jueves, 25 de diciembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 359

LECCIÓN 359

La respuesta de Dios es alguna forma de paz. Todo dolor sana; toda aflicción queda reemplazada por la dicha. Las puertas de la prisión se abren. Y se comprende que todo pecado no es más que un simple error.

1. Padre, hoy vamos a perdonar Tu mundo y a dejar que la creación sea Tuya. 2Hemos entendido todas las cosas erróneamente. 3Pero no hemos podido convertir a los santos Hijos de Dios en pecadores. 4Lo que Tú creaste libre de pecado ha de permanecer así por siempre jamás. 5Ésa es nuestra condición. 6Y nos regocijamos al darnos cuenta de que los erro­res que hemos cometido no tienen efectos reales sobre nosotros. 7El pecado es imposible, y en este hecho descansa el perdón sobre una base mucho más sólida que el mundo de sombras que vemos. 8Ayúdanos a perdonar, pues queremos ser redimidos. 9Ayúdanos a perdonar, pues que­remos estar en paz.

¿Qué me enseña esta lección?

Según la enseñanza central de Un Curso de Milagros, la verdadera identidad del Hijo de Dios es espíritu, eterno e inmutable, creado a imagen y semejanza de su Creador. Sin embargo, en el sueño de la separación, el Hijo de Dios olvidó su verdadera naturaleza y, usando su poder creativo, fabricó un mundo ilusorio de tiempo, espacio y cuerpos, identificándose con lo que no es real. 

En este olvido, el Hijo de Dios pasó de reconocerse como eterno y pleno, a verse a sí mismo como un ser frágil, limitado y sujeto al nacimiento y la muerte. Así, la vida se percibe como un breve intervalo entre dos nadas, y la existencia se reduce a una lucha por sobrevivir en un mundo de carencia, miedo y conflicto. Esta percepción es el resultado de la creencia en la separación y en la culpabilidad, que da lugar a la ilusión de que la vida puede estar limitada por el tiempo y el cuerpo.

Sin embargo, UCDM enseña que todo esto no es más que un sueño, una ilusión que puede ser deshecha mediante el perdón y el recuerdo de la verdad. El milagro consiste en reconocer que nada real puede ser amenazado y que nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios.

Los capítulos de su vida lo convierten en el protagonista de una historia en la que persigue una felicidad que siempre parece escapársele. Es como si esa esquiva promesa quisiera advertirle que el camino que recorre no conduce al puerto que anhela, pues en su alforja no lleva nada capaz de saciar su hambre ni apagar su sed. Ha quedado atrapado en su naturaleza instintiva y sensorial, confiando ciegamente en un falso amigo: la percepción.

Dejó de caminar de la mano de la Vida, olvidando la protección y el amor de su Padre, y eligió unirse a un falso aliado: el ego. El ego, fundamento de la separación, basa sus valores en la creencia en el pecado, la culpa, el castigo, el sufrimiento, el sacrificio y la escasez. Así, la mente se identifica con la enfermedad, la carencia y el miedo, creyendo que estos son reales y que forman parte de su existencia.

Pero, con tales compañeros, el camino no puede estar en paz. Es imposible experimentar la alegría y la felicidad cuando, en la búsqueda de ellas, se elige atacar, juzgar y condenar a los demás, incluso hasta el extremo de justificar la muerte. ¿Cómo podría hallar paz el corazón que permanece en la ignorancia de su verdadera naturaleza, creyéndose separado, culpable y necesitado de defensa?

UCDM nos recuerda que mientras sigamos escuchando al ego y sus valores, la paz será inalcanzable. Sólo cuando elegimos de nuevo, perdonamos y recordamos nuestra inocencia y la de todos, podemos regresar a la dicha y a la plenitud que son nuestra herencia como Hijos de Dios.

Hoy, una parte del mundo celebra el nacimiento del Cristo, símbolo del Amor y del Perdón. Este día es una oportunidad perfecta para recordar lo que hemos olvidado y así recuperar nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios.

