miércoles, 5 de junio de 2024

Capítulo 11. V. La dinámica del ego (2ª parte)

V. La dinámica del ego (2ª parte)  


7 . El ego siempre ataca en defensa de la separación. 2Al creer que tiene el poder de hacer eso no hace otra cosa, ya que su objetivo de autonomía no es otra cosa. 3El ego está totalmente confundido con respecto a la realidad, pero no pierde de vista su objetivo. 4Está mucho más alerta que tú porque está completamente seguro de su propósito. 5Tú estás confundido porque no reconoces el tuyo.

La autonomía del ego es la idea central de su sistema de pensamiento, el cual le lleva a creer que su identidad, se fortalece con la idea de tener, de poseer, pues así satisface sus necesidades y carencias. En un mundo donde imperan las leyes de lo temporal, de lo irreal, las tenencias y las posesiones, generan miedo a perderlas, lo que origina un círculo vicioso donde el sufrimiento y dolor se alternan.


8. Debes reconocer que lo que menos quiere el ego es que te des cuenta de que le tienes miedo. 2Pues si el ego pudiese producir miedo, menoscabaría tu independencia y debilitaría tu poder. 3Sin embargo, su único argumento para que le seas leal es que él puede darte poder. 4Si no fuera por esta creencia no le escucharías en absoluto. 5¿Cómo iba a poder, entonces, seguir existiendo si te die­ses cuenta de que al aceptarlo te estás empequeñeciendo y priván­dote a ti mismo de poder? 

El ego necesita el poder para afianzar su credibilidad. Es por ello, que su alimento más codiciado es ese poder. Desdotar al ego de poder es reconocer su inexistencia y eso no lo permitirá el ego, pues su único propósito es plantar batalla a la verdadera autonomía, de la que se siente dueño y señor: su propia autoría.


9. El ego puede permitirte, y de hecho lo hace, que te consideres altanero, incrédulo, frívolo, distante, superficial, insensible, des­pegado e incluso desesperado, pero no permite que te des cuenta de que realmente tienes miedo. 2Minimizar el miedo, pero no deshacerlo, es el empeño constante del ego, y es una capacidad para la cual demuestra ciertamente gran ingenio. 3¿Cómo iba a poder predicar separación a menos que la reforzase con miedo?, y, ¿seguirías escuchándole si reconocieses que eso es lo que está haciendo? 

La creencia en la separación favorece y justifica el sentir miedo. El otro es una permanente amenaza para nuestra autonomía y, por lo tanto, debo permanecer alerta para esquivar sus ataques y vencerla en justa batalla por salvaguardar nuestro poder, aquello que poseemos y creemos tener en propiedad.


10. La más seria amenaza para el ego es, pues, que te des cuenta de que cualquier cosa que parezca separarte de Dios es única­mente miedo, sea cual sea la forma en que se manifieste e inde­pendientemente de cómo el ego desee que lo experimentes: 2Su sueño de autonomía se estremece hasta su raíz cuando cobras conciencia de esto. 3Pues si bien puedes tolerar una falsa idea de independencia, no aceptarías el costo en miedo que ello supone una vez que lo reconocieses. 4Pero ése es su costo, y el ego no puede reducirlo. 5Si pasas por alto el amor estás pasándote por alto a ti mismo, y no podrás sino tener miedo de la irrealidad porque te habrás negado ti mismo. 6Al creer que tu ataque contra la verdad ha tenido éxito, creerás que el ataque tiene poder. 7Dicho llanamente, pues, te has vuelto temeroso de ti mismo. 8Y nadie quiere encontrar lo que cree que le destruiría. 

El ego es fruto de la creencia en la separación y dicha creencia da lugar al miedo. Todo el sistema de pensamiento del ego se basa en esas creencias y sus esfuerzos van encaminado en evitar que tomemos consciencia de que nuestras elecciones están condicionadas, precisamente, por ese miedo. Busca protegerse del miedo, fabricando un sistema basado en el miedo. Para protegerme del ataque del otro, me anticipo con mi propio ataque. La negación de estar unido a Dios, proclamando su propia independencia, le aporta identidad, pero también lo hace hijo del miedo: miedo a perder; miedo a la enfermedad; miedo a la muerte; miedo al sufrimiento, etc.

 

11. Si se pudiese lograr el objetivo de autonomía del ego, el propó­sito de Dios podría ser truncado, y eso es imposible. 2Solamente aprendiendo lo que es el miedo puedes por fin aprender a distin­guir lo posible de lo imposible y lo falso de lo verdadero. 3De acuerdo con las enseñanzas del ego, su objetivo se puede lograr, pero el propósito de Dios no. 4De acuerdo con las enseñanzas del Espíritu Santo, únicamente el propósito de Dios se puede lograr, y ya se ha logrado. 

Cuando se despierta de una pesadilla, estamos en condiciones de aprender a distinguir entre lo ilusorio y lo real. Nos diremos, cuan equivocados habíamos estado al percibir como real las escenas vividas en sueño.

 

12. Dios depende de ti tanto como tú de Él porque Su Autonomía incluye la tuya, y, por lo tanto, está incompleta sin ella. 2Sólo puedes establecer tu autonomía identificándote con Él y llevando a cabo tu función tal como es en verdad. 3El ego cree que alcanzar su objetivo es la felicidad. 4Pero te ha sido dado conocer que la función de Dios es la tuya y que la felicidad no se puede encon­trar aparte de vuestra Voluntad conjunta. 5Reconoce únicamente que el objetivo del ego, que tan diligentemente has perseguido, no te ha aportado más que miedo, y se hará muy difícil mantener que el miedo es felicidad. 6Respaldado por el miedo, esto es lo que el ego quiere que creas. 7Pero el Hijo de Dios no está loco y no lo puede creer. 8De reconocer esto, no lo aceptaría, 9pues sólo un loco elegiría el miedo en lugar del amor, y sólo un loco podría creer que atacando es cómo se alcanza el amor. 10Pero el que ha sanado se da cuenta de que sólo el ataque, del que el Amor de Dios le protege completamente, puede producir miedo.

