jueves, 3 de septiembre de 2026

Capítulo 27. III. Más allá de todo símbolo (7ª parte).

III. Más allá de todo símbolo (7ª parte). 

7. El perdón se desvanece y los símbolos caen en el olvido, y nada que los ojos jamás hayan visto o los oídos escuchado queda ahí para ser percibido. 2Un Poder completamente ilimitado ha venido, no a destruir, sino a recibir lo Suyo. 3Con respecto a tu función, no hay opciones entre las que elegir en ninguna parte. 4La opción que temes perder, nunca la tuviste. 5Sin embargo, eso es lo único que parece ser un obstáculo para el poder ilimitado y los pensamientos homogéneos, los cuales gozan de plenitud y felicidad y no tienen opuestos. 6No conoces la paz del poder que no se opone a nada. 7Sin embargo, ninguna otra clase de poder puede existir en absoluto. 8Dale la bienvenida al Poder que yace más allá del perdón, del mundo de los símbolos y de las limitacio­nes. 9Él prefiere simplemente ser, y, por lo tanto, simplemente es.

Este punto nos habla del final del proceso de aprendizaje. El perdón, que durante el camino ha sido indispensable, se desvanece. No porque pierda valor, sino porque ha cumplido su función. El perdón era necesario mientras parecía haber culpa, ataque, separación, imágenes falsas y símbolos contradictorios. Pero cuando todo eso ha sido deshecho, ya no queda nada que perdonar.

Los símbolos caen en el olvido. Todo aquello que los ojos vieron y los oídos escucharon deja de tener sentido como objeto de percepción. La mente ya no necesita apoyarse en formas para recordar la verdad. Ya no necesita imágenes santas, ni contrastes entre oscuridad y luz, ni recursos de enseñanza. El aprendizaje ha llegado a su límite.

Entonces aparece lo que el Curso llama aquí “un Poder completamente ilimitado”. Ese Poder no viene a destruir. No viene a atacar las ilusiones, ni a combatir el mundo, ni a imponerse sobre los símbolos. Viene simplemente a recibir lo Suyo. Es decir, viene a reconocer lo que siempre le perteneció: la mente que nunca dejó de ser de Dios.

Mensaje central del punto:

  • El perdón se desvanece cuando ya ha cumplido su función.
  • Los símbolos dejan de ser necesarios cuando la verdad es recordada.
  • Nada percibido por los sentidos permanece como realidad final.
  • El Poder ilimitado no viene a destruir, sino a recibir lo que es Suyo.
  • Tu función no admite alternativas reales.
  • La opción que temes perder nunca existió verdaderamente.
  • Lo único que parece obstaculizar el Poder ilimitado es la creencia en una falsa posibilidad de elección.
  • Los pensamientos verdaderos son homogéneos, plenos, felices y sin opuestos.
  • No conocemos aún la paz del poder que no se opone a nada.
  • Pero ninguna otra clase de poder existe realmente.
  • La invitación final es dar la bienvenida al Poder que está más allá del perdón, del mundo de los símbolos y de toda limitación.
  • Ese Poder no necesita hacer nada para ser. Simplemente es.

Claves de comprensión:

  • El perdón es un medio, no el final absoluto.
  • Mientras creemos en la separación, el perdón es necesario.
  • Cuando la separación deja de creerse, el perdón desaparece porque ya no hay nada que corregir.
  • Los símbolos son útiles dentro del aprendizaje, pero no pertenecen al conocimiento.
  • La percepción necesita símbolos; la verdad no.
  • El ego teme perder opciones porque cree que elegir entre alternativas es libertad.
  • Pero la única elección real es aceptar la verdad.
  • Las demás opciones nunca existieron realmente porque procedían de la ilusión.
  • El poder verdadero no compite, no vence, no domina y no se defiende.
  • El poder verdadero no tiene opuestos.
  • Por eso no destruye: simplemente recibe lo que siempre fue suyo.
  • La paz del poder verdadero es desconocida para la mente que aún cree en conflicto.
  • Pero esa paz es inevitable porque ningún otro poder existe.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

