viernes, 25 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (1ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (1ª parte).

1. Deja que la razón dé otro paso. 2Si atacas a quien Dios quiere sanar y odias a quien Él ama, entonces tú y tu Creador tenéis voluntades diferentes. 3Pero si tú eres Su Voluntad, entonces debes creer que tú no eres quien eres. 4Puedes ciertamente creer esto y, de hecho, lo crees. 5Y tienes fe en ello y encuentras muchas pruebas a su favor. 6¿Y de dónde procede, te preguntas, tu extraño desasosiego, tu sensación de estar desconectado y tu constante temor de que tú no signifiques nada? 7Es como si hubieses llegado hasta aquí a la deriva, sin ningún plan, excepto el de seguir vagando, pues sólo eso parece seguro.

El uso de la lógica que emplea Jesús para ayudarnos a reconocer la verdad de lo que somos nos simplifica enormemente, al menos para mí, el encuentro con ese reconocimiento. Me amparo en la razón, pero también lo hago en el bagaje de vivencias que se acumulan en mi memoria y que me animan a plantearme una cuestión que considero fundamental.

A pesar de todo lo vivido, ¿eres feliz?

Reconozco que me hubiese gustado poder responder afirmativamente, pero no sería honesto conmigo mismo. Tanto a nivel mental, como emocional, mi percepción no es de ser feliz en este mundo. Y esta es la única razón por la que decidí buscar otra manera de ver las cosas, otra manera de percibir, pues entendí que no tenía poder sobre las cosas percibidas, pero sí lo tenía sobre el cómo las juzgabas, sobre el significado que les daba.

Sí, me he sentido a la deriva y ahora tengo la fortaleza para dirigir mi nave hacia el destino que comparto con el resto de la humanidad, hacia la salvación, hacia el reencuentro con mi santidad y con quien soy realmente.

2. Sin embargo, hemos oído una descripción muy similar ante­riormente, pero no se refería a ti. 2Aun así, crees ser esa extraña idea que con tanta precisión se describe ahí. 3La razón te diría que es imposible que el mundo que ves a través de ojos que no son los tuyos tenga sentido para ti. 4¿A quién le devolvería sus mensajes esta forma de ver? 5Ciertamente no a ti, cuya visión es totalmente independiente de los ojos que contemplan al mundo. 6Si ésa no es tu visión, ¿qué podría mostrarte? 7El cerebro no puede interpretar lo que tu visión ve. 8Esto tú lo puedes comprender. 9El cerebro interpreta para el cuerpo del que forma parte. 10Pero tú no puedes comprender lo que dice. 11Sin embargo, lo has escuchado. 12Y te has esforzado durante mucho tiempo por entender sus mensajes.

La razón por la cual me he sentido a la deriva durante tanto tiempo responde a la elección de servir al deseo de ser especial, lo que significa que me creo separado de mi Fuente y, a partir de ahí, mi fe se deposita en lo que mi deseo me muestra, un mundo cuya dimensión está sujeta a las leyes de la temporalidad y del cambio, lo que lo hace irreal y perecedero. Elegí la percepción que sustituyó a la verdadera visión. Mi mente se puso al servicio del especialismo y fabricó una realidad sujeta a la creencia en la separación y el miedo.

Hoy, cuando practicaba mi paseo matinal, reflexionaba sobre la función del cerebro en el cuerpo. Establecí cierta analogía al compararlo con un receptor de radio a través del cual podemos elegir sintonizar diferentes canales, los cuales están identificados por distintas frecuencias. En los sistemas de comunicación por radio, la información se transporta a través del espacio utilizando ondas de radio. Las ondas de radio son un tipo de radiación electromagnética con longitudes de onda en el espectro electromagnético más largas que la luz infrarroja. Dichas ondas no son visibles al ojo humano, aunque sí son medibles físicamente, lo que le aporta la condición de ser real desde el punto de vista del ego.

¿Podríamos funcionar el cerebro como un receptor de radio? Hay teorías que lo relacionan con un holograma. No voy a entrar en estos detalles; lo que sí me gustaría compartir con vosotros es el motivo por el cual no utilizamos el cerebro al igual que lo hacemos con un receptor de radio. En el uso de la radio, si queremos oír música con unas características determinadas, lo que hacemos es sintonizar el canal adecuado por el cual se emite ese tipo de música. En esta práctica, lo que estamos haciendo es unir nuestra voluntad a nuestro deseo. Bien, si aceptamos que nuestro cerebro es como un receptor de radio que capta las ondas del pensamiento convirtiéndolas en ideas y creencias, cuando queramos utilizarlo de manera creativa, lo que tenemos que hacer es movilizar nuestra voluntad y unirla al deseo. La clave está en que debemos elegir la calidad de ese deseo, al igual que lo hacemos cuando queremos oír un tipo de música en concreto. No produce la misma relajación una música estridente que una pausada, al igual que no nos sentiremos igual con un deseo egoísta que con un deseo altruista. El cerebro, al igual que la radio, lo que hace es captar la fuerza de nuestra voluntad y de nuestro deseo.