El ego cree que alcanzar su objetivo es la felicidad. Sin embargo, el costo de ese logro es el miedo. Aquello que no goce de la seguridad que aporta el Amor, será mantenido por el uso demente del miedo. Todo el sistema de creencias del ego se fundamenta en el miedo. Buscamos el amor en el otro, cuando en verdad lo que buscamos es poseerlo para de este modo no sentirnos solos. Nuestro miedo a perder al ser que creemos amar, nos impide gozar de la felicidad que aporta el verdadero Amor. 

martes, 4 de junio de 2024

Capítulo 11. V. La dinámica del ego (1ª parte)

V. La dinámica del ego (1ª parte)

1. Nadie puede escapar de las ilusiones a menos que las examine, pues no examinarlas es la manera de protegerlas. 2No hay necesi­dad de sentirse amedrentado por ellas, pues no son peligrosas. 3Estamos listos para examinar más detenidamente el sistema de pensamiento del ego porque juntos disponemos de la lámpara que lo desvanecerá, y, puesto que te has dado cuenta de que no lo deseas, debes estar listo para ello. 4Mantengámonos muy calma­dos al hacer esto, pues lo único que estamos haciendo es bus­cando honestamente la verdad. 5La "dinámica" del ego será nuestra lección por algún tiempo, pues debemos primero exami­narla para poder así ver más allá de ella, ya que le has otorgado realidad. 6Juntos desvaneceremos calmadamente este error, y después miraremos más allá de él hacia la verdad. 

Desde el estado ego, es imposible negar las ilusiones, pues su identidad depende de ellas y negarlas supondría el reconocimiento de su inexistencia.

¿Pero cómo vamos a poder negar esa ilusión si nos encontramos en ella?

La analogía que se emplea para definir el estado de conciencia del ego es el sueño. Analizar la ficticia realidad que experimentamos durante el sueño, nos ayudará a encontrar la percepción correcta con la que debemos tratar la ilusión del ego.

Cuando tenemos una pesadilla durante el sueño, el reconocer que lo experimentado es irreal y que somos el soñador de ese sueño, nos ayuda a calmar la ansiedad de lo vivido en ese estado ilusorio.

Por lo tanto, el primer paso hacia el despertar nos lleva a realizar ese reconocimiento, es decir, a reconocernos como los soñadores de nuestros sueños. Esta nueva consciencia nos abre una nueva puerta, la que nos llevará a elegir tener sueños felices, esto es, sueños en el que sabemos que estamos soñando y de que todo forma parte de la ilusión propia del estado de soñar. 

2. ¿Qué es la curación sino el acto de despejar todo lo que obstacu­liza el conocimiento? 2¿Y de qué otra manera puede uno disipar las ilusiones, excepto examinándolas directamente sin proteger­las? 3No tengas miedo, por lo tanto, pues lo que estarás viendo es la fuente del miedo, y estás comenzando a darte cuenta de que el miedo no es real. 4Te das cuenta también de que sus efectos se pueden desvanecer sólo con que niegues su realidad. 5El siguiente paso es, obviamente, reconocer que lo que no tiene efectos no existe. 6Ninguna ley opera en el vacío, y lo que no lleva a ninguna parte no ha ocurrido. 7Si la realidad se reconoce por su extensión, lo que no conduce a ninguna parte no puede ser real. 8No tengas miedo de mirar al miedo, pues no puede ser visto. 9La claridad, por definición, desvanece la confusión, y cuando se mira a la oscuridad a través de la luz, ésta no puede por menos que disiparla. 

En el punto anterior, nos hemos quedado en la fase del proceso del despertar en el que hemos elegido soñar sueños felices, teniendo plena consciencia de que estamos soñando. Para llegar a este punto del camino, hemos tenido que decidir mirar y examinar el mundo ilusorio que se nos muestra. Reconoceremos que nada es real y aquello que nos producía miedo, ahora, al mirarlo, se ha desvanecido. 

3. Comencemos esta lección acerca de la "dinámica del ego" dán­donos cuenta de que la expresión en sí no significa nada. 2Dicha expresión encierra una contradicción intrínseca que la priva de todo sentido. 3"Dinámica" implica el poder para hacer algo, y toda la falacia de la separación radica en la creencia de que el ego tiene el poder de hacer algo. 4Tienes miedo del ego porque crees eso. 5No obstante, la verdad es muy simple:

6Todo poder es de Dios.

7Lo que no procede de Él no tiene el poder de

 hacer nada. 

Al despertar de una pesadilla, cuando aún nos encontramos bajo los efectos del terror experimentado, permanecemos inmovilizados, sin poder recordar que lo vivido no es nada. Es una prolongación del sueño, aun estando despierto.

Esto mismo nos puede ocurrir, cuando afrontamos los primeros pasos del despertar. El miedo paraliza nuestra consciencia y nos impide recordar que ya no estamos soñando, que ya estamos despiertos y es el momento de reconocerlo, de conocer que lo que percibimos no es real, no es nada, no tiene efectos, no tiene poder alguno sobre nosotros. Es el momento de conocer que somos el Ser, el Hijo de Dios, que durante un tiempo se ha creído lo soñado, pero que ahora conoce la verdad. 

4. Cuando observamos al ego, por lo tanto, no estamos exami­nando ninguna dinámica, sino tan sólo ilusiones. 2Puedes cierta­mente examinar un sistema ilusorio sin miedo, pues si su origen no es real no puede tener efectos. 3El miedo se vuelve claramente más impropio si reconoces el objetivo del ego, el cual está tan obviamente desprovisto de sentido que cualquier esfuerzo en su favor es, por fuerza, inútil. 4El objetivo del ego es claramente alcanzar su propia autonomía. 5Desde un principio, pues, su pro­pósito es estar separado, ser auto-suficiente e independiente de cualquier poder que no sea el suyo propio. 6Por eso es por lo que es el símbolo de la separación. 

Es importante, conocer que el objetivo del ego es claramente alcanzar su propia autonomía. Todo aquello que pretendamos realizar bajo ese propósito, llevará su sello y nos alejará de la verdad. 

