jueves, 10 de julio de 2025

Capítulo 21. VI. La razón en contraposición a la locura (3ª parte).

VI. La razón en contraposición a la locura (3ª parte) .

5. El cuerpo no te separa de tu hermano, y si crees que lo hace estás loco. 2Pero la locura tiene un propósito, y cree también dis­poner de los medios que lo pueden convertir en realidad. 3Ver el cuerpo como una barrera que separa aquello que la razón te dice que no puede sino estar unido, sólo puede ser una locura. 4Y no lo podrías ver de ese modo si escuchases la voz de la razón. 5¿Qué puede haber que se interponga entre lo que es un conti­nuo? 6si nada se interpone, ¿cómo se podría excluir de otras partes lo que pasa a formar parte de cualquiera de ellas? 7Esto es lo que la razón te diría. 8Mas piensa en lo que tendrías que admi­tir si esto fuese así.

Únicamente el estado lucido de la mente puede reconocer lo real de lo ilusorio, lo eterno de lo temporal, el amor del miedo, la razón de la locura. ¿Elegirás la vida o la muerte? ¿Elegirás lo continuo o lo discontinuo? ¿Elegirás el espíritu o al cuerpo?

Tan sólo lo real es verdadero y tan sólo la verdad no aporta paz y felicidad. 

Elegir al maestro, al guía correcto, es nuestra decisión. Nadie nos lo puede imponer. Esta es la única razón por la que debemos ser honestos con lo que pensamos, pues el mundo que percibimos es su efecto, es decir, el fruto de nuestros deseos. Si percibimos un mundo limitado, un mundo de sacrificio y dolor, preguntémonos: ¿cuál es el contenido de nuestros pensamientos? ¿Son limitantes? ¿Creen en la culpabilidad y en el pecado? ¿Creen que pueden hacer daño?

6. Si eliges el pecado en vez de la curación, estás condenando al Hijo de Dios a aquello que jamás puede ser corregido. 2Le dices, con tu elección, que está condenado, separado de ti y de su Padre para siempre, y sin esperanza de jamás poder retornar a salvo. 3Eso es lo que le enseñas, y aprenderás de él exactamente lo que le enseñes. 4Pues lo único que le puedes enseñar es que él es como tú quieres que él sea, y lo que eliges que él sea es lo que eliges para ti. 5Mas no pienses que esto es temible. 6Que estás unido a él es un hecho, no una interpretación. 7¿Cómo puede un hecho ser temible a menos que esté en desacuerdo con lo que tienes en más estima que la verdad? 8La razón te diría que este hecho es tu liberación.

Si en nuestra mente damos cabida a la idea del pecado, nos sentiremos culpables por ello y el peso de esa culpa despertará en nosotros una ira irrefrenable que nos ahogará y de la que buscaremos el modo de cómo deshacernos de ella para que no nos haga más daño. La solución que encontraremos será mantener oculto ese odio, ese sentimiento de culpa y de miedo y delegarlo a nuestro inconsciente. Pero ese "pensamiento oculto" nos acompañará siempre y formará parte de nuestra manera de pensar, de ver las cosas.

Al formar parte de nuestras creencias, proyectaremos sobre los demás el mismo tratamiento que nos estamos aplicando cuando observemos en el otro un comportamiento pecaminoso. Condenaremos sus acciones y lo percibiremos como un peligro para nuestra falsa integridad, la cual tratamos por todos los medios de ocultar y redimir.

El ego, que percibe separación a través de la identidad corporal, no tendrá la lucidez necesaria para reconocer que la visión que tiene del otro es la proyección de sus creencias. No reconocerá que son iguales y que esa igualdad se encuentra en su mente, al compartir las mismas creencias.

En este punto, Jesús nos enseña que esa igualdad será la garantía de que lograremos encontrar el camino de la salvación, pues cuando el odio se transforme en amor, la igualdad de las mentes compartirá esa nueva visión que nos conducirá, juntos, a las puertas del Cielo.

miércoles, 9 de julio de 2025

Capítulo 21. VI. La razón en contraposición a la locura (2ª parte).