Si nuestra mente sirve a nuestro ser espiritual, nuestro cerebro captará la frecuencia de pensamientos amorosos. Si nuestra mente sirve al ego, nuestro cerebro colapsará la frecuencia de pensamientos dementes.

jueves, 24 de julio de 2025

Capítulo 22. LA SALVACIÓN Y LA RELACIÓN SANTA: Introducción

 Capítulo 22

LA SALVACIÓN Y LA RELACIÓN SANTA

 

Introducción

1. Ten piedad de ti mismo, tú que por tanto tiempo has estado esclavizado. 2Regocíjate de que los que Dios ha unido se han jun­tado y ya no tienen necesidad de seguir contemplando el pecado por separado. 3No es posible que dos individuos puedan contem­plar el pecado juntos, pues nunca podrían verlo en el mismo sitio o al mismo tiempo. 4El pecado es una percepción estrictamente personal, que se ve en el otro, pero que cada uno cree que está dentro de sí mismo. 5Y cada uno parece cometer un error dife­rente, que el otro no puede comprender. 6Hermano, se trata del mismo error, cometido por lo que es lo mismo, y perdonado por su hacedor de igual manera. 7La santidad de tu relación os per­dona a ti y a tu hermano, y cancela los efectos de lo que ambos creísteis y visteis. 8Y al desaparecer dichos efectos, desaparece también la necesidad del pecado.

La presentación del Capítulo 22, dedicado a la salvación y la relación santa, es sencillamente maravillosa y alentadora, invitándonos a un encuentro con el consuelo de reconfortarnos en la afirmación de la certeza de que hemos despertado del sueño en el que hemos creído estar sumidos y en el que hemos sufrido el desvarío de pesadillas que nos han mantenido prisioneros de la ilusión de estar solos y abandonados.

Dejemos de atormentarnos, de castigarnos, dejemos de sufrir y, en su lugar, contemplemonos desde la inocencia, desde la pureza, desde la impecabilidad.

¿Has dejado el dolor atrás? Ahora lo que nos espera es maravilloso, pues la salvación es el camino que hemos elegido realizar de la mano de nuestros hermanos. En ese viaje compartiremos nuestra santidad, nuestra visión de unidad, nuestra percepción verdadera. De esa relación no puede menos que fluir el amor verdadero.

2. ¿Quién tiene necesidad del pecado? 2Únicamente los que deambulan por su cuenta y en soledad, creyendo que sus herma­nos son diferentes de ellos. 3Es esta diferencia, que aunque es visible no es real, lo que hace que el pecado, que si bien no es real es visible, parezca estar justificado. 4Todo esto sería real si el pecado lo fuese. 5Pues una relación no santa se basa en diferen­cias y en que cada uno piense que el otro tiene lo que a él le falta. 6Se juntan, cada uno con el propósito de completarse a sí mismo robando al otro. 7Siguen juntos hasta que piensan que ya no queda nada más por robar, y luego se separan. 8Y así, vagan por un mundo de extraños, distintos de ellos, viviendo tal vez con los cuerpos de esos extraños bajo un mismo techo que a ninguno de ellos da cobijo; en la misma habitación y, sin embargo, a todo un mundo de distancia.

Nuestros ojos se han abierto y por fin vemos la verdad. Reconocemos que todos somos Hijos de Dios y que todos hemos sido emanados de la misma Fuente. Por lo tanto, nuestros hermanos no serán unos extraños. Veremos en ellos nuestra propia condición espiritual y esa visión de unidad nos llevará a compartir la esencia del amor de la que somos portadores. El miedo y la creencia en la separación ya no forman parte de nuestra mente. Ahora conocemos que Dios camina junto a nosotros en perfecta santidad.

¿Qué temor nos puede atacar cuando tenemos la certeza de que caminamos junto a nuestro Hacedor?

3. La relación santa parte de una premisa diferente. 2Cada uno ha mirado dentro de sí y no ha visto ninguna insuficiencia. 3Al acep­tar su compleción, desea extenderla uniéndose a otro, tan pleno como él. 4No ve diferencias entre su ser y el ser del otro, pues las diferencias sólo se dan a nivel del cuerpo. 5Por lo tanto, no ve nada de lo que quisiera apropiarse. 6No niega su propia realidad porque ésta es la verdad. 7Él se encuentra justo debajo del Cielo, pero lo bastante cerca como para no tener que retornar a la tierra. 8Pues esta relación goza de la santidad del Cielo. 9¿Cuán lejos del hogar puede estar una relación tan semejante al Cielo?

