2. Esta es la segunda vez que usamos este tipo de idea. 2Sólo la forma es ligeramente distinta. 3Esta vez la idea se introduce con "Mis pensamientos" en lugar de "Estos pensamientos", y no se establece expresamente ningún vínculo con las cosas que se encuentran a tu alrededor. 4Lo que enfatizamos ahora es la falta de realidad de lo que piensas que piensas.Cuando leí esta lección por primera vez, no me di cuenta de la valiosa enseñanza que nos transmite.
Hoy, al recordarla, la veo como una lección fundamental para aprender a entrenar nuestra mente y enfrentar las experiencias que convertimos en “reales” dentro del mundo de la percepción.
Desde la perspectiva del Texto de Un Curso de Milagros, el acercamiento al Curso no es simplemente la búsqueda de un cambio externo en nuestras vidas, sino el reconocimiento de que la verdadera transformación ocurre en la mente. El Curso nos enseña que el mundo que percibimos es el resultado de nuestras creencias y pensamientos, y que todo cambio real debe comenzar con la corrección de nuestra percepción. Por ello, el Curso no nos pide aprender más conceptos del mundo, sino desaprender las creencias erróneas que hemos aceptado sobre nosotros mismos y sobre la realidad. Este proceso de desaprendizaje nos lleva a soltar el juicio, la culpabilidad y el miedo, permitiendo así que la visión del Espíritu Santo reemplace a la percepción del ego.
La enseñanza central del Curso es que la mente es la causa de toda experiencia, y que sólo cambiando nuestra manera de pensar podemos experimentar paz y plenitud. El dominio de la mente, según el Curso, no es un control forzado, sino la disposición a entregar nuestros pensamientos al Espíritu Santo para que sean reinterpretados a la luz de la verdad. Así, el Curso nos invita a asumir la responsabilidad de nuestra mente, reconociendo que no somos víctimas del mundo que vemos, sino los soñadores del sueño, y que en nuestra decisión de elegir de nuevo reside la posibilidad de despertar a la paz y al amor que son nuestra herencia natural.
Cerremos los ojos y permitamos que las imágenes que surgen de nuestra mente fluyan libremente. Observemos cómo todas ellas tienen su origen en recuerdos teñidos de emociones y sentimientos, ya sean recientes o antiguos. Dejémoslas pasar sin juzgarlas ni aferrarnos a ellas. Si intentamos reprimirlas, sólo conseguiremos mantenerlas vivas en nuestra conciencia. Si, por el contrario, las dejamos fluir, se desvanecerán, pues no son reales. Quizá ahora, en este instante, podamos vislumbrar el inmenso poder de nuestra mente y reconocer que tenemos la capacidad de elegir, una potestad que emana de nuestra verdadera voluntad.
Estamos habituados a otorgar un significado profundo a nuestros pensamientos y, en defensa de ellos, solemos atacar a quienes los cuestionan o desafían. Sin embargo, cuando estos pensamientos nacen de la creencia en la dualidad y la separación, cuando carecen de la certeza de la Unidad y del Amor, sólo alimentan el error y la ilusión, pues la separación no es real y sólo el Amor es verdad.
Nuestra capacidad de proyectar pensamientos debe ser liberada para que la mente pueda expresar una percepción verdadera, aquella que nos conduce al conocimiento real a través del Espíritu Santo. El pensamiento, para ser portador de verdad, debe estar libre del filtro emocional que distorsiona la visión auténtica del Ser.
El pensamiento no sublimado, aquel que permanece al servicio del ego, se fundamenta en la creencia en la escasez. El ego busca obtener y poseer, y para ello mantiene la mente ocupada en la consecución de sus objetivos. Así, la necesidad se convierte en su lema y el sufrimiento en su vía de aprendizaje. Pero el Curso nos recuerda que sólo el Amor es real y que la paz se alcanza cuando elegimos dejar de lado los pensamientos del ego y permitimos que la mente se abra a la guía del Espíritu Santo.
Propósito y sentido de la lección:
El objetivo de esta lección es que reconozcas que los pensamientos que crees tener no son tus pensamientos reales y, por tanto, no tienen significado. El Curso te invita a observar tu mente y a darte cuenta de que la mayoría de tus pensamientos son irrelevantes, repetitivos y carecen de valor real. Este reconocimiento es el primer paso para abrirte a una mente más clara y receptiva a la verdad.
Instrucciones prácticas:
- Realiza el ejercicio cinco veces al día, con los ojos cerrados.
- Dedica un minuto (o menos si te resulta incómodo) a observar los pensamientos que surgen en tu mente.
