lunes, 1 de abril de 2019

Génesis: "El Despertar del Ser" - 1ª Parte -

Hace algunos años, sentía interés en saber si mis inquietudes por conocer el origen del hombre en su sentido metafísico, respondían a un desvarío de mi intelecto o tal vez, se trataba de una búsqueda compartida por otras mentes. Debo reconocer que dicha inquietud se despertó en mí a una temprana edad, sin saber qué razones me llevaban a plantearme tales cuestiones. Pero lo cierto, es que la vida se me presentaba con muchas incógnitas y mientras mis compañeros de juegos se interesaban por temas más comunes, mis pensamientos no dejaban de viajar por un mundo, cuanto menos fantasioso, imaginativo y no exento de misterios.

Con el tiempo, descubrí que no me encontraba, ni mucho menos, solo en tan inquietante búsqueda. Cuestiones como, ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?, también se habían convertido en las codiciadas preguntas que, toda alma inquieta, añoraba y deseaba responder. Aprendí a distinguir que, como yo, aquellos que mostraban interés y devoción por escudriñar dichos misterios de la vida, respondía a un perfil que los diferenciaba de los demás. La característica principal que los definía era su vivo interés por conocer el sentido espiritual de la existencia.

Me siento satisfecho por encajar dentro de dicho perfil. Me siento satisfecho, igualmente, por haberme planteado cuestiones existenciales  y trascendentes. Me siento satisfecho, por las respuestas que han saciado mi hambre de conocimiento y que, de manera inevitable, han conformado mi visión ante la vida. “Conócete a ti mismo”…, era el mensaje que daba la bienvenida, en los Templos, a los adeptos de la antigua Grecia. Considero de vital importancia, gozar del privilegio de conocer nuestra verdadera Identidad. No menos importante, es conocer la verdadera procedencia de nuestro Ser, pues alcanzar ese nivel de comprensión, de conciencia, nos permitirá dar respuesta a la tercera de las cuestiones, es decir, sabremos cómo debemos vivir, para expresar nuestra verdadera condición divinal. 

La sociedad actual, se encuentra en una fase de profundas transformaciones. Esos "cambios", no son casuales, sino que responden a una dinámica natural del proceso evolutivo. La causa de esos "cambios", debemos buscarla en la transformación que se está produciendo en la conciencia del ser humano, el cual, una vez que ha agotado la vía de aprendizaje que le ha ofrecido el mundo material, añora re-encontrarse con su verdadera personalidad, con su verdadero Ser. La conciencia egoica dará paso a su liberación y para ello, el pensamiento dual, la culpa, la creencia en la separación, el miedo, se transformará en un pensamiento de unidad, en perdón, en Amor Incondicional.

En mi búsqueda, ha sido importante comprender el significado de cuestiones que he considerado esenciales a la hora de alcanzar las respuestas. Una de estas cuestiones es el concepto de “separación”. Muchos autores defienden que la “separación” es el origen de nuestro estado actual: la negación de la espiritualidad y la total identificación con el ego. Siendo así, es comprensible mi interés por conocer la respuesta a la siguiente cuestión: ¿Por qué nos separamos de nuestro Creador?


Estamos abordando un tema que nos exige remontarnos a los orígenes de la creación, por lo que os invito a “sacar billete” con el ánimo de emprender un interesante viaje hacia el origen de nuestra existencia. Nuestro destino no puede ser otro que la Biblia, y escudriñar el primero de sus libros, el Génesis, donde se nos narra lo acontecido en la Magna Obra de la Creación del Universo.

Ni que decir tiene, que no es tarea fácil. Me veo obligado, antes de adentrarnos de lleno en dicho estudio, a aportar algunas cuestiones previas que considero de vital interés. Necesito cuestionar el significado aportado por los textos actuales. La interpretación legada por el paso del tiempo sobre estas cuestiones sagradas, han sufrido tantas y tantas incidencias, que no puedo menos que, refrendar los testimonios de investigadores que han dedicado parte de sus vidas al estudio de los textos sagrados originales. Uno de esos autores, Fabre d´Olivet, nos ha legado una obra, “La Lengua Hebraica Restituida”, donde pone de manifiesto las circunstancias que han rodeado, a lo largo de la historia, la traducción de los textos sagrados. En este estudio, hago honor a su magnífico trabajo, el cual goza de la favorable opinión de otros estudiosos de la Cábala. Igualmente, expondré, en un intento de ahondar en la teoría que se detalla, las conclusiones de Max Heindel, fundador de la Escuela Rosacruz de California, las cuales se recogen en su Obra “Concepto Rosacruz del Cosmos”.  


Fabre d´Olivet

El primer libro bíblico es el Génesis, un libro fundamental, primero de los cinco que, según la tradición, fue revelado a Moisés mientras estaba en el desierto con el pueblo de Israel camino de la tierra prometida.

"Fabre d’Olivet intentó realizar una traducción correcta".

Nació en Ganges (Herault, Francia) en 1767 y murió en 1824. Durante su vida se dedicó a estudiar la palabra y llegó a conocer casi todas las lenguas de Europa. Son, además, importantísimos sus estudios sobre el griego, el caldeo, el sirio y el chino, y la comparación del hebreo con el samaritano. Escogió el hebreo, de entre el chino y el sánscrito, y profundizó en él, llegando a la conclusión de que este idioma, estando formado en sus orígenes por concepciones intelectuales, metafóricas y universales, evolucionó insensiblemente hacia sus elementos más groseros, circunscribiéndose a expresiones materiales específicas y particulares. Mostró como y en que época se perdió totalmente. Y restableció la lengua perdida en sus principios originales. (Introducción El Génesis Descifrado de Fabre d´Olivet)


Un poco de historia…

Richard Simón, (1638-1712), sacerdote francés, iniciador de la exégesis bíblica moderna en la Iglesia Católica y el mejor crítico que ha escrito sobre la materia, nos revela algo, que la Biblia lo demuestra y el Talmud lo afirma, el olvido de la lengua hebrea después del cautiverio de Babilonia. Los hebreos, transformados en judíos, seis siglos antes de J.C., no hablaban ni comprendían su lengua original. empleaban un dialecto sirio llamado "arameo", el cual estaba formado por la unión de varios idiomas de Asiria y Fenicia.

A partir de esta época, “La Ley de Moisés”  fue siempre parafraseada en las sinagogas. En verdad, se hace complicado afirmar hoy si dichas versiones fueron desde un principio escritas por doctores, verdaderos conocedores del idioma, o si cayeron en manos de intérpretes sin escrúpulos.

Surgieron violentos enfrentamientos y disputas al no ponerse de acuerdo en las interpretaciones de los Textos Sagrados. Por un lado estaban los que se erigían como los legítimos poseedores de la ley oral dada en secreto por Moisés. Por otro lado, se encontraban  sus detractores, los que negaban la existencia de esta ley.

La defensa de estas dos corrientes, propició la creación de dos sectas rivales:
  • Los Fariseos, defensores del sentido espiritual, fue la más numerosa y la más considerada; utilizaban las alegorías para descifrar los pasajes más obscuros. Creían en la inmortalidad del alma y en la Providencia divina.
  • Los Saduceos, negaban la existencia del Espíritu, no creían en la inmortalidad del alma y se burlaban de las interpretaciones  alegóricas de los Fariseos.
Entre ambas tendencias interpretativas, surgió una nueva corriente que, aunque menos numerosa, era infinitamente más instruida: la de los Esenios. A diferencia de los Saduceos, los Esenios no mostraron interés por ocupar cargos sacerdotales, Se ocuparon principalmente, por la aplicación de la moral y al estudio de la naturaleza. La peculiaridad de las interpretaciones de esta secta, se caracteriza por conservar la letra y el sentido material de cara al exterior y reservó, de una manera hermética y secreta, la tradición y la ley oral.