Hoy es el día en que ese Espíritu de Luz puede renacer en nosotros, para que lo alimentemos y le permitamos crecer en nuestra conciencia. Hoy es el día en que elijo, con plena voluntad, perdonar. Reconozco con certeza que aquello que llamamos pecado no fue más que un error, y todo error puede ser corregido. El perdón es el medio que nos devuelve a la paz y nos recuerda que seguimos siendo tal como Dios nos creó: inocentes, amados y eternos.


Ejemplo-Guía: "El nacimiento de Cristo"

Dejando a un lado los matices mercantilistas con los que la sociedad de consumo ha revestido la Navidad, podemos reconocer que el verdadero Espíritu de la Navidad se percibe en lo más profundo de cada corazón. Es como si existiera una conexión invisible, una unión santa que no alcanzamos a comprender con la mente, pero que nos hace vibrar de una manera especial cuando nos abrimos a la experiencia del amor y la paz que este tiempo simboliza. Al permitirnos ser sensibles al auténtico espíritu navideño, recordamos por un instante nuestra verdadera naturaleza y la unidad que compartimos con todos.

Reconozco que no puedo ser imparcial al hablar de la Navidad. Me cuento entre quienes sienten una afinidad especial por estas fechas, y comprendo profundamente a quienes, movidos por la nostalgia o el dolor, prefieren tomar distancia de celebraciones que perciben como vacías o manipuladas por la sociedad consumista.

Es cierto que el espíritu de la Navidad nos invita al recogimiento interior y a compartir con los demás nuestros deseos más puros y elevados. Sin embargo, también es un tiempo en el que las ausencias de seres queridos, o el recuerdo de relaciones que en el pasado fueron fuente de alegría y ahora son solo memorias, pueden abrir heridas que se sienten con mayor intensidad en estos días.

Desde la visión de Un Curso de Milagros, se nos recuerda que todo dolor y toda nostalgia son llamadas al perdón y a la sanación interior. La Navidad puede ser una oportunidad para mirar con honestidad nuestras emociones, abrazar con compasión nuestras pérdidas y, sobre todo, permitir que el Amor renazca en nuestro corazón. Así, más allá de las formas externas, podemos experimentar el verdadero milagro de la Navidad: el recuerdo de nuestra unión con todos y el renacimiento de la paz en nuestro interior.

Más allá de todo ello, más allá de las percepciones que enturbian nuestra visión verdadera, estamos llamados a celebrar el recuerdo de ese Espíritu que renace, una y otra vez, en la Tierra, con el único propósito de hacernos conscientes de nuestra verdadera identidad.

Todos somos Cristo, aunque lo hayamos olvidado. Todos somos Amor, aunque no seamos conscientes de ello. Todos somos uno con todo lo creado, aunque hayamos elegido la separación y la soledad.

El Espíritu de la Navidad es la invitación a recordar quiénes somos realmente, a dejar atrás las ilusiones de carencia, miedo y separación, y a permitir que la Luz del Cristo interior despierte en nosotros. Es el momento de reconocer que la unidad, el amor y la inocencia siguen intactos en nuestro interior, esperando ser recordados y compartidos.

A lo largo de estas lecciones hemos reflexionado sobre la Visión de Cristo, lo que nos ha permitido comprender la importancia de la función que se nos ha encomendado en este mundo: perdonar.

Y qué mejor día que hoy para expandir y compartir esa experiencia con el mundo. Celebrar el renacer de la Fuerza del Amor es hacer real la experiencia del perdón. Miremos el mundo que nos rodea con los ojos de Cristo y reconozcamos que, en verdad, no hay nada que perdonar. Pasemos por alto todo error, y el error dejará de tener significado. Así, permitimos que la paz y la inocencia renazcan en nosotros y en todos.

Hoy, elijamos ver con la Visión de Cristo, recordando que el perdón es el camino que nos conduce de regreso a nuestra verdadera identidad y a la experiencia del Amor que nunca nos ha abandonado.

¡Feliz Navidad! 🌠🌟🎇🎄

Reflexión: El pecado es imposible.

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