VI. La razón en contraposición a la locura (2ª parte) .

3. Nadie puede pensar por separado, tal como Dios no piensa sin Su Hijo. 2Eso sería posible únicamente si los dos morasen en cuer­pos. 3Tampoco podría ninguna mente pensar por separado a menos que el cuerpo fuese la mente. 4Pues únicamente los cuerpos pueden estar separados, y, por lo tanto, ser irreales. 5La morada de la demencia no puede ser la morada de la razón. 6Pero es fácil abandonar dicha morada si ves la razón. 7No puedes abandonar la demencia trasladándote a otro lugar. 8La abandonas simplemente aceptando la razón en el lugar que antes ocupaba la locura. 9La locura y la razón ven las mismas cosas, pero es indudable que las contemplan de modo diferente.

Lo contrario al ejercicio de la razón es el ejercicio de la locura, o lo que es lo mismo, elegir la creencia en que podemos existir separados de nuestra fuente creadora, separados de Dios.

Cuando el ego percibe el cuerpo, se identifica con él y le otorga la plena autoría de su existencia, lo que significa que es su única realidad. La capacidad de pensar es trasladada de la mente al cuerpo, lo que lo convierte en el causante de todo cuanto experimenta, incluido el de identificarlo como el único causante de su naturaleza pecadora.

Los estudios más recientes en física cuántica nos aportan una información que abre nuestra mente a un nuevo paradigma en el que la razón recupera su papel estelar y nos permite corregir los errores a los que hemos rendido culto, confundiéndolo con los ropajes imaginarios del pecado.

La razón nos lleva a recuperar el poder de la mente y sobre todo a reorientar el ejercicio de su uso, enseñándonos que podemos elegir crear a imagen y semejanza de nuestro Creador, es decir, utilizando la fuerza creadora del amor.

4. La locura es un ataque contra la razón que la expulsa de la mente, y ocupa su lugar. 2La razón no ataca, sino que, callada­mente, ocupa el lugar de la locura y la reemplaza si los dementes deciden escucharla. 3Pero los dementes no conocen su propia voluntad, pues creen ver el cuerpo, y permiten que su propia locura les diga que éste es real. 4La razón sería incapaz de eso. 5si tú defiendes el cuerpo en contra de tu razón, no entenderás lo que es cuerpo ni lo que eres tú.

Podemos renombrar la locura y llamarla sinrazón, pues en verdad los pensamientos a los que da lugar la locura son pensamientos que carecen de razón. Es la carencia de la razón, es decir, es la carencia de amor, lo que propicia que nuestros pensamientos nos lleven a creer en la separación. Si nuestro poder mental nos muestra un mundo diferente al de Dios, nos lleva a creer que lo real es lo que estamos percibiendo, que otro mundo puede sustituir al anterior, pues así lo estamos percibiendo. Sin embargo, en esta ecuación estamos olvidando algo esencial: estamos olvidando que los fabricantes de ese mundo somos nosotros mismos, al elegir ver lo que deseamos ver.

Si el deseo de ser especial es lo que moviliza nuestra voluntad creadora, lo que estamos haciendo es hacer real ese deseo especial, lo que nos muestra un mundo individual, manifestándose a través de cuerpos separados con los cuales nos identificamos. Lo tangible sustituye a lo invisible. El cuerpo adquiere el protagonismo de la mente y del espíritu. El miedo sustituye al amor y la sinrazón ocupa el lugar de la razón.

martes, 8 de julio de 2025

Capítulo 21. VI. La razón en contraposición a la locura (1ª parte).