De los Fariseos, descienden los judíos modernos, con excepción de algunos raros sabios cuya tradición secreta se remonta hasta la de los Esenios. Los Saduceos originaron los Karaitas actuales, también llamados Seriptuarios. Antes de que los Judíos hubieren poseído sus Targumes (comentarios) caldeos, ya los Samaritanos tuvieron una versión del Sefer, hecha en lengua vulgar, pues estaban todavía en menos condiciones que los Judíos para comprender el texto original. Dicha versión, se posee completa, siendo la primera de todas las que se han hecho, merece, por consiguiente, más confianza que los Targumes. El dialecto en que está escrita la versión samaritana, tiene más relaciones con el hebreo que el arameo o el caldeo de los Targumes.
Ordinariamente se atribuye a un rabino llamado Ankelos, el Targum del Sefer, propiamente dicho, y a otro rabino llamado Jonathán, el de los otros libros de la Biblia; no obstante, sería difícil fijar la época de su composición. Se infiere solamente, que éstos son más antiguos que el Talmud, porque su dialecto es más correcto y menos desfigurado.

Los judíos, están protegidos por los monarcas persas. El imperio de Ciro se derrumba; Babilonia cae en poder de los griegos; todo se rinde bajo las leyes de Alejandro.
Muerto Alejandro  los judíos caen en poder de los Seléucidas. La lengua griega, llevada a todas partes por los conquistadores, modifica de nuevo el idioma de Jerusalén, y lo aleja cada vez más del hebreo. El Sefer de Moisés, desfigurado ya por los comentarios, va a desaparecer completamente en la versión de los griegos.

Gracias a los cuidados de Ptolomeo, se erigió en Alejandría la soberbia biblioteca que Demetrio de Falera, a quien aquél confiara la custodia, enriqueció con todo lo que entonces ofrecía la literatura de los pueblos como más preciados. Desde largo tiempo los judíos se habían establecido en Egipto.
Eleazar le envió un ejemplar del Sefer de Moisés, permitiéndole hacerlo traducir a la lengua griega. Sólo fue cuestión de elegir los traductores. Como los Esenios del monte Moria gozaban de una merecida reputación de sabiduría y santidad, todo me lleva a creer que Demetrio de Falera puso los ojos en ellos y les transmitió las órdenes del rey.

El Sefer estaba, según ellos, compuesto de cuerpo y espíritu; por cuerpo entendían ellos el sentido material de la Lengua hebrea, y por espíritu, el sentido espiritual extraviado por el vulgo.
Hicieron una versión verbal todo lo exacta posible que pudieron en la expresión restringida y corpórea, y para guardarse todavía más de los reproches de profanación, se sirvieron del texto y de la versión samaritana en muchos pasajes, y en todos aquellos en que el texto hebreo no ofrecía demasiada obscuridad.

El Talmud asegura que en un principio sólo fueron cinco los intérpretes, lo que es casi probable, pues se sabe que Ptolomeo no mandó traducir sino los cinco libros de Moisés, contenidos en el Sefer, sin preocuparse de las adiciones de Esdras.
Bossuet se muestra de este parecer, diciendo que el resto de los libros sagrados fue traducido al griego expresamente para uso de los judíos diseminados por Egipto y Grecia, donde no solamente habían olvidado su primitiva lengua, que era el hebreo, sino hasta el caldeo, que aprendieron en su cautiverio. Dicho escritor añade, y ruego al lector se fije en esto, que estos judíos elaboraron un griego mezclado de hebraísmos, la llamada Lengua helenística, y que los Septantes y todo el Nuevo Testamento, está escrito en dicho lenguaje.
Está probado que los judíos, diseminados por Egipto y Grecia, habiendo olvidado completamente el dialecto arameo en el cual estaban escritos sus Targumes y necesitando un comentario en lenguaje corriente, debían tomar, naturalmente, la versión del Sefer, que existía ya en la Biblioteca real de Alejandría; esto es lo que hicieron. Añadiéronle una traducción de las adiciones de Esdras, y enviaron el todo a Jerusalén para hacerlo aprobar como comentario. El sanhedrín acogió su demanda, y como este tribunal se encontraba entonces compuesto de setenta jueces, de conformidad con la ley, dicha versión recibió por ello el nombre de Versión de los Setenta; es decir, aprobada por ellos.

Tal es el origen de la Biblia. Es una copia en lengua griega de las escrituras hebreas, donde las formas materiales del Sefer de Moisés, están bastante bien conservadas para que aquellos que no ven nada más allá, no pudieran sospechar sus formas espirituales. En el estado de ignorancia en que se encontraban los judíos, este libro disfrazado les debía convenir. Y les convino de tal suerte, que en muchas sinagogas griegas, era leída no tan sólo como comentario, sino en lugar y con preferencia al texto original. ¿De qué hubiera aprovechado el leer el texto hebreo?

Un nuevo culto nació, el cristianismo, en este estado de ignorancia, y cuando la Biblia griega usurpaba en todas partes el sitio al Sefer hebreo. El imperio romano fue envuelto por él. Jesús y sus discípulos habían citado siempre la Biblia griega, despreciaron el texto hebreo.
El último de los Patriarcas que vio la horrible imperfección de la versión de los helenistas y que quiso remediarlo, fue San Jerónimo. Veía que el único medio de llegar a la verdad era recurrir al texto original. Este era completamente desconocido. El griego lo era todo. ¡Cosa extraordinaria y completamente extravagante! Sobre el texto griego se hicieron, a medida que hubo necesidad, no sólo la traducción latina, sino la copta, la etíope, la árabe, la persa, la siria y todas las demás.
Más para recurrir al texto original había que entender el hebreo. ¿Y cómo comprender una lengua perdida desde hacía más de mil años? Los Judíos, con excepción de un corto número de sabios a los cuales no se lo hubieran arrancado con los mayores tormentos, no la conocían mucho mejor que San Jerónimo. Sin embargo, el único medio que quedaba a éste, era dirigirse a los judíos. Tomó un maestro entre los rabinos de la escuela de Tiberiades. Al saber esta noticia, toda la Iglesia cristiana lanzó un grito de indignación. San Agustín combate denodadamente a San Jerónimo.

San Jerónimo, viéndose el blanco de estas borrascas, se arrepiente de haber dicho que la versión de los Setenta era mala; tergiversa, diciendo a lo mejor para adular al vulgo, que el texto hebreo está corrompido, como lo exalta diciendo que los judíos no han corrompido una sala línea.
San Jerónimo tuvo el valor de proseguir su proyecto; sin embargo, otros obstáculos más terribles le esperaban. Ve que el hebreo que quiere interpretar se le escapa a cada momento; que los Judíos que consulta se mueven en la mayor incertidumbre; que no coinciden jamás en el sentido de las palabras, no teniendo ningún principio fijo, ninguna gramática; que el único léxico del cual se podía servir es la misma versión helenista que él había pretendido corregir. ¿Cuál es pues el resultado de su trabajo? Una nueva traducción de la Biblia griega, hecha en un latín quizás menos bárbaro que las traducciones precedentes, y confrontada con el texto hebreo, sujetándose a las formas literales. San Jerónimo no podía hacer otra cosa. Si hubiese penetrado en los principios más íntimos del hebreo, o que el genio de esta lengua se le hubiese desvelado a sus ojos, hubiese estado obligado a callarse o a limitarse a la versión de los helenistas.
Esta es la traducción latina denominada ordinariamente la Vulgata.
El concilio de Trento declaró auténtica dicha traducción, sin hacerla, no obstante, infalible; sin embargo, la Inquisición la ha sostenido con toda la fuerza de sus argumentos y los teólogos con todo el peso de su intolerancia y de su parcialidad.
Por más que Martín Lutero y Agustín de Eugubio digan que los helenistas son unos ignorantes, copiando a San Jerónimo, no se salen de su léxico.