Desde la visión Crística, tan sólo vemos igualdad en lo que realmente somos. Tan sólo percibimos que, si bien nuestros cuerpos son diferentes, nuestras mentes gozan de la unidad compartida con Dios.

Todas las relaciones inspiradas por la visión crística gozan de plenitud, de felicidad, de abundancia y de paz. Estas relaciones santas tienen como propósito común expandir el amor que los une y ayudar a despertar a aquellas almas que aún permanezcan sumidas en el sueño.

4. ¡Piensa en lo que una relación santa te podría enseñar! 2En ella desaparece la creencia en diferencias. 3En ella la fe en las diferen­cias se convierte en fe en la igualdad. 4Y en ella la percepción de diferencias se transforma en visión. 5La razón puede ahora llevaros a ti y a tu hermano a la conclusión lógica de vuestra unión. 6Ésta se tiene que extender, de la misma forma en que vosotros os extendisteis al uniros. 7La unión tiene que extenderse más allá de sí misma, tal como vosotros os extendisteis más allá del cuerpo para hacer posible vuestra unión. 8Y ahora la igualdad que visteis se extiende y elimina finalmente cualquier sensación de diferen­cia, de modo que la igualdad que yace bajo todas las diferencias se hace evidente. 9Éste es el círculo áureo en el que reconocéis al Hijo de Dios. 10Pues lo que nace en una relación santa es impere­cedero.

Cuando la mente se santifica, ya no puede dejar de crear, lo que nos lleva a compartir, a extender nuestra santidad, o lo que es lo mismo, nuestra visión de la unidad y del amor.

¿Puedes visualizar una vida pletórica donde la moneda de cambio sea el amor incondicional y el reconocimiento de la santidad que nos une a nuestros hermanos de Filiación? ¿Puedes imaginar un mundo donde no exista la necesidad, el sacrificio, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad? 

Ahora sabes lo que eres. Ahora reconoces el poder que siempre has tenido para crear tu realidad y del que eras inconsciente. Ahora puedes crear ese mundo. Yo creo en ti, pues cuando miro en mi interior veo ese poder y te veo a ti. Y si lo veo en mí, también está en ti. Hagamos que sea real. Cuando nos encontremos, te mostraré mi visión de unidad y te reconoceré en lo que realmente eres y nuestra relación será santa.

miércoles, 23 de julio de 2025

Capítulo 21. VIII. El cambio interno (2ª parte).

VIII. El cambio interno (2ª parte).


3. La razón te dirá que no puedes pedir felicidad de una manera inconsistente. 2Pues si lo que deseas se te concede, y la felicidad es constante, entonces no necesitas pedirla más que una sola vez para gozar de ella eternamente. 3Y si, siendo lo que es, no gozas de ella siempre, es que no la pediste. 4Pues nadie deja de pedir lo que desea a lo que cree que tiene la capacidad de concedérselo. 5Tal vez esté equivocado con respecto a lo que pide, dónde lo pide y a qué se lo pide. 6No obstante, pedirá porque desear algo es una solicitud, una petición, hecha por alguien a quien Dios Mismo nunca dejaría de responder. 7Dios ya le ha dado todo lo que él realmente quiere. 8Mas aquello de lo que no está seguro, Dios no se lo puede dar. 9Pues mientras siga estando inseguro es que no lo desea realmente, y la dación de Dios no podría ser completa a menos que se reciba.

Este punto encierra una interesante lección: la de crear. Si tuviésemos la certeza de que lo que en él se recoge es cierto y lo aplicásemos a nuestra vida, descubriríamos cómo podemos crear nuestra realidad. Pero, ¡cuidado! Si la aceptamos como una verdad y la aplicamos, tendremos que reconocer nuestra autoría. Os invito a que lo aceptemos cuanto antes, pues nuestra percepción de la realidad es obra nuestra. Es la manifestación de lo que hemos deseado, formando parte de nuestras creencias. Es como reconocer que somos los soñadores de nuestro sueño. Y ahora viene lo bueno. Si es así, podemos elegir tener sueños felices. ¿No sabes cómo hacerlo? Aplicando lo que nos enseña este punto.

"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Mateo 7:7.

"Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Lucas 11:9.