5. Toda idea tiene un propósito, y su propósito es siempre el resultado natural de lo que es. 2Todo lo que procede del ego es lo que resulta naturalmente de su creencia central, y la manera de cancelar sus resultados es reconociendo simplemente que la fuente de éstos no es natural, ya que está en desacuerdo con tu verdadera naturaleza. 3He dicho anteriormente que ejercer la voluntad en oposición a Dios es querer que los deseos ilusorios se hagan realidad, pero eso no es realmente ejercer la voluntad. 4Su Voluntad es una porque la extensión de Su Voluntad no puede ser diferente de sí misma. 5El verdadero conflicto que experimen­tas, por lo tanto, es entre los deseos vanos del ego y la Voluntad de Dios, que tú compartes con Él. 6¿Cómo iba a ser esto un con­flicto real? 

“Toda idea tiene un propósito, y su propósito es siempre el resultado natural de lo que es”. El propósito del ego es la autonomía, la cual ha sido inspirada por el deseo de individualidad, de especialismo y de alejarse de la Leyes de Dios, fabricando un mundo con sus propias leyes basadas en lo efímero y temporal. 

6. Tuya es la independencia de la creación, no la de la autonomía. 2Tu función creativa radica en tu completa dependencia de Dios, Quien comparte Su función contigo. 3Al estar dispuesto a compartirla, Él se volvió tan dependiente de ti como tú lo eres de Él. 4No le adscribas la arrogancia del ego a Aquel cuya Voluntad no es ser independiente de ti. 5Él te ha incluido en Su Autonomía. 6¿Puedes realmente creer que la autonomía significa algo aparte de Él? 7La creencia en la autonomía del ego te está costando el conocimiento de tu dependencia de Dios, en la cual reside tu libertad. 8El ego considera cualquier dependencia como una amenaza, e incluso ha tergiversado tu añoranza de Dios y la ha convertido en un medio para consolidarse a sí mismo. 9Pero no te dejes engañar por la interpretación que hace de tu conflicto. 

La Autonomía de Dios nos hace libres, pues la dependencia del Hijo con Su Padre, al igual que la de Su Padre con Su Hijo, están basadas en la Ley del Amor, la cual no tiene límites y es eterna

La autonomía del ego, nos hace esclavos del miedo, de la enfermedad y de la muerte. Nos hace esclavos de todo lo temporal.  

lunes, 3 de junio de 2024

Capítulo 11. IV. La herencia del Hijo de Dios (1ª parte)

 IV. La herencia del Hijo de Dios (1ª parte).

1. Nunca olvides que la Filiación es tu salvación, pues la Filiación es tu Ser. 2Al ser la creación de Dios, es tuya, y al pertenecerte a ti, es Suya. 3Tu Ser no necesita salvación, pero tu mente necesita aprender lo que es la salvación. 4No se te salva de nada, sino que se te salva para la gloria. 5La gloria es tu herencia, que tu Creador te dio para que la extendieras. 6No obstante, si odias cualquier parte de tu Ser pierdes todo tu entendimiento porque estás con­templando lo que Dios creó como lo que eres, sin amor. 7Y puesto que lo que Él creó forma parte de Él, le estás negando el lugar que le corresponde en Su Propio altar.

La afirmación “La Filiación es tu Ser”, no da lugar a dudas en cuanto a la verdadera identidad del Hijo de Dios. Nos aporta la idea de individualidades (pluralidad) unidas en el gozo de la Plenitud (Una). La Filiación es el Ser que somos cada Hijo de Dios, el cual, se expresa en una pluralidad que forman las partes del Todo-Plenitud-Una.

2. ¿Cómo ibas a poder saber que estás en tu hogar si tratas de echar a Dios del Suyo? 2¿Cómo podría el Hijo negar al Padre sin creer que el Padre lo ha negado a él? 3Las leyes de Dios existen para tu protección, y no existen en vano. 4Lo que experimentas cuando niegas a tu Padre sigue siendo para tu protección, pues el poder de tu voluntad no puede ser reducido a menos que Dios intervenga contra él, y cualquier limitación de tu poder no es la Voluntad de Dios. 5Recurre, por lo tanto, únicamente al poder que Dios te dio para salvarte, recordando que es tuyo porque es Suyo, y únete a tus hermanos en Su paz.

Mientras que nuestras creencias nos lleven a negar la Voluntad de nuestro Padre, estaremos bajo el gobierno de las leyes del ego, donde el proceso de aprendizaje se resume tal y como se recoge en la Sagrada Biblia: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

Aquello que experimentamos, como consecuencia de ese estado de negación de la realidad, sigue siendo para nuestra protección, pues nos conducirá a abrir nuestros ojos a la verdad, nos conducirá al despertar del sueño en el que nos encontramos sumidos.

Si te encuentras entres los que se cuestionan por qué Dios no interviene para evitarnos experiencias de sufrimiento, la respuesta se encuentra recogida en este punto: “cualquier limitación de tu poder no es la voluntad de Dios”.

3. Tu paz reside en el hecho de que Su paz es ilimitada. 2Limita la paz que compartes con Él, y tu Ser se vuelve necesariamente un extraño para ti. 3Todo altar a Dios forma parte de ti porque la luz que Él creó es una con Él. 4¿Le negarías a un hermano la luz que posees? 5No lo harías si te dieses cuenta de que con ello sólo podrías nublar tu propia mente. 6En la medida en que lo traes de regreso, regresas también tú. 7Ésa es la ley de Dios para la protec­ción de la plenitud de Su Hijo.

Si crees ser un ego cuyo sistema de pensamiento te lleva a ver a tus hermanos separados de ti y del resto de la creación, entonces, estarás compartiendo tu miedo, tu ataque, tu oscuridad, tu infelicidad y tu propio rechazo.

Si crees ser el Hijo de Dios, el Ser, entonces verás la unidad que te mantiene unido a tus hermanos y gozarás de la paz y la plenitud de la Filiación.