Observa cuándo tu mente teme perder una opción:

  • “Si perdono del todo, pierdo mi derecho a elegir otra cosa”.
  • “Si suelto este juicio, me quedo sin defensa”.
  • “Si abandono esta imagen, pierdo control”.
  • “Si acepto la verdad, ya no podré decidir por mi cuenta”.
  • “Si dejo los símbolos, no sabré quién soy”.
  • “Si no me opongo, seré débil”.
  • “Si no lucho, algo me vencerá”.

Entonces pregúntate:

→ “¿Estoy defendiendo una opción que en verdad nunca tuve?”
→ “¿Creo que mi libertad consiste en elegir entre ilusiones?”
→ “¿Me da miedo un poder que no necesita oponerse?”
→ “¿Estoy confundiendo paz con pérdida de control?”
→ “¿Puedo dar la bienvenida a un Poder que no viene a destruir, sino a recibir lo Suyo?”
→ “¿Estoy dispuesto a ir más allá incluso de los símbolos que me ayudaron a aprender?”

Este punto es muy profundo porque nos muestra que el ego no sólo teme perder el mundo; también teme perder sus alternativas. Quiere conservar la posibilidad de elegir entre perdonar o condenar, amar u odiar, atacar o defenderse, recordar u olvidar. Pero el Curso dice que esa opción nunca fue real.

La verdad no compite con la ilusión. El amor no compite con el miedo. El poder no compite con la debilidad. La vida no compite con la muerte.

Sólo lo real es real. Lo demás fue una opción imaginada dentro del sueño.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿A qué símbolos sigo aferrado como si fueran la verdad final?
  • ¿Me da miedo que el perdón desaparezca porque ya no haya nada que perdonar?
  • ¿Qué opción temo perder?
  • ¿Y si esa opción nunca hubiese sido real?
  • ¿Creo que el poder verdadero debe luchar contra algo?
  • ¿Estoy dispuesto a conocer una paz que no se opone a nada?
  • ¿Qué significa para mí dar la bienvenida al Poder ilimitado?
  • ¿Puedo descansar en aquello que simplemente es?

Conclusión:

Este punto nos lleva más allá del perdón, más allá del aprendizaje y más allá de todo símbolo.

Mientras la mente cree en la culpa, el perdón es necesario. Mientras percibe imágenes falsas, necesita imágenes santas. Mientras cree en el mundo, necesita recursos de enseñanza. Pero llega un momento en que todos esos medios cumplen su función y se desvanecen.

El perdón desaparece porque ya no queda culpa. Los símbolos caen porque ya no hace falta representar la verdad. La percepción se extingue porque lo que se conoce no necesita ser visto.

Entonces el Poder ilimitado viene, no a destruir, sino a recibir lo Suyo. No hay batalla final. No hay lucha entre Dios y el ego. No hay oposición entre verdad e ilusión. Sólo hay reconocimiento.

El ego teme perder una opción. Pero esa opción nunca existió. Nunca hubo una alternativa real al Amor. Nunca hubo otro poder. Nunca hubo una voluntad opuesta a Dios capaz de sostenerse. Sólo parecía haberla mientras los símbolos parecían tener significado.

La paz que el Curso señala aquí es la paz de un poder que no se opone a nada. No vence porque no hay enemigo. No destruye porque no hay nada real que destruir. No se defiende porque no puede ser atacado.

Simplemente es. Y hacia ahí nos conduce todo el aprendizaje: al instante en que ya no necesitamos símbolos para recordar la verdad, porque la verdad ha ocupado el lugar de todo recurso y permanece como lo único que siempre fue.

Frase inspiradora: “Daré la bienvenida al Poder que está más allá de todo símbolo; no viene a destruir, sino a recibir lo que siempre fue Suyo.”

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