Cuando se pide, lo que hacemos es movilizar el poder de la voluntad y lo ponemos al servicio del deseo. Es como si uniésemos el esperma-semilla al óvulo-tierra donde surgirá la creación. La clave está en hacerlo de manera consciente, lo que nos permitirá que la calidad de nuestro deseo sea cercana al amor (unidad) y no al especialismo (división).

Dios responderá a nuestras peticiones inspiradas por el deseo de amar. Ya hemos dicho que el amor es compleción.

El ego responderá a nuestras peticiones inspiradas por el deseo de ser especial. El egoísmo nos hace inconscientes e irresponsables de lo que hemos deseado.

4. Tú que completas la Voluntad de Dios y que eres Su felicidad; tú cuya voluntad es tan poderosa como la Suya, la cual es un poder que no puedes perder ni en tus ilusiones, piensa detenida­mente por qué razón no has decidido todavía cómo vas a contes­tar la última pregunta. 2Tu respuesta a las otras te ha ayudado a estar parcialmente cuerdo. 3Es la última, no obstante, la que real­mente pregunta si estás dispuesto a estar completamente cuerdo.

Es el paso decisivo. Diría que es el último deseo o el único deseo que nos permitirá gozar de la Gracia del Cielo. La venda que ha cubierto nuestros ojos ha caído y ahora vemos la verdad con total nitidez. Nuestra fe se refuerza al percibir esa visión y reconoce que todo ha sido un sueño del que hemos despertado.

Mi único deseo es dar lo que soy, y si lo que soy es Amor, entonces mi único deseo es expandir y compartir el amor con todos y cada uno de mis hermanos en la Filiación. Las huellas de mi personalidad antigua se han borrado cuando las olas del mar las han barrido, envolviéndolas con las aguas del olvido. Ahora soy libre y consciente para crear desde mi nueva visión. Ahora soy consciente para crear como Hijo de Dios.

5. ¿Qué es el instante santo, sino el llamamiento de Dios a que reconozcas lo que Él te ha dado? 2He aquí el gran llamamiento a la razón, a la conciencia de lo que siempre está ahí a la vista, a la felicidad que podría ser siempre tuya. 3He aquí la paz constante que podrías experimentar siempre. 4He aquí revelado ante ti lo que la negación ha negado. 5Pues aquí la última pregunta ya está contestada, y lo que pides, concedido. 6Aquí el futuro es ahora, pues el tiempo es impotente ante tu deseo de lo que nunca ha de cambiar. 7Pues has pedido que nada se interponga entre la santi­dad de tu relación y tu conciencia de esa santidad.

¡Así sea! Esa es mi petición. Que nada se interponga entre la santidad de mi relación con Dios y la Filiación y mi conciencia de esa santidad. Que mi único guía sea el Espíritu Santo y que mi única visión sea la de Cristo.

martes, 22 de julio de 2025

Capítulo 21. VIII. El cambio interno (1ª parte).

VIII. El cambio interno (1ª parte).

1. ¿Son, entonces, peligrosos los pensamientos? 2¡Para los cuerpos, sí! 3Los pensamientos que parecen destruir son aquellos que le enseñan al pensador que él puede ser destruido. 4Y así, "muere" por razón de lo que aprendió. 5Pasa de la vida a la muerte, la prueba final de que valoró lo efímero más que lo constante. 6Segu­ramente creyó que quería la felicidad. 7Mas no la deseó porque la felicidad es la verdad, y, por lo tanto, tiene que ser constante.

Para el sistema de pensamiento del ego, el cuerpo es el principal autor de todas sus experiencias, a las que considera reales en función de la percepción que le aportan los cinco sentidos físicos.  Desde este punto de vista, es el cuerpo el que piensa y razona, basándose siempre en la dualidad bien o mal.  El cerebro es la parte del cuerpo donde se perciben los pensamientos.  La mente, en este modelo de creencia, se encuentra en un segundo plano, sin apenas protagonismo sobre el cuerpo físico.  Esta línea de pensamiento ha formado parte de los fundamentos defendidos por la ciencia en los últimos tiempos, defendiendo la creencia de que lo percibido por el cuerpo es lo que condiciona nuestras ideas y que la mente tiene poco que decir al respecto.

Como bien recoge este punto, los pensamientos son peligrosos cuando le otorgamos al cuerpo la hegemonía sobre ellos. Un ejemplo de lo que decimos lo observamos cuando juzgamos al cuerpo como el causante de nuestra creencia en el pecado. Es el cuerpo quien peca y no la mente que le dicta el deseo banal.

En este sentido, el cuerpo no es el que nos aporta la felicidad, ya que su condición temporal no habla a favor de la verdad. Tan sólo lo que es eterno y no cambia puede ser considerado real y verdadero. Es en la mente recta donde encontraremos la llave que nos abre la puerta de la felicidad.