Cualquiera que sea la lengua a que se vierta es siempre la versión de los helenistas que se traduce, puesto que ésta sirve de léxico a todos los traductores del hebreo.

Es imposible salirse nunca de este círculo vicioso, sin adquirir un verdadero y perfecto conocimiento de la lengua hebrea. Pero ¿cómo adquirir dicho conocimiento?

He manifestado ya como compuesto en su origen de expresiones intelectuales, metafóricas y universales, había caído insensiblemente en sus elementos más groseros, limitándose a las expresiones materiales, propias y particulares.
He seguido las revoluciones del Sefer de Moisés, único libro que lo contiene. He desarrollado en qué ocasión y de qué manera se hicieron las principales versiones. He reducido estas versiones al número de cuatro, a saber: los comentarios caldeos o targumes, la versión samaritana, la de los helenistas (llamada versión de los Setenta) y por fin, la de San Jerónimo o Vulgata.


(Extracto de la obra La Lengua Hebraica Restituida de Fabre d´Olivet).


Continuará...

domingo, 31 de marzo de 2019

Amar: "El respeto del Libre Albedrío"

Estas líneas no pretenden desarrollar un estudio extenso y profundo del significado que encierra el término Amor, entre otras razones porque no estoy capacitado para hacerlo, pues considero que el Amor no es un concepto teórico que se pueda comprender con la mente, sino una experiencia individual que, curiosamente, cuando se vive, nos lleva directamente a la visión de la unicidad.

El motivo que me anima a dejar estas reflexiones, es compartir una experiencia que considero reveladora, tanto en cuanto, hasta hoy, tan sólo había conseguido acercarme a ella desde el punto de vista teórico, cognoscitivo, desde el entendimiento mental. 

Hoy, mi corazón ha recibido la certeza de que el Amor, tan solo es posible experimentarlo, cuando aceptamos y respetamos nuestro Libre Albedrío y el de los demás. Cuando mi corazón ha recibido esa visión, todo mi Ser, incluido mi cuerpo físico, ha percibido una inmensa sensación de gozo, de dicha, de felicidad y lo que considero muy importante, de libertad, pues tan sólo el Amor nos aporta esa experiencia gozosa, mientras que el miedo, nos mantiene prisioneros de creencias, como el dolor, el sufrimiento, el tener y poseer, etc

¿Qué significa Amar el Libre Albedrío, el propio y el de los demás? ¿Acaso, cuando deseo lo mejor para mi familia, para mis amigos, para el mundo, no los estoy amando?

Acerquémonos, en primer lugar, a la segunda de las cuestiones planteadas, y la primera se contestará, por si misma.

Estamos muy familiarizados con la creencia, de que desear lo bueno es amar. Pero, ¿qué ocurre cuando ese deseo se ve frustrado? ¿Ya no amamos? ¿Decidimos identificarnos como víctimas del destino? ¿Culpamos a Dios de nuestra mala fortuna, como consecuencia del pago a nuestros pecados?

Observemos nuestro comportamiento. Pongamos por caso, de que la vida nos sorprende con un regalo material, nos toca el primer premio en la lotería. Nuestra cuenta bancaria se ha inflado de repente  y ahora, nuestra mayor preocupación es quitarnos de encima a los muchos banqueros que nos visitarán para conseguir que depositemos nuestro dinero en sus arcas. Sí, si en ese momento, alguien nos preguntase como nos sentimos,  le diríamos que muy felices y aceptamos de buenas ganar la experiencia. Esa respuesta, responde a la creencia de que la felicidad depende de factores externos a nosotros. Podemos comprobarlo, si nos place.

Analicemos ahora otra secuencia, de las muchas que se producen en la vida. Nuestro hijo lleva unos meses quejándose de molestias físicas. En principio no le hemos dado mayor importancia, pensando que tales hecho no revestían mayor importancia. Decidimos llevarle al médico y tras los resultados de la exploración, el médico nos comunica que nuestro hijo tiene un cáncer. En esos momentos, la vida nos da un vuelco. A nuestra mente llega información muy variopinta, pero toda ella se caracteriza por un mismo color, el negro. Lo vemos todo de ese color. Donde antes había luz y discernimiento, ahora todo es oscuridad y depresión. La palabra cáncer tiene un efecto destructivo en nuestras emociones. Somos la misma persona que antes había aceptado la experiencia del premio de lotería con un profundo optimismo y satisfacción. En ese momento, toda en nuestra vida brillaba de una manera especial. Ahora, no conseguimos percibir ni un solo rayo de esa luz.

Si alguien nos dijese, que afrontando la vida de la manera que hemos expuesto en el segundo caso, no estamos expresando Amor, no le creeríamos, es más, seguro que nos causaría una profunda desilusión, la cual le llevaría a mantener lejos a la persona que se ha atrevido a plantear tal cuestión.

Sin embargo, cuando estamos hablando del verdadero Amor, ya hemos adelantado algo, es preciso que respondamos aceptando la libertad de los demás.

Tal vez os estoy preguntando, ¿dónde se encuentra la libertad en la dolorosa y amarga experiencia de la enfermedad de nuestro hijo? 

Esa cuestión es lógica desde la visión y desde la creencia del ego, el cual tan solo cree en el mundo de las formas, en el cuerpo físico y en la percepción de lo que toca y siente con los sentido corporeo-mentales. Para el ego, la vida, lo real, es lo que experimenta el cuerpo desde que nace hasta que muere. Con la muerte, finaliza la existencia. Por lo tanto, es lógico que sus planteamientos le lleven a sentir temor por las enfermedades críticas, como el cáncer.

Desde el planteamiento del ego, no se está respetando el Libre Albedrío de la persona que experimenta una vivencia. El ego, no reconoce que tan solo es un envoltorio, un vehículo, que es conducido por un conducto, nuestro verdadero Ser, el cual, elige el camino y la ruta que va a recorrer ese vehículo. En ese trayecto, puede elegir tener experiencias, de las llamadas afortunadas, como la vivida con el premio de lotería, y también puede elegir tener experiencias, de las llamadas amargas, como la vivida con la enfermedad de nuestro hijo.

Siguiendo esa idea, la enfermedad de nuestro hijo ha sido elección de su conductor. La razón no es otra que aportarles las experiencias necesarias para que avance conciencialmente.
Si esto es así, debemos actuar como nuestro Padre actúa con nosotros, esto es, respetando nuestro Libre Albedrío, pues El nos ha dotado de ese Atributo Divino al crearnos a Su Imagen y Semejanza.

Por lo tanto, la máxima expresión del Amor, que es Dios, nos muestra su Amor, respetando el uso de nuestra voluntad. De esta manera, lo que está permitiendo es que cada uno de sus Hijos goce de la libertad de elegir su propio proceso de aprendizaje.