VI. La razón en contraposición a la locura (1ª parte).

1. La razón no puede ver pecados, pero sí puede ver errores, y propicia su corrección. 2No les otorga valor, pero sí otorga valor a su corrección. 3La razón te diría también que cuando crees estar pecando, estás de hecho pidiendo ayuda. 4No obstante, si no aceptas la ayuda que estás pidiendo, tampoco creerás que puedes darla. 5De modo que no la darás, y así no renunciarás a esa creen­cia. 6Pues cualquier clase de error que no haya sido corregido, te engaña con respecto al poder que reside en ti para llevar a cabo la corrección. 7Si dicho poder puede llevar a cabo la corrección, y tú no se lo permites, te estás negando la corrección a ti mismo así como a tu hermano. 8Y si él comparte contigo esta misma creen­cia, ambos creeréis estar condenados. 9Puedes evitarle esto a él y evitártelo a ti, 10pues la razón no facilitaría la corrección única­mente en ti.

El ejercicio de la razón, ya lo hemos dicho, es una cualidad de la inteligencia, uno de los atributos de la Mente Divina y de la cual somos portadores al haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. La cualidad de la inteligencia nos es suministrada por el Espíritu Santo. Su Mente Recta es la fuente de donde emana la razón. Es por el ejercicio de la razón que alcanzamos a ver la realidad de las cosas tal y como han sido creadas.

La creencia en la separación nos ha llevado a percibir de manera incorrecta su significado. El deseo de ser especial, el deseo de individualidad, de ver las cosas de otra manera, ha dado lugar a la creencia en el pecado. Esta creencia es la fuente que ha dado origen al sistema de pensamiento del ego y que condiciona todo nuestro comportamiento, el cual rinde culto a ese error original. Del pecado surge un mundo condenado que nos exige ser liberado a través del castigo, del sufrimiento y del dolor. La redención de dicho pecado exige sacrificio.

Nos dice Jesús en el inicio de este punto que la razón no puede ver pecados, pero sí errores. El pecado no puede ser visto por la Mente Recta porque no cree en él. Si la razón viese el pecado, ello significaría que nuestra naturaleza y la de Dios no son santas.

La razón nos muestra el verdadero significado del acto que nos ha llevado a creer en el pecado y lo hace enseñándonos el poder de nuestra mente. Nos muestra que aquello que vemos es una elección. Nos enseña que el pensamiento sigue a su fuente. Nos hace conscientes de que la voluntad es el impulso motor que nos lleva a crear la realidad que vemos. En este sentido, si nuestra voluntad se alía al deseo de ser especial, estaremos creando una realidad ilusoria, pues el deseo de individualismo nos ocultará la verdad de la que procedemos y de la que formamos parte Una. El especialismo fabrica una realidad que carece de la esencia de la eternidad y toda realidad que responda a esa carencia será falsa, será temporal.

Cuando nuestra mente sintonice con la frecuencia del Espíritu Santo, esto es, cuando permita que la razón ilumine nuestros pensamientos, percibiremos correctamente y reconoceremos que nuestra creencia en el pecado no es más que un error que puede corregirse cambiando nuestra manera de ver las cosas, esto es, cambiando la dirección de nuestra voluntad a la hora de crear la realidad que deseamos ver.

2. No puedes aceptar o rechazar la corrección sin incluir a tu her­mano. 2El pecado mantendría que sí puedes. 3Mas la razón te dice que no puedes considerar a tu hermano o a ti mismo como un pecador y seguir percibiéndolo a él o percibiéndote a ti mismo como inocente. 4¿Quién que se considere a sí mismo culpable podría ver un mundo libre de pecado? 5¿Y quién puede ver un mundo pecaminoso y considerarse al mismo tiempo ajeno a ese mundo? 6El pecado mantendría que tú y tu hermano no podéis sino estar separados. 7Pero la razón te dice que esto tiene que ser un error. 8Pues si estáis unidos, ¿cómo ibais a poder tener pensamientos privados? 9¿Y cómo podría ser que los pensamientos que se adentran en lo que sólo parece ser tuyo no tuviesen ningún efecto en lo que sí es tuyo? 10Si las mentes están unidas, eso es imposible.