2. Una dicha constante es una condición completamente ajena a tu entendimiento. 2No obstante, si pudieses imaginarte cómo sería eso, lo desearías aunque no lo entendieses. 3En esa condición de constante dicha no hay excepciones ni cambios de ninguna clase. 4Es tan inquebrantable como lo es el Amor de Dios por Su crea­ción. 5Al estar tan segura de su visión como su Creador lo está de lo que Él sabe, la felicidad contempla todo y ve que todo es uno. 6No ve lo efímero, pues desea que todo sea como ella misma, y así lo ve. 7Nada tiene el poder de alterar su constancia porque su propio deseo no puede ser conmovido. 8Les llega a aquellos que comprenden que la última pregunta es necesaria para que las demás queden contestadas, del mismo modo en que la paz tiene que llegarles a quienes eligen curar y no juzgar.

Al igual que yo, seguro que lo que más deseas en este mundo es gozar de paz y felicidad completa y constante. Se convierte en un deseo porque, al no ser capaces de mantener ese estado del ser, lo vivimos como una necesidad, con lo cual estamos reconociendo que no contamos con la llave que ha de conducirnos a ese encuentro. Aún dudamos de nuestra fortaleza. Aún no hemos encontrado la respuesta correcta a la última pregunta.

Más allá del deseo se encuentra el principio más elevado con el que Dios nos creó. Me refiero a la voluntad. La firmeza de la voluntad dirigida por la fuerza del amor se convierte en el regalo que Dios nos hace al brindarnos el poder para crear. El amor es completud. Por tal razón, cuando amamos, debemos amar todo, sin juicios, sin dualidad. Si no lo amamos todo, no amamos nada. No podemos amar un poco. El amor es nuestro estado de ser y cuando nuestro Ser se manifiesta, no puede hacerlo a medias. Lo que es verdad, no puede ser un poco verdad. O es o no es.

lunes, 21 de julio de 2025

Capítulo 21. VII. La última pregunta que queda por contestar (5ª parte).

VII. La última pregunta que queda por contestar (5ª parte).

11. El contenido de todas esas preguntas es el mismo. 2Pues cada una de ellas te pregunta si estás dispuesto a intercambiar el mundo del pecado por lo que el Espíritu Santo ve, puesto que es esto lo que el mundo del pecado niega. 3Los que ven el pecado, por lo tanto, están viendo la negación del mundo real. 4Sin embargo, la última pregunta suma a tu anhelo de querer ver el mundo real el deseo de permanencia, de tal forma que ese deseo se convierta en el único que tengas. 5Si contestas esta última pregunta con un "sí", añades sinceridad a las decisiones que ya has tomado con respecto a las demás. 6Pues sólo entonces habrás renunciado a la opción de poder cambiar de parecer nueva­mente. 7Cuando eso deje de interesarte, las Otras preguntas quedarán perfectamente contestadas.

Afirmar conscientemente que nuestro único deseo es ser lo que realmente somos es la confirmación de que estamos en comunión con Dios y con la Filiación.  Sin la visión de la unidad crística es imposible alcanzar ese estado de comunión.  Su reconocimiento nos hace conscientes del estado de inocencia e impecabilidad del ser.  La visión de la unidad requiere que sea una conquista interior, lo que significa que nuestra voluntad se pone al servicio del amor y renuncia al deseo de ser especial.

Al no ver el pecado en nuestra mente, tampoco lo proyectaremos hacia el exterior, lo que hará innecesario emitir juicio alguno.  El mundo exterior deja de ser una amenaza donde percibimos nuestras debilidades internas.  Ahora nuestra mente tiene el poder consciente para crear desde la visión holística de la unidad.  Todo forma parte del Todo.

12. ¿Por qué crees que no estás seguro de que las otras preguntas hayan sido contestadas? 2¿Sería acaso necesario plantearlas con tanta frecuencia si ya se hubiesen contestado? 3Hasta que no se haya tomado la decisión final, la respuesta será a la vez un "sí" y un "no". 4Pues has contestado sin darte cuenta de que "sí' tiene que significar "que no has dicho no". 5Nadie decide en con­tra de su propia felicidad, pero puede hacerlo si no se da cuenta de que eso es lo que está haciendo. 6Y si él ve su felicidad como algo que cambia constantemente, es decir, ahora es esto, luego otra cosa, y más tarde una sombra elusiva que no está vinculada a nada, no podrá sino decidir en contra de ella.