4. Sólo tú puedes privarte a ti mismo de algo. 2No resistas este hecho, pues es en verdad el comienzo de la iluminación. 3Recuerda tam­bién que la negación de este simple hecho adopta muchas formas, y que debes aprender a reconocerlas y a oponerte a ellas sin excepción y con firmeza. 4Éste es un paso crucial en el proceso de re-despertar. 5Las fases iniciales de esta inversión son con fre­cuencia bastante dolorosas, pues al dejar de echarle la culpa a lo que se encuentra afuera, existe una marcada tendencia a alber­garla adentro. 6Al principio es difícil darse cuenta de que esto es exactamente lo mismo, pues no hay diferencia entre lo que se encuentra adentro y lo que se encuentra afuera. 

La luz, el entendimiento, se evidencia cuando nos hacemos conscientes de la chispa que somos, como parte del Todo. Al igual, como el sueño es una consecuencia de haber elegido el camino de la percepción, de la separación, llevándonos a privarnos de estado pleno de la Unidad, nuestra pequeña dosis de voluntad, cuando se pone al servicio del Espíritu Santo, nos privará de la creencia en el ego y de su sistema de pensamiento.

Negar la separación ha de llevarnos a la aceptación de la Unidad y esta transformación de nuestras creencias, propiciará que veamos a nuestros hermanos, tal y como son, tal y como los ha creado Dios, a Su Imagen y Semejanza.

viernes, 31 de mayo de 2024

Capítulo 11. IV. La herencia del Hijo de Dios (2ª parte).

 IV. La herencia del Hijo de Dios (2ª parte). 

5. Si tus hermanos forman parte de ti y los culpas por tu privación, te estás culpando a ti mismo. 2no puedes culparte a ti mismo sin culparlos a ellos. 3Por eso es por lo que la culpa tiene que ser des-hecha, no verse en otra parte. 4Échate a ti mismo la culpa y no te podrás conocer, pues sólo el ego culpa. 5Culparse uno a sí mismo es, por lo tanto, identificarse con el ego, y es una de sus defensas tal como culpar a los demás lo es. 6No puedes llegar a estar en Presencia de Dios si atacas a Su Hijo. 7Cuando Su Hijo alce su voz en alabanza de su Creador, oirá la Voz que habla por su Padre. 8Mas el Creador no puede ser alabado sin Su Hijo, pues Ambos comparten la gloria y a Ambos se les glorifica juntos. 

La creencia en la culpa procede de un pensamiento erróneo. Dicho pensamiento no es otro que el haber utilizado nuestra voluntad en una dirección diferente a la de nuestro Creador.

Si la Voluntad del Padre es el Ser que somos, la voluntad del Hijo de Dios, es ser su propio creador, dando lugar al estado de separación con Su Fuente: el ego.

Des-hechar la culpa es recuperar el recuerdo de nuestra inocencia, de nuestra impecabilidad.

Culparnos y culpar a los demás forma parte del mismo proceso y, ambos, pertenecen al ego. 

6. Cristo está en el altar de Dios, esperando para darle la bienve­nida al Hijo de Dios. 2Pero ven sin ninguna condenación, pues, de lo contrario, creerás que la puerta está atrancada y que no puedes entrar. 3La puerta no está atrancada, y es imposible que no puedas entrar allí donde Dios quiere que estés. 4Pero ámate a ti mismo con el Amor de Cristo, pues así es como te ama tu Padre. 5Puedes negarte a entrar, pero no pueden atrancar la puerta que Cristo mantiene abierta. 6Ven a mí que la mantengo abierta para ti, pues mientras yo viva no podrá cerrarse, y yo viviré eternamente. 7Dios es mi vida y la tuya, y Él no le niega nada a Su Hijo. 

La voluntad-deseo del Hijo de Dios le llevó a abandonar el altar de Su Padre, separándose de Su Mente Una, para dar lugar a pensamientos duales y al aprendizaje a través de la percepción.

A partir de ese instante, la confusión, el conflicto, la demencia, sustituyeron su estado mental, ocasionando que el miedo ocupase el lugar donde debía existir amor. Sus ojos se cerraron a la realidad y su consciencia cayo en un profundo sueño, del cual aún no ha despertado.

El altar de Dios siempre ha estado en Su Fuente, pues de Él emana lo que somos, el Amor. Es por ello, que este punto nos hace la siguiente recomendación: “Pero ámate a ti mismo con el Amor de Cristo, pues así es como te ama tu Padre”. 

7. En el altar de Dios Cristo espera Su propia reinstauración en ti. 2Dios sabe que Su Hijo es tan irreprochable como Él Mismo, y la forma de llegar a Él es apreciando a Su Hijo. 3Cristo espera a que lo aceptes como lo que tú eres, y a que aceptes Su Plenitud como la tuya propia. 4Pues Cristo es el Hijo de Dios, que vive en Su Creador y refulge con Su gloria. 5Cristo es la extensión del Amor y de la belleza de Dios, tan perfecto como Su Creador y en paz con Él. 

Al igual como el Espíritu Santo se encuentra en nuestra Mente Una, Cristo es la extensión del Amor en el Hijo de Dios. Padre, Hijo y Espíritu Santo, representando la Santísima Trinidad, la expresión Plena de la Gloria de Dios. 

8. Bendito es el Hijo de Dios cuyo resplandor es el de su Padre, y cuya gloria él quiere compartir tal como su Padre la comparte con él. 2No hay condenación en el Hijo, puesto que no hay conde­nación en el Padre. 3Dado que el Hijo comparte el perfecto Amor del Padre, no puede sino compartir todo lo que le pertenece a Él, pues de otra manera, no podría conocer ni al Padre ni al Hijo. 4¡Que la paz sea contigo que descansas en Dios, y en quien toda la Filiación descansa! 

¡Qué así sea! 

miércoles, 29 de mayo de 2024

Capítulo 11. III. De las tinieblas a la luz.

 III. De las tinieblas a la luz. 

1. Cuando te sientas abrumado, recuerda que te has hecho daño a ti mismo. 2Tu Consolador te proveerá descanso, pues tú no pue­des proveértelo a ti mismo. 3No sabes cómo hacerlo porque si supieras nunca habrías podido sentirte abrumado. 4Si no te hicie­ras daño a ti mismo no podrías sufrir en absoluto, pues ésa no es la Voluntad de Dios para Su Hijo. 5El dolor es algo ajeno a Él, ya que Él no sabe de ataques, y Su paz te rodea silenciosamente. 6Dios permanece en perfecta quietud, ya que en Él no hay con­flicto alguno. 7El conflicto es la raíz de todos los males, pues al ser ciego no ve a quien ataca. 8Siempre ataca, no obstante, al Hijo de Dios, y el Hijo de Dios eres tú. 