Para muchos, puede parecer carente de sentimiento y de emociones, el actuar respetando la experiencia de nuestro hijo, por el simple hecho de que haya sido su elección. Pero, ¿qué pasa con lo que sentimos?

De nuevo, el ego nos ofrece argumento desde su lógica y desde su propia visión separada de los demás. Entiende que para amar hay que sufrir. Pero no es cierto. No hay mayor Amor que aquel que respeta la elección propia y la de los demás. Si tuviésemos acceso a la visión espiritual, si tuviésemos acceso al conocimiento de nuestro Espíritu, ello nos permitiría contemplar y entender, cómo lo que hemos llamado conductor, nuestro Ser Espiritual, ha elegido en los mundos espirituales, antes de encarnar en el mundo físico, las experiencias que ayudarán a evolucionar al encarnante. A veces esas experiencias, desde la visión corporeo-mental se interpretan como traumáticas, pero al saber que responden a la libre elección, hay que aceptarlas y comprender que ellas le ayudarán en su proceso evolutivo y conciencial.

En cuantas ocasiones, nos hemos visto en la necesidad de tomar drásticas decisiones con la sana intención de rectificar el comportamiento erróneo de un hijo. La intención no es dañarle, sino ayudarle a tomar conciencia de sus errores.

Amar, o lo que es lo mismo, respetar el Libre Albedrío nos lleva a vivir la vida con plena aceptación de todo cuanto nos ocurre, pues reconocemos en todas y cada una de las experiencias vividas, que son el resultado de la libre elección realizada por nuestro verdadero Ser en los mundos espirituales, donde, realmente, tenemos nuestro Hogar.

sábado, 23 de marzo de 2019

La Cuaresma (cuarentena): Significado Espiritual del nº 40

Quiero aprovechar, que nos encontramos transitando por tiempo “cuaresmal” para acercarnos al significado espiritual que encierra este evento cósmico.

Como en otras ocasiones, analizaremos el enfoque que nos aporta el saber popular, para ello consultaremos la fuente Wikipedia, y como no puede ser menos, buscaremos el sentido espiritual y esotérico, para lo cual, citaremos las enseñanzas escritas por Kabaleb. Igualmente, haremos valer el conocimiento que nos aporta la numerología, así como el Tarot, para descifrar el significado esotérico del nº 40.

Enseguida el Espíritu le empujó hacia el desierto. 13  Permaneció en él cuarenta días, tentado por Satanás, y moraba entre las fieras, pero los ángeles le servían (Marcos1, 12-13).

Nos relata la crónica sagrada que después de recibir el bautizo, Jesús, ya con la personalidad crística incorporada, fue transportado por el espíritu al «desierto» y sometido a las tentaciones del Diablo. Pasó allí cuarenta días ayunando y, nos dice Marcos, estaba con las bestias salvajes.
En el lenguaje simbólico, las bestias salvajes son nuestros instintos y bajas pasiones.

El trabajo de purificación duró cuarenta días, justo los que dura la Cuaresma. Los estudiantes de angeología saben que cuarenta son los días regidos por cada uno de los nueve coros de ángeles (ya que cada ángel tiene cinco grados de regencia en el zodíaco y hay ocho ángeles por coro (5*8=40)), y que el periodo cuaresmal que va de veinte grados de Acuario a treinta de Piscis, está regido por el coro de ángeles de Yesod, especializado en los trabajos de purificación del cuerpo vital, purificación indispensable para actuar conscientemente en los mundos de arriba y para recibir el mensaje divino que todos los años se desprende del signo de Aries cuando el sol transita por él a partir del 21 de marzo.


Cuarenta días de ayuno dejan el cuerpo «limpio», transmutan integralmente la personalidad y permiten al individuo renacer, cualesquiera que hayan sido los errores que haya podido cometer. Es difícil que una enfermedad subsista después de cuarenta días de ayuno y de ellos sale el Hombre Nuevo.


¿Qué es la Cuaresma?


La Cuaresma: del latín: quadragésima, Cuadragésimo día (antes de la pascua) es el período del tiempo litúrgico (calendario cristiano) destinado por la Iglesia católica, la Iglesia católica ortodoxa y la Iglesia anglicana, además de ciertas Iglesias evangélicas, aunque con inicios y duraciones distintas, para la preparación de la fiesta de Pascua.


Oficialmente, la Cuaresma comienza el miércoles de Ceniza y termina justo antes de la "Misa de la Cena del Señor" en la tarde del Jueves Santos. La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba de Jesús al vivir durante 40 días en el desierto previos a su misión pública. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo israelita por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto. A lo largo del tiempo de Cuaresma, los cristianos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. La Cuaresma tiene cinco domingos más el Domingo de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Es, por excelencia, el tiempo de conversión y penitencia del año litúrgico. Por eso, en la misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el jueves santo, en la misa de la cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del evangelio. El color litúrgico asociado a este período es el morado, asociado al duelo, la penitencia y el sacrificio a excepción del cuarto domingo que se usa el color rosa y el Domingo de Ramos en el que se usa el color rojo referido a la Pasión del Señor.

Son exactamente cuarenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los domingos.

La Pascua tiene mucha relación con el calendario agrícola y el tiempo de renovación de la tierra. Para calcular su celebración se toman en cuenta el sol y la luna (sol de primavera y luna llena). En ese sentido, se debe buscar el primer domingo posterior a la primera luna llena de primavera septentrional (Hemisferio Norte). Una vez encontrada la Pascua, son contados cuarenta días atrás para fijar el primer día de la cuaresma, es decir, el correspondiente al llamado "miércoles de ceniza" (los domingos, según se explica arriba, no son tomados en cuenta para hacer este cálculo).

La práctica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia para constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Según San León, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es deducida del análisis del sermón 42).

Se trataba, por tanto, de un tiempo, introducido por la imitación de Cristo y de Moisés, en el que la comunidad cristiana se esforzaba en realizar una profunda renovación interior. El Catecismo de la Iglesia Católica retoma esta idea y la expresa de la siguiente manera: “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto”.

El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma, se realiza el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente de los fieles católicos. La ceniza representa la destrucción de los errores del año anterior al ser éstos quemados. Mientras el sacerdote impone la ceniza dice una de estas dos expresiones: "Arrepiéntete y cree en el evangelio" (Mc 1,15) o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Gén 3,19)

El Miércoles de Ceniza es el primer día de la Cuaresma en los calendarios litúrgicos católico, protestante y anglicano. Se celebra cuarenta días antes del inicio de Semana Santa, es decir, del Domingo de Ramos. La ceniza es elaborada o extraída de los Ramos benditos de la Semana Santa anterior, es decir, los del Domingo de Ramos, estos se incineran y de ahí sale la Santa Ceniza.
Este día ocurre en diferente fecha cada año, de acuerdo con la fecha móvil de Pascua. Puede acontecer entre el 4 de febrero y el 10 de marzo.

¿Por qué miércoles?
Cuando en el siglo IV, se fijó la duración de la Cuaresma en 40 días, ésta comenzaba 6 semanas antes de la Pascua (Para calcular la fecha de la Pascua se usaba el Computus), en domingo, el llamado domingo de "cuadragésima". Pero en los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal. Y aquí surgió un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en día domingo por ser "día de fiesta", la celebración del día del Señor. Entonces, se movió el comienzo de la Cuaresma al miércoles previo al primer sábado del mes.