Si nuestra mente sirve a la razón, a la Mente Recta, nuestros actos creadores están al servicio del amor y sus efectos son eternos. Cuando la razón ocupa nuestra mente, estamos utilizando la Mente de Dios para crear, y cuando nuestra voluntad trabaja al unísono con la de Dios, lo hace, igualmente, al unísono con el resto de la Filiación. En ese nivel de conciencia no existe la visión individual. En el Cielo todo es Uno. 

Tan solo la creencia en el pecado puede aceptar que la salvación puede alcanzarse de manera individual, negando la posibilidad de que las mentes estén unidas y admitiendo que podamos tener pensamientos privados. Esta línea de pensamiento afronta la redención del pecado como un sacrificio personal que debemos llevar a cabo de manera individual. No es la gracia del otro la que debemos ganar, sino la de Dios, el cual es el único que nos puede liberar de nuestras culpas. Este pensamiento es tan demente como el sistema de pensamiento que lo sustenta, pues el orgullo y el deseo de ser especial son tan grandes que nos impiden reconocer que el otro pueda ser igual que nosotros y tener el mismo punto de vista. El ego se cree el centro del mundo y no admite que los demás le roben ese protagonismo. 

lunes, 7 de julio de 2025

Capítulo 21. V. La función de la razón (5ª parte).

V. La función de la razón (5ª parte).

9. La parte de la mente donde reside la razón se consagró, de acuerdo con tu voluntad en unión con la de tu Padre, al des-hacimiento de la demencia. 2Ahí el propósito del Espíritu Santo se aceptó y consumó simultáneamente. 3La razón le es ajena a la demencia, y aquellos que hacen uso de ella han adquirido un medio que no puede dedicarse al pecado. 4El conocimiento está mucho más allá de lo que se puede lograr. 5Pero la razón puede servir para abrir las puertas que tú le cerraste.

La sede del Espíritu Santo es el Mundo de Dios. No es una parte separada de Él. Si lo fuese, su razón nos haría ver como verdadero el pensamiento de la división. El Espíritu Santo es la Voz que nos hace consciente y presente la Fuente de la cual hemos sido emanados.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de nuestro Creador; por lo tanto, si el Espíritu Santo es Su Voz, también se encontrará en nosotros mismos y Su cualidad formará parte de nosotros, es decir, la Inteligencia Creadora, la razón, se encuentra entre nuestros atributos divinos, lo que es una garantía de que la luz, el principio inteligible, forma parte de nuestro Ser y nos iluminará la mente cuando así lo elijamos conscientemente.

Tal vez no seamos conscientes de la importancia de lo que acabamos de afirmar. Pero si logramos que se convierta en nuestra fe, tendremos la certeza del poder inmenso que tenemos al conocer que todo lo que percibimos, de manera ilusoria o correctamente, lo hemos creado nosotros. Si acertamos con la elección, o lo que es lo mismo, si elegimos el amor, podremos crear un mundo de paz y de felicidad, pues esa paz y esa felicidad forman parte de nuestra voluntad, de lo que somos y siempre seremos.

10Ya estás muy cerca de esto. 2Tu fe y tus creencias han cambiado y has hecho la pregunta que el ego nunca haría. 3¿No te dice tu razón ahora que la pregunta debe haber emanado de algo que tú no conoces, pero que aún así debe ser parte de ti? 4La fe y la creencia, apoyadas por la razón, producen forzosamente un cambio en tu percepción. 5Y con este cambio se le hace sitio a la visión. 6La visión se extiende más allá de sí misma, tal como lo hacen el propósito al que sirve, así como todos los medios para su consecución.

Ya estamos preparados. Ahora sabemos que el mundo que percibimos y con el que nos encontramos identificados es el fruto de nuestra semilla, es decir, lo hemos fabricado nosotros al elegir ver a nuestra manera, al desear ser especial, al poner nuestra voluntad al servicio de ese deseo. No pasa nada. Tan solo hemos utilizado nuestros atributos creadores de una forma inadecuada. El error no se encuentra en haber utilizado ese potencial creador. Si Dios nos ha dotado de ese poder, es para que lo utilicemos tal y como nos ha creado. El error se encuentra en que hemos creído que somos lo que hemos creado, olvidando lo que sí somos realmente.