El ego culpa al azar, a las circunstancias, a los demás, de su desconsuelo, de su percepción de sufrimiento y dolor. Para deshacerse de esta creencia, de estos pensamientos que emanan de su mente, proyecta sobre el mundo que le rodea toda la rabia, toda la ira, todo el miedo que lo consume con una profunda insatisfacción.

El ego no conoce la paz verdadera, pues su sistema de pensamiento está basado en el miedo, en el temor. Piensa, que la paz que añora, se encuentra fuera de él, que deben ser los demás, las circunstancias, el azar, los que le provean de esa falsa paz. El conflicto está servido bajo esa ilusoria visión. Si en su mente no hay paz, jamás la encontrará fuera. 

2. El Hijo de Dios necesita ciertamente consuelo, pues no sabe lo que hace, al creer que su voluntad no es la suya. 2El Reino es suyo, y, sin embargo, vaga sin hogar. 3Aunque su hogar está en Dios se siente solo y, rodeado de hermanos, se siente sin amigos. 4¿Cómo iba a permitir Dios que esto fuese real, cuando Él no dispuso estar solo? 5Y si tu voluntad es la Suya, estar solo no puede ser verdad con respecto a ti porque no lo es con respecto a El. 

En el punto anterior, Jesús nos dice que el conflicto es la raíz de todos los males. Ese conflicto tiene su causa en la profunda y falsa creencia de que la voluntad del Hijo de Dios no es la Voluntad del Padre. Ya hemos visto a lo largo de las enseñanzas de este Curso, como el Hijo de Dios puede dormirse y creer que su sueño es verdad, pero jamás puede morir, pues su esencia es Eterna como la de Su Creador.

El Hijo de Dios necesita ser consolado, necesita ser guiado hacia el retorno a la verdad y, ese despertar, tan sólo se lo puede ofrecer el Espíritu Santo, es decir, cuando la corrección de la percepción falsa ilumine la Mente Una y se reconozca en la Unidad de la Filiación.

La voluntad del Hijo de Dios es Conocerse como heredero de los Atributos dispuestos por Su Creador, conocerse como un Dios Creador. 

3. ¡Ay, criatura de Dios, si supieses lo que Dios dispone para ti, tu gozo sería absoluto! 2Y lo que ÉI dispone ha ocurrido, pues siem­pre fue verdad. 3Cuando venga la luz y hayas dicho: "La Volun­tad de Dios es, la mía", verás una belleza tal que sabrás que no procede de ti. 4Como resultado de tu gozo crearás belleza en Su Nombre, pues tu gozo es tan incontenible como el Suyo. 5El mundo desolado e insignificante se desvanecerá en la nada, y tu corazón estará tan rebosante de alegría que de un salto se elevará hasta el Cielo, ante la Presencia de Dios. 6No puedo, describirte cómo será esto, pues tu corazón no está todavía listo. 7Puedo decirte, no obstante, y recordártelo a menudo, que lo que Dios dispone para Sí Mismo lo dispone para ti y lo que Él dispone para ti es tuyo. 

La efímera voluntad del ego no podrá evitar que la Mente Verdadera abra nuestros ojos a la luz, al entendimiento, permitiéndonos fundir nuestra olvidada voluntad a la Voluntad del Padre.

La ilusión del sueño en el que se ha sumido la consciencia del Hijo de Dios, es como una densa niebla que dificulta la Visión Verdadera. Pero cuando venga la luz y hayas dicho: “La Voluntad de Dios es, la mía”, será el instante santo en el que esa niebla se difuminará y percibiremos la grandeza de la Mente Una. 

4. El camino no es arduo, pero es muy diferente. 2El tuyo es el camino del dolor, de lo cual Dios no sabe nada. 3Ése es el camino que en verdad es arduo y muy solitario. 4El miedo y la aflicción son tus invitados y moran en ti, acompañándote dondequiera que vas. 5Pero la jornada tenebrosa no es el camino que el Hijo de Dios desea recorrer. 6Camina en la luz y no veas a los siniestros compañeros, pues no son compañeros dignos del Hijo de Dios, que fue creado de la luz y en la luz. 7La Gran Luz siempre te rodea e irradia desde ti. 8¿Cómo podrías ver a los compañeros siniestros en una luz como ésa? 9Si los ves es únicamente porque estás negando la luz. 10Niégalos a ellos en vez de a la luz, pues la luz está aquí y el camino ha sido despejado. 

La luz y el amor, proceden de Dios y Su Hijo es portador de ambos atributos.

La oscuridad y el miedo, proceden del ego y sus “creaciones” son portadores de dolor y sufrimiento.

El camino que andemos dependerá del invitado que ocupe nuestra mente. Si elegimos al Espíritu Santo, el camino nos conducirá a la paz y a la felicidad. Si elegimos al miedo, el camino nos conducirá a la tribulación y a la aflicción. 

5. Dios no le oculta nada a Su Hijo, aun cuando Su Hijo quiere ocultarse a sí mismo. 2El Hijo de Dios, no obstante, no puede ocultar su gloria, pues Dios dispuso que fuese glorioso y le dio la luz que refulge en él. 3Nunca perderás el rumbo, pues Dios te guía. 4Cuando vagas sin rumbo no haces sino emprender una jornada que no es real. 5Los compañeros siniestros y el camino tenebroso, no son más que ilusiones. 6Vuélvete hacia la luz, pues la pequeña chispa que se encuentra en ti es parte de una Luz tan espléndida que te puede liberar para siempre de las tinieblas. 7Pues tu Padre es tu Creador y tú eres como Él. 

Caminar en la luz, es caminar de la mano de nuestro Padre, la plena garantía de que nunca perderemos el rumbo que ha de conducirnos a nuestro verdadero Hogar. 

