad de encontrar la verdad. Reconozco que ese impulso, inicialmente, estaba orientado exclusivamente al campo del intelecto, sin embargo, hoy, esa búsqueda ha visto ampliada su horizonte situándome en un marco más amplio, si cabe, el que me brinda la oportunidad de poner de manifiesto la Esencia de mi Ser.

Un Curso de Milagros es un curso de entrenamiento mental. Gracias a Él, hoy soy consciente de que soy el único soñador de mis sueños; soy consciente de lo que soy, un Ser Espiritual emanado de la Mente Creadora de mi Padre; soy consciente de que, potencialmente, soy un Dios en formación. Tal vez te estés preguntando, ¿cómo es posible de que sea consciente de estas cosas si la conciencia se adquiere por la vía de la percepción y esta vía es la puerta de la ilusión?

Sí, soy consciente de que estoy soñando y de que soy el soñador. Es precisamente ese estado el que me permite distinguir entre la voz de los sentidos y la Voz de mi Padre, la que me inspira el Espíritu Santo. Esa Voz, me permite conocer cuál es la Voluntad de mi Creador y orienta mi percepción hacia el tono más elevado al que podemos aspirar dentro del sueño, donde vivimos sumidos en la ilusión de la separación. Esa Voz me habla de Unidad y me revela el único camino que ha de conducirnos a las puertas del Cielo. Esa senda es la que nos conduce a reconocer el Principio de Filiación: Todo el mundo es tu hermano.

Tal vez ahora entiendas mejor, la razón por la cual no he podido conformarme tan sólo con ver satisfecha mi afán de saber teórico, si a la vez no conseguía andar ese camino que ha de permitirme experimentar mi Ser: Ser Uno con mis Hermanos.

Si has reconocido este estado anímico, es señal de que te encuentras recorriendo esa senda. Si una cosa tengo claro es que, por muchos caminos que andemos en busca del saber espiritual, si éstos no nos señalan que el camino debemos recorrerlo sin olvidarnos de nuestra Filiación, por mucho que avancemos, al final de trayecto, nos encontraremos con un rótulo que nos indica: “Esta es la Regla de Oro, que te comportes con los demás como tú quisieras que ellos se comportasen contigo”.

Con todo ello, el Principio que hoy abordamos nos ofrece la oportunidad de tratar el tema de la Filiación, para mí de una gran trascendencia, si queremos conocernos a nosotros mismos y a nuestro Creador.

El Curso nos aporta mucha información que nos ayudará a conocer el por qué es tan importante conocer el papel del prójimo.

"Dado que tú y tu prójimo sois miembros de una misma familia en la que gozáis de igual rango, tal como te percibas a ti mismo y tal como lo percibas a él así te comportarás contigo mismo y con él. Debes mirar desde la percepción de tu propia santidad a la santidad de los demás" (T-1.III.6:6-7).

El Hijo de Dios será siempre indivisible: De la misma manera en que somos uno solo en Dios, así también aprendemos cual uno solo en Él. El Maestro de Dios se asemeja tanto a Su Creador como el Hijo al Padre, y, a través de Su Maestro, Dios proclama Su Unicidad y la de Su Hijo. Escucha en silencio, y no le levantes la voz. Pues Él enseña el milagro de la unicidad, y ante Su lección la división desaparece. Enseña como Él aquí, y recordarás que siempre has creado como tu Padre. El milagro de la creación nunca ha cesado, pues lleva impreso sobre sí el sello sagrado de la inmortalidad. Esto es lo que la Voluntad de Dios dispone para toda la creación, y toda la creación se une para disponer lo mismo” (T.14.XI.11:1-8).

He querido exponer esa afirmación al principio, pues nos deja claro de que el Hijo de Dios será siempre indivisible. Sin embargo, un uso incorrecto de la Mente le llevó a creer lo contrario a esa afirmación. Esa otra manera de ver las cosas, le lleva a fabricar un estado de división que dio lugar a la creencia en la separación.

Como bien expresa el Curso, “si creen estar privados de algo, nuestra percepción se distorsiona y cuando esto ocurre, toda la familia de Dios, la Filiación, sufre su deterioro en sus relaciones” (T-1.V.3:7-8). Todos "los milagros son afirmaciones de Filiación, que es un estado de compleción y abundancia" (T-1.V.4:6).

En el sentido expuesto en la introducción a este estudio, podríamos decir que, "la única meta del que se ha decidido por el camino de los milagros es restaurar completamente la Filiación" (T-1.VII.3:14).

La siguiente aportación nos aclarará el sentido de unicidad de la Filiación:

Debe observarse con especial atención que Dios tiene solamente un Hijo. Si todas las creaciones de Dios son Hijos Suyos, cada una de ellas tiene que ser parte integral de toda la Filiación. La Filia­ción, en su unicidad, transciende la suma de sus partes. Este hecho, no obstante, queda velado mientras falte una sola de ellas. Por eso es por lo que, en última instancia, el conflicto no se puede resolver hasta que todas las partes de la Filiación hayan retor­nado. Sólo entonces podrá comprenderse lo que, en el verdadero sentido de la palabra, significa la plenitud. Cualquier parte de la Filiación puede creer, en el error o en la incompleción si así lo elige. Sin embargo, si lo hace, estará creyendo en la existencia de algo que no existe. Lo que corrige este error es la Expiación” (T-2.VII.6:1-9).