Este día, que es para los católicos día de ayuno y abstinencia, igual que el Viernes Santo, se realiza la imposición de la ceniza a los fieles que asisten a misa. Estas cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza de los fieles como signo de la caducidad de la condición humana; como signo penitencial, ya usado desde el Antiguo Testamento; y como signo de conversión, que debe ser la nota dominante durante toda la Cuaresma.

40 días de purificación y la tentación.

El ayuno de Jesús tuvo lugar en el “desierto” que representa esa tierra sin cultivar que une la personalidad sagrada a la profana, que va del mundo estructurado y material a la región de la Gracia y del Amor. Es una tierra que debe ser cultivada; ese desierto debe convertirse en un camino de rosas. Ello significa, para el discípulo, que esos cuarenta días de ayuno deben transcurrir en un lugar desde el que pueda vivir intensamente la vida espiritual.
Esto debe consistir en asimilar los programas de que son portadores los rostros angélicos, en primer lugar los correspondientes a los ocho ángeles lunares, cuyo domicilio zodiacal se encuentra situado entre los veinte grados de Acuario y treinta grados de Piscis; en segundo lugar los programas de los cuarenta últimos rostros que rigen, a razón de uno por día y que se inician con Yehuiah, el n° 33, primero de los ángeles Potencias de Gueburah.

Los cuarenta días de ayuno no deben transformarse en un tiempo muerto, sino en un periodo muy activo, en el que el alma humana pasa revista a toda su existencia y procede a una reconsideración profunda de sí misma. Para que el Hombre Nuevo pueda nacer, es preciso que sea elaborado, que el discípulo facilite un trabajo, sin perder de vista que es la divinidad interna, la que llevamos dentro, la que trabaja, y sólo cuando ésta se ha movido, la divinidad externa produce las circunstancias que ayudarán la primera a realizar su propósito.

Si el aspirante a los ayunos no dispone de soledad para realizarlos, si tiene que practicarlos en el ajetreo de la vida mundana, con deberes sociales y familiares que cumplir, es mejor que no realice la prueba. Siempre puede entrenarse ayunando ciertos días, como el corredor de fondo, cuando se prepara para la gran prueba. Esta misma preparación le acercará al objetivo, es decir, creará las circunstancias que le permitirán un día realizar su transmutación.

Al final de su ayuno, Jesús recibe la visita del tentador que lo somete a tres tentaciones, una para el cuerpo físico, otra para el cuerpo de deseos y la tercera para el mental. La primera se refería al hambre. Después de cuarenta días sin comer, el tentador sugirió al espíritu de Jesús que convirtiera las piedras en pan; es decir, que utilizara sus poderes espirituales para alterar el orden natural en su propio provecho.
Esta es una prueba que un día u otro ha de presentarse al discípulo: la utilización de sus poderes en su provecho personal. Esa voz interna será acompañada de todas las sutilezas requeridas, a fin de que el discípulo considere justificadas sus proposiciones. Le dirá que para cumplir su misión bien es preciso que se alimente, es decir, que exija de aquellos a quienes destina sus enseñanzas, el dinero necesario para vivir, para organizar la enseñanza y difundirla lo más ampliamente posible. Muchos son los que han cedido a ese tipo de sugerencias y venden hoy sus conocimientos con la excusa, profanamente válida, de que tienen que vivir.

La segunda tentación se refiere a su naturaleza emotiva. El tentador lo transporta a lo alto de la torre del templo de Jerusalén y lo invita a que se arroje de ella, asegurándole que los ángeles acudirían para sostenerle. Es decir, lo estaba invitando a que hiciera una demostración pública de sus poderes, a fin de que quedara patente para todo el mundo que él era un ser fuera de serie y le prestaran obediencia, no por una doctrina y por una actitud coherente con ella, sino por el fenómeno que habían observado.
Esa tentación también la sufrirá el discípulo y son también numerosos los que han sucumbido a ella. Muchos son, en la fauna espiritualista, los que se llaman maestros o profesores, porque dicen haber sido contactados por los extraterrestres, o recibido una misión de un santo, de la Virgen o del mismo Cristo, o aún pretenden ser su reencarnación o la de personajes ilustrísimos. Otros fían su maestría en otro tipo de fenómenos: afirman fabricar oro o lo fabrican realmente, tuercen cucharas, proclaman sus visitas a otros planetas, y un largo, etcétera. Todos ellos han cedido a la tentación de adquirir un prestigio mundano a base de producir fenómenos ante las multitudes asombradas. La auténtica espiritualidad no se manifiesta de esta forma, sino mediante una vida discreta y una obra útil a los demás.

La tercera tentación va dirigida al cuerpo mental. El tentador transporta a Jesús a una montaña muy elevada, desde la cual pueden verse todos los reinos del mundo y se los ofrece si acepta adorarlo, es decir, si adopta los métodos de acción de Satán y no los de Cristo.
Ésta es la prueba del orgullo, del envanecimiento que todo discípulo deberá pasar. El conocimiento aísla, aparta al adepto del mundo y son muchos los que buscan la alta montaña que ponga tierra por medio entre ellos y los habitantes del valle, buscando un saber cada vez más intenso, escalando así una montaña más y más elevada, en lugar de transmitir sus conocimientos a los que viven a niveles inferiores (en comprensión) al suyo. Muchas grandes almas se han perdido en esa montaña desde la cual Satán ofrece todos los reinos del mundo, y también Max Heindel, en unas notas biográficas, refiere cómo los hermanos mayores de la Rosacruz probaron a un candidato a sus enseñanzas, pidiéndole a cambio que las guardara secretas, a lo cual ese candidato accedió, quedando así automáticamente descalificado.

Muchos conocedores de la alta ciencia se reservan información, porque piensan que si la transmiten, los demás sabrían tanto como ellos o, peor aún, siembran sus escritos de errores con la pretensión de que los auténticos adeptos los descubran. Lo importante para ellos es que los que viven en el valle permanezcan en él para poder vivir solos en la montaña. Bien dijo Juan que había venido a “preparar el camino del Señor y allanar sus senderos”. Allanar los senderos ha de ser un trabajo constante del discípulo, y no crear montañas que lo separen de los demás por un abismo de conocimientos inútiles.

Por otra parte, muchos son los que viven mentalmente en la montaña, pero arrastrando un cuerpo emocional que no ha podido escalarla. Con los pensamientos en lo alto y los deseos en el valle, cuando los unos tratan de alcanzar a los otros, ven que el camino les conduce inevitablemente al jardín de las muchachas en flor que el mago Klingsor ha plantado en las últimas rampas del sendero que lleva al castillo de Monsalvat, tal como nos refiere la leyenda de Parsifal, y en ese jardín naufragan todas sus pretensiones, y allí se quedan humillados y confusos.

La aparición del tentador representa un episodio que todo candidato debe ineludiblemente vivir. En efecto, al elevarse hacia los mundos superiores, el aspirante entra en contacto consciente con el Mundo del Deseo, iniciando esa relación, como es natural, por las zonas más bajas de dicho mundo, o sea aquéllas en las que residen los Luciferianos. Se encontrará entonces a su merced y se verá asaltado por ellos y rodeado de su solicitud, siendo objeto de su pretensión de instruirlo. Esos anfitriones harán lo posible para que el huésped se quede a residir allí, para que no “suba” más arriba y le harán ver todas las ventajas que ofrece su mundo. Los Luciferianos atacan siempre al candidato por su vertiente más débil, presentándole las pruebas en las que más fácilmente puede sucumbir.