Al fabricarnos un cuerpo, nos hemos dicho: esto es lo que somos. Le hemos otorgado todo el poder de nuestra identidad al cuerpo y lo hemos nombrado el amo de nuestra existencia. Nuestra mente perdió su autoría y se la otorgamos al envoltorio material que nos aportaba una personalidad tangible y real para nuestra conciencia. La mente fue delegada al olvido y en su lugar decidimos rendir culto al dios de los sentidos.

Pero la verdadera visión se extiende más allá de sí misma. Recuperar la hegemonía de la mente sobre el cuerpo nos llevará a percibir correctamente. Para alcanzar ese estado del ser, debemos permitir que el Espíritu Santo tome las riendas de nuestra voluntad y nos abra los ojos a la verdad haciendo uso del ejercicio de la razón. Tan solo así lograremos dar la función que le pertenece a cada aspecto de nuestra identidad. Al cuerpo, la función corporal, es decir, la de actuar como el canal de comunicación que a través de los sentidos nos mostrará la correcta consciencia del ser y al Ser, la función de crear eternidad expandiendo la fuerza del amor.

viernes, 4 de julio de 2025

Capítulo 21. V. La función de la razón (4ª parte).

 V. La función de la razón (4ª parte).

7. ¿Y dónde podría encontrarse la respuesta sino en la Fuente2¿Y dónde estás tú sino allí donde se encuentra esa misma respuesta? 3Tu Identidad, que es un efecto tan verdadero de esa Fuente como lo es la respuesta, tiene, por lo tanto, que estar unida a ella y ser lo mismo que ella. 4Por supuesto que sabes esto, y mucho más que esto. 5Pero cualquier parte del conocimiento supone una amenaza tan seria para la disociación como todo el conocimiento en sí. 6dispondrás de todo el conocimiento con cualquier parte de él. 7He aquí la parte que tú puedes aceptar. 8Puedes ver lo que la razón te señala porque los testigos a su favor son inequívocos. 9Sólo aquellos que son completamente dementes podrían hacer caso omiso de ellos, y tú ya has dejado atrás esa etapa. 10La razón es un medio que sirve para los fines del Espíritu Santo por derecho propio. 11No se puede re-interpretar ni re-canalizar para que se ajuste a la meta del pecado, tal como se hace con otros medios. 12Pues la razón está más allá del alcance de los medios del ego.

Afortunadamente, la razón no pertenece al sistema de pensamiento del ego, pues el ejercicio de la razón no se reduce a un mero juicio que nos lleve a interpretar lo que se considera bien o mal. La razón es un atributo de la inteligencia creadora, la cual sirve a la unidad y al amor. Mientras que el juicio es un atributo de la ignorancia egoica que, en su demente deseo de poseer la razón, no duda en ejercer su deseo de ser especial para sentirse superior a los demás y nombrarse juez de los actos ajenos.

Mientras que el ejercicio de la razón que nos inspira el Espíritu Santo nos muestra la ley del amor y nos permite visionar la unidad de la Filiación, el ejercicio del juicio que emplea el sistema de pensamiento del ego nos muestra la ley de la justicia condenatoria, la cual nos lleva a identificar el pecado en los demás en un deseo incontrolable de ocultar nuestras propias debilidades, castigándolas en el otro.

8. La fe, la percepción y la creencia pueden estar mal ubicadas y servir de apoyo tanto para las necesidades del gran embaucador como para las de la verdad. 2Pero la razón no tiene cabida en la locura, ni se puede adaptar a sus fines en modo alguno. 3La fe y la creencia están firmemente arraigadas en la locura, y conducen la percepción hacia aquello que la mente ha considerado valioso. 4Pero la razón no participa en esto en absoluto. 5Pues si se aplicase la razón, la percepción cesaría instantáneamente. 6La razón no forma parte de la demencia, pues ésta depende enteramente de la ausencia de aquella. 7El ego nunca hace uso de la razón porque no es consciente de su existencia. 8Los que son parcial­mente locos tienen acceso a ella, y sólo ellos la necesitan. 9El conocimiento no depende de la razón, y la locura la mantiene afuera.