Este punto viene a reforzar la idea que ya hemos analizado anteriormente.  El sistema de pensamiento del ego gobierna nuestras respuestas ante lo que percibimos externamente y cree que es el cuerpo quien tiene el poder para tomar las decisiones, de ahí que lo convierta en el causante de nuestra naturaleza pecaminosa.  Ese error es la causa que nos lleva a ser inconscientes en la toma de nuestras decisiones.  La mente adquiere un segundo plano y, al proyectar en el exterior su contenido, lo hace fuera de nuestra conciencia, la cual se lo atribuye a los efectos percibidos por el cuerpo.

Cuando se produce un cambio en el sistema de pensamiento, bajo la guía del Espíritu Santo y la Expiación, la mente pasa a ocupar el papel estelar y el cuerpo deja de tener el protagonismo atribuido por el ego. Cuando decidimos elegir de manera consciente, la visión del mundo perceptivo cambia. Ya no se le atribuye al cuerpo el poder regente; ahora ese poder lo ejerce la mente y, si a su poder le unimos nuestra voluntad, adquirimos la facultad para crear de acuerdo a las Leyes Divinas, esto es, en base a la fuerza del Amor.

13. La felicidad elusiva, la que cambia de forma según el tiempo o el lugar, es una ilusión que no significa nada. 2La felicidad tiene que ser constante porque se alcanza mediante el abandono del deseo de lo que no es constante: 3La dicha no se puede percibir excepto a través de una visión constante. 4Y la visión constante sólo se les concede a aquellos que desean la constancia. 5El poder del deseo del Hijo de Dios sigue siendo la prueba de que todo aquel que se considera a sí mismo impotente está equivocado. 6Desea lo que quieres, y eso será lo que contemplarás y creerás que es real. 7No hay un solo pensamiento que esté desprovisto del poder de liberar o de matar. 8Ni ninguno que pueda abando­nar la mente del pensador, o dejar de tener efectos sobre él.

Acabo de leer un libro titulado "Deja de ser tú", escrito por el Dr. Joe Dispenza, que está inspirado en la misma línea de pensamiento recogida en este apartado de la enseñanza de Un Curso de Milagros.  Os lo recomiendo.  El autor ofrece una guía para transformar nuestra vida mediante el cambio consciente de nuestra mente y nuestros hábitos.  Se centra en cómo las creencias, los pensamientos y las emociones moldean la realidad que experimentamos, y propone herramientas prácticas para reprogramar el subconsciente y alcanzar un estado más elevado de bienestar.  Aprovecha sus amplios conocimientos del comportamiento del cerebro físico y nos aporta información sobre los últimos avances en física cuántica, para mostrarnos los efectos que ejerce el uso de nuestra mente y el inmenso poder de esta para transformar aquellos aspectos de nuestra naturaleza que nos impiden ser dueños y señores del estado de ser que nos lleva a ser felices y a vivir en paz.

viernes, 18 de julio de 2025

Capítulo 21. VII. La última pregunta que queda por contestar (4ª parte).

 VII. La última pregunta que queda por contestar (4ª parte).


8. Considera detenidamente qué respuesta vas a dar a esa última pregunta que todavía no has contestado. 2Y deja que la razón te diga que debe ser contestada, y que su contestación reside en las otras tres. 3Te resultará evidente entonces que cuando observes los efectos del pecado en cualquiera de sus formas, lo único que nece­sitarás hacer es simplemente preguntarte a ti mismo lo siguiente: 

4¿Es esto lo que quiero ver? 5¿Es esto lo que deseo?

Si elegimos ver el pecado, estamos decidiendo creer en la separación con la Fuente de donde emana nuestra existencia verdadera, y estamos sustituyendo el Amor por el miedo, la felicidad por la desdicha y el sufrimiento.

Considero que la enseñanza que se extrae de este punto es muy importante, pues nos ofrece la oportunidad de que comprendamos que somos los únicos responsables de aquello que percibimos en el exterior, pues lo que vemos es lo que deseamos ver y lo ha creado nuestra mente. Reconocer esto significa que tenemos en nuestras manos la llave para abrir la puerta que nos conduce a la salvación. No hay un mundo fuera de nosotros. Ese mundo es la proyección de nuestros deseos, de nuestra elección. Practiquemos verlo de otra manera y esta vez, elijamos desde el amor y no desde el miedo.

9. Ésta es tu única decisión, la base de lo que ocurre. No tiene nada que ver con la manera en que ocurre, pero sí con el por qué. 3Pues sobre esto tienes control. 4Y si eliges ver un mundo donde no tienes enemigos y donde no eres impotente, se te proveerán los medios para que lo veas.

Esta mañana, mientras reflexionaba sobre una experiencia pasada en la que me sentí muy implicado emocionalmente, me di cuenta de que su recuerdo me mostraba cómo me atacaba a mí mismo. Era el resentimiento, la ira y, en definitiva, la falta de amor los que proyectaban pensamientos no perdonados. Estos pensamientos justifican nuestras acciones en un intento de corregir nuestra culpa inconsciente a través del juicio externo. 