6. Las criaturas de la luz no pueden morar en la oscuridad, pues no hay oscuridad en ellas. 2No te dejes engañar por los consoladores siniestros, ni permitas que entren en la mente del Hijo de Dios, pues no tienen cabida en Su templo. 3Cuando te sientas tentado de negar a Dios recuerda que no hay otros dioses que puedas anteponer a Él, y acepta lo que Su Voluntad dispone para ti en paz, 4pues no la puedes aceptar de ninguna otra manera. 

El Hijo de Dios es una criatura de la luz. Elegir la oscuridad a la luz, es elegir una voluntad diferente a la de Su Creador. La luz y las tinieblas no pueden coexistir. Donde hay luz no hay oscuridad y donde hay oscuridad, hay ausencia de luz. Hacer la Voluntad del Padre es vivir en la luz, la única realidad verdadera. 

7. Sólo el Consolador de Dios puede darte consuelo. 2En la quietud de Su templo, Él espera para darte la paz que es tuya. 3Da de Su paz, para que puedas entrar en el templo y encontrarla allí esperándote. 4Mas sé santo en Presencia de Dios, o, de lo contra­rio, no sabrás que estás allí, 5pues lo que no es como Dios no puede entrar en Su Mente porque no fue Su Pensamiento y, por lo tanto, no es de Él. 6Y si quieres saber lo que es tuyo, tu mente tiene que ser tan pura como la Suya. 7Protege cuidadosamente Su tem­plo, pues Él Mismo mora allí en paz. 8No puedes entrar en la Presencia de Dios con los compañeros siniestros a tu lado, pero tampoco puedes entrar solo. 9Todos tus hermanos tienen que entrar contigo, ya que hasta que no los hayas aceptado, tú no podrás entrar. 10Pues no podrás entender lo que es la Plenitud a menos que tú mismo seas pleno, y ninguna parte del Hijo puede ser excluida si su deseo es conocer la Plenitud de su Padre. 

El camino que nos conduce al Padre, es el camino del amor, el único y verdadero. Ese camino no lo andamos solos. Nuestros hermanos en la Filiación son nuestros acompañantes. Tenemos un pacto de amor para garantizar que, juntos, alcanzaremos la meta de la salvación. 

8. Puedes aceptar en tu mente a la Filiación en su totalidad y ben­decirla con la luz que tu Padre le dio. 2Serás entonces digno de morar en el templo con Él, puesto que tu voluntad no es estar solo. 3Dios bendijo a Su Hijo para siempre. 4Si tú le bendices mientras estás en el tiempo, morarás en la eternidad. 5El tiempo no puede separarte de Dios si lo usas en favor de lo eterno. 

Te bendigo, hermano, y, bendigo a Dios, nuestro Padre.

Así sea.

martes, 28 de mayo de 2024

Capítulo 11. II. La invitación a curar.

 II. La invitación a curar. 

1. Si la enfermedad es separación, la decisión de curar y de ser curadores, por lo tanto, es el primer paso en el proceso de reconocer lo que verdaderamente quieres. 2Todo ataque te aleja de esto, y todo pensamiento curativo te lo acerca. 3El Hijo de Dios incluye tanto al Padre como al Hijo porque es a la vez Padre e Hijo. 4Unir tener y ser es unir, tu voluntad a la Suya, pues lo que Su Voluntad ha dispuesto para ti es Él Mismo. 5Y tu voluntad es entregarte a Él porque, en tu perfecto entendimiento de Él, sabes que no hay sino una sola Voluntad. 6Mas cuando atacas a cualquier parte de Dios o de Su Reino tu entendimiento no es perfecto, y, por consi­guiente, pierdes lo que realmente quieres. 

En estado ego, nuestra mente es fiel a la creencia de que estamos separados de nuestro verdadero Creador y de Su Creación. Este estado de pensamiento da lugar a la enfermedad, pues la enfermedad es la percepción de la separación.

En estado Espíritu, nuestra mente es fiel a la creencia de que somos una Unidad en la Mente de nuestro Creador y de que formamos una Unidad en la Filiación Divina. Este estado de pensamiento da lugar a la curación, pues la curación es la percepción correcta de lo que somos. 

2. Curar, por lo tanto, se convierte en una lección de entendi­miento, y cuanto más la practicas mejor maestro y alumno te vuel­ves. 2Si has negado la verdad, ¿qué mejores testigos de su realidad podrías tener que aquellos que han sido curados por ella? 3Pero asegúrate de contarte a ti mismo entre ellos, pues estando dis­puesto a unirte a ellos es como te curarás. 4Todo milagro que obras te habla de la Paternidad de Dios. 5Todo pensamiento curativo que aceptas, proceda éste de un hermano o de tu propia mente, te enseña que eres el Hijo de Dios. 6En todo pensamiento hiriente que albergues, independientemente de donde lo percibas, yace la negación de la Paternidad de Dios y de tu relación filial con Él.  

Curar, es sanar la percepción errónea de estar separados. El tránsito de la percepción errada a la percepción verdadera, lleva consigo una lección de entendimiento. Dicho proceso forma parte del despertar de la consciencia, esto es, la Expiación que nos concede nuestra Mente Recta, el Espíritu Santo, permitiéndonos la comprensión de que somos los únicos soñadores de nuestros sueños. 

3. Y la negación es tan total como el amor. 2No puedes negar parte de ti mismo porque el resto parecerá estar separado de ti, y, por lo tanto, desprovisto de significado. 3Y al no tener significado para ti, no lo entenderás. 4Negar el significado de algo equivale a no comprenderlo. 5Únicamente puedes curarte a ti mismo porque únicamente el Hijo de Dios tiene necesidad de curación. 6Tienes necesidad de ella porque no te entiendes a ti mismo, y por lo tanto, no sabes lo que haces. 7Puesto que te has olvidado de lo que es tu voluntad, no sabes lo que realmente quieres. 

La visión que nos aporta el ego, es un mundo carente de significado, pues nos muestra un mundo carente de amor. La primera lección del Libro de Ejercicios nos enseña: “Nada de lo que veo, significa nada”. Ya hemos visto, que el objetivo de este Curso es ofrecernos el entrenamiento necesario para que nuestra mente recuerde la verdad de lo que somos.