El ejercicio de la razón es la aplicación de la Expiación en nuestra mente. Corregir el error nos permite pasar de la demencia a la lucidez, nos permite abandonar las pesadillas de nuestros sueños y ser conscientes de que somos los soñadores del sueño y elegir tener sueños felices.

Si la mente sirve al ego, a la creencia en la separación, es decir, si la mente es dirigida por el deseo de ser especial, nos mostrará el efecto de ese deseo y nos identificaremos con la vibración densa de la materia, con el cuerpo físico. Nuestra fe, nuestra percepción y nuestra creencia estarán mal ubicadas, porque responden a lo que hemos deseado.

La buena noticia es que podemos utilizar la fuerza de la voluntad para dirigir y orientar la energía hacia la ubicación adecuada, es decir, podemos utilizar la mente para que sirva a nuestra divinidad, a nuestro Ser verdadero y eterno, de modo que entregamos nuestra mente para que ejerza la razón y nos lleve a nuestro hogar donde se producirá el reencuentro con el Conocimiento, donde estaremos en eterna comunicación con nuestro Creador.

jueves, 3 de julio de 2025

Capítulo 21. V. La función de la razón (3ª parte).

 V. La función de la razón (3ª parte).

5. El plan de Dios para tu salvación no se habría podido estable­cer sin tu voluntad y consentimiento. 2Tuvo que haber sido acep­tado por el Hijo de Dios, pues lo que Dios dispone para él, él no puede sino aceptarlo. 3Y Dios no dispone nada sin Su Hijo, ni Su Voluntad depende del tiempo para consumarse. 4Por lo tanto, lo que se unió a la Voluntad de Dios tiene que encontrarse en ti ahora, puesto que es eterno. 5Tienes que haber reservado un lugar en el que el Espíritu Santo puede morar, y donde ya se encuentra. 6Él tiene que haber estado ahí desde que surgió la necesidad de Él, la cual quedó satisfecha en ese mismo instante: 7Eso es lo que tu razón te diría, si escuchases. 8Mas es claro que ése no es el razonamiento del ego. 9El hecho de que la naturaleza de tu razón le sea ajena al ego, es prueba de que no hallarás la respuesta en él. 10No obstante, si esto es así, dicha respuesta tiene que existir. 11Y si existe para ti, y su propósito es tu libertad, debes ser libre de encontrarla.

"En la Biblia, la salvación se define como la liberación del pecado y de sus consecuencias, así como de la muerte física y espiritual. Es un regalo de Dios, ofrecido a través de Jesucristo, y se obtiene por medio de la fe en Él".

Es obvio que el significado que nos aporta la Biblia sobre la salvación está impregnado de la creencia en que somos un cuerpo y que el cuerpo es la causa de nuestra naturaleza pecadora. Dicho de otro modo, esta visión está contagiada de la falsa creencia en la separación de Dios y de Su creación.

El plan de Dios para la salvación, visto desde la enseñanza de Un Curso de Milagros, aporta un significado basado en el ejercicio de la razón, el que nos responde a la pregunta sobre nuestra identidad. Dicha visión nos muestra al Ser espiritual, al Hijo de Dios, que en el uso de su libre voluntad decidió (motivado por la fuerza del deseo) ver un mundo diferente, esto es, colapsar una idea distinta a la que lo creó. Dios nos ha creado con la fuerza del Amor. El Hijo de Dios lo ha hecho con la fuerza de la división, lo que ha fabricado una imagen temporal e ilusoria, no real, de dicho pensamiento de separación. 