"Cuando la Voluntad de la Filiación y la del Padre son una, la perfecta armonía entre ellas es el Cielo" (T-3.II.4:6). "Cuando la Expiación se complete y toda la Filiación sane, dejará de haber una llamada a retornar. Pero lo que Dios crea es eterno. El Espíritu Santo permanecerá con los Hijos de Dios para bendecir las creaciones de éstos y mantenerlas en la luz de la dicha" (T-5.I.5:5-7).

En verdad, "tú no puedes comprenderte a ti mismo separado de los demás. 2Ello se debe a que tú, separado del legítimo lugar que ocupas en la Filiación, no significas nada, y el legítimo lugar de la Filiación es Dios" (T-5.III.8:1-2).

Creo importante que conozcamos lo que sigue: "Las obras de Dios no son tus obras, pero tus obras son como las Suyas. Él creó a la Filiación y tú la expandes. Tienes el poder de acrecentar el Reino, aunque no de acrecentar a su Creador. Reivindicas ese poder cuando te mantienes alerta sólo en favor de Dios y de Su Reino. Al aceptar que tienes ese poder, aprendes a recordar lo que eres" /T-7.I.2:5-9).

Tampoco podemos obviar la siguiente afirmación:

“Aunque sólo puedes amar a la Filiación como una sola, la pue­des percibir como fragmentada. Mas es imposible ver algo en alguna parte de ella y no atribuírselo a toda ella. Por eso es por lo que los ataques no son nunca parciales y por lo que hay que renunciar a ellos completamente. Si no se renuncia a ellos completamente, no se renuncia a ellos en absoluto” (T-7.VI.1:1-4).

"Cada pensamiento amoroso que cualquier parte de la Filiación abriga es patrimonio de todas sus partes" (T-5.IV.3:1).

"Enseñar a toda la Filiación sin hacer excepciones demuestra que percibes su plenitud y que has aprendido que es una. Ahora tienes que estar alerta para mantener su unicidad en tu mente por­que si dejas que te asalte la duda, perderás la conciencia de su plenitud y serás incapaz de enseñarla" (T-6.V.C.8:1-2).

He aquí una de las claves que nos ayudará a conocer cuál es el estado de nuestra consciencia. Si en nuestra mente albergamos pensamientos que nos llevan a creer que no existe unicidad entre los hombres, entonces estaremos reconociendo que aún servimos a la idea de la necesidad y de la escasez, a la idea de la incompleción, o lo que es lo mismo, estamos negando nuestra plenitud.

Considero esta visión esencial para despertar del sueño, para alcanzar ese estado de iluminación que ha de situarnos en las puertas del Cielo.

Nos indica Jesús a través del Curso: “A medida que te acercas a un hermano te acercas a mí, y a medida que te alejas de él, la distancia entre tú y yo aumenta. La salvación es una empresa de colaboración. No la pueden emprender con éxito aquellos que se desvinculan de la Filiación porque al hacer eso se desvinculan de mí. Dios acudirá a ti sólo en la medida en que se Lo ofrezcas a tus hermanos. Aprende primero de ellos, y estarás listo para oír a Dios. Eso se debe a que el Amor sólo tiene una función” (T.4.VI.8:1-6).

¿Cómo debemos comportarnos con respecto a un hermano?

En este sentido, el Texto del Curso es claro en sus aportaciones. Nos revela que, "siempre que le niegas la bendición a un hermano te sientes desposeído, ya que la negación es tan total como el amor. Negar parte de la Filiación es tan imposible como lo es amarla sólo en parte. No es posible tampoco amarla totalmente sólo a veces. No puedes estar, totalmente comprometido sólo en algunas ocasiones" (T-7.VII.1:1-4).

"Cuando un hermano actúa insensatamente, te está ofreciendo una oportunidad para que lo bendigas. Su necesidad es la tuya. Tú necesitas la bendición que puedes darle. No hay manera de que tú puedas disponer de ella excepto dándola. Ésa es la ley de Dios, la cual no hace excepciones. Careces de aquello que niegas, no porque haya carencia de ello, sino porque se lo has negado a otro, y, por lo tanto, no eres consciente de ello en ti. Lo que crees ser determina tus reacciones, y lo que deseas ser es lo que crees que eres. Lo que deseas ser, entonces, determina forzosamente todas tus reacciones" (T-7.VII.2:1-8)

Si deseas ser una identidad separada de tu hermano, tus reacciones serán de ataque. Si en cambio, tu deseo es poner de manifiesto tu unicidad, tu hermano se convierte en el camino que ha de conducirte de vuelta a tu verdadero hogar, el Cielo.