El punto que estamos analizando, nos dice que “negar el significado de algo equivale a no comprenderlo”. Esta información parece contradecirse con el mensaje que nos ofrece la lección 1 del Libro de Ejercicios. Pero no lo hace, pues el único significado posible es el que nos ofrece lo verdadero, lo real, lo inmutable, lo eterno.

Las “creaciones” del ego, carecen de significado, pues son frutos de la percepción errónea, la que nos lleva a creer en un mundo separado de Su Fuente.

Las creaciones del Hijo de Dios, sí tienen significado. El único posible es que son portadoras de la verdad, la que se comparte con Su Creador. No podemos negar el significado de estas creaciones, pues de hacerlo estaríamos reconociendo que no comprendemos lo que somos y, por lo tanto, no comprendemos la naturaleza de Dios. 

4. La curación es señal de que quieres reinstaurar la plenitud. 2Y el hecho de que estés dispuesto ello elo que te permite oír-la Voz del Espíritu Santo, Cuyo mensaje es la plenitud. 3Él te capacitará para que vayas mucho más allá de la curación que lograrías por tu cuenta, pues a tu pequeña dosis de buena voluntad para reinstaurar la plenitud Él sumará toda Su Voluntad, haciendo así que la tuya sea plena. 4¿Qué podría haber que el Hijo de Dios no pudiese alcanzar cuando la Paternidad de Dios se encuentra en él? 5Mas la invitación tiene que proceder de ti, pues sin duda debes haber aprendido que aquel a quien invites a ser tu hués­ped, será quien morará en ti. 

Invitar al Espíritu Santo, a la Mente Recta, a nuestra morada, significa elegir servir a la Voluntad del Padre, que es nuestra única y verdadera voluntad. Significa que reconocemos a nuestra verdadera Paternidad. 

5. El Espíritu Santo no puede hablarle a un anfitrión que no le dé la bienvenida, puesto que no sería oído. 2El Eterno Invitado jamás se ausenta, pero Su Voz se vuelve cada vez más tenue en compañía de extraños. 3Necesita tu protección, únicamente porque la atención que le prestas es señal de que deseas Su Compañía. 4Piensa como Él aunque sólo sea por un momento y la pequeña chispa se convertirá en una luz tan resplandeciente que inundará tu mente para que Él se convierta en tu único Invitado. 5Siempre que le abres las puertas al ego, menoscabas la bienvenida que le das al Espíritu Santo. 6Él no se ausentará, pero habrás hecho una alianza contra Él. 7Sea cual sea la jornada que decidas emprender, Él irá contigo y esperará. 8Puedes confiar plenamente en Su paciencia, pues Él no puede abandonar a ninguna parte de Dios. 9Mas tú necesitas mucho más que paciencia. 

Este punto nos aproxima a una verdad que es como el verdadero Amor, no se puede explicar, tan solo se puede experimentar, para conocerlo. La presencia del Espíritu Santo en nuestra mente es eterna, pero lo hemos olvidado. El gesto de llamarlo, de invocarlo, es una demostración de que desconocemos su realidad, pues estamos olvidando de que nuestra verdadera esencia es Espiritual, lo que debe llevarnos a comprender, que es imposible que el Espíritu Santo se encuentre fuera de nosotros.

Tal vez, nuestra educación religiosa nos influya para pensar que Dios se encuentra fuera de nosotros. Pero esta interpretación procede de las enseñanzas del ego, que cree en la separación y que se cree su propio creador.

El Hijo de Dios está unido a Su Creador, pues es una extensión de Su Mente. 

6. No podrás descansar hasta que sepas cuál es tu función y la lleves a cabo, pues sólo en esto pueden estar completamente uni­das la Voluntad de tu Padre y la tuya. 2Tener a Dios es ser como Él, y Él se ha dado a Sí Mismo a ti. 3Tú que tienes a Dios debes ser como Dios, pues mediante Su regalo Su función se convirtió en la tuya. 4Invita este conocimiento de nuevo a tu mente y no dejes entrar ninguna otra cosa que lo pueda enturbiar. 5El Invitado que Dios te envió te enseñará cómo hacer esto sólo con que reconozcas la pequeña chispa y estés dispuesto a dejar que se expanda. 6No es necesario que estés enteramente dispuesto a ello porque Él lo está. 7Si simplemente le ofreces un pequeño lugar, Él lo iluminará tanto que gustosamente dejarás que éste se expanda. 8Y mediante esta expansión, comenzarás a recordar la creación. 

Así es. 

7. ¿Qué prefieres ser, del ego o anfitrión de Dios? 2Aceptarás únicamente a aquel que invites. 3Eres libre de determinar quién ha de ser tu invitado y cuánto tiempo ha de permanecer contigo. 4Mas esto no es auténtica libertad, pues depende todavía de cómo la consideres. 5El Espíritu Santo se encuentra ahí, pero no puede ayudarte a menos que tú se lo pidas. 6Y el ego no es nada, tanto si lo invitas a que entre como si no. 7La auténtica libertad radica en darle la bienvenida a la realidad, y de tus invi­tados, sólo él Espíritu Santo es real. 8Date cuenta, pues, de Quién mora en ti, reconociendo simplemente lo que ya se encuentra ahí, y no te conformes con consoladores imaginarios, pues el Conso­lador de Dios se encuentra en ti. 

Una nueva reafirmación en el mensaje que ha de aportarnos la certeza de lo que realmente somos. El Espíritu Santo actúa desde el Amor, es decir, respetando nuestra libertad. Debe ser nuestra voluntad, la que permita oír la Voz del invitado que Dios ha dispuesto para Su Creación. Esa pequeña dosis de voluntad que ha de llevarnos a elegir a quién preferir, al ego o a Dios.

lunes, 27 de mayo de 2024

Capítulo 11. I. Los regalos de la paternidad (2ª parte).