Habiendo superado las pruebas de Satán, nos dice el texto sagrado, éste se retiró y aparecieron los ángeles para servirle. Este episodio de la vida de Jesús nos refiere el siguiente paso.  Si en el camino de ascenso a los mundos espirituales debemos efectuar un tránsito obligatorio por las regiones inferiores del Mundo del Deseo, si sabemos no detenernos allí, el próximo paso nos conducirá a las regiones superiores de dicho mundo, donde residen los ángeles, y allí nos encontraremos ya en seguridad. Jesús tuvo que vivir todos estos episodios, porque éste es el itinerario obligado para aquellos que emprenden el camino que va de lo humano a lo divino, o sea de la naturaleza de Jesús a la de Cristo.

Referencias del nº 40

El número cuarenta en la mayoría de los casos parece ser usado por Dios para representar un periodo de prueba o juicio.

Cuarenta días:
  • Gén. 7.4: “Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice”. 
  • Gén. 7.12: “y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”. 
  • Gén. 7.17: “Y fue el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra”. 
  • Gén. 8.6: “Sucedió que al cabo de cuarenta días abrió Noé la ventana del arca que había hecho”. 
  • Gén. 50.3: “Y le cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lo lloraron los egipcios setenta días”. 
  • Ex. 24.18: “Y entró Moisés en medio de la nube, y subió al monte; y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches”. 
  • Ex. 34.28: “Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos”. 
  • Deut. 9.9: “Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua”. 
  • Deut. 9.11: “Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto”. 
  • Deut. 9.18: “Y me postré delante de Jehová como antes, cuarenta días y cuarenta noches; no comí pan ni bebí agua, a causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo el mal ante los ojos de Jehová para enojarlo”. 
  • Deut. 9.25: “Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová dijo que os había de destruir”. 
  • Deut. 10.10: “Y yo estuve en el monte como los primeros días, cuarenta días y cuarenta noches; y Jehová también me escuchó esta vez, y no quiso Jehová destruirte”. 
  • Mat. 4.2: “Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre”. 
  • Mar. 1.13: “Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían”. 
  • Luc. 4.2: “Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre”. 
  • Hech. 1.3: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios”. 

Cuarenta años:

  • Ex. 16.35: “Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán”. 
  • Núm. 14.33: “Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto”. 
  • Núm. 32.13: “Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los hizo andar errantes cuarenta años por el desierto, hasta que fue acabada toda aquella generación que había hecho mal delante de Jehová”. 
  • Deut. 8.2: “Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos”. 
  • Deut. 29.5: “Y yo os he traído cuarenta años en el desierto; vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni vuestro calzado se ha envejecido sobre vuestro pie”. 
  • Jos. 5.6: “Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel”. 
  • 2Sam. 5.4: “Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años”. 
  • 1Rey. 2.11: “Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén”. 
  • 1Rey. 11.42: “Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años”. 
  • Neh. 9.21: “Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies”. 
  • Sal 95.10: “Cuarenta años estuve disgustado con la nación,y dije: Pueblo es que divaga de corazón,y no han conocido mis caminos”. 
  • Hech. 7.30: “Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza”. 
  • Hech. 7.36: “Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años”. 
  • Hech. 7.42: “Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas:¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 
  • Hech. 13.18: “Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto”. 
  • Heb. 3.9: “Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años”. 
  • Heb. 3.17: “¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto”.



Isaac tenía 40 años de edad cuando contrajo matrimonio con Rebeca (Gén. 25:20).
Esaú tenía 40 años de edad cuando contrajo matrimonio con Judit (Gén. 26:34).
Las basas de plata estuvieron en grupos de 40 (Ex. 26:19 & 21).

En Egipto los Faraones eran enterrados 40 días después de su muerte, ese tiempo estaba consagrado a la preparación del difunto para el "Viaje", el alma necesitaba 40 días para la separarse definitivamente de los 3 componentes del ser: cuerpo, alma, espíritu.

Según San Agustín, el número 40 representa la perfección: "Las Leyes fueron dadas en 10 mandamientos, estos han sido predicados en el mundo entero, (en su época estaba compuesto de 4 partes): Oriente, Occidente, Mediodía y aquilón, (10x4=40).

Durante 40 días Buda ayunó antes de comenzar su apostolado.

En el Islam el número 40 también es importante:
  • 40 compañeros.
  • 40 perfectos.
  • El Universo esta sostenido por 40 pilares.
  • 40 columnas soportan la cúpula de la Mezquita de Omar en Jerusalén.
  • En la Edad Media, los musulmanes se depilaban las axilas cada 40 días.
  • En la lengua Persa y Turca al gusano "mil patas" lo llaman "40 patas".
  • No olvidemos el cuento de "Ali Baba y los 40 ladrones".   

Visión de la Numerología

En el número 40 se dan cita dos claves ocultas en la que se asienta las enseñanzas cabalistas:
  • El Sagrado Nombre de Jehová: Yod-He-Vav-He.
  • El Árbol Cabalístico.

El Rostro Divino de Jehová nos revela las 4 fases de todo proceso creador:

1.      Iniciar.
2.      Interiorizar.
3.      Exteriorizar.
4.      Materializar.

Cada una de esas fases está relacionada con los 4 vehículos con los que está dotado el ser humano:

1.      Cuerpo Mental.
2.      Cuerpo de Deseos.
3.      Cuerpo Vital o Etérico.
4.      Cuerpo Físico.

El Árbol Cabalístico, es el esquema donde se recogen los 10 Centros de Conciencia, llamados Séfiras, representando el Gran Cuerpo Divino. El Trabajo Espiritual del ser humano es tomar consciencia de cada uno de esos Centros, lo que nos llevará a la condición de Ser Dioses Creadores.

1.      Kether (Voluntad)
2.      Hochmah (Amor)
3.      Binah (Inteligencia Activa-Ley)
4.      Hesed (Poder-Abundancia Paradisiaca)
5.      Gueburah (Justicia-Rigor)
6.      Tiphereth (Armonía-Consciencia)
7.      Netzah (Belleza)
8.      Hod (Razón)
9.      Yesod (Fundamento-Cristalización)
10.   Malkuth (Materialización)

Cuando unimos el número 4, o lo que es lo mismo, cuando utilizamos todos nuestros vehículos en armonía y utilizamos las Energías Espirituales de cada uno de los 10 Séfiras, obtenemos el número 40, lo que nos aproxima a la idea de que estamos capacitados para emprender una labor creadora, o lo que es lo mismo, llevar al terreno práctico la sabiduría adquirida.

Visión del Tarot

La Letra Hebrea que representa al nº 40 es el Mem y el Arcano del Tarot, es la Muerte.
La regencia astrológica es Capricornio.
Causalmente, el nacimiento de Jesús, se produce bajo la regencia de ese mismo signo. Capricornio es la puerta de entrada al Elemento Tierra, donde la conciencia se oscurece, corriendo el riesgo de perder su conexión con la personalidad espiritual.
El mundo del Mem y el de Capricornio, nos pone a prueba en la medida que nos invita a actuar de acuerdo a las Leyes Divinas. Es el momento iniciático en el que el discípulo debe construir una realidad que sea conforme a las leyes del amor.
El Arcano de la Muerte, encierra ese significado de “muerte de lo espiritual”, pues nos encontramos en el punto más alejado de nuestro “origen”.
Con el 40, seremos tentados, al igual como lo fue Jesús, por las voces del ego, cuya conciencia se basa en la falsa creencia de la separación y la división.
Se hace necesario, una labor purificadora, que como hemos visto, nos lleva a “ayunar” para quedar limpio y así, poder afrontar la más dura de las travesías espirituales.