La ley del amor crea a su imagen y semejanza. Es por ello que la obra creadora de Dios, la Filiación, lleva implícitos Sus mismos atributos creadores; esto es, comparte sus mismos Principios: la Voluntad, el Amor y la Inteligencia. Por lo tanto, el Hijo de Dios es portador de esas fuerzas creadoras. Esto es una garantía de que en Su mente se llevará a cabo el ejercicio de la razón que nos permitirá discernir correctamente y poder plantear la pregunta esencial que tan solo el mismo puede contestar.

6. El plan de Dios es muy simple, nunca es indirecto ni se derrota a sí mismo. 2Dios no tiene otros Pensamientos excepto los que extienden Su Ser, y en esto tu voluntad tiene que estar incluida. 3Así pues, debe haber una parte en ti que conoce Su Voluntad y la comparte. 4No tiene sentido preguntar si lo que tiene que ser como es, lo es. 5Pero sí tiene sentido preguntar por qué no eres consciente de lo que no puede sino ser como es, pues debe haber una respuesta para ello si al plan de Dios para tu salvación no le falta nada. 6Y no puede faltarle nada porque su Fuente no conoce la incompleción.

Siempre me he preguntado por qué mi mente no es capaz de recordar lo que realmente soy. La verdad debe ser fácil reconocerla, si en verdad lo es. Entonces, ¿qué es lo que me impide reconocerla, si realmente la estoy buscando? 

La respuesta no es la negación de la verdad, es decir, no se trata de que la verdad no sea verdad. Lo que ocurre es que para ver la verdad debemos percibir correctamente. No podemos ver el mundo verdadero si pretendemos verlo en su manifestación ilusoria. No podemos percibir lo real desde una mente que nos muestra la ilusión como real. Si nuestra mente nos lleva a identificarnos con el cuerpo, con el plano tridimensional, con la vibración densa, negará todo aquello que no se perciba desde los sentidos físicos. Por lo tanto, nos mostrará el aspecto temporal de ser, el cual no es verdadero. Pues lo que es verdad es eterno.

La mente que sirve al ego y al cuerpo vive en el pasado y hace del futuro la continuidad de ese pasado. Está tan condicionada por esos pensamientos pasados, que es incapaz de vivir el eterno presente, donde únicamente puede percibir lo real.

Para ser conscientes de lo que es verdad, debemos dirigir nuestra mente en otra dirección. Debemos ponerla al servicio de la verdad, al servicio del Ser espiritual. Será entonces cuando estemos recordando lo que verdaderamente somos y será ese el instante en el que reconoceremos la verdad.

miércoles, 2 de julio de 2025

Capítulo 21. V. La función de la razón (2ª parte).

IV. La entrada al arca (2ª parte).

3. Hay otra visión y otra Voz en las que reside tu libertad que tan sólo están aguardando tu decisión, 2si depositas tu fe en Ellas, percibirás otro ser en ti. 3Este otro ser considera que los milagros son algo natural. 4Pues son tan simples y naturales para él como respirar lo es para el cuerpo. 5Constituyen la respuesta obvia a las peticiones de ayuda, que es la única que él ofrece. 6Los mila­gros le parecen antinaturales al ego porque no entiende cómo es posible que mentes separadas puedan influenciarse unas a otras. 7Y si estuviesen separadas ciertamente no podrían hacerlo. 8Pero las mentes no pueden estar separadas. 9Este otro ser es perfecta­mente consciente de esto. 10Y así, reconoce que los milagros no afectan la mente de otro, sino la suya propia. 11Los milagros siem­pre cambian tu mente, 12pues no hay ninguna otra.

Originalmente, la fuerza del deseo se le atribuye a la participación del "diablo" en nuestra vida. Tenemos que remontarnos a la historia sagrada de nuestros ancestros, Adán y Eva, para encontrar las referencias alegóricas de lo que se consideró como "pecado original" o desobediencia a Dios y que dio lugar a que fuésemos expulsados, separados, del estado de unidad y de abundancia del que gozábamos en el "paraíso terrenal". En ese episodio, el Texto Sagrado nos describe lo acontecido en el "paraíso" dispuesto por Dios para Su Hijo. No vamos a describir todo el contenido de lo que recoge el Génesis, pero sí identificaremos la presencia de uno de los protagonistas que acontece en lo sucedido y que tuvo un papel estelar dadas las consecuencias que originó su aportación. Me estoy refiriendo al "diablo" que, adoptando el cuerpo de una serpiente, le ofreció la manzana tentadora a "Eva", la representante de la naturaleza emocional. Os dejo algunas referencias de la traducción convencional de este pasaje, comparándola con la aportada por el estudioso de la Lengua Hebráica, Fabre d´Olivet.