 I. Los regalos de la paternidad (2ª parte). 


7. ¿Cómo iba a ser posible que una parte de Dios estuviese excluida de Su Amor o que una parte de Su Amor pudiese ser restringida? 2Dios es tu patrimonio porque Su único regalo es Él Mismo. 3¿De qué otra manera podrías dar, salvo como Él da, si quieres saber cuál es el regalo que Él te hizo? 4Da, pues, sin límites ni mesura, para que te des cuenta de cuánto te ha dado Él. 5Tu capacidad para aceptar a Dios depende de que estés dispuesto a dar como Él da. 6Tu paternidad y tu Padre son uno. 7La Voluntad de Dios es crear, y tu voluntad es la Suya. 8De ello se deduce, pues, que tu voluntad es crear, toda vez que tu voluntad emana de la Suya. 9Y al ser tu voluntad una extensión de la Suya tiene que ser, por lo tanto, idéntica a la de Él. 

¿Qué mejor manera de conocer la dicha que siente el Padre al crear a Su Hijo, que creando como Él nos ha creado? Amar como Él nos Ama, nos llevará a la certeza de que somos Uno con Su Mente. 

8. No sabes, no obstante, lo que tu voluntad dispone. 2Eso no es extraño si te percatas que negar equivale a "no saber". 3La Volun­tad de Dios es que tú eres Su Hijo. 4Al negar esto, niegas tu propia voluntad, y, por lo tanto, no puedes saber lo que es. 5Debes pre­guntar cuál es la Voluntad de Dios con respecto a todo porque Su Voluntad es también tu voluntad. 6Tú no sabes lo que es, pero el Espíritu Santo lo recuerda por ti. 7Pregúntale, por lo tanto, cuál es la Voluntad de Dios para ti, y Él te dirá cuál es la tuya. 8No se puede hacer demasiado hincapié en el hecho de que tú no lo sabes. 9Siempre que lo que el Espíritu Santo te diga aparente ser una coacción, es únicamente porque no has reconocido tu voluntad. 

El ego ha negado la verdadera Voluntad, pues ha negado la Existencia de Dios, la verdadera Paternidad del Hijo de Dios. Ha sustituido esa Voluntad por el deseo de sentirse su propio creador. Ese deseo le lleva a creerse especial y separado del resto de la humanidad y sus iniciativas, inspiradas en el miedo, tan sólo dan lugar a circunstancias que le llevan a experimentar el sufrimiento y el dolor.

El Espíritu Santo responderá a nuestra pregunta cuando, desde el corazón, busquemos conocer cuál es nuestra voluntad. Esa voluntad no es diferente a la de nuestro Creador. Y dicha Voluntad es que nos conozcamos en la verdad que somos: Su Hijo bien amado. 

9. La proyección del ego hace que la Voluntad de Dios parezca ser algo externo a ti, y, por lo tanto, que no es tu voluntad. 2De acuerdo con esta interpretación parece que fuese posible que la Voluntad de Dios y la tuya estuviesen en conflicto. 3Dios, pues, parece exigirte algo que tú no le quieres dar, privándote así de lo que anhelas. 4¿Cómo iba a ser posible que Dios, que sólo desea lo que es tu voluntad, fuese capaz

de eso? 5Tu voluntad es Su vida, que Él te ha dado. 6Ni siquiera en el tiempo puedes vivir sepa­rado de Él. 7Dormir no es estar muerto. 8Lo que Él creó puede dormir, pero no puede morir. 9La inmortalidad es Su Voluntad para Su Hijo y la voluntad de Su Hijo para sí. 10El Hijo de Dios no puede disponer la muerte para sí mismo porque su Padre es Vida y Su Hijo es como Él. 11La creación es tu voluntad porque es Su Voluntad. 

Este punto, hace referencia a un aspecto importante de la Enseñanza que nos transmite el Curso. El Hijo de Dios es eterno y no puede morir. La muerte es un pensamiento erróneo procedente del sistema de pensamiento del ego. Lo que el ego llama muerte, forma parte del sueño de muerte que se produce mientras que nos encontremos dormidos. “Lo que Él creó puede dormir, pero no puede morir”. 

10. No puedes ser feliz a menos que hagas lo que realmente es tu voluntad, y esto no se puede cambiar porque es inmutable. 2Es inmutable porque es la Voluntad de Dios y la tuya, pues de otro modo Su Voluntad no podría extenderse. 3Tienes miedo de saber cuál es la Voluntad de Dios porque crees que no es la tuya. 4Esta creencia es lo que da lugar a la enfermedad y al miedo. 5Todo síntoma de enfermedad y de miedo emana de ella porque es la creencia que hace que no quieras saber. 6Al creer esto te ocultas en la oscuridad, negando que la luz se encuentre en ti. 

Hacer la Voluntad de Dios es reconocer que somos Su Hijo, que somos inmortales, impecables, inocentes y puros, que formamos una Unidad con Él y Su Filiación. En esta certeza, radica nuestra felicidad. Esa es nuestra voluntad y, como tal, debemos contribuir en su extensión. 

11. Se te pide que confíes en el Espíritu Santo únicamente porque Él habla por ti. 2Él es la Voz que habla por Dios, pero nunca olvi­des que Dios no dispuso estar solo. 3Él comparte Su Voluntad contigo, no te la impone. 4Recuerda siempre que lo que Dios da, Él lo conserva, de modo que nada que ÉI dé puede contradecirle. 5que compartes Su Vida, tienes que compartirla para poder conocerla, pues compartir es conocer. 6Bienaventurado tú que estás aprendiendo que oír la Voluntad de tu Padre es conocer la tuya. 7Pues tu voluntad es ser como Él, Cuya Voluntad es que así sea. 8La Voluntad de Dios es que Su Hijo sea uno y que esté unido a Él en Su Unicidad. 9Por eso es por lo que la curación representa el inicio del reconocimiento de que tu voluntad es la Suya. 

Hermosa lección la que se recoge en este punto: “Él comparte Su Voluntad contigo, no te la impone”. Es la fuerza del Amor Incondicional la que Dios comparte con Su Hijo. Ese Amor se comparte, pero no se impone.

Si lo aplicamos a las relaciones de amor de nuestro mundo, estaremos haciendo la Voluntad del Padre, la Voluntad del Cielo, en la Tierra. Es la única vía para experimentar la Paz y la Felicidad que Dios nos regala en cada instante de nuestra existencia.