La vida de Jesús, nos narra el itinerario que ha de recorrer el alma humana para alcanzar el  Reino de los Cielos, la puerta de entrada a su verdadero Hogar. El escenario del Mem, el terrenal, nos permite tomar consciencia de nuestro potencial creador. La clave, tal y como nos la ha enseñado el Maestro, es no quedar apegados a dicho mundo, el cual, es perecedero y transitorio, pues la evolución nos invita a continuar nuestro camino y seguir conquistando nuevos Planos de Consciencia.

viernes, 8 de marzo de 2019

¿Pagamos por los pecados de nuestros padres?


¡Uf…! Vaya un tema delicado, controvertido, cuanto menos. Estoy seguro de ello, no dejará a nadie indiferente. Los vinculados con la religión católica y sean fieles seguidores de su fe, les provocará un debate interno, pues los muchos testimonios que se recogen en los textos sagrados, parecen contradecirse entre ellos. Lo veremos a continuación.

Por otro lado, los Místicos, los que siguen una corriente de conocimiento esotérica, entre los que se encuentran los Cabalistas, abordan este tema con una visión menos dudosa, y concluyen, como veremos, igualmente, con una explicación con base en la teoría de la reencarnación.

Por último,  se trata de un descubrimiento reciente y muy motivante, debo aludir a una metodología cuyo nombre es el “transgeneracional”, la cual está siendo promovida dentro del campo de investigación de la Biodescodificación, por el Instituto Español de Bioneuroemoción (ieBNE), presidido en España por Enric Corbera. Compartiremos su enseñanza.
Comencemos analizando, qué nos aporta la Biblia sobre este tema:

"Yavé es paciente y rico en misericordia. Soportas la falta y el pecado, pero no dejas pasar la falta, porque el pecado de los padres lo castigas en los hijos, en los nietos y en los bisnietos. " (Nm 14, 18)
"Yavé bajó en una nube y se quedó allí junto a él. Moisés entonces invocó el Nombre de Yavé, y El pasó delante de Moisés diciendo con voz fuerte: “Yavé, Yavé es un Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y en fidelidad. El mantiene su benevolencia por mil generaciones y soporta la falta, la rebeldía y el pecado, pero nunca los deja sin castigo; pues por la falta de los padres pide cuentas a sus hijos y nietos hasta la tercera y la cuarta generación.” " (Ex 34, 5)

Hasta aquí, la cuestión que nos planteamos inicialmente, parece quedar clara. Aunque Yavé es benévolo, alcanzando su benevolencia por mil generaciones y capaz de soportar la falta, la rebeldía, incluso el pecado, sin embargo, “nunca los deja sin castigo”. La falta de los padres será heredada por sus hijos y nietos hasta la tercera y cuarta generación.

Como veremos, cuando nos adentremos en las enseñanzas que nos aporta en su metodología transgeneracional, Enric Corbera, las enfermedades que padecemos, pueden tener su origen en actitudes promovidas por nuestros ancestros, incluso llegando a tercera y cuarta generaciones. Ejemplo, una situación de secretos no revelados por nuestros abuelos, pueden ser la causa que origine una enfermedad en los nietos.

Mi formación en las enseñanzas cabalísticas, me lleva a reflexionar sobre este tema. Cuando he tomado la decisión de exponer las teorías prácticas de Enric Corbera, no lo he hecho caprichosamente, si no guiado por el vivo interés despertado por sus actividades. La metodología de la Biodescodificación, ya es una realidad con peso dentro del campo de la medicina. En Cuba, ya se enseña en la universidad dando lugar a una diplomatura, y en Perú, es tanto el valor que se le está dando, que se está convirtiendo en la medicina oficial. Sudamérica, en su conjunto, se está convirtiendo en la “tierra fértil” donde está creciendo este nuevo Paradigma dentro de la medicina holística.

Por lo tanto, considero, que debo encontrar el modo de integrar, mis conocimientos sobre cábala y las enseñanzas sobre Biodescodificación. En este sentido, debo profundizar en el significado de la Ley del Karma, cuyo fundamento está basada en la Ley de Causa y Efecto o lo que es lo mismo, en términos cabalísticos, el Sagrado Nombre de Dios, Yavé, esto es, Jehová, en hebreo Yod – He – Vav – He.

La Ley de Causa y Efecto, nos enseña que toda semilla está llamada a dar un fruto, y que todo fruto es el resultado final de una semilla. Dicho de otro modo, toda iniciativa, todo acto de nuestra voluntad, generará un efecto y todo efecto es consecuencia de una iniciativa. Por lo tanto, si ese acto primero de nuestra voluntad-iniciativa lo establecemos en nuestros pensamientos, podemos concretar, que aquello que nos encontramos como efecto en forma de circunstancias (frutos) en nuestra vida, es la respuesta a lo que hemos pensado. Lo más importante que debemos aprender de esta Ley, es la responsabilidad que tenemos con nuestras acciones y debemos tomar conciencia, de que lo que nos encontramos fuera responde, inequívocamente, a nuestra cosecha propia.

¿Entonces dónde damos cabida a la teoría de lo transgeneracional? Daremos respuesta a esta cuestión, más adelante, cuando abordemos el punto de vista cabalístico.

Continuemos con las aportaciones de la Biblia:

Sin embargo, si es así, ¿por qué Yavé no habría aplicado esta regla en los israelitas al momento de entrar en la tierra prometida? Los padres pecadores no entraron en ella, pero sí los hijos.

"Allí entrarán los pequeños de ustedes, de los que dijeron que iban a ser presa de sus enemigos; ellos sí entrarán, pues no conocen todavía el bien y el mal. A ellos se la daré, y ellos la poseerán. Pero ustedes vuelvan atrás y partan hacia el desierto del mar Rojo.” " (Dt 1, 35)

Israel fue un pueblo primitivo que creía en la culpa familiar. Pero eso cambió, como expresamente se indica en el Deuteronomio:

"No se matará a los padres por la culpa de sus hijos, ni a los hijos por la de sus padres. Cada cual pagará por su propio pecado." (Dt 24, 18)

Esta orden es cumplida fielmente por Amasías, tal como se cuenta en el segundo libro de los Reyes:

"En cuanto Amasías fue dueño de la situación en su reino, condenó a muerte a sus servidores que habían dado muerte a su padre, pero no condenó a muerte a los hijos de los asesinos de acuerdo a lo que está escrito en el Libro de la Ley de Moisés. Yavé, en efecto, dio este mandato: “Los padres no serán condenados a muerte por los hijos, ni éstos por sus padres; sino que cada cual será condenado a muerte por su propio pecado”. " (2 Re 14, 5-6)

Jesús declara expresamente contra los que viven:

"En verdad les digo: esta generación pagará por todo eso." (Mt 23, 36)

E insiste:

"Por eso, a esta generación se le pedirá cuentas de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel, hasta la de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el Santuario. Sí, yo se lo aseguro: la generación presente es la que tendrá que responder." (Lc 11, 50-51)

En resumen, no existe nada parecido a que los hijos responden por los pecados de los padres. Cada uno responde por lo suyo:

"El que planta y el que riega están en la misma situación, y Dios pagará a cada uno según su trabajo." (1 Co 3, 9)

Y dice el profeta:

"Quien debe morir es el que peca; el hijo no carga con el pecado del padre, y el padre no cargará con el pecado del hijo. El mérito del justo le corresponderá sólo a él, y la maldad del malo, sólo a él. " (Ez 18, 20)

Finalmente, Jesús instruye a sus discípulos sobre este tema de la presunta responsabilidad de los hijos por cuenta de los pecados de los padres:

"Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?” Jesús respondió: “No es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan en él, y en forma clarísima." (Jn 9, 1-3)

Es evidente, que si era ciego de nacimiento y sus discípulos le preguntaban ¿quién había pecado él o su padre?, de haber sido él, sólo pudo haber “pecado” en otra vida, lo que nos está revelando que se compartía la teoría de la reencarnación y la Ley del Karma.