Traducción Convencional: “Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios, dijo a la mujer: ¿Conque os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso?” 

Traducción de Fabre d´Olivet: “Mientras tanto, Nahash, el ardor cupido, envidioso, interesado, egoísta, serpenteando en el corazón del hombre, era la pasión que arrastraba la vida elemental, el principio interior de la Naturaleza, obra de Jehová. Y esta pasión insidiosa dijo a Aisha, la facultad volitiva de Adam: ¿Por qué os ha recomendado, Él-los-Dioses, que no os alimentéis de toda la substancia de la esfera orgánica?”

Nahash, la serpiente, el diablo, es la fuerza a la que Fabre d´olivet describe como el ardor cupido, envidioso, interesado y egoísta, es decir, la fuerza del deseo de ser especial. El término "diablo" proviene del latín diabolus, que a su vez proviene del griego diabolos, que se traduce como “adversario”. La definición del origen del término "diablo" como adversario nos indica que estamos ante la fuerza que se opone a la de Dios, esto es, al Amor, a la Unidad. Podemos decir que el "diablo" es la fuerza que divide y que da lugar al miedo.

Ahora tenemos más información sobre la fuerza que se esconde detrás del deseo de ser especial. Siempre es una elección.

4. No te das cuenta de hasta qué punto la idea de la separación ha interferido en el ejercicio de la razón. 2La razón mora en el otro ser que has excluido de tu conciencia. 3Y nada de lo que has permitido que permanezca en ella es capaz de razonar. 4¿Cómo va a ser posible que aquel segmento de la mente que está despro­visto de razón pueda entender lo que es la razón, o comprender la información que ésta le podría suministrar? 5De ese segmento pueden surgir todo tipo de preguntas, pero dado que la pregunta básica sólo puede proceder de la razón, él jamás la podrá plan­tear. 6Al igual que todo lo que procede de la razón, la pregunta básica es simple y obvia, si bien, aún no se ha planteado. 7Mas no creas que la razón no la podría contestar.

Si aplicamos el significado que aporta el Diccionario de la Real Academia Española al término "razón", el ejercicio de la razón debe ser entendido como la facultad de discurrir y, si aplicamos sus sinónimos, debemos entenderla como una facultad propia de la inteligencia que nos permite alcanzar el entendimiento. Con dicha información, me atrevería a deducir que lo que nos está enseñando Jesús al hacer referencia al ejercicio de la razón se refiere al ajuste que introduce en la mente la idea de la separación, pues interfiere en nuestra capacidad de discernimiento hasta tal punto que nos lleva a la falsa creencia en lo que no somos.

Como hemos dicho en el anterior punto, el deseo de ser especial es la fuerza que nos lleva a colapsar el pensamiento de ser diferente; sus consecuencias no serán otras que la de identificarnos con la imagen tangible que nos muestra la materialización de dicho deseo. Me estoy refiriendo al cuerpo.

El ejercicio de la razón, cuando está libre de esa interferencia, nos muestra nuestra verdadera identidad, la cual procede del mundo de lo invisible, del mundo del espíritu. Utilizando terminología cuántica, el ejercicio de la razón o, lo que es lo mismo, la inteligencia, la mente recta, nos muestra la esencia de la energía, nos muestra el estado de la onda, de la vibración que habita en el campo de las infinitas posibilidades. Esa visión, aportada por la razón, está capacitada para hacer la pregunta básica que tan sólo ella nos puede contestar: ¿Quién soy? ¡Soy el Hijo de Dios!