Me di cuenta de que para sanar verdaderamente, era necesario enfrentar esas emociones encubiertas, confrontarlas y, finalmente, liberarlas. No se trataba solo de entender por qué sentía lo que sentía, sino de permitirme a mí mismo experimentar esos sentimientos sin juicios, y luego dejarlos ir con amor y compasión. Solo así podría perdonar, no solo a los demás, sino también a mí mismo, y encontrar la paz que tanto anhelaba. 

Como bien recoge este punto, damos mucha importancia a la manera en que ocurren las cosas y nos decimos a nosotros mismos que tenemos que corregir fuera lo que estamos juzgando como incorrecto e injusto, cuando en realidad estamos obviando que lo que acontece fuera es lo que queremos ver, pues forma parte de lo que deseamos. 

En lo que acontecía, olvidé que era yo quien tenía el control para decidir cómo responder. Al elegir el juicio condenatorio, también estaba delatando mi propia autocondena. Reconocí a mi enemigo interior proyectándose en el comportamiento del otro y me resultaba más cómodo erigirme como un "salvador" que reconocer mi responsabilidad eligiendo ver lo que estaba viendo.

10. ¿Por qué es tan importante esta última pregunta? 2La razón te dirá por qué. 3Es igual a las otras tres, salvo en lo que respecta al tiempo. 4Las otras son decisiones que puedes tomar, volverte atrás y luego volverlas a tomar. 5Pero la verdad es constante e implica un estado en el que las vacilaciones son imposibles. 6Puedes desear un mundo en el que tú gobiernas y no uno que te gobierna a ti, y luego cambiar de parecer. 7Puedes desear inter­cambiar tu impotencia por poder, y luego perder ese deseo cuando un ligero destello de pecado te atrae. 8Y puedes desear ver un mundo incapaz de pecar, y, sin embargo, permitir que un "enemigo" te tiente a usar los ojos del cuerpo y a cambiar de parecer.

Me veo identificado con lo recogido en este punto. He comprendido que la enseñanza teórica del Curso no basta para mantener el control de la mente. El Libro de Ejercicios complementa y fortalece el contenido del Texto del Curso. La práctica de cada una de las lecciones nos permite ejercitar nuestra mente y prepararla para recibir la Expiación o, lo que es lo mismo, para corregir nuestros errores mentales y nuestras falsas creencias.

En el viaje para adquirir más dominio mental, experimentamos altibajos que poco a poco pulen los pensamientos abocados a satisfacer los hábitos adquiridos bajo el dominio del sistema de pensamiento del ego. Si no desistimos en el propósito de cumplir el plan de salvación que Dios ha dispuesto para nosotros, si nuestra visión egoica es sustituida por la visión crística, llegará un momento, un instante santo, en el que desecharemos el miedo y acogeremos el amor. Ese presente, ese instante, tomaremos el control de nuestras decisiones y contestaremos afirmativamente a la pregunta: "Sí, quiero ver un mundo feliz y en paz".

jueves, 17 de julio de 2025

Capítulo 21. VII. La última pregunta que queda por contestar (3ª parte).

VII. La última pregunta que queda por contestar (3ª parte).


5. El odio, no obstante, tiene que tener un blanco. 2No se puede tener fe en el pecado sin un enemigo. 3¿Quién, que crea en el pecado, podría atreverse a creer que no tiene enemigos? 4¿Podría admitir que nadie lo hizo sentirse impotente? 5La razón seguramente le diría que dejase de buscar lo que no puede ser hallado. 6Sin embargo, tiene primero que estar dispuesto a percibir un mundo donde no hay enemigos. 7No es necesario que entienda cómo sería posible que él pudiese ver un mundo así. 8Ni siquiera debería tratar de entenderlo. 9Pues si pone su atención en lo que no puede entender, no hará sino agudizar su sensación de impo­tencia y dejar que el pecado le diga que su enemigo debe ser él mismo. 10Pero deja que se haga a sí mismo las siguientes pregun­tas con respecto a las cuales tiene que tomar una decisión, para que esto se lleve a cabo por él:

11¿Deseo un mundo en el que gobierno yo en lugar de uno que me gobierna a mí?

12¿Deseo un mundo en el que soy poderoso en lugar de uno en el que soy impotente?

13¿Deseo un mundo en el que no tengo enemigos y no puedo pecar?

14¿Y deseo ver aquello que negué porque es la verdad? 