Aprovecho este pasaje recogido por el evangelista Juan, para adentrarnos en la visión cabalista. Para ello, debo acercarme a las enseñanzas compartidas por Kabaleb, el cual, en su magnífica obra, “Curso de Interpretación Esotérica de los Evangelios”, nos invita a conocer un punto de vista más revelador sobre este pasaje.

En lo referente a la responsabilidad de los padres en las enfermedades de los hijos, Kabaleb, nos recuerda lo recogido en la ciencia esotérica, donde se nos dice que el cuerpo vital (el hombre cuenta con un cuerpo físico, un cuerpo vital-etérico, un cuerpo emocional y un cuerpo mental) nace en los niños a los seis o siete años; el cuerpo emocional entre los doce y los catorce años y el mental, entre los dieciocho y los veintiuno, según se siga el ciclo de Binah-Saturno (72 años) o el de Hochmah-Urano (84 años). Dicha ciencia, nos enseña que los niños se alimentan de los cuerpos superiores de los padres, hasta adquirir los suyos propios. De ahí, la responsabilidad de los padres en lo referente a la salud de los hijos. En la medida, en que los padres tengan desordenes emocionales o mentales, los hijos, son proclives a padecer enfermedades relacionados con esos desordenes.

Ahora bien, que esto sea así, no quiere decir que el Alma del niño no esté vinculado a este efecto, pues si ha reencarnado en el seno de esa familia, no es fruto de la casualidad, sino más bien, de la causalidad, por lo que podemos asegurar, que en otra vida, ese Alma, estuvo asociada a esa familia, aunque no participara en los errores de sus allegados. Nos indica Kabaleb, que el niño que padece enfermedades antes de los catorce años (edad en la que se adquiere el cuerpo emocional) no está pagando un karma propio, es decir, sus enfermedades no son debidas a faltas que él mismo cometió, sino a faltas a las que estuvo asociado.

¡Revelador! Aquí está el punto de encuentro entre las enseñanzas cabalísticas y la metodología del “transgeneracional” que se aplica en Biodescodificación. La física Cuántica, nos refiere, que “la Unidad está en el Todo, y que el Todo está en la Unidad”, lo que se traduce que Todos somos Uno. Nada queda al azar. Nuestras relaciones responden a una necesidad interna individual y al mismo tiempo, colectiva. No estamos separados del mundo que nos rodea; cada respiración es compartida; cada pensamiento encuentra su origen en un Macro Pensamiento Universal, que los esoterista, llaman el Mundo del Pensamiento. El sentimiento de separación es una ilusión alimentada por nuestro propio pensamiento individual, sin embargo, Todos estamos conectados a una misma Fuente, de donde emana toda Energía.

Recuperar el recuerdo de la Unidad perdida, olvidada, es cuestión de tiempo, el que cada uno necesite. Todos y cada uno de nosotros estamos trabajando para llegar a esa misma meta. Unos lo harán antes y otros necesitaremos algo más de tiempo, pero, lo que sí está claro, es que la meta nos aguarda.

Os dejo el enlace de un vídeo donde Enric Corbera comparte la metodología del “transgeneracional” o lo que es lo mismo, la influencia de nuestros antepasados en nuestras vidas: http://www.youtube.com/watch?v=5oaJjIyQhAA

¡Qué lo disfrutéis! ¡Salud!

sábado, 2 de marzo de 2019

¿Qué deseo le pedirías al Genio de la Lámpara?


Esta mañana, me he levantado con un pensamiento que me hace reflexionar sobre una hipotética situación, que sin duda, hemos tenido la gran mayoría de los humanos.
¿Qué le pediría al Genio de la Lámpara, si me pudiese conceder un deseo?

Bien, a partir de ahí es cuando engrasamos nuestras neuronas e intentamos encontrar, entre los miles y miles de deseos, el que más nos gustaría disfrutar. Estoy seguro de que la lista sería interminable, aunque  así de pronto, el ranking nos llevaría a apostar por el tan codiciado y compartido deseo de ser multimillonario, sobre todo porque hemos adquirido la convicción de que el dinero todo lo puede…, y esos otros argumentos, de que el dinero llama al dinero… en fin, que el dinero da la felicidad.
La felicidad, sí, la felicidad podría ser otro de los deseos que se encontrarían en los primeros lugares del ranking. Pero claro, si el dinero nos lleva a obtenerla, pues me pido el dinero y consigo “dos pájaros de un tiro”. Pero, muchos compartiréis conmigo, sobre todo los que gozan de una buena posición económica, de que el dinero no siempre da la felicidad…, ¿verdad?.

La felicidad, nos transporta a ese estado paradisiaco que nos describe el Génesis, en el que nuestros primeros “Padres”, Adán y Eva, tuvieron ocasión de disfrutar. Vivir en la tierra dispuesta por la Divinidad, permitió a la humanidad en los albores de la creación disfrutar de la felicidad. Pero las acciones de nuestros antecesores, es decir, el estado de conciencia de la humanidad en esa etapa evolutiva, haciendo uso del poder creador heredado de Dios, le llevó a un nuevo estado en el que la felicidad deberá ser reconquistada. Quizás por ello, todos sentimos su añoranza.

Reconquistar la felicidad es retornar al estado que experimentábamos cuando nos encontrábamos en el “paraíso”, en plena armonía con las leyes divinas. Por lo tanto el camino, la ruta para alcanzar ese elevado “estado”, ha de llevarnos a que nuestras acciones sean conformes a dichas leyes.
Las leyes físicas nos hablan de que existen dos grandes fuerzas en el universo, la de atracción y la de repulsión. En el argot esotérico, existen, igualmente, esas dos fuerzas, ATRACIÓN-AMOR, y REPULSIÓN-RIGOR.

La fuerza del amor se caracteriza por su capacidad de unir. La fuerza del rigor se caracteriza por su capacidad de destruir, de separar. Ambas fuerzas son evidentes, aunque no reales, en el proceso de evolución de la conciencia. En la naturaleza, vemos permanentemente su manifestación cuando observamos la dualidad de las cosas. El día y la noche, el blanco y el negro, la luz y la oscuridad, etc. Esa dualidad es la percepción de la mente identificada con el mundo material y se convierte en el argumento del ego. Pero en el mundo real, en la eternidad, en el mundo de Dios o Reino de los Cielos, la dualidad no existe, tan solo existe la unidad.

Tan verdad, que llegamos a apreciar la luz, cuando nos encontramos en la máxima oscuridad, el amor se convierte en un tesoro muy apreciado, cuando en nuestra vida nos encontramos con el rostro del rigor, pues aporta al alma el sentimiento de plenitud que añora.
Llegado a este punto, parece que tengo argumentos más que concluyentes para saber qué deseo pedir al Genio.
  • Deseo recordar que soy Hijo del Amor, y expandir esa fuerza a través del perdón.