- No selecciones ni juzgues los pensamientos; simplemente obsérvalos pasar.
- Aplica la frase:
- “Mi pensamiento acerca de ______ no significa nada.”
- Antes de comenzar, repite para ti:
- “Mis pensamientos no significan nada. Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo.”
- Si algún pensamiento te perturba durante el día, puedes aplicar la idea en ese momento.
Aspectos psicológicos y espirituales:
Esta lección puede generar cierta sorpresa o resistencia, ya que desafía la creencia de que tus pensamientos son importantes o verdaderos. Psicológicamente, te ayuda a soltar la identificación con la mente automática y a abrirte a la posibilidad de una percepción más profunda. Espiritualmente, es un paso hacia la humildad y la receptividad, condiciones necesarias para la visión verdadera.
Relación con el resto del Curso:
La Lección 10 profundiza en el entrenamiento mental para soltar el apego a los pensamientos y prepararte para recibir la visión que el Curso promete. Reconocer que tus pensamientos no significan nada es esencial para poder experimentar la paz y el perdón.
Consejos para la práctica:
- No te preocupes si al principio te cuesta aceptar la idea; la práctica constante irá suavizando la resistencia.
- Haz el ejercicio con curiosidad y desapego, sin buscar resultados inmediatos.
- Si te distraes o te enganchas con algún pensamiento, simplemente vuelve a la observación y aplica la frase.
- Recuerda que el objetivo no es dejar la mente en blanco, sino reconocer la falta de significado de los pensamientos habituales.
Conclusión final:
La Lección 10 te invita a mirar con honestidad tu mente y a reconocer que la mayoría de tus pensamientos no tienen significado real. Este reconocimiento es liberador y te acerca a la paz interior. Confía en el proceso y permite que la práctica te lleve, paso a paso, hacia una nueva manera de ver y de vivir.
Apliquemos la lección de hoy al ejemplo guía.
No es la primera vez que acudimos al “gimnasio” mental donde estamos entrenando nuestra mente. Todavía sentimos las “agujetas” de los primeros ejercicios, pero poco a poco nos vamos adaptando al nuevo ritmo. Sabemos que aún nos esperan muchas horas de práctica antes de que nuestros “músculos” mentales adquieran fortaleza y estabilidad, pero si mantenemos la confianza y la constancia, iremos comprobando, paso a paso, los frutos de nuestro esfuerzo.
Cuando nos encontramos ante una situación de conflicto con nuestro hijo, es evidente que nuestros pensamientos están siendo guiados por nuestras emociones. Estas emociones nos ofrecen motivos para juzgar desde el pasado, intentando “sanar” viejas heridas que ahora se reactivan y duelen. Esta dinámica, por lo general, nos lleva a actuar de manera impulsiva y nos dificulta aplicar con serenidad lo que nos proponen las lecciones del Curso. Nos falta el dominio interior necesario para recordar que, en realidad, lo que percibimos es una proyección de nuestra mente, y que la verdadera sanación comienza cuando elegimos ver la situación desde la paz y la comprensión, en lugar de desde el juicio y la reacción.
Todo esto lo comparto desde la experiencia personal. Recordemos que, al igual que los músculos físicos, nuestra mente está en pleno proceso de entrenamiento y aún no tenemos un dominio total sobre ella. Saber que esto puede ocurrir nos ayuda a reconocerlo cuando nos suceda: en medio de un conflicto, es fundamental recordar que los pensamientos que surgen en ese instante no significan nada. Ese es el momento propicio para cerrar los ojos y permitir que los pensamientos fluyan sin añadirles nuestra carga emocional. Busquemos aquietar la mente, evitando alimentar nuevas cadenas de pensamiento. No sigas el eco de sus voces; simplemente obsérvalos pasar. Lleva tu atención, de forma consciente, a tu mente, sabiendo que en cada momento tienes la capacidad de elegir, pues cuentas con el inmenso poder de tu voluntad.
No le des importancia a lo que la otra persona pueda pensar al observar tu actitud. Puede que te sorprenda comprobar que su agitación disminuye. Esto ocurre porque has dejado de proyectar sobre ella tu propio ataque. No interpretes tu actitud como un acto de debilidad; el desenfreno y la reacción impulsiva son, en realidad, manifestaciones del miedo. No temas. Cuando aquietas tu mente, estás buscando la Voz de tu verdadero Ser. Y cuando la escuches, su mensaje será siempre de amor.
Reflexión: ¿Cuál crees que es la clave para saber que lo que estamos pensando es real?


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