El impotente desea el poder, pero reconocer su verdadero significado le produce miedo, pues en su victimismo encuentra las razones que busca para afianzar su sistema de pensamiento, o lo que es lo mismo, para confirmar su identidad como un cuerpo.

Si eligiera reconocer el verdadero significado del poder, el que ofrece la inocencia y la indefensión, tendría que renunciar a la creencia en la separación, pues tanto la pureza de la inocencia como la fortaleza de la indefensión son entendidas por el ego como debilidad y no está dispuesto a mostrar su impotencia como una debilidad, sino como una muestra de que Dios lo ha abandonado y se está vengando de él castigándolo con vivencias de dolor, sufrimiento y muerte.

Sí, el ego desea un mundo en el que pueda gobernar y sentirse poderoso. Igualmente, desea un mundo en el que no tenga que luchar y en el que no sea seducido por la tentación del pecado. Pero no está dispuesto a hacer concesiones a la hora de reconocer que la verdad que ha negado es la única verdad, pues ello significaría su inexistencia, su fin.

6. Tal vez ya hayas contestado las tres primeras preguntas, pero todavía no has contestado la última. 2Pues ésta aún parece temi­ble y distinta de las demás. 3Mas la razón te aseguraría que todas ellas son la misma. 4Dijimos que en este año se haría hincapié en la igualdad de las cosas que son iguales. 5Esta última pregunta, que es en verdad la última acerca de la cual tienes que tomar una decisión, todavía parece encerrar una amenaza para ti que las otras ya no poseen. 6Y esta diferencia imaginaria da testimonio de tu creencia de que a lo mejor la verdad es el enemigo con el que aún te puedes encontrar. 7En esto parece residir, pues, la última esperanza de encontrar pecado y de no aceptar el poder.

En verdad, el ego no cree en la última pregunta, no cree que la creencia en la separación sea falsa y por tal motivo tampoco puede reconocer que la verdad que ha negado sea la única verdad. Todo lo contrario, para el ego, la verdad se convierte en su enemigo, por la razón que ya hemos expuesto más arriba. Ese reconocimiento significaría su inexistencia. Por lo tanto, su deseo de ser especial, al cual debe su identidad, le inspirará que el pecado es necesario para justificar su existencia. Con lo cual, al elegir el pecado, está apostando por la impotencia, por el ataque, por el odio y por la sinrazón.

7. No olvides que la elección entre el pecado y la verdad, o la impotencia y el poder, es la elección entre atacar y curar. 2Pues la curación emana del poder, y el ataque, de la impotencia. 3Es imposible que quieras curar a quien atacas. 4Y el que deseas que sane tiene que ser aquel que decidiste que estuviese a salvo del ataque. 5¿Y qué otra cosa podría ser esta decisión, sino la elección entre verle a través de los ojos del cuerpo, o bien permitir que te sea revelado a través de la visión? 6La manera en que esta deci­sión da lugar a sus efectos no es tu problema. 7Pero tú decides lo que quieres ver. 8Éste es un curso acerca de causas, no de efectos.

En este punto, Jesús nos comparte uno de los pilares centrales de la enseñanza del Curso, que todos los estudiantes debemos tener muy presente a la hora de entender sus mensajes. Nos dice que este Curso es acerca de causas, no de efectos.

Desde el sistema de pensamiento del ego, es lógico que le demos más importancia al hacer que al ser, o lo que es lo mismo, al cuerpo que a la mente. Tanto es así que le otorga al cuerpo la autoría de todas nuestras acciones, las correctas y las incorrectas, lo que lo convierte en el único regente de nuestro reino.

Sin embargo, pensar de esta manera es la diferencia entre el pecado y la verdad, o la impotencia y el poder. Como dice Jesús, es la elección entre atacar y curar.

Recupero una cita del Texto del Curso que nos habla del "hacer": 

"Hacer algo siempre involucra al cuerpo. Y si reconoces que no tienes que hacer nada, habrás dejado de otorgarle valor al cuerpo en tu mente. He aquí la puerta abierta que te ahorra siglos de esfuerzos, pues a través de ella puedes escaparte de inmediato, liberándote así del tiempo. Ésta es la forma en que el pecado deja de ser atractivo en este mismo momento. Pues con ello se niega el tiempo, y, así, el pasado y el futuro desaparecen. El que no tiene que hacer nada no tiene necesidad de tiempo. No hacer nada es descansar, y crear un lugar dentro de ti donde la actividad del cuerpo cesa de exigir tu atención. A ese lugar llega el Espíritu Santo, y ahí mora. Él permanecerá ahí cuando tú te olvides y las actividades del cuerpo vuelvan a abarrotar tu mente consciente" (T.17.VII.7:1-9).