"Somos la voluntad unida de la Filiación, cuya plenitud es para todos. Comenzamos nuestra jornada de regreso, juntos, y, según avanzamos juntos, congregamos a nuestros hermanos. Cada aumento de nuestra fuerza se lo ofrecemos a todos, para que ellos puedan también superar su debilidad y añadir su fuerza a la nuestra. Dios nos espera a todos con los Brazos abiertos, y nos dará la bienvenida tal como yo te la estoy dando a ti" (T-8.VI.1:1-4).

Nunca olvides que la Filiación es tu salvación, pues la Filiación es tu Ser. Al ser la creación de Dios, es tuya, y al pertenecerte a ti, es Suya. Tu Ser no necesita salvación, pero tu mente necesita aprender lo que es la salvación. No se te salva de nada, sino que se te salva para la gloria. La gloria es tu herencia, que tu Creador te dio para que la extendieras. No obstante, si odias cualquier parte de tu Ser pierdes todo tu entendimiento porque estás con­templando lo que Dios creó como lo que eres, sin amor. Y puesto que lo que Él creó forma parte de Él, le estás negando el lugar que le corresponde en Su Propio altar” (T-11.IV.1:1-7).

Y, ¿Cómo debemos amar?

"No puedes entablar ninguna relación real con ninguno de los Hijos de Dios a menos que los ames a todos, y que los ames por igual. El amor no hace excepciones. Si otorgas tu amor a una sola parte de la Filiación exclusivamente, estarás sembrando culpabilidad en todas tus relaciones y haciendo que sean irreales. Sólo puedes amar tal como Dios ama. No intentes amar de forma diferente de como Él lo hace, pues no hay amor aparte del Suyo. Hasta que no reconozcas que esto es verdad, no tendrás idea de lo que es el amor. Nadie que condena a un hermano puede considerarse inocente o que mora en la paz de Dios. Si es inocente y está en paz, pero no lo ve, se está engañando, y ello significa que no se ha contemplado a sí mismo" (T-13.X.11:1-8).

Un mensaje alentador: “En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mante­nerte separado de tu hermano. Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. tal como Él os ama, así sois. Vosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. Dios está contigo, hermano mío. Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él" (T-18.I.10:1-9).

"El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu rela­ción, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la ver­dad. Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. ¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la ver­dad ilumina! El Cielo la contempla y se regocija que lo hayas dejado venir a ti. Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador” (T-18.I.11:1-8).

Para finalizar este análisis, os dejo dos referencias extraídas del Libro de Ejercicios, concretamente las detalladas en la Lección 181: “Confío en mis hermanos, que son uno conmigo” y en la Lección 288: “Que me olvide hoy del pasado de mi hermano”. Recordémoslas.

LECCIÓN 181

Confío en mis hermanos, que son uno conmigo.

"Confiar en tus hermanos es esencial para establecer y sustentar tu fe en tu propia capacidad para trascender tus dudas y tu falta de absoluta convicción en ti mismo. Cuando atacas a un her­mano, proclamas que está limitado por lo que tú has percibido en él. No estás viendo más allá de sus errores. Por el contrario, éstos se exageran, convirtiéndose en obstáculos que te impiden tener conciencia del Ser que se encuentra más allá de tus propios erro­res, así como de sus aparentes pecados y de los tuyos" (L.pI.181.1:1-4).

"La percepción tiene un enfoque. Eso es lo que hace que lo que ves sea consistente. Cambia de enfoque, y, lo que contemples, consecuentemente cambiará. Ahora se producirá un cambio en tu visión para apoyar la intención que ha reemplazado a la que antes tenías. Deja de concentrarte en los pecados de tu hermano, y experimentarás la paz que resulta de tener fe en la impecabilidad. El único apoyo que esta fe recibe procede de lo que ves en otros más allá de sus pecados. Pues sus errores, si te concentras en ellos, no son sino testigos de tus propios pecados. no podrás sino verlos, lo cual te impedirá ver la impecabilidad que se encuentra más allá de ellos" (L.pI.181.2:1-8).

"No hay nadie que no sea mi hermano. He sido bendecido con la unidad de la que gozo con el universo y con Dios mi Padre, el único Creador de la totalidad que es mi Ser, el cual es eternamente uno conmigo" (L.pI.201.1:2-3) .

LECCIÓN 288

Que me olvide hoy del pasado de mi hermano.

"Éste es el pensamiento que me conduce a Ti y me lleva a mi meta. No puedo llegar hasta Ti sin mi hermano. Y para conocer mi Fuente, tengo primero que reconocer lo que Tú creaste uno conmigo. La mano de mi hermano es la que me conduce a Ti. Sus pecados están en el pasado junto con los míos, y me he salvado porque el pasado ya pasó. No permitas que lo siga abrigando en mi corazón, pues me desviaría del camino que me lleva a Ti. Mi hermano es mi salvador. No dejes que ataque al salvador que Tú me has dado. Por el contrario, déjame honrar a aquel que lleva tu Nombre, para así poder recordar que es el mío también" (L.pII.288.1:1-9).

"Perdóname hoy. sabrás que me has perdonado si contem­plas a tu hermano en la luz de la santidad. Él no puede ser menos santo que yo, y tú no puedes ser más santo que él" (L.pII.288